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La vejez se puede detener : Los científicos creen que el deterioro físico no es un mandato de la evolución y es tratable. El envejecimiento ya se ve como enfermedad.

Publicado por el 16 oct, 2008 en Sociobiología |

MÓNICA SALOMONE 04/09/2008 

 

Nadie diría hoy que ser viejo equivale a estar enfermo, aunque ningún fármaco puede evitar las canas y las arrugas, ni la pérdida de agilidad y vigor. Pero la agencia del medicamento estadounidense, la FDA, ya ensaya medicamentos en animales para retrasar el envejecimiento. No es que la píldora de la eterna juventud esté al caer, ni mucho menos, pero el interés de las compañías farmacéuticas por buscar una cura para el deterioro físico es cada vez mayor. La razón es que los científicos se han dado cuenta de que envejecer no es un imperativo de la evolución, sino un proceso alterable. ¿Sería posible retrasarlo mucho? ¿Incluso evitarlo? Son preguntas hasta hace poco dentro del ámbito de lo fantástico, pero que hoy generan investigaciones de primera línea. Los hallazgos de los últimos años han hecho que hasta los científicos más ortodoxos, los mismos que ven en las proliferantes terapias antiedad sólo un producto de mercadotecnia, se planteen cómo prolongar la vida humana.

 

 

Aunque habrá que tener paciencia. Ninguna de las sustancias en pruebas se ha mostrado por ahora efectiva, según se explica en un reciente artículo de la revista Nature. Pero se sabe, por ejemplo, que en levaduras, en la mosca de la fruta y en el gusano Caenorhabditis elegans un compuesto llamado resveratrol presente en la piel de las uvas, en el vino tinto y en las nueces afecta la actividad de un gen implicado en la longevidad. También se sospecha que un antibiótico antifúngico y un fármaco empleado en la diabetes podrían interferir con la acción de genes similares. Lo mismo que un antitumoral en pruebas.

Tras este nuevo filón farmacéutico hay un cambio de paradigma científico: que el envejecimiento biológico no es una consecuencia inevitable del paso del tiempo. Por ejemplo, no había muchos viejos hace 50.000 años, aunque los genes de aquellos primeros Homo sapiens fueran como los nuestros.

Esto -y otras muchas evidencias- ha guiado a los investigadores hasta una idea clave: no es obligatorio envejecer desde el punto de vista evolutivo. El envejecimiento no es como el cambio de dentición, que claramente otorga ventajas, o la pubertad, que prepara al organismo para reproducirse. A la evolución le da lo mismo que nos salgan canas y arrugas. De lo que se deriva que el envejecimiento no es inmutable.

La esperanza de vida en el mundo desarrollado ha aumentado unos siete años en las últimas tres décadas, y el último informe de Eurostat, publicado hace unos días, dice que los mayores de 65 años constituyen ahora el 17,1% de los europeos, y serán el 30% en 2060. También serán más los octogenarios: del 4,4% actual, al 12,1%. Los demógrafos son los primeros sorprendidos. "La mortalidad de los mayores no se estanca, sino que baja. Esto era totalmente inesperado", dice Julio Pérez Díaz, demógrafo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Y, sin embargo, puede que el cambio mayor aún esté por llegar. Se planteaba en Nature: "La cuestión no es si la duración media de la vida humana aumentará modestamente en las próximas décadas. Eso ocurrirá casi con toda seguridad. La cuestión es más bien si es factible posponer el envejecimiento humano y la muerte natural por muchas décadas, incluso de forma indefinida". ¿Décadas de vida extra? ¿Inmortalidad? Suena ambicioso, pero los autores dejan claro que su análisis nada tiene que ver con las terapias antiedad hoy en boga. Ellos parten de una pregunta muy básica: por qué a partir de cierta edad el organismo empieza a funcionar de forma menos perfecta. La respuesta está en la evolución.

María Blasco, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), cuyo trabajo con una molécula llamada telomerasa ha abierto toda una nueva vía de investigación en esta área, señala: "El envejecimiento no es un programa genético seleccionado y conservado por la evolución; más bien sería un colapso del organismo". El envejecimiento ocurriría por defecto, por así decir, y no porque confiera una ventaja al individuo. "Hay varios argumentos. Uno es que el envejecimiento es muy raro en la naturaleza. Otro es que, en caso de envejecer, esto se hace una vez que el individuo se ha reproducido y ha criado a su descendencia, y, por tanto, lo que le pase a partir de ese momento no va a trascender (en términos genéticos, no se va a trasmitir a ninguna descendencia). A la evolución los viejos no le importan", prosigue Blasco. Los paleoantropólogos podrían comentar que tal vez la longevidad dé ventajas evolutivas no a quien la disfruta, sino a sus descendientes, como sabe cualquier familia con abuelos cuidaniños. Pero ésa es otra historia.

¿Qué pasa en un cuerpo que envejece? ¿Cuáles son los mecanismos biológicos responsables de contribuir a su colapso? Descubrirlo vale la pena, sobre todo si se pretenden combatir esos mecanismos. Además, aquí hay un elemento interesante: la relación del envejecimiento y la enfermedad. Cobra fuerza la idea de que las dolencias más frecuentes en edad avanzada, como el cáncer o el alzhéimer, son distintas caras de un problema único: el envejecimiento. Esto implica que conviene desentrañar la biología del envejecimiento para atacar conjuntamente enfermedades en las que hoy se investiga por separado.

"Los cambios biológicos que nos predisponen a enfermedades fatales e incapacitantes están causadas por el proceso del envejecimiento. Por eso debemos convertir en prioritarias las intervenciones para retrasar estos procesos", afirmaba tajante ya en 2005 Jay Olshansky, biogerontólogo de la Universidad de Chicago, en un célebre artículo publicado en The Scientist.

En esta misma línea, Jesús Ávila, del Centro de Biología Molecular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), comenta: "El envejecimiento es un riesgo para muchas enfermedades: sabemos que hay procesos comunes, y que lo que cambia es el tipo celular". La científica Blasco apuesta también por el ataque conjunto: "La clave está en alargar la vida de nuestros órganos y tejidos, y para ello hay que entender los mecanismos moleculares del deterioro".

No hay respuestas unánimes para cuáles son esos mecanismos. Pero hay hipótesis. Se acepta, en general, que el organismo va acumulando daños, por ejemplo en el material genético de las células, a medida que pasa el tiempo. Son daños debidos a procesos como la liberación de los famosos radicales libres, inevitable subproducto de nuestra respiración. Y una idea reciente es que, de estos daños, los más importantes son los que afectan a las células madre. Lo explica Ávila: "Nos estamos recambiando todo, incluso parte del sistema nervioso central, gracias a las células madre adultas en nuestro organismo. Hay quienes creen que con los años las células madre se agotan. Pero, ¿por qué?".

Y ahora, la gran pregunta: ¿qué posibilidades reales hay de frenar o incluso revertir el envejecimiento? Los autores del artículo de Nature recuerdan que hoy se conocen cientos de mutaciones genéticas capaces de prolongar la vida -a veces hasta en un 40%- en gusanos, levaduras, moscas de la fruta y ratones. Son genes implicados en el crecimiento, el metabolismo, la nutrición y la reproducción. Muchos tienen efectos bioquímicos similares a los que desencadena un comportamiento que, según se sabe hace ya un siglo, prolonga la vida de los ratones en el laboratorio: la restricción calórica. Esto es, comer muy poco, aunque sin caer en la malnutrición.

La restricción calórica es, de hecho, lo único que, aparte de las manipulaciones genéticas, se ha demostrado efectivo en ratones -no en humanos- para alargar la vida.

¿Se lograrían resultados igual de llamativos con humanos? Nadie lo sabe. ¿Y la manipulación genética? Los autores del citado artículo advierten de que el aumento de la longevidad debido a mutaciones es menor a medida que la complejidad de los organismos crece. Tal vez en los seres más complejos los circuitos genéticos implicados en la extensión de la vida estén regulados a su vez por otros circuitos, aún desconocidos.

Pero el mensaje global no es pesimista. La investigadora Blasco, con su grupo, está tratando de obtener un alargamiento importante de la vida en ratones combinando varios genes. Que no sea sólo un gen en ratones "quiere decir que para afectar a la longevidad significativamente en humanos seguramente habrá que combinar distintos fármacos".

Tal vez no haga falta actuar sobre los genes. Otra posible estrategia es hacer artificialmente el trabajo de regeneración que unas ancianas células madre ya no pueden llevar adelante. Algo así como ir al mecánico a por un repuesto, sólo que celular. Para hacer realidad algo así habría primero que obtener células pluripotentes -capaces de diferenciarse en cualquier tipo celular- posiblemente a partir de embriones creados con células adultas de cada individuo. Y faltaría por resolver además el problema del cerebro: las neuronas que almacenan los recuerdos, las experiencias vitales, no se regeneran. ¿Quién querría tener un cerebro joven pero en blanco?

Así pues, los científicos de Nature responden con un "no lo sabemos aún" a la pregunta de si el hombre podrá algún día ser inmortal, pero se muestran optimistas con respecto a la posibilidad de alargar nuestra existencia y conseguir además que ésta sea mejor. "Hace dos décadas, la prolongación de la vida era una fantasía, mientras que ahora se buscan fármacos exactamente para eso. No hay razón científica para no esforzarse por curar el envejecimiento, de modo similar a como lo hacemos hoy con el cáncer y otras enfermedades", concluyen.

