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Publicado por el 25 dic, 2011 en Tercera Cultura | 0 comentarios

Aceitunas

Autor: Félix Ares/Asesor científico de eureka!

Probablemente los egipcios inventaron cómo convertir la fruta del olivo en algo comestible

AceitunasMi suegro tenía unos pocos olivos; con las aceitunas que recogíamos íbamos a la almazara y nos daban unos litros de un aceite estupendo. El aceite era muy bueno, pero alguna vez se me ocurrió la mala idea de coger una de las aceitunas del árbol y tratar de comerla. Era tremendamente amarga y muy dura. Pensé que es que no estaba madura, y dejé pasar unas semanas tras las cuales las aceitunas estaban igual de malas. Por mucho que esperara siempre eran unas frutas horribles.

Desde entonces, siempre me ha intrigado cómo fue que a alguien se le ocurrió coger aquella fruta tan mala y preparar un sistema de hacerla comestible y realmente apetecible. Casi todos los países mediterráneos tienen alguna leyenda sobre quién trajo el olivo y las olivas a los humanos, para los egipcios del 4 000 antes de nuestra era fue la diosa Isis, la mujer-hermana de Osiris, quien nos las trajo. La mitología griega nos dice que para nombrar a la deidad protectora de lo que después sería Atenas, hicieron un concurso en el que participaron el dios Poseidón y la diosa Atenea. Poseidón dio un golpe con el tridente y salió una fuente. Atenea ofreció el olivo. Muy pronto se dieron cuenta de que la fuente de Poseidón era salada y que no servía para beber. Así que los griegos decidieron nombrar a Atenea como diosa protectora de la ciudad que desde entonces se llamó Atenas en su honor.

Recientemente he leído un interesante libro que se titula «Salt, a world history» de Mark Kurlansky, en el que defiende que la tecnología para hacer las aceitunas comestibles se la debemos a los egipcios. El mal sabor de las mismas se debe a que tiene glúcidos amargos, únicos de estos árboles, que se conocen como oleuropeína. Para eliminarlo se recogían las aceitunas todavía verdes de los árboles, se las partía parcialmente para que los líquidos pudieran actuar por dentro del fruto y se sumergían en agua;  para quitarle la dureza se mantenían en salmuera. De ese modo nacieron las excelentes y apetecibles aceitunas.

Probablemente las aceitunas egipcias tenían poco contenido de aceite, lo que las hace ideales para fabricar frutos comestibles aunque no para obtener aceite.  Una costumbre egipcia era que en las tumbas se incluían vasijas con alimentos para que el muerto las llevara como ofrendas al «más allá». Entre las dotaciones habituales de antiguas tumbas egipcias se encontraban dátiles, higos, judías, vino y aceitunas que el faraón debía entregar como ofrenda a los dioses. Aceitunas: comida de dioses.

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Publicado por el 21 dic, 2011 en Divulgación Científica, General, Tercera Cultura | 5 comentarios

¿Por qué jugamos a la lotería?

Décimo de la "lotería nacional"

Mañana se sortea “el gordo” de Navidad, uno de los juegos de azar con mayor participación del mundo, que en España se celebra desde que Carlos III introdujo por primera vez esta tradición de origen napolitano, allá por 1763.

¿Pero cuál es la probabilidad real de que nos toque? En el digital de Muy Interesante publican los cálculos: Aunque cada número tienen una probabilidad del 15,69% de recibir algún premio, la probabilidad de que nos toque “el gordo” con un sólo décimo es realmente remotísima: ¡un 0,001%!

La razón por la que participamos probablemente radica en la naturaleza profunda de nuestra cognición: los seres humanos no son “agentes racionales”, los seres humanos están locos. Para expresarlo a la manera de Daniel Kahneman, la decisión de participar en la lotería depende más del “sistema 1” (intuitivo, automático e irreflexivo) que del lento pensamiento estadístico, bayesiano y reflexivo.

En concreto, la decisión de jugar está particularmente favorecida por lo que técnicamente se llama “sesgo de disponibilidad“. Este sesgo implica que, en especial en condiciones de incertidumbre, tendemos a tomar decisiones que no están basadas en la deliberación racional, sino en aquello que se encuentra más fácilmente en nuestra memoria asociativa. En el caso de la lotería navideña, las imágenes televisadas de quienes son agraciados año tras año ayudan a construir una irresistible memoria emocional. Las imágenes emocionales cuentan más que el hecho de que los agraciados con el gordo sean una cantidad estadística despreciable.

