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La ciencia percibida como “inmoral” también es percibida como menos creíble y rigurosa

Algunos epistemólogos –la gente que se dedica a estudiar la naturaleza del conocimiento humano– distinguen entre “racionalidad instrumental”, que persigue simplemente la victoria de nuestros valores predilectos, y “racionalidad epistémica”, que persigue una mayor correspondencia entre nuestro mapa y el territorio: lo que Aristóteles y los escolásticos llamaban “adecuación”, o simplemente “verdad”. No es lo mismo razonar para ganar que para averigüar lo que es cierto. Se supone que la ciencia por excelencia se fundamenta en la racionalidad epistémica. Según esta posición común, resumida por Matteo Colombo, de la universidad holandesa de Tilburg, el modo cómo evaluamos la calidad de las pruebas y los argumentos en favor de las hipótesis verdaderamente científicas “sólo debe ser afectado por valores epistémicos, dirigidos a la verdad, tales como confirmación, adecuación empírica y poder explicativo y predictivo”. Aunque no cabe duda que los valores “no epistémicos” (ideas morales, ideológicas, económicas, etc) forman parte de la actividad científica, influyendo en el modo cómo los políticos deciden emplear ciertas conclusiones de la ciencia, o en los procesos de financiación, existe también …

¿Seguro que votaste racionalmente el 20D?

Los sesgos cognitivos son algo así como atajos mentales. Afectan en especial a lo que Daniel Kahneman llama “sistema 1”, nuestra parte más emocional en la toma de decisiones, pero también se encuentran en situaciones que requieren una forma de pensar más lenta y reflexiva. Hasta los científicos más pulcros se engañan rutinaria y sistemáticamente.

Psicólogos que se portan mal. El auge de una ciencia inexacta

El campo de la psicología se ha esforzado durante mucho tiempo por ser reconocido como “ciencia exacta”. Ha trabajado duro para distanciarse de su comprometida asociación con la herejía freudiana. Su progreso se ha caracterizado como una embarazosa serie de “teorías” que, en retrospectiva, demasiado a menudo resultaron modas pasajeras y fueron olvidadas por falta de poder explicativo. La psicología carece de una tabla periódica con “hechos” incuestionables para apoyar su ciencia. No ha llegado a crear un proyecto convincente de la mente humana, y su aceptación siempre ha estado obstaculizada por el hecho de que todo el mundo viene equipado con una ingenua psicología popular que normalmente compite con la investigación profesional.

Somos más y menos inteligentes que nuestros antepasados

Desde que empiezan a estudiarse las diferencias individuales en inteligencia –que Francis Galton (1822-1911) llamó “excelencia”– y a establecerse comparaciones entre la inteligencia de los antiguos y de los modernos, básicamente hay dos aproximaciones en competencia. Según la aproximación conservadora, que el propio Galton inaugura al estudiar la demografía británica de la época victoriana, las condiciones modernas de vida y ciertos cambios ecológicos habrían invertido las presiones tradicionales favorables al incremento generacional de la inteligencia. Estos cambios incluyen el fin de la miniglaciación de mediados del siglo XIX, la mejora en las técnicas y la producción agraria, pero también avances en la medicina que reducen la mortandad infantil, o innovaciones sociales como el nacimiento de los “estados de bienestar”, la escolarización y la sanidad universal.

La falta de empatía o las alas del mal

La tragedia del avión estrellado de Germanwings nos sacudió a todos la mañana del martes 24 de marzo de 2015. Pero más impactante aún fue conocer que se trataba de un acto deliberado. Un joven piloto alemán decidió acabar con su vida junto con la de 150 personas más. Inmediatamente se abría un debate sobre la seguridad y el tipo de controles psicológicos que se realizan a los pilotos, ¿son estos suficientes y adecuados?, ¿podemos anticipar actos de este tipo?

