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ALUMNOS SUMISOS Y PROFESORES AUTORITARIOS

«Para que una escuela funcione, el profesor ha de mandar y los alumnos han de obedecer»

autor: RICARDO MORENO CASTILLO*

ALUMNOS SUMISOS Y PROFESORES AUTORITARIOSSe escucha con frecuencia a muy eminentes pedagogos decir que no se ha de educar a los alumnos para ser acríticos y obedientes. Pero sucede que las dos palabras no son sinónimas, y que si no es legítimo exigir a los alumnos que sean acríticos, sí lo es exigirles que sean obedientes. Me explicaré. Cuando un juez se niega a casar a dos homosexuales ¿alabamos su espíritu crítico e insumiso? No, un juez no puede legislar, y tiene que actuar según unas leyes con las cuales no siempre estará de acuerdo. Y si cree que un delito merece quince años de cárcel, pero el código penal estipula solo diez, pues solo le podrá imponer diez. ¿Eso quiere decir que el sistema exige a los jueces ser sumisos y acríticos? Sumisos a las leyes que tienen que aplicar, desde luego que sí, pero nadie les pide que sean acríticos. Si un juez cree que el matrimonio homosexual es contrario a derecho, o que cierto delito merece más pena que la que establece el código penal, es legítimo que defienda su opinión a través de la prensa o de las revistas de estudios jurídicos. Y los legisladores, antes de elaborar las leyes, deben escuchar a jueces y juristas, en cuanto que son entendidos en la materia. Pero una vez que las leyes están promulgadas, los jueces deben atenerse a ellas. Si cuando necesitamos una transfusión de sangre, el hematólogo se niega a hacerlo por razones de conciencia porque es testigo de Jehová, lo denunciamos sin tardanza, no celebramos su carácter insumiso. ¿Es eso un atentado a la libertad religiosa? En absoluto, simplemente, quien crea que las transfusiones son inmorales, en lugar de hacerse hematólogo, que se haga electricista. Del mismo modo, quien crea que las leyes solo deben cumplirse cuando estás de acuerdo con ellas, que funde una comuna ácrata, pero que no se meta a juez.

Yo discrepo de los programas de bachillerato. ¿Sería legítimo explicar el que creo que debería haber, y no el que me mandan? Eso dejaría a los alumnos completamente desguarnecidos frente al examen de selectividad. No, tengo que explicar obedientemente el programa que me mandan, por mucho que disienta de él. Entonces ¿el sistema necesita de profesores acríticos y sumisos? Sumisos sí, porque si cada uno explica lo que le parece, se generaría un caos en la enseñanza. Ahora bien, nadie nos pide que seamos acríticos. Puedo criticar el sistema todo lo que quiera, pero mientras mis ideas no sean aceptadas, me quedan dos posibilidades: o pido la excedencia y pongo un puesto de cacahuetes, o ejerzo mi oficio de profesor obedeciendo las leyes educativas de mi país.

Un ejemplo más. ¿Sería legítimo que un conductor desobedeciera las normas de tráfico de su ciudad porque le parecen que están mal hechas? A lo mejor tiene razón, pero aun así, debe obedecerlas. ¿Esto quiere decir que tráfico exige conductores sumisos y acríticos? Sumisos sí, pues de lo contrario la circulación sería imposible, pero no tienen por qué ser acríticos. Quien crea que el semáforo que está en tal sitio debiera de estar ubicado en tal otro, y que tal calle de dirección única estaría mejor siendo de doble dirección, puede denunciarlo, proponer cambios, u ofrecerse a sí mismo para mejorar las cosas presentándose para alcalde. Pero mientras tanto, debe obedecer. Obedecer sumisamente una ley de la cual discrepar no es ser acrítico.

Y ahora la cuestión decisiva: ¿no están entre nuestros alumnos los futuros jueces, que habrán de juzgar obedeciendo unas leyes con las cuales no siempre estarán de acuerdo? ¿No están entre nuestros alumnos los futuros profesores, que tendrán que explicar obedeciendo unas directrices programáticas con las cuales no siempre estarán de acuerdo? ¿No están entre nuestros alumnos los futuros conductores que habrán de conducir obedeciendo unas normas de tráfico y unas órdenes de los agentes con las cuáles no siempre estarán de acuerdo? Si esto es así ¿No sería bueno ir enseñando a nuestros alumnos un poco de obediencia, la misma obediencia que tendrán que practicar cuando sean jueces, profesores o conductores?

Y si han de aprender obediencia, la educación ha de ser necesariamente autoritaria. Y hay que decirlo sin complejos. Según alguno de los eminentes pedagogos a los que aludí al principio, entre las contradicciones de la escuela está la de pretender “conseguir buenos demócratas en una institución jerarquizada”. Esta afirmación oculta dos despropósitos. El primero, que una sociedad democrática también es una sociedad jerarquizada: la diferencia con la dictadura está en que los ciudadanos podemos elegir y deponer a nuestros jerarcas. Pero por muy democrática que una sociedad sea, en la carretera han de mandar los policías de tráfico, en la facultad el decano, en la aeronave la tripulación, y en la clase el profesor. El segundo, que con ese argumento nos cargamos la educación en sí misma. ¿Para qué sirve la autoridad de los padres? Pues para educar a los hijos. ¿Por qué es necesario educar a los hijos? Para que puedan en el futuro prescindir de la autoridad de los padres. ¡Qué contradicción! Aprender a prescindir de la autoridad de los padres obedeciendo a los padres. ¿Cómo vamos a enseñar a hacer una cosa obligando a hacer la contraria? Pues así es, y quien lo considere tan aberrante, que no se dedique a educar. Decía Chesterton, que “no puede haber una educación libre, porque si dejáis a un niño libre, no le educaréis”. Esto es así porque, en principio, ningún niño quiere ser educado. De lo contrario, una ley de educación obligatoria sería tan superflua como una ley que obligara a beber cuando se tiene sed. El gobierno, según quienes abominan de la educación autoritaria, tendría que limitarse a construir centros de enseñanza, igual que construye fuentes, y luego dejar que los niños se acerquen a ellos guiados por el mismo instinto que lleva a los sedientos a acercarse a las fuentes.

Ahora mismo, cuando se habla de convertir a los docentes en autoridad pública, dicen algunos que la autoridad hay que ganársela. Quienes así opinan están confundiendo dos cosas distintas. Un juez, para ejercer su función, necesita estar dotado de una autoridad que le permita mantener el orden en la sala de audiencias y sancionar las malas conductas que durante el juicio se puedan producir. Si no fuera así, su labor sería inviable. Ahora bien, es cierto que la autoridad moral de un juez se la tiene que ganar él, con la serenidad de sus actuaciones, la imparcialidad de sus juicios y la ecuanimidad de sus sentencias. Una cosa es la autoridad o el prestigio moral que pueda uno adquirir a lo largo de su vida por su buen hacer profesional (y es cierto que eso se lo tiene que ganar cada cual), y muy otra cosa la autoridad que se pueda necesitar para el ejercicio cotidiano de su profesión (y esa sí debe estar reconocida por ley). La polémica de si la autoridad del profesor debe ser avalada por una ley o si debe ganársela por sí mismo es falsa, porque en ella se está utilizando la palabra “autoridad” con dos significados distintos. Ahora bien, muchos de quienes la plantean saben que es una falsa polémica, confunden adrede los dos significados de la palabra autoridad, para no tener que admitir algo que atenta contra la corrección política y contra la propia imagen, siempre tan gratificante, de vanguardista y novedoso. Pero esto es empeñarse en negar algo que es de sentido común: que para que una escuela funcione, el profesor ha de mandar y los alumnos han de obedecer.

(*) Catedrático de instituto desde 1975, y autor de los libros Panfleto antipedagógico y De la buena y la mala educación.

78 Comentarios

  1. Querido catedrático, para el desarrollo de la sociedad del conocimiento deberíamos considerar que es una cuestión un tanto artificiosa, por cuanto se establece una contraposición innecesaria entre dos conceptos u opciones que son perfectamente compatibles.

    Pongamos un ejemplo pedagógico muy actual. La alfabetización digital tan necesaria hoy día para construir la llamada Sociedad de la Información y del Conocimiento para todos, tiene varios niveles. El primero y básico atiende al adiestramiento en el manejo de equipos y programas. Pero hay un segundo nivel que suele desatenderse y que es de la mayor importancia formativa: aprender el uso racional y apropiado de los medios atendiendo siempre a los fines educativos.

    Adiestramiento y formación crítica sobre el uso de las TIC bien pudieran constituir materia suficiente para una asignatura en algún momento del curriculum. Por otro lado, ¿por qué renunciar a las TIC en cualquier materia si pueden facilitar tanto la labor del profesorado como la comprensión de los alumnos? Es sabido que existe mucho analfabetismo digital en el profesorado. Entonces, siguiendo tu tesis si un profesor «analfabeto digital» manda a sus alumnos hacer las cosas como siempre y estos obedecen sin más ¿estaría este profesor cumpliendo con su oficio de preparar y educar a sus alumnos (jueces, electricistas, médicos, políticos… del mañana) para una Sociedad de la Información y del Conocimiento.

    Las TIC pueden ser una excelente ayuda para el aprendizaje en red o aprendizaje distribuido entre personas y comunidades físicamente muy alejadas unas de otras y que, además, pueden estarlo de las instituciones y centros donde tradicionalmente se acumulan los recursos y el saber (estudios, investigaciones, nuevas ideas, bibliotecas, archivos, laboratorios, centros educativos de prestigio, etc.), pero para que esto sea posible se requiere un cambio de paradigma pedagógico basado en el aprendizaje colaborativo —que afecta tanto al rol del profesor como al de los alumnos— y, sobre todo, una redefinición de los sistemas y/o modelos educativos tradicionales, esto es, las “viejas instituciones del saber”.

    Este cambio de paradigma supone un modelo de aprendizaje centrado más en el análisis y reflexión de los problemas que en soluciones apriorísticas, y debe pensar más en el “aprendizaje” que en la “enseñanza”. El recurso a las TIC exige, por tanto, reorganizar los espacios de aprendizaje y, sobre todo, necesita participantes activos, constructores de conocimientos, que deben resolver problemas y dar soluciones grupales utilizando para ello sus conocimientos previos y los contenidos adquiridos.

    Son varias las características básicas necesarias que definen este nuevo paradigma: aprendizaje en red, aprendizaje colaborativo, síncrono y asíncrono; desarrollo de la iniciativa personal y grupal en la búsqueda de contenidos y construcción de conocimientos; comunicación y diálogo intersubjetivo; nuevo rol del profesor como líder y facilitador, y de los alumnos como participantes activos; cambios en los entornos físicos y reorganización de los espacios de aprendizaje; creación de entornos virtuales de aprendizaje y comunidades de conocimiento en red, etc.

    Además, el modelo de aprendizaje colaborativo ayuda a obtener las destrezas sociales que serán necesarias para el futuro laboral de los alumnos, al «aprender a aprender» en entornos y ambientes de trabajo y aprendizaje democráticos, donde los partcipantes deben aprender a resolver problemas trabajando juntos en pequeños grupos y en permanente interacción.

    Por otro lado, la incardinación de la tecnología en la educación va mucho más allá que el simple adiestramiento en el uso de ordenadores. El mundo infotecnológico más cercano a los jóvenes incluye, además del ordenador, Internet, los chats, la telefonía móvil, las videoconsolas, la televisión, los juegos en red, las redes sociales, etc. Todos estos medios son importantes canales que transmiten ideas, pautas de conducta, formas de expresión y comunicación, valores y contravalores, etc., no siempre coincidentes con los principios y los paradigmas de comportamiento preconizados por los centros escolares y, por tanto, por lo que mande el profesor.

  2. De nuevo estoy de acuerdo con D. Ricardo Moreno. Me permito aclararle que la diferencia entre ambos conceptos de autoridad ya consta en la Roma antigua, donde se distinguía entre «auctoritas» y «potestas». Los Escipiones tenía la «potestas» por ser cónsules, pero se ganaron la «auctoritas» gracias a sus dotes como líderes. La primera la confiere el poder, la segunda se la gana el sujeto con su labor. En cuanto a frankydigt, si mis pobres neuronas calcificadas de profe carca han podido descifrar correctamente su verboso texto escrito en germanía pedagógica, lo que hay es la tradicional acusación de los teóricos de la educación: el profesor es un ignorante. Ahí reside la causa del desastre que padece la instrucción pública en España. Vale.

  3. Para Emilio:

    Muchas gracias por tus comentarios y tus elogios. En cuanto a la intervención de Frankydigit, me siento incapaz de comentarla. No sé si sabes que después de ganar la cátedra de matemáticas, estudié la carrera de filosofía, con lo cual tuve que enfrentarme con textos de Aristóteles, Kant, Hegel, Husserl…Pues bien, cualquiera de ellos era de una claridad meridiana comparado con el de Frankydigit. Este señor debe ser mucho más inteligente que cualquiera de los filósofos citados.

