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Género y salud mental. ¿Importan también los hombres?

La Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género del Parlamento Europeo ha preparado recientemente un informe titulado “Promoviendo la igualdad de género en la salud mental y la investigación clínica”. Este informe fue aprobado por el Parlamento en sesión plenaria en febrero del 2017. El informe debe ser bienvenido, aunque sólo contenga recomendaciones y no obligaciones. Los activistas de la salud mental pueden utilizar esos informes como herramienta para un cambio positivo en el área, especialmente cuando hay deficiencias en la comprensión y la prestación de servicios. Desgraciadamente, el informe se queda corto en numerosos frentes: Ignorando a los hombres En primer lugar, la expresión “igualdad de género” es implícitamente igualada a la salud de las mujeres a lo largo del informe. De los 163 párrafos en el informe, solamente 2 son dedicados a la salud mental de los hombres. Del mismo modo, el recuento de palabras revela que las palabras “mujeres” y “niñas” aparecen 217 veces, mientras que “hombres’ y “niños” sólo aparecen 45 veces. Los hombres tienen tasas significativamente más …

Conferencia Internacional para el estudio de las diferencias psicológicas individuales (ISSID 2017)

La personalidad humana también ha sido moldeada por la evolución. Y desde esta perspectiva, la psicología presenta una doble cara. Estudia los sistemas que han evolucionado para resolver problemas específicos con los que se encontraron nuestros ancestros, y que tuvieron un impacto en su supervivencia. Son lo que llaman “adaptaciones” y son prácticamente universales. Pero estos “sistemas” varían considerablemente a través de grupos e individuos, lo que termina traduciéndose no sólo en diferencias triviales del carácter o la personalidad individual, sino en las diferencias humanas que más importan y traen de cabeza a educadores y legisladores, desde el desarrollo económico y político al impacto de las conductas antisociales. En la psicología de la personalidad habría algo así como dos “mundos” (Burgess y MacDonald, 2005): uno de mecanismos universales y otro de diferencias individuales. Ambos son aspectos complementarios. Las diferencias individuales ciertamente existen, pero son inteligibles dentro del rango normal que presentan los sistemas evolutivos –comunes a la especie. Para el más influyente psicólogo diferencial del siglo XX, Hans Eysenck (1916-1997) “los individuos realmente difieren entre sí y parece que …

Las diferencias de sexo y la brecha de género

Transcripción de la conferencia pronunciada por Susan Pinker el pasado 28 de marzo de 2017 en el Parlamento Europeo, dentro del ciclo de conferencias EUROMIND coordinado por la eurodiputada del grupo ALDE Teresa Giménez Barbat. La autora es una psicóloga del desarrollo educada en la universidad McGill y Waterloo. Columnista de The globe, Mail y The Wall Street Journal. Autora de dos libros: The Sexual Paradox: Men, Women and the Real Gender Gap (2008), sobre las raíces evolutivas de las diferencias de sexo en la escuela y el trabajo y de The Village Effect (2014), sobre los efectos en la salud de las redes sociales personales en la era digital (reseñada aquí en TC).

¿Es el pene una construcción social?

En 1996 Alan Sokal consiguió publicar un artículo –que en realidad era una parodia deliberada del posmodernismo, el deconstruccionismo y otras modas intelectuales del siglo XX– en la revista de ciencias sociales Social text. Un año más tarde Sokal y Bricmont publicaron el libro Imposturas intelectuales (Fashionable nonsense) que venía a resumir el llamado “Sokal affair” para un público más amplio. Es por lo menos plausible asumir que tanto el falso artículo como el libro consiguieron algún efecto. Aunque esta medida es bastante grosera, si buscamos actualmente la palabra clave “Posmodernism” en la base de datos de Google Books se aprecia una caída bastante brusca que coincide a grandes rasgos con la irrupción del escándalo Sokal.

La psicología política del Brexit

Una suposición natural de la democracia es que los votantes son al menos suficientemente racionales, si no para escoger la mejor de las opciones disponibles, si al menos para saber lo que votan. Algunos dudan de que incluso este modesto supuesto sea cierto, pero en los últimos años, sobre todo a raíz del resultado del referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, y de las últimas elecciones a la presidencia de los Estados Unidos, la sensación de que vivimos en una “era de irracionalidad” y de la “posverdad” se ha extendido entre la élite cognitiva de las sociedades occidentales.

El “efecto pueblo”. Por qué importan los contactos cara a cara

Después de The sexual paradox, donde explicaba cómo influyen las diferencias evolutivas de sexo en las brechas de género en el trabajo, Susan Pinker –hermana del psicólogo cognitivo Steven Pinker– ha regresado a la divulgación científica con un libro que estudia la influencia en el bienestar, la salud y la felicidad humana de las relaciones sociales cara a cara (The Village Effect: How Face-to-Face Contact Matters. Atlantic Books. 2014).

