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Publicado por el 21 ene, 2012 en Tercera Cultura | 0 comentarios

La verdad y la elegancia

autor: Arcadi Espada en El Mundo por dentro y por fuera
Voy leyendo las respuestas anuales de Edge. Pero no creo que haya ninguna tan sabiamente impugnadora como la de Rich Harris.

«La belleza es verdad y la verdad belleza», dijo John Keats. ¿Pero qué sabía él? Keats era poeta, no científico.

En el mundo que habitan los científicos, la verdad no siempre es bella o elegante, aunque pueda ser profunda. De hecho, tengo la impresión de que a mayor profundidad en la explicación, menor probabilidad de que sea bella o elegante.

Hace algunos años, el psicólogo B. F. Skinner propuso una explicación elegante de “la conducta de los organismos”, basada en la idea de que recompensar una respuesta —él lo llamaba refuerzo— elevaba la probabilidad de que se volviera a producir la misma respuesta en el futuro. La teoría falló, no porque fuera falsa (el refuerzo sí eleva por lo general la probabilidad de una respuesta), sino porque era demasiado sencilla. Ignoraba los componentes innatos de la conducta. No podía manejar siquiera toda la conducta aprendida. Gran parte de la conducta se adquiere o se moldea por la experiencia, pero no necesariamente a través del refuerzo. Los organismos aprenden diferentes cosas de distintas maneras.

La verdad y la eleganciaLa teoría de la mente modular es otra forma de explicar la conducta —en particular, la conducta humana—. La idea es que la mente humana está hecha de una serie de componentes especializados, llamados a menudo módulos, que trabajan de manera más o menos independiente. Estos módulos recogen diferentes tipos de información del entorno y la procesan de distintas maneras. Emiten diversas órdenes —órdenes en conflicto, a veces—. No es una teoría elegante; al contrario, es la clase de cosa que haría a Occam sacar inmediatamente su navaja. Pero no deberíamos juzgar las teorías pidiéndoles que compitan en un concurso de belleza. Deberíamos pedirles si pueden explicar más, o mejor, la realidad de lo que fueron capaces las teorías previas.

La teoría modular puede explicar, por ejemplo, el curioso efecto de los daños cerebrales. Algunas capacidades pueden perderse mientras que otras pueden salvarse, difiriendo los patrones de un paciente a otro. Más concretamente, la teoría modular puede explicar algunos de los misterios de la vida diaria. Por ejemplo el conflicto entre grupos. Los Montesco y los Capuleto se odiaban entre ellos, sin embargo Romeo (un Montesco) se enamoró de Julieta (una Capuleto). ¿Cómo puedes amar a un miembro de un grupo, y sin embargo seguir odiando a ese grupo? La respuesta es que están involucrados dos módulos mentales separados. Uno trata con la grupalidad (identificación con el grupo de pertenencia y la hostilidad hacia otros grupos), y el otro se especializa en las relaciones personales. Ambos módulos recogen información sobre la gente, pero hacen diferentes cosas con los datos. El módulo de la grupalidad traza líneas de categorías y computa las medias dentro de las categorías; el resultado se llama estereotipo. El módulo de las relaciones recoge y almacena información detallada sobre individuos específicos. Siente placer recogiendo esta información, por eso es por lo que nos encanta cotillear, leer novelas y biografías, y ver a los candidatos políticos desatados en nuestras pantallas de televisión. Nadie tiene que darnos comida o dinero para hacer estas cosas, ni siquiera darnos una palmadita en la espalda, porque recoger esos datos es la propia recompensa.

La teoría de la mente modular no es bella ni elegante. Pero sin ser poetisa, valoro la verdad por encima de la belleza.»

Las palabras de Harris concuerdan con la experiencia darwinista. Por ejemplo, con lo que explica David Linden en El cerebro accidental. Si estuviera diseñado ese cerebro sería una bella pieza de orfebrería. Como no ha sido así, es lo que es: una agregación de cosas inútiles, de rodeos inexplicables, de soluciones chapuzas. Algo similar sucede entre la faction y la fiction. En el relato de la vida la elegancia siempre es una impostación. Una forma de marketing. Puede practicarse. A condición de no creérsela. Ese periodismo patético que cuadra los círculos.

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Publicado por el 19 ene, 2012 en Tercera Cultura | 1 comentario

¿Cuál es tu explicación profunda, elegante y bella preferida?

autor: Arcadi Espada en El Mundo por dentro y por fuera

Pinker redactó la pregunta y esta fue su respuesta.

