Tercera Cultura
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De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad

Yuval Noah Harari

Traducción: Joan Domenec Ros. Debate. Barcelona, 2014. 496 pp., 23’90 e. Ebook: 11’99 e.

El libro del que vamos hablar es un bombazo, un fenómeno editorial. Nos dicen los creadores de opinión que no nos lo debemos perder. Es un best-seller en Israel, se ha traducido a 30 idiomas y se han vendido 300.000 copias por todo el mundo. ¿Qué tienen Yuval Harari, su autor, y De animales a dioses, su libro, para tanto revuelo?

Yuval Noah Harari

Yuval Noah Harari

Yuval Harari se doctoró en historia militar por la Universidad de Oxford y es profesor de Historia en la Hebrew University de Jerusalén. El que reseñamos es su primer libro no relacionado con su especialidad. Como dice el provocador subtítulo, se trata de “una breve historia” de la Humanidad, un recorrido desde el origen de la vida hasta nuestros días. Es una obra escrita con brío, entretenida, seductora, llena de anécdotas y de curiosas informaciones. Harari es un seguidor de Jared Diamond -el afamado biógeógrafo que le avala en el fajín de la portada- que utiliza la información científica a su alcance para explicar la trayectoria evolutiva del ser humano hasta los primeros registros históricos. Pero esta no es la parte más atractiva de De animales a dioses. Consciente quizá de sus limitaciones o por el espectro en el que se mueve su potencial lector, se escaquea de las polémicas científicas (¡y sobre todo de las sociales!) que surgen inevitablemente a su paso terminado a menudo sus exposiciones con un decepcionante “francamente, no se sabe” que resulta muy frustrante para quien espera un poquito más de decisión. No es de extrañar que el libro ofrezca sus mejores páginas cuando el autor puede desplegar sus importantes conocimientos históricos, momento que llega ya avanzada una cuarta parte del mismo.

Es un libro contradictorio que juega a la vez con la idea de progreso, incluso de anhelos visionarios como el proyecto Gilgamesh -que hará que la muerte ya no sea una amenaza- y con la inevitable, y falsa “Edad de oro”. Así, por ejemplo, se une al coro de almas sensibles que lloran por unos humanos arrancados estúpidamente de las sociedades cazadoras recolectorasy que vieron su dieta empobrecida y su tiempo libre anulado con la llegada de la nefasta agricultura, un “crimen”. O cuando asegura que “los cazadores recolectores conocían los secretos de la naturaleza antes de la revolución agrícola”. Y lo simultanea con las buenas noticias de la progresiva pacificación de las costumbres y las sociedades humanas siguiendo la estela de un Steven Pinker. Mucho mejor cuando, en su estrategia de dar una de cal y otra de arena, osa hablar de manera solvente y razonada de la aparición del dinero, del crédito, del capitalismo o su sorprendente defensa del imperialismo, auténticos supositorios entre tanta vaselina.

Las propuestas principales del libro son dos. Por un lado, que toda cultura humana es una invención. A pesar de apoyarse a menudo en la ciencia, Yuval Harari sostiene que la cultura humana pertenece a un ámbito radicalmente distinto del biológico. “No hay dioses en el universo, no hay naciones, no hay dinero, ni derechos humanos, ni leyes, ni justicia fuera de la imaginación común de los seres humanos”, dice llevando al extremo la tesis de investigadores como Diamond que piensan que la estructura de nuestras emociones y deseos nos llega básicamente intocada desde las ancestrales sociedades de los cazadores-recolectores. Harari no parece contemplar el probable enraizamiento de lo cultural en lo biológico, que tan importantes abogados tiene a día de hoy.

Por el otro, la posibilidad de superar el “sufrimiento”. Esta le permite convertir su recorrido histórico en una reflexión filosófica con propuestas reconfortantes. Su desparpajo y desacomplejada resolución le permiten decir cosas como que “lamentablemente, el régimen delos sapiens ha producido hasta ahora pocas cosas de las que podamossentirnos orgullosos. No hemos reducido la cantidad de sufrimiento en el mundo”. Al parecer la solución podría estar en algo parecido al budismo.

Harari es elocuente, tiene sentido del humor y un tono mordaz muy atractivo. Es capaz de salpimentar su discurso con chistes judíos creando un personaje llamado “Samuel el Avaro”. Es, más que un divulgador, un vendedor, un showman que tiene un curso online al que se han apuntado 65.000 personas y otro en ciernes para el que se predice aún más éxito. Y Harari es lo suficientemente solvente para que eso sean buenas noticias en el panorama cultural. 

