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Los 10 mayores hallazgos de la genética de la conducta humana

Muchos de los hallazgos de la psicología no son tales, como ha mostrado el trabajo de Ioannidis (2005) y la dificultad para replicar los resultados parece ser la razón de fondo. Sin embargo, algunos resultados sí son sólidos. Robert Plomin y sus compañeros (2015) resumen lo que, según su criterio, son los 10 hallazgos mejor establecidos de la genética de la conducta. Los autores prefieren el término “hallazgo” a uno con más pedigree, el de “ley”, debido a la importancia de las excepciones, y a las limitaciones que implica el concepto de “heredabilidad” en esta misma disciplina. Recordemos que con heredabilidad los genetistas se refieren a una estimación –no un valor inmutable–basada en la variación genética individual encontrada dentro de una población específica, y que no sirve para predecir el comportamiento de un individuo en concreto.

Henry Harpending

Este 3 de abril ha muerto Henry Harpending, antropólogo, genetista de poblaciones de la universidad de Utah y miembro de la Academia nacional de las ciencias de EE.UU. Considerado “controvertido” por grupos de la izquierda radical, el trabajo de Harpending abarcó áreas importantes de la antropología, como el origen de la diversidad humana (2005), la evolución de la inteligencia de los grupos humanos (2006) o, la evolución de adaptaciones humanas recientes (2007).

Cuenta atrás para identificar los genes que nos hacen inteligentes

La inteligencia general es un rasgo humano complejo, heredable entre generaciones, y que cumple la llamada “cuarta ley” de la genética de la conducta. Es decir, hay bastantes variantes genéticas responsables de las variaciones entre individuos y grupos. Sólo recientemente disponen los científicos de los instrumentos de análisis adecuados para identificar el origen de estas diferencias humanas tan importantes.

La ciencia percibida como “inmoral” también es percibida como menos creíble y rigurosa

Algunos epistemólogos –la gente que se dedica a estudiar la naturaleza del conocimiento humano– distinguen entre “racionalidad instrumental”, que persigue simplemente la victoria de nuestros valores predilectos, y “racionalidad epistémica”, que persigue una mayor correspondencia entre nuestro mapa y el territorio: lo que Aristóteles y los escolásticos llamaban “adecuación”, o simplemente “verdad”. No es lo mismo razonar para ganar que para averigüar lo que es cierto. Se supone que la ciencia por excelencia se fundamenta en la racionalidad epistémica. Según esta posición común, resumida por Matteo Colombo, de la universidad holandesa de Tilburg, el modo cómo evaluamos la calidad de las pruebas y los argumentos en favor de las hipótesis verdaderamente científicas “sólo debe ser afectado por valores epistémicos, dirigidos a la verdad, tales como confirmación, adecuación empírica y poder explicativo y predictivo”. Aunque no cabe duda que los valores “no epistémicos” (ideas morales, ideológicas, económicas, etc) forman parte de la actividad científica, influyendo en el modo cómo los políticos deciden emplear ciertas conclusiones de la ciencia, o en los procesos de financiación, existe también …

Daniel Dennett: “La mente humana es el resultado de la evolución cultural”

Daniel C. Dennett (Boston, 1942) es uno de los pensadores más incisivos del mundo contemporáneo. Ha trabajado sobre ciencia cognitiva, filosofía de la mente y de la ciencia, inteligencia artificial y teoría de la evolución. Profesor de filosofía y codirector del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts (Massachusetts), se le ha designado junto a Richard Dawkins, Sam Harris y Christopher Hitchens como uno de los “cuatro jinetes del ateísmo”. Entre sus numerosos libros destacan Romper el hechizo: la religión como un fenómeno natural (Katz Editores, 2007), La naturaleza de la conciencia: cerebro, mente y lenguaje (escrito junto a Maxwell Bennett, Peter Hacker y John Searle y publicado por Paidós en 2008) y Bombas de intuición y otras herramientas de pensamiento (fce, 2015). “El ADN –ha dicho– es al gen lo que la tinta es al poema. Los genes no están hechos tan solo de ADN.” Paul Thagard asegura que la realidad es aquello que puede ser estudiado por la ciencia. ¿Estaría de acuerdo con él? No sé si de la manera que …

¿Seguro que votaste racionalmente el 20D?