¿Cuál es tu explicación profunda, elegante y bella preferida?«La vida compleja es producto de la selección natural, impulsada por la competición entre replicadores. El resultado depende de qué replicadores movilicen mejor la energía y los materiales necesarios para copiarse a sí mismos, y de lo rápido que puedan hacer copias que puedan replicarse a su vez. El primer aspecto de la competición podría llamarse supervivencia, metabolismo o esfuerzo somático; el segundo, replicación o esfuerzo reproductivo. La vida en todas las escalas, desde el ARN y el ADN a organismos enteros, implementa prestaciones que ejecutan —e intercambian— estas dos funciones.

Una de las disyuntivas de la vida es si asignar los recursos (energía, alimento, riesgo, tiempo) para sacar tantas crías como sea posible y dejar que se las arreglen por sí mismas, o alcanzar un número menor de descendientes y mejorar las probabilidades de supervivencia y reproducción de cada una de ellas. El continuo representa el grado deinversión paternal que dedica un organismo.

Dado que la inversión paternal es finita, los organismos inversores se enfrentan a una segunda disyuntiva, entre invertir recursos en una determinada descendencia, o conservar estos recursos para invertirlos en sus hermanos existentes o potenciales.

Debido a la diferencia esencial entre los sexos —las hembras producen menos gametos, pero más caros— las hembras de la mayoría de las especies invierten más en la descendencia que los machos, cuya inversión se suele acercar a cero. Las hembras mamíferas en particular han optado por la inversión masiva, empezando con la gestación interna y la lactancia. En algunas especies, incluido el Homo sapiens, los machos pueden invertir, también, pero menos que las hembras.

La selección natural favorece la asignación de recursos no solo de padres a hijos, sino también entre parientes genéticos como los hermanos y los primos. Al igual que un gen que fomenta que un progenitor invierta en sus crías favorecerá una copia de sí mismo, colocada en esas crías, un gen que favorece que un organismo invierta en un hermano o un primo estará sirviendo, durante una parte del tiempo, a una copia de sí mismo, y será seleccionada en proporción a los beneficios concedidos, los costes sufridos, y el grado de parentesco.

Solo he repasado las funciones fundamentales de la vida en la tierra (y posiblemente la vida en todas partes), mencionando de la manera más escueta los hechos contingentes de nuestra propia especie: sólo somos mamíferos con inversión paternal masculina. Añadiré otro: que somos una especie inteligente que aborda los enigmas de la vida no solo con adaptaciones fijadas y seleccionadas a lo largo del tiempo evolutivo, sino también con adaptaciones facultativas (cognición, lenguaje, socialización) que empleamos en nuestras vidas y cuyos productos compartimos a través de la cultura.

A partir de estos profundos principios sobre la naturaleza del proceso evolutivo, se puede deducir muchísimo sobre la vida social de nuestra especie. (El crédito, a quienes corresponde: William Hamilton, George Williams, Robert Trivers, Donald Symons, Richard Alexander, Martin Daly y Margo Wilson.)

—El conflicto es parte de la condición humana. A pesar de los mitos religiosos del Edén, las románticas imágenes de los buenos salvajes, los sueños utópicos de la perfecta armonía, y de pegajosas metáforas como apego, lazos afectivos, y cohesión, la vida humana nunca está libre de fricciones. Todas las sociedades tienen un cierto grado de prestigio y estatus diferencial, desigualdad de poder y riqueza, castigo, regulaciones sexuales, celos sexuales, hostilidad a otros grupos, y conflictos dentro del grupo, incluida la violencia, la violación y el homicidio. Nuestras obsesiones cognitivas y morales llevan un seguimiento de estos conflictos. Hay pocas tramas en el mundo de la ficción, y son definidas por los adversarios (a menudo asesinos), por las tragedias familiares o el amor, o ambas. En el mundo real, la historia de nuestras vidas son en gran parte historias de conflictos: las heridas, las culpas, y las rivalidades infligidas por nuestros amigos, parientes y competidores.