8 Comentarios

  1. Rawandi says

    Según dos reseñas publicadas en ‘El País’, escritas respectivamente por C. Martínez Shaw y A. Muñoz Molina, Harari habría cometido en su libro el error “relativista” de ignorar que “no todas las ficciones son lo mismo”.

    Los dioses y el dinero, por ejemplo, constituyen dos tipos de invenciones muy diferentes, ya que los primeros implican falsedad mientras que el segundo no.

    El dinero es concebido por todos sus usuarios como un instrumento humano y nada más que un instrumento humano. En cambio, todo creyente religioso pretende que sus dioses particulares existen también fuera del ámbito de las convenciones humanas: como explicaba Eduardo hace unos días, las creencias religiosas tienen la pretensión de ser factuales.

  2. teresa says

    Sí , por ahí también podría haber entrado. Había una mezcolanza importante. Saludos, amigo.

  3. Rawandi says

    Hola Teresa, yo creo que la difusión del conocimiento empírico debe hacerse procurando no fomentar el relativismo ético. La “Ilustración” dieciochesca trataba de “desencantar” el mundo sin negar la ética, es decir, sin empujar a la gente a abrazar el nihilismo.

    Por ejemplo, el físico alemán Werner Heisenberg tenía una sólida formación científica, pero su formación ética dejaba muchísimo que desear, lo cual explica su abyecto comportamiento durante el periodo nazi. Como dice Philip Ball: “El verdadero problema con Heisenberg es que ansiaba la aprobación oficial, y que su “reputación” era más importante que las cuestiones morales.”

    http://www.elcultural.es/revista/letras/Philip-Ball-Queria-desafiar-el-mito-de-que-la-ciencia-es-apolitica/35388

  4. idea21 says

    “Los dioses y el dinero, por ejemplo, constituyen dos tipos de invenciones muy diferentes, ya que los primeros implican falsedad mientras que el segundo no.”

    Lo importante de las invenciones no es que “existan” o no, sino que sean útiles. La humanidad existía antes del dinero y podrá seguir existiendo después de él. Por lo demás, tampoco es cierto que el dinero “exista”, ya que el dinero no tiene valor en sí, solo si convenimos en dárselo. Igualmente, Dios no existe, pero sus templos, sus libros sagrados y sus ídolos sí que existen, y son los que surten efecto.

    “Al parecer la solución podría estar en algo parecido al budismo.”

    Harari da mucha importancia a evitar el sufrimiento de los animales y el deterioro del medio ambiente. Sin embargo, mucho más importante sería mejorar las relaciones humanas. En efecto, como Steven Pinker señala, se ha mejorado la convivencia al disminuir el número de homicidios, pero queda mucho por hacer y es dudoso que toda consista en esperar que el proceso actual continúe. Hay indicios de que se ha atascado en el punto en el que nos encontramos y haría falta darle un empujoncito, y Harari no sugiere nada al respecto.

  5. Rawandi says

    “Lo importante de las invenciones no es que “existan” o no, sino que sean útiles.”

    Olvidas que las invenciones que implican falsedad pierden su utilidad cuando la gente descubre dicha falsedad. Por ejemplo, los occidentales cada vez nos vamos dando más cuenta de que los dioses son un timo, y de ahí el declive de la religión en Occidente.

    “La humanidad existía antes del dinero y podrá seguir existiendo después de él.”

    La utilidad social del dinero es enorme, y además no implica falsedad, por lo cual resulta ridículo plantear siquiera la posibilidad de que la humanidad vaya a renunciar jamás a tan preciosa invención.

  6. Dabicito says

    No importa que racionalmente algunos humanos sepan que el valor del dinero sea fiduciario, irreal, un consenso sobre un papel (igual que el oro, dicho sea de paso). Lo importante es que Inconscientemente todos creen en su valor intrínseco para vivir, el dinero ideal guía incosncientemente casi todas las pautas de vida mucho más incluso que un dios mental guía las pautas de vida de un humano medieval. Dicha creencia es indispensable para todo, desde beber agua hasta sentirse persona.

  7. Dabicito says

    Rawandi, ¿qué diferencia hay entre el “dinero”, y otros instrumentos históricos para comerciar como las hachas de Hallstat, instrumentos de oro, plata, la moneda acuñada y no acuñada, mezclada o no, y con otros instrumentos históricos para interaccionar colectivamente basados en una creencia común como son los dioses, iconos, mitos, figuras de consanguineidad reverenciadas, pueblos, naciones, etc? Si no se creyera en el dinero per sé, si se supiera que detrás de él no hay nada, nada habría funcionado nunca en el capitalismo.

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