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Pienso, luego… ¡mosquis! : Las enseñanzas filosóficas implícitas en los personajes de Los Simpsons

Publicado por el 18 oct, 2008 en Cultura |

JORDI SOLER - Barcelona – 16/08/2008 En la Universidad de Berkeley, en California, se imparte un curso de filosofía fundamentado en la vida cotidiana de la familia Simpson. El maestro y sus alumnos van tomando nota, a lo largo de un semestre, de los actos y los diálogos que la tribu de Homer va desvelando semanalmente en la televisión; este conocimiento, aparentemente superfluo, les sirve para comprender, y luego aplicar, los engranajes del pensamiento filosófico. Matt Groening, artífice de esta familia dolorosamente arquetípica, sostiene: “Los Simpson es un programa que te recompensa si pones suficiente atención”. Sus célebres episodios pueden entenderse en distintos niveles, divierten a niños, a adultos y a filósofos; tres datos sobre la inversión que lleva cada capítulo de esta serie dan una idea de su complejidad: 300 personas, que trabajan durante 8 meses, con un costo de 1,5 millones de dólares.

La misma idea de convertir a la familia Simpson en materia de especulación filosófica es el tema de un curioso libro, The Simpsons and philosophy: the D’oh of Homer (ese D’oh se traduce en la versión española por “mosquis”, la célebre interjección de Homer). Una nueva editorial, Blackie, lo publicará en España en invierno con el título de Los Simpson y la filosofía. En este volumen, un éxito de ventas en EE UU e Italia, 20 filósofos, de diversas universidades de Estados Unidos, ensayan sobre esta familia y su entorno en la desternillante ciudad de Springfield. El compilador de este proyecto de reflexión colectiva es William Irwin, profesor de filosofía del Kings College, en Pensilvania, con la participación de Mark T. Conrad y Aeon J. Skoble; Irwin es también autor de un célebre ensayo, en la misma línea de filosofía pop, titulado Seinfeld and philosophy (Seinfeld y la filosofía), donde, en un ejercicio a caballo entre la reflexión y la enajenación que produce mirar tantas horas la tele, desmonta filosóficamente la vida del solterón neoyorquino y el grupo de solterones que lo rodean.

Los Simpson y la filosofía comienza con un ensayo de Raja Halwani dedicado a rescatar, filosóficamente, lo que Homer tiene de admirable, y el punto de partida para esta empresa imposible es Aristóteles, ni más ni menos. “Los hombres fallan a la hora de discernir en la vida qué es el bien”; esta idea aristotélica consuena con esta idea homérica, de Homer Simpson: “Yo no puedo vivir esta vida de mierda que llevas tú. Lo quiero todo, las terroríficas partes bajas, las cimas mareantes, las partes cremosas de en medio”. La interesantísima radiografía filosófica de Homer que hace Halwani viene salpicada con diálogos y situaciones que hacen ver al lector lo que ya había notado al ver Los Simpson en la televisión: que Homer, fuera de algunos momentos de intensa vitalidad, casi todos asociados con la cerveza Duff, no tiene nada de admirable. “Brindo por el alcohol, que es la causa y la solución de todos los problemas de la vida”, dice Homer en un momento festivo, con una jarra de cerveza en la mano, y unos capítulos más tarde se sincera con Marge, su esposa: “Mira Marge, siento mucho no haber sido mejor esposo; estoy arrepentido del día en que intenté hacer salsa en la bañera y de la vez en que le puse cera al coche con tu vestido de novia… Digamos que te pido perdón por todo nuestro matrimonio hasta el día de hoy”.

El libro se divide en cuatro grandes secciones: personajes, temas simpsonianos, la ética de los Simpson y los Simpson y los filósofos. El resultado, como suele suceder en los libros de varios autores, es desigual y ligeramente repetitivo; sin embargo, su lectura puede ser muy instructiva para los millones de forofos de esta serie que desde 1989 presenta una visión de la sociedad en dibujos que se parece bastante a la realidad de la familia occidental; en sus episodios, además de la lúcida disección que se hace del zoo humano, se tratan temas muy serios como la inmigración, los derechos de los homosexuales, la energía nuclear, la polución, y todo teñido de una sátira política que al final, como sucede casi siempre en los ambientes de Hollywood, resulta ser más demócrata que republicana.

Hace unos años, Matt Groening declaró que el gran subtexto de Los Simpson es éste: “La gente que está en el poder no siempre tiene en mente tu bienestar”. La serie está basada en la desconfianza que siente el ciudadano común frente al poder, en todas sus manifestaciones, y en la necesidad que éste tiene de preservar a su familia que, por disfuncional que sea, termina siendo el último refugio posible. En los capítulos que se ocupan de los personajes de la serie, los filósofos autores de este libro aprovechan para revisar el antiintelectualismo yanqui a la luz de Lisa, o el silencio de Maggie a partir de esa idea de Wittgenstein que dice “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”; también hay una sesuda reflexión sobre Marge, esposa y madre, como referente moral de la familia Simpson, y del pueblo de Springfield; en uno de los episodios aparece este diálogo, debidamente consignado en el libro, entre Marge y el tabernero Moe:

Moe: “He perdido las ganas de vivir”.

Marge: “Oh, eso es ridículo, Moe. Tienes muchas cosas por las que vivir”.

Moe: “¿De verdad?, no es lo que me ha dicho el reverendo Lovejoy. Gracias Marge, eres buena”.

Bart Simpson es analizado con óptica nietzscheana; Mark T. Conrad intenta armonizar la vida gamberra de este niño con el rechazo de Nietzsche a la moral tradicional. “Yo no lo hice. Nadie me ha visto hacerlo. No hay manera de que tú puedas probar nada”, se defiende Bart en uno de los episodios, ignorando esta contundente línea de Nietzsche que lo justifica: “No existen los hechos, sólo las interpretaciones”.

Además de Nietzsche y Aristóteles, Los Simpson y la filosofía echa mano de Kierkegaard, Camus, Sartre, Heidegger, Popper, Bergson, Husserl, Kant y Marx, y este último filósofo da sustancia al divertido capítulo Un (Karl, no Groucho) marxista en Springfield, donde James M. Wallace llega a la conclusión de que los Simpson son capitalistas y, simultáneamente, críticos marxistas de la sociedad capitalista. A la hora de desmontar filosóficamente a Homer, Raja Halwani llega a la conclusión de que el tipo de carácter que tiene este personaje, desde el punto de vista aristotélico, es el vicioso, su escaso autocontrol frente a la ira, la alegría, el sexo o la cerveza, sus mentiras y su cobardía histérica en las situaciones en que tendría que responder como jefe de la tribu, lo sitúan como la antítesis de la templanza. Esta línea, dicha por él mismo cuando peligraba su integridad física, describe bien al entrañable personaje: “¡Oh, Dios mío; criaturas del espacio! ¡No me coman, tengo esposa e hijos!; ¡cómanselos a ellos!”.

La sabiduría amarilla, en frases

Una selección de algunas de las frases más memorables de Homer Simpson:

- ?Yo no puedo vivir esta vida de mierda que llevas tú. Lo quiero todo: las terroríficas partes bajas, las cimas mareantes, las partes cremosas de en medio…?.

- ?Brindo por el alcohol: que es la causa y la solución de los problemas de la vida?.

- ?Intentar algo es el primer paso hacia el fracaso?.

- ?Normalmente no rezo, pero si estás ahí, por favor sálvame, Superman?.

- A Billy Corgan, de The Smashing Pumpkins: ?¿Sabes? Mis hijos piensan que eres fantástico. Y gracias a tu música depresiva han dejado de soñar con un futuro que no puedo darles?.

- ?¿Cuándo aprenderé? Las respuestas de la vida no están en el fondo de una botella. ¡Están en el televisor!?.

- ?Sólo porque no me importe no significa que no lo entienda?.

- ?Si cuesta trabajo hacerlo, es que no merece la pena?.

- ?Quiero decirte las tres frases que te acompañarán en la vida. Uno, ?cúbreme?; dos, ?jefe, qué gran idea?; tres, ?así estaba cuando llegué??.

- ?Hijo, una mujer es como una cerveza. Huelen bien, se ven bien, ¡y matarías a tu madre por una! Y no puedes tener sólo una. Querrás beber a otra mujer?.

Evolución humana a la carta : La posibilidad de mejorar genéticamente al ‘Homo sapiens’ será pronto posible. Los científicos debaten si es ético ‘fabricar’ hombres más fuertes o más sanos

Publicado por el 18 oct, 2008 en Sociobiología |

MÓNICA SALOMONE 16/08/2008 El primer positivo por EPO de los Juegos Olímpicos -el de la ciclista española Maribel Moreno- es una mala noticia que sin embargo tiene una segunda lectura: hay “un” positivo, es decir, el dopaje se ha detectado. Hace años que se venía anunciando que Pekín 2008 serían los Juegos del dopaje genético, una técnica que viene a ser la última elucubración para tratar de forzar aún más la máquina humana… sin dejar rastro en los análisis. Hasta ahora, no hay pruebas de que haya sido así. Pero de lo que nadie duda es que si no ha sido en Pekín, será en Londres 2012 o, si la candidatura tiene suerte, en Madrid 2016.

El dopaje genético, basado en la introducción en el organismo de genes ajenos que supuestamente mejorarían el rendimiento físico, se considera la punta de lanza de una cuestión que trasciende el ámbito deportivo: la mejora del cuerpo en general, con técnicas de biomedicina.

Muchos expertos advierten de que tomar las riendas de la evolución para lograr una versión avanzada de la especie humana ya no es un sueño freak ni de la ficción científica. Tal vez en un futuro no lejano los padres deban decidir si regalar a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, genes de resistencia al sida o al alzhéimer, o que les hagan más listos y longevos. ¿Se impondrá entonces el miedo a toquetear los propios genes -en una sociedad que rechaza, con motivos o sin ellos, los alimentos transgénicos, y donde todavía sobrevuela el fantasma de la eugenesia-, o se dará la bienvenida a lo que muchos llaman humanos 2.0?

