Neurofilosofía, Tercera Cultura
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Alucinando en el laboratorio: Experiencias fuera del cuerpo desde la neurociencia

Ilusión de la mano de goma

Dentro del laboratorio de Henrik Ehrsson en el instituto Karolinksa de Estocolmo, el ilusionismo y la magia parecen mezclarse con la neurociencia.

Ehrsson y su equipo están interesados en responder a preguntas que han preocupado a los filósofos y los científicos desde hace siglos: ¿Qué relación hay entre el cuerpo y el yo? ¿Cómo reconocemos que nuestros miembros son partes de nuestro propio cuerpo? ¿Cómo sentimos que nuestro yo está localizado dentro de nuestro cuerpo?

Resolver estas cuestiones de una forma no especulativa es importante, porque algo tan intuitivo como el sentimiento de que el cuerpo nos pertenece es también un ladrillo básico de la autoconciencia, uno de los rasgos cruciales de la especie humana (pero probablemente no único de ella), y quizás uno de los fenómenos más desconcertantes del universo.

La neurociencia, y concretamente el trabajo de Ehrsson, vuelve a poner en entredicho dos ideas de fuerte atractivo natural e importante arraigo tradicional: 1) La idea de que las experiencias fuera del cuerpo son fenómenos no naturales, y 2) la idea de que la cosa mental es distinta (y separable) de la cosa física.

Los neurocientíficos ya han aportado algunas explicaciones neurobiológicas sobre el tipo de fenómenos asociados con las experiencias llamadas “cercanas a la muerte”, incluyendo vivencias extracorpóreas a las que en ocasiones se ha dado una interpretación acusadamente mística o religiosa.

Pero las relaciones anómalas del “yo” con el cuerpo pueden darse, y se dan de hecho, en contextos mucho más prosaicos. Sabemos, por ejemplo, que las personas con lesiones en los lóbulos frontales y parietales en ocasiones no son capaces de reconocer que sus órganos paralizados les pertenecen.

El sentimiento común de que el cuerpo nos pertenece es en definitivas cuentas un estado del cerebro neurológicamente sano. Es una contingencia sensible al entorno y susceptible de ser fuertemente alterada, tanto de forma natural como experimental.

Recientemente, el sentido de propiedad del propio cuerpo se ha convertido en un tema estrella de la neurociencia cognitiva, como muestran los experimentos que tratan sobre la “ilusión de mano de goma”, en la cual se induce a los sujetos el falso sentimiento de que un objeto externo es un miembro de su propio cuerpo.

El sentimiento del propio cuerpo que está en la base de estas experiencias podría depender de lo que los neurocientíficos llaman “integración multisensorial” [PDF] en la que intervienen el sentido de la vista, el tacto y la propiocepción. Esta percepción tan detallada del propio cuerpo es un fenómeno muy complejo, que empieza en los tendones y en las articulaciones, en los músculos y en la piel, y termina en los lóbulos temporales, parietales y frontales.

Imágenes de resonancia magnética funcional han logrado identificar áreas en la corteza premotora y la corteza intraparietal que responden a estimulación visual y táctil en relación a partes específicas del cuerpo, como si el cerebro guardara una especie de mapa virtual del cuerpo.

Mediante la utilización de un sistema de cámaras y unas reglas que siguen el mismo modelo de la ilusión de mano de goma, en el laboratorio de Ehrsson es posible convencer a la gente (aunque no a todos por igual) de que encarnan cuerpos de otras personas, de que poseen un tercer brazo o de que su cuerpo ha sido reducido al tamaño de una muñeca. Algunas de estas ilusiones han sido experimentadas personalmente por el distinguido blogger científico Ed Yong, que ha narrado sus impresiones en Nature.

Aunque el trabajo de Ehrsson puede plasmarse en algunos desarrollos prácticos, como la fabricación de mejores miembros artificiales, y quién sabe si será capaz de ayudarnos a manejar cuerpos virtuales de una forma no tan dispar a la que aparece en el film Avatar de James Cameron, sus implicaciones son también claramente filosóficas, al aportar una dificultad más a las certezas cartesianas sobre la intuitiva propiedad de nuestros cuerpos y poner realmente contra las cuerdas la idea de que existe un alma inmaterial:

Ocasionalmente (Ehrsson) recibe cartas de gente irritada que también ha tenido experiencias fuera del cuerpo. “Creen que sus almas han dejado sus cuerpos, y se sienten amenazados porque una expriencia similar haya sido inducida en un laboratorio.” Ofrece una respuesta diplomática, al decir que “no existe ningún modo de probar que esas ideas no son correctas”. Metzinger (un filósofo que conoce el trabajo de Ehrsson) es más directo. “El trabajo de Henrik nos dice que no hay una cosa llamada alma o un yo independiente del cerebro.”

3 Comentarios

  1. Alfredo says

    A mi me parece fascinante la cuestión de las «cosquillas». Parece que el hecho de que no podamos causarnoslas a nosotros mismos tiene que ver con estos fenómenos Prueba usted a hacerse cosquillas en las plantas de los pies. Verá que no es posible.

  2. Interesante artículo, mas simplemente nos indica que el sistema propioceptivo «puede ser engañado» (ilusión)… No significa, por el contrario, que las implicaciones filosóficas que se suponen en el artículo sean evidentes. Saludos:
    Alejandro Álvarez

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