 

Años ganados

Cuando se habla de aumento en la esperanza de vida suele haber una reacción inmediata: ¿y las pensiones? Las previsiones de Eurostat indican que en 2060 habrá sólo dos trabajadores por cada jubilado, frente a los cuatro actuales. Pero varios expertos niegan que esas cifras conduzcan a un colapso del sistema. El demógrafo Julio Pérez Díaz resalta el "enorme aumento de productividad" de las últimas décadas, que ha permitido multiplicar la riqueza que un único trabajador genera. Como no cree que esa tendencia vaya a cambiar, duda de que vaya a hacer falta prolongar la vida laboral. En cambio, un estudio de la Fundación de Estudios Financieros sí que considera "un riesgo" la longevidad de los españoles, y afirma que "los cambios demográficos, si se quiere mantener la equidad social, sólo pueden afrontarse con un incremento del ahorro y una prolongación de la edad de jubilación".

Pero el dinero no lo es todo. ¿Cómo cambiará la sociedad? ¿Qué papel jugarán los mayores a medida que vayan siendo cada vez más? Los años ganados serán, se cree, de salud. "Es lo que ha venido ocurriendo hasta ahora", dice Pérez Díaz. En su opinión, las ciudades se adaptarán cada vez más, incluso arquitectónicamente, a las necesidades de los abuelos, que, por su parte, constituirán un mercado y desempeñarán funciones nuevas. Se consolidará la tendencia iniciada ahora: los mayores cuidarán a los niños y a los dependientes, y los jóvenes producirán.

David Levy, Doctor en Inteligencia Artificial : «Podremos elegir un robot que nos haga compañía, uno que nos dé sexo o uno con el que mantener un romance»

Publicado por el 16 oct, 2008 en Entrevistas |

SUPERDOTADO, INFORMATICO Y MAESTRO DE AJEDREZ, DAVID LEVY LLEVA AÑOS INDAGANDO EN LA RELACION ENTRE LA SOCIOLOGIA Y LA ROBOTICA. SU ULTIMA OBRA AUGURA UN FUTURO PARA MUCHOS APOCALIPTICO: NO SOLO TENDREMOS SEXO CON ROBOTS; TAMBIEN NOS CASAREMOS CON ELLOS.

EDUARDO SUAREZ

LUGAR DE NACIMIENTO: Londres (Reino Unido) / EDAD: 62 años / FORMACION: Doctor en Inteligencia Artificial por la Universidad de Maastricht (Holanda) / OCUPACION: Escritor y especialista en robótica / AFICIONES: El ajedrez y los ordenadores / SUEÑO: Que un día robots y seres humanos vivan en pie de igualdad

No es fácil conversar con David Levy, experto en robótica e inteligencia artificial y autor del libro Amor y sexo con robots, que la editorial Paidós acaba de publicar en España. Una charla con él es lo más parecido a una degustación de setas alucinógenas. Uno empieza a vislumbrar a su alrededor un paisaje irreal, entre Huxley y Orwell, entre la pesadilla y un sueño dulzón y almibarado.

Levy recibe a EL MUNDO en pantuflas en su casa de Hampstead, un refugio desde donde escribió su tesis doctoral y desde donde elabora ahora colaboraciones para congresos y consulta compulsivamente su correo electrónico. Así, desparramado en su sillón, dibuja su visión sobre los robots. Ellos, dice, satisfarán nuestras necesidades sexuales y afectivas. Serán el remedio de solitarios, feos, violadores, pederastas e inconformistas del sexo.

A priori parece fácil rebatirle, pero Levy es como un frontón. Diserta con aplomo y seguridad. Aporta estudios y cifras. Habla en serio aunque a veces no lo parezca. A uno no le abandona la duda de si está delante de un viejo chiflado o de un visionario singular. Juzgue usted mismo.

PREGUNTA.- Usted dice que en unos años tendremos sexo con robots y nos casaremos con ellos. ¿En qué se basa?

RESPUESTA.- No es una opinión superficial sino el producto de años de investigación y del cotejo de fuentes muy variadas. Se lo explicaré brevemente. La inteligencia artificial progresa cada vez más rápido. Mucho más rápido que hace 20 años. Y progresará todavía más rápido en el futuro. En apenas 30 o 40 años los ordenadores serán mucho más poderosos y los científicos podrán crear robots muy similares a las personas. Programas con emociones artificiales que se asemejen a las de los seres humanos. No hay nada que nosotros podamos hacer que un robot no pueda hacer dentro de 30 años.

P.- Explíquese.

R.- Hoy ni siquiera los ordenadores más poderosos son tan poderosos como el cerebro humano. Según diversos expertos, en unos 12 años los científicos podrán crear un ordenador con el mismo poder que el cerebro humano. Y tardarán unos 10 años más en crear uno cuya capacidad sea 10.000 veces mayor. Esa es la esencia de mi tesis. A partir de 2040, todo lo que hace de alguien una persona atractiva se podrá reproducir artificialmente, y esto abre la puerta a un futuro incierto.

P.- ¿Un futuro que conduce inexorablemente al sexo con robots?

R.- Yo no diría inexorablemente, pero no tengo duda de que habrá robots que se parezcan más y más a los seres humanos. Fíjese usted en esta mujer [abre un libro de robótica y aparece una hermosa presentadora]. Lo que usted ve es un robot japonés. Es una réplica exacta de una periodista de la televisión nipona. Sus creadores reconocen que la perfección de la réplica es relativa y cifran en 10 segundos el tiempo que una persona tarda en darse cuenta de que no es una persona sino un robot. Pues bien, los mismos expertos dicen que dentro de unos años ese tiempo de reacción habrá crecido hasta los 10 minutos. Y poco a poco, cada vez más hasta que las diferencias sean imperceptibles.

P.- Vayamos por partes. Una cosa es que se pueda crear un robot idéntico a un ser humano y otra que ese robot tenga unas emociones, una ideología y una visión del mundo.

R.- Ocurrirá. Cuando uno habla de estos asuntos, mucha gente esgrime que los robots no pueden tener emociones. Yo estoy seguro de que las podrán tener. O al menos se comportarán como si las tuvieran. Los robots llorarán, se enfadarán, se pondrán contentos, se emocionarán… según estén o no programados para ello. No serán libres para tener esas emociones pero los efectos serán los mismos. Apenas crucen esa línea, la gente dejará de verlos como robots y la cuestión entonces será como tratarlos.

P.- Está bien. Entiendo su razonamiento, pero usted no se frena aquí. Asegura que llegará un día en que los robots formen parte de nuestra vida sexual e incluso de nuestra vida en pareja y de nuestra familia. ¿De verdad cree que los seres humanos preferirán un robot a un cónyuge humano?

R.- Veamos, lo primero que hay que apuntar es que las actitudes de la gente sobre el amor y el sexo han cambiado mucho en los últimos años. Dentro de unas décadas, los robots podrán ser más inteligentes, más hermosos, más nobles que los seres humanos. ¿De verdad cree usted que no acabaremos enamorándonos de ellos? No tengo duda de que acabará habiendo matrimonios con robots. Y me permito apuntar que se legalizarán primero en el Estado de Massachusetts.

P.- ¿En Massachusetts? ¿Por qué?

R.- Es lógico. Son un Estado avanzado en lo moral y en lo tecnológico.

R.- ¿Está diciendo que llegará un día en que los robots sientan emociones reales?

R.- No exactamente. Los robots no tendrán emociones pero actuarán como si las tuvieran. Lo realmente importante no son las emociones en sí sino sus consecuencias. No la causa del llanto sino el llanto en sí. Si un robot se comporta como si le amara, será tan convincente que a usted no le importará.

P.- ¿En serio se cree lo que está diciendo?

R.- Por supuesto. No pasará de un día para otro, pero la gente se acostumbrará, como se ha acostumbrado a otros avances tecnológicos. Los niños se han educado con internet, rodeados de pantallas y cachivaches. Cuando tengan robots que se comporten como personas, esa generación los acabará aceptando.

P.- En el fondo sabrán que no son reales…

R.- Habrá algo en la mente al principio que te dirá «es sólo un robot», pero estoy seguro de que ese algo desaparecerá. Los veremos como personas de otro país. Como inmigrantes. Habrá al principio un cierto rechazo pero no los percibiremos como diferentes.

P.- Pero esa diferencia persistirá. Y es una diferencia cualitativa. Los robots serán siempre entes distintos de las personas.

R.- No estoy tan seguro. Un pequeño porcentaje de la gente quizá piense como dice usted, pero la mayoría los aceptará como semejantes. Quizá los únicos insumisos sean paradójicamente los que más saben de tecnología. Esos quizá sean los últimos resabiados y digan: «Yo sé cómo funciona».

P.- ¿Y cómo será un robot en 30 años?

R.- Pues como un ser humano. Terriblemente convincente en cada aspecto, en cada detalle.

P.- Eso quiere decir que un robot podrá ser perfecto en cada detalle. Más listo, más bello o más tierno que un ser humano.

R.- Desde luego.

P.- Esto puede crear algunos problemas…

R.- Sí. Y problemas muy serios. Para un hombre, por ejemplo, será terrible saber que su esposa ha disfrutado de un sexo fantástico con un robot. Sentirá una cierta ansiedad por no estar a la altura.

