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El mayor estudio sobre diferencias de sexo en el cerebro

El estudio de las diferencias de sexo en el cerebro no es una mera curiosidad zoológica. En áreas como la investigación biomédica resulta vital si aspiramos a una medicina de precisión que evite sufrimiento, ahorre presupuesto público y termine produciendo un genuino bienestar social. El debate alcanza incluso a los parlamentos nacionales y transnacionales, como el de la Unión Europea, donde ya se ha debatido un informe sobre igualdad de género en la investigación clínica y la salud mental, con un énfasis en las mujeres.

Notables diferencias de sexo en desórdenes psiquiátricos son lo bastante conocidas: el Alzheimer, o los desórdenes de ansiedad y depresión afectan significativamente más a las mujeres, mientras que los hombres sufren más por autismo, dislexia o esquizofrenia, lo cual apunta a que algunos trastornos donde la diferencia de sexo es pronunciada pudieran ser una manifestación “extrema” de rasgos típicos del cerebro masculino o femenino. Otras diferencias de sexo en la psicología y el comportamiento difícilmente pasan desapercibidas: los hombres sobresalen en razonamiento espacial, o en agresión, mientras que las mujeres en promedio lo hacen en capacidad verbal y en empatía, muestran una mayor preferencia por trabajar con personas que con cosas, o exhiben niveles superiores de agradabilidad y neuroticismo.

Estas diferencias de sexo arraigan en el cerebro humano, como no puede ser de otra forma, y la neurociencia está empezando a medirlas y explicarlas con precisión creciente, gracias al avance tecnológico y el refinamiento del análisis estadístico. Uno de los más amplios y detallados estudios publicados hasta la fecha acaba de publicarse en la revista Cerebral cortex, a cargo del joven investigador escocés Stuart Ritchie (que también es autor de una muy interesante introducción a la ciencia de la inteligencia) y un equipo internacional de colaboradores.

Los autores se basan en datos provenientes de un estudio biomédico británico Biobank, examinando diferencias de sexo en el cerebro de 5000 participantes (2750 mujeres y 2466 hombres), tanto en la media como la variabilidad, teniendo en cuenta volúmenes totales y subcorticales, así como la microestructura de la materia gris.

Los resultados muestran claras diferencias de sexo en el volúmen total del cerebro, superior a una desviación standard y favoreciendo a los hombres (1115.76 cm3 para los mujeres, y 1233.58 para los hombres). Esto implica que el 92.1% de los cerebros masculinos son más grandes que el cerebro femenino medio. El tamaño de las subregiones cerebrales también es mayor en los hombres, aunque esto puede deberse a que los participantes del estudio son adultos (las diferencias podrían ser inferiores en cerebros jóvenes). La mayor diferencia de sexo radica en la insula, favoreciendo a los hombres, y también se halla una ventaja femenina en el grosor cortical general, y una mayor conectividad en regiones asociadas con la inteligencia social en el caso de las mujeres. Los resultados apoyan una organización proporcional de la corteza específica para los cerebros masculinos y femeninos.

Diferencias de sexo en volúmenes cerebrales (Cerebral Cortex, 2018)

El estudio es también pionero en medir las diferencias neuroanatómicas de sexo en variabilidad, apoyando la llamada “hipótesis de la variabilidad” según la cual los hombres son biológicamente más variables que las mujeres en multitud de aspectos psicológicos y conductuales. Según el trabajo, la neuroanatomía masculina también es más variable en términos de volumen total, áreas superficiales, y materia blanca.

El estudio también considera la capacidad cognitiva de hombres y mujeres, utilizando como orientación tests que miden los tiempos de reacción a estímulos, pero paradójicamente las diferencias de sexo resultan inferiores a las que pudieran predecirse a partir de las mayores diferencias en volumen cerebral. Según una especulación provocadora de James Thompson, esto puede deberse a diferencias más sutiles en la organización y estructura cerebral, o simplemente a que los tests administrados ignoran las tareas en donde los hombres tienen ventaja.

En cualquier caso, los autores subrayan que el presente estudio tiene un carácter exclusivamente descriptivo de las diferencias de sexo, sin entrar por tanto en cuáles puedan ser las variadas causas de estas diferencias, incluyendo posibles efectos neurobiológicos de la influencia social.

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