En el Tercer Encuentro sobre Dopaje Genético, celebrado el pasado mes de julio en San Petersburgo (Rusia) y al que asistieron representantes de unos sesenta países, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) pidió a los Gobiernos sanciones específicas para cualquier intento ilegal de transferir genes a los atletas. La Agencia, que aún no tiene constancia de ningún caso, ha invertido ya siete millones de dólares [4,73 millones de euros al cambio de ayer] en el desarrollo de pruebas específicas para detectarlo. Para evitar que haya algún deportista que, secretamente, lo esté usando ya, se guardarán muestras de los participantes en los Juegos y se las someterá a los análisis pertinentes cuando estén listas.

La idea del dopaje genético deriva de una técnica médica que se investiga desde hace unas tres décadas: la terapia génica. Esta metodología intenta curar enfermedades a base de actuar directamente sobre los genes que intervienen en ellas y no sobre sus productos (las proteínas), que es lo que hacen los fármacos habituales.

Terapia génica, por ejemplo, es intentar introducir en el organismo del paciente genes cuya falta causa la enfermedad. O eliminar los que predisponen a sufrir alguna patología, por ejemplo, un cáncer. Esto último todavía no se puede hacer. De lo más cerca que se está es de la selección de embriones que portan los genes que harán que el futuro niño padezca una enfermedad, como la corea de Huntington. Pero todo se andará.

Y, claro, “las mismas técnicas de la terapia génica pueden usarse no para curar enfermedades, sino para modificar rasgos de la persona”, como explicaba recientemente Theodore Friedman, responsable de dopaje genético de la AMA, en una reunión de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS). “Y el deporte, donde lo que se busca constantemente es mejorar, es el ámbito ideal para poner a prueba esta idea”.

En teoría, el dopaje genético podría proporcionar por ejemplo músculos más fuertes y que se recuperan antes; un mejor sistema de generación de sangre -más aporte de oxígeno, una especie de EPO congénita-, o un metabolismo más eficiente. Los genes con los que habría que trabajar, en principio, se conocen. “Para el tamaño de los músculos y la fuerza, la hormona de crecimiento; para la generación de sangre, la hormona eritropoyetina (EPO)”, dice Friedman. “No es nada muy sofisticado. Por eso creemos que el dopaje genético será inevitable”.

Varios hechos apoyan su diagnóstico. En 2006 emergió en un juicio por dopaje un e-mail del entrenador alemán Thomas Springstein solicitando un fármaco experimental para terapia génica contra la anemia, Repoxygen, que hace al organismo producir más EPO cuando hay menos glóbulos rojos de lo normal. Esta petición hizo saltar la primera alarma sobre la gran demanda potencial del dopaje genético. La segunda han sido las innumerables llamadas que ha recibido el investigador Lee Sweeney, de la Universidad de Pensilvania (EE UU), desde que anunció su trabajo con ratones Schwarzenegger. Sweeney, que investiga en distrofia muscular, trabaja con un gen que estimula la producción de la hormona de crecimiento, y logra así cuadruplicar la masa muscular de ratones. En algunas semanas de 2007 llegó a recibir decenas de llamadas de deportistas y entrenadores.

Así que, si es todo tan sencillo y hay tantas ganas, ¿están ya todos los atletas genéticamente mejorados y la AMA no lo sabe? No, o al menos no todavía. Aunque la teoría parezca simple, la opinión general es que el dopaje genético está aún muy verde (ni siquiera se cree que el Repoxygen sirva realmente como dopante).

En medicina, la terapia génica ha resultado ser mucho más difícil de aplicar, y con efectos secundarios más graves, de lo previsto inicialmente. Se ha visto, por ejemplo, que los genes introducidos pueden activar otros implicados en cánceres y que hasta entonces habían permanecido silenciosos. Por eso, para Friedman es “una locura” que un deportista recurra ahora al dopaje genético.

Pero hay otra pregunta inquietante. ¿Y si fuera posible adquirir habilidades suprahumanas sin efectos secundarios? ¿A qué argumentos habría que recurrir para ilegalizar las técnicas mejoradoras?

John Harris y Sarah Chan, del Instituto para la Ética de la Ciencia de la Universidad de Manchester, repasan, y descartan, las respuestas habituales. ¿No son también mejoras los bañadores de alta tecnología, o una alimentación muy cuidada?, dicen. O el entrenamiento. Se diría que el dopaje es injusto para quienes no lo practican, mientras que el entrenamiento está al alcance de todos. “Pero el entrenamiento de élite puede ser muy caro, y estar incluso menos disponible que las sustancias dopantes”, escriben Harris y Chan en la revista Gene Therapy.

El debate vive también fuera del ámbito deportivo. Chan, que hace unas semanas dio una charla en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en Madrid, defiende que al menos algunos de los próximos pasos en la evolución de la especie humana estén racionalmente dirigidos por ella misma. “La llegada de nuevas formas de mejora humana en nuestro horizonte tecnológico no implican, como muchos han anunciado, el fin de la humanidad; es sólo el paso siguiente en el proceso continuado de la evolución humana”, escribe Chan en el boletín EMBO Reports, de la Organización Europea de Biología Molecular.

La medicina regenerativa, la manipulación genética y los nuevos fármacos abren la puerta a “posibilidades de mejora mucho mayores” de las logradas hasta ahora por la medicina, dice esta experta. Así que “¿por qué limitarnos a tratar la enfermedad?”. Además, “muchas terapias podrían resultar en mejoras, además de en tratamientos. ¿Sería inaceptable su uso sólo porque son demasiado efectivas?”.

Mejor ir a lo concreto. ¿En qué áreas se estaría hoy más cerca de lograr mejoras? Maija Kiuru, de la Universidad de Cornell, en Nueva York (EE UU), repasa en Gene Therapy genes potencialmente interesantes y que ya han sido usados para estudios de terapia génica en animales. Además del de la EPO y los relacionados con la hormona de crecimiento, en la lista hay genes implicados en la obesidad o en la propensión a quedarse calvo, entre otros rasgos. Y no sólo el aspecto importa. También hay genes relacionados con una mejor memoria espacial y con la capacidad de aprender y reconocer objetos visualmente más rápido.

No es mucho, pero los investigadores creen que es sólo el principio. El futuro depara resistencia a enfermedades, más años de vida en buen estado y un cerebro de alto rendimiento -por volver al ámbito del deporte-. Además, se tratará no sólo de mejorarse a uno mismo, sino a los hijos, y a los hijos de los hijos, que heredarán los cambios genéticos si éstos se hacen en las células germinales (óvulos y espermatozoides).

Éste es uno de los puntos que más reticencias despierta, reconoce Chan. Pero ella dice: “Una vez que la tecnología se haya demostrado segura, renunciar a usarla también es decidir sobre el patrimonio genético de nuestros descendientes. Específicamente, es decidir que ellos no disfrutarán de sus beneficios. Si pudiéramos erradicar una enfermedad grave para las futuras generaciones y decidiéramos no hacerlo, dudo de que nuestros descendientes nos lo agradecieran”.

Para Manuel Serrano, del CNIO, la posibilidad de modificar nuestros genes es “totalmente realista”. “Hoy día se pueden generar células madre a partir de células de la piel, y esas células madre se pueden modificar genéticamente. De ellas se pueden generar células germinales, y a partir de ahí es la rutina de la fertilización in vitro. Cada uno de estos pasos se ha dado con ratones, y en principio no veo que no se vaya a poder hacer con humanos”.

Se puede hacer. Pero ¿se debe hacer? Serrano recurre al ejemplo de las vacunas para responder que sí. “Hoy nadie duda en mejorar el sistema inmune de sus hijos con vacunas, una mejora de por vida, irreversible y decidida por los padres, no por el niño. Además, las vacunas funcionan porque seleccionan determinados cambios genéticos en los genes responsables de la inmunidad; por la misma razón, sí sabemos -y así lo hemos demostrado, por ejemplo, nosotros con ratones- que introduciendo unas copias extra de un gen en lo que luego serán espermatozoides u ovocitos podemos literalmente eliminar la posibilidad de cáncer, o de alzhéimer, o de enfermedad cardiovascular, y sin efectos secundarios… ¿Por qué impedirlo?”.

En cuanto a las mejoras cognitivas, las opiniones son más variadas. En la misma reunión de la AAAS en que se habló de dopaje genético, la experta en neuroética de la Universidad de Pensilvania (EE UU) Marta Farah recordó que uno de cada cinco científicos que respondieron a una encuesta de la revista Nature declaraba tomar fármacos psicoactivos no para tratar enfermedades, sino para mejorar su concentración o su memoria. Casi la mitad de los encuestados había tomado modafinil, un fármaco que permite ahorrarse horas de sueño. Así que, igual que en el dopaje, está claro que demanda hay, y que algunos de los genes sobre los que empezar a actuar se conocen ya.

Ahora bien, de ahí a obtener cerebros genéticamente mejorados hay un trecho. “Estamos muy lejos de la manipulación genética para la mejora cognitiva”, señala Javier de Felipe, investigador del Instituto Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en Madrid. De hecho, para tener un súper cerebro él propone otra fórmula, mucho más sencilla, segura y “ampliamente aceptada por la comunidad científica”: la educación. El ejercicio intelectual, dice De Felipe, “produce un cambio permanente en la organización funcional del cerebro que afecta al procesamiento de información”. A leer, pues.

El asunto de la mejora genética de los humanos plantea, además, dos temores con gran fuerza: la posibilidad de que aumenten las desigualdades; y que dejemos de ser humanos. Sobre lo primero, dicen Harris y Chan que “la ética de negar un beneficio a unos pocos hasta que todos puedan disfrutar de él es dudosa”, y recuerdan que no es ésa la estrategia seguida para la mayor parte de las nuevas tecnologías -la educación, de hecho, lo mismo que el entrenamiento de élite, o los fármacos contra el sida siguen sin ser universalmente accesibles-. Y sobre dejar de ser humanos, opinan: “Lo que nos hace humanos es la capacidad de dar forma a nuestro destino de acuerdo con nuestros deseos, y la genética y las otras técnicas de mejora nos proporcionan los medios para ello”.