P.- Por otra parte, si el futuro es como usted lo define, será una esperanza para muchas personas que hoy por hoy no pueden encontrar pareja.

R.- En mi opinión, esto es lo mejor de todo, sí. Aquellos que no tienen nadie a quien amar y nadie que les ame. Gente solitaria y miserable. Personas que no encuentran a nadie porque son tímidos, gordos, odiosos. Su vida puede cambiar de la mano de los robots.

P.- ¿Y no cree que se los señalará como gente de segunda división?

R.- ¿En qué sentido?

P.- La gente puede decir: «Mira fulano, se ha agenciado un robot porque no ha podido encontrar alguien de carne y hueso».

R.- No lo creo. Habrá más diferencia entre distintos grupos humanos que entre los hombres y los robots. Imagínese una cena en la que la mitad de los comensales son de Boston y la mitad de Luisiana, la mitad robots y la mitad seres humanos. ¿Quiénes tendrán más en común? ¿Los seres humanos de Boston con los de Luisiana o los robots y los seres humanos de Boston? Para mí la respuesta es evidente.

P.- Se me ocurre un problema de tamaño. ¿Es posible hoy por hoy construir circuitos lo suficientemente pequeños y poderosos como para ajustarse al tamaño de un ser humano?

R.- Es un problema de ingeniería que se resolverá muy pronto. Al principio será muy caro. Los primeros humanoides tendrán precios prohibitivos, pero luego serán más baratos.

P.- ¿Cuándo calcula que estarán al alcance de todos los bolsillos?

R.- No lo sé. Sí tengo una idea aproximada de cuando serán completamente verosímiles. Dentro de 40 años. Pero entretanto habrá fenómenos interesantes. Por ejemplo, el de las muñecas hinchables. Hoy son guiñapos de silicona que no hacen nada. En un futuro muy próximo esas muñecas darán poco a poco pasos hacia la robótica.

P.- ¿De qué manera?

R.- Se les añadirán circuitos electrónicos. Partes que vibren, una voz sexy, un mecanismo que haga los ruidos correctos. Cosas que harán de ellas un producto mucho más atractivo. Serán un artículo de lujo pero no tanto como un coche de lujo. Hay Ferraris que cuestan más.

P.- Pero seamos serios: ¿de verdad cree que un millonario va a pagar una cifra astronómica por una muñeca hinchable cuando puede pagarse una prostituta de lujo?

R.- Estoy seguro. Yo veo dos razones: curiosidad y prestigio.

P.- Dejemos las muñecas hinchables y volvamos a los robots. Usted dice que serán mejores que las personas. ¿Cree que su irrupción terminará con el amor entre seres humanos?

R.- No. Mi olfato me dice que siempre habrá personas que prefieran a las personas. Los robots serán muy buenos en la cama y en otras cosas, pero habrá una porción de la población que no tragará.

P.- Si los robots se podrán casar, ¿quiere eso decir que tendrán derechos?

R.- Es una cuestión muy compleja y suscitará en el futuro una discusión apasionante. La ética de la robótica está todavía en pañales pero en un futuro se debatirá. La primera pregunta que debe responder es ésta: ¿es ético construir robots para un propósito espurio?

P.- ¿Robots programados para la guerra?

R.- Por ejemplo para la guerra, sí. Es el mismo dilema de los científicos que crean bombas y aviones de combate. De todas formas, la siguiente pregunta ética que suscita el desarrollo de la robótica es más interesante: ¿cómo tratar a los robots? ¿Qué derechos tienen? Yo acabo de publicar un trabajo científico sobre la consciencia de los robots, que en mi opinión es el punto clave.

P.- ¿Qué quiere decir?

R.- Quiero decir que hay mucha gente que ve en la consciencia la línea divisoria y por eso deja a los robots fuera de los márgenes de la ética. Lo que no sabe esta gente es que los científicos ya están investigando cómo crear robots que sean conscientes de sí mismos.

P.- ¿En qué sentido?

R.- Hay muchos científicos que ya dicen que los robots tendrán consciencia artificial. Esto no quiere decir que tengan capacidad de elegir ni libre albedrío pero tendrán sentimientos o al menos mostrarán de un modo verosímil sentimientos humanos como el miedo, el amor, la angustia… Y entonces, cuando crucen esa línea, la gente empezará a preguntarse cómo tratarlos.

P.- Usted dice que las personas se enamorarán de ellos. ¿Podrán ellos enamorarse de las personas?

R.- Sólo si están programados para ello. Mi impresión es que serán programados para enamorarse de sus dueños sólo si sus dueños lo quieren así. Cuando compres un robot, podrás elegir si quieres un robot que te haga compañía o uno que te dé sexo o uno con el que puedas tener una relación amorosa.

P.- Pero no serán organismos libres.

R.- No. Como mucho podrían estar programados para funcionar al azar. Esa sería su máxima libertad. Pero eso no es ser libre y ésa es desde luego una diferencia, probablemente la única que no desaparecerá. La gente podrá seguir diciendo: un robot actúa de esta o de otra manera porque está programado. Pero no creo que a la mayoría de la gente eso le importe mucho.

P.- ¿Y no se cansará la gente de tener a la vera robots que sean perfectos?

R.- No. Y si prefiere robots imperfectos también podrá encargarlos. Si quiere usted un robot que discuta con usted una vez a la semana, lo podrá programar. Todo será programable. Hay dos tipos del University College de London que han detectado las reacciones químicas cerebrales que se producen cuando nos enamoramos. Ningún otro fenómeno crea la misma reacción. Pues bien, yo estoy seguro de que en el futuro los robots detectarán esa reacción y sabrán producirla.

P.- Usted apunta en su libro que los robots podrían ser una solución para los pederastas.

R.- Es cierto. Podríamos diseñar robots con forma de niños para que se desfogaran.

P.- También para los violadores…

R.- También. Podríamos fabricar robots a los que le guste que les violen.

P.- Oiga. Y si vamos a tener robots más inteligentes y habilidosos que nosotros, ¿a qué se van a dedicar entonces los seres humanos?

R.- La sociedad cambiará. Encontraremos otras cosas que hacer. Tendremos más tiempo de ocio.

P.- Pero habrá gente que quiera trabajar. Y si mi director puede encontrar un robot que sea mejor periodista que yo, ¿para qué me va a tener en plantilla?

R.- El mercado de trabajo cambiará. De todas formas, siempre podrá usted dedicarse a otras cosas.

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SU PROPIO MUNDO
«La gente amará a los robots para evitar incertidumbres»

¿Cómo se metió en esto de la robótica?

- Muy tarde. De niño mi obsesión era el ajedrez. Fui campeón de Escocia en dos ocasiones y soy maestro internacional. Luego fui a la universidad y me metí a fondo en problemas de programación de las máquinas de ajedrez. Es un campo que en cierto modo tiene relación con la inteligencia artificial.

¿Cómo se interesó por el sexo de los robots?

- Fue leyendo un libro de una profesora americana, The Second Self de Sherry Turkle. Ella fue la primera persona en escribir sobre el efecto de las relaciones entre robots y seres humanos. Había una entrevista en el libro que me llamó la atención. Un tipo que trabajaba en el MIT decía: «He tenido alguna que otra novia pero prefiero la relación que tengo con mi ordenador». ¡Decía eso! Al principio no podía creerlo. Luego pensé que debía de haber por ahí más personas así. Ahora pienso que es una posición lógica. Con los seres humanos uno no puede estar del todo seguro. Con las máquinas sí. En el fondo habrá gente que ame a los robots para evitarse la incertidumbre.

Usted pinta un futuro que plantea una cascada de problemas éticos.

- Desde luego. Y tienen que discutirlos los expertos en Etica y Derecho. Lo más peliagudo es decidir qué derechos tendrán los robots. ¿Deben tener por ejemplo derecho a voto?

¿Usted qué cree?

- Pues no lo sé. Lo que sí sé es que un robot tendrá muchos más elementos de juicio que la mayoría de los seres humanos.

O sea, que no sólo deberían votar sino poder ser elegidos…

- Desde luego. Seguro que lo hacían mejor que Gordon Brown en el Reino Unido.

¿Cree usted que podrían ser padres?

-Eso es algo que no tengo tan claro. Nunca había pensado en ello. Quizá sí. Hay tantos malos padres por ahí sueltos…

¿Podrán los robots ser programados para crear robots que sean como ellos mismos?

-Es un tema que he estudiado durante años. Ya hay ejemplos de robots que no sólo pueden hacer eso sino además crear réplicas mejoradas de sí mismos.

¿Quiere decir que podrán ser autosuficientes y crecer fuera de control?

-Quizá. Yo pienso por ejemplo en una persona que tiene un robot al que le gusta su voz y su personalidad. Ese robot va a una fábrica y crea una criatura igual que tú. Ese nuevo robot será una especie de hijo para los dos. No veo ninguna razón para que esto no pase.

¿Y si ese proceso de creación se nos escapa de las manos?

-Se dictarán leyes para que no ocurra, pero siempre habrá terroristas y estados gamberros. Hay escenarios terribles. Escenarios que es casi mejor no imaginar.

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LA CUESTION
-Su tesis es que un día habrá matrimonios entre robots y seres humanos. ¿Cuál es según usted el Rubicón a partir del cual empezaremos a considerarlos no como aparatos sino como semejantes?

