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El fin de la meritocracia en las universidades

A mediados de los años noventa del siglo pasado, Richard Herrnstein y Charles Murray sostuvieron en The bell curve (libro no traducido al español) la escandalosa idea de que la inteligencia será la fuerza decisiva que dividirá a la sociedad del siglo XXI. Desde esta visión meritocrática, se suponía que las universidades se mantendrían como “imanes para los estudiantes muy brillantes intelectualmente”, provocando una revolución en la educación superior que afectaría a la nueva economía y a toda la estructura de la sociedad. Este proceso segregaría a las élites física y cognitivamente del resto de la población, pero en su conjunto provocaría beneficios sociales al maximizar el talento que necesita una sociedad compleja para sobrevivir y prosperar. Esta revolución cognitiva sin embargo es fuertemente contestada desde instancias pedagógicas y políticas que no depositan tanta confianza en los poderes del intelecto.

pinkerSteven Pinker pasa revista a algunas de estas críticas en una columna publicada por New Republic. El psicólogo de Harvard se muestra escéptico con nuevas y vagas recomendaciones pedagógicas como “enseñar a pensar”, “contemplar las cosas con perspectiva” o “construir un yo” que pretenden sustituir el énfasis en el intelecto académico.

Me parece que la gente educada debería saber algo sobre la prehistoria de 13 mil años de nuestra especie y las leyes básicas que gobiernan el mundo físico y vivo, incluyendo nuestros cuerpos y cerebros. Deberían entender la historia humana desde el amanecer de la agricultura al presente. Deberían enseñarles la diversidad de las culturas humanas, y los sistemas principales de creencias y valores que dan sentido a sus vidas. Deberían saber algo sobre los hechos importantes de la historia, incluyendo aquello que no deberíamos repetir. Deberían entender los principios detrás de la gobernanza democrática y el estado de derecho. Deberían aprender a apreciar las obras de arte de ficción y artísticas como fuentes de placer estético e ímpetus para reflejar la condición humana.

En lo más alto del conocimiento, una educación liberal debería convertir ciertos hábitos de racionalidad en una segunda naturaleza. La gente educada debería ser capaz de expresar ideas complejas a través de una escritura y un discurso claro. Deberían apreciar que el conocimiento objetivo es un bien preciado, y aprender a distinguir entre los hechos y la superstición, los rumores y la sabiduría convencional sin examinar. Deberían aprender a razonar estadísticamente, evitando las falacias y sesgos a los que una mente sin educar resulta vulnerable. Deberían pensar causal y no mágicamente, y saber distinguir la causación de la correlación y la coincidencia. Deberían ser muy conscientes de la falibilidad humana, especialmente de la suya propia, y apreciar que la gente que no está de acuerdo con ellos no es malvada o estúpida.

Cuando discute la distribución actual de los estudiantes en la universidad, Pinker también recuerda el hecho, para algunos insoportable, de que las personas realmente difieren entre sí en talentos y motivaciones:

Existen razones para distribuir a los estudiantes en universidades que poseen diferentes niveles de exigencia y rigor académico. Las personas varían en su inteligencia innata o adquirida, en su gusto por la abstracción, en su familiaridad con la cultura literaria, en sus prioridades vitales y en los rasgos de personalidad relevantes para el aprendizaje.

Alentada por críticas intelectuales que aún disfrutan de enorme difusión, lo cierto es que la ideología pedagógica no ha dejado de ser hostil al talento individual y al uso de tests de inteligencia estandarizados para evaluarlo. Pinker recuerda que actualmente sólo el 10 por ciento de los estudiantes de Harvard son escogidos en función de sus méritos académicos individuales. El resto son seleccionados “holísticamente”, atendiendo a un conjunto de requerimientos extraacadémicos y que nada tienen que ver con la inteligencia, como la raza, donaciones privadas o cualidades atléticas.

Para Pinker las universidades de élite en EE.UU no se parecen ya nada a meritocracias. Una variedad de expectativas ideológicas y pedagógicas continúa empeñándose en que las diferencias intelectuales individuales sigan siendo requerimientos sospechosos.

