Autor: TC

¿Por qué tememos el cambio climático?

Quizás el temor general a los cambios explica el temor a los cambios del clima. El conservadurismo antropológico quizás explica el conservadurismo climático. Según Steven Hayward la corriente ortodoxa en la ciencia del clima actual subestima la adaptabilidad de la especie; lo corriente para los humanos de hecho es la flexibilidad ante los cambios, incluso si son bastante bruscos. De los inuit a los árabes, los humanos han demostrado que pueden florecer en un rango de temperaturas altas y bajas relativamente amplio, y estable, tal como refleja el siguiente gráfico.

El enfoque biosocial en el trabajo social

La aproximación evolucionista al estudio del ser humano inaugurada por la teoría de Darwin, y desarrollada con posterioridad gracias a los descubrimientos de la genética y la biología molecular (“síntesis moderna”) se ha ido ampliando en las últimas décadas, desde la antropología cultural a la criminología, y los problemas sociales estudiados por los trabajadores sociales también pretenden incorporar este enfoque biopsicológico, aunque no sin resistencias. No se trata de meras curiosidades teóricas, ya que incorporar lo bio en los estudios sociales y psicológicos, en principio, ayuda a intervenir más eficazmente en los problemas.

¿Por qué los finlandeses no ganan más premios Nobel?

En el plano individual, la práctica y el esfuerzo no son todo. Según estudios, los violinistas geniales necesitan practicar la mitad que los mediocres. En el ajedrez, los mejores necesitan muchísimo menos tiempo (728 horas) que los peores (16120 horas) antes de convertirse en maestros. Existen, por lo visto, “genes de genios”. Pero la inteligencia y la creatividad también varían por países, y esto explica bastante cosas, desde el desempeño académico al desarrollo tecnológico y científico.

Cómo se engañan los científicos

Pese a la insistencia de los manuales, y el fervor de la ideología, el “método científico” es más un proyecto que una obra finalizada. Algo que está quedando de manifiesto especialmente tras lo que llaman “crisis de replicabilidad”. Aunque el porcentaje de trabajos retractados en las revistas, por fraude o error, sigue siendo relativamente modesto (un 0.02%), algunas áreas de la ciencia están claramente afectadas. Para poner un ejemplo, sólo uno de cada tres estudios de psicología analizados en un proyecto reciente consiguieron ser replicados. Y otros investigadores han alcanzado conclusiones similares.

La personalidad no causa la ideología

Todos los rasgos humanos psicológicos son heredables. Según un metaanálisis que toma en cuenta estudios de gemelos efectuados a lo largo de 39 países durante las últimas cinco décadas, ni uno sólo de los rasgos analizados tiene una estimación de heredabilidad igual a 0. (Polderman et al., 2015). Las opiniones políticas son uno de esos rasgos. Los factores genéticos explicarían (Funk, L.C. et al., 2013) al menos la mitad de las diferencias observadas en la ideología política de la gente.

Por qué nos sentimos enfermos. La teoría altruísta

Todo el mundo se ha sentido alguna vez desagradablemente enfermo. El dolor, la anemia o la fiebre son algunos síntomas clásicos, pero también hay consecuencias psicológicas. Las personas enfermas suelen sentirse más deprimidas e irritables, y también afecta a las relaciones sociales. El “síndrome de enfermedad”, definido como una “respuesta adaptativa y coordinada a las infecciones” es típicamente provocado por una gran variedad de agentes patógenos: virus, bacterias y protozoos capaces de alterar indirectamente las respuestas del sistema inmune y neuroendocrino. La causa próxima del sentimiento de enfermedad radica en la alteración de estos sistemas fisiológicos, pero la causa final es más complicada.

Los chimpancés, pero no los bonobos, juegan como los niños humanos

Es sabido que los chimpancés (Pan troglodytes), y sus primos los bonobos (Pan paniscus), son las especies animales con las que estamos más emparentados los humanos modernos. Separadas por “sólo” un millón de años, estos primates exhiben algunas diferencias de conducta social muy atractivas cuya interpretación nutre las “guerras culturales” para definir el ser humano. Los partidarios de la no violencia y del amor libre prefieren tradicionalmente al bonobo, más pacífico y sexualmente relajado, mientras que la imagen del chimpancé como modelo de revolución social se resiente tras el descubrimiento de las “guerras chimpancés” hace décadas.