    Atentamente

    Ricardo Moreno

  4. Queridos profesores, lo que expreso acerca del «aprendizaje colaborativo» para el caso de la alfabetización digital y en un proceso de construcción de la Sociedad Global de la Información y del Conocimiento, tiene mucho que ver con los principios pedagógicos del «Constructivismo» y el «Aprendizaje significativo. Este enfoque sostiene que las personas -tanto en los aspectos cognoscitivos y sociales del comportamiento como en los afectivos- aprendemos mediante una construcción propia que se va produciendo día a día como resultado de la interacción entre esos dos factores. El conocimiento no es una copia de la realidad, sino una construcción del ser humano, que se realiza con los esquemas que ya posee, con los que ya construyó en su relación con el medio que le rodea. Precisamente este enfoque tiene mucho que ver con la «Mayéutica» de Sócrates. Ésta, como filósofo, querido catedrático, deberás saber que es una técnica que consiste en interrogar a una persona para hacerla llegar al conocimiento no conceptualizado. La mayéutica se basa en la dialéctica, la cual supone la idea de que la verdad está oculta en la mente de cada ser humano. No obstante, es a Piaget sobre todo, a quien le debemos la posición teórica Constructivista. También existen muchos otros autores, especialmente Vigotsky, con su teoría basada en el aprendizaje sociocultural de cada individuo y por lo tanto en el medio en el cual se desarrolla. De todas formas, conviene aclarar que el Constructivismo es más bien un marco explicativo de la consideración social y socializadora de la educación, más que una teoría en su sentido más estricto. Su concepción integra diversas aportaciones, a fin de constituir un conjunto articulado de principios desde los cuales es posible diagnosticar, establecer juicios y tomar decisiones fundamentadas en torno al problema de la educación. En cualquier caso, termino recomendando que para gobernar la complejidad y evitar que nos anule, la única alternativa inteligente es fomentar la educación. Educarse es más que obtener información o que instruirse en el manejo de herramientas tecnológicas o de todo tipo. Educar en la tolerancia y para la complejidad es imprescindible, porque, el futuro o es plural, multifocal, multirracial, diverso y heterogéneo o, simplemente, no existirá. ¿No sé si me he explicado ahora mejor para que tan ilustres profesores me entiendan,,,?

  5. ANN says

    La diferencia entre democracia y dictadura no reside sólo en que se pueda elegir y deponer, por la regla de la mayoría y la minoría, a quién gobierna. La diferencia reside también en que el poder de los que mandan está dividido, limitado y controlado por los derechos individuales fundamentales. Derechos cuya legitimidad no proviene de decisiones mayoritarias, ni son cuestionables por mayoría o minoría; es al contrario la regla de la mayoría y la minoría la que encuentra su legitimación en estos derechos. La diferencia esencial entre democracia y dictadura reside pues en el reconocimiento político de la igualdad de derechos universal entre todos los individuos miembros de una misma comunidad (sea esta nacional o planetaria).En la democracia la jerarquización es un subproducto instrumental (hipotético) derivado de la complejidad del ejercicio colectivo de los derechos individuales. En la dictadura la jerarquización es ontológicamente constitutiva (categórica).Sólo desde una concepción tan pobre y tan inconsistente de la democracia, como la que maneja el autor de este artículo, se puede elaborar la hipótesis ilusoria de que los problemas del sistema educativo provienen del exceso de democracia.

  6. Querido profesor Emilio Diaz, desconozco si tu incapacidad para descifrar y entender el discurso del «aprendizaje colaborativo» que sostengo se debe o no a tus «pobres neuronas calcificadas de profe carca», como tú mismo dices. No es de extrañar, por tanto, que suscribas y elogies un discurso tan «carca» y rancio acerca de los problemas de la educación, como el que sostiene el profesor Ricardo Moreno, que lo circunscribe a un problema de autoridad y sumisión. Y, sobre todo, en un situación como la actual, donde parece que ambos desconocéis que nos encontramos en un proceso de construcción de la llamada Sociedad de la Información y del Conocimiento. En este contexto, pues, como preguntaba más arriba y todavía no me habéis respondido, es sabido que existe mucho analfabetismo digital, hasta en el profesorado. El nuevo analfabetismo del siglo XXI es incluso peor que el del siglo pasado porque puede afectar incluso a los profesores. El alfabetismo, como sabéis, sirve como indicador de conocimientos de un país; es un factor más a tener en cuenta en cuanto al grado de desarrollo. En la práctica se usa su contrario, el analfabetismo: se mide el número de personas adultas que no han logrado los niveles mínimos de alfabetización, ahora también la digital. Estas cifras inciden en la capacidad de producir riqueza, en el acceso a nuevas oportunidades y en la igualdad social. Comprenderéis su importancia como educadores. Entonces, siguiendo las tesis del profesor Ricardo Moreno, si un profesor “analfabeto digital” manda a sus alumnos hacer las cosas como siempre y estos obedecen sin más ¿estaría este profesor cumpliendo con su oficio de preparar y educar a sus alumnos (jueces, electricistas, médicos, maestros, políticos… e incluso «vendedores de cacahuetes» del mañana)?, esto es, ¿estaria o no contribuyendo a la necesaria educación de sus alumnos para que pudieran desenvolverse con soltura en la llamada Sociedad de la Información y del Conocimiento?. La pregunta es muy sencilla y os pido, por favor, que ante todo lo expresado por tan ilustres profesores, me podáis dar una respuesta. ¡Muchas gracias!

  7. Adrian says

    D. Ricardo Moreno. Para sostener su hipótesis, primero habría que asumir que los niños necesitan una educación autoritaria para poder ‘entender’ que hay que obedecer a las leyes. No estoy de acuerdo. En mi opinión, lo que se requiere es una educación cívica, que no es lo mismo. Los niños tienen que aprender a vivir en sociedad, y que existen normas y reglas que están diseñados para que la sociedad funcione. Para que entiendan esto, no hace falta imponer órden por la fuerza. Y si no lo cree, sólo hay que mirar el caso de España. Un país que a pesar de haber sobrevivido 40 años de gobierno autoritario y de represión religiosa no se destaca precisamente por el respeto hacia las leyes o la autoridad. El ser humano se rebela contra la represión ilegítima, sea ésta ejercida por un sátrapa, por un juez o un profesor.

    Las soluciones autoritarias se proponen sólo cuando nuestros legisladores muestran una total falta de creatividad ante el reto de gobernar una sociedad compleja, y buscan recetas uniformes para educar una sociedad que consideran una masa descontrolada. La educación cívica, desde luego, empieza en el hogar, de todas formas, los métodos de imposición sólo han de aplicarse en casos excepcionales de individuos que debido a problemas psíquicos, o por sus propias circunstancias sociales, no son capaces de discernir entre el comportamiento cívico y la barbarie, de la misma forma que la cárcel o cualquier otro sistema de reinserción tiene que aplicarse sólo en casos excepcionales en la edad adulta.

    Me temo que su pensamiento origina en el concepto católico romano del pecado original, del cual discrepo en su totalidad. De todas formas, por la misma razón, quizás sea difícil el acercamiento de posturas.

  8. Adrian says

    A mi comentario, habría que añadir que la mayoría, si no todos los jueces en España que se niegan a permitir el matrimonio homosexual han sido educados en un sistema autoritorio. El problema es que el concepto de órden que se les ha inculcado es contrario a la realidad social con la que viven hoy en día. Me parece que esto es precisamente el mejor argumento para abandonar el concepto de ‘obediencia’ en el sistema educativo para que nuestros futuros jefes y educadores sean capaces de entender el significado de la palabra ‘civismo’ y de diferenciarlo de la palabra ‘obediencia’.

  9. «Crear hoy las escuelas de mañana»

    Excelente análisis de Redes para la ciencia, pero no se debería obviar la clave del «poder» a la hora de construir un nuevo paradigma educativo, la creación de una nueva escuela y/o la construcción de ciudadanos digitales; porque si hablamos de alfabetización digital y/o educación para la (ciber) ciudadanía, estamos hablando de política; y si hablamos de política, estamos hablando del «poder».

    «Nunca había sido tan marcado el abismo entre dos generaciones. Mientras los niños de hoy hacen sus deberes con ayuda de Internet y crecen sumergidos en las redes sociales, los adultos y profesores siguen aplicando una educación anquilosada, basada en formas de vida de hace dos siglos, sometida a la presión de los resultados académicos y a las agendas políticas. Richard Gerver, uno de los líderes educativos actuales más inspiradores cree en devolver la pasión por la enseñanza a los profesores y el placer del aprendizaje a los alumnos. Aunque esto no será posible hasta que los jóvenes expresen lo que esperan del mundo y la educación les ayude a encontrar su lugar en la sociedad». Excelente análisis de Redes para la ciencia, pero no se debería obviar la clave del «poder» a la hora de construir un nuevo paradigma educativo, la creación de una nueva escuela y/o la construcción de ciudadanos digitales o simplemente (ciber) ciudadanos; porque si hablamos de alfabetización digital y/o educación para la (ciber) ciudadanía, estamos hablando de política; y si hablamos de política, estamos hablando del «poder». Por eso la reflexión y la acción participativa de lucha de los «sinpoder» contra los poderosos debe continuar. «La Pedagogía del Oprimido», fue escrita por Paulo Freire hace ya muchos años y qué poco se conoce. En efecto, este es el problema fundamental y por eso nos pasa lo que nos pasa: la educación, más que un instrumento para la transformación de la sociedad y de sus estructuras de poder, se está convirtiendo en una herramienta de dominación de la ciudadanía. Una nueva ciudadanía que renunció hace tiempo al poder y a la libertad. «El Miedo a la Libertad», escrito también hace muchos años por Erich Fromm, parece que nos cuesta asumirlo: «La «lucha por la libertad» tiene, en general, excluido el sentido de lucha contra la autoridad impuesta sobre la voluntad individual. Hoy «lucha por la libertad» debe significar liberarnos, individual y colectivamente, de la «autoridad» a la que nos hemos sometido «voluntariamente»: liberarnos de las fuerzas interiores que exigen este sometimiento porque somos incapaces de soportar la libertad». ¡Ay, cuándo acabaremos comprendiendo que lo mismo que no podemos ser libres solos, tiene que ser juntos, tampoco hay salvación si no es con todos!.

  10. Qué artículo más rancio y qué debate más interesante. He pasado mis treinta años de maestra caminando sobre conceptos como inclusión, aprendizaje significativo, métodos naturales, colaboración, creatividad, empatía, autoestima, respeto, opinión… y va a resultar que «he echado la calle» ciudadanos poco menos que mutilados. ¡Leer para creer!
    Frankydigit, GRACIAS por tus palabras.

  11. Don Julián says

    ¿Por qué tras leer el trabajo de D. Ricardo Moreno me ha venido a la cabeza el descacharrante El florido pensil? Por más vueltas que le doy a la cuestión, no acabo de ver ningún nexo. Supongo que son cosas que nuestra mente (es decir, la mía) inventa gratuitamente…

  12. frankydigit, sabía usted que en España tenemos índices de fracaso escolar del 30 % como media pero que en algunas comunidades como Andalucía son del 40% y aún en otras rondando el 50%.
    Sabía usted que los gravísimos problemas educativos tienen que ver con cosas como lectura comprensiva y cálculo aritmético y que eso no lo van a resolver las TIC
    Sabía usted que en España se dedica un 20 % del tiempo de clase a procurar mantener el orden
    Sabía usted que recientemente se han cumplido 20 años de la LOGSE, sistema educativo basado en los principios pedagógicos que usted enumera y los resultados son los de más arriba.

  13. Gracias a ti ‘floyflo’ por participar en este apasionante debate, pues parecía que estaba diciendo estupideces en mis comentarios, incomprensibles para tan ilustres profesores, reyes de la estulticia sobre los problemas de la educación en nuestro país, y que todavía no han sido capaces de responder a una pregunta que les he hecho de fácil respuesta. En cualquier caso, si lees el «Panfleto Antipedagógico» de tan ilustre profesor (está en la red), encontrarás una obra repleta de estulticias, muchas más de las que se pueden encontrar en este artículo ‘rancio’ y ‘carca’ que nos está dando tanto juego para el debate. En este sentido, recuerdo a un excelente profesor que tuve en la Universidad cuando era mucho más joven y estaba lleno de «certezas», que me ayudó mucho al «buen-pensar». Decía este profesor que la autocrítica es la mejor técnica para desarrollar nuestras mentes, nuestro pensamiento, nuestro conocimiento y hasta la sabiduría tan difícil de alcanzar. Pero que, como en general no solemos practicarla mucho en nuestro pais (quizá por ese ‘tardofranquismo’ del ordeno y mando que todavía nos azota), un buen recurso por tanto es leer también a los que piensan de forma diferente y contraria a ti, y debatir mucho «amar los debates». El resultado es espectacular… porque no solo puedes revisar lo que tienes mal aprendido, esto es, lo que crees que sabes pero realmente no lo sabes (si acaso lo conoces pero no lo sabes, no lo tienes bien aprendido, en suma); sino que, al mismo tiempo, puedes fortalecer tus certezas, esto es, lo que sí tienes bien aprendido( lo conoces y además lo sabes ). Podemos concluir, por tanto, que gracias a este debate provocado por las estulticias del ilustrado profesor, Ricardo Moreno, estamos todos creciendo en conocimiento y sabiduría acerca de los problemas de la educación en nuestro país. Bueno, yo desde luego, otros no lo sé.

