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La ciencia y el pensamiento crítico acostumbran a estar ausentes de los debates sociales y políticos actuales (en los ámbitos de habla hispana). Prescindir de las aportaciones e interrogantes científicos es una merma incuestionable si se pretenden comprender en toda su profundidad los problemas que nos conciernen. Sin la ciencia, opiniones sobre la violencia o la educación, por ejemplo, se sostienen en ideologías, modas y prejuicios. Es necesario que en estos debates haya un punto de apoyo, que es el que ofrece la ciencia.

¿Por qué los finlandeses no ganan más premios Nobel?

En el plano individual, la práctica y el esfuerzo no son todo. Según estudios, los violinistas geniales necesitan practicar la mitad que los mediocres. En el ajedrez, los mejores necesitan muchísimo menos tiempo (728 horas) que los peores (16120 horas) antes de convertirse en maestros. Existen, por lo visto, “genes de genios”. Pero la inteligencia y la creatividad también varían por países, y esto explica bastante cosas, desde el desempeño académico al desarrollo tecnológico y científico.

Por qué la gente cree ser secuestrada por extraterrestres

Los ufólogos, escritores e investigadores de “misterios” suelen quejarse de que la ciencia no se toma en serio sus temas favoritos. Es falso. En el contexto del proyecto “Libro Azul”, dirigido por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, el laboratorio de “comidas y medicamentos” del Departamento de Salud, Educación y Bienestar de los Estados Unidos llegó a analizar una tarta entregada por un vecino de Alabama para descartar que tuviera un origen alienígena, según cuenta Jacques Vallée en su libro Magonia. Hasta 1969, técnicos del ejército estudiaron –empleando recursos públicos– más de 12.000 supuestos informes OVNI. Pero la redacción final del proyecto, bajo la dirección de Edward Condon en la universidad de Colorado, básicamente coincidió con conclusiones de investigaciones previas (los proyectos “SIGN” o “GRUDGE”): “Nada de lo que procede del estudio de los OVNIs en los últimos 20 años ha aumentado el conocimiento científico”.

Una universidad “heterodoxa”

Por Teresa Giménez Barbat en la revista leer ¿Se puede estudiar la teoría de la decisión política desde las ciencias evolucionistas? Jonathan Haidt, psicólogo social y profesor de Liderazgo Ético en la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York y autor de “The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion”, es uno de los adalides de este tipo de investigaciones. Antiguo militante de izquierdas, pensaba que una mayor comprensión de la psicología moral podría dar armas al partido con el que simpatizaba, el demócrata. Pero no fue esto lo que ocurrió. Más bien empezó a vislumbrar qué se escondía en los cerebros de las personas de distinto signo político. Dejó de ver a los conservadores y a la gente religiosa como oponentes y a comprender su punto de vista. Y declaraciones posteriores como que «los conservadores tienen una comprensión más ajustada de la naturaleza humana que los progresistas (“liberals”)» le granjearon la etiqueta de “centrista” en el caso más benévolo cuando no la de “traidor”[1].

Cómo se engañan los científicos

Pese a la insistencia de los manuales, y el fervor de la ideología, el “método científico” es más un proyecto que una obra finalizada. Algo que está quedando de manifiesto especialmente tras lo que llaman “crisis de replicabilidad”. Aunque el porcentaje de trabajos retractados en las revistas, por fraude o error, sigue siendo relativamente modesto (un 0.02%), algunas áreas de la ciencia están claramente afectadas. Para poner un ejemplo, sólo uno de cada tres estudios de psicología analizados en un proyecto reciente consiguieron ser replicados. Y otros investigadores han alcanzado conclusiones similares.

La personalidad no causa la ideología

Todos los rasgos humanos psicológicos son heredables. Según un metaanálisis que toma en cuenta estudios de gemelos efectuados a lo largo de 39 países durante las últimas cinco décadas, ni uno sólo de los rasgos analizados tiene una estimación de heredabilidad igual a 0. (Polderman et al., 2015). Las opiniones políticas son uno de esos rasgos. Los factores genéticos explicarían (Funk, L.C. et al., 2013) al menos la mitad de las diferencias observadas en la ideología política de la gente.