Detectan un gen que protege al cerebro de la ansiedad

Publicado por el 18 oct, 2008 en Neurociencia |

Madrid. (EUROPA PRESS).- Un equipo de investigadores del Instituto Cajal de Madrid, pertenecientes al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha descubierto que el gen de la adrenomedulina protege al cerebro de la ansiedad y el estrés, según aparece publicado esta semana en la revista ‘Proceedings’ de la Academia Nacional de Ciencias estadounidense (PNAS).

Para ello, se llevó a cabo un estudio observacional en ratones en el que comprobaron que aquellos individuos a los que se había suprimido este gen del sistema nervioso central se movían más que sus hermanos normales, pero con una mala coordinación motora. Los animales modificados genéticamente tenían más ansiedad y presentaban movimientos estereotipados, característicos del síndrome obsesivo-compulsivo.

Los autores del estudio, dirigido por Alfredo Martínez, utilizaron una batería de pruebas de comportamiento para entender el funcionamiento del cerebro de los ratones a los que les faltaba la adrenomedulina.

Los resultados obtenidos indican que la ausencia de este gen hace que las neuronas de áreas concretas del cerebro tengan un citoesqueleto más rígido, lo que tiene consecuencias perjudiciales en el comportamiento animal. Los animales que carecen de adrenomedulina cerebral son mucho más sensibles a los agentes que dañan el cerebro.

Según Martínez, gracias a esta investigación se ha detectado que muchos de los defectos psicológicos observados en los ratones sin adrenomedulina se corrigen con la edad, de manera que “en individuos de más de seis meses -unos 30 años en humanos- no se aprecian diferencias en animales con o sin el gen”.

Todo indica que tiene que haber un mecanismo de compensación dependiente de la edad responsable de esta normalización.

Los investigadores habían descrito con anterioridad que el cerebro en condiciones normales presenta niveles altos de adrenomedulina. Estos niveles aumentan en situaciones de daño cerebral.

Los trabajos realizados hasta ahora por este equipo indican que la adrenomedulina es un factor que protege al cerebro tanto frente a las agresiones externas (isquemias, traumatismos, etc.) como a las internas (exceso de estrés y ansiedad).

En la actualidad, explicó el director de esta investigación, están trabajando en la búsqueda de sustancias de aplicación farmacológica que puedan aumentar la acción de la adrenomedulina cerebral y, de ese modo, “poder frenar el daño producido por el estrés y la ansiedad excesiva”.

Técnicas de ingeniería técnica

Los autores tuvieron que sofisticar para este trabajo las técnicas empleadas, dado que la eliminación completa del gen de la adrenomedulina en ratones provoca la muerte de los embriones a los 14 días de vida intrauterina.

Para evitarlo, los investigadores eliminaron el gen del sistema nervioso central y lo dejaron intacto en el resto del organismo, lo que exigió la utilización de complejas técnicas de ingeniería genética.

El sindicato de médicos egipcio prohíbe los trasplantes entre cristianos y musulmanes

Publicado por el 18 oct, 2008 en Laicismo |

  • El sindicato, liderado por un grupo islamista, dice que se evitará el tráfico de órganos
  • Los líderes religiosos temen que la medida incite al odio y la violencia

EL CAIRO.- El Sindicato de médicos egipcio ha prohibido el trasplante de órganos entre cristianos y musulmanes, una decisión que ha provocado la irritación tanto en iglesias como en mezquitas, donde se teme que esto incite a una mayor tensión sectaria.

“Todos tenemos la misma sangre egipcia, y si el motivo de la medida es prohibir el tráfico de órganos, lo rechazamos porque puede ocurrir también entre fieles de la misma religión”,ha manifestado el obispo Marcos, uno de los portavoces de la iglesia copta.

Para Marcos, la decisión del Sindicato es “muy grave”, ya que puede conducir a otros pasos como prohibir las donaciones de sangre entre cristianos y musulmanes o impedir a un médico que examine a un enfermo de distinta religión.

“Tenemos miedo a que en el futuro haya hospitales para cristianos y otros para musulmanes”, dijo el obispo al hablar sobre la preocupación de la iglesia, cuya comunidad representa el 10% de una población de más de 76 millones de habitantes.

Según las nuevas instrucciones del Sindicato de Médicos -casi dominado por el grupo islamista de los Hermanos Musulmanes- cualquier especialista que viole la norma y permita ese tipo de operaciones será interrogado y castigado.

Temor a un aumento de las tensiones

“Todo es para proteger a los musulmanes pobres de los cristianos ricos que les compran sus órganos y al revés”, ha explicado el director del Sindicato de Médicos, Hamdi El Sayed.

De acuerdo con El Sayed, la prohibición tiene el objetivo de “impedir cualquier intento de engañar a los enfermos y robarles sus órganos, sobre todo si ocurre entre cristianos y musulmanes, porque en este caso sí abre la puerta a una crisis entre ambas comunidades”.

Sin embargo, para algunos ulemas de la institución musulmana de Al Azhar, la más prestigiosa del mundo árabe, la nueva medida sí incitará a la tensión religiosa.

El experto Abel Moti Bayumi, miembro del Centro de Estudios Islámicos de Al Azhar, aseguró que dicha prohibición “instigará a la discriminación entre un musulmán y un cristiano que viven en el mismo país”.

Tanto la iglesia como la mezquita lamentaron que el Sindicato haya adoptado tal medida sin consultarla antes con ambas instituciones, en un país donde la convivencia entre cristianos y musulmanes es cada vez más frágil.

Siendo instituciones religiosas, sólo han expresado su esperanza de que el Sindicato revise su decisión y la retire.

Sin embargo, otros no han podido esperar y han optado por recurrir a la Justicia.

La Unión Egipcia para los Derechos Humanos (UEDH) ya ha decidido presentar ante un tribunal de El Cairo una denuncia contra el Sindicato de Médicos para pedir que se anule la decisión.

El director de la UEDH, el abogado Naguib Gibrael, ha considerado que la medida es “discriminatoria, ya que viola los derechos humanos, la Constitución y la unidad nacional”.

Gibrael acusó a los Hermanos Musulmanes y su “fuerte control islamista del Sindicato” de estar detrás de la nueva norma y de “secuestrar el poder legislativo”.

Y es que el Sindicato no ha esperado hasta que se terminen las discusiones actuales en el Parlamento de una nueva ley que regularice la donación y el trasplante de órganos, y penalice su tráfico.

“Si el Sindicato no anula la medida, habrá más conflictos entre cristianos y musulmanes”, advirtió Gibrael.

Durante la década de los noventa, Egipto fue escenario de una oleada de violencia alentada por grupos islamistas como Gamaa al Islamiya y Yihad, que se saldó con la muerte de 1.300 personas, entre ellas decenas de coptos, sobre todo en las provincias del sur.

Recientemente se han sucedido enfrentamientos sectarios, el más grave de ellos ocurrió en junio pasado en el monasterio de Abu Fana, en el Alto Egipto, en el que siete monjes resultaron heridos por un ataque de musulmanes.

Los enfrentamientos sectarios son vistos con preocupación por el Gobierno egipcio, que se esfuerza para sustituir el odio, la desconfianza y la violencia por una cultura de coexistencia y tolerancia.

El gen de la infidelidad masculina

Publicado por el 16 oct, 2008 en Sociobiología |

Miércoles, 03-09-08
 
 
Le hemos llamado el gen de la fidelidad, pero también podría conocerse como el gen del compromiso, el de la monogamia o la vida conyugal. En realidad, su nombre científico es menos estimulante: se llama RS334 y gestiona la vasopresina, una hormona relacionada con la respuesta sexual y los afectos, que tiene más presencia en los hombres. Tener una determinada variante de ese gen cuenta más allá del bienestar fisiológico. Posee el poder de influir en la capacidad de compromiso de los varones. En ser promiscuo o monógamo o incluso en la capacidad de lograr una convivencia feliz con su pareja.

O al menos, eso es lo que creen los investigadores del Instituto Karolinska tras estudiar la presencia de esta variante genética, así como la calidad de las relaciones de 552 varones suecos con sus respectivas parejas. La investigación se prolongó durante cinco años y sólo contó con parejas heterosexuales. En total, se involucraron 1.204 personas. En las entrevistas se preguntaba cómo era su convivencia, si discutían o se besaban a menudo, la frecuencia de sus relaciones sexuales, su romanticismo, o cómo veían el futuro en común.

 
Los hombres podían no tener ninguna, una o dos copias del gen RS334. Los que carecían de esta variación genética eran los más devotos con sus parejas y los que no habían temido pasar por el altar o el juzgado para formalizar su relación. También eran los que provocaban menos reproches de sus parejas. A medida que se sumaban copias, se daba la vuelta a esa situación. Era más facil que los hombres con dos copias del gen no estuvieran casados. Y si lo estaban, acumulaban más crisis maritales y amenazas de divorcio en los últimos cinco años que los otros. Los detalles de esta investigación se acaban de publicar en la revista «Proceedings».
 
Es la primera vez que se relaciona la variante de un gen específico con la forma en la que los hombres se comprometen con sus parejas. En una sociedad en la que los análisis de ADN empiezan a utilizarse como una prueba común, este nuevo hallazgo podría utilizarse como una fórmula para encontrar una pareja fiel, con la ayuda de la ciencia.
 