  14. Yon Güein dijo…

    «¿Cómo se puede concebir la enseñanza como mera transmisión de conocimientos
    en lugar de la inducción al saber? El maestro está para motivar y ha quedado como mero repetidor de conocimientos». 4Andrés Sopeña, el autor del celebrado y descacharrante El Florido Pensil, dixit. Y que conste que no lo traigo a colación porque piense que parece que algunos lo añoran…

    Recomiendo una entrevista suya, por ejemplo, esta:

    http://www.juntadeandalucia.es/educacion/portal/com/bin/portal/Contenidos/Consejeria/IEFP/Publicaciones/Revista_Andalucia_Educativa/Ano_1997/Numero_4_junio_1997/4_56.pdf

  15. Emilio, precisamente por eso hay que ir pensando en cambiar la manera de hacer las cosas. ¿O es que antes de estos 20 años que citas no había fracaso escolar en España? Lo del 20% del tiempo que se dedica a mantener el orden (desde luego no es en mi clase), es un excelente termómetro que indica que estamos frente a alumn@s del s.XXI con métodos del XIX. Vale la pena poner en sus manos la responsabilidad de su aprendizaje y contar con ellos, los alumnos, para participar de él. Ya no sirve preparar una lección, llegar al aula y largar el rollo, y «por favor, silencio», hacer control de memoria la semana que viene y… lección siguiente. Eso ya no se lo traga nadie y además, tanta docilidad no es sana. ¿Cómo vamos a conseguir personas con el cerebro flexible y creativo para comprender textos y calcular con soltura si les negamos la creatividad con rigidez? Las cosas se pueden hacer de muchas maneras y se llega al mismo sitio: individuos formados, abiertos, creativos y felices. Atención a la diversidad ¿les suena?
    Quizá algunos lo que tienen es miedo a que estos niños y jóvenes que tenemos delante hoy «se nos desmadren» y no hagan las cosas «como dios manda».
    Por favor, señores, que los problemas en la educación son otros.

  16. Claro que lo sé, querido Emilio. Lo mismo que sé también que en la actualidad existe más analfabetismo digital en los profesores que en los alumnos ¿Es asimismo responsable de ese analfabetismo digital del profesorado la LOGSE? Si se practicara el «aprendizaje colaborativo» en las aulas ten por seguro que algunos profesores se desempolvarían de su analfabetismo digital. En cualquier caso, la fracasada e inaplicada ley no puede ser culpable de tanto despropósito. Si se hubiera llevado a cabo la LOGSE al pie de la letra, con toda su ambición reformista, hubiera supuesto demoler toda la estructura y superestructura de que se disponía y reedificarla de nuevo. Y es evidente que esto no ocurrió. Todavía hay aulas con crucifijos encima de los encerados y profesores de religión que son nombrados por el Obispado y pagados por el Estado. Muchos son los analistas que sostienen que el fracaso de su aplicación (LOGSE) no se debió a sus principios pedagógicos, sino al lastre que significaban las viejas estructuras y viejos hábitos para el gran cambio de paradigma educativo que se pretendía. Las autoridades académicas socialistas de la época no supieron gestionar con la mesura e inteligencia necesaria la gran reforma. Al final, los gestores académicos cometieron el grave error de recurrir al «ordeno y mando» para imponer los cambios a gran parte del profesorado que se oponía. Aparecieron actitudes «tardofranquistas» también en los gestores socialistas. Los cambios, en general, y más todavía en el sistema educativo, en particular, deben realizarse siempre por consenso y sobre todo, en este caso, con el concurso de los profesores. La herida abierta entre éstos y los pedagogos ha sido una de las consecuencias más lamentables de dicho fracaso. Pero la apuesta pedagógica por el «aprendizaje colaborativo» no tiene la culpa. Los países que la ponen en práctica y realizan una adecuada gestión del cambio gozan de los mejores sistemas educativos del mundo. En Finlandia, por ejemplo, uno de los mejores sistemas educativos del mundo, según PISA, Timss y Unesco, los profesores conocen y saben lo suficiente de pedagogía. Todos disponen de estudios pedagógicos de más de 1.400 horas (frente a las 100 y 130 exigidas en España) y, además, de dominar una lengua extranjera. En Finlandia, por tanto, el profesor es visto como un profesional de alto prestigio y reconocimiento social. Es evidente que no podemos decir lo mismo aquí en España. Todo esto, querido profesor, forma parte de nuestro fracaso escolar. Contrariamente a los que sostenéis las estulticias del «Panfleto Antipedagógico», gran parte del problema se debe precisamente a la falta de pedagogía en el profesorado. Nuestro sistema educativo está muy centrado en cómo enseñan los profesores y se debe cambiar por otro que se centre en cómo aprenden lo alumnos. Huelga decir que no es lo mismo enseñar que aprender. La pedagogía, antes que negarla, los profesores deberían apoyarse en ella para asegurar los aprendizajes. La pedagogía tiene como objetivo proporcionar guías para planificar, ejecutar y evaluar procesos de enseñanza y aprendizaje, aprovechando las aportaciones e influencias de diversas ciencias, como la psicología (del desarrollo, personalidad, superdotación, educativa, social), la sociología, la antropología, la filosofía, la historia y la medicina, entre otras. Luego, el pedagogo es el experto en educación formal y no formal que investiga la manera de organizar mejor sistemas y programas educativos, con el objeto de favorecer al máximo el desarrollo de las personas y las sociedades. Estudia la educación en todas sus vertientes: escolar, familiar, laboral y social. En suma, es una aberración, que algunos profesores vean la pedagogía y a los pedagogos como enemigos. Mientras la mayoría del profesorado lo siga viendo así y le cierre las puertas de sus aulas, seguiremos con tan altas tasas de fracaso escolar y un sistema educativo tan deficiente. Pero, en cualquier caso, urge un gran pacto de estado que ponga fin a tantos vaivenes legislativos y no menos despropósitos en educación.

  17. El “Panfleto antipedagógico” fue apoyado, entre otras muchas, por las siguientes personas:

    Fernando Savater, quien lo recomendó en el artículo “Turistas y piratas” (ver El País del 23 del XI del 2005) y después lo prologó cuando apareció en libro.

    Antonio Muñoz Molina, que me envió una carta apoyándome incondicionalmente. La carta se puede leer en el apéndice del “Panfleto” (no en el resumen que circula por la red, en la edición en libro, en cuyo apéndice selecciono una docena de las cuatrocientas y pico cartas de apoyo que recibí, tanto de España como de América del Sur).

    Féliz de Azúa, quien en una columna dice que el “Panfleto” es “una lúcida crítica de algunas convenciones bienintencionadas que afectan gravemente al mundo de la enseñanza” (El País del 26 del V del 2006).

    Eduardo Mendoza, en una columna titulada “Destrozos” dice lo siguiente: “En el “Panfleto” se expone con pasión pero sin ira el lamentable estado de la educación en España. No se refiere tanto al desacierto de la legislación en la materia ni al desinterés de la sociedad por la formación intelectual, humana y cívica de sus miembros, como una actitud contraria al concepto mismo de educación. El conocimiento y el esfuerzo están devaluados; la autoridad bajo sospecha; no acatar las normas pasa por libertad de criterio; no aprender nada pasa por pensar por uno mismo. Leyéndole se tiene la impresión de que hay un proyecto, quizá inconsciente, de manufacturar ciudadanos que no sean malos, pero sí tontos, como los que rompen farolas porque hemos ganado.” (El País del 26 del VI del 2006). Además, Eduardo Mendoza prologó el libro “De la buena y la mala educación”, una continuación del “Panfleto antipedagógico”.

    Javier Marías, en dos artículos del suplemento de El País titulados “Profesores desesperados” y “Y alumnos envalentonados” me apoyó implícitamente sin citarme. Posteriormente, cuando estos artículos aparecieron recogidos en un libro, el apoyo se hizo explícito, pues en una nota dice: “Debo muchos de estos datos al profesor que me escribió, Ricardo Moreno Castillo, que con posterioridad ha publicado su interesantísimo y atinado “Panfleto antipedagógico”.” El libro se llama “Demasiada nieve alrededor” (Alfaguara, 2007), y la nota se puede encontrar en la página 106).

    Victoria Camps, en su libro “Creer en la educación” (Península 2008) defiende unas ideas muy semejantes a las mías, y en dos ocasiones cita elogiosamente el “Panfleto antipedagógico” (páginas 122 y 168).

    José Sánchez Tortosa, autor de “El profesor en la trinchera” (libro también muy celebrado por Savater) y, lo mismo que Camps, cita elogiosamente al “Panfleto” (páginas 50 y 95).

    Jordi Pujol, que en principio apoyó la LOGSE, reconoció mucho tiempo después que se había equivocado en esto (no tengo ninguna simpatía política por el señor Pujol, pero es de agradecer que de cuando en cuando algún político reconozca sus errores). Recomendó el “Panfleto” en su web.

    Fernando Sánchez Dragó lo recomendó también en su web y lo apoyó públicamente en el programa Noches Blancas. Tampoco simpatizo con las ideas políticas de Dragó y dista mucho de ser mi escritor predilecto (la verdad es que no lo he leído), pero es bueno constatar que los apoyos al “Panfleto” proceden de personas de posiciones e ideas muy diversas.

    Para ser un cúmulo de estulticias (como dice alguien por ahí arriba), me parece que el plantel de intelectuales que lo apoyan no está nada mal.

    Atentamente

    Ricardo Moreno

  18. Querido Ricardo, no vale que un ilustre profesor pretenda engañar y confundir a los lectores y participantes en este apasionante debate sobre los problemas de la educación. De todos los intelectuales que citas, Fernando Savater, es el único que entiende algo, sin ser pedagogo, en matria. Y esto es lo que dice en el prologo al «Panfleo Antipedagógico»

    «…sorprenden, en primer lugar, el tono y algunas afirmaciones, y acaso quepa señalar alguna inconsistencia en la argumentación: determinadas críticas del autor al alumnado de los centros de secundaria, por falta de rigor o descuido en el trabajo, y a los teóricos de la educación o pedagogos responsables del diseño de la LOGSE, pueden girarse en su propia dirección. Así, Moreno Castillo, ya en la misma introducción, asegura que nunca han sido los conocimientos de los estudiantes tan ridículos como ahora ni el desánimo de los profesores tan grande. Aunque estamos ante un panfleto, ante un texto en el que “no se cuenta una historia, ni se describe una situación, ni se defiende sosegadamente una postura filosófica” (p. 15), el autor no cree necesario justificar mínimamente una afirmación así. La sostiene, la lanza a la arena pública y ya está: la intuición, el prejuicio o la preconcepción del lector harán el resto. A lo anterior se suman numerosas afirmaciones inexactas y formas intelectuales netamente mejorables. Daré algunos ejemplos:

    1. Capítulo I. “Esta falta de aprecio por los saberes y los contenidos es un error pedagógico, pero también un síntoma muy revelador del nivel intelectual de quienes hicieron la reforma. Se diría que los que la crearon son unos ignorantes que desprecian el saber y que, como creo que podré demostrar más adelante, envidian a los que saben” (p. 32) [cursiva mía]. No hay tal posterior demostración, incluso es posible que no pueda haber demostración de ningún tipo sobre un hecho de esta naturaleza, pero por mucho que uno esté alejado de frecuentes y mortecinas formas de decir pedagógicas y de determinadas tendencias didácticas, el tono falaz, la falta de rigor, el argumentum ad hominen del paso parece obvio e impropio de alguien que aspira al rigor y denuncia la falta de él entre jóvenes estudiantes.

    2. Capítulo 2. “Por supuesto que se le hará más llevadero el esfuerzo si procura trabajar con alegría e interesarse por lo que hace, pero lo mismo le sucede a un albañil, quien se lo pasará mejor si sube al andamio cantando de contento que si lo hace blasfemando de rabia, y no por eso pensamos que sea obligación del capataz motivar a los obreros” (p. 34). Es indudable que se ha exagerado y hablado en exceso sobre la necesidad y deber del profesor/a de “motivar” a los alumnos como si fuera este punto la piedra filosofal de la didáctica, pero el sesgo de clase del texto citado, su insensibilidad social, la aceptación de la jerarquía, la improcedencia del ejemplo, es tan obvia que no necesita comentario. Por si fuera poco, el desinterés por el análisis de la despreocupación -en algunos casos, antigua y preponderante en determinadas materias- de sectores del profesorado por interesar al alumnado en sus disciplinas y el orgulloso hablar para unos pocos que “son los que valen y pueden comprender”, neta herencia de su formación universitaria, parece subyacer a estas forma de criticar una insistencia pedagógica no siempre bien argüida.

    3. Capítulo 3: “La falacia de la igualdad”. “Por otro parte, no es lo mismo el ambiente intelectual que el ambiente de estudio, y más ambiente de estudio tiene quien es hijo de una persona iletrada pero serena que quien lo es de un sabio neurótico. Un muchacho de familia labradora puede no tener mucha ayuda en casa, pero ha vivido más al aire libre que uno de la ciudad, y eso también es bueno para el trabajo mental” (p. 43) [la cursiva es mía]. Dejando aparte el tufillo del título de este tercer capítulo, la primera parte del fragmento parece no vislumbrar que otras disyunciones son posibles y acaso más frecuentes y con más trascendencia social. ¿No conoce el autor las dificultades que tienen algunos estudiantes con “padres iletrados pero serenos” en recibir un apoyo familiar que les sería conveniente para sus estudios o trabajos, o como estímulo para su esfuerzo? ¿No sabe el autor del sobreesfuerzo que muchos alumnos de orígenes sociales nada favorecidos tienen que realizar sin que en ocasiones tengan éxito alguno? ¿No conoce las cifras del fracaso escolar y el origen social y cultural de muchos de estos estudiantes? (La segunda parte del texto parece salirse del tema e irse a cerros muy alejados. ¡Qué tendrá que ver el haber vivido más “al aire libre” con lo que se está discutiendo!).