16 Comentarios

  1. «sólo el 10 por ciento de los estudiantes de Harvard son escogidos en función de sus méritos académicos individuales. El resto son seleccionados “holísticamente”, atendiendo a un conjunto de requerimientos extraacadémicos y que nada tienen que ver con la inteligencia, como la raza, donaciones privadas o cualidades atléticas»

    Pero para la gran mayoria de los escogidos la seleccion «holística» se ha producido DENTRO de la elite intelectual. Es decir, excepto la clase limitada de «preferencias raciales», existe una límite inferior de la aptitud y la límite. Por debajo de este nivel no se aceptan estudiantes. Es la única conclusion posible según las cifras de resultados de exámenes de ingreso SAT.

    http://ephblog.com/2014/09/09/what-pinker-gets-wrong-about-harvard-and-williams/

  2. Eduardo says

    Lo más afinado sería decir que el 10 por ciento de los estudiantes de Harvard son escogidos *solo* en función de sus méritos académicos individuales.

    En cualquier caso, los criterios «holisticos» desvirtúan el mérito e introducen sesgos a favor y en contra de grupos determinados.

  3. biopolíticas says

    Pseudoerasmus, al hilo de lo que comentábamos por twitter. Es cierto que hay un nivel mínimo de admisión y que todos los admitidos se pueden considerar parte de una élite de mérito, pero incluso dentro de esta élite hay grados que no son en absoluto despreciables. Como no es despreciable la diferencia entre alguien con un IQ de 130 y alguien con uno de 170, aunque ambos formen parte de una élite cognitiva. Seleccionar una vez por encima del percentil 97 basándose en criterios no-académicos (etnia, activismo político), como aproximadamente se hace ahora en las universidades de élite americanas, o basarse plenamente en criterios académicos y tener un alumnado mayoritariamente por encima de, por ejemplo, el percentil 99.5, pueden tener un impacto considerable.

    Luego también está el problema que discutíamos de lo mal representada que está la sociedad americana en las universidades de élite y la discriminación que sufren asiáticos y en mayor medida blancos no-judíos (los primeros sobrerrepresentados de forma absoluta pero infrarrepresentados respecto a sus méritos, y los segundos muy infrarrepresentados tanto en absoluto como respecto a sus méritos) por lo subjetivo de los criterios de admisión y cierto sesgo político, que trata el ensayo de Unz: http://www.theamericanconservative.com/articles/the-myth-of-american-meritocracy/

    «Fourteen years ago I published a widely-discussed column in the Wall Street Journal highlighting some of the absurdities of our affirmative action system in higher education. In particular, I pointed out that although Jews and Asians then totaled merely 5 percent of the American population, they occupied nearly 50 percent of the slots at Harvard and most of the other elite Ivies, while non-Jewish whites were left as the most under-represented student population, with relative numbers below those of blacks or Hispanics. Since then Jewish academic achievement has seemingly collapsed but relative Jewish enrollment in the Ivies has generally risen, while the exact opposite combination has occurred for both Asians and non-Jewish whites. I find this a strange and unexpected development.»

    «Harvard reported that 45.0 percent of its undergraduates in 2011 were white Americans, but since Jews were 25 percent of the student body, the enrollment of non-Jewish whites might have been as low as 20 percent […] The Jewish levels for Yale and Columbia were also around 25 percent, while white Gentiles were 22 percent at the former and just 15 percent at the latter. The remainder of the Ivy League followed this same general pattern. This overrepresentation of Jews is really quite extraordinary, since the group currently constitutes just 2.1 percent of the general population and about 1.8 percent of college-age Americans.»

    Como pasa a examinar en el ensayo esta sobrerrepresentación no es debida en su totalidad ni a su mayor IQ medio (que lo tienen, y aquí dice alguna cosa con la que no estoy de acuerdo del todo pero que no afecta a las conclusiones) ni a unos mayores logros académicos medios (que también los tienen aunque mucho menos que hace décadas). Teniendo en cuenta estos factores el % de judíos entre el alumnado debería estar más cercano al 5-6% que al 25%, una sobrerrepresentación considerable, siendo el 1.8% de población en edad universitaria, pero no tan disparatada.