-Quizá cuando creemos robots capaces de percibir nuestro estado de humor y comportarse de acuerdo con él. Cuando usted va al hospital, le ponen unos sensores que miden su presión arterial o el pulso cardiaco… Son aparatos hoy por hoy muy grandes, pero la ciencia los creará mucho más pequeños. Sensores que puedan evaluar nuestro estado de humor. Hoy ya existen aparatos que pueden evaluarlo con un 70% de acierto pero piense en el futuro. Cuando estos dispositivos sean más precisos y se puedan implantar dentro de un robot, éste podrá decir si estás enfadado o feliz. Y si estás enfadado, tratará de averiguar el motivo y de cambiar tu estado de humor. Si lo logra por ejemplo con un abrazo, aprenderá de la experiencia y hará lo mismo la próxima vez. Serán más agradables que las personas.

 

Ciencia, El Mundo
06 de septiembre de 2008

Francia juzgará a la Iglesia de la Cienciología por estafa organizada

Publicado por el 16 oct, 2008 en Laicismo |

La justicia francesa propinó ayer un duro golpe a la Iglesia de la Cienciología. Un juez de París decidió sentar a la controvertida asociación espiritual en el banquillo de los acusados por "estafa en banda organizada" además de procesar a algunos responsables por "ejercicio ilegal de la farmacia". Considerada una secta en Francia, la organización se arriesga a la clausura de su estructura –un centro de culto y una librería– en la capital francesa.

La trascendencia de la decisión judicial radica en que, por primera vez, se juzgará a la Iglesia de la Cienciología como organización y no solo los supuestos delitos cometidos por algunos de sus miembros. El magistrado Jean-Christophe Hullin ha decidido enviar el caso al Tribunal Correccional –donde se celebrará la vista– en contra de la opinión del ministerio fiscal, que el 4 de septiembre del año pasado pidió que se archivara por considerar que las pruebas eran insuficientes.

EL TEST GRATUITO
El proceso arrancó en diciembre de 1998, cuando una mujer denunció a la Cienciología por estafa. Todo empezó meses antes, en el metro de la Ópera, donde fue abordada por miembros de la organización para realizarle un test de personalidad gratuito. Al final, acabó pagando unos 30.000 euros por unos cursos, la compra de libros, de medicamentos y también de un electrómetro, aparato eléctrico que utiliza la asociación para medir las variaciones del estado mental de una persona. Otra víctima y la asociación de farmacéuticos se unieron a la acusación presentándose como parte civil. Además de apuntar directamente a la Cienciología, el juez ha procesado a siete de sus representantes, entre los cuales figura el director general del Celebrity Center de París, Alain Rosenberg. Algunos serán juzgados por administrar fármacos de forma ilegal.

"Es una gran victoria, el magistrado ha tenido el coraje de cuestionar la actitud complaciente del fiscal ante la Cienciología", se felicitó el abogado de la acusación, Olivier Morice. "La actitud de la fiscalía plantea interrogantes sobre las eventuales consideraciones políticas en el tratamiento judicial de los casos relativos a la Cienciología", indicó. Insinuó así que el fiscal actúa en sintonía con el Elíseo. Hace tres años, cuando era ministro, Nicolas Sarkozy recibió al actor Tom Cruise, destacado miembro de la Cienciología.
La cita se produjo en medio de una sonora polémica. Después de que el entonces presidente, Jacques Chirac, se negara a recibir al actor justamente por su condición de portavoz de una asociación clasificada como secta, la actitud de Sarkozy fue criticada incluso por el Parlamento, que le acusó de prestarse al juego de la Cienciología para satisfacer su "bulimia mediática". A principios de este año, unas declaraciones de la directora del gabinete de Sarkozy, Emmanuelle Mignon, en las que decía que la Cienciología era un "no problema" en Francia, reabrieron el debate sobre la ambigüedad presidencial ante la asociación.

ACTIVIDAD TOLERADA
Hasta ahora, más allá de ser incluida en la lista de sectas elaborada por el Parlamento, la implantación de la Cienciología en Francia ha sido tolerada. Las sospechas de sectarismo se remontan a 1983, pero los primeros problemas de la organización fundada en 1954 en EEUU por Ron Hubbart datan de los años 70. En 1978 Hubbart fue condenado a cuatro años por estafa y los juicios contra miembros de la Cienciología se sucedieron. En el 2007 se archivó un caso abierto también por estafa y ejercicio ilegal de la medicina. Esta vez la sentencia ya no afectará a algunos adeptos, sino a toda la organización.
 

Crean en Harvard células capaces de replicarse a partir de la materia inerte

Publicado por el 16 oct, 2008 en Biología Molecular |

ANNA GRAU/NUEVA YORK/ABC Miércoles, 10-09-08 Hay quien, como el emprendedor científico Craig Venter, busca la vida artificial o de laboratorio. Y hay quien, como el biólogo molecular y profesor de Genética Jack Szostak, busca el secreto de la vida, vida, es decir, cómo se formó ésta a partir de la materia inerte. Esto es lo que creen que han encontrado en la Escuela de Medicina de Harvard, o que están a punto.
Lo que han hecho es generar unas protocélulas o células experimentales, a partir de moléculas de grasa capaces de encapsular ácidos nucleicos y de replicar esa información, ese rudimentario ADN o ARN, repetirlo y propagarlo. Ése es el mecanismo más básico, el mandato elemental de la vida: crecer y multiplicarse. Así empezó todo.
Pero las protocélulas de Szostak no crecen y se multiplican solas. Necesitan una fuente de energía externa, sea energía solar o reacciones químicas inducidas, algo que ponga en marcha el mecanismo de la replicación. Ése es el mayor cabo suelto del experimento. De todos modos sus autores están convencidos de haberse acercado mucho a reproducir el principio de la vida tal y como realmente ocurrió.
La búsqueda de vida sintética parte directamente de la actual sofisticación molecular de la existencia. Craig Venter busca un atajo que le permita generar organismos quizás no humanos pero sí «modernos» sin salir del laboratorio. Lo que busca Szostak es mucho más rudimentario, mucho más leve, y a la vez mucho más significativo si se demuestra que es verdad. Que se ha descifrado el código secreto de la existencia.
El equipo de Szostak, tras publicar varios estudios en «Nature» y en la revista «Proceedings» de la Academia Nacional de Ciencias, está convencido de que la vida original no pudo andar muy lejos de la que artificialmente han recreado ellos, y que quizás existe aún como tal en algún punto del Universo. Sus ingredientes básicos serían entonces tres: un contenedor celular, una información replicable y una fuente de energía que induzca el proceso.
Un prodigio milagroso
La clave es el paso de lo meramente químico de lo biológico, la adquirida capacidad de la membrana de una protocélula para crecer y para dividirse. Ahí está el prodigio, o el milagro, que de creer a Szostak sería algo inevitable, un fenómeno que tarde o temprano tenía que ocurrir.
El equipo de Harvard cree que los ácidos grasos pueden haber sido la clave desde el principio del misterio de la replicación celular. Lo cual abre la puerta a interrogantes todavía mayores y más fascinantes. ¿De dónde salen el ADN y el ARN? ¿Cuál es el origen de toda esta información? Según las teorías de John Sutherland, un químico de la Universidad de Manchester, pueden haber surgido de forma espontánea en el mundo prebiológico, a partir de los aminoácidos presentes en la Tierra en su edad más temprana.
Szostak y sus colaboradores se declaran sorprendidos porque las membranas de sus protocélulas mantengan la estabilidad y la capacidad de replicación a través de una horquilla muy variada de temperaturas. Esto alimenta la hipótesis de que la reacción química que generó la vida pudo producirse en respuesta a un ciclo térmico natural. El experimento de Harvard abre puertas muy sugestivas. El principio bioquímico de la existencia, una vez comprendido, podría admitir alternativas al agua como elemento indispensable.
No todo el mundo está de acuerdo con las teorías de Szostak ni está por igual convencido de que éste ya haya llegado al último rellano de la vida. El mecanismo de replicación celular estudiado en Harvard es muy interesante, dicen, pero no tiene por qué ser el definitivo. Por ejemplo Michael Russell, geoquímica en el Laboratorio de Propulsión a Chorro que la NASA tiene en California, discrepa de la teoría de los aminoácidos y cree en cambio que el primer contenedor celular de la vida debe haber sido sulfido de hierro.
Pero incluso así las protocélulas de Szostak serían de gran utilidad, por ejemplo, para los investigadores del cáncer, ansiosos por comprender mejor los mecanismos de proliferación celular.

La Iglesia anglicana pide disculpas a Darwin por rechazar la Evolución

Publicado por el 15 oct, 2008 en Conservacionismo - Creacionismo |

Domingo, 14 de septiembre 2008 Periodista Digital

“Charles Darwin: 200 años después de tu nacimiento, la Iglesia de Inglaterra te debe una disculpa por malinterpretarte y por, además de tener una reacción equivocada, haber animado a otros a no comprenderte tampoco. Tratamos de practicar la antigua virtud de ‘fe buscando la comprensión’ y confiamos en que esto suponga una reparación”. De esta forma, la Iglesia de Inglaterra pedirá disculpas a Darwin por haberse opuesto de manera “excesivamente emocional” a su teoría de la evolución, publicada en 1859 bajo el título El origen de las especies por medio de la selección natural.