Por supuesto, hay también otras razones por las que jugamos a la lotería, como el hecho de que el evento se haya convertido en un hábito colectivo, o que fomente la solidaridad entre familares y amigos que comparten la misma ilusión cognitiva, pero la naturaleza sesgada de nuestra psicología sin duda es el motivo básico.

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Publicado por el 20 dic, 2011 en Tercera Cultura | 0 comentarios

Preguntas Frecuentes – The Better Angels of Our Nature

Preguntas Frecuentes – The Better Angels of Our Nature

Por Steven Pinker. (Original en ingles).

Traducción: Verónica Puertollano

The Better Angels of Our Nature¿Cómo define «violencia»?
No lo hago. Empleo el término en su sentido estándar, más o menos el que se encontraría en un diccionario (como el American Heritage Dictionary en su quinta edición: «Conducta o trato en el que se ejerce la fuerza física con el propósito de causar daños o lesiones»). En particular, me centro en la violencia contra seres sensibles: homicidio, asalto, violación, robo y secuestro, sean cometidos por individuos, grupos o instituciones. La violencia de las instituciones incluye naturalmente la guerra, el genocidio, el castigo físico y la pena capital, y las hambrunas deliberadas.

¿Qué hay de la violencia metafórica, como la agresión verbal?
No, la violencia física es un tema suficientemente grande para un libro (como deja claro la extensión de Better Angels). Igual que un libro sobre el cáncer no necesita tener un capítulo sobre el cáncer metafórico, un libro sólido sobre la violencia no puede mezclar el genocidio con los comentarios sarcásticos como si fueran un solo fenómeno.

¿No es la desigualdad económica una forma de violencia?
No; el hecho de que Bill Gates tenga una casa más grande que yo puede ser deplorable, pero mezclarlo con la violación y el genocidio es confundir la moralización con la comprensión. Ídem para los trabajadores mal pagados, las tradiciones culturales degradantes, la contaminación del ecosistema y otras prácticas que los moralistas quieren estigmatizar extendiendo metafóricamente a ellas el término violencia. No es que estas cosas no sean malas, es que no puedes escribir un libro sólido sobre el tema «cosas malas».
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Publicado por el 19 dic, 2011 en Tercera Cultura | 34 comentarios

¿Cuántos contra cuántos ?

autor: Antón Uriarte en http://antonuriarte.blogspot.com
Antón UriarteSalgo tres minutillos en un programa de la televisión vasca. Es el último capítulo de una serie titulada “Escépticos”. Los anteriores han sido dedicados a desmitificar la homeopatía, las antenas de telecomunicación y sus efectos cancerígenos, el espiritismo, los sanadores, etc. pero en este capítulo, dedicado al cambio climático, es al revés, se hace una defensa algoreniana del asunto y sólo se otorga a un escéptico (yo mismo, vuestro humilde servidor) tres minutillos. También sale Rajoy unos segundos, al que procuran ridiculizar, cuando dijo lo de que no creía que se podía saber ahora el tiempo que va a hacer dentro de 300 años (qué herejía ! claro que se puede !).

Le envío por email el trocito en el que salgo yo a una sobrina, profesora de Derecho Internacional en una Universidad famosa de por aquí. Y me responde:
“Antón, muy bien, ni la temperatura ni el CO2 son maléficos.
Yo no tengo ni idea.
Lo de los latifundios es gracioso y lo de los molinos de Iberdrola.
¿Cuántos contra cuántos sois aproximadamente?
En Derecho internacional hay un grupo enorme con el cambio climático,
hoy mismo, en Huelva. Yo estoy en varios proyectos, del MICIN, de la Comisión Europea, del GV… necesitamos dinero y nos inventamos unos proyectos que les gusten, claro que sí. “
Claro que sí.