    4. Capítulo IV: “Y en cuanto los contenidos del conocimiento, tan solo señalaré que muy pocos de los alumnos que acaban hoy la enseñanza obligatoria a los dieciséis años aprobarían el examen de ingreso que pasamos a los diez las personas de mi generación, y ninguno el de la reválida de los catorce años” (p. 59). No sólo es la enésima repetición de la consabida tesis de que todo tiempo pasado fue mejor y nosotros éramos muchísimo más listos y mucho más aplicados, sino que aquí la falta de justificación es ilimitada. ¿Cómo construye el autor su análisis comparativo? ¿Conoce qué porcentajes de estudiantes de hace unas 4 décadas pasaban el examen de ingreso? ¿Sabe cuántos de estos estudiantes superaban la reválida del bachillerato elemental o superior? ¿Cómo puede afirmarse que ningún estudiante actual que haya finalizado la ESO pasaría el antiguo examen de reválida? ¿Se trata de una conjetura de la pedagogía-ficción? ¿No hay aquí una generalización apresurada que no es sino. Una vez más, un claro ejemplo de falta de rigor? ¿No es una forma estudiada y falaz de decir algo que se sabe que causa impacto para que el lector/a vea confirmada la más instintiva y menos elaborada de sus posiciones?

    5. Capítulo V. “Al evaluar a un alumno de COU vi que aprobaba todas las asignaturas (eso sí, muy justitas) menos la mía, una asignatura, ya desaparecida, llamada “lenguaje matemático”. La asignatura era común, de dos horas a la semana, y no parecía que el chico la fuera a necesitar en el futuro. Con todo, lo suspendí” (pp. 62-63) [la cursiva es mía]. En septiembre, añade Moreno Castillo, repitió el suspenso. Aprobó, eso sí, el próximo curso con sobresaliente, pero aprendió. ¿Qué aprendió? Que no era tonto, (sic) como él mismo y su familia imaginaban. ¿Y de dónde se infiere que el alumno y su familia pensaran que era “tonto”? ¿Este es un ejemplo de buen hacer educativo? ¿Es algo de lo que uno tenga que sentirse forzosamente orgulloso? No hay duda que casos similares pudieron o pueden ser razonables en alguna situación. Pero, ¿dónde está el interés en remarcar este hecho. ¿No ha habido en nombre de esta consideración o similares barbaridades contra algunos alumnos que se han esforzado y mucho, pero por las razones que fueran han tenido notas insuficientes en determinadas asignaturas? ¿No conoce ningún estudiante que haya suspendido las matemáticas, el latín, la filosofía o en inglés con un 4.5, a pesar de su esfuerzo, y que luego haya abandonado estudios hasta momentos posteriores, si los hubo, por no poder pasar curso en su momento por ese suspenso “tan merecido”? ¿No ha oído hablar el autor de alumnos expulsados del sistema educativo enormemente inteligentes?

    6. Capítulo VI. ”Nadie un poco avispado iría a una entrevista de trabajo o solicitar un crédito a un banco con la gorra puesta, con una camiseta que dejase ver todos los pelos del sobaco, mascando chiclé y con una lata de coca-cola en la mano” (pp. 71-72). Como es conocido, en la mayoría de os reglamentos internos de los institutos españoles se prohíbe un aspecto así (que tampoco es la mayor tragedia concebible) y ese uso de bebidas poco recomendables en el aula. Además, y como es obvio, la descripción huele a la naftalina del armario de la casa del pueblo de los abuelos.

    7. Capítulo X. Aquí el autor ridiculiza textos de pedagogos -que, desde luego, merecen una aproximación crítica- y se ampara para ello en los argumentos del Popper de La miseria del historicismo, que han sido discutidos y criticados desde hace décadas, como si fuera lo último de lo último, al mismo tiempo que sostiene, con pose epistemológica sofisticada, la extraña tesis de que “si una reforma depende de cambiar la mentalidad de los que la han de lleva a cabo, los resultados de esta reforma son invulnerables a toda crítica científica (p. 112). ¿Y eso por qué? ¿Por qué no es posible cambiar de mentalidad en determinado asunto, pedagógico o no, y estar abierto a críticas argumentadas sobre la nueva perspectiva asumida? ¿Dónde está demostrada la implicación necesaria entre cambio de mentalidad y dogmatismo cerril antes las críticas?

    8. En el capítulo 11 -“Padres desorientados, desesperados y atribulados”- y en relación con los estudios, el autor formula tres reglas para los padres. La primera de ellas no tiene desperdicio: “en condiciones normales, delante de los hijos, siempre apoyar al profesor (p. 117). Si hubiera discrepancias, señala, se resuelven en privado. ¿A qué les suena? ¿A la primera, a la segunda o a la tercera parte?

    9. En “A modo de epilogo”, Moreno Castillo reproduce, acaso con escasa modestia, cartas favorables a sus posiciones, sin apenas recoger ninguna crítica, y señala: “Es pues de justicia dejar claro que quienes criticaron el Panfleto por el tema de la enseñanza de la religión lo hicieron, en general, de un modo mucho más comedido, más argumentado, y con más gracia, que quienes lo criticaron por otras razones. Hasta los curas tiene más sentido del humor que los pedagogos” (p. 142). Tomen nota: hasta los curas tienen más humor que los “pedagogos”, que son, como “está demostrado una vez más”, el peor de los mundos posibles.

    En definitiva, que alguien como Antonio Muñoz Molina afirme, sin ningún matiz crítico, en carta personal dirigida al autor (págs. 142-143), que “comparto punto por punto todo lo que usted dice”, o que un pensador tan informado en temas educativos como Fernando Savater haya escrito un muy elogioso prólogo para el Panfleto, es indicio de que en estos tiempos veloces incluso los grandes alguna vez leen con urgencia.

    Todo lo señalado no es contradictorio con la creencia de que la educación española, las reformas educativas existentes o en proyecto, deben merecer nuestra máxima atención y que aspectos de la LOGSE, o de leyes sucesivas, merezcan críticas sustantivas, al igual que numerosas conjeturas o frecuentes abusos terminológicos de determinadas corrientes pedagógicas. La cuestión, como siempre o como casi siempre, es desde dónde y cómo ejercemos tales críticas.»

  19. Incitatus says

    Entiendo que Ricardo Moreno y «ese alguien por ahí arriba», a quien señala tan despectivamente, o sea, Frankydigit, hablan en dos planos distintos y distantes.

    El primero parece reclamar como sustrato básico de la enseñanza, la autoridad. La autoridad en el doble sentido: el respeto al profsorado y el derecho del profe a marcar la senda a seguir y la obligación del alumno a acatarla.

    Por su parte, Frankydigit pone el acento en lo que entiende que es la esencia de la labor educativa: estimular el recurso a la razó0n propia, acudir al conocido ‘sapere aude’ (‘atrévete a saber’) de Horacio que hasta Kant recogió para tratar de justificar la importancia y transcendencia de la Ilustración.

    Me temo que Moreno y Franky no van a coincidir nunca. Así es la vida y más se perdió en Cuba.

    Por otro lado, la lista de excelentes intelectuales que apoyan los ensayos ‘antipedagógicos’ de Moreno es más que previsible, lo que no quiere decir que sea irrelevantes: en contra de lo que afirma, todos los autores que cita Moreno, desde el cada vez más fundamentalista Savater, al cada vez más histriónico Dragó (que se empeña en emular a Arrabal, pero, ni de coña, lo consigue), en lo que discutimos no son de idea diversas: hace años que todos vienen propugnando la misma idea, si bien es cada uno por razones diversas, incluso contradictorias: A saber: la vuelta al viejo -y rancio- régimen de la sociedad libre, pero siempre ‘dentro de un orden’ (que para eso hay clases), al no confundir «libertad con libertinaje’, etecé.

    Pues, ahí estamos.

  20. Más importante que que se pongan de acuerdo Moreno y Frank sería, a mí entender, que nos pusiéramos todos en que el diagnóstico no es bueno y no lo es en ningún sentido, pues a los ya citados fracaso y abandono escolar, habría que sumar la ausencia de nivel de excelencia y para los que entienden esto en clave de derecha e izquierda, señalar el clasismo y el sexismo del sistema.

    El sistema educativo ha dejado de funcionar como ascensor social y el fracaso escolar masculino dobla al femenino. Esa es la realidad de los hechos y por eso cuando se habla en términos de progresismo o no progresismo no debiéramos olvidar que tal circunstancia constituye la realidad de nuestro sistema.

    Y todo ello sucede cuando llevamos más de 30 años de democracia, con una reforma propugnada por los socialistas y en un momento en que se han dedicado a la enseñanza una cantidad de recursos materiales como en ningún otro momento de nuestra historia.

    Cualquier visión complaciente de nuestro sistema educativo está todo menos justificada y el debate cobraría otro sentido si partiésemos de la aceptación de lo anterior, de la aceptación de que necesariamente se han debido hacer muchas cosas mal y de que es imprescindible un replanteo completo de la situación si no queremos que tal estado de cosas cronifique, cosa que nadie debe descartar a la vista de lo sucedido en los últimos años ya que la situación más que mejorar empeora.

  21. Para Todos:

    La última intervención de frankydigit es una copia al pie de la letra de una crítica de Salvador López Arnal que apareció en «Rebelión» y me parece que también en «El viejo topo». Ya la contestaré (de hecho ya elaboré una contestación que apareció en otro lugar, no me acuerdo cual, en cuanto la encuentre la reproduciré aquí), pero digo yo que podría haber tenido la decencia de citar las fuentes. A no ser que frankydigit
    sea el propio Salvador, en cuyo caso haría bien en presentarse a cara descubierta, como hago yo.

    En cuanto a los intelectuales que cito, Sánchez Tortosa es profesor de instituto y Victoria Camps es profesore de universidad. Y Sánchez Dragó, Muñoz Molina y Javier Marías han impartido en muchas ocasiones cursos en universidades extrangeras. No son en absoluto ajenos al mundo educativo.

    Atentamente

    Ricardo Moreno

  22. Cierto! Ricardo, los comentarios que he entrecomillado convenientemente en mi intervención anterior pertenecen a Salvador López Arnal. Aparecieron por primera vez en El Viejo Topo: Reseña de Panfleto antipedagógico, de Ricardo Moreno Castillo y titulada «¿Revulsivo antipedagógico?». Posteriormente fueron reproducidos por Rebelión y se pueden encontrar aquí: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=50028
    De todas formas, todas las críticas que expresa Salvador López Arnal al PA, como a los apoyos recibidos por parte de pensadores como Antonio Muñoz Molina, Fernando Savater y otros, como sostiene el mismo Salvador al final de su reseña: «no es contradictorio con la creencia de que la educación española, las reformas educativas existentes o en proyecto, deben merecer nuestra máxima atención y que aspectos de la LOGSE, o de leyes sucesivas, merezcan críticas sustantivas, al igual que numerosas conjeturas o frecuentes abusos terminológicos de determinadas corrientes pedagógicas. La cuestión, como siempre o como casi siempre, es desde dónde y cómo ejercemos tales críticas».

    Termino indicando que sólo a través de la crítica, del disenso, del debate… podremos construir consensos para poner fin a tantos despropósitos en matería educativa en nuestro país. Insisto en que urge un Gran Pacto de Estado para acabar con esas tasas y estadísticas que nos colocan en posiciones nada ventajosas. Y… ésto, es tarea de todos, no sólo de los políticos, sino del conjunto de la ciudadanía. Pero advirtiendo que, tras los errores de la LOGSE, cualquier proyecto solvente de reforma educativa debe contar con el apoyo de los profesores. El profesor es el centro del proceso, sin él no existirá ningún proyecto educativo solvente. Heráclito decía que: «La experiencia no es lo que te pasa, sino lo que haces con lo que te pasa».

  23. Para todos:

    Voy a contestar a la crítica Salvador Pérez Arnal. Para comodidad de la lectura la vuelvo a copiar, no toda, pero sí las partes en que discrepa de mí. Como va capítulo a capítulo, iré intercalando mis respuestas.

    1. Capítulo I. “Esta falta de aprecio por los saberes y los contenidos es un error pedagógico, pero también un síntoma muy revelador del nivel intelectual de quienes hicieron la reforma. Se diría que los que la crearon son unos ignorantes que desprecian el saber y que, como creo que podré demostrar más adelante, envidian a los que saben” (p. 32) [cursiva mía]. No hay tal posterior demostración, incluso es posible que no pueda haber demostración de ningún tipo sobre un hecho de esta naturaleza, pero por mucho que uno esté alejado de frecuentes y mortecinas formas de decir pedagógicas y de determinadas tendencias didácticas, el tono falaz, la falta de rigor, el argumentum ad hominen del paso parece obvio e impropio de alguien que aspira al rigor y denuncia la falta de él entre jóvenes estudiantes.