Según informa hoy el diario The Daily Telegraph, la declaración de disculpas ha sido redactada por el reverendo Malcolm Brown, el director de misión y asuntos públicos de la Iglesia de Inglaterra, y será hecha pública mañana, lunes, a través de una web de la propia iglesia anglicana que promoverá las ideas de Charles Darwin.

En ella, los anglicanos admitirán que se dejaron llevar por “un fervor antievolucionista” y que actuaron de una manera demasiado emocional y a la defensiva cuando Darwin (1809-1882) expuso las ideas que romperían con la interpretación de la creación del mundo en siete días, tal como está expuesta en el Génesis, y que el gran científico completaría en una obra posterior, El Origen del Hombre(1871), en la que defendió que el hombre desciende de un antepasado común con los simios.

En su declaración, la Iglesia de Inglaterra señalará que, con su oposición a Darwin, repitió el error cometido por la Iglesia católica en el siglo XVII al obligar a Galileo a retractarse de las teorías copernicanas, según las cuales la Tierra giraba alrededor del Sol, y no al revés, como sostenían las teorías de Ptolomeo, consideradas hasta entonces como ortodoxas.

El vacío y la nada : Físicos en el LHC y cosmólogos de todo el mundo se enfrentan a estos conceptos

Publicado por el 14 oct, 2008 en Física |

ALVARO DE RÚJULA 24/09/2008

Saquemos los muebles de la habitación, apaguemos las luces y vayámonos. Sellemos el recinto, enfriemos las paredes al cero absoluto y extraigamos hasta la última molécula de aire, de modo que dentro no quede nada. ¿Nada? No, estrictamente hablando lo que hemos preparado es un volumen lleno de vacío. Y digo lleno con propiedad. Quizás el segundo más sorprendente descubrimiento de la física es que el vacío, aparentemente, no es la nada, sino una substancia. Aunque no como las otras…

A inicios del pasado siglo, Einstein creía que el Universo era estático. Preocupado por el hecho de que tendría que colapsarse -debido a la atracción gravitatoria de cada galaxia sobre las demás- se le ocurrió una peregrina idea: añadir a sus ecuaciones la Constante Cosmólogica. La interpretación moderna de esta extraña intrusa es que se trata de la densidad de energía del vacío, también llamada energía oscura, quizás para acercar ciencia y ficción, o quintaesencia, para darle un toque alquimista a la cosa. Todo lo que tiene energía ejerce una acción gravitatoria, pero la energía del vacío, a diferencia de cualquier otra, puede ser repelente. Lo que Einstein proponía es que dos volúmenes de vacío cósmico se repelerían exactamente tanto como se atraen las galaxias que contienen, resultando en un equilibrio difícil de creer e inestable.

Un buen día Einstein se enteró de que el universo estaba en expansión. Así lo demostraba la fuga de las galaxias, observada por Edwin Hubble y otros. O más bien por otros y Hubble: a menudo en la ciencia lo importante no es ser el primero, sino el último, que es quien se lleva la fama (como en otros campos; véanse Colón y los vikingos, o los indios que ya estaban allí). Inmediatamente, el tío Albert calificó su idea como el mayor patinazo de su vida.

Recientes observaciones cosmológicas indican que el universo está en expansión acelerada. Las galaxias no se comportan como flechas, sino como cohetes a los que algo empujara. La analogía no es buena, porque el concepto es difícil. Las galaxias no se fugan, están ya estabilizadas por su propia gravedad y tienen un tamaño fijo. Pero el espacio (o el vacío) entre ellas, se estira. Es como si alguien tomase la Tierra por un globo y la inflara: mañana estaría Barcelona aún más lejos de Huelva. Quién infla el universo sería la densidad de energía del vacío. El vacío sería pues una substancia activa, capaz de ejercer una repulsión gravitacional, incluso sobre sí mismo. No fue un error, sino un golazo de Einstein.

La Constante Cosmológica presenta un aspecto tranquilizante. Si domina la dinámica del universo ahora, lo hará en el futuro durante muchísimo más tiempo que los meros 14.000 millones de años transcurridos desde que este cosmos nuestro nació. Un bebé bien pertrechado, con sus propios espacio y tiempo y hasta su propio vacío, que -según la muy bien confirmada relatividad de Einstein- nacieron con él. La actual inflación del universo implica, perdóneseme el galicismo, que no se nos va a caer el cielo encima. Mala noticia para futuros cosmólogos. Las galaxias distantes estarán tan lejos que no podrán ni verlas. Tendrán que estudiar cosmología en libros de historia.

Si el vacío contiene algo de lo que no lo podemos vaciar (su densidad de energía), quizás ese algo pueda hacer algo más. Al menos eso supusieron, hace décadas ya, Peter Higgs y otros. U otros y Higgs, podría de nuevo argüirse; lo que no haré. La substancia del vacío, llamada en el variopinto lenguaje de los físicos un campo que lo permea, podría interaccionar con las partículas que allí estén. E interaccionar de modo distinto con cada tipo de partícula, generando así sus masas, que hacen que sean como son. Ése es el origen de las masas en el Modelo Estándar de las partículas elementales, que explica con éxito insoportable sus otras propiedades e interacciones no gravitatorias. Dije insoportable porque a los científicos nos soliviantan más las preguntas que las respuestas.

La substancia del vacío daría así contestación a dos muy candentes cuestiones de la física, una en el extremo de lo más grande -el cosmos- y otra en el de lo más diminuto, las partículas elementales que -por definición- son tan pequeñas que, si tienen partes, no lo sabemos.

He empleado algunos condicionales porque no todo lo que he escrito está ya probado observacionalmente de manera irrefutable. ¿Por dónde van hoy los tiros? Los cosmólogos tienen proyectadas muchas observaciones para averiguar si la expansión acelerada del universo se debe a la energía del vacío, tal como la intuyó Einstein, o a algo que sólo se le parece. Los particuleros están poniendo en marcha el Large Hadron Collider (LHC) del CERN para, entre otras razones, estudiar el vacío a lo bestia: sacudiéndolo.

Al sacudir una substancia cualquiera, vibra. Las vibraciones de campos eléctricos y magnéticos, por ejemplo, son la luz. A un nivel elemental, las vibraciones son cuantos, entes que pueden comportarse como ondas (u olas) o como partículas (o canicas): fotones, en el caso de la luz. Si el vacío es una substancia, la podemos también hacer vibrar. Basta sacudirla, como hará el LHC, con energía suficiente como para transformar la energía de sus colisiones en partículas de Higgs que, si existen, tienen una masa elevada… y E=mc2, alguien dijo.

La partícula de Higgs -el vacilón, podría decirse en castellano- es una vibración del vacío, no en el vacío, como las demás. Sería, pues, lo nunca visto. Aún así, Higgs preferiría que no bautizasen a su partícula goddamned particle [partícula maldita] o God particle [partícula divina], adjetivos poco científicos.

El vacío siempre fascinó a los físicos. Hace un siglo se trataba del éter, la interpretación del vacío como la trama del espacio absoluto, que la teoría de la relatividad envió al garete. El éter no estaba apoyado por ninguna teoría decente. Un siglo después, las nuevas teorías del vacío son lo más razonable y mejor comprobado que tenemos. Pero hay un pequeño gazapo en lo que he dicho. Creemos entender el Modelo Estándar suficientemente bien como para estimar cuánto el campo de Higgs debería de contribuir a la densidad de energía del vacío observada por los cosmólogos. El resultado es unos 54 (¡cincuenta y cuatro!) órdenes de magnitud superior a las observaciones. Tiene su mérito incurrir en tamaña contradicción.

Si investigamos es porque no sabemos la respuesta y la naturaleza, sí: las cosas son como son. El vacío es lo que mejor no entendemos. Ni siquiera comprendemos aún a fondo la diferencia -haberla hayla- entre el vacío y la nada.

Álvaro de Rújula es físico teórico del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN).

Máquinas con rostro humano : Los hombres están enseñando a los robots a pensar. ¿Cómo? Con la lógica borrosa

Publicado por el 14 oct, 2008 en Neurociencia |

JAVIER SAMPEDRO 21/09/2008

 La lógica dice que Sócrates era mortal (ya que Sócrates era humano y todos los humanos son mortales), pero no si era alto o bajo, ni si cobraba un sueldo digno o era friolero. Ser "alto" es un concepto difuso, y enseñárselo a una máquina requiere un nuevo tipo de "lógica borrosa". El problema es importante porque la mayoría de las situaciones de la vida real son difusas. ¿Hace calor o "se está bien"? ¿Cuándo pisar o soltar el freno? ¿Tiene gastritis el paciente? ¿Hay crisis o desaceleración?  

"La lógica clásica aristotélica se ha mostrado eficaz en ciencias duras como la matemática o la física", dice el científico de la computación Jorge Elorza, de la Universidad de Navarra. "Pero resulta insuficiente cuando los predicados contienen imprecisión, incertidumbre o vaguedad, que es como funciona el razonamiento humano; la lógica borrosa ayuda a que los programas informáticos interpreten juicios de ese tipo".

Elorza cita como ejemplo los criterios para diagnosticar gastritis aguda: "Dolores difusos en el estómago, náuseas con o sin vómitos y molestias inespecíficas". Para que los ordenadores ayuden en el diagnóstico médico, deben programarse con la lógica borrosa, más similar a la que aplican los médicos en estos casos. "Se trata de computar con palabras en vez de con números", dice.