Educar en civilización

Invertir enormes sumas de dinero y buenas intenciones no es una garantía de éxito para resolver algunos problemas educativos y patologías sociales que parecen arraigados en un “mundo hobbesiano”. Tras inyectar miles de millones en intervenciones para reducir las brechas raciales durante las últimas décadas, en EE.UU las distancias de hecho se han ampliado: la brecha entre blancos y negros en test que miden habilidades de lectura y matemáticas ha crecido 5 puntos desde 1992 a 2013.

Jonathan Haidt abre una “universidad heterodoxa”

El psicólogo social Jonathan Haidt, conocido por sus charlas TED, estudioso de la mentalidad conservadora y autor de The righteous mind (2012), ha abierto una “universidad heterodoxa” en internet con la misión de “incrementar la diversidad de puntos de vista en la universidad, especialmente en las ciencias sociales”. Se trata esencialmente de una página web con distintos recursos educativos a través de la que es sencillo acceder a las publicaciones más relevantes del campo.

Más allá del tamaño del cerebro

Los psicometristas descubrieron en el siglo XX que existe un factor general (g) capaz de explicar al menos la mitad de la varianza de la inteligencia humana individual, que a su vez se conecta con muchos resultados educativos, profesionales, o sanitarios. Pese a la enorme importancia potencial de este hallazgo, aún no se conocen todos los detalles sobre las bases biológicas, genéticas y neuroanatómicas, de g, incluyendo la interesante asociación, ya advertida por Francis Galton (1822-1911), entre el tamaño del cerebro y la inteligencia.

Nuestro linaje asesino

Tras el descubrimiento de que los chimpancés hacían algo similar a la “guerra”, por parte del equipo de Jane Goodall en el parque nacional de Gombe, en Tanzania, allá por 1974, empezaron tiempos difíciles para el relato rousseauniano del hombre naturalmente pacífico. Si bien dentro de este marco evolucionista se cuestiona que la violencia de los chimpancés explique algo significativo sobre el origen de la guerra humana (¿qué hay de nuestros otros primos los bonobos?), y aparte del registro histórico y etnológico reciente, con sus altibajos en conflictos violentos (ver por ejemplo: Kohler et al, 2015), pero donde de todos modos abunda la violencia letal entre grupos humanos, otro conjunto de evidencias procedentes de la paleoantropología también cuestionan el relato.

Por qué “huimos” de los hechos

En un mundo racional, en apariencia, las pruebas y los mejores argumentos son los que convencen. Pero no vivimos en ese tipo de mundo. Ni siquiera la “comunidad científica” es una excepción, teniendo en cuenta las luchas entre egos, las rivalidades entre escuelas de pensamiento, los tabúes culturales, los sesgos de confirmación de los investigadores o la publicación masiva de falsos positivos en áreas concretas de la ciencia.

La granja humana. Modernidad evolutiva y autodomesticación

No hay duda de que la domesticación de otras especies ha desempeñado un papel central en la evolución de los humanos llamados “modernos”, y explica en parte el éxito global del homo sapiens durante los últimos milenios. Pero los humanos no sólo han domesticado a otras especies, consciente o accidentalmente, sino que también se habrían domesticado a sí mismos, en un proceso evolutivo reciente cuyos orígenes de hecho preceden a la última era glacial.