—El principal refugio de este conflicto es la familia: conjuntos de individuos con un interés evolutivo en que el otro prospere. Así, vemos que las sociedades tradicionales se organizaban en torno al parentesco, y que los líderes políticos, desde los grandes emperadores a los tiranos de poca monta, buscan transferir el poder a su descendencia. Las formas extremas de altruismo, como donar un órgano o hacer un préstamo arriesgado, son generalmente ofrecidas a parientes, ya que son legados de salud y de riqueza, una causa fundamental de la desigualdad económica. El nepotismo amenaza constantemente a las instituciones sociales como las religiones, los gobiernos y las empresas que compiten con los vínculos instintivos de la familia.

——Ni siquiera las familias son un refugio perfecto del conflicto, porque la solidaridad de los genes compartidos debe afrontar la competición por la inversión paternal. Los progenitores tienen que distribuir su inversión entre todos sus hijos, nacidos y por nacer, donde todos los hijos tienen el mismo valor (siendo todo lo demás igual). Pero a la vez que la descendencia tiene interés en el bienestar de sus hermanos, ya que comparte la mitad de sus genes con cada hermano completo, comparte todos sus genes con sí misma, así que tiene un interés desproporcionado en su propio bienestar. El conflicto implícito se manifiesta durante toda la vida: en la depresión post parto, el infanticidio, la ternura, el destete, el malcriamiento, la rivalidad entre hermanos y las luchas por la herencia.

—El sexo no es únicamente un pasatiempo de placer mutuo entre adultos que consienten. Eso es porque la distinta inversión mínima de hombres y mujeres se traduce en diferencias en sus intereses evolutivos últimos. Los hombres, pero no las mujeres, pueden multiplicar sus resultados productivos con múltiples compañeras. Los hombres son más vulnerables que las mujeres a la infidelidad. Las mujeres son más vulnerables que los hombres al abandono. El sexo por tanto tiene lugar a la sombra de la explotación, la ilegitimidad, los celos, la violencia doméstica, los cuernos, el abandono, el hostigamiento y la violación.

—El amor no es todo lo que necesitas, y no es lo que hace el mundo girar. El matrimonio sí ofrece a la pareja la posibilidad teórica de un perfecto solapamiento de intereses genéticos, y de ahí la oportunidad de la felicidad que asociamos con el amor romántico, porque sus destinos genéticos están unidos en el mismo paquete, concretamente sus hijos. Desgraciadamente estos intereses pueden diferir a causa de la infelicidad, los hijastros, los parientes políticos o la diferencia de edad, que son, y no por casualidad, las principales fuentes de conflicto marital.

Nada de esto implica que las personas sean robots controlados por sus genes, que los rasgos complejos estén determinados por genes únicos, que las personas puedan ser moralmente excusadas por pelear, violar o tener aventuras amorosas, que las personas intenten tener tantos hijos como sea posible, o que las personas sean impermeables a las influencias de su cultura (por citar algunas de las malinterpretaciones comunes en las explicaciones evolutivas). Lo que significa es que un gran número de formas recurrentes de conflicto humano cayeron de un pequeño número de rasgos del proceso que hizo posible la vida.»

Y unas cuantas decenas más.

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Publicado por el 16 ene, 2012 en Entrevistas, General, Neurociencia, Tercera Cultura | 5 comentarios

Patricia Churchland: “La neurociencia no tiene la respuesta para problemas sociales difíciles como pensiones o seguridad social”

Teresa Giménez Barbat y Patricia Churchland

Patricia Smith Churchland es una filósofa canadiense y la representante más conocida de la “Neurofilosofía”, “el estudio interdisciplinario de la filosofía y la neurociencia”, junto con su marido Paul Churchland. Su último libro es Brain-trust. What neuroscience tell us about morality. De momento, ninguno de sus libros ha sido traducido al español. Recientemente estuvo en Madrid, donde ofreció una charla sobre creatividad en el contexto de la neurociencia. También tuvo tiempo para conceder esta entrevista a Cultura 3.0:

¿Por qué cree que hay que estudiar el cerebro para entender la filosofía? ¿Cómo puede ayuar la filosofía a la ciencia? ¿Y por qué todavía se resisten algunos filósofos?