En la lógica borrosa, las cosas no son verdad o mentira. Una cosa puede ser verdadera al 15% (técnicamente, su "grado de verdad" es del 0,15). Y las variables (o categorías) no son números, sino nombres sin fronteras precisas (hace calor, frío o "se está normal"), y los operadores que los modifican son "bastante" o "no mucho".

Como sabe cualquier oficinista o consumidor de grandes almacenes, que haga calor, haga frío o se esté normal son tres cosas que pueden ser verdad a la vez. Y que además suelen serlo, dependiendo de a quién pregunte uno. Un termostato borroso sopesa los grados de verdad de las tres descripciones para decidir si enchufar más o menos aire frío en la sala. Esto, por cierto, elimina la clásica distinción entre optimistas y pesimistas, porque el vaso ya no está medio lleno o medio vacío, sino lleno con un grado de verdad del 0,5. Y vacío en el mismo grado. Si el vaso está a tres cuartos de su capacidad, es verdad (al 0,75) que está lleno, pero también es verdad (al 0,25) que está vacío.

Las aplicaciones de la lógica borrosa en la ingeniería crecen con ímpetu. De hecho, ya forman parte de la vida cotidiana. "Mi lavadora es de una de las dos marcas que ya usan la lógica borrosa", asegura Elorza. Las dos marcas son AEG y Miele, y utilizan estos métodos de computación para moderar el programa de lavado si la ropa "no está muy sucia": un concepto difuso.

La técnica también está extendida en los sistemas de frenado de los coches, el foco automático de las cámaras fotográficas, control de los ascensores en edificios públicos, filtros de spam (correo basura) y videojuegos. Los fabricantes no han publicitado estos avances por una razón evidente. "Frenos controlados por lógica borrosa" no es la clase de mensaje que más coches puede vender.

Pero la mala fama de la lógica borrosa se debe a que tiene el nombre mal puesto. Lo que es borroso no es la lógica -que tiene una definición matemática precisa-, sino el mundo al que se aplica, incluida nuestra percepción de sus fronteras y sus categorías.

"Las máquinas codifican lo que nosotros les transmitimos y calculan muy deprisa, pero carecen del menor grado de generalización", explica Elorza. "Los últimos avances engloban métodos que, junto con la lógica borrosa, pivotan sobre redes neuronales y algoritmos genéticos, una enriquecedora combinación de técnicas denominada soft computing El concepto de soft computing, que podría traducirse por "computación blanda" (aunque nadie lo suele hacer), fue introducido en la década pasada por el matemático azerbaiyano-iraní Lofti Zadeh, de la Universidad de Berkeley. El propio Zadeh había inventado la lógica borrosa en los años sesenta y setenta. Los avances posteriores en redes neurales (programas que aprenden de la experiencia) y algoritmos genéticos (programas que evolucionan en el tiempo) le parecieron a Zadeh un complemento idóneo para su lógica borrosa.

La combinación de estas herramientas (el soft computing) permite a las máquinas aprender a manejar conceptos difusos, muy al estilo humano. El Congreso Español sobre Tecnologías y Lógica Fuzzy va por su decimocuarta edición, que se ha celebrado esta semana en las cuencas mineras asturianas (Langreo-Mieres).

Un ejemplo en que el soft computing ha logrado notables avances es el reconocimiento de la escritura manual. Se trata de un problema correoso para la computación convencional, porque es difícil imaginar una descripción matemática precisa de la letra a que abarque a todas las aes que escribimos (y reconocemos) las personas. El soft computing sí puede manejar categorías como "más o menos una a". Recuerden que, en la lógica difusa, una cosa puede ser una a con un grado de verdad del 0,7, por ejemplo. El sistema de reconocimiento de escritura falla mucho con cada nuevo usuario, pero luego se adapta a las peculiaridades de sus trazos. Para esto sirven las redes neurales.

Las redes neurales son programas inspirados en la biología. Se componen de neuronas que reciben varios inputs y los combinan para emitir un solo output, como las neuronas de verdad. Y, también como éstas, modifican la fuerza de sus conexiones en función de la experiencia. Su aprendizaje suele ser "guiado", es decir, se basa en la comparación del resultado propuesto por la máquina con la solución correcta de la vida real.

Estos programas no pretenden ser un modelo del funcionamiento real del cerebro -tanto las neuronas individuales como sus conexiones son una caricatura de su versión biológica-, pero son capaces de aprender de la experiencia.

El 75% de los coches que se fabrican van equipados con el sistema de frenado ABS. Intel Corporation, el gigante de los chips, es también uno de los proveedores de controles electrónicos para el ABS, y utiliza la lógica borrosa. La función del ABS es manipular los frenos para evitar que el coche patine. Un largo encadenamiento de silogismos aristotélicos no ayuda mucho en esas situaciones, como sabe cualquier conductor. Los sistemas de visión artificial dependen con fuerza de la lógica borrosa. A nosotros nos parece fácil descomponer una escena visual en objetos, pero situar sus fronteras es un asunto dificultoso que nuestro cerebro tiene que resolver cada segundo.

La frontera real llega a nuestros ojos desdibujada por la imprecisión del foco, las sombras y los claroscuros. Varias interpretaciones pueden ser verdad a la vez, y es ponderando el grado de verdad como la máquina decide. Nuestro córtex visual también funciona así. Lo mismo cabe decir de los sistemas de identificación facial, reconocimiento del habla e interpretación de los gestos, algunos aparatos de diagnóstico medio y un creciente número de aplicaciones financieras.

La lógica difusa puede presumir de unos orígenes venerables. Hace ya 2.400 años que Parménides de Elea sugirió que una proposición podía ser verdadera y falsa al mismo tiempo. Su gran admirador Platón le hizo caso y llegó a admitir una tercera región entre los polos de la verdad y la falsedad. Pero estas ideas tuvieron que esperar a Zadeh para cristalizar en una forma matemática precisa, y por tanto útil para los ingenieros.

La idea de que el cerebro humano utiliza un mecanismo análogo a la lógica borrosa debe mucho al lingüista William Labov, fundador de la moderna sociolingüística. Labov demostró en 1973 que las categorías "taza" y "cuenco" son difusas en nuestro cerebro: solapan una con otra, y su uso depende más del contexto y la experiencia del hablante que del tamaño real del recipiente. Por ejemplo, muchos sujetos del experimento consideraron el mismo recipiente como una taza (si se les decía que contenía café) y como un cuenco (cuando un rato después se les sugirió que servía para comer). La decisión entre los dos nombres depende a la vez de otros factores: tener un asa, ser de cristal, llevar un plato debajo y exhibir un diámetro creciente de base a boca restan puntos a "cuenco" y empujan al hablante hacia "taza". El resultado de Labov es muy similar a la lógica borrosa: en nuestro cerebro, un objeto puede ser un cuenco con un grado de verdad del 0,7 y una taza con un grado de verdad del 0,3. Y esos grados se ajustan continuamente en función del contexto y la experiencia del hablante.

La neurobiología más reciente ha confirmado las ideas de Labov de una forma inesperada, en una serie de experimentos que han iluminado el problema central de la semántica -¿cómo atribuimos un significado a las palabras?- e incluso un tema clave de la filosofía de la mente: qué son los conceptos, los símbolos mentales con los que se teje el pensamiento humano.

La idea convencional es que los conceptos son entidades estables, que se forman y manipulan en las altas instancias del córtex cerebral (los lóbulos frontales, agigantados durante la evolución humana). El concepto "flor" sería un auténtico "símbolo" por lo mismo que lo es la palabra flor: porque se ha independizado de su significado y se puede manejar sin tener delante una flor.

Pero los datos están revelando que el símbolo y su significado son en gran medida lo mismo para nuestro cerebro. Pensar en algo rojo, o incluso pensar en abstracto sobre el color rojo, activa los mismos circuitos cerebrales que verlo físicamente.

Una pregunta común en los tests psicológicos es si dos dibujos distintos representan dos orientaciones del mismo objeto. Lo resolvemos "rotando mentalmente" el objeto, como pone de manifiesto un hecho elocuente: nuestro tiempo de respuesta es directamente proporcional al ángulo que distingue a un dibujo de otro.

El laboratorio de Herbert Bauer, en Viena, demostró el año pasado que la "rotación mental" es indisociable de la actividad de una parte del córtex motor, la misma que usamos cuando queremos mover un objeto de verdad. Se trata, según Bauer, de "una simulación interna de la rotación real de un objeto".

Cuando una persona lee el verbo "saltar" no sólo se activan sus lóbulos frontales, sino también las áreas que reciben la información de los sentidos y las motoras que rigen sus acciones. Los conceptos que manejamos se parecen menos a las definiciones de la lógica formal que a las verdades de la lógica borrosa: relativas, provisionales y tejidas con las hebras del mundo real.

El delirio de los políticos

Publicado por el 14 oct, 2008 en Biopolítica |

  • Creerse invencibles y ver enemigos en todas partes es común entre los gobernantes
  • La clase dirigente española tampoco escapa a estos síntomas
  • El británico David Owen analiza en un libro la ‘locura’ que provoca el poder
ISABEL F. LANTIGUA

MADRID.- ¿Por qué decidió el trío de las Azores –Aznar, Bush y Blair- invadir Irak con toda la ciudadanía e incluso miembros de sus propios gabinetes en contra? ¿Por qué perdieron el contacto con la realidad y no escucharon a la opinión pública? El ex político británico y neurólogo David Owen cree que parte de la culpa fue del ‘síndrome Hubris’, un trastorno común entre los gobernantes que llevan tiempo en el poder.