Afortunadamente, la biología no lo es todo. Los genes tienen su peso, y también el libre albedrío, las circunstancias personales, familiares o las creencias religiosas y culturales en las que crecemos. Los hombres que posean esta variación genética «no significa necesariamente que estén menos capacitados para el amor, sino que se trata más bien de una limitación en la capacidad social», matizó Hasse Walum, uno de los responsables de la investigación. Ni a estar «condenado» a fracasar en una relación de pareja, pero sí a que aumente la probabilidad de que ocurra, de que le cueste más ser fiel y fijar un compromiso.
 
De lo que no hay duda es que este nuevo estudio aporta una prueba más de que el ADN de cada individuo desempeña un papel más importante de lo que cabría esperar en el complejo comportamiento humano.
 
Autismo y fobias sociales
 
El estudio, más allá de excusar la promiscuidad masculina, tiene consecuencias más profundas para la medicina. Entre otras cosas, podría ser útil para conocer mejor trastornos que tienen que ver con la afectividad y las relaciones sociales. La investigación de la fobia social o el autismo podrían beneficiarse de este trabajo, cree Walum. No es sólo una hipótesis de partida. Las personas con autismo suelen tener múltiples copias de la variante genética hallada. El próximo paso del grupo sueco es probar si una aplicación intranasal de vasopresina puede alterar el comportamiento altruista o generosidad de un individuo.
 
Desde hace años se especulaba con la posibilidad de que la vasopresina pudiera influir en el comportamiento sexual de las personas. La investigación sobre la promiscuidad masculina comenzó con un estudio sobre el comportamiento de campañoles, ratones de campo machos. El estudio concluyó que su monogamia estaba regulada por la recepción de la vasopresina en su cerebro.

La vejez se puede detener : Los científicos creen que el deterioro físico no es un mandato de la evolución y es tratable. El envejecimiento ya se ve como enfermedad.

Publicado por el 16 oct, 2008 en Sociobiología |

MÓNICA SALOMONE 04/09/2008 

 

Nadie diría hoy que ser viejo equivale a estar enfermo, aunque ningún fármaco puede evitar las canas y las arrugas, ni la pérdida de agilidad y vigor. Pero la agencia del medicamento estadounidense, la FDA, ya ensaya medicamentos en animales para retrasar el envejecimiento. No es que la píldora de la eterna juventud esté al caer, ni mucho menos, pero el interés de las compañías farmacéuticas por buscar una cura para el deterioro físico es cada vez mayor. La razón es que los científicos se han dado cuenta de que envejecer no es un imperativo de la evolución, sino un proceso alterable. ¿Sería posible retrasarlo mucho? ¿Incluso evitarlo? Son preguntas hasta hace poco dentro del ámbito de lo fantástico, pero que hoy generan investigaciones de primera línea. Los hallazgos de los últimos años han hecho que hasta los científicos más ortodoxos, los mismos que ven en las proliferantes terapias antiedad sólo un producto de mercadotecnia, se planteen cómo prolongar la vida humana.

 

 

Aunque habrá que tener paciencia. Ninguna de las sustancias en pruebas se ha mostrado por ahora efectiva, según se explica en un reciente artículo de la revista Nature. Pero se sabe, por ejemplo, que en levaduras, en la mosca de la fruta y en el gusano Caenorhabditis elegans un compuesto llamado resveratrol presente en la piel de las uvas, en el vino tinto y en las nueces afecta la actividad de un gen implicado en la longevidad. También se sospecha que un antibiótico antifúngico y un fármaco empleado en la diabetes podrían interferir con la acción de genes similares. Lo mismo que un antitumoral en pruebas.

Tras este nuevo filón farmacéutico hay un cambio de paradigma científico: que el envejecimiento biológico no es una consecuencia inevitable del paso del tiempo. Por ejemplo, no había muchos viejos hace 50.000 años, aunque los genes de aquellos primeros Homo sapiens fueran como los nuestros.

Esto -y otras muchas evidencias- ha guiado a los investigadores hasta una idea clave: no es obligatorio envejecer desde el punto de vista evolutivo. El envejecimiento no es como el cambio de dentición, que claramente otorga ventajas, o la pubertad, que prepara al organismo para reproducirse. A la evolución le da lo mismo que nos salgan canas y arrugas. De lo que se deriva que el envejecimiento no es inmutable.

La esperanza de vida en el mundo desarrollado ha aumentado unos siete años en las últimas tres décadas, y el último informe de Eurostat, publicado hace unos días, dice que los mayores de 65 años constituyen ahora el 17,1% de los europeos, y serán el 30% en 2060. También serán más los octogenarios: del 4,4% actual, al 12,1%. Los demógrafos son los primeros sorprendidos. "La mortalidad de los mayores no se estanca, sino que baja. Esto era totalmente inesperado", dice Julio Pérez Díaz, demógrafo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Y, sin embargo, puede que el cambio mayor aún esté por llegar. Se planteaba en Nature: "La cuestión no es si la duración media de la vida humana aumentará modestamente en las próximas décadas. Eso ocurrirá casi con toda seguridad. La cuestión es más bien si es factible posponer el envejecimiento humano y la muerte natural por muchas décadas, incluso de forma indefinida". ¿Décadas de vida extra? ¿Inmortalidad? Suena ambicioso, pero los autores dejan claro que su análisis nada tiene que ver con las terapias antiedad hoy en boga. Ellos parten de una pregunta muy básica: por qué a partir de cierta edad el organismo empieza a funcionar de forma menos perfecta. La respuesta está en la evolución.

María Blasco, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), cuyo trabajo con una molécula llamada telomerasa ha abierto toda una nueva vía de investigación en esta área, señala: "El envejecimiento no es un programa genético seleccionado y conservado por la evolución; más bien sería un colapso del organismo". El envejecimiento ocurriría por defecto, por así decir, y no porque confiera una ventaja al individuo. "Hay varios argumentos. Uno es que el envejecimiento es muy raro en la naturaleza. Otro es que, en caso de envejecer, esto se hace una vez que el individuo se ha reproducido y ha criado a su descendencia, y, por tanto, lo que le pase a partir de ese momento no va a trascender (en términos genéticos, no se va a trasmitir a ninguna descendencia). A la evolución los viejos no le importan", prosigue Blasco. Los paleoantropólogos podrían comentar que tal vez la longevidad dé ventajas evolutivas no a quien la disfruta, sino a sus descendientes, como sabe cualquier familia con abuelos cuidaniños. Pero ésa es otra historia.

¿Qué pasa en un cuerpo que envejece? ¿Cuáles son los mecanismos biológicos responsables de contribuir a su colapso? Descubrirlo vale la pena, sobre todo si se pretenden combatir esos mecanismos. Además, aquí hay un elemento interesante: la relación del envejecimiento y la enfermedad. Cobra fuerza la idea de que las dolencias más frecuentes en edad avanzada, como el cáncer o el alzhéimer, son distintas caras de un problema único: el envejecimiento. Esto implica que conviene desentrañar la biología del envejecimiento para atacar conjuntamente enfermedades en las que hoy se investiga por separado.

"Los cambios biológicos que nos predisponen a enfermedades fatales e incapacitantes están causadas por el proceso del envejecimiento. Por eso debemos convertir en prioritarias las intervenciones para retrasar estos procesos", afirmaba tajante ya en 2005 Jay Olshansky, biogerontólogo de la Universidad de Chicago, en un célebre artículo publicado en The Scientist.

En esta misma línea, Jesús Ávila, del Centro de Biología Molecular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), comenta: "El envejecimiento es un riesgo para muchas enfermedades: sabemos que hay procesos comunes, y que lo que cambia es el tipo celular". La científica Blasco apuesta también por el ataque conjunto: "La clave está en alargar la vida de nuestros órganos y tejidos, y para ello hay que entender los mecanismos moleculares del deterioro".

No hay respuestas unánimes para cuáles son esos mecanismos. Pero hay hipótesis. Se acepta, en general, que el organismo va acumulando daños, por ejemplo en el material genético de las células, a medida que pasa el tiempo. Son daños debidos a procesos como la liberación de los famosos radicales libres, inevitable subproducto de nuestra respiración. Y una idea reciente es que, de estos daños, los más importantes son los que afectan a las células madre. Lo explica Ávila: "Nos estamos recambiando todo, incluso parte del sistema nervioso central, gracias a las células madre adultas en nuestro organismo. Hay quienes creen que con los años las células madre se agotan. Pero, ¿por qué?".

Y ahora, la gran pregunta: ¿qué posibilidades reales hay de frenar o incluso revertir el envejecimiento? Los autores del artículo de Nature recuerdan que hoy se conocen cientos de mutaciones genéticas capaces de prolongar la vida -a veces hasta en un 40%- en gusanos, levaduras, moscas de la fruta y ratones. Son genes implicados en el crecimiento, el metabolismo, la nutrición y la reproducción. Muchos tienen efectos bioquímicos similares a los que desencadena un comportamiento que, según se sabe hace ya un siglo, prolonga la vida de los ratones en el laboratorio: la restricción calórica. Esto es, comer muy poco, aunque sin caer en la malnutrición.

La restricción calórica es, de hecho, lo único que, aparte de las manipulaciones genéticas, se ha demostrado efectivo en ratones -no en humanos- para alargar la vida.

¿Se lograrían resultados igual de llamativos con humanos? Nadie lo sabe. ¿Y la manipulación genética? Los autores del citado artículo advierten de que el aumento de la longevidad debido a mutaciones es menor a medida que la complejidad de los organismos crece. Tal vez en los seres más complejos los circuitos genéticos implicados en la extensión de la vida estén regulados a su vez por otros circuitos, aún desconocidos.

Pero el mensaje global no es pesimista. La investigadora Blasco, con su grupo, está tratando de obtener un alargamiento importante de la vida en ratones combinando varios genes. Que no sea sólo un gen en ratones "quiere decir que para afectar a la longevidad significativamente en humanos seguramente habrá que combinar distintos fármacos".

