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La evolución del pelo largo

El pelo largo humano no es universal, varía entre poblaciones. Y esta variación depende de presiones evolutivas recientes y locales, probablemente varios milenios después de que los humanos “modernos” salieran de África hace 60.000 años. Para la biología y la psicología evolucionista tan interesante es descubrir los universales como los particulares humanos, y ya tenemos un catálogo interesante de particularidades humanas: color de los ojos, pelo y piel, persistencia de la lactasa, adaptación a las alturas, adaptación al frío, estatura de los pigmeos, los genes EDAR, ASPM y MCPH1, el microbioma, el tiempo de sueño o el pelo largo en la cabeza.

Psicología evolucionista 2.0

Con la publicación del manual de David Buss Evolutionary psychology (Psicología evolucionista) (1999), nació un nuevo campo de estudio. Es cierto que las ideas de este campo habían estado dando vueltas en la cabeza de los académicos al menos desde mitad del siglo XIX, pero la obra pionera de Buss dio al campo el empujón que necesitaba para conseguir un status pleno.

La evolución de la disfunción sexual masculina

Habida cuenta de que el ser humano es una especie sexualmente reproductiva, y que las fuerzas de la evolución han favorecido la aparición de fuertes recompensas somáticas que motivan la actividad sexual, pudiera suponerse que la selección natural habría eliminado virtualmente los genes que provocan disfunciones sexuales. Sin embargo, no es así.

Jóvenes y sobrados

Un vendaval de juventud azota la vida política española. Estamos frustrados y furiosos y queremos que algo no cambie para que todo cambie. Y lo que queremos que no cambie son las viejas esperanzas. Ellas son la panacea para curarnos de los males que nos ha traído la crisis. ¿Y quién mejor que un treintañero para traer la buena nueva? Los candidatos de la mayoría de los partidos han querido participar de esa corriente vertiginosa. Son todos atractivos y el más añoso no sobrepasa demasiado la cuarentena. Partidos nuevos como Podemos suben la apuesta añadiendo pelo. Quizá como resultado de siglos de cristalización de un modelo inveterado, o quizá como forma que adopta algo más profundo, alguna cosa tienen las melenas masculinas más la edad de Jesucristo para suscitar grandes ilusiones. Sólo hay que repasar el Arte, la Religión o la Historia.

Que no cunda el pánico: La ciencia no es tan sexista

El pasado octubre un artículo de opinión publicado en el New York Times por Wendy Williams y Stephen Ceci afirmaba que “La ciencia académica no es sexista”. El trabajo resumía una reseña de 67 páginas publicada en Psychological Science in the Pubic interest llamada “Las mujeres en la ciencia académica: Un paisaje cambiante” [1]. Trabajando junto con dos economistas, recopilaba datos de varios cientos de análisis sobre la participación de las mujeres en las ciencias, desde las ciencias de la vida, tales como psicología, hasta disciplinas más matemáticas como ingeniería y física.

¿Son tan grandes las diferencias psicológicas entre sexos?

En ocasiones los investigadores de la diversidad sexual producen un estudio mostrando que los hombres y las mujeres son psicológicamente diferentes de algún modo. No de Marte y Venus, pero diferentes de todos modos. Otros investigadores puede que no estén de acuerdo y citen un estudio que no encuentre diferencias psicológicas de sexo. En un impresionante nuevo estudio, Zell, Krizan y Teeter (2015) pasan revista a cientos de hallazgos pasados que llegan a la conclusión de que los hombres y las mujeres no son muy diferentes psicológicamente. Llegan a esta conclusión empleando una forma de metaanálisis llamado “metasíntesis”.

La evolución del asco sexual

El asco es una emoción atávica, una especie de “teoría de los gérmenes innata” o “microbiología intuitiva” que permitió a nuestros antepasados evitar algunas enfermedades. En un mundo sin antibióticos ni preservativos, dejarse guiar por el asco podía salvar la aptitud biológica de una población de alimentos o conductas altamente tóxicas, y los códigos religiosos tradicionales en parte podrían ser una racionalización o sanción sobrenatural de estos mismos mecanismos naturales.

La guerra favorece el éxito reproductivo en sociedades de pequeña escala

Entendida de la forma más elemental, como un “conflicto agresivo entre dos coaliciones de individuos” (Tooby y Cosmides, 1988) (PDF), la guerra se presume tan arcaica como el ser humano, aunque tiene escasos antecedentes en el reino animal. Las únicas dos especies conocidas no humanas capaces de formar coaliciones agresivas de machos son los delfines y los chimpancés.