Progresistas y conservadores son igual de intolerantes con otros grupos

Como explica Avi Tuschman, las orientaciones políticas no son elecciones racionales puras, sino disposiciones naturales que han sido moldeadas por fuerzas evolutivas. Una de las implicaciones de esta perspectiva es que las ideologías personales son orientaciones difíciles de alterar, especialmente a medida que vamos madurando. Los experimentos pioneros de Jack y Jeanne Block, que analizan los cambios en la orientación política desde la infancia, mostrarían que las raíces de la ideología emergen bastante pronto, a los cuatro años de vida. No sólo los genes influyen en el “fenotipo político”, según evidencian distintos estudios, sino que la alineación de los individuos en un espectro político de “izquierda” a “derecha” parece ser casi universal. Según datos de World Values Survey, tan sólo el 18% de las personas (la muestra incluye 97 países) no se identifican en algún punto de este espectro. Por otra parte, la personalidad básica, o emociones tan aparentemente poco políticas como el asco, también son determinantes.

Altruismo patológico. Cuando la ayuda hace daño

Hubo un tiempo en que el comportamiento altruista representaba un desafío para las teorías darwinistas. Pero llegó la “regla de Hamilton” y la luz se hizo. Los genes altruistas pueden prosperar en una población siempre que , es decir cuando el producto del grado de parentesco entre los individuos y el beneficio recibido por el receptor supera el coste reproductivo que la acción altruísta acarrea para el donante. La “selección de parentesco”, título dado posteriormente por John Maynard Smith, explica por qué los familiares toman riesgos inusualmente altos en determinadas circunstancias y es la base de los demás tipos de cooperación altruista humana, desde el “altruismo recíproco” descrito por Robert Trivers hasta formas, evolutivamente mucho más novedosas, de ayuda y cooperación extendida.

¿Te hace “moral” la religión? Respuestas científicas para un debate tradicional

Los historiadores consideran que Pierre Bayle (1647-1706) fue el primer europeo en defender que una sociedad virtuosa de ateos era teóricamente posible. Para Bayle, el ateísmo en ningún caso era un mal peor que la idolatría: “l’athéism ne conduti pas necesairement à la corruption des moeurs”. Estas peligrosas ideas de Bayle no sólo le granjearon la oposición de los eclesiásticos, sino comúnmente también del partido de los “ilustrados”. Para Locke “quienes niegan la existencia de Dios no deben ser tolerados en absoluto. Las promesas, los compromisos y los juramentos, que son los lazos de la sociedad humana, no pueden ser sostenidos por un ateo. Retirar a Dios, incluso en el pensamiento, lo disuelve todo”. Y Locke no estaba solo. Voltaire, y buena parte de los “moderados”, por utilizar la terminología de Jonathan Israel, sostenían en buena medida el mismo punto de vista y se opusieron tenazmente a la “moral atea” de los radicales. A su vez Helvetius, Diderot y Holbach tuvieron que hacer frente a la acusación de que el ateísmo conducía al nihilismo, como …

¿Y si la personalidad causa nuestras intuiciones filosóficas?

Tradicionalmente “filosofía experimental” venía a ser lo mismo que la filosofía natural, el antecedente histórico de la física y de las ciencias naturales. Pero desde hace unos años “filosofía experimental” se refiere a un movimiento académico específico que intenta “entender cómo piensa la gente normalmente sobre ciertos temas fundamentales de la filosofia”, alejándose del “sillón” intelectual y empleando las herramientas típicas del resto de la ciencia: una metodología experimental, análisis estadístico y publicación en revistas científicas revisadas por pares.

Racionalidad motivada. Por qué es tan difícil cambiar de creencias o ideología

“Ciencia” y “creencias” no suelen ir parejas. Ambas se contradicen a menudo y, en ocasiones, el conflicto puede ser difícil de resolver, como explica Michael Shermer, una de las luminarias americanas del “movimiento escéptico”. Shermer confiesa en Scientific American cómo su ideología libertaria presuntamente nubló su propia capacidad para analizar la realidad del cambio climático provocado por el hombre y presenta uno de los términos más interesantes de la última ciencia cognitiva: la racionalidad motivada. Naturalmente, Shermer no está sólo en esto. Casi todas las personas somos razonadores motivados.

¿Es el nuestro un cerebro religioso?

