Divulgación Científica, Tercera Cultura
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Cómo los altos ideales arruinan la ciencia

No hay duda de que la corriente más influyente en lo que algunos llaman “ciencia social moderna” todavía es la teoría crítica. A grandes rasgos, los partidarios de esta escuela sostienen que un “interés emancipador” debe guiar la ciencia, con la luminosa perspectiva de crear “un mundo que satisfaga las necesidades y capacidades de los seres humanos”. Al liberar a la ciencia del “interés dominador” y de las ilusiones del positivismo, la teoría crítica se presenta como una posición no sólo moral sino epistemológicamente superior a las alternativas. En breve: la “crítica” orientada por el interés emancipador también mejora la ciencia.

No es frecuente que esta suposición tan agradable sea puesta a prueba. Pero Lee Jussim –de la universidad de Rutgers– y sus compañeros lo hacen en un borrador de trabajo (2015): ¿Pueden los altos ideales morales minar a la ciencia? (PDF)

El registro histórico, e incluso el periodístico, ya muestran normalmente que los más elevados propósitos morales, de hecho, sirven para justificar conductas inmorales. Los actos más viles de Terror, ataques suicidas y asesinatos de civiles son dirigidos “por aquellos que piensan que su causa es justa”. El sentimiento de rectitud moral posee un “lado oscuro” del que se están haciendo cargo los psicólogos sociales. El estudio del “altruísmo patológico” es paralelo.

Ciencia cuestionable sobre estereotipos, sexo y raza

Los altos ideales pueden alterar directamente la “integridad científica”; esto es, 1) la honestidad personal de los propios científicos con su trabajo y 2) El desarrollo de teorías robustas, libres de errores y sesgos. Jussim y sus compañeros analizan en particular algo que llaman prácticas cuestionables de interpretación. Y es que la racionalidad motivada y los “sesgos de confirmación”, por los que tendemos a recolectar información más agradable para nuestros puntos de vista, no sólo afectan a la gente corriente, también a los científicos. Algunas de estas prácticas son: 1) Puntos ciegos, o evidencias ignoradas que contradicen los puntos de vista iniciales; 2) Preferencia selectiva por evidencias que no contradicen estos puntos de vista e incluso 3) Hechos fantasma: “Declarar que algo es cierto sin proporcionar ninguna evidencia empírica”.

Uno terreno abonado para la corrupción moral de la psicología social es el combate de los “estereotipos inadecuados”, también presentado bajo el paraguas del interés emancipador. Irónicamente, el propio Jussim ha mostrado que la validez de los estereotipos –definidos como creencias sociales sobre ciertas características de grupo–, de hecho es un hallazgo robusto, aunque resistido, de la psicología social.

Están las diferencias de sexo, por supuesto: “Muchos psicólogos estudiaron las diferencias de sexo desde una perspectiva feminista, con el objetivo de demostrar que las diferencias de género son pequeñas o inexistentes y poder promover la igualdad de género”. Las prácticas cuestionables también afectan a esta área. Desde los años 90 se sabe –no obstante– que las diferencias psicológicas de género son variables, algunas veces son estadísticamente pequeñas, otras moderadas, pero otras bastante fuertes. Por otra parte, se trata de un debate que renace rutinariamente.

Otro tema caliente son las diferencias en los logros académicos de blancos y negros en Estados Unidos y el papel que jugarían las supuestas “amenazas de estereotipo” en la explicación de la brecha racial. Para Jussim la idea de que eliminando la “amenaza” se suprimen las diferencias raciales es un “hecho fantasma”, es decir, no sustentado en pruebas.

Ciencia cuestionable para derrotar a los oponentes políticos

En general, las personas ideológicamente motivadas tienden a ser intolerantes con los rivales. Y los científicos no son seres especiales: la “ciencia” también se emplea para la lucha política, y lo hace con frecuencia tanto la “izquierda” como la “derecha”.

Un caso interesante es el llamado “negacionismo” del cambio climático antropogénico (es decir, causado por el hombre) y la supuesta relación entre las creencias conservadoras y una mentalidad conspirativa general: ¿Si crees que el hombre no llegó a la luna, también crees que no hay cambio climático? Aunque esta parecía la conclusión de un trabajo reciente (2013) para Jussim se trata de otro “hecho –o deducción– fantasma”. Analizando de cerca los datos, resultó que de los 136 participantes en el estudio que rechazaron el cambio climático, sólo 3 (2%) también creían que la NASA había falsificado su alunizaje.

Otra área de interés son los prejuicios. ¿Son los conservadores más intolerantes y prejuiciosos que la gente de izquierda? En realidad, los datos son ambiguos, y hay estudios mostrando que la gente de izquierda puede llegar a ser más, no menos intolerante con los que no piensan como ellos (como cristianos evangélicos, o los empresarios). Los conservadores sí tienen más prejuicios contra algunos colectivos, como homosexuales y minorías raciales, pero como apuntan los autores “restringir el estudio de los prejuicios a estos grupos es un gran punto ciego en la psicología”.

Si pretendemos no arruinar la ciencia con ideales morales, Jussim propone algunas medidas de urgencia: reconocer las perspectivas diferentes para no dar por supuesta una ideología monocolor (en línea con la “universidad heterodoxa” de Haidt), admitir la colaboración de los adversarios, para reducir las preferencias selectivas, y una mayor atención hacia los metaanálisis para reducir la probabilidad de error en estudios únicos y oportunistas.

2 Comentarios

  1. Emilio says

    Me gustaría participar más a menudo en este blog, si no lo hago es porque aun cuando me interesa la ciencia en general y los problemas del conocimiento y la epistemología en particular, me preocupan mucho más el análisis y la participación en los múltiples cambios que se están produciendo en este país y el dibujo de la sociedad que se nos avecina en lo que pueda tener de positivo pero también para señalar sus fallas que a mi modo de entender no son pocas.

    Y en este sentido echo en falta un mayor acercamiento a ámbitos como el jurídico, donde de modo silencioso pero imparable la visión de género se está imponiendo como una verdad que no necesita demostración, acallando todas las voces contrarias con la fuerza de las verdades superiores e incuestionables. No me parece un buen camino y desde este blog entiendo que se podría hacer algo más que señalar el peligro de los altos ideales que pueden arruinar la ciencia porque incluso esa denominación resulta excesiva, si nos damos cuenta de que esos ideales con toda facilidad se traducen en intereses de un colectivo social.

  2. Pingback: Anónimo

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