Los sesgos cognitivos son algo así como atajos mentales. Afectan en especial a lo que Daniel Kahneman llama “sistema 1”, nuestra parte más emocional en la toma de decisiones, pero también se encuentran en situaciones que requieren una forma de pensar más lenta y reflexiva. Hasta los científicos más pulcros se engañan rutinaria y sistemáticamente.

Cómo los altos ideales arruinan la ciencia

No hay duda de que la corriente más influyente en lo que algunos llaman “ciencia social moderna” todavía es la teoría crítica. A grandes rasgos, los partidarios de esta escuela sostienen que un “interés emancipador” debe guiar la ciencia, con la luminosa perspectiva de crear “un mundo que satisfaga las necesidades y capacidades de los seres humanos”. Al liberar a la ciencia del “interés dominador” y de las ilusiones del positivismo, la teoría crítica se presenta como una posición no sólo moral sino epistemológicamente superior a las alternativas. En breve: la “crítica” orientada por el interés emancipador también mejora la ciencia.

El enfoque biosocial en el trabajo social

La aproximación evolucionista al estudio del ser humano inaugurada por la teoría de Darwin, y desarrollada con posterioridad gracias a los descubrimientos de la genética y la biología molecular (“síntesis moderna”) se ha ido ampliando en las últimas décadas, desde la antropología cultural a la criminología, y los problemas sociales estudiados por los trabajadores sociales también pretenden incorporar este enfoque biopsicológico, aunque no sin resistencias. No se trata de meras curiosidades teóricas, ya que incorporar lo bio en los estudios sociales y psicológicos, en principio, ayuda a intervenir más eficazmente en los problemas.

La evolución del pelo largo

El pelo largo humano no es universal, varía entre poblaciones. Y esta variación depende de presiones evolutivas recientes y locales, probablemente varios milenios después de que los humanos “modernos” salieran de África hace 60.000 años. Para la biología y la psicología evolucionista tan interesante es descubrir los universales como los particulares humanos, y ya tenemos un catálogo interesante de particularidades humanas: color de los ojos, pelo y piel, persistencia de la lactasa, adaptación a las alturas, adaptación al frío, estatura de los pigmeos, los genes EDAR, ASPM y MCPH1, el microbioma, el tiempo de sueño o el pelo largo en la cabeza.

¿Por qué los finlandeses no ganan más premios Nobel?

En el plano individual, la práctica y el esfuerzo no son todo. Según estudios, los violinistas geniales necesitan practicar la mitad que los mediocres. En el ajedrez, los mejores necesitan muchísimo menos tiempo (728 horas) que los peores (16120 horas) antes de convertirse en maestros. Existen, por lo visto, “genes de genios”. Pero la inteligencia y la creatividad también varían por países, y esto explica bastante cosas, desde el desempeño académico al desarrollo tecnológico y científico.

Cómo se engañan los científicos

Pese a la insistencia de los manuales, y el fervor de la ideología, el “método científico” es más un proyecto que una obra finalizada. Algo que está quedando de manifiesto especialmente tras lo que llaman “crisis de replicabilidad”. Aunque el porcentaje de trabajos retractados en las revistas, por fraude o error, sigue siendo relativamente modesto (un 0.02%), algunas áreas de la ciencia están claramente afectadas. Para poner un ejemplo, sólo uno de cada tres estudios de psicología analizados en un proyecto reciente consiguieron ser replicados. Y otros investigadores han alcanzado conclusiones similares.

La personalidad no causa la ideología

Todos los rasgos humanos psicológicos son heredables. Según un metaanálisis que toma en cuenta estudios de gemelos efectuados a lo largo de 39 países durante las últimas cinco décadas, ni uno sólo de los rasgos analizados tiene una estimación de heredabilidad igual a 0. (Polderman et al., 2015). Las opiniones políticas son uno de esos rasgos. Los factores genéticos explicarían (Funk, L.C. et al., 2013) al menos la mitad de las diferencias observadas en la ideología política de la gente.