    Y el caso de la infrarrepresentación de blancos no judíos es simplemente espectacular. Siendo solamente entorno al 20% del alumnados de las universidades de élite cuando son el 65-70% de los alumnos de alto rendimiento.

    «The evidence of the recent NMS semifinalist lists seems the most conclusive of all, given the huge statistical sample sizes involved. As discussed earlier, these students constitute roughly the highest 0.5 percent in academic ability, the top 16,000 high school seniors who should be enrolling at the Ivy League and America’s other most elite academic universities. […] approximately 65–70 percent of America’s highest ability students are non-Jewish whites, well over ten times the Jewish total of under 6 percent.»

    «However, if we separate out the Jewish students, their ratio turns out to be 435 percent, while the residual ratio for non-Jewish whites drops to just 28 percent, less than half of even the Asian figure. As a consequence, Asians appear under-represented relative to Jews by a factor of seven, while non-Jewish whites are by far the most under-represented group of all, despite any benefits they might receive from athletic, legacy, or geographical distribution factors. The rest of the Ivy League tends to follow a similar pattern, with the overall Jewish ratio being 381 percent, the Asian figure at 62 percent, and the ratio for non-Jewish whites a low 35 percent, all relative to their number of high-ability college-age students.»

    «We are therefore faced with the clear conundrum that Jewish students seem to constitute roughly 6 percent of America’s highest-ability high school graduates and non-Jewish whites around 65–70 percent, but these relative ratios differ by perhaps 1000 percent from the enrollments we actually find at Harvard and the other academic institutions which select America’s future elites. […] MIT utilizes a considerably more meritocratic and objective admissions system than Harvard, and although located just a few miles away has a ratio of Jewish to non-Jewish whites which differs by nearly a factor of four in favor of the latter compared to its crosstown rival.»

  4. Biopolíticas says

    Respecto a lo que decías acerca de que los judíos destacan especialmente en inteligencia verbal, y tratando del tema de si su representación de podía deber a un mayor IQ medio (que lo hace en parte), también escribe algo que quizá te interese:

    «This conclusion is supported by the General Social Survey (GSS), an online dataset of tens of thousands of American survey responses from the last forty years which includes the Wordsum vocabulary test, a very useful IQ proxy correlating at 0.71. Converted into the corresponding IQ scores, the Wordsum-IQ of Jews is indeed quite high at 109. But Americans of English, Welsh, Scottish, Swedish, and Catholic Irish ancestry also have fairly high mean IQs of 104 or above, and their combined populations outnumber Jews by almost 15-to-1, implying that they would totally dominate the upper reaches of the white American ability distribution, even if we excluded the remaining two-thirds of all American whites, many of whose IQs are also fairly high. Furthermore, all these groups are far less highly urbanized or affluent than Jews,67 probably indicating that their scores are still artificially depressed to some extent. We should also remember that Jewish intellectual performance tends to be quite skewed, being exceptionally strong in the verbal subcomponent, much lower in math, and completely mediocre in visuospatial ability; thus, a completely verbal-oriented test such as Wordsum would actually tend to exaggerate Jewish IQ.

    Stratifying the white American population along religious lines produces similar conclusions. An analysis of the data from the National Longitudinal Survey of Youth found that Americans raised in the Episcopal Church actually exceeded Jews in mean IQ, while several other religious categories came quite close, leading to the result that the overwhelming majority of America’s high-ability white population had a non-Jewish background.68»

    Un saludo.

  5. Has repetido los primeros argumentos de Unz, sin consideración de las críticas de http://andrewgelman.com/2013/02/12/that-claim-that-harvard-admissions-discriminate-in-favor-of-jews-after-checking-the-statistics-maybe-not/

    Se reduce el argumento de Unz a los siguientes : 25% de los estudiantes de las universidades «Ivy» son judíos, pero menos de 6% de NMS semi-finalists son judíos. Gelman dice que los dos el numerador y el denominador son incorrectos y, peor, los metodos de calculacion de los dos son incompatibles. Ademas, las poblaciones estudiantiles de las universidades Ivy no son seleccionadas geograficamente al azar. Son concentradas en la region nordeste de los EUA donde hay mas judios que en el pais generalmente.