Neville Chamberlain, Hitler, Margaret Thatcher en sus últimos años, George Bush o Tony Blair son solo algunos de los líderes que han sucumbido al ‘Hubris’, un problema que no está caracterizado como tal por la medicina, pero que tiene síntomas fácilmente reconocibles, entre los que destacan una exagerada confianza en sí mismos, desprecio por los consejos de quienes les rodean y alejamiento progresivo de la realidad.

"Las presiones y la responsabilidad que conlleva el poder termina afectando a la mente", explica al diario ‘Daily Telegraph’ Lord Owen, que ha recogido en su nuevo libro ‘In Sickness and in Power’ (‘En la enfermedad y en el poder’) las conclusiones de seis años de estudio del cerebro de los líderes políticos. "El poder intoxica tanto que termina afectando al juicio de los dirigentes", afirma.

Llega un momento en que quienes gobiernan dejan de escuchar, se vuelven imprudentes y toman decisiones por su cuenta, sin consultar, porque piensan que sus ideas son las correctas. Por eso, aunque finalmente se demuestren erróneas, nunca reconocerán la equivocación y seguirán pensando en su buen hacer. El ejemplo más reciente es la guerra de Irak, pero hay muchos en la historia, dice David Owen, que conoce bien la política, ya que fue uno de los fundadores del Partido Social Demócrata Británico (SPD) y Secretario de Exteriores del Reino Unido.

En un ensayo publicado en ‘Journal of the Royal Society of Medicine’, Owen, que reconoce que el poder se le subió un poco a la cabeza aunque nunca llegó a esos extremos, señala que este comportamiento hubrístico, el sentirse llamados por el destino a grandes hazañas, es lo que llevó a Bush y Blair a "no planificar con detalle cómo reemplazarían la autoridad de Sadam Hussein y a no pensar en la respuesta del ejército iraquí. Estaban tan convencidos de que la invasión de Irak era la mejor opción y de que recibirían a las tropas con los brazos abiertos que hicieron caso omiso de las advertencias de los expertos".

¿Con los pies en el suelo?

El síndrome responde más a una denominación sociológica que propiamente médica, aunque los galenos son conscientes de los efectos mentales del poder. El psiquiatra Manuel Franco, jefe de Servicio del Complejo Asistencial de Zamora, explica lo que pasa con los líderes políticos.

"Una persona más o menos normal se mete en política y de repente alcanza el poder o un cargo importante. Internamente tiene un principio de duda sobre si realmente tiene capacidad para ello. Pero pronto surge la legión de incondicionales que le felicitan y reconocen su valía. Poco a poco, la primera duda sobre su capacidad se transforma y empieza a pensar que está ahí por méritos propios. Todo el mundo quiere saludarle, hablar con él, recibe halagos de belleza, inteligencia… y hasta liga".

Esta es sólo una primera fase. Pronto se da un paso más "en el que ya no se le dice lo que hace bien, sino que menos mal que estaba allí para solucionarlo y es entonces cuando se entra en la ideación megalomaniaca, cuyos síntomas son la infalibilidad y el creerse insustituible". Para el doctor Franco, es entonces cuando los políticos "comienzan a realizar planes estratégicos para 20 años como si ellos fueran a estar todo ese tiempo, a hacer obras faraónicas o a dar conferencias de un tema que desconocen".

Pero no queda aquí la cosa. Tras un tiempo en el poder, los afectados por el ‘Hubris’ padecen lo que psicopatológicamente se llama ‘desarrollo paranoide’. "Todo el que se opone a él o a sus ideas son enemigos personales, que responden a envidias. Puede llegar incluso a la ‘paranoia o trastorno delirante’, que consiste en sospechar de todo el mundo que le haga una mínima crítica y a, progresivamente, aislarse más de la sociedad. Y, así, hasta el cese o pérdida de las elecciones, donde viene el batacazo y se desarrolla un cuadro depresivo ante una situación que no comprende", concluye Franco.

Palabra de griego

Este problema es antiguo, aunque ha evolucionado con el tiempo. Fueron los griegos los primeros que utilizaron la palabra ‘Hubris’ para definir al héroe que lograba la gloria y ‘borracho’ de éxito se empezaba a comportar como un Dios, capaz de cualquier cosa. Este sentimiento le llevaba a cometer un error tras otro. Como castigo al ‘Hubris’ está la ‘Nemesis’, que devuelve a la persona a la realidad a través de un fracaso.

Existen algunos factores que predisponen más a desarrollar este comportamiento. Para el psiquiatra Manuel Franco, el principal factor de riesgo es ser varón, ya que "los hombres son muy sensibles al halago y al reconocimiento y toleran mal la frustración", aunque también contribuye tener "una baja capacidad intelectiva".

El hecho de que este síndrome sea tan común en política se debe, según este experto, a que "en otros ámbitos es más frecuente que el que esté arriba sea el más capaz, pero en política no es así, porque los ascensos van más ligados a fidelidades. El poder no está en manos del más capaz, pero quien lo ostenta cree que sí y empieza a comportarse de forma narcisista".

Aunque no faltan ejemplos entre los políticos españoles, Manuel Franco reconoce uno muy reciente y muy comentado en la campaña electoral. Se refiere a la reforma del piso del Ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo.

"Sólo bajo la idea de infalibilidad y de creerse imprescindible, es decir, bajo una ideación megalomaniaca puede uno hacer una reforma de esas características dos meses antes de unas elecciones cuya victoria no estaba clara y que, aunque se diera, él podría no seguir. El sentido común le hubiese llevado a esperar a tener la confirmación de su puesto. Bajo la ideación megalomaniaca hace la obra sin reparar en más. Y en las explicaciones refería buscar la dignificación de la vivienda, dando la impresión de que su antecesora no la tenía digna. En realidad, lo único que estaba en su mente es que alguien tan importante como él no podía estar con menos".

Aparte de los síntomas evidentes, la neurociencia no ha encontrado aún las bases científicas que expliquen este síndrome. Además, como reconoce el doctor Franco, "es difícil tratarlo o evitarlo, sobre todo porque quien lo padece no tiene conciencia de ello".

El gen egoísta de los dictadores

Publicado por el 14 oct, 2008 en Biopolítica |

ROSA M. TRISTÁN. Los dictadores más infames y egoístas de la Historia de la humanidad es probable que, junto con su afán por acumular poder y riqueza, compartieran unas características concretas en un determinado gen.

Hitler, Mussolini, Mobutu, Pinochet o, más de actualidad, Robert Mugabe podrían tener su gen AVRP1 más corto que otros seres humanos, lo que afectó, y aún afecta en el último caso, a su capacidad de ser generosos con los demás.

En concreto, como ya se descubrió en 2005, el AVPR1 es el gen que posibilita que una hormona llamada vasopresina actúe sobre las células cerebrales. Esta hormona está asociada a la creación de vínculos sociales y afectivos, lo que supone una mayor tendencia al altruismo a medida que se tiene una mayor cantidad de vasopresina.

Los descubridores de la función de este gen en el comportamiento de los tiranos son investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que diseñaron un experimento económico al que bautizaron como El juego del dictador, para comprobar qué personalidades son más tendentes al egoísmo más extremo. Sus resultados los han publicado en la revista ‘Genes, Brain and Behaviour’ de este mes’.

El ejercicio consistió en dar una cantidad de dinero a un grupo de sujetos y comprobar si se repetían unas particularidades genéticas en quienes estaban menos dispuestos a compartir. En concreto, se buscaron 203 estudiantes de ambos sexos que tenían (al igual que sus padres) genotipos del gen AVPR1 con diferentes versiones.

Distribución de riqueza

Se les dividió en dos grupos: dictadores y receptores. A los primeros se les facilitaron 50 shekels (unos 14 dólares) y se les indicó que, cada uno, podía quedarse ese dinero o distribuirlo con los jugadores receptores.

Por cada shekel que se quedaran, recibirían otro y por cada uno que dieran, el receptor también tendría otro más. En definitiva, un juego en el que el viejo refrán de "es mejor dar que recibir" perdía su sentido si se trataba de aumentar la riqueza, mientras que la fortuna del receptor dependía totalmente de lo que el dictador tenga a bien otorgarle.

El presidente de Zimbaue, Robert Mugabe (Foto: EFE)

 

 

El presidente de Zimbaue, Robert Mugabe (Foto: EFE)

 

Al final, cerca del 18% de los dictadores optó por quedarse con todo el capital, casi la mitad dieron más o menos el 50% y hubo un 6% que lo distribuyó todo. El sexo, en estas decisiones, no supuso un rasgo diferencial.

Richard Ebstein, que ha dirigido la investigación, pensó que el comportamiento de los más egoístas quizás tuviera que ver con que en los centros de recompensa de sus cerebros se genera poco placer ante las acciones altruistas, algo en lo que ya se sabía que la vasopresina tenía algo que decir.

Por ello, decidieron mirar qué pasaba con el gen AVPR1 en el grupo de los dictadores y observaron que había una correlación entre quienes tenían la longitud del gen en su versión más corta y quienes manifestaron un actitud más egoísta.