La agresión en los hombres. ¿Roles sociales o raíces evolutivas?

En casi todas las sociedades los hombres son los que se implican mayoritariamente en las guerras, todos los tipos de agresiones entre grupos y homicidios dentro del grupo, se movilizan en violentos ejércitos, bandas criminales, bandas de matones, etc. Estas observaciones son tan viejas como el mundo y nos permiten establecer una clara distinción entre los sexos masculino y femenino con respecto a su predisposición hacia la violencia. Las guerras son un producto biosocial de los hombres y un campo de manifestación masculina (Goldstein, 2001). Lo mismo se puede decir del crimen y la crueldad, muy estrechamente vinculados con la masculinidad.

La violencia femenina en la evolución humana

La antropóloga y primatóloga Sarah Blaffer Hrdy escribió en 1981 que “el comportamiento competitivo de las mujeres sigue siendo anecdótico, conocido de forma intuitiva pero no confirmado por la ciencia”. Las cosas han cambiado desde entonces, como muestra una variedad de trabajos sobre violencia y competitividad femenina publicados por criminalistas, antropólogos o psicólogos evolucionistas. Pese a esto, la agresión femenina sigue siendo considerablemente menos conocida que la masculina, debido también a la persistencia de estereotipos y expectativas sociales sobre el sexo.

Racionalidad motivada. Por qué es tan difícil cambiar de creencias o ideología

“Ciencia” y “creencias” no suelen ir parejas. Ambas se contradicen a menudo y, en ocasiones, el conflicto puede ser difícil de resolver, como explica Michael Shermer, una de las luminarias americanas del “movimiento escéptico”. Shermer confiesa en Scientific American cómo su ideología libertaria presuntamente nubló su propia capacidad para analizar la realidad del cambio climático provocado por el hombre y presenta uno de los términos más interesantes de la última ciencia cognitiva: la racionalidad motivada. Naturalmente, Shermer no está sólo en esto. Casi todas las personas somos razonadores motivados.

¿Explican los estereotipos sociales las diferencias cognitivas entre sexos?

Los talentos cognitivos naturales no están repartidos proporcionalmente entre sexos. No somos 50% buenos y 50% malos en todo. Existen diferencias. En parte debido a la selección sexual, una de las dos grandes “fuerzas” de la evolución humana descubiertas por Darwin, hay rasgos cognitivos en donde sobresalen usualmente los hombres y otros donde lo hacen las mujeres. Una considerable cantidad de evidencias, por ejemplo, acreditan que los hombres superan a las mujeres en habilidades visuales y espaciales (resumen en Halpern et al., 2007) (PDF). Los psicólogos evolucionistas conjeturan que estas diferencias sexuales podrían estar basadas en especializaciones evolutivas relacionadas con la caza en los hombres y con la recolección en las mujeres (Silverman et al., 2000). Sintetizado por David Buss, “en resumen, la teoría predice que las mujeres serán mejores en memoria de localización espacial, como una adaptación a la recolección, y los hombres serán mejores en habilidades de navegación, lectura de mapas y el tipo de rotaciones mentales que requiere arrojar una lanza para abatir a un animal” (“Evolutionary psychology. The new science of …

¿El fin de las penas?

Cesare Beccaria (1738-1794) fue uno de los grandes ideólogos de la “ilustración radical” y el autor de un pequeño libro peligroso sobre los delitos y las penas en donde exigía separar los delitos de los pecados, criticaba las “oscurísimas nociones de honor y de virtud”, reprochaba las torturas rutinarias del “antiguo régimen” y cuestionaba la pena capital. Fue uno de los visitantes distinguidos en los salones parisinos donde, según la reflexión de autores como Israeli o Blom, o Pinker, se gestaron verdaderamente los “valores” que alumbraron un mundo moderno más pacífico, próspero y compasivo. En el espíritu de Beccaria, algunos herederos de la ilustración radical proponen hoy ir incluso más lejos: abolir el sistema de la justicia criminal basado en el castigo retributivo.