Buena pregunta. En primer lugar, necesitamos entender el cerebro para entender cómo es la mente: el aprendizaje, la memoria, la consciencia, la percepción, y la toma de decisiones. Estas son cosas que hacen todos los cerebros. Parte de lo que hemos aprendido de la neurociencia durante los últimos 40 años es que, una vez que tenemos una imagen clara de lo que está ocurriendo a nivel psicológico y neurobiológico en la percepción, o en la toma de decisiones, esto no coincide con lo que piensan normalmente los filósofos. La epistemología es una parte central de la filosofía, tiene que ver con la naturaleza del conocimiento. Y es el cerebro el que piensa cosas, es el cerebro el que recuerda…

Una de las cosas más sorprendentes es que la inteligencia resulta muy sensible a la información, tanto interna como externa, que depende de procesos inconscientes. Una de las cuestiones es saber cómo funcionan los procesos inconscientes y cómo es que terminan produciendo algo tan complejo como el hecho de que sea capaz de reconocer tu cara, de recordar algo que me ha ocurrido durante el vuelo de esta mañana, etc. Si la epistemología realmente trata de la naturaleza del conocimiento, y no parece que existan verdades a priori, que nadie es capaz de explicar, y si la evolución no se las ha podido ingeniar para introducir verdades a priori en nuestros cerebros, entonces comprender cómo llegamos a comprender y recordar, cómo funcionan los diferentes sistemas de memoria (que son distinguibles y separables) es algo que no podemos hacer desde el sofá.

Usted ayudó a crear un laboratorio de “filosofía experimental” en la universidad de California, San Diego. ¿Qué tiene esto en común con el movimiento actual de “filosofía experimental” practicado por filósofos como Joshua Knobe y Shaun Nichols?

Nuestro laboratorio de filosofía experimental empezó hace unos 25 años. En realidad, estábamos interesados en los resultados de los experimentos psicológicos y neurobiológicos y en lo que podrían decirnos sobre la conciencia y sobre cómo representamos el yo, la naturaleza del conocimiento, la memoria, etcétera. Lo que Knobe y Nichols están haciendo realmente es sociolinguística. Lo que quieren saber es por qué emplean las personas determinadas palabras, el tipo de supuestos tienen y qué tipo de inferencias hacen, y esto puede ser algo interesante. Pero nosotros estábamos más centrados en cosas como la percepción y la naturaleza de la toma de decisiones, y en el modo en que los distintos sistemas de memoria podrían interactuar para producir un todo coherente. Lo que realemente estábamos preguntando no es cómo piensan las personas, sino cómo funcionan los cerebros.

¿Qué dice la neurociencia sobre el libre albedrío? ¿Podemos ser realmente responsables sin creer en el libre albedrío?

“Por supuesto que debemos preservar el sistema de la responsabilidad.”

Depende de lo que entiendas por libre albedrío. Si por libre albedrío entiendes que actúas de una forma controlada de modo que eres capaz de reconocer las consecuencias de tus intenciones, entonces, claro que tenemos libre albedrío. Si por libre albedrío entiendes una especie de creación causada desde la nada por un alma no fisica, entonces no, no tenemos una cosa así. Pero no creo que la mayor parte de las personas piensen así. Lo más importante que ha hecho la neurociencia es investigar en gran detalle las diferencias que hay entre un cerebro que parece controlado y un cerebro que perdido el control. En este aspecto hemos aprendido algo acerca de las diferencias que hay entre alguien que es adicto y alguien que no es adicto, alguien que es adicto a la cocaína, por ejemplo.

El tema de la responsabilidad surge en un contexto social y el contexto social tiene que ver básicamente con mantener la paz, es decir, evitar que las personas hagan cosas que podrían resultar dañinas para los demás, y castigiar a aquellas personas que hayan hecho cosas dañinas. En buena medida este es un sistema eficaz, ya que si carecemos de un sistema capaz de determinar la intención, entonces lo que ocurriría es que la sociedad se volvería loca. Si decides abrir las puertas de las cárceles y liberar a todo el mundo, entonces las personas se tomarán la justicia por sus propias manos. En consecuencia, por supuesto que tenemos que preservar el sistema de la responsabilidad y tenemos que hacerlo del modo más juicioso posible. Además, creo que en general la mayoría de las juridiscicciones que poseen un sistema de justicia criminal lo hacen bastante bien.

Algunos filósofos no están de acuerdo con el reduccionismo fisicalista y hablan incluso de “fundamentalismo del cerebro”. ¿Cómo concibe la neurofilosofía el problema del reduccionismo y el fisicalismo?