    La respuesta de Unz : http://www.ronunz.org/2013/02/13/unz-on-meritocracy-response-to-prof-gelman-on-jewish-elite-overrepresentation/ Dígame que te gusta en su respuesta.

  6. «Como no es despreciable la diferencia entre alguien con un IQ de 130 y alguien con uno de 170, aunque ambos formen parte de una élite cognitiva. Seleccionar una vez por encima del percentil 97 basándose en criterios no-académicos (etnia, activismo político), como aproximadamente se hace ahora en las universidades de élite americanas, o basarse plenamente en criterios académicos y tener un alumnado mayoritariamente por encima de, por ejemplo, el percentil 99.5, pueden tener un impacto considerable.»

    Resultado perfecto 1600 en el SAT = percentil 99.93 a 99.98 de los exámenes

    http://en.wikipedia.org/wiki/SAT#Raw_scores.2C_scaled_scores.2C_and_percentiles

    1600 es equivalente a 150 de CI más o menos.

    http://www.iqcomparisonsite.com/SATIQ.aspx

    Ergo, cada año, no hay que 1120 estudiantes con 1600. Si no son todos aceptados por Harvard, no veo ningún problema. Existen almenos 30 equivalentes academicos de Harvard en los EUA.

  7. Pingback: El fin de la meritocracia en las universidades

  8. Biopolíticas says

    Sería muy pesado discutir pormenorizadamente el criterio seguido por Unz pero en resumen: lo de la distribución geográfica ya lo tiene en cuenta en el ensayo en sí, otras estimaciones que se han hecho independientemente encuentran cifras casi idénticas a las de Unz, distintas metodologías también, e incluso escogiendo los datos menos favorables a este la sobrerrepresentación e infrarrepresentación respectiva es tan enorme que tiene poco sentido perderse en discutir la precisión.

    Respecto a lo del SAT, tengo entendido que desde 2005 la puntuación es hasta 2400, no 1600, y 2400 sería así la puntuación perfecta. Corríjame si me equivoco. Buscando las puntuaciones de los admitidos: http://collegeapps.about.com/od/sat/a/sat_side_x_side.htm vemos que hay un 25% de ellos con puntuaciones que corresponden a un percentil menor de 95, otro 50% con un percentil que va del 95 al 99: http://media.collegeboard.com/digitalServices/pdf/research/SAT-Percentile-Ranks-2013.pdf

    Es decir, hay un % considerable de estudiantes académicamente «mediocres» (una élite relativa pero no gran cosa, percentil 95) que desplazan de las universidades de élite a otros estudiantes que con una puntuación mucho mejor pueden quedar fuera. Y que suceda esto se debe a criterio no académicos y no basados en el mérito sino en apreciaciones subjetivas y criterios étnicos entre otros. ¿Cuál es, al margen de su opinión de Unz, su postura personal al respecto? ¿Está de acuerdo con este sistema o preferiría uno más basado en criterios objetivos?

    «Harvard could obviously fill its entire class with high-scoring valedictorians or National Merit Scholars but chooses not to do so. In 2003, Harvard rejected well over half of all applicants with perfect SAT scores, up from rejecting a quarter a few years earlier, and in 2010 Princeton acknowledged it also admitted only about half.75 According to Harvard’s dean of admissions, “With the SAT, small differences of 50 or 100 points or more have no significant effect on admissions decisions.”76 In fact, a former Senior Admissions Officer at Harvard has claimed that by the mid-2000s as few as 5 percent of the students at highly selective universities such as his own were admitted purely based on academic merit.

    It is important to note that these current rejection rates of top scoring applicants are vastly higher than during the 1950s or 1960s, when Harvard admitted six of every seven such students and Princeton adopted a 1959 policy in which no high scoring applicant could be refused admission without a detailed review by a faculty committee.»