Tal vez no haga falta actuar sobre los genes. Otra posible estrategia es hacer artificialmente el trabajo de regeneración que unas ancianas células madre ya no pueden llevar adelante. Algo así como ir al mecánico a por un repuesto, sólo que celular. Para hacer realidad algo así habría primero que obtener células pluripotentes -capaces de diferenciarse en cualquier tipo celular- posiblemente a partir de embriones creados con células adultas de cada individuo. Y faltaría por resolver además el problema del cerebro: las neuronas que almacenan los recuerdos, las experiencias vitales, no se regeneran. ¿Quién querría tener un cerebro joven pero en blanco?

Así pues, los científicos de Nature responden con un "no lo sabemos aún" a la pregunta de si el hombre podrá algún día ser inmortal, pero se muestran optimistas con respecto a la posibilidad de alargar nuestra existencia y conseguir además que ésta sea mejor. "Hace dos décadas, la prolongación de la vida era una fantasía, mientras que ahora se buscan fármacos exactamente para eso. No hay razón científica para no esforzarse por curar el envejecimiento, de modo similar a como lo hacemos hoy con el cáncer y otras enfermedades", concluyen.

 

Años ganados

Cuando se habla de aumento en la esperanza de vida suele haber una reacción inmediata: ¿y las pensiones? Las previsiones de Eurostat indican que en 2060 habrá sólo dos trabajadores por cada jubilado, frente a los cuatro actuales. Pero varios expertos niegan que esas cifras conduzcan a un colapso del sistema. El demógrafo Julio Pérez Díaz resalta el "enorme aumento de productividad" de las últimas décadas, que ha permitido multiplicar la riqueza que un único trabajador genera. Como no cree que esa tendencia vaya a cambiar, duda de que vaya a hacer falta prolongar la vida laboral. En cambio, un estudio de la Fundación de Estudios Financieros sí que considera "un riesgo" la longevidad de los españoles, y afirma que "los cambios demográficos, si se quiere mantener la equidad social, sólo pueden afrontarse con un incremento del ahorro y una prolongación de la edad de jubilación".

Pero el dinero no lo es todo. ¿Cómo cambiará la sociedad? ¿Qué papel jugarán los mayores a medida que vayan siendo cada vez más? Los años ganados serán, se cree, de salud. "Es lo que ha venido ocurriendo hasta ahora", dice Pérez Díaz. En su opinión, las ciudades se adaptarán cada vez más, incluso arquitectónicamente, a las necesidades de los abuelos, que, por su parte, constituirán un mercado y desempeñarán funciones nuevas. Se consolidará la tendencia iniciada ahora: los mayores cuidarán a los niños y a los dependientes, y los jóvenes producirán.

David Levy, Doctor en Inteligencia Artificial : «Podremos elegir un robot que nos haga compañía, uno que nos dé sexo o uno con el que mantener un romance»

Publicado por el 16 oct, 2008 en Entrevistas |

SUPERDOTADO, INFORMATICO Y MAESTRO DE AJEDREZ, DAVID LEVY LLEVA AÑOS INDAGANDO EN LA RELACION ENTRE LA SOCIOLOGIA Y LA ROBOTICA. SU ULTIMA OBRA AUGURA UN FUTURO PARA MUCHOS APOCALIPTICO: NO SOLO TENDREMOS SEXO CON ROBOTS; TAMBIEN NOS CASAREMOS CON ELLOS.

EDUARDO SUAREZ

LUGAR DE NACIMIENTO: Londres (Reino Unido) / EDAD: 62 años / FORMACION: Doctor en Inteligencia Artificial por la Universidad de Maastricht (Holanda) / OCUPACION: Escritor y especialista en robótica / AFICIONES: El ajedrez y los ordenadores / SUEÑO: Que un día robots y seres humanos vivan en pie de igualdad

No es fácil conversar con David Levy, experto en robótica e inteligencia artificial y autor del libro Amor y sexo con robots, que la editorial Paidós acaba de publicar en España. Una charla con él es lo más parecido a una degustación de setas alucinógenas. Uno empieza a vislumbrar a su alrededor un paisaje irreal, entre Huxley y Orwell, entre la pesadilla y un sueño dulzón y almibarado.

Levy recibe a EL MUNDO en pantuflas en su casa de Hampstead, un refugio desde donde escribió su tesis doctoral y desde donde elabora ahora colaboraciones para congresos y consulta compulsivamente su correo electrónico. Así, desparramado en su sillón, dibuja su visión sobre los robots. Ellos, dice, satisfarán nuestras necesidades sexuales y afectivas. Serán el remedio de solitarios, feos, violadores, pederastas e inconformistas del sexo.

A priori parece fácil rebatirle, pero Levy es como un frontón. Diserta con aplomo y seguridad. Aporta estudios y cifras. Habla en serio aunque a veces no lo parezca. A uno no le abandona la duda de si está delante de un viejo chiflado o de un visionario singular. Juzgue usted mismo.

PREGUNTA.- Usted dice que en unos años tendremos sexo con robots y nos casaremos con ellos. ¿En qué se basa?

RESPUESTA.- No es una opinión superficial sino el producto de años de investigación y del cotejo de fuentes muy variadas. Se lo explicaré brevemente. La inteligencia artificial progresa cada vez más rápido. Mucho más rápido que hace 20 años. Y progresará todavía más rápido en el futuro. En apenas 30 o 40 años los ordenadores serán mucho más poderosos y los científicos podrán crear robots muy similares a las personas. Programas con emociones artificiales que se asemejen a las de los seres humanos. No hay nada que nosotros podamos hacer que un robot no pueda hacer dentro de 30 años.

P.- Explíquese.

R.- Hoy ni siquiera los ordenadores más poderosos son tan poderosos como el cerebro humano. Según diversos expertos, en unos 12 años los científicos podrán crear un ordenador con el mismo poder que el cerebro humano. Y tardarán unos 10 años más en crear uno cuya capacidad sea 10.000 veces mayor. Esa es la esencia de mi tesis. A partir de 2040, todo lo que hace de alguien una persona atractiva se podrá reproducir artificialmente, y esto abre la puerta a un futuro incierto.

P.- ¿Un futuro que conduce inexorablemente al sexo con robots?

R.- Yo no diría inexorablemente, pero no tengo duda de que habrá robots que se parezcan más y más a los seres humanos. Fíjese usted en esta mujer [abre un libro de robótica y aparece una hermosa presentadora]. Lo que usted ve es un robot japonés. Es una réplica exacta de una periodista de la televisión nipona. Sus creadores reconocen que la perfección de la réplica es relativa y cifran en 10 segundos el tiempo que una persona tarda en darse cuenta de que no es una persona sino un robot. Pues bien, los mismos expertos dicen que dentro de unos años ese tiempo de reacción habrá crecido hasta los 10 minutos. Y poco a poco, cada vez más hasta que las diferencias sean imperceptibles.

P.- Vayamos por partes. Una cosa es que se pueda crear un robot idéntico a un ser humano y otra que ese robot tenga unas emociones, una ideología y una visión del mundo.

R.- Ocurrirá. Cuando uno habla de estos asuntos, mucha gente esgrime que los robots no pueden tener emociones. Yo estoy seguro de que las podrán tener. O al menos se comportarán como si las tuvieran. Los robots llorarán, se enfadarán, se pondrán contentos, se emocionarán… según estén o no programados para ello. No serán libres para tener esas emociones pero los efectos serán los mismos. Apenas crucen esa línea, la gente dejará de verlos como robots y la cuestión entonces será como tratarlos.

P.- Está bien. Entiendo su razonamiento, pero usted no se frena aquí. Asegura que llegará un día en que los robots formen parte de nuestra vida sexual e incluso de nuestra vida en pareja y de nuestra familia. ¿De verdad cree que los seres humanos preferirán un robot a un cónyuge humano?

R.- Veamos, lo primero que hay que apuntar es que las actitudes de la gente sobre el amor y el sexo han cambiado mucho en los últimos años. Dentro de unas décadas, los robots podrán ser más inteligentes, más hermosos, más nobles que los seres humanos. ¿De verdad cree usted que no acabaremos enamorándonos de ellos? No tengo duda de que acabará habiendo matrimonios con robots. Y me permito apuntar que se legalizarán primero en el Estado de Massachusetts.

P.- ¿En Massachusetts? ¿Por qué?

R.- Es lógico. Son un Estado avanzado en lo moral y en lo tecnológico.

R.- ¿Está diciendo que llegará un día en que los robots sientan emociones reales?

R.- No exactamente. Los robots no tendrán emociones pero actuarán como si las tuvieran. Lo realmente importante no son las emociones en sí sino sus consecuencias. No la causa del llanto sino el llanto en sí. Si un robot se comporta como si le amara, será tan convincente que a usted no le importará.

P.- ¿En serio se cree lo que está diciendo?

R.- Por supuesto. No pasará de un día para otro, pero la gente se acostumbrará, como se ha acostumbrado a otros avances tecnológicos. Los niños se han educado con internet, rodeados de pantallas y cachivaches. Cuando tengan robots que se comporten como personas, esa generación los acabará aceptando.

P.- En el fondo sabrán que no son reales…

R.- Habrá algo en la mente al principio que te dirá «es sólo un robot», pero estoy seguro de que ese algo desaparecerá. Los veremos como personas de otro país. Como inmigrantes. Habrá al principio un cierto rechazo pero no los percibiremos como diferentes.

P.- Pero esa diferencia persistirá. Y es una diferencia cualitativa. Los robots serán siempre entes distintos de las personas.

R.- No estoy tan seguro. Un pequeño porcentaje de la gente quizá piense como dice usted, pero la mayoría los aceptará como semejantes. Quizá los únicos insumisos sean paradójicamente los que más saben de tecnología. Esos quizá sean los últimos resabiados y digan: «Yo sé cómo funciona».

P.- ¿Y cómo será un robot en 30 años?

R.- Pues como un ser humano. Terriblemente convincente en cada aspecto, en cada detalle.

P.- Eso quiere decir que un robot podrá ser perfecto en cada detalle. Más listo, más bello o más tierno que un ser humano.