Depende de qué entiendas por reducción. Algunas personas entienden que si reducimos A a B, eso significa que A no es real. Esto es una estupidez. Lo que queremos decir por reducción es que A es un fenómeno de cierto nivel de organización. Reducirlo significa simplemente que encontramos una explicación a un nivel más bajo. Las propiedades químicas del agua pueden explicar las propiedades del agua en términos de oxígeno e hidrógeno y el modo en que funciona el sistema al completo. Cuando hablamos sobre reducción, por ejemplo, cuando hablamos sobre reducir la conciencia a procesos del cerebro, lo que queremos decir es simplemente que la conciencia es un fenónmeno, un fenómeno real que se correlaciona con actividades del cerebro.

“Nunca hemos dicho que la consciencia no existe. La consciencia es un fenómeno real.”

A largo plazo, es razonable predecir que seremos capaces de explicar estos problemas en términos de redes de neuronas y cómo interactúan. Ahora bien, ya que hablabas antes de la resistencia de muchos filósofos a la neurofilosofía; muchos filósofos están resistiéndose de un modo realmente desafortunado, esto es, distorsionando nuestra posición para que parezca ridícula. Esta no es una manera muy  buena de sugerir un punto de vista alternativo sobre la naturaleza de la mente. Los Churchland no pensamos que no exista la conciencia. Nunca hemos dicho que la consciencia no exista. De hecho, creemos que la consciencia es real y que probablemente se trata de una mezcla de distintos fenómenos. A largo plazo, haremos progresos en la explicación de las bases neurobiológicas de la conciencia sensorio perceptiva.

Algunos filósofos se sienten amenazados ante la idea de que, tal vez, tengan que saber algo. Desafortunadamente la consciencia es un sistema biológico que no se puede descomponer. No puedes explicar la esquizofrenia descomponiéndola. No puedes explicar las diferencias entre dormir y estar despierto descomponiendo sus elementos. Ahí se da un fenómeno real. Si no le prestas atención, perfecto, pero no digas que tienes una “aproximación” diferente que es a priori y mejor.

¿La llamada “falacia naturalista” es realmente una falacia?

Sería estúpido decir algo como que, dado que en términos generales los hombres son más grandes que las mujeres, entonces las mujeres deberían subordinarse a los hombres. Esto no sería una buena idea. No tienes que pasar necesariamente de lo que es a lo que debe ser. Por otra parte, está claro que el cerebro de los mamíferos está organizado de tal modo que el cuidado de los hijos y otros miembros del grupo resulta ser un valor fundamental. Podríamos decir, ¿pero realmente debemos cuidarlos? Bueno, no. Pero tu cerebro está organizado de tal modo que es problemático no hacerlo. Debes hacerlo. Es el caso que valoramos estas cosas y, en consecuencia, las debemos hacer.

Pero el problema…es interesante que los filósofos se hayan resistido a la neurofilosofía, como decías antes. Creo que las nuevas generaciones reconocen que la filosofía analítica de los últimos 40 años está cambiando. No quieren pasar su tiempo trabajando en problemas que no van a ningún sitio.

¿Qué significa la expresión “valores basados en el cerebro”? Desde una perspectiva neurobiológica y neurocientífica, ¿Qué hace que unas teorías morales sean más plausibles que otras?

El cableado del cerebro de los mamíferos hace que el cuidado de los niños sea un poderoso incentivo, especialmente para las hembras (pero también para otros machos animales). Por ejemplo, tener comunas donde dejas a tus hijos lejos de los padres y son criados en común, probablemente es una buena idea. Probablemente esto es bueno para los niños y para los padres. Este podría ser un ejemplo. Pero no pasa lo mismo con muchos otros problemas, nuestros problemas morales serios, como los impuestos por herencias. Antes hablábamos sobre la muerte y varios problemas sanitarios serios como las pensiones y la seguridad social. Estos son problemas realmente difíciles y la neuroencia no te va a dar la respuesta. Al final, las personas tendrán que reunirse y decir lo que piensan hacer, porque pensamos en definitivas cuentas que esto tiene más valor que esto otro. Tendremos que negociar. Algunos como Sam Harris sugieren, o parecen sugerir, que la neurociencia nos dirá cómo resolver estos problemas morales. Desearía que así fuera. Pero no lo creo.

¿Puede ayudar la neuroética a desarrollar una ética universal? ¿Estás de acuerdo en que el desafío moral más importante hoy en día es descubrir modos más eficientes de extender las obligaciones entre los parientes cercanos y los camaradas étnicos hacia todos los individuos y los grupos, haciendo que las relaciones genéticas cada vez sean menos reconocibles?