    Estos criterios llevan a cosas como esta:

    «Consider the case of Tiffany Wang, a Chinese immigrant student raised in the Silicon Valley area, where her father worked as an engineer. Although English was not her first language, her SAT scores were over 100 points above the Wesleyan average, and she ranked as a National Merit Scholarship semifinalist, putting her in the top 0.5 percent of high school students (not the top 2 percent as Steinberg mistakenly claims). Nevertheless, the admissions officer rated her just so-so in academics, and seemed far more positively impressed by her ethnic activism in the local school’s Asian-American club. Ultimately, he stamped her with a “Reject,” but later admitted to Steinberg that she might have been admitted if he had been aware of the enormous time and effort she had spent campaigning against the death penalty, a political cause near and dear to his own heart. Somehow I suspect that a student who boasted of leadership in pro-death penalty activism among his extracurriculars might have fared rather worse in this process. And presumably for similar reasons, Tiffany was also rejected by all her other prestigious college choices, including Yale, Penn, Duke, and Wellesley, an outcome which greatly surprised and disappointed her immigrant father.»

  9. Existen montañas de respuestas y contrarespuestas :

    http://andrewgelman.com/2013/03/18/mertzs-reply-to-unzs-response-to-mertzs-comments-on-unzs-article/

    ________________________

    Hay tres partes (verbal, math y essay) en la puntuación del SAT y en la parte «central» (verbal y math) la puntuacion queda hasta 1600. Para poder hacer comparaciones entre puntuaciones del pasado y del presente se habla de 1600.

    «vemos que hay un 25% de ellos con puntuaciones que corresponden a un percentil menor de 95, otro 50% con un percentil que va del 95 al 99:»

    Sí ! Pero los mejores 2-3% de los estudiantes son compartidos por las mejores 30 universidades estadosunienses. Por compatir los «mediocres» tambien es posible compartir los mejores. Creo que este sistema ofrece la distribucion óptima de plazas universitarias.

    Es posible que sea injusto que un excelente estudiante sea condenado al insoportable infierno de Duke o de UCLA, pero no me preocupo mucho acerca de los «problemas» de la elite cognitiva.

    La mayoría de ellos con puntuaciones inferiores al percentil 25% son los de orígenes africanos, hispanoamericanos, y indígenas (de «native americans» y hawaiianos). Esto es problemático, pero más para esos estudiantes mismos, que para los estudiantes blancos, asiaticos y judios.

    Consider the case of Tiffany Wang

    Hay más injusticia para los asiáticos, porque trabajan tanto, no sólo son inteligentes. Pero es necesario considerar seriamente el argumento de que la discriminación contra los asiáticos haya sido exagerada. No estoy seguro en este caso. Pero la concentración geográfica de los asiáticos es en California. Y el porcentaje de los asiaticos con puntuation >750 en la matematica (mas o menos 33%) es bien inferior al porcentage de los asiaticos con >750 en el verbal (mas or menos 15%). Entonces esperaríamos que en las universidades no especializadas en la ingenieria los asiaticos serían infrarepresentados.

  10. ACLARACION

    «Y el porcentaje de los asiaticos con puntuation >750 en la matematica (mas o menos 33%) es bien inferior al porcentage de los asiaticos con >750 en el verbal (mas or menos 15%).»

    Quise decir SUPERIOR

    ~33% de los que obtienen 750 o más en el SAT-matematica son asiásticos. Pero solamente ~15% de los que tienen 750 o más en el SAT-verbal son asiáticos. Creo que esta cifra, junta con la concentración geográfica de los asiasticos en California, explica la mayor parte de la infrrarepresentación de ellos en las grandes universidades de la costa del Est de los EUA.

  11. Si esos son los problemas de la universidad y un país como EE.UU que coloca muchas de las suyas en los primeros puestos de todos los rankings mundiales, qué habría que concluir de una universidad y un país como España que la primera de las suyas queda más allá del puesto número 150 y entre las 500 primeras no es capaz de situar más que un pequeño número de ellas.