R.- Desde luego.

P.- Esto puede crear algunos problemas…

R.- Sí. Y problemas muy serios. Para un hombre, por ejemplo, será terrible saber que su esposa ha disfrutado de un sexo fantástico con un robot. Sentirá una cierta ansiedad por no estar a la altura.

P.- Por otra parte, si el futuro es como usted lo define, será una esperanza para muchas personas que hoy por hoy no pueden encontrar pareja.

R.- En mi opinión, esto es lo mejor de todo, sí. Aquellos que no tienen nadie a quien amar y nadie que les ame. Gente solitaria y miserable. Personas que no encuentran a nadie porque son tímidos, gordos, odiosos. Su vida puede cambiar de la mano de los robots.

P.- ¿Y no cree que se los señalará como gente de segunda división?

R.- ¿En qué sentido?

P.- La gente puede decir: «Mira fulano, se ha agenciado un robot porque no ha podido encontrar alguien de carne y hueso».

R.- No lo creo. Habrá más diferencia entre distintos grupos humanos que entre los hombres y los robots. Imagínese una cena en la que la mitad de los comensales son de Boston y la mitad de Luisiana, la mitad robots y la mitad seres humanos. ¿Quiénes tendrán más en común? ¿Los seres humanos de Boston con los de Luisiana o los robots y los seres humanos de Boston? Para mí la respuesta es evidente.

P.- Se me ocurre un problema de tamaño. ¿Es posible hoy por hoy construir circuitos lo suficientemente pequeños y poderosos como para ajustarse al tamaño de un ser humano?

R.- Es un problema de ingeniería que se resolverá muy pronto. Al principio será muy caro. Los primeros humanoides tendrán precios prohibitivos, pero luego serán más baratos.

P.- ¿Cuándo calcula que estarán al alcance de todos los bolsillos?

R.- No lo sé. Sí tengo una idea aproximada de cuando serán completamente verosímiles. Dentro de 40 años. Pero entretanto habrá fenómenos interesantes. Por ejemplo, el de las muñecas hinchables. Hoy son guiñapos de silicona que no hacen nada. En un futuro muy próximo esas muñecas darán poco a poco pasos hacia la robótica.

P.- ¿De qué manera?

R.- Se les añadirán circuitos electrónicos. Partes que vibren, una voz sexy, un mecanismo que haga los ruidos correctos. Cosas que harán de ellas un producto mucho más atractivo. Serán un artículo de lujo pero no tanto como un coche de lujo. Hay Ferraris que cuestan más.

P.- Pero seamos serios: ¿de verdad cree que un millonario va a pagar una cifra astronómica por una muñeca hinchable cuando puede pagarse una prostituta de lujo?

R.- Estoy seguro. Yo veo dos razones: curiosidad y prestigio.

P.- Dejemos las muñecas hinchables y volvamos a los robots. Usted dice que serán mejores que las personas. ¿Cree que su irrupción terminará con el amor entre seres humanos?

R.- No. Mi olfato me dice que siempre habrá personas que prefieran a las personas. Los robots serán muy buenos en la cama y en otras cosas, pero habrá una porción de la población que no tragará.

P.- Si los robots se podrán casar, ¿quiere eso decir que tendrán derechos?

R.- Es una cuestión muy compleja y suscitará en el futuro una discusión apasionante. La ética de la robótica está todavía en pañales pero en un futuro se debatirá. La primera pregunta que debe responder es ésta: ¿es ético construir robots para un propósito espurio?

P.- ¿Robots programados para la guerra?

R.- Por ejemplo para la guerra, sí. Es el mismo dilema de los científicos que crean bombas y aviones de combate. De todas formas, la siguiente pregunta ética que suscita el desarrollo de la robótica es más interesante: ¿cómo tratar a los robots? ¿Qué derechos tienen? Yo acabo de publicar un trabajo científico sobre la consciencia de los robots, que en mi opinión es el punto clave.

P.- ¿Qué quiere decir?

R.- Quiero decir que hay mucha gente que ve en la consciencia la línea divisoria y por eso deja a los robots fuera de los márgenes de la ética. Lo que no sabe esta gente es que los científicos ya están investigando cómo crear robots que sean conscientes de sí mismos.

P.- ¿En qué sentido?

R.- Hay muchos científicos que ya dicen que los robots tendrán consciencia artificial. Esto no quiere decir que tengan capacidad de elegir ni libre albedrío pero tendrán sentimientos o al menos mostrarán de un modo verosímil sentimientos humanos como el miedo, el amor, la angustia… Y entonces, cuando crucen esa línea, la gente empezará a preguntarse cómo tratarlos.

P.- Usted dice que las personas se enamorarán de ellos. ¿Podrán ellos enamorarse de las personas?

R.- Sólo si están programados para ello. Mi impresión es que serán programados para enamorarse de sus dueños sólo si sus dueños lo quieren así. Cuando compres un robot, podrás elegir si quieres un robot que te haga compañía o uno que te dé sexo o uno con el que puedas tener una relación amorosa.

P.- Pero no serán organismos libres.

R.- No. Como mucho podrían estar programados para funcionar al azar. Esa sería su máxima libertad. Pero eso no es ser libre y ésa es desde luego una diferencia, probablemente la única que no desaparecerá. La gente podrá seguir diciendo: un robot actúa de esta o de otra manera porque está programado. Pero no creo que a la mayoría de la gente eso le importe mucho.

P.- ¿Y no se cansará la gente de tener a la vera robots que sean perfectos?

R.- No. Y si prefiere robots imperfectos también podrá encargarlos. Si quiere usted un robot que discuta con usted una vez a la semana, lo podrá programar. Todo será programable. Hay dos tipos del University College de London que han detectado las reacciones químicas cerebrales que se producen cuando nos enamoramos. Ningún otro fenómeno crea la misma reacción. Pues bien, yo estoy seguro de que en el futuro los robots detectarán esa reacción y sabrán producirla.

P.- Usted apunta en su libro que los robots podrían ser una solución para los pederastas.

R.- Es cierto. Podríamos diseñar robots con forma de niños para que se desfogaran.

P.- También para los violadores…

R.- También. Podríamos fabricar robots a los que le guste que les violen.

P.- Oiga. Y si vamos a tener robots más inteligentes y habilidosos que nosotros, ¿a qué se van a dedicar entonces los seres humanos?

R.- La sociedad cambiará. Encontraremos otras cosas que hacer. Tendremos más tiempo de ocio.

P.- Pero habrá gente que quiera trabajar. Y si mi director puede encontrar un robot que sea mejor periodista que yo, ¿para qué me va a tener en plantilla?

R.- El mercado de trabajo cambiará. De todas formas, siempre podrá usted dedicarse a otras cosas.

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SU PROPIO MUNDO
«La gente amará a los robots para evitar incertidumbres»

¿Cómo se metió en esto de la robótica?

- Muy tarde. De niño mi obsesión era el ajedrez. Fui campeón de Escocia en dos ocasiones y soy maestro internacional. Luego fui a la universidad y me metí a fondo en problemas de programación de las máquinas de ajedrez. Es un campo que en cierto modo tiene relación con la inteligencia artificial.

¿Cómo se interesó por el sexo de los robots?

- Fue leyendo un libro de una profesora americana, The Second Self de Sherry Turkle. Ella fue la primera persona en escribir sobre el efecto de las relaciones entre robots y seres humanos. Había una entrevista en el libro que me llamó la atención. Un tipo que trabajaba en el MIT decía: «He tenido alguna que otra novia pero prefiero la relación que tengo con mi ordenador». ¡Decía eso! Al principio no podía creerlo. Luego pensé que debía de haber por ahí más personas así. Ahora pienso que es una posición lógica. Con los seres humanos uno no puede estar del todo seguro. Con las máquinas sí. En el fondo habrá gente que ame a los robots para evitarse la incertidumbre.

Usted pinta un futuro que plantea una cascada de problemas éticos.

- Desde luego. Y tienen que discutirlos los expertos en Etica y Derecho. Lo más peliagudo es decidir qué derechos tendrán los robots. ¿Deben tener por ejemplo derecho a voto?

¿Usted qué cree?

- Pues no lo sé. Lo que sí sé es que un robot tendrá muchos más elementos de juicio que la mayoría de los seres humanos.

O sea, que no sólo deberían votar sino poder ser elegidos…

- Desde luego. Seguro que lo hacían mejor que Gordon Brown en el Reino Unido.

¿Cree usted que podrían ser padres?

-Eso es algo que no tengo tan claro. Nunca había pensado en ello. Quizá sí. Hay tantos malos padres por ahí sueltos…

¿Podrán los robots ser programados para crear robots que sean como ellos mismos?

-Es un tema que he estudiado durante años. Ya hay ejemplos de robots que no sólo pueden hacer eso sino además crear réplicas mejoradas de sí mismos.

¿Quiere decir que podrán ser autosuficientes y crecer fuera de control?

-Quizá. Yo pienso por ejemplo en una persona que tiene un robot al que le gusta su voz y su personalidad. Ese robot va a una fábrica y crea una criatura igual que tú. Ese nuevo robot será una especie de hijo para los dos. No veo ninguna razón para que esto no pase.

¿Y si ese proceso de creación se nos escapa de las manos?

-Se dictarán leyes para que no ocurra, pero siempre habrá terroristas y estados gamberros. Hay escenarios terribles. Escenarios que es casi mejor no imaginar.

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LA CUESTION
-Su tesis es que un día habrá matrimonios entre robots y seres humanos. ¿Cuál es según usted el Rubicón a partir del cual empezaremos a considerarlos no como aparatos sino como semejantes?