No lo sé. Es algo sobre lo que he pensado mucho. No creo que la neurociencia esté particularmente bien situada para hacer algo a este respecto. Creo que Steve Pinker en su libro más reciente sostiene el argumento general de que ciertos tipos de instituciones son más propensas para fomentar ese tipo de comportamiento, pero sigue siendo un asunto difícil, porque las personas se preocupan más por aquellas a las que están unidas y conocen que por aquellas que no conocen. Cómo podemos superar esto, y qué precio hay que pagar para hacerlo, no lo sé.

En realidad, creo que la biología puede servirnos para verlo de este modo: los padres aman tanto a sus hijos que están dispuestos a hacer casi cualquier cosa por ellos, más de lo que estarían dispuestos a hacer por cualquier niño de cualquier otra parte del planeta. Si niego el cuidado a mis propios hijos a favor de 20 niños al otro lado del planeta, la mayoría de las personas pensarán que esto es moralmente inaceptable. Y creo que esto es correcto. Esto nos dice algo sobre un valor que es fundamental en los mamíferos, en los mamíferos homo, es decir, el hecho de que tenemos un fuerte apego a los niños y los parientes. Pero a veces tenemos que superarlo. Y lo hacemos en cosas como nombrar a personas para posiciones independientemente de que sean nuestros hermanos. Intentamos organizar nuestras instituciones de forma que esto no suceda. Una de las cosas buenas de librarse de los reyes es que no tenemos ya toda esa línea familiar de reyes, de tíos y hermanos, y demás parentela…

Teresa Giménez Barbat y Eduardo Zugasti

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Publicado por el 15 ene, 2012 en Tercera Cultura | 3 comentarios

¿Por qué importa Hitchens?

Por Bruno H. Piché en Letras Libres

Christopher HitchensChristopher Hitchens (1949-2011) escribió un breve y bello libro, Why Orwell Matters?, cuyo efecto fue potentísimo: luego del injusto olvido, puso al autor de Homage to Catalonia y a quien fuera uno de los ensayistas más prolíficos, brutalmente brillantes e inteligentes de la lengua inglesa, en circulación. Gracias a Hitchens, los libros misceláneos, las antologías, la obra, pues, de un escritor valiente si los hay, reaparecieron en las librerías. ¿Por qué importa Hitchens? ¿Por qué importa Christopher Hitchens, ahora más que nunca, después de haber partido a ninguna parte, después de dejar de ser?

La pregunta no puede ser a la vez más pertinente y  conmovedora a la hora de su muerte.

Todavía recuerdo el goce intelectual que le causó a mi querido amigo, el poeta Julio Trujillo cuando me regresó el ejemplar deUnacknowledged Legislation que le había prestado días antes. “Me sacudió el cacumen”, confesó el poeta. Como todos los libros de Hitchens, éste no es menos duro e inteligente en la crítica que hace por ejemplo a sir Isaiah Berlin, quien aparece en un ensayo titulado, precisamente, “Goodbye to Berlin”, como un vil mandarín, responsable de que se le negara a Isaac Deutscher una modesta cátedra, o bien como un ambiguo pero siempre presente asesor de los hermanos McGeorge y William Bundy, dos de los principales estrategas de la guerra de Vietnam. Y no se diga de T. S. Eliot, cuyo vergonzoso anti-semitismo es implacablemente diseccionado por Hitchens.

Menciono a estas figuras, “escritores en la esfera pública”, porque los casos de la Madre Teresa, Henry Kissinger, Mel Gibson y Michael Moore y el mismísimo dios todo poderoso, fueron, en ejemplares y aleccionadoras polémicas, sus contendientes más celebres.

He perdido ya la cuenta de las veces que he regalado Letters to a Young Contrarian; en distintas ediciones, hardcover, de bolsillo, en español, en inglés, la última de ellas a alguien a quien me gustaría volver a ver una mañana con cielos despejados como azules promesas de amistad. He llegado incluso al extremo de quedarme sin un ejemplar para mi biblioteca, lo cual en mi caso equivale casi a perder la vista, el tacto, el olfato, los sentidos que sirven lo mismo para afilar los argumentos en  una disputa por una causa digna,  que para orientarse en medio de la mierda de sofistas y cobardes que disfrazan sus fobias y odios en esas palabrejas justificadoras de cualquier imbecilidad y que ya empiezan a escucharse entre nuestros opinadores profesionales, “the narrative”, “the discourse”.