CISCATALONIA

“El debate de ideas propiciado por el envite secesionista en Cataluña ha sido tan frondoso que se aprecian  signos claros de saturación. Es probable que no queden analistas o escribientes, de cualquier condición, que no se hayan pronunciado sobre la cuestión. Destaca, sin embargo, la ausencia casi total de voces de la academia científica. En dos ocasiones (3-11-2014; 23-1-2013) publicamos artículos de Adolf Tobeña que habían sido rechazados en “El País”, un rotativo que ha venido deplorando el “silencio culpable” de buena parte de la intelectualidad catalana. Contribuimos, por tanto, con este nuevo artículo de nuevo rechazado, a no ahondar ese “silencio” al tiempo que damos voz, como corresponde en TC, a opiniones que tiendan engarces entre ciencia y sociedad”.

Por qué nos sentimos enfermos. La teoría altruísta

Todo el mundo se ha sentido alguna vez desagradablemente enfermo. El dolor, la anemia o la fiebre son algunos síntomas clásicos, pero también hay consecuencias psicológicas. Las personas enfermas suelen sentirse más deprimidas e irritables, y también afecta a las relaciones sociales. El “síndrome de enfermedad”, definido como una “respuesta adaptativa y coordinada a las infecciones” es típicamente provocado por una gran variedad de agentes patógenos: virus, bacterias y protozoos capaces de alterar indirectamente las respuestas del sistema inmune y neuroendocrino. La causa próxima del sentimiento de enfermedad radica en la alteración de estos sistemas fisiológicos, pero la causa final es más complicada.

Los chimpancés, pero no los bonobos, juegan como los niños humanos

Es sabido que los chimpancés (Pan troglodytes), y sus primos los bonobos (Pan paniscus), son las especies animales con las que estamos más emparentados los humanos modernos. Separadas por “sólo” un millón de años, estos primates exhiben algunas diferencias de conducta social muy atractivas cuya interpretación nutre las “guerras culturales” para definir el ser humano. Los partidarios de la no violencia y del amor libre prefieren tradicionalmente al bonobo, más pacífico y sexualmente relajado, mientras que la imagen del chimpancé como modelo de revolución social se resiente tras el descubrimiento de las “guerras chimpancés” hace décadas.

Educar en civilización

Invertir enormes sumas de dinero y buenas intenciones no es una garantía de éxito para resolver algunos problemas educativos y patologías sociales que parecen arraigados en un “mundo hobbesiano”. Tras inyectar miles de millones en intervenciones para reducir las brechas raciales durante las últimas décadas, en EE.UU las distancias de hecho se han ampliado: la brecha entre blancos y negros en test que miden habilidades de lectura y matemáticas ha crecido 5 puntos desde 1992 a 2013.

Lo que hay que saber sobre la inteligencia

Reseña de Intelligence. All that matters, de Stuart Ritchie, John Murray Learning. 2015. 147 Páginas. Hay algo peligroso en la ciencia del intelecto humano. Definir y cuantificar las capacidades mentales, tal y como pretende hacer la psicología diferencial, es algo farragoso para los antiguos, que ven el “alma racional” más bien como un préstamo divino, pero para los modernos la idea de que algo así como la inteligencia es medible, variable y heredable también choca con fuertes expectativas morales, dentro de una ya larga tradición de malentendidos, malevolencia y mitos sobre la psicología (Colom, 2000). Este pequeño libro de Stuart Ritchie, posdoctorado en la universidad de Edinburgo, es un buen remedio contra concepciones erróneas, pero muy extendidas, acerca de la inteligencia humana.

John Searle: “Sabemos que el cerebro produce conciencia, pero no sabemos cómo”

Ya me habían avisado de que John Searle era un tipo extraordinariamente simpático, accesible y nada pedante. Pero así y todo cuesta creer que el joven octogenario con la gorra de visera y vaquero negro – tan caído por detrás que preocupa llegar a ver la marca de su ropa interior cual skater- es uno de los filósofos más reconocidos y laureados del mundo.