Los chimpancés, pero no los bonobos, juegan como los niños humanos

Es sabido que los chimpancés (Pan troglodytes), y sus primos los bonobos (Pan paniscus), son las especies animales con las que estamos más emparentados los humanos modernos. Separadas por “sólo” un millón de años, estos primates exhiben algunas diferencias de conducta social muy atractivas cuya interpretación nutre las “guerras culturales” para definir el ser humano. Los partidarios de la no violencia y del amor libre prefieren tradicionalmente al bonobo, más pacífico y sexualmente relajado, mientras que la imagen del chimpancé como modelo de revolución social se resiente tras el descubrimiento de las “guerras chimpancés” hace décadas.

Lo que hay que saber sobre la inteligencia

Reseña de Intelligence. All that matters, de Stuart Ritchie, John Murray Learning. 2015. 147 Páginas. Hay algo peligroso en la ciencia del intelecto humano. Definir y cuantificar las capacidades mentales, tal y como pretende hacer la psicología diferencial, es algo farragoso para los antiguos, que ven el “alma racional” más bien como un préstamo divino, pero para los modernos la idea de que algo así como la inteligencia es medible, variable y heredable también choca con fuertes expectativas morales, dentro de una ya larga tradición de malentendidos, malevolencia y mitos sobre la psicología (Colom, 2000). Este pequeño libro de Stuart Ritchie, posdoctorado en la universidad de Edinburgo, es un buen remedio contra concepciones erróneas, pero muy extendidas, acerca de la inteligencia humana.

¿Hay que eliminar el “factor de impacto” de las revistas científicas?

En teoría, la ciencia es universal. En la práctica, es aristocrática. Los científicos están sometidos a un sistema de publicación dominado por unas pocas revistas de impacto y grupos editoriales, por un par de países, y por un solo idioma: el inglés. Esto influye también en la divulgación. Según los cálculos de Carlos Elías (La razón estrangulada. La crisis de la ciencia en la sociedad contemporánea. Debate. 2008), de todas las noticias científicas publicadas en España basadas en revistas de impacto, el 37.6% provienen de Nature, el 12.4% de Science, seguido por el 4.8% de Proceedings. Ninguna de estas noticias se basa en revistas científicas españolas. Nature y Science monopolizan virtualmente el mercado de la comunicación científica, con sus potentes gabinetes de prensa, a la cabeza de lo que Elías llama “ciencia producida para salir en los periódicos”.

Psicólogos que se portan mal. El auge de una ciencia inexacta

El campo de la psicología se ha esforzado durante mucho tiempo por ser reconocido como “ciencia exacta”. Ha trabajado duro para distanciarse de su comprometida asociación con la herejía freudiana. Su progreso se ha caracterizado como una embarazosa serie de “teorías” que, en retrospectiva, demasiado a menudo resultaron modas pasajeras y fueron olvidadas por falta de poder explicativo. La psicología carece de una tabla periódica con “hechos” incuestionables para apoyar su ciencia. No ha llegado a crear un proyecto convincente de la mente humana, y su aceptación siempre ha estado obstaculizada por el hecho de que todo el mundo viene equipado con una ingenua psicología popular que normalmente compite con la investigación profesional.

Más allá del tamaño del cerebro

Los psicometristas descubrieron en el siglo XX que existe un factor general (g) capaz de explicar al menos la mitad de la varianza de la inteligencia humana individual, que a su vez se conecta con muchos resultados educativos, profesionales, o sanitarios. Pese a la enorme importancia potencial de este hallazgo, aún no se conocen todos los detalles sobre las bases biológicas, genéticas y neuroanatómicas, de g, incluyendo la interesante asociación, ya advertida por Francis Galton (1822-1911), entre el tamaño del cerebro y la inteligencia.

El error de Rousseau. La guerra en las sociedades sin estado

Azar Gat es un profesor de diplomacia y estudios de seguridad en la universidad de Tel Aviv, en Israel. Es autor de un libro reciente sobre la historia del nacionalismo, en el que no demuestra un conocimiento exhaustivo del caso español, y de distintos trabajos sobre historia militar y de la guerra más estimables. Entre ellos dos muy voluminosos: War in human civilization (2010) y A history of military thought. From the enlightenment to the cold war (2001). Hace poco ha publicado un artículo en la revista Evolutionary anthropology (2015), en el que discute lo que llama “el error de Rousseau”.