¿Por qué importa, pues, Hitchens? Porque enseña a contrariar, y de paso a salvarte —juro que no exagero— la vida.

Me refiero a la vida más allá de la vida, a tratar todas las certidumbres como lo que son, meras fabricaciones que en los buenos y malos ratos, entre valientes y asesinos por igual, llamamos ilusiones.

Importa Hitchens porque su lectura enseña, tal cual, a aceptar lo irreparable y contradictorio en las opiniones de los otros y de uno mismo.

Importa Hitchens porque busca enseñar a vivir en plena libertad; ya sea bajo el yugo de un régimen político impresentable, corrupto y asesino; ya sea bajo las tradiciones, costumbres y lugares comunes de la cotidianeidad que solamente encubren sutiles y obtusas formas de control social, familiar o individual. No olvido su frase proveniente de sus memorias, Hitch 22: “No es cierto que jamás debas beber solo. Esos pueden ser los tragos más felices que trasegarás en tu vida”.

Importa Hitchens porque algunos entre nosotros lo vamos a extrañar como ya se extraña beber whiskey blended —sí, blended, no esos perfumados single malts para narices respingadas —como a él le gustaba: de buen humor, entre amigos, en conversaciones y discusiones ruidosas.

Importa Hitchens porque, a la par de Montaigne, enseña a morir. Y a morir dignamente.

Importas Hitch querido porque vas a hacer falta. “Empaquen la luna y desmantelen el sol”. Buen viaje y hasta pronto, amigo.

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Publicado por el 12 ene, 2012 en Tercera Cultura | 1 comentario

El deporte, nuestra ciencia

El deporte, nuestra ciencia

autor Arcadi Espada en Diarios de Arcadi Espada

Arcadi EspadaUna de las escisiones contemporáneas más características es la de ciencia y cultura, es decir, la consideración de que la cultura es estrictamente humanística. Así, pasa por inculto el que no distingue los tres órdenes clásicos de la arquitectura pero no el que ignora la segunda ley de la termodinámica. Las implicaciones de este punto de vista son inabordables. Destacan la instalación de la cultura en una región del espíritu, celeste y secundaria, y el entendimiento de la ciencia como mera tecnología productiva. Un reflejo burocrático de este punto de vista es la organización de la ciencia y la cultura en el nuevo Gobierno español: a la consabida escisión se le añaden perfiles lacerantes. El primero, y más obvio, es que el deporte tenga rasgo ministerial y no lo tenga la ciencia. El segundo es que la ciencia se desvincule de la educación y, por supuesto, de la cultura, para recalar en el Ministerio de Economía y Competitividad; al precio, además, de quedar convertida en una secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, tres palabras que cuando quieren decir algo dicen lo mismo.

Yo tengo una gran confianza en el nuevo Gobierno español, pero a cambio de que obedezca. Es decir, a cambio de que destierre la españolada. De ahí que me parezcan buenas noticias que Bruselas haya subido mis impuestos y Estados Unidos reglamente mi propiedad intelectual. Hace mucho que quiero ser gobernado desde la lejanía del conocimiento y no desde la cercanía de la cacicada. Por eso mismo me desmoraliza saber que, aun manteniéndose ministerialmente en la mayoría de países de referencia la absurda distinción entre ciencia y cultura, en todos ellos la ciencia tiene rasgo de ministra y en ninguno se vincula con la economía, sino con la educación.

Es evidente que la ciencia debe contribuir destacadamente al desarrollo económico y, en consecuencia, a la salida de la crisis. Pero supone una puerilidad tratar de garantizar esa virtud mediante la inopinada y creativa adhesión al Ministerio de Economía. El problema principal de las élites españolas es que suponen que el método científico sirve para que un avión vuele, pero que es inapropiado para limitar la superstición, la ineficacia y el engaño en el arte, la política, la justicia, el periodismo, la economía o la gastronomía. La ciencia nos sacará de la crisis en la medida en que todas las regiones del conocimiento aprendan a pensar y a actuar científicamente. O sea, en la medida en que copien del deporte. La única disciplina donde España ha empezado a comportarse en términos culturalmente modernos, ‘doping’ incluido.

(El Mundo, 5 de enero de 2012)

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