Contra la empatía

En los últimos años se han multiplicado los artículos y libros científicos, columnas periodísticas, etcétera, que hablan sobre la empatía. Por mencionar algunos ejemplos: The science of evil. On empathy and the origins of cruelty, de Simon Baron-Cohen, The empathic civilizacion (La civilización empática, en Paidos) de Jeremy Rifkin, o The age of empathy (La edad de la empatía, en Tusquets editores), de Frans de Waal. Todos estos ejemplos, y aparentemente desde muy diferentes perspectivas (uno se encuentra aquí desde psicólogos a neurocientíficos y politólogos) coinciden en buscar la raíz de todos los males en la carencia de empatía, a la vez que anuncian un mundo mejor basado en una empatía ampliada, primero hacia todas las razas y sociedades humanas y acaso en su fase más resplandeciente, hacia los animales no humanos.

Expertos en ética a favor de matar recién nacidos

La ética médica es una disciplina fascinante, dado que aborda temas repletos de consideraciones filosóficas, morales y éticas que rara vez son blancas o negras. Muchos lectores tal vez recuerden el trágico caso de Terri Schiavo, que trata sobre la provisión de cuidados vitales a largo plazo para una persona que es improbable que se recupere de un estado vegetativo. Otros debates dentro del campo de la ética médica incluyen si es aceptable emplear células madre embrionarias para propósitos de investigación, o si la eutanasia y el aborto deben ser prácticas permitidas (y si lo son, bajo qué condiciones).

Los consumidores también tienen mentes de la edad de piedra

El así llamado mal del consumismo no se origina en una conspiración de capitalistas ávidos de crearnos necesidades arbitrarias para llenarse los bolsillos. Todos los fenómenos del consumo humano a lo largo de nuestra historia reciente y ancestral arraigarían en tendencias más profundas de la naturaleza humana universal. O esto es al menos lo que piensa el psicólogo evolucionista Gad Saad, que en lugar de trivializar un dominio prometedor de la ciencia se ha dedicado a estudiarlo seriamente, y en último término ha publicado un libro orientado al público para que entendamos algo más sobre las bases evolutivas del consumismo.

¿Y si las diferencias de género se deben a la prosperidad y no a la “opresión”?

Los hombres y las mujeres no son de distintos planetas, pero algunas diferencias evolutivas en los rasgos de la personalidad ayudan a explicar por qué seguimos teniendo preferencias diferentes. Paradójicamente, últimos estudios muestran que las condiciones de la sociedad moderna están haciendo que la brecha de género en la personalidad se incremente.

A los ateos les falta empatía

Según un trabajo publicado por los científicos cognitivos Ara Norenzayan, Will Gervais y Kali Trzeniewski (2012), la empatía es un mediador entre los desórdenes de espectro autista y la falta de creencia en un Dios personal. Las personas que tienen más dificultades para leer las mentes de los demás, al menos en la muestra de sujetos estadounidenses, también tienen menos probabilidades de creer en un Dios personal.

Mutualismo. Cómo la búsqueda de socios fiables nos llevó a descubrir el sentido de la justicia

Cooperar con socios de los que podemos fiarnos nos permite compartir grandes botines y disfrutar de las mejores ventajas de vivir en sociedad. Los científicos que intentan explicar la evolución de la cooperación humana cada vez conceden más importancia a estos intereses mutuos, por encima incluso de los motivos supuestamente altruistas. Por ejemplo, para Michael Tomasello y sus colegas (2012) colaborar mutuamente se convirtió en casi una obligación a medida de que en nuestra trayectoria evolutiva dependíamos más los unos de los otros para sobrevivir.

Primates “adictos” al porno

Por lo visto, una chimpancé del zoo de Sevilla llamada Gina está bastante interesada en el porno después de que sus cuidadores decidieran exponerla a una televisión con mando a distancia para “enriquecer” cognitivamente su espacio vital. Según el relato de Pablo Herreros en El Mundo: Para animar las noches a Gina, los responsables decidieron instalar una televisión con TDT protegida tras un cristal y darle el mando a distancia para que ella misma eligiera el canal que ver. En los primeros ensayos, los cuidadores visitaban a Gina para controlar que todo estaba en orden y no rompía los nuevos juguetes. La sorpresa fue mayúscula cuando comprobaron que en pocos días, Gina no sólo manejaba el mando a distancia a la perfección, sino que también solía optar por el canal porno para entretenerse, como muchos de nosotros hubiéramos hecho.