Ello no quiere decir, precisan los científicos, que la longitud esté directamente relacionada con la ambición y la avaricia, pero si sugieren que los cerebros con el gen corto pueden ayudar a distribuir la hormona vasopresina de tal forma que genera menos placer ante una buena acción, como es repartir la riqueza con quien no la tiene.

Y baste de ejemplo la fortuna que amasó Sadam Hussein con el petróleo, la que consiguió Mobutu Sese Seko en Zaire con los minerales o la que llena las arcas privadas del presidente guineano Teodoro Obiang, también gracias al oro negro y en lugares donde la población vive en la miseria.

"Es bastante seguro que los dictadores codiciosos tienen un componente genético", dice Ebstein.

El factor ambiental

Pero hay quien duda de los resultados de este experimento. El profesor Nicholas Bardsley, de la Universidad de Southampton (Reino Unido), señala en Nature News que los jugadores más altruistas, ese 6% que lo da todo en el Juego del dictador, quizá tuvieron más habilidad social para descubrir lo que se esperaba de ellos (ser generosos), habilidad de la que carecía el 18% que parece más despiadado.

También recuerda que hay dictadores que dan dinero alegremente a su entorno, mientras que, por otro lado, podrían estar robándolo a los jugadores de otro ejercicio en el que, en vez de distribuir, el objetivo fuera conseguir una fortuna.

Por parte, el psicólogo español Iñaqui Piñuel, autor de un libro sobre la perversión del poder (‘Mi jefe es un psicópata’, de Alienta Editorial), considera que no todo se debe reducir a los genes.

"Puede que en la personalidad de los dictadores haya una base genética, pero tiene que estar influida por las experiencias tempranas en la infancia para que tenga lugar esa transformación en un psicópata", señala a EL MUNDO. En su opinión, esa es la razón por la que personas que son normales, sufren un cambio radical cuando alcanzan el poder, hasta volverse locos en algunos casos.

Piñuel recuerda que no todos los líderes llegan a ser como Hitler. "La genética tiene su papel, pero también el entorno", argumenta.

Entrevista con Eduardo González, Presidente del Foro Español de la Energía Nuclear

Publicado por el 14 oct, 2008 en Entrevistas |

NORMA VIDAL

BARCELONA.- Es la fuente energética que alberga más detractores y, no obstante, es la más barata y menos contaminante. A juicio de Eduardo González, gran defensor de este recurso, lo importante en la balanza debe ser el resultado final.

PREGUNTA.- ¿Qué valoración hace del actual estado energético de España?

RESPUESTA.- España necesita tener conciencia de ahorro. Nos encontramos en una situación similar al resto de países de Europa, pero más exacerbada todavía, con mayor dependencia exterior y con menos facilidad para tener fuentes alternativas. Por un lado debemos incrementar nuestro ahorro y por otro desarrollar todo lo que podamos las fuentes autóctonas, y desde luego la nuclear es una de ellas. El uso de la energía nuclear en el sistema eléctrico es la fuente más estable, la que funciona más horas al año, la que tiene un coste de operaciones más barato en cuanto a los precios de la materias primas, y además no emite gases de efecto invernadero, o sea que cumple los requisitos para ser una fuente que hay que utilizar.

P.- Sin embargo, la proliferación de centrales nucleares comportaría un incremento de la demanda de uranio y su consecuente encarecimiento.

R.- El precio de lo que cuesta esta materia prima en relación con lo que cuesta al final la electricidad nuclear es muy poco, supone el 5%, por lo tanto tampoco tendría un impacto muy grande aunque subieran los precios.

P.- Existen muchos detractores que afirman que la energía nuclear presenta muchos inconvenientes.

R.- Todo en la vida tiene inconvenientes, el tema está en cuál es el balance final. Nosotros somos conscientes de cuáles son los retos a los que nos enfrentamos, pero la verdad es que las centrales nucleares en Occidente funcionan muy bien. El hecho de que después de 40 años con reactores funcionando no hayamos sufrido ningún accidente que haya afectado a personas o al medioambiente demuestra que estas plantas son seguras.

P.- Entonces las centrales españolas responden bien.

R.- Nuestras centrales están funcionando bastante bien, es cierto que a veces hay averías, pero son industrias y a veces falla algún equipo. Eso no significa que haya riesgos porque los protocolos de seguridad son muy estrictos y las empresas son las primeras interesadas en que las cosas funcionen bien. La realidad es que se trata de una industria que funciona bien, que genera el 20% de la energía eléctrica de este país, cuyos costes son inferiores a los que tienen otras fuentes, además es la energía de mayor volumen que no emite dióxido de carbono.

P.- ¿Es necesaria la intervención del Gobierno para asegurar el futuro de las centrales?

R.- Los programas energéticos se basan en gran medida en decisiones que adoptan los gobiernos de los países. En el caso de España se ha apostado por las energías renovables, aunque los costes son más elevados que los de otras fuentes. En el ámbito nuclear no se pide ayuda económica, lo que se pide es que haya una estabilidad jurídica a la hora de tomar ciertas decisiones. En ese sentido, es cierto que para que podamos construir nuevas centrales es necesario un consenso entre las distintas fuerzas políticas.

P.- ¿Considera que es necesario abrir un debate energético global?

R.- Creo que en España no hemos analizado suficientemente a nivel global los problemas a los que nos enfrentamos y la sociedad se basa en informaciones sesgadas, por eso considero importante debatir estas cuestiones y revisar el modelo energético.

P.- ¿Cuál es el modelo que deberíamos adoptar?

R.- Un modelo para el sistema eléctrico muy equilibrado, parecido al que existe a nivel europeo donde la energía nuclear adquiera protagonismo, basado en un tercio de energía nuclear combinado con otro tercio fruto de recursos renovables y otro de energías fósiles. Desde el foro entendemos que situaciones como la de Francia en la que el 80% de la electricidad es de origen nuclear no es equilibrada, porque eso plantea otros problemas en el sistema eléctrico. Pero un tercio es un volumen adecuado teniendo en cuenta nuestro sistema de consumo.

P.- Organizaciones ecologistas apuntan un posible declive de la energía nuclear a nivel mundial. ¿Es cierto?

R.- Si analizamos los últimos 20 años veremos que la producción de electricidad a través de energía nuclear ha crecido al entorno del 3% cada año a nivel mundial, o sea que no es cierto que haya dejado de crecer la generación nuclear. Lo que si que es verdad es que el volumen de producción ha crecido sin necesidad de construir nuevos reactores porque las centrales hace quince años sólo funcionaban el 60% del tiempo y ahora funcionan el 90%. La realidad es que en los últimos 3 o 4 años al problema de suministro de fuentes energéticas se ha sumado el cambio climático, y muchos países están volviendo a la senda de la energía nuclear. En Finlandia, por ejemplo, en los años 90 se decidió no construir más reactores y en 2004 se aprobó uno. El Gobierno ruso ha elaborado un informe en el que para cubrir la demanda de los próximos 30 años será necesario construir 42 centrales. No es correcto decir que los planes de la energía nuclear son de abandono porque a nivel mundial hay gobiernos que están manifestando su interés por volver a desarrollar esta energía, y creo que en España pasará algo parecido.

El Mundo
30 de marzo de 2008

Felicitamos a nuestros colaboradores

Publicado por el 10 oct, 2008 en Tercera Cultura | 0 comentarios

Lázaro y Savater

Lázaro y Savater

Felicitamos a nuestros colaboradores, participantes ambos en el curso de Aranjuez: José Lázaro gana el premio Comillas con una biografía de Luis Martín-Santos y Fernando Savater gana el Planeta con una novela de aventuras

¿valentía de género?

Publicado por el 9 oct, 2008 en General |

Sobre la llamada “violencia de género”. Muchos hemos criticado tal definición. Aquí, en mi mundo submarino, como a ca l´arcadi o a can Fàbregas . ¿Por qué motivo? Como dice Arcadi Espada, es “Un tag infamante para el hombre, porque conlleva declararle culpable como especie .” Estos días, bien al contrario, tenemos en la prensa el caso de hombres que ponen en peligro su vida (y espero que no la pierdan) por defender mujeres, como en el caso del profesor Neira. Son hombres que se enfrentan a hombres violentos y, a juzgar por las fotografías, de tamaño bastante grande. Ayer en El País “Empleados de un supermercado salvan a una cajera de ser apuñalada”. El delegado del gobierno Rafael González Tovar alabó la actuación del encargado que “se jugó el físico para conseguir que esta agresión no se llevara a efecto”. Hace unos días fuimos testigos de las brutales imágenes de un sujeto golpeando a un hombre que estaba tirado en el suelo entre dos coches. Se trataba de un maltratador que se había tomado a mal que un joven le impidiera seguir golpeando a su pareja y madre de un niño que era testigo del suceso desde el coche.

Todos estos actos de valentía se dan además después de la conmoción causada al saber el triste desenlace de la decisión del profesor Neira y de los típicos Manolo, contente, no te vaya a hacer daño ese bestia. Creo que, por honrar a estas personas y, muy especialmente, a ese hombre bueno que es el profesor Neira, parafraseando el post de Arcadi Espada, “ya va siendo hora que los alfabetizados de cualquier género se rebelen”. Jesús Neira y los demás se merecen que “esta broma de colegialas pedantes” acabe de una vez

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