    R: No es cierto que no haya posterior demostración, a lo largo del Panfleto vuelvo varias veces sobre la misma idea. Señalo dos sitios. En la página 90 digo lo siguiente: “En segundo lugar, se han de valorar más las publicaciones. Para cobrar un sexenio de formación vale más haber hecho un cursillo de cien horas (no importa que la mayoría de ellas las pase uno durmiendo) que haber escrito un libro. Esto es sencillamente vejatorio. Unas publicaciones, valoradas por una comisión de especialistas (mucha atención: de especialistas en la materia de la cual traten las publicaciones, no de pedagogos ni de sindicalistas), han de tener muchísimo más peso que una montaña de horas de cursillos. No deja de ser contradictorio que las leyes digan que hay que preparar a los alumnos para que aprendan por sí mismos y luego no se valore a los profesores que aprenden por sí mismos. Este es un indicio más de lo que se dijo en la introducción, del desprecio por el saber y la envidia de los que saben que parecen padecer los padres de la reforma.”. Y en la 96, se dice lo que viene a continuación: “En España hay una buena tradición de estudios clásicos. Gracias a esto hay buenos profesores de latín y griego, lo cual hace que haya buenos alumnos en latín y en griego, que a su vez se interesan por los estudios clásicos, y que van formando la cantera que mantiene la tradición. Pero las lenguas clásicas han sufrido un serio revés con la reforma, y un helenista de la talla de Rodríguez Adrados no se ha cansado de denunciar el dislate. Ha sido inútil. Por lo visto, los creadores de nuestra reforma consideran que el señor Rodríguez Adrados no es un experto en lenguas clásicas. También hay y ha habido profesores de instituto muy ilustres que mucho podrían aportar. Por poner algunos ejemplos de los que ya no están entre nosotros, pensemos en un historiador como Antonio Domínguez Ortiz, en un escritor como Gonzalo Torrente Ballester o en un matemático como Juan Ochoa Mélida. Los tres vivían cuando comenzó la reforma, y ninguno de ellos fue consultado. ¿Será ésta una manifestación más del desprecio por el saber y la envidia de los que saben? “. Mis argumentaciones podrán o no convencer, pero es injusto decir que “no hay posterior demostración”

    2. Capítulo 2. “Por supuesto que se le hará más llevadero el esfuerzo si procura trabajar con alegría e interesarse por lo que hace, pero lo mismo le sucede a un albañil, quien se lo pasará mejor si sube al andamio cantando de contento que si lo hace blasfemando de rabia, y no por eso pensamos que sea obligación del capataz motivar a los obreros” (p. 34). Es indudable que se ha exagerado y hablado en exceso sobre la necesidad y deber del profesor/a de “motivar” a los alumnos como si fuera este punto la piedra filosofal de la didáctica, pero el sesgo de clase del texto citado, su insensibilidad social, la aceptación de la jerarquía, la improcedencia del ejemplo, es tan obvia que no necesita comentario. Por si fuera poco, el desinterés por el análisis de la despreocupación -en algunos casos, antigua y preponderante en determinadas materias- de sectores del profesorado por interesar al alumnado en sus disciplinas y el orgulloso hablar para unos pocos que “son los que valen y pueden comprender”, neta herencia de su formación universitaria, parece subyacer a estas forma de criticar una insistencia pedagógica no siempre bien argüida.
    R: No entiendo la razón por la cual el inculcar el hábito de estudiar todos los días, se esté motivado o no, sea una razón para acusarme de insensibilidad social o de despreocupación por despertar el interés por los alumnos. En la página 35 digo textualmente: “Es cierto que las materias se les pueden presentar a los alumnos de forma más o menos amena, pero esto es hacerles la disciplina más llevadera, no eximirles de la disciplina” Después dice Arnal que “la improcedencia del ejemplo no necesita comentario”. A mí sí que me parece procedente el ejemplo, pero si él obvia las razones por las cuales piensa lo contrario, yo no puedo contraargumentar.

    3. Capítulo 3: “La falacia de la igualdad”. “Por otro parte, no es lo mismo el ambiente intelectual que el ambiente de estudio, y más ambiente de estudio tiene quien es hijo de una persona iletrada pero serena que quien lo es de un sabio neurótico. Un muchacho de familia labradora puede no tener mucha ayuda en casa, pero ha vivido más al aire libre que uno de la ciudad, y eso también es bueno para el trabajo mental” (p. 43) [la cursiva es mía]. Dejando aparte el tufillo del título de este tercer capítulo, la primera parte del fragmento parece no vislumbrar que otras disyunciones son posibles y acaso más frecuentes y con más trascendencia social. ¿No conoce el autor las dificultades que tienen algunos estudiantes con “padres iletrados pero serenos” en recibir un apoyo familiar que les sería conveniente para sus estudios o trabajos, o como estímulo para su esfuerzo? ¿No sabe el autor del sobreesfuerzo que muchos alumnos de orígenes sociales nada favorecidos tienen que realizar sin que en ocasiones tengan éxito alguno? ¿No conoce las cifras del fracaso escolar y el origen social y cultural de muchos de estos estudiantes? (La segunda parte del texto parece salirse del tema e irse a cerros muy alejados. ¡Qué tendrá que ver el haber vivido más “al aire libre” con lo que se está discutiendo!).

    R: Conozco perfectamente las dificultades para estudiar que pueden tener quienes proceden de las clases sociales más desfavorecidas. Estuve casado con una maestra, que antes de tener plaza en propiedad estuvo durante el curso 1973-74 en un colegio que pusieron unas monjas en un barrio de Ferrol. Era un barrio donde vivían trabajadores del astillero Bazán, cuando la industria naval entraba ya en crisis. Las alumnas eran niñas sin ningún ambiente intelectual en su casa y económicamente modestas. Probablemente sus condiciones no eran mejores que las que tiene hoy una familia de emigrantes recién llegada a España. La directora del colegio decidió de como su marido era de matemáticas, ella se iba a encargar de dar las matemáticas de 6º, 7º y 8º de E. G. B. La ayudé lo que pude a preparar las clases, a poner exámenes y a corregirlos. Y puedo asegurar que esas niñas terminaron sabiendo cosas que hoy ignora un estudiante que llega a la facultad de matemáticas. Repito, una maestra sin experiencia, recién salida de lo que entonces se llamaba Escuela Normal, y con unas chicas a las que sus padres podían ayudar muy poco, conseguía resultados hoy inimaginables. ¿Por qué era eso así? Porque todavía la jerga pedagógica no había hecho los estragos que ha hecho hasta ahora, y se utilizaba el buen sentido común. El año siguiente le dieron escuela en una aldea del interior de Galicia. Yo era ayudante de clases prácticas en la universidad y tenía poca docencia, de manera que pasaba mucho tiempo en la aldea. Era una escuela unitaria con cuatro niveles (y todavía hay quien habla de la “educación en la diversidad” como si fuera gran una novedad), y muchos de los alumnos mayores tenían que dedicar cierto tiempo a ayudar a sus padres en las labores de labranza. Y sus conocimientos no eran ni mucho menos peores de los que se obtienen hoy día. Al año siguiente gané una cátedra de instituto y nos trasladamos a un pueblecito de las rías bajas. Muchos alumnos venían de más de veinte kilómetros de distancia, en un viaje de más de una hora porque el autobús tenía que ir por unas carreteras infames. Algunos de ellos eran hijos de emigrantes, y se criaban con los abuelos u otros parientes. Como se puede ver, lo de las familias desestructuradas no es una novedad. El instituto carecía de calefacción y estaba peor dotado de lo que está cualquier instituto de la actualidad. Y el ambiente de estudio y los resultados, que distaban mucho de ser perfectos, eran infinitamente mejores que los que tenemos hoy, así como era mucho mejor el ambiente y la convivencia entre profesores y alumnos. ¿Eran tiempos mejores? No, eran tiempos francamente peores, con menos institutos, menos gasto en enseñanza y una sociedad menos libre. Los alumnos de hoy, afortunadamente, no tienen que dedicar tiempo a ayudar a sus padres en tareas de labranza, no tienen que perder tanto tiempo en el autobús, y visten mucho mejor de cómo vestían mis alumnos de hace treinta años. Así que, diga lo que diga el señor Arnal, sé muy bien de lo que hablo. En cuanto a su última frase: “¡Qué tendrá que ver el haber vivido más “al aire libre” con lo que se está discutiendo!”, le contesto que tiene que ver en que nadie nace en nuestro país con todos los vientos en contra, y que el ambiente de estudio no procede solo de la instrucción que tengan los padres, depende también de que éstos sean personas serenas, y de lo sana y al aire libre que sea la vida que hayan llevado los chicos.

    4. Capítulo IV: “Y en cuanto los contenidos del conocimiento, tan solo señalaré que muy pocos de los alumnos que acaban hoy la enseñanza obligatoria a los dieciséis años aprobarían el examen de ingreso que pasamos a los diez las personas de mi generación, y ninguno el de la reválida de los catorce años” (p. 59). No sólo es la enésima repetición de la consabida tesis de que todo tiempo pasado fue mejor y nosotros éramos muchísimo más listos y mucho más aplicados, sino que aquí la falta de justificación es ilimitada. ¿Cómo construye el autor su análisis comparativo? ¿Conoce qué porcentajes de estudiantes de hace unas 4 décadas pasaban el examen de ingreso? ¿Sabe cuántos de estos estudiantes superaban la reválida del bachillerato elemental o superior? ¿Cómo puede afirmarse que ningún estudiante actual que haya finalizado la ESO pasaría el antiguo examen de reválida? ¿Se trata de una conjetura de la pedagogía-ficción? ¿No hay aquí una generalización apresurada que no es sino. Una vez más, un claro ejemplo de falta de rigor? ¿No es una forma estudiada y falaz de decir algo que se sabe que causa impacto para que el lector/a vea confirmada la más instintiva y menos elaborada de sus posiciones?

    R: Nadie dice que todo tiempo pasado fuera mejor, y ya lo expliqué en la respuesta anterior. En cuanto a las razones por las cuales sostengo que el nivel ha bajado vergonzosamente ya las he esgrimido en muchos artículos míos, así que a ellos me remito. Y Arnal se empeña en negar lo que admiten todos los que no pertenecen a la Secta Pedagógica, es el quien está haciendo pedagogía ficción.

    5. Capítulo V. “Al evaluar a un alumno de COU vi que aprobaba todas las asignaturas (eso sí, muy justitas) menos la mía, una asignatura, ya desaparecida, llamada “lenguaje matemático”. La asignatura era común, de dos horas a la semana, y no parecía que el chico la fuera a necesitar en el futuro. Con todo, lo suspendí” (pp. 62-63) [la cursiva es mía]. En septiembre, añade Moreno Castillo, repitió el suspenso. Aprobó, eso sí, el próximo curso con sobresaliente, pero aprendió. ¿Qué aprendió? Que no era tonto, (sic) como él mismo y su familia imaginaban. ¿Y de dónde se infiere que el alumno y su familia pensaran que era “tonto”? ¿Este es un ejemplo de buen hacer educativo? ¿Es algo de lo que uno tenga que sentirse forzosamente orgulloso? No hay duda que casos similares pudieron o pueden ser razonables en alguna situación. Pero, ¿dónde está el interés en remarcar este hecho. ¿No ha habido en nombre de esta consideración o similares barbaridades contra algunos alumnos que se han esforzado y mucho, pero por las razones que fueran han tenido notas insuficientes en determinadas asignaturas? ¿No conoce ningún estudiante que haya suspendido las matemáticas, el latín, la filosofía o en inglés con un 4.5, a pesar de su esfuerzo, y que luego haya abandonado estudios hasta momentos posteriores, si los hubo, por no poder pasar curso en su momento por ese suspenso “tan merecido”? ¿No ha oído hablar el autor de alumnos expulsados del sistema educativo enormemente inteligentes?

    R: Lo que la familia pensaba del chico no lo infiero de ningún sitio, me lo dijeron claramente. Que ha habido buenos estudiantes expulsados del sistema es cierto (v.g., todos aquellos que en el sistema actual comienzan con interés pero terminan tirando la toalla, desmoralizados por culpa de los boicoteadores) pero eso no es razón para aprobar a todo el mundo. De hecho, este alumno no sólo no abandonó el sistema antes de acabar, sino que salió de él con más confianza en sí mismo de la que había tenido nunca.

    6. Capítulo VI. ”Nadie un poco avispado iría a una entrevista de trabajo o solicitar un crédito a un banco con la gorra puesta, con una camiseta que dejase ver todos los pelos del sobaco, mascando chiclé y con una lata de coca-cola en la mano” (pp. 71-72). Como es conocido, en la mayoría de os reglamentos internos de los institutos españoles se prohíbe un aspecto así (que tampoco es la mayor tragedia concebible) y ese uso de bebidas poco recomendables en el aula. Además, y como es obvio, la descripción huele a la naftalina del armario de la casa del pueblo de los abuelos.

    R: Lo de que la naftalina del armario es algo tan tonto que ni merece respuesta. Algún cura me dijo algo parecido en relación al capítulo sobre la religión, que aquello era de un anticlericalismo que olía a naftalina. Hay que ver, cuanto se parecen los pedagogos y los curas.

    7. Capítulo X. Aquí el autor ridiculiza textos de pedagogos -que, desde luego, merecen una aproximación crítica- y se ampara para ello en los argumentos del Popper de La miseria del historicismo, que han sido discutidos y criticados desde hace décadas, como si fuera lo último de lo último, al mismo tiempo que sostiene, con pose epistemológica sofisticada, la extraña tesis de que “si una reforma depende de cambiar la mentalidad de los que la han de lleva a cabo, los resultados de esta reforma son invulnerables a toda crítica científica (p. 112). ¿Y eso por qué? ¿Por qué no es posible cambiar de mentalidad en determinado asunto, pedagógico o no, y estar abierto a críticas argumentadas sobre la nueva perspectiva asumida? ¿Dónde está demostrada la implicación necesaria entre cambio de mentalidad y dogmatismo cerril antes las críticas?