La victoria de Trump: Arrogancia derrotada

Hillary Clinton llamó a la mitad de los votantes de Trump “un cesto de desperdicios”. En todas las discusiones que he tenido con “izquierdistas” estadounidenses, se me ha explicado que los seguidores de Trump en su mayoría son hombres blancos poco educados. Sin embargo, soy lo bastante viejo para recordar una era en la que todos los partidos de izquierdas, socialistas o comunistas, e incluso demócratas estadounidenses, estaban basados en los trabajadores, en la “clase trabajadora” o en el “hombre común”. Nadie pensaba en averiguar si tenían licenciaturas universitarias o en investigar si sus opiniones eran o no políticamente correctas en temas como racismo, sexismo u homofobia.

¿Cómo ha podido pasar? El ascenso de Trump desde la psicología moral

El poder que frena el colapso civilizatorio parece haber quedado seriamente debilitado tras los resultados de las últimas elecciones presidenciales en EE.UU., considerando las reacciones de tantos políticos, “pundits”, activistas y comentaristas de todo el mundo. El País publicó el mismo día de la victoria de Trump una columna de John Carlin cuestionando literalmente que la democracia representativa pudiera seguir siendo “un modelo de gobierno a seguir para la humanidad”. Cayetana Álvarez de Toledo señaló en una conferencia que los resultados electorales subrayan que hemos entrado en una “era de irracionalidad” global. Según entre otros el filósofo Michael P. Lynch este acontecimiento augura una era de la “post-verdad” “donde las mentiras se toleran y los hechos se ignoran”. Y no sólo estaría en peligro la razón, la democracia, y la convivencia humana entre sexos, etnias y países, sino también el equilibrio planetario. Para distintos “líderes científicos” en ciencia del clima la presidencia de Trump supondrá “un desastre para el planeta”. La portada del semanario Der Spiegel lo ilustra en su portada, con la imagen de …

Sissela Bok. Lo que cuestan las mentiras a largo plazo

“¿Cómo te das cuenta de que los políticos están mintiendo? Al ver que sus labios se mueven.” Frases tan sarcásticas, difundiéndose a través de YouTube y las redes sociales, nos hablan de una profunda desconfianza hacia políticos y representantes públicos: desconfianza que alimentan las acusaciones y contraacusaciones de corrupción y mentiras de los oponentes políticos. Los mismos políticos deshonestos, al convencerse de que no están haciendo nada fuera de lo corriente, sólo logran contribuir a que aumente la desconfianza incluso hacia sus colegas honestos. Los costos a largo plazo de prácticas engañosas y corruptas entre políticos y otros en la vida pública, documentada a diario por los medios, no tienen mucho misterio. Se necesita al menos un mínimo clima de confianza si las naciones piensan hacer frente a los desafíos ambientales, económicos o humanitarios que les vienen encima de forma colectiva. Hacerse cargo de estos desafíos precisa de niveles nunca vistos de cooperación internacional y, a su vez, un mínimo de confianza mutua. Aún así, cada revelación nueva sobre prácticas documentadas o sospechosas de ser …

Conferencia de Adolf Tobeña en el evento: ¿Nacionalismos perpetuos?

Fuente: euromind. Adolf Tobeña es Catedrático de Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona. Es autor de más de ciento cincuenta trabajos de investigación en revistas de Psicobiología y Neurociencia. Ha sido profesor visitante en las universidades de Londres, Venecia, Groningen y Tel Aviv. Ha recibido diferentes premios, como el Premio Europa de Ensayo Científico en 2004, otorgado por la Universidad de Valencia, y el Premio Ciutat de Barcelona de Ciència 1992. También recibió el Premio Avui de Periodismo en 1991. Ha colaborado en distintos medios de comunicación. Ha dirigido programas de radio de debate científico en Catalunya Ràdio y Ona Catalana. Libros Devotos y descreídos: biología de la religiosidad. PUV (Valencia, 2014) Píldoras o Freud. Alianza. (Madrid, 2013) Mentes lúcidas y longevas. PUAB (Bellaterra, 2011) Cerebro y poder. La Esfera de los Libros. (Madrid, 2008) El cerebro erótico. La Esfera de los Libros. (Madrid, 2006) Mártires mortíferos: biología del altruismo letal PUV (Valencia, 2004) Anatomía de la agresividad humana. Galaxia Gutenberg. (Barcelona, 2001) [mom_video type=”youtube” id=”9NJ-ebz2xIY” width=”650″ height=”315″] Conferencia ¿Una sociedad enajenada?: Una disección …

La paradoja del macho guerrero: sobre la biología y la psicología del conflicto intergrupal