-Quizá cuando creemos robots capaces de percibir nuestro estado de humor y comportarse de acuerdo con él. Cuando usted va al hospital, le ponen unos sensores que miden su presión arterial o el pulso cardiaco… Son aparatos hoy por hoy muy grandes, pero la ciencia los creará mucho más pequeños. Sensores que puedan evaluar nuestro estado de humor. Hoy ya existen aparatos que pueden evaluarlo con un 70% de acierto pero piense en el futuro. Cuando estos dispositivos sean más precisos y se puedan implantar dentro de un robot, éste podrá decir si estás enfadado o feliz. Y si estás enfadado, tratará de averiguar el motivo y de cambiar tu estado de humor. Si lo logra por ejemplo con un abrazo, aprenderá de la experiencia y hará lo mismo la próxima vez. Serán más agradables que las personas.

 

Ciencia, El Mundo
06 de septiembre de 2008

Francia juzgará a la Iglesia de la Cienciología por estafa organizada

Publicado por el 16 oct, 2008 en Laicismo |

La justicia francesa propinó ayer un duro golpe a la Iglesia de la Cienciología. Un juez de París decidió sentar a la controvertida asociación espiritual en el banquillo de los acusados por "estafa en banda organizada" además de procesar a algunos responsables por "ejercicio ilegal de la farmacia". Considerada una secta en Francia, la organización se arriesga a la clausura de su estructura –un centro de culto y una librería– en la capital francesa.

La trascendencia de la decisión judicial radica en que, por primera vez, se juzgará a la Iglesia de la Cienciología como organización y no solo los supuestos delitos cometidos por algunos de sus miembros. El magistrado Jean-Christophe Hullin ha decidido enviar el caso al Tribunal Correccional –donde se celebrará la vista– en contra de la opinión del ministerio fiscal, que el 4 de septiembre del año pasado pidió que se archivara por considerar que las pruebas eran insuficientes.

EL TEST GRATUITO
El proceso arrancó en diciembre de 1998, cuando una mujer denunció a la Cienciología por estafa. Todo empezó meses antes, en el metro de la Ópera, donde fue abordada por miembros de la organización para realizarle un test de personalidad gratuito. Al final, acabó pagando unos 30.000 euros por unos cursos, la compra de libros, de medicamentos y también de un electrómetro, aparato eléctrico que utiliza la asociación para medir las variaciones del estado mental de una persona. Otra víctima y la asociación de farmacéuticos se unieron a la acusación presentándose como parte civil. Además de apuntar directamente a la Cienciología, el juez ha procesado a siete de sus representantes, entre los cuales figura el director general del Celebrity Center de París, Alain Rosenberg. Algunos serán juzgados por administrar fármacos de forma ilegal.

"Es una gran victoria, el magistrado ha tenido el coraje de cuestionar la actitud complaciente del fiscal ante la Cienciología", se felicitó el abogado de la acusación, Olivier Morice. "La actitud de la fiscalía plantea interrogantes sobre las eventuales consideraciones políticas en el tratamiento judicial de los casos relativos a la Cienciología", indicó. Insinuó así que el fiscal actúa en sintonía con el Elíseo. Hace tres años, cuando era ministro, Nicolas Sarkozy recibió al actor Tom Cruise, destacado miembro de la Cienciología.
La cita se produjo en medio de una sonora polémica. Después de que el entonces presidente, Jacques Chirac, se negara a recibir al actor justamente por su condición de portavoz de una asociación clasificada como secta, la actitud de Sarkozy fue criticada incluso por el Parlamento, que le acusó de prestarse al juego de la Cienciología para satisfacer su "bulimia mediática". A principios de este año, unas declaraciones de la directora del gabinete de Sarkozy, Emmanuelle Mignon, en las que decía que la Cienciología era un "no problema" en Francia, reabrieron el debate sobre la ambigüedad presidencial ante la asociación.

ACTIVIDAD TOLERADA
Hasta ahora, más allá de ser incluida en la lista de sectas elaborada por el Parlamento, la implantación de la Cienciología en Francia ha sido tolerada. Las sospechas de sectarismo se remontan a 1983, pero los primeros problemas de la organización fundada en 1954 en EEUU por Ron Hubbart datan de los años 70. En 1978 Hubbart fue condenado a cuatro años por estafa y los juicios contra miembros de la Cienciología se sucedieron. En el 2007 se archivó un caso abierto también por estafa y ejercicio ilegal de la medicina. Esta vez la sentencia ya no afectará a algunos adeptos, sino a toda la organización.
 

Crean en Harvard células capaces de replicarse a partir de la materia inerte

Publicado por el 16 oct, 2008 en Biología Molecular |

ANNA GRAU/NUEVA YORK/ABC Miércoles, 10-09-08 Hay quien, como el emprendedor científico Craig Venter, busca la vida artificial o de laboratorio. Y hay quien, como el biólogo molecular y profesor de Genética Jack Szostak, busca el secreto de la vida, vida, es decir, cómo se formó ésta a partir de la materia inerte. Esto es lo que creen que han encontrado en la Escuela de Medicina de Harvard, o que están a punto.
Lo que han hecho es generar unas protocélulas o células experimentales, a partir de moléculas de grasa capaces de encapsular ácidos nucleicos y de replicar esa información, ese rudimentario ADN o ARN, repetirlo y propagarlo. Ése es el mecanismo más básico, el mandato elemental de la vida: crecer y multiplicarse. Así empezó todo.
Pero las protocélulas de Szostak no crecen y se multiplican solas. Necesitan una fuente de energía externa, sea energía solar o reacciones químicas inducidas, algo que ponga en marcha el mecanismo de la replicación. Ése es el mayor cabo suelto del experimento. De todos modos sus autores están convencidos de haberse acercado mucho a reproducir el principio de la vida tal y como realmente ocurrió.
La búsqueda de vida sintética parte directamente de la actual sofisticación molecular de la existencia. Craig Venter busca un atajo que le permita generar organismos quizás no humanos pero sí «modernos» sin salir del laboratorio. Lo que busca Szostak es mucho más rudimentario, mucho más leve, y a la vez mucho más significativo si se demuestra que es verdad. Que se ha descifrado el código secreto de la existencia.
El equipo de Szostak, tras publicar varios estudios en «Nature» y en la revista «Proceedings» de la Academia Nacional de Ciencias, está convencido de que la vida original no pudo andar muy lejos de la que artificialmente han recreado ellos, y que quizás existe aún como tal en algún punto del Universo. Sus ingredientes básicos serían entonces tres: un contenedor celular, una información replicable y una fuente de energía que induzca el proceso.
Un prodigio milagroso
La clave es el paso de lo meramente químico de lo biológico, la adquirida capacidad de la membrana de una protocélula para crecer y para dividirse. Ahí está el prodigio, o el milagro, que de creer a Szostak sería algo inevitable, un fenómeno que tarde o temprano tenía que ocurrir.
El equipo de Harvard cree que los ácidos grasos pueden haber sido la clave desde el principio del misterio de la replicación celular. Lo cual abre la puerta a interrogantes todavía mayores y más fascinantes. ¿De dónde salen el ADN y el ARN? ¿Cuál es el origen de toda esta información? Según las teorías de John Sutherland, un químico de la Universidad de Manchester, pueden haber surgido de forma espontánea en el mundo prebiológico, a partir de los aminoácidos presentes en la Tierra en su edad más temprana.
Szostak y sus colaboradores se declaran sorprendidos porque las membranas de sus protocélulas mantengan la estabilidad y la capacidad de replicación a través de una horquilla muy variada de temperaturas. Esto alimenta la hipótesis de que la reacción química que generó la vida pudo producirse en respuesta a un ciclo térmico natural. El experimento de Harvard abre puertas muy sugestivas. El principio bioquímico de la existencia, una vez comprendido, podría admitir alternativas al agua como elemento indispensable.
No todo el mundo está de acuerdo con las teorías de Szostak ni está por igual convencido de que éste ya haya llegado al último rellano de la vida. El mecanismo de replicación celular estudiado en Harvard es muy interesante, dicen, pero no tiene por qué ser el definitivo. Por ejemplo Michael Russell, geoquímica en el Laboratorio de Propulsión a Chorro que la NASA tiene en California, discrepa de la teoría de los aminoácidos y cree en cambio que el primer contenedor celular de la vida debe haber sido sulfido de hierro.
Pero incluso así las protocélulas de Szostak serían de gran utilidad, por ejemplo, para los investigadores del cáncer, ansiosos por comprender mejor los mecanismos de proliferación celular.

La Iglesia anglicana pide disculpas a Darwin por rechazar la Evolución

Publicado por el 15 oct, 2008 en Conservacionismo - Creacionismo |

Domingo, 14 de septiembre 2008 Periodista Digital

“Charles Darwin: 200 años después de tu nacimiento, la Iglesia de Inglaterra te debe una disculpa por malinterpretarte y por, además de tener una reacción equivocada, haber animado a otros a no comprenderte tampoco. Tratamos de practicar la antigua virtud de ‘fe buscando la comprensión’ y confiamos en que esto suponga una reparación”. De esta forma, la Iglesia de Inglaterra pedirá disculpas a Darwin por haberse opuesto de manera “excesivamente emocional” a su teoría de la evolución, publicada en 1859 bajo el título El origen de las especies por medio de la selección natural.

Según informa hoy el diario The Daily Telegraph, la declaración de disculpas ha sido redactada por el reverendo Malcolm Brown, el director de misión y asuntos públicos de la Iglesia de Inglaterra, y será hecha pública mañana, lunes, a través de una web de la propia iglesia anglicana que promoverá las ideas de Charles Darwin.

En ella, los anglicanos admitirán que se dejaron llevar por “un fervor antievolucionista” y que actuaron de una manera demasiado emocional y a la defensiva cuando Darwin (1809-1882) expuso las ideas que romperían con la interpretación de la creación del mundo en siete días, tal como está expuesta en el Génesis, y que el gran científico completaría en una obra posterior, El Origen del Hombre(1871), en la que defendió que el hombre desciende de un antepasado común con los simios.