Progresistas y conservadores son igual de intolerantes con otros grupos

Como explica Avi Tuschman, las orientaciones políticas no son elecciones racionales puras, sino disposiciones naturales que han sido moldeadas por fuerzas evolutivas. Una de las implicaciones de esta perspectiva es que las ideologías personales son orientaciones difíciles de alterar, especialmente a medida que vamos madurando. Los experimentos pioneros de Jack y Jeanne Block, que analizan los cambios en la orientación política desde la infancia, mostrarían que las raíces de la ideología emergen bastante pronto, a los cuatro años de vida. No sólo los genes influyen en el “fenotipo político”, según evidencian distintos estudios, sino que la alineación de los individuos en un espectro político de “izquierda” a “derecha” parece ser casi universal. Según datos de World Values Survey, tan sólo el 18% de las personas (la muestra incluye 97 países) no se identifican en algún punto de este espectro. Por otra parte, la personalidad básica, o emociones tan aparentemente poco políticas como el asco, también son determinantes.

La guerra favorece el éxito reproductivo en sociedades de pequeña escala

Entendida de la forma más elemental, como un “conflicto agresivo entre dos coaliciones de individuos” (Tooby y Cosmides, 1988) (PDF), la guerra se presume tan arcaica como el ser humano, aunque tiene escasos antecedentes en el reino animal. Las únicas dos especies conocidas no humanas capaces de formar coaliciones agresivas de machos son los delfines y los chimpancés.

Cómo cambia la paternidad el cerebro de los hombres

La selección natural ha calibrado el cerebro de los animales encargados de cuidar bebés indefensos. Y las hormonas hacen en parte este trabajo. En su libro Mothers and others: The evolutionary origins of mutual understanding Sarah Blaffer Hrdy destaca que los hombres con niveles inferiores de testosterona se implican más en el cuidado paterno, aunque tener o no experiencias previas también influye. Los cuidados postparto determinan los niveles de hormonas de ambos sexos aunque “la transformación de las mujeres es mucho más dramática”. Según la nueva ciencia sobre el cuidado parental, sin embargo, estas diferencias no son tan dramáticas.

Las personas más empáticas son más religiosas, pero piensan con menos claridad

De acuerdo con la teoría empatizadora-sistematizadora descubierta por el neuropsicólogo Simon Baron-Cohen, la mente de las personas puede ser clasificada sobre la base de estas dos dimensiones: empatía y sistematización. Tests basados en el reconocimiento de emociones faciales o sobre razonamiento mecánico mostrarían que las mujeres superan en general a los hombres en la escala de empatía y que los hombres superan a las mujeres en la escala de sistematización. Como hemos explicado otras veces, no se trata de una dicotomía. Hay hombres más empáticos y mujeres más sistematizadoras, pero existen interesantes diferencias tanto en el promedio como en los extremos de la distribución. Para Baron-Cohen los factores sociales no explican la totalidad de la variación, como evidenciaría desde fases del crecimiento muy temprano el papel de la testosterona fetal (Baron-Cohen et al., 2011).

El razonamiento espacial también ayuda a los hombres a conseguir más parejas

Microtus Pennsylvanicus es un tipo de roedor polígamo norteamericano cuyos machos compiten por obtener parejas nuevas que se encuentran dispersas en el territorio. El tamaño del área de distribución es precisamente uno de los responsables ambientales que influyen en las estrategias reproductivas. En las especies de roedores polígamos, pero no en los monógamos, los machos poseen habilidades espaciales superiores a las hembras que están mediadas por el papel de las hormonas sexuales, y que finalmente se traducen en el tamaño del hipocampo. Es decir, la selección sexual no favorece inexorablemente las diferencias sexuales, sólo lo hace cuando un sexo adquiere más ventajas reproductivas ampliando su área de distribución.

Dos “genes guerreros” explicarían el 10% de los crímenes

Las ciencias modernas de la conducta no entienden que “naturaleza” y “cultura” sean reinos antagónicos. Según la primera ley de la genética conductual (Turkheimer, 2000), todos los rasgos humanos son heredables. Esto incluye rasgos físicos, como la altura, el color de los ojos o la propensión a contraer enfermedades, pero también rasgos psicológicos como la inteligencia, la empatía o incluso la propensión a convertirse en criminal. Calcular la heredabilidad de cada rasgo e identificar los genes responsables, sin embargo, es una empresa difícil que sólo ha comenzado a prosperar.