En todas las sociedades humanas, de forma generalizada, se producen conflictos entre grupos. A lo largo de nuestra historia moderna ha habido conflictos entre grupos humanos; tanto conflictos a gran escala, como las guerras entre naciones, el terrorismo, la discriminación racial y étnica, o conflictos entre los partidos políticos, como conflictos a una escala relativamente más pequeña…

Por qué la gente cree ser secuestrada por extraterrestres

Los ufólogos, escritores e investigadores de “misterios” suelen quejarse de que la ciencia no se toma en serio sus temas favoritos. Es falso. En el contexto del proyecto “Libro Azul”, dirigido por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, el laboratorio de “comidas y medicamentos” del Departamento de Salud, Educación y Bienestar de los Estados Unidos llegó a analizar una tarta entregada por un vecino de Alabama para descartar que tuviera un origen alienígena, según cuenta Jacques Vallée en su libro Magonia. Hasta 1969, técnicos del ejército estudiaron –empleando recursos públicos– más de 12.000 supuestos informes OVNI. Pero la redacción final del proyecto, bajo la dirección de Edward Condon en la universidad de Colorado, básicamente coincidió con conclusiones de investigaciones previas (los proyectos “SIGN” o “GRUDGE”): “Nada de lo que procede del estudio de los OVNIs en los últimos 20 años ha aumentado el conocimiento científico”.

Por qué nos sentimos enfermos. La teoría altruísta

Todo el mundo se ha sentido alguna vez desagradablemente enfermo. El dolor, la anemia o la fiebre son algunos síntomas clásicos, pero también hay consecuencias psicológicas. Las personas enfermas suelen sentirse más deprimidas e irritables, y también afecta a las relaciones sociales. El “síndrome de enfermedad”, definido como una “respuesta adaptativa y coordinada a las infecciones” es típicamente provocado por una gran variedad de agentes patógenos: virus, bacterias y protozoos capaces de alterar indirectamente las respuestas del sistema inmune y neuroendocrino. La causa próxima del sentimiento de enfermedad radica en la alteración de estos sistemas fisiológicos, pero la causa final es más complicada.

Mujeres y enemigas. La nueva ciencia sobre la competitividad femenina

Un rápido ejercicio de asociación. Qué viene a la mente al escuchar estas palabras: Competitividad. Agresividad. Violencia. Si piensas en la palabra “macho”, casi seguro que no estás solo. Estos rasgos se atribuyen frecuentemente a la masculinidad y la hombría. En un examen más próximo también queda claro que la competetividad, violencia y agresividad masculina a menudo se dirigen contra otros machos: en el campo de batalla, el campo de juego, en la oficina, en el bar o en la calle. Charles Darwin se dió cuenta hace tiempo de la existencia de competitividad intrasexual entre machos, y entendió también que el propósito principal de todo este barullo masculino consistía en atraer la atención y el favor reproductivo de las hembras.

Cosas de las que no hablamos sobre razas humanas, pero son ciertas

Desde mediados del siglo pasado hablar de razas y diferencias biológicas entre grupos humanos es un tabú eficaz. La idea hegemónica, según el punto de vista de los antropólogos boasianos, o de los psicólogos conductistas radicales, es que los seres humanos son naturalmente iguales y que la causa de las diferencias es básicamente ambiental, sobreentendiendo que “ambiente” se refiere a “cultura” y “educación”. El periodista John Derbyshire lo llama “Dogma de las Cero Diferencias entre Grupos” (siglas en inglés DZGD): la ya vetusta idea de que no existen características inherentemente humanas, incluyendo diferencias entre poblaciones, y de que la naturaleza humana es una “construcción social” y una “tabla rasa”.

Las máquinas no pueden pensar

No van a pensar en algún momento próximo. Podrán hacer cada vez más cosas cada vez más interesantes, pero la idea de que tengamos que preocuparnos por ellas, o regularlas, o garantizarles derechos civiles, es sencillamente absurda. Las excesivas promesas de los «sistemas expertos» en los 80 acabaron con la financiación formal del tipo de IA que intenta construir humanos virtuales. Muy pocas personas están trabajando hoy en este campo. Pero, según los medios, debemos estar muy asustados. Todos hemos visto demasiadas películas.

La IA frankesteiniana

Mi aforismo favorito de Edsger Dijkstra es este: «La pregunta de si las máquinas pueden pensar es tan importante como la de si los submarinos pueden nadar». Sin embargo, seguimos jugando al juego de la imitación: preguntar lo cerca que estamos de que la inteligencia de la máquina pueda doblar a la nuestra, como si ese fuese el verdadero asunto. Por supuesto, una vez que te imaginas máquinas con sentimientos como los humanos y con libre albedrío, es posible concebir una mala conducta de la inteligencia de la máquina; la IA como una idea Frankenstein. El concepto está en pleno resurgimiento, y al principio pensé que era exagerado. Últimamente he llegado a la conclusión de que no lo es.