    Nuestro sistema educativo no es que no esté basado en el mérito es que es claramente contrario a la excelencia y además muestra una extraordinaria resistencia a cualquier cambio de un modelo que se dice igualitario y que ha dado todas las muestras posibles de su incapacidad para una enseñanza con mínimos de calidad como muestran todos los informes internacionales en los que ha participado como puedan ser los informes PISA.

    Un sistema por lo demás en el que los criterios por los que se rige son políticos y en el que lo público, donde son de obligada aplicación, lo ocupa casi todo. Mientras tanto y frente a una universidad con enormes deficiencias muestra una extraordinaria potencia en las escuelas de negocios, algunas de las cuales son de las mejores del mundo y se mueven en el ámbito de lo privado.

    Noto en este foro una auténtica aversión a introducir en los análisis la variable género y el peso de las políticas neofeministas, lo que en mi opinión incapacita para entender una realidad social como la americana y todavía más la europea, justamente por el diferente peso de lo público en ambos modelos.

    Leer el texto de Pinker pensando en el mundo educativo español constituye un ejercicio de verificación de que casi nada de lo que él apunta tiene vigencia no solo en nuestro sistema educativo, sino en el ámbito social en general. Donde habla de aprender a razonar estadísticamente habría que hablar del “anumerismo” que nos caracteriza y donde habla de conocimiento objetivo habría que recordar que a todos los efectos la subjetividad y las emociones campan a sus anchas por un número cada vez mayor de ámbitos de las ciencias sociales.

    Finalmente algo que puede resultar anecdótico pero quizá no lo sea: en la mayoría de los cursos de formación y actualización que se ofrecen a los profesionales de la enseñanza las cuestiones de género y la educación “emocional” lo ocupan casi todo. También en la universidad, al menos así sucede en algunas facultades de Derecho.

  12. pharmakoi says

    Basarse únicamente en el CI no deja de ser discriminativo. Es sabido que tanto la educación como la alimentación afectan al CI. Basarse exclusivamente en éste favorece a las clases dominantes. que al tener una mejor posición socioeconómica, obtienen mejores resultados. De este modo se perpetúa el sistema de clases o castas.

    Esto asumiendo que las estadísticas de Herrnstein y Murray tengan alguna validez, que tengo mis dudas.

    A mi lo que me parece, es que los legos en psicología le conceden demasiada importancia al CI y lo consideran demasiado inmutable. En psicología hay muchísimas otras medidas, tests específicos para la orientación vocacional, estudios que muestran como no es solo la inteligencia, sino otros tipos de disposiciones las que afectan al desempeño académico, etc.

  13. Eduardo Zugasti says

    Yo le doy mucha importancia al CI y no asumo nada de lo que usted asume que asumimos. Sé que la inteligencia no es una constante biológica, que es sensible a las condiciones ambientales, y que no es el único determinante de los resultados sociales; pero también que sé es heradable, que varía entre grupos e individuos y que es un importante predictor social.

  14. Me da la impresión por los últimos comentarios del post anterior y por este último que pharmakoi no tiene claro si lo que pretende es argumentar o enredar. Hace acusaciones sin fundamento y los argumentos brillan por su ausencia.

  15. pharmakoi says

    Emilio ya veo que sigues con lo mismo, eres tú (si,tú :-P) el que concluye sin despeinarse que ni discriminación salarial ni ná, cuando los datos dicen lo contrario. Además Pinker será muy conocido y habrá estudiado en Harvard y será muy educado, pero es un experto en divulgación, nada que ver con un investigador o un profesional de la pedagogía.

    De todas formas estaba exponiendo mi opinión, y me alegra saber que Eduardo no considera los tests de inteligencia tan «panaceicos» ni tan estables como yo pensaba. Hay cosas con las que estoy de acuerdo, como lo de que diferimos en motivaciones y gustos y no se debe discriminar por razones étnicas o de procedencia social. Tampoco niego por completo la fiabilidad, validez y utilidad del CI, ni creo que nadie lo haga.

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