    R: Nadie dice que Popper sea lo último de lo último, como tampoco lo es Demócrito, ni Epicuro, ni Kant, ni ninguno de los autores que cito. En cuanto a lo de cambiar la mentalidad, no sé lo que quiere decir. A mi me podrán cambiar mis ideas mediante argumentos, pero si los argumentos que me brindan no me convencen, no vale decir que tengo que cambiar mi mentalidad. Si voy a una sesión de espiritismo, me temo que no conseguiría convocar a ningún espíritu, pero el gurú de turno nunca admitirá esto como argumento contra el espiritismo, me dirá que no me he mentalizado lo bastante, que no he tenido la suficiente fe. Por ello para el creyente en el espiritismo éste es invulnerable a la crítica científica, porque siempre atribuirá el fracaso del experimento a quien lo realiza. En cuanto a que ridiculizo los textos de varios pedagogos es algo rigurosamente cierto, pero es legítimo esgrimir cuantos textos considere oportuno para demostrar mi tesis según la cual la pedagogía es una jerga sin sentido. Si Arnal está en su derecho al criticar textos del Panfleto, idéntico derecho me asiste a mí a criticar los textos de los demás.

    8. En el capítulo 11 -“Padres desorientados, desesperados y atribulados”- y en relación con los estudios, el autor formula tres reglas para los padres. La primera de ellas no tiene desperdicio: “en condiciones normales, delante de los hijos, siempre apoyar al profesor (p. 117). Si hubiera discrepancias, señala, se resuelven en privado. ¿A qué les suena? ¿A la primera, a la segunda o a la tercera parte?

    R: No entiendo nada de lo que quiere decir Arnal. Si alguien me lo quiere explicar podría intentar contestar.

    9. En “A modo de epilogo”, Moreno Castillo reproduce, acaso con escasa modestia, cartas favorables a sus posiciones, sin apenas recoger ninguna crítica, y señala: “Es pues de justicia dejar claro que quienes criticaron el Panfleto por el tema de la enseñanza de la religión lo hicieron, en general, de un modo mucho más comedido, más argumentado, y con más gracia, que quienes lo criticaron por otras razones. Hasta los curas tiene más sentido del humor que los pedagogos” (p. 142). Tomen nota: hasta los curas tienen más humor que los “pedagogos”, que son, como “está demostrado una vez más”, el peor de los mundos posibles. En definitiva, que alguien como Antonio Muñoz Molina afirme, sin ningún matiz crítico, en carta personal dirigida al autor (págs. 142-143), que “comparto punto por punto todo lo que usted dice”, o que un pensador tan informado en temas educativos como Fernando Savater haya escrito un muy elogioso prólogo para el Panfleto, es indicio de que en estos tiempos veloces incluso los grandes alguna vez leen con urgencia. Todo lo señalado no es contradictorio con la creencia de que la educación española, las reformas educativas existentes o en proyecto, deben merecer nuestra máxima atención y que aspectos de la LOGSE, o de leyes sucesivas, merezcan críticas sustantivas, al igual que numerosas conjeturas o frecuentes abusos terminológicos de determinadas corrientes pedagógicas. La cuestión, como siempre o como casi siempre, es desde dónde y cómo ejercemos tales críticas.

    R: Arnal habla de “escasa modestia”. ¿Alguien conoce algún autor que, por modestia, esconda las críticas elogiosas? Las razones por las cuales no reproduje las cartas críticas ya las expliqué en el libro: o discrepaban del capítulo dedicado a la enseñanza de la religión (y con un género de argumentos que atañen a la vida personal de quienes me las mandaban, y por eso no me pareció correcto publicarlas) o bien discrepaban de los otros capítulos, pero nunca con argumentos (me llamaban nostálgico, reaccionario, fascista…), y todos los que frecuentáis este blog estaréis de acuerdo en que semejante bazofia no merece su publicación.
    Lamento contradecir a Arnal, pero tanto Savater como Muñoz Molina leyeron atentamente el texto. Si han demostrado su acuerdo conmigo no creo que sea porque “incluso los grandes alguna vez leen con urgencia”. Más bien debe ser porque opinan que tengo razón. Y la cuestión no es “desde dónde y cómo ejercemos tales críticas”, la cuestión es si están o no bien argumentadas.

    Atentamente

    Ricardo Moreno

  24. Para avanzar en el debate, y no desviarnos del tema objeto de discusión, existen todavía varias preguntas sin respuestas. Son muy sencillas y nos podrían ayudar a todos a clarificar si los problemas de la escuela de hoy se deben o no a los principios del «aprendizaje colaborativo» que inspiraron en cierta medida la pretendida gran reforma educativa a través de la inaplicada ley (LOGSE); o se deben a la pedagogía y a la falta de autoridad de los profesores e insumisión de los alumnos, como sostienen autor y seguidores del «Panfleto Antipedagógico» (PA).

    Al principio de la discusión preguntaba a tan ilustres profesores: «…Entonces, siguiendo las tesis del profesor Ricardo Moreno, si un profesor “analfabeto digital” manda a sus alumnos hacer las cosas como siempre y estos obedecen sin más ¿estaría este profesor cumpliendo con su oficio de preparar y educar a sus alumnos (jueces, electricistas, médicos, maestros, políticos… e incluso “vendedores de cacahuetes” del mañana)?, esto es, ¿estaria o no contribuyendo a la necesaria educación de sus alumnos para que pudieran desenvolverse con soltura en la llamada Sociedad de la Información y del Conocimiento?.»

    La pregunta, como veis, es muy sencilla, pero todavía no ha tenido respuesta. Como ya somos varios participando en tan apasionante debate –y probablemente el autor y defensores del PA no responda nunca –, os pido, por favor, que ante todo lo expresado por tan ilustres profesores, podáis opinar al respecto, y agradecería, eso sí, que se fuera más allá de decir que son dos planteamientos contrapuestos ¡Evidente!: uno es pedagógico, y el otro, NO (antipedagógico).

    Porque… ¿Hablamos de educación?

    ¡Muchas gracias!

  25. frankydigit, antes de nada indicar que he clicado en tu nombre y veo que enlaza con otra bitácora donde se reproduce este debate sólo que amputado. Por ejemplo, falta mi último comentario. Segunda cuestión, he de aclararte que yo y Emilio Díaz no somos la misma persona como pareces interpretar, ni tenemos el mismo avatar ni firmamos igual, él añade el apellido. Tercero, tus métodos son escapistas y marrulleros, primero expones la crítica de otro señor al Panfleto antipedagógico sin citar la fuente y cuando Ricardo Moreno da la réplica tu pasas olímpicamente de la cuestión y pides que se te conteste a una pregunta para no desviarse del tema. ¿Cómo si no hubieras sido tú quien lo hubiese desviado? ¿Cómo si tú fueras el único con derecho a obtener respuestas? Recuerda que en mi último comentario planteo algunas cuestiones que no son justamente de trámite.

  26. Corrección errata. Hacia el final del comentario anterior van unos signos de interrogación que en realidad pretendían ser de admiración.

  27. Para Todos:

    La pregunta que plantea frankydigit da por sentado que las cosas no se pueden hacer «como siempre», porque estamos abocados a lo que él llama «Sociedad de la Información y el Conocimiento». Discrepo de que las cosas no puedan hacerse como siempre, pero eso es otra discusión. Entonces contestaré a la pregunta de un modo más general: si un profesor no cumple con su obligación, la que sea, lo que han de hacer los alumnos es elevar sus quejas a la dirección del centro, quien a su vez (si considera las quejas legítimas y el profesor no las atiende) deberá dar parte a la inspección. Pero esto no tiene nada que ver con la necesidad de la autoridad del profesor para que la clase funcione. También puede uno recurrir una multa, y eso no cuestiona la necesidad de la autoridad de los agentes de tráfico para que la circulación sea posible.

    La cuestión se puede plantear al revés: si un profesor sí cumple con su obligación de explicar claramente y despejar las dudas de los alumnos ¿podrá hacer su tarea si la legislación no le dota de la autoridad suficiente para impedir que unos cuantos puedan boicotear la clase impidiendo a sus compañeros el derecho de aprender?

    Queda claro que son polémicas distintas, aunque frankydigit las mezcle: la necesidad de la autoridad del profesor (1º problema, que creo es el que nos ocupa) y lo que han de hacer los alumnos cuando tienen un mal profesor (2º problema).

    Atentamente

    Ricardo Moreno

  28. Emilio, perdona, pues, pero aunque aparecen comentarios con distintos nombres me parecieron provenir de la misma persona que sostenía la «marullería» y «escapismo» del «Panfleto Antipedagógico» (PA). La red es así. Perdona. Nunca sabes realmente quien está al otro lado. Pero, te creo, si tú dices que no tienes nada que ver con Ricardo o con tu tocayo (Emilio Díaz) ¡Vale!. De todas formas, la pregunta en cuestión está planteada desde el principio de este apasionante debate. Es una pregunta muy sencilla y creo que bastante fácil de responder. No entiendo, por tanto, por qué motivo el autor de artículo objeto de debate y también de la tesis del PA, y/o desde cualquiera de sus ‘hooligans’, no ofrecen una respuesta para poder seguir la linea discursiva. En el otro foro en el que participo he observado también que faltan ciertos comentarios, incluso míos. Creo que ya se han debido aburrir de tanta «marullería» y «escapismo». Vamos a intentar recuperar el ánimo y entusiasmo por tan interesante debate. Por eso, me permito, si no te molestas ¿eh?, en volver a hacer la misma pregunta: «Entonces, siguiendo las tesis del profesor Ricardo Moreno, si un profesor ‘analfabeto digital’ manda a sus alumnos hacer las cosas como siempre y estos obedecen sin más ¿estaría este profesor cumpliendo con su oficio de preparar y educar a sus alumnos (jueces, electricistas, médicos, maestros, políticos… e incluso “vendedores de cacahuetes” del mañana)?, esto es, ¿estaria o no contribuyendo a la necesaria educación de sus alumnos para que pudieran desenvolverse con soltura en la llamada Sociedad de la Información y del Conocimiento?.” Perdonad que sea tan pesado, pero es que como dice el gran Mario Benedetti, los seres humanos, somos criaturas que nos interrogamos continuamente, que nos preguntamos constantemente acerca de cuanto nos rodea. Queremos conocer causas, motivos, razones… sentido de cada realidad. Y todo esto lo digo porque creo que es bueno para el debate. Pues, cuando en ocasiones creemos haber hallado todas las respuestas, todo cambia y surgen interrogantes nuevos: “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas.” (Mario Benedetti)

  29. frankydigit, me quedo con tu frase:»La red es así. Perdona. Nunca sabes realmente quien está al otro lado.»

  30. Con permiso de la audiencia, ¿y si nos volviéramos socráticos por un momento?
    – ¿Sería conveniente dejar a cada padre la elección del tipo de enseñanza al que deberían someterse sus hijos? Un poner… Si consideras que el modelo pedagógico postmoderno y rousseauniano es mejor, pues a un colegio de tal tipo. Si prefieres educar a tus hijos en casa, pues en casa. Si la vida hippie te va y quieres tenerlos en una comuna, pues a una comuna. Si te gustan curas y monjas, pues a un colegio de tales, etc. Al final, ¿no sería descabellado que el estado sólo se encargara de hacer pruebas oficiales para dar unos títulos que no reconocieran valores, sino conocimientos o, si nos ponemos contemporáneos, destrezas?
    – ¿Sería oportuno dejar que la sociedad decidiera por su cuenta el tipo de persona que desea? Si los conceptos tradicionales de la memoria y la autoridad están caducos, pues que los ciudadanos se den cuenta y opten por descartarlos de la educación de sus hijos. Porque ¿qué pasa si esos conceptos no están tan desfasados como se predica?
    – ¿Sería posible entablar un debate tranquilo sobre el cheque escolar sin que a los defensores se les descalificara de entrada?
    – Si queremos que nuestros hijos sepan gestionar su libertad ¿no sería adecuado que sus responsables legales tuvieran acceso gratuito a toda clase de modelos de enseñanza y no a uno solo, universal conforme a las opiniones de quienes toman las decisiones por los ciudadanos?
    – ¿No podría salvarse el intento de un acuerdo entre posturas opuestas dejando que cada uno siguiera en la suya con la opción de llevarla a cabo sin imponerla a los demás?
    – ¿No podríamos pensar que este debate presentaría un aspecto más racional y útil si lo fuera sobre distintas opciones reales, más que sobre la mejor opción porque es la única que se ofrece?
    – Si yo considero que aprender Latín y Griego es más útil que aprender Ciudadanía, ¿por qué tienen que imponérmelo? Si estoy equivocado, ya se pagará las consecuencias.
    – ¿No es el precio de la libertad?
    – ¿Son los hijos propiedad del estado? ¿Quién debe velar por su futuro cuando no tienen capacidad de decisión?
    – ¿Por qué hay que pagar un colegio privado para poder disentir?
    – Finalmente, ¿más libertad?
    Son preguntas. Posiblemente, sin respuesta. A fin de cuentas, ¿no es acaso la función del debate más plantear preguntas que encontrar una sola respuesta?