¿Hay que eliminar el “factor de impacto” de las revistas científicas?

En teoría, la ciencia es universal. En la práctica, es aristocrática. Los científicos están sometidos a un sistema de publicación dominado por unas pocas revistas de impacto y grupos editoriales, por un par de países, y por un solo idioma: el inglés. Esto influye también en la divulgación. Según los cálculos de Carlos Elías (La razón estrangulada. La crisis de la ciencia en la sociedad contemporánea. Debate. 2008), de todas las noticias científicas publicadas en España basadas en revistas de impacto, el 37.6% provienen de Nature, el 12.4% de Science, seguido por el 4.8% de Proceedings. Ninguna de estas noticias se basa en revistas científicas españolas. Nature y Science monopolizan virtualmente el mercado de la comunicación científica, con sus potentes gabinetes de prensa, a la cabeza de lo que Elías llama “ciencia producida para salir en los periódicos”.

Jonathan Haidt abre una “universidad heterodoxa”

El psicólogo social Jonathan Haidt, conocido por sus charlas TED, estudioso de la mentalidad conservadora y autor de The righteous mind (2012), ha abierto una “universidad heterodoxa” en internet con la misión de “incrementar la diversidad de puntos de vista en la universidad, especialmente en las ciencias sociales”. Se trata esencialmente de una página web con distintos recursos educativos a través de la que es sencillo acceder a las publicaciones más relevantes del campo.

Psicólogos que se portan mal. El auge de una ciencia inexacta

El campo de la psicología se ha esforzado durante mucho tiempo por ser reconocido como “ciencia exacta”. Ha trabajado duro para distanciarse de su comprometida asociación con la herejía freudiana. Su progreso se ha caracterizado como una embarazosa serie de “teorías” que, en retrospectiva, demasiado a menudo resultaron modas pasajeras y fueron olvidadas por falta de poder explicativo. La psicología carece de una tabla periódica con “hechos” incuestionables para apoyar su ciencia. No ha llegado a crear un proyecto convincente de la mente humana, y su aceptación siempre ha estado obstaculizada por el hecho de que todo el mundo viene equipado con una ingenua psicología popular que normalmente compite con la investigación profesional.

Más allá del tamaño del cerebro

Los psicometristas descubrieron en el siglo XX que existe un factor general (g) capaz de explicar al menos la mitad de la varianza de la inteligencia humana individual, que a su vez se conecta con muchos resultados educativos, profesionales, o sanitarios. Pese a la enorme importancia potencial de este hallazgo, aún no se conocen todos los detalles sobre las bases biológicas, genéticas y neuroanatómicas, de g, incluyendo la interesante asociación, ya advertida por Francis Galton (1822-1911), entre el tamaño del cerebro y la inteligencia.

Galileos del siglo XXI. La nueva censura ideológica de la ciencia

  El conocido caso de Galileo Galilei, padre de la ciencia moderna condenado por la Inquisición a un arresto domiciliario y vetado por la Iglesia católica entre otras cosas por defender el sistema heliocéntrico (y de paso ridiculizar al Papa) suele esgrimirse como ejemplo de un intemporal conflicto entre ciencia y religión. Pero la ciencia también puede entrar en conflicto con ideologías seculares, lo ha hecho históricamente, y lo está haciendo hoy.

Psicología evolucionista 2.0

Con la publicación del manual de David Buss Evolutionary psychology (Psicología evolucionista) (1999), nació un nuevo campo de estudio. Es cierto que las ideas de este campo habían estado dando vueltas en la cabeza de los académicos al menos desde mitad del siglo XIX, pero la obra pionera de Buss dio al campo el empujón que necesitaba para conseguir un status pleno.

La evolución de la disfunción sexual masculina

Habida cuenta de que el ser humano es una especie sexualmente reproductiva, y que las fuerzas de la evolución han favorecido la aparición de fuertes recompensas somáticas que motivan la actividad sexual, pudiera suponerse que la selección natural habría eliminado virtualmente los genes que provocan disfunciones sexuales. Sin embargo, no es así.