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Publicado por el 17 dic, 2011 en Tercera Cultura | 1 comentario

Hitchens, por Valdeón Blanco

por Julio Valdeón Blanco en  El Mundo por dentro y por fuera de Arcadi Espada

Christopher HitchensEl insomnio tiene estas contraindicaciones. Estás leyendo a las dos de la mañana el periódico, te quedan dos pitillos, y te encuentras con que ha muerto Christopher Hitchens. Para teclear sobre el gran Hitch parece imprescindible un paquete de cigarrillos y un whisky. Échenle la culpa a los escasos pitillos y al vaso de agua que tengo a mi vera la impostura, la insoportable trivialidad, la asquerosa emoción que me embarga y otros penosos lastres, acaso aliviados por la intuición de que será difícil teclear con el brillo que su obra, y su ejemplo, merecen.

Capitán de una forma de actuar que tiene mucho de vértigo intelectual y honestidad sin chaleco antibabas, escribió a quemarropa. Fustigó sotanas, coranes y premios Nobel. Afeó a los popes de la izquierda estadounidense su obscena tiritona en el caso Rushdie. Fue vilipendiado (¡traidor!), por quienes no hacen sino carbonizar a diario los principios ilustrados. A menudo disparaba contra los que sólo cuestionan al adversario, al otro, al que consideran inferior según unos parámetros meramente solipsistas: bien sabía que para diseccionar la realidad lo mejor es comenzar por uno mismo. Por tus necrosis y demás callos intelectuales.

Explicar, por ejemplo, que era muy curioso observar cómo Occidente financia observatorios contra la violencia (ejem) machista, mientras disculpa, en nombre de la diversidad, a quienes sajan clítoris, cortan manos, filetean homosexuales o lapidan adúlteras. Cuando los exquisitos arrugaban su multicultural nariz, a finales de los ochenta, él levantó acta, avisando del incendio  islamofascista. Por respeto a sí mismo y porque necesitas ser muy canalla, o estar muy colocado, de ferreas convicciones y otros opiáceos, para no rebelarte contra unas teocracias que en la mejor de las hipótesis no pasaron del medievo.

Nació en Portsmouth, Inglaterra, en 1949. Hijo de un oficial de la marina, estudió en Cambridge y Oxford. Allí, igual que tantos antes, practicó el exquisito juego de la diurna indignación solidaria y el nocturno, dialéctico intercambio de alcoholes y otros fluidos. Su trayectoria resume a una generación que pasó del maoísmo al troskismo y al fin alcanzó con Marx, partiendo de la nada, la más absoluta de las miserias. A diferencia de muchos de sus correligionarios, dopados de ideas fosilizadas, recompuso los pedazos rotos. Ante todo fue periodista. Notario. Convencido de que la verdad existe, de que no se trata de un ectoplasma o un subjetivo chalaneo. En Chipre, Argentina, la España de entonces, Irán o Corea del Norte afiló a hostia limpia la máquina de escribir.

Tampoco renunció al materialismo, no crean, sino que supo adaptarlo y adaptarse para reconocer, al mismo tiempo, que prefería la peor de las opciones políticas en una democracia como la de EEUU que cualquier reino de iluminados ayatolás, tocando y cortando pirolas a ritmo de siniestro total.Lo recordarán hoy por sus estocadas contra la religión (Dios no es bueno), eterno combustible de variados totalitarismos. Conviene no perderse tampoco sus textos autobiográficos, sus reflexiones respecto a Kissinger (Juicio a Kissinger) o la Madre Teresa de Calcuta (The missionary position: Mother Teresa in theory and practice), sus Cartas a un joven disidente, su reivindicación de Orwell o Thomas Jefferson, sus columnas para Vanity Fair… Todo Hitchens es poco cuando comiste su venenoso fruto. Hay que leerlo. Y releerlo. Y relamerse. Aunque sea por el placer masoca de comprobar que tus neuronas vuelven a rular, doloridas pero cachondas ante la radiación de un pensamiento irónico, trágico, y vehemente, crudo y liberador, felices ellas de que después de tantos y tan desconsiderados años las ejercites.

Algunos se preguntaban si en el lecho de muerte no alcanzaría la metástasis para hincarlo de rodillas y hacerle rezar. No sucedió, claro. La vana certidumbre del paraíso, rojo o alado, celestial u obrero, casaba mal con un intelecto que disfrutaba mejores pasatiempos. Qué tal, por ejemplo, desventrar tópicos. Defender la democracia y sus frágiles mecanos de tanto relativista suelto. Enloquecer a los ultras de múltiple laya. O fumarse la vida, trago a trago, hasta la empuñadura.

Julio Valdeón Blanco.

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