  31. ¡Perdonad!. Pero empiezo a liarme un poco. Siguiendo la propuesta socrática de Emilio Díaz y la respuesta normativa de Ricardo Moreno a las preguntas reiteradamente planteadas acerca de los problemas concretos de la educación, según las tesis del PA, así como teniendo en cuenta también la frase que le ha gustado tanto a Emilio (a secas): ”La red es así […] Nunca sabes realmente quien está al otro lado”, empiezo a plantearme la siguiente cuestión: ¿Estoy debatiendo con tres personas diferentes (autor del PA y dos hooligans) o quien está al otro lado es un personaje poliédrico que va adoptando diferentes caras para animar el debate, pero siempre en defensa del PA? Porque, a estas alturas del debate, no entiendo el silencio sostenido del autor del PA, por un lado, ante mis reiteradas preguntas y, por otro, el hostigamiento de los hooligans, calificándome incluso de «marrullería y escapismo», justo el estilo de discusión que empezaba a notar al otro lado. Es evidente que las discrepancias que sostengo contra el PA son notables. El autoritarismo y la sumisión son contrarios a los fines de transformación y desarrollo que siempre debe perseguir la educación. También he manifestado los errores de la LOGSE, así como que todo proyecto educativo solvente debe contar con el concurso de los profesores. Éstos deberán estar siempre en el centro del proceso de transformación y cambio. Pero en el bien entendido que los problemas de la educación no se solucionan sólo con leyes y normas, y mucho menos con ese concepto liberal de la libertad que sostiene que «mi libertad termina donde empieza la tuya». Entonces… si mi libertad no termina nunca la tuya tampoco empezará nunca. Entiendo la libertad de forma mucho más solidaria. Nunca seremos libres si los otros no lo son también. Los problemas y contradicciones con los que siempre se ha enfrentado la libertad han estado relacionados con la necesidad de «normar» la vida humana en sociedad. Todas las sociedades, en consecuencia, poseen leyes y normas que rigen el comportamiento humano. La educación también. ¿Podría pensarse por esto que no poseemos libertad alguna?. No. Pero cabría también preguntarse por la forma que adquiriría la vida en sociedad y la escuela si no existiesen dichas normas y pautas de conducta. El «Aprendizaje Colaborativo» y los principios pedagógicos que los sustentan, frente a los antipedagógicos que inspiran el PA, representa ante todo un gran espacio de libertad para enseñar y aprender, aun asumiendo que la libertad es un concepto abstracto de muy difícil definición; y que, además, en el intento por definirla, los seres humanos nos encontramos frente a múltiples paradojas. Por eso, la libertad, sólo podemos comprenderla a partir de aquello que no es. Lo mismo que la educación. En otras palabras, la libertad y la educación solo es posible definirla según su contexto y las condiciones en que se dan, ya que en la mayoría de los casos, sólo se puede hacer uso de ellas en función de las opciones, siempre limitadas, que se nos presentan. Perdonad por el rollo, pero amo la libertad y la educación.

  32. Sólo una pregunta. Esa bitácora a la que conduce tu nombre y en la que se reproduce este debate con censura ¿tiene algo que ver contigo? Porque si ese fuese el caso se entenderían mejor tus problemas con las personalidades poliédricas.

    Siempre he dicho que la educación comenzaba en casa y sigo sosteniéndolo.

  33. Emilio (a secas): No sé por qué insistes tanto en preguntar algo que ya te lo he respondido. Participo en esa bitácora activamente lo mismo que mucha otra gente. Como también lo vengo haciendo aquí. También te dije que se reprodujo este debate hasta que dejo de ser interesante, imagino que, porque llegado un momento, dejamos de centrarnos en el fondo de la cuestión Recuerdo: «Aprendizaje colaborativo vs Panfleto antipedagógico. No obstante, no sé por qué motivo te obsesionas tanto con supuestas amputaciones y censuras, cuando en cualquier momento tú mismo puedes hacer, como aquí, los comentarios que quieras. Allí o aquí frankydigit siempre te responderá. En la red, ya sabes que seas quien seas no importa. Lo que sí importa es lo que seas capaz de expresar, salvo que seas un trol y lo que persigas es otra cosa. Un troll o trol, según wikipedia, «es un vocablo de Internet que describe a una persona que sólo busca provocar intencionadamente a los usuarios o lectores, creando controversia, provocar reacciones predecibles, especialmente por parte de usuarios novatos, con fines diversos, desde el simple divertimento hasta interrumpir o desviar los temas de las discusiones, o bien provocar flamewars, enfadando a sus participantes y enfrentándolos entre sí. El troll puede ser más o menos sofisticado, desde mensajes groseros, ofensivos o fuera de tema, sutiles provocaciones o mentiras difíciles de detectar, con la intención en cualquier caso de confundir o provocar la reacción de los demás». Confío, querido Emilio (a secas) que tú no lo seas y podamos volver al debate «Aprendizaje Colaborativo(AC) vs Panfleto Antipedagógico(PA)». La mejor forma de superar las supuestas obsesiones creo que sería, precisamente, seguir profundizando en tan interesante debate sobre los problemas de la educación en España. La línea que ha abierto Emilio Díaz al más puro estilo socrático, y apuntando a la importancia de la libertad en los procesos educativos, me parece que nos puede ayudar a clarificar posiciones. Frankydigit, ya he aportado su granito de arena al respecto:» «El “Aprendizaje Colaborativo” y los principios pedagógicos que los sustentan, frente a los antipedagógicos que inspiran el PA, representa ante todo un gran espacio de libertad para enseñar y aprender, aun asumiendo que la libertad es un concepto abstracto de muy difícil definición; y que, además, en el intento por definirla, los seres humanos nos encontramos frente a múltiples paradojas. Por eso, la libertad, sólo podemos comprenderla a partir de aquello que no es. Lo mismo que la educación. En otras palabras, la libertad y la educación solo es posible definirla según su contexto y las condiciones en que se dan, ya que en la mayoría de los casos, sólo se puede hacer uso de ellas en función de las opciones, siempre limitadas, que se nos presentan.» (frankydigit, dixit). Emilio, creo que a todos y todas nos gustaría conocer qué tienes que aportar a este debate. ¡Muchas gracias!

  34. ¿Participas o administras? No es obsesión, es que me interesa la verdad. Y, ¿quién dijo que el debate era lo que tu propones?
    Te recuerdo que el comentario de más abajo lleva mucho tiempo colgado en el hilo y al parecer a ti te deja indiferente. A mí, sin embargo es el debate que me interesa. Lo reproduzco porque si se te había olvidado

    Más importante que que se pongan de acuerdo Moreno y Frank sería, a mí entender, que nos pusiéramos todos en que el diagnóstico no es bueno y no lo es en ningún sentido, pues a los ya citados fracaso y abandono escolar, habría que sumar la ausencia de nivel de excelencia y para los que entienden esto en clave de derecha e izquierda, señalar el clasismo y el sexismo del sistema.

    El sistema educativo ha dejado de funcionar como ascensor social y el fracaso escolar masculino dobla al femenino. Esa es la realidad de los hechos y por eso cuando se habla en términos de progresismo o no progresismo no debiéramos olvidar que tal circunstancia constituye la realidad de nuestro sistema.

    Y todo ello sucede cuando llevamos más de 30 años de democracia, con una reforma propugnada por los socialistas y en un momento en que se han dedicado a la enseñanza una cantidad de recursos materiales como en ningún otro momento de nuestra historia.

    Cualquier visión complaciente de nuestro sistema educativo está todo menos justificada y el debate cobraría otro sentido si partiésemos de la aceptación de lo anterior, de la aceptación de que necesariamente se han debido hacer muchas cosas mal y de que es imprescindible un replanteo completo de la situación si no queremos que tal estado de cosas cronifique, cosa que nadie debe descartar a la vista de lo sucedido en los últimos años ya que la situación más que mejorar empeora.

  35. Pero… ¿Qué verdad, la tuya o la mía? Desde luego, no puedo decir más cosas al respecto. Porque, como se está viendo en este debate, están apareciendo muchas verdades. Si te atreves a leer todas las intervenciones, tu comentario no comentado explicitamente, pero sí implícitamente en cada una de las intervenciones, ya sean de aquellos que sostienen el discurso del «Panfleto Antipedagógico» (PA) como aquellos otros que apostamos por el «Aprendizaje Colaborativo» (AC). Y qué, como verás, no soy el único aunque sea el más beligerante. Entrando en materia (en los aspectos concretos que señalas en tu comentario), creo que desde ninguno de los discursos mantenidos hasta el momento se pueda desprender una visión «complaciente» con el actual estado de cosas. Por lo tanto, corregidme si me equivoco, hay unanimidad en que el diagnóstico es de los peores posibles. Otra cuestión es cuando analizamos las causas. Aquí ya se mezcla (tienes toda la razón) planteamientos políticos, más bien partidistas y/o partidarios de izquierdas y derechas, progresistas o conservadores… que en nada contribuyen a la construcción de un nuevo proyecto educativo, aquí y ahora, auténticamente solvente. Esta disputa política y social, acerca del modelo que debemos seguir, para ser capaces de construir una Sociedad de la Información y del Conocimiento para todos, está motivada principalmente por la incapacidad de nuestros partidos mayoritarios para alcanzar acuerdos en materia educativa, también incapacidad nuestra ¿eh?, esto es, de la ciudadanía (de izquierdas o de derechas; progresistas o conservadores) que no somos capaces, asimismo, de movilizarnos y exigirles un Gran Pacto de Estado, aunque sea de mínimos para evitar tantos vaivenes legislativos en materia educativa. También comparto tu opinión al respecto: «Y todo ello sucede cuando llevamos más de 30 años de democracia, con una reforma propugnada por los socialistas y en un momento en que se han dedicado a la enseñanza una cantidad de recursos materiales como en ningún otro momento de nuestra historia»(Emilio, dixit). Tampoco en esta ocasión nuestros políticos ha sido capaces de ponerse de acuerdo ante el Gran Pacto de Estado que proponía el Ministro Gabilondo. ¡Una nueva oportunidad perdida!. En esta ocasión por el oportunismo del Partido Popular, que ni en educación concede tregua al Gobierno. Sin embargo, no puedo compartir los supuestos problemas de «clasismo y sexismo» en la escuela democrática de hoy. Aunque necesitamos seguir avanzando, la situación actual en este aspecto no tiene nada que ver con las escuelas franquistas. No sé, pero… si quizá te explicaras algo más… La paridad e igualdad en todos los ámbitos de nuestra sociedad «machista» sigue siendo una gran asignatura pendiente ¿Te refieres a eso?. Seguro que puedes hacer una excelente aportación sobre «machismo» y «femenismo». Lo mismo digo respecto al concepto de «excelencia» que manejas. Son términos polisémicos que encierran muchas cosas. También, si te explicaras algo más… seguro que en este aspecto estaría igualmente de acuerdo contigo. De todas formas, quiero terminar con una reflexión acerca de «La verdad», una palabra también polisémica donde las alla: «Tu verdad no; la verdad / y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela.» (A. Machado, dixit)

  36. ¡Corrección errata!: donde dice «alla» debe decir «haya»

    «Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino.» (Gabriela Mistral)

  37. Historia de la pedagogía

    Historia de la pedagogía Autores: Abbagnano, Nicola, Visalberghi, A. Editorial: Fondo de Cultura Económica Novena reimpresión, 1992 Tema: Pedagogía, Educación – Historia ISBN.: 84-375-0005-2 Páginas: 709 Idioma: Español

    Nicola Abbagnano y A. Visalberghi siguen en esta Historia de la pedagogía la misma línea de divulgación filosófica a la que el primero se ajustó en su Diccionario, mediante el uso del método sistemático. Pero en una historia de este tipo la mayoría de los profesionales prefieren el método histórico al sistemático, pues consideran, fundadamente, que es indispensable para la formación del sentido crítico. Sin embargo, los autores no pierden de vista el hecho de que no es posible limitarse a una historia de la filosofía integrada, con unas cuantas noticias adicionales acerca de las instituciones y teorías educativas. Por otra parte, observan también que un examen más amplio de los problemas pedagógicos impide con frecuencia estudiar con el debido detenimiento los filosóficos. La finalidad de este curso es, pues, proporcionar un…

    NOTA: Para leer el trabajo completo hay que suscrbirse y donar otro trabajo. Esto es una experiencia de “Aprendizaje Colaborativo en Red”(ACR).