Eso creen diversos investigadores. Existen estudios que parecen identificar estructuras cerebrales relacionadas con la experiencia religiosa. La conclusión es que la religión (en el sentido más elemental) es un atributo humano que está arraigado en el equipaje de predisposiciones que heredamos de nuestros antepasados, y que no depende únicamente del adoctrinamiento ni de la catequesis. Biólogos, paleoantropólogos, psicólogos y neurocientíficos proponen lo mismo desde sus disciplinas. Pascal Boyer, Scott Atran o David Sloan Wilson están en esta línea. Las formas de la religiosidad son transculturales y transhistóricas, y se remiten a homínidos anteriores al Homo sapiens con una concepción transcendente de la vida.(1)

Contra la empatía

En los últimos años se han multiplicado los artículos y libros científicos, columnas periodísticas, etcétera, que hablan sobre la empatía. Por mencionar algunos ejemplos: The science of evil. On empathy and the origins of cruelty, de Simon Baron-Cohen, The empathic civilizacion (La civilización empática, en Paidos) de Jeremy Rifkin, o The age of empathy (La edad de la empatía, en Tusquets editores), de Frans de Waal. Todos estos ejemplos, y aparentemente desde muy diferentes perspectivas (uno se encuentra aquí desde psicólogos a neurocientíficos y politólogos) coinciden en buscar la raíz de todos los males en la carencia de empatía, a la vez que anuncian un mundo mejor basado en una empatía ampliada, primero hacia todas las razas y sociedades humanas y acaso en su fase más resplandeciente, hacia los animales no humanos.

El cerebro incrédulo

Mucho se habla sobre la biología de la religiosidad. Pero el cerebro realmente interesante es el del no creyente. Esa es una de las conclusiones que se extrae del último libro de Adolf Tobeña, “Devots i descreguts”, que tiene como objetivo conocer el origen y las funciones de las creencias religiosas. Los ateos tenemos cierta tendencia a pensar que la incredulidad es la expresión de una mayor capacidad de análisis y de raciocinio. Más indicación de lo que nos sobra que de lo que nos falta, por así decirlo. Pero Tobeña nos da una ducha fría. “De la misma manera que hay gente apática, asocial, perezosa o boba, la hay que no ve trascendencia en parte alguna”. Y demos las gracias, porque no muy lejos de esta frase hay un párrafo donde destaca, fosforescente, la palabra “autismo”.

Roberto Colom: “Controlar al científico es una estupidez y un suicidio intelectual”

Roberto Colom es catedrático en la universidad autónoma de Madrid y parte de su grupo de investigación en psicología y salud. Sus trabajos sobre psicología, y en particular sobre inteligencia general, han aparecido en revistas científicas de impacto, como entre otras PNAS, Behavioural and Brain sciences o Intelligence. También es autor de varios libros de divulgación, aunque él mismo reconoce que la honestidad intelectual y el rechazo de las recetas fáciles en gran medida le han hurtado el éxito comercial. Hablar de inteligencia científica no vende, y ni siquiera faltan resistencias en la Academia. Es más, el estudio riguroso a menudo se encuentra con intentos de acoso y control ideológico que frenan la necesaria libertad de investigación, tal como documenta el trabajo de Kenneth Westhues que publicamos aquí.

A los ateos les falta empatía

Según un trabajo publicado por los científicos cognitivos Ara Norenzayan, Will Gervais y Kali Trzeniewski (2012), la empatía es un mediador entre los desórdenes de espectro autista y la falta de creencia en un Dios personal. Las personas que tienen más dificultades para leer las mentes de los demás, al menos en la muestra de sujetos estadounidenses, también tienen menos probabilidades de creer en un Dios personal.

Un puente entre creyentes y no creyentes

Recientes “tweets” de dos de los principales líderes religiosos del planeta muestran actitudes bastante distintas sobre la relación entre religión y comportamiento moral. El 21 de diciembre la cuenta oficial del papa Benedicto XVI publicaba el siguiente mensaje: “Cuando niegas a Dios, niegas la dignidad humana. Quien defiende a Dios, está defendiendo al hombre”. El decimocuarto Dalai Lama publicaba, por su parte, este breve texto (en inglés) el 26 de noviembre: “Siempre intento compartir con otros la idea de que para convertirse en compasivo no es necesario convertirse en religioso”.