    ¡Aprovechadla!

    http://www.buenastareas.com/temas/pedagogia-3000/0

  38. Educacion Sin Pedagogia

    PUEDE HABER EDUCACION SIN PEDAGOGIA Y ESTA SIN EDUCACION

    Cuando uno es niño, bueno, en mi caso, fui niña, asistí a una escuela primaria donde se tenia que ser respetuoso del horario de entrada, mas no de salida , el respeto a los que fueron mis maestros, que a decir verdad mas bien yo les temía, recuerdo, y siento que sudo, por que en quinto año y en sexto no sabia hacer los famosos quebrados, era mi muerte cuando me pasaban al pizarrón a resolver alguno de ellos, el enojo era tal de mi maestra, que cuando pasaba al frente de mis compañeros sentía que me metía a un agujero muy grande y oscuro para mi, nunca llore, que ahora me cuestiono¿ por que no lo hice? por que quizá también mis padres tenían como correcto que así debía aprender las lecciones en la escuela, incluso mi papá, atendiendo una nota de la maestra, donde decía que debía aprenderme de memoria las tablas de multiplicar, compró, ¡y sin tener caballos! Una cuarta, sirviéndole como una especie de recurso para que me las aprendiera. ¡Y lo logro! me pregunto ahora ¿Cuánta satisfacción habrá sentido mi maestra al comprobar que había logrado que su alumna se las aprendiera? ¿Se habrá imaginado lo que padecí? ¿En donde estaba esa pedagogía que dice; que la educación debe partir del interés y respeto de la naturaleza infantil y que no llego en mi auxilio? No guardo rencor a mis antiguos profesores, pues desconozco como fue que llegaron a ser docentes.
    .
    Algo que aprendí desde muy chica es, a trabajar en equipo y a respetar, pero no en la escuela, sino en mi casa, pues mis padres trabajaban y nos dejaban solos a mis tres hermanos y a mi, aprendimos todos; a sortear y salir de las dificultades en las que nos las veíamos para poder llevar a cabo nuestras tareas escolares y de nuestra casa, aprendimos a convivir con los vecinos, y a resolver nuestras diferencias, dando como resultado lo que hoy soy como ser humano, y muchas veces no es precisamente lo que aprendí en mi escuela…

    NOTA: Para leer el trabajo completo hay que suscrbirse y donar otro trabajo. Esto es una experiencia de “Aprendizaje Colaborativo en Red”(ACR).

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  39. Pedagogía 3000

    Es una novedosa propuesta educativa pedagógica, que pone en primer término al alumno, lo primordial de esta pedagogía es que el alumno sea capaz de construir su propio proceso de aprendizaje y sobre todo que responda a las necesidades del ser humano que emerge en la Sociedad actual.

    Deseamos que los niños, niñas, jóvenes y adultos permanezcan auténticos consigo mismos, en armonía con la Esencia.
    Es nuestra responsabilidad, compromiso y promesa, ofrecerles y ofrecernos la educación y el amor que merecen y merecemos.

    Así mismo la educación ha formado parte fundamental de este cambio. Con el pasar de los años esta se ha ido modificando drásticamente, para formar individuos cada vez más capaces, independientes pero sobre todo responsable de su propio proceso de aprendizaje.

    La educación fue, es y será un proceso importante de nuestra formación como individuos por eso requiere de una transformación partiendo desde sus bases hasta la estructura, es decir contemplar todo lo que gira en torno a la educación, desde un sistema educativo, procesos, modelos, hasta la manera de trabajar dentro del aula.

    Se debe llevar a cabo un análisis de la educación, involucrar a todas las personas que estén dentro de este proceso de aprendizaje, deben participar activamente desde los administradores, maestros, alumnos, sociedad, etc. para que se lo logre el cambio y la mejora esperados.

    Esta pedagogía toma como primordial la observación directa del niño y de la niña de hoy, sus necesidades y anhelos, sus modos de aprender y de ser.

    Corresponde a cada uno de nosotros aprehender los nuevos conceptos de cambio de era, tanto de ser, como de actuar.

    Nos toca vivir, en lo más íntimo de nuestro ser, el entendimiento y
    los valores que nos permitan re-direccionar nuestra propia vida, así como re-orientar el proceso de…

    NOTA: Para leer el ensayo completo hay que suscrbirse y donar otro trabajo o ensayos. Esto es una auténtica experiencia de “Aprendizaje Colaborativo en Red” (ACR).

    ¡Aprovechadla!

    http://www.buenastareas.com/temas/pedagogia-3000/0

  40. Enrique says

    Vaya por delante que pertenezco al mundo sanitario, así que no tengo experiencia en el mundo educativo, con lo cual pongo muy fácil el rechazar sin más mis argumentaciones.
    Me da que con la pedagogía se podría parafrasear lo que dijo Edward Wilson del comunismo, “bonita teoría, especie equivocada”.
    Estoy ahora mismo acabándome el magnífico libro de Steven Pinker “La Tabla Rasa” (Ed Paidos) que tuvo el raro mérito de enfadar tanto a la izquierda como a la derecha religiosa. En el viene a desmantelar al menos dos mitos sobre como se ha concebido la naturaleza humana en los últimos años del siglo XX especialmente el concepto de la tabla rasa (su extrapolación al mundo educativo apoyaría el mantener a los niños en el sistema hasta los 18 años pues todos valen para ese reto) y el concepto del buen salvaje (el espíritu colaborativo es válido para la educación porque el profesor y el alumno parten de un plano de igualdad).
    Respecto a la discusión sobre la autoridad recomiendo el libro de Philip Howard “The Collapse of Common Good” (desgraciadamente no traducida al español) (http://commongood.org/schools.html ) que describe un problema similar en los Estados Unidos. Al fin y al cabo todas estas teorías pedagógicas se han ensayado ya allí con varios años de adelanto. Creo que a la pregunta de que hay que hacer con los profesores indigentes en materia digital la respuesta que daría Howard es muy sencilla: no basta con restituir la autoridad a los profesores, también hay que restituírsela al director del centro que debe ser capaz de sancionar conductas negligentes de los profesores.

  41. A mi entender lo más grave de la situación educativa que vivimos no son tanto los resultados constatados por cuanto estudio se ha realizado, cuanto la falta de aceptación, en primer lugar por el Ministerio de Educación y, a partir de ahí por casi todos, incluidos los sindicatos de la enseñanza. Si al menos esos resultados fueran reconocidos en su significación, estaríamos en situación de estudiar qué ha fallado y plantearnos esto de nuevo. Alemania ante los malos resultados de Pisa 2003 hizo una reforma educativa y la situación ha cambiado para mejor de forma sustancial.

    Pero no, cualquier pretexto es bueno para edulcorar la situación: que si los fallos son consecuencia del incremento de la edad en la enseñanza obligatoria, que si el nivel de formación de los padres, que si estamos donde nos corresponde como país, que si todos los datos no son malos por ejemplo lo relativo a la equidad, que qué bueno que se ha incorporado un nuevo tramo de edad a la enseñanza obligatoria…

    Disculpas y verdades a medias por parte de las autoridades educativas, silencio de los “ideólogos” del sistema, mutis por el foro de los sindicatos… lo cierto es que también en este terreno parece que se esté produciendo ese fenómeno sociológico denominado “ignorancia pluralista” de tal modo que todo el mundo se calla su opinión negativa sobre la situación considerando que es a otros a quien corresponde destaparla y mientras tanto todo lo relativo a los males de nuestro sistema permanecen en una opacidad que no hace más que agravar la situación cada año que pasa.

    Lo cierto es que nuestros niveles de fracaso y abandono escolar que parecen llamara la atención y preocupar más a los técnicos de la OCDE y a las autoridades de la UE que en el interior del país. Fracaso que va acompañado de ausencia de nivel de excelencia, como puede verse aquí: http://www.fedeablogs.net/economia/?p=8159

    Y al tiempo el sistema no puede considerarse más que clasista y sexista. Clasista porque el número de hijos de trabajadores que llegan a la Universidad está en mínimos históricos y sexista porque la brecha de género en nuestro país es mucho más acusada que en nuestro entorno donde también existe pero en proporción menor. En nuestro país como media la tasa de fracaso escolar es del doble para chicos que para chicas, pero es que si la comparación la hacemos entre una chica asturiana o del país vasco y un chico andaluz o valenciano, la probabilidad de fracaso de ellos es entre 4 y 5 veces superior a la de ellas.

    Esta es en resumen la situación y, a partir, de estas cifras debiera ser que comenzásemos a hablar del asunto.

  42. vicente says

    Estoy en España poco más de una década, y de la educación española (como de la corrupción española) he aprendido dos cosas: 1) que es un absoluto desastre social, y 2) que a la gente «normal» (el 90%) no le importa un bledo. Bueno, vale, tres cosas, 3) que la «intelligentsia» española siempre tiene opiniones, ofrece abundantes citas de viejos muertos y de teorías cansadas, pero que nadie se etreve a hacer nada nunca. Jamás. ¿No será la cultura? Una verdadera Tercera Cultura abogaría por menos cháchara y más acción positiva. Me temo que aquí va a ser que no. Bla bla bla, como siempre. Que inventen ellos. Aquí no pasa ná. España va bien, y quien lo niegue es fascista, comunista, traidor, enano, o viceversa.

    «It should be your care, therefore, and mine, to elevate the minds of our children and exalt their courage; to accelerate and animate their industry and activity; to excite in them an habitual contempt of meanness, abhorrence of injustice and inhumanity, and an ambition to excel in every capacity, faculty, and virtue. If we suffer their minds to grovel and creep in infancy, they will grovel all their lives.» John Adams.

  43. «Los dogmáticos están reñidos con la humildad necesaria para aceptar que las cosas pueden cambiar, empezando por sus propias convicciones y ellos mismos. ¡Dios mío! No me digan que no es sorprendente que la mayor parte del género humano, sumida en un mundo cambiante de géneros, etnias, estaciones, edades y pensamientos, se haya aferrado a unas cuantas ideas básicas de carácter supuestamente permanente. “Lo que te digo siempre fue así y siempre lo será”.»
    [Eduard Punset] http://www.eduardpunset.es/12087/general/aferrados-a-la-eternidad

  44. ¿Es la pedagogía una ciencia?

    «La idea de un método que contenga principios científicos infalibles, inalterables y absolutamente obligatorios que rijan los asuntos científicos entra en dificultades al ser confrontada con los resultados de la investigación histórica.” Para esto, Feyerabend propone un “principio que puede ser defendido bajo cualquier circunstancia y en todas las etapas del desarrollo humano».

    [Paul Feyeraben: Contra el método (1975)]

    Contra el método es una crítica de la lógica del método científico racionalista, apoyada en un estudio detallado de episodios claves de la historia de la ciencia. Concluye que «la investigación histórica contradice que haya un método con principios inalterables, que no existe una regla que no se haya roto, lo que indica que la infracción no es accidental sino necesaria para el avance de la ciencia». En las propias palabras de Paul Feyerabend. Así que…

    ¡¡Menos Popper y más Feyerabend!!

  45. frnaqydigit o frankydigit, eras tú quien nos animabas a participar en un debate que calificabas de apasionante y cuando, como en mi caso, me empleo a fondo, resulta que lo único que se te ocurren son citas de autoridad. No se pueden cambiar las reglas de juego a mitad de partido y pretender que ahora el debate es entre Popper y Feyereband o el mismo Punset, porque aunque la verdad sea muy polisémica, como tú dices, ese significado no lo admite.

  46. ¿Es la pedagogía una ciencia?

    «Contra el método» es una crítica de la lógica del método científico racionalista, apoyada en un estudio detallado de episodios claves de la historia de la ciencia. Concluye que la investigación histórica contradice que haya un método con principios inalterables, que no existe una regla que no se haya roto, lo que indica que la infracción no es accidental sino necesaria para el avance de la ciencia. En las propias palabras de Feyerabend: “La idea de un método que contenga principios científicos infalibles, inalterables y absolutamente obligatorios que rijan los asuntos científicos entra en dificultades al ser confrontada con los resultados de la investigación histórica.” Para esto, Feyerabend propone un “principio que puede ser defendido bajo cualquier circunstancia y en todas las etapas del desarrollo humano. Me refiero al principio «todo vale».”

    [Paul Feyeraben: Contra el método (1975)]

    Así que… ¡¡Menos Popper y más Feyerabend!!

  47. ¡Atención! Tengo 2 preguntas para Emilio, Emilio Díaz, o «The author missing» (el autor desaparecido).

    Después de todo lo dicho hasta ahora (mal o bien debatido) continuáis pensando…

    1) ¿»Para que una escuela funcione, el profesor ha de mandar y los alumnos han de obedecer”?

    2)¿La pedagogía no es una ciencia?

    Me surge una gran duda: ¿Quién será capaz de responder primero…? ¿Emilio (a secas)? ¿Emilio Díaz? ¿o «The author missing»?

    «¡No seas ingenuo, frankydigit! ¿No da lo mismo…?», seguro que diría… ¿ Karl Popper o quizá Paul Feyerabend?

    A quien responda primero, y además acierte (si Popper o Feyerabend), le regalo un tratado pedagógico sobre «Constructivismo y Aprendizaje Significativo». Canjeable, no obstante, por «Les enfants du Capitaine Grant» de Jules Verne, si todavía persiste el odio a la pedagogía. También podría ofrecer un «puesto de cacahuetes», una opción barajada por «The author missing» en su «rancio y carca» artículo objeto de este apasionante debate, como algunos participantes lo hemos calificado, pedagógicamente hablando ¡Claro está!.

  48. ¡Cuánto estragos provoca la posmodernidad!¡si la verdad deja de interesar qué puede ser que merezca la pena!

  49. Dice Mario Bunge: «Pero el constructivismo pedagógico no sólo es falso. También es perjudicial a causa de que niega la verdad objetiva, elimina la crítica y el debate y hace prescindibles a los docentes. ¿Es posible que haya docentes que sostengan que los adolescentes normales pueden redescubrir (o, mejor dicho, reinventar) por sí mismos el cálculo o la teoría de la evolución? ¿Hay algún académico que pueda afirmar que jamás se ha de contradecir a los demás porque no hay tal cosa como la verdad». A la caza de la realidad, pág. 129

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