Cuando los científicos piensan como niños

Teleología (del griego telos, fin) es el “uso del diseño, propósito o utilidad como explicación de cualquier fenómeno natural”. Según una descripción clásica de Francisco J. Ayala, se dice que un comportamiento u objeto son teleológicos “cuando dan pruebas de un diseño o bien cuando parecen estar dirigidos hacia determinados fines” (Ayala, 1979). La teleología es muy popular en la religión, que ve en el mundo natural un diseño divino, pero impopular en la ciencia moderna, especialmente después de la “revolución darwiniana”, que ve en el mundo natural un proceso mucho más azaroso, sometido a la selección natural y a otros fenómenos naturales que no implican la noción de finalidad. Según la psicóloga Deborah Kelemen, experta en cognición infantil, las bases para pensar de esta manera no están en la autoridad de Aristóteles. La idea de teleología surge en nuestra psicología de forma bastante más “natural”. Y los niños parecen especialmente “promiscuos” buscando explicaciones teleológicas: “Cuando se les pregunta sobre propiedades de entidades naturales como rocas puntiagudas los niños prefieren las explicaciones teleológicas sobre las …

Los escépticos reprimen inconscientemente pensamientos sobrenaturales

Publicado por Tom Rees en Epiphenom* La inhibición cognitiva es una importante habilidad mental. Detener o no prestar atención a procesos mentales, conscientes e inconscientes, es algo que a menudo se precisa para suprimir pensamientos irrelevantes o no deseados, y para suprimir significados inapropiados de palabras ambiguas. En otras palabras, resulta vital centrar la atención. Un decrecimiento en la inhibición cognitiva está asociado con la creatividad, pero también con la ansiedad y la neurosis, los sentimientos de amenaza e incontrol, los estados alterados de conciencia, el pensamiento intuitivo y los sesgos en el razonamiento lógico. Esto es lo que lleva a Marjaana Lindeman, de la universidad de Helsinki, Finlandia, a preguntarse si la falta de inhibición cognitiva también juega un papel en las creencias sobrenaturales. Junto con sus colegas, colocó a 23 escépticos y creyentes dentro de un scanner de resonancia magnética (un scanner cerebral). Una vez allí, les dieron algunas historias cortas para que las leyeran, y una imagen a la que mirar. Pueden verse algunos ejemplos en el gráfico. Se les pidió que …

Los niños son “científicos” naturales

Hace 30 años hubiera resultado absurdo sugerir que los niños pequeños piensan de un modo parecido a los científicos, debido sobre todo a la influencia del psicólogo evolutivo Jean Piaget (1896-1980), que había descrito a los preescolares como agentes irracionales que piensan de forma “pre-causal”. Antes todavía, Lucien Lévy-Bruhl (1857-1939) había sugerido en línea con este tipo de pensamiento que el “alma primitiva” de los salvajes, cuyo estado mental se equiparaba más o menos con la infancia de la humanidad, también era “pre-lógica”. Ambas ideas han resultado erróneas. En las últimas décadas se acumulan evidencias que apuntan a que los niños realmente razonan desde una edad muy temprana de un modo análogo a los científicos. Alison Gopnik, profesora de psicología en la universidad de California, pasa revista a estas investigaciones en Science, sintetizando los principales logros teóricos y algunas probables implicaciones para la política educativa. De acuerdo con las conclusiones de esta nueva ciencia del aprendizaje, los niños podrían emplear mecanismos de aprendizaje que realmente “recuerdan a los procesos inductivos básicos de la ciencia”, y …

¿Por qué somos de izquierdas o de derechas?

Publicado originalmente por John T. Tost y traducido por Antonio Arturo Gonzalez Jonathan Haidt es todo lo omnipresente que un psicólogo social pueda ser. Cuando no está dando conferencias en las TED talks o escribiendo tribunas de prensa, aparece en el American Enterprise Institute o en el programa de Bill Moyers de la PBS, advierte al Dalai Lama de los males del socialismo o es satirizado por Stephen Colbert. Orador activo, seguro y carismático, es también un narrador con talento para entrelazar anécdotas históricas y personales, matáforas biológicas e incluso aforismos espirituales. En The Righteous Mind, Haidt trata de explicar los fundamentos psicológicos de la moralidad y cómo éstos conducen al conflicto político. Las tres partes del libro no son tan firmes ni consistentes como la ingeniosa prosa de Haidt las hace parecer. La primera repasa los fascinantes argumentos de un influyente trabajo anterior (1) en el que expuso cómo el razonamiento moral no es más que racionalización post-hoc de intuiciones instintivas. La segunda presenta un marco evolutivo que establece cinco o seis “bases morales” y aplica esta …