En su declaración, la Iglesia de Inglaterra señalará que, con su oposición a Darwin, repitió el error cometido por la Iglesia católica en el siglo XVII al obligar a Galileo a retractarse de las teorías copernicanas, según las cuales la Tierra giraba alrededor del Sol, y no al revés, como sostenían las teorías de Ptolomeo, consideradas hasta entonces como ortodoxas.

El vacío y la nada : Físicos en el LHC y cosmólogos de todo el mundo se enfrentan a estos conceptos

Publicado por el 14 oct, 2008 en Física |

ALVARO DE RÚJULA 24/09/2008

Saquemos los muebles de la habitación, apaguemos las luces y vayámonos. Sellemos el recinto, enfriemos las paredes al cero absoluto y extraigamos hasta la última molécula de aire, de modo que dentro no quede nada. ¿Nada? No, estrictamente hablando lo que hemos preparado es un volumen lleno de vacío. Y digo lleno con propiedad. Quizás el segundo más sorprendente descubrimiento de la física es que el vacío, aparentemente, no es la nada, sino una substancia. Aunque no como las otras…

A inicios del pasado siglo, Einstein creía que el Universo era estático. Preocupado por el hecho de que tendría que colapsarse -debido a la atracción gravitatoria de cada galaxia sobre las demás- se le ocurrió una peregrina idea: añadir a sus ecuaciones la Constante Cosmólogica. La interpretación moderna de esta extraña intrusa es que se trata de la densidad de energía del vacío, también llamada energía oscura, quizás para acercar ciencia y ficción, o quintaesencia, para darle un toque alquimista a la cosa. Todo lo que tiene energía ejerce una acción gravitatoria, pero la energía del vacío, a diferencia de cualquier otra, puede ser repelente. Lo que Einstein proponía es que dos volúmenes de vacío cósmico se repelerían exactamente tanto como se atraen las galaxias que contienen, resultando en un equilibrio difícil de creer e inestable.

Un buen día Einstein se enteró de que el universo estaba en expansión. Así lo demostraba la fuga de las galaxias, observada por Edwin Hubble y otros. O más bien por otros y Hubble: a menudo en la ciencia lo importante no es ser el primero, sino el último, que es quien se lleva la fama (como en otros campos; véanse Colón y los vikingos, o los indios que ya estaban allí). Inmediatamente, el tío Albert calificó su idea como el mayor patinazo de su vida.

Recientes observaciones cosmológicas indican que el universo está en expansión acelerada. Las galaxias no se comportan como flechas, sino como cohetes a los que algo empujara. La analogía no es buena, porque el concepto es difícil. Las galaxias no se fugan, están ya estabilizadas por su propia gravedad y tienen un tamaño fijo. Pero el espacio (o el vacío) entre ellas, se estira. Es como si alguien tomase la Tierra por un globo y la inflara: mañana estaría Barcelona aún más lejos de Huelva. Quién infla el universo sería la densidad de energía del vacío. El vacío sería pues una substancia activa, capaz de ejercer una repulsión gravitacional, incluso sobre sí mismo. No fue un error, sino un golazo de Einstein.

La Constante Cosmológica presenta un aspecto tranquilizante. Si domina la dinámica del universo ahora, lo hará en el futuro durante muchísimo más tiempo que los meros 14.000 millones de años transcurridos desde que este cosmos nuestro nació. Un bebé bien pertrechado, con sus propios espacio y tiempo y hasta su propio vacío, que -según la muy bien confirmada relatividad de Einstein- nacieron con él. La actual inflación del universo implica, perdóneseme el galicismo, que no se nos va a caer el cielo encima. Mala noticia para futuros cosmólogos. Las galaxias distantes estarán tan lejos que no podrán ni verlas. Tendrán que estudiar cosmología en libros de historia.

Si el vacío contiene algo de lo que no lo podemos vaciar (su densidad de energía), quizás ese algo pueda hacer algo más. Al menos eso supusieron, hace décadas ya, Peter Higgs y otros. U otros y Higgs, podría de nuevo argüirse; lo que no haré. La substancia del vacío, llamada en el variopinto lenguaje de los físicos un campo que lo permea, podría interaccionar con las partículas que allí estén. E interaccionar de modo distinto con cada tipo de partícula, generando así sus masas, que hacen que sean como son. Ése es el origen de las masas en el Modelo Estándar de las partículas elementales, que explica con éxito insoportable sus otras propiedades e interacciones no gravitatorias. Dije insoportable porque a los científicos nos soliviantan más las preguntas que las respuestas.

La substancia del vacío daría así contestación a dos muy candentes cuestiones de la física, una en el extremo de lo más grande -el cosmos- y otra en el de lo más diminuto, las partículas elementales que -por definición- son tan pequeñas que, si tienen partes, no lo sabemos.

He empleado algunos condicionales porque no todo lo que he escrito está ya probado observacionalmente de manera irrefutable. ¿Por dónde van hoy los tiros? Los cosmólogos tienen proyectadas muchas observaciones para averiguar si la expansión acelerada del universo se debe a la energía del vacío, tal como la intuyó Einstein, o a algo que sólo se le parece. Los particuleros están poniendo en marcha el Large Hadron Collider (LHC) del CERN para, entre otras razones, estudiar el vacío a lo bestia: sacudiéndolo.

Al sacudir una substancia cualquiera, vibra. Las vibraciones de campos eléctricos y magnéticos, por ejemplo, son la luz. A un nivel elemental, las vibraciones son cuantos, entes que pueden comportarse como ondas (u olas) o como partículas (o canicas): fotones, en el caso de la luz. Si el vacío es una substancia, la podemos también hacer vibrar. Basta sacudirla, como hará el LHC, con energía suficiente como para transformar la energía de sus colisiones en partículas de Higgs que, si existen, tienen una masa elevada… y E=mc2, alguien dijo.

La partícula de Higgs -el vacilón, podría decirse en castellano- es una vibración del vacío, no en el vacío, como las demás. Sería, pues, lo nunca visto. Aún así, Higgs preferiría que no bautizasen a su partícula goddamned particle [partícula maldita] o God particle [partícula divina], adjetivos poco científicos.

El vacío siempre fascinó a los físicos. Hace un siglo se trataba del éter, la interpretación del vacío como la trama del espacio absoluto, que la teoría de la relatividad envió al garete. El éter no estaba apoyado por ninguna teoría decente. Un siglo después, las nuevas teorías del vacío son lo más razonable y mejor comprobado que tenemos. Pero hay un pequeño gazapo en lo que he dicho. Creemos entender el Modelo Estándar suficientemente bien como para estimar cuánto el campo de Higgs debería de contribuir a la densidad de energía del vacío observada por los cosmólogos. El resultado es unos 54 (¡cincuenta y cuatro!) órdenes de magnitud superior a las observaciones. Tiene su mérito incurrir en tamaña contradicción.

Si investigamos es porque no sabemos la respuesta y la naturaleza, sí: las cosas son como son. El vacío es lo que mejor no entendemos. Ni siquiera comprendemos aún a fondo la diferencia -haberla hayla- entre el vacío y la nada.

Álvaro de Rújula es físico teórico del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN).

Máquinas con rostro humano : Los hombres están enseñando a los robots a pensar. ¿Cómo? Con la lógica borrosa

Publicado por el 14 oct, 2008 en Neurociencia |

JAVIER SAMPEDRO 21/09/2008

 La lógica dice que Sócrates era mortal (ya que Sócrates era humano y todos los humanos son mortales), pero no si era alto o bajo, ni si cobraba un sueldo digno o era friolero. Ser "alto" es un concepto difuso, y enseñárselo a una máquina requiere un nuevo tipo de "lógica borrosa". El problema es importante porque la mayoría de las situaciones de la vida real son difusas. ¿Hace calor o "se está bien"? ¿Cuándo pisar o soltar el freno? ¿Tiene gastritis el paciente? ¿Hay crisis o desaceleración?  

"La lógica clásica aristotélica se ha mostrado eficaz en ciencias duras como la matemática o la física", dice el científico de la computación Jorge Elorza, de la Universidad de Navarra. "Pero resulta insuficiente cuando los predicados contienen imprecisión, incertidumbre o vaguedad, que es como funciona el razonamiento humano; la lógica borrosa ayuda a que los programas informáticos interpreten juicios de ese tipo".

Elorza cita como ejemplo los criterios para diagnosticar gastritis aguda: "Dolores difusos en el estómago, náuseas con o sin vómitos y molestias inespecíficas". Para que los ordenadores ayuden en el diagnóstico médico, deben programarse con la lógica borrosa, más similar a la que aplican los médicos en estos casos. "Se trata de computar con palabras en vez de con números", dice.

En la lógica borrosa, las cosas no son verdad o mentira. Una cosa puede ser verdadera al 15% (técnicamente, su "grado de verdad" es del 0,15). Y las variables (o categorías) no son números, sino nombres sin fronteras precisas (hace calor, frío o "se está normal"), y los operadores que los modifican son "bastante" o "no mucho".

Como sabe cualquier oficinista o consumidor de grandes almacenes, que haga calor, haga frío o se esté normal son tres cosas que pueden ser verdad a la vez. Y que además suelen serlo, dependiendo de a quién pregunte uno. Un termostato borroso sopesa los grados de verdad de las tres descripciones para decidir si enchufar más o menos aire frío en la sala. Esto, por cierto, elimina la clásica distinción entre optimistas y pesimistas, porque el vaso ya no está medio lleno o medio vacío, sino lleno con un grado de verdad del 0,5. Y vacío en el mismo grado. Si el vaso está a tres cuartos de su capacidad, es verdad (al 0,75) que está lleno, pero también es verdad (al 0,25) que está vacío.

Las aplicaciones de la lógica borrosa en la ingeniería crecen con ímpetu. De hecho, ya forman parte de la vida cotidiana. "Mi lavadora es de una de las dos marcas que ya usan la lógica borrosa", asegura Elorza. Las dos marcas son AEG y Miele, y utilizan estos métodos de computación para moderar el programa de lavado si la ropa "no está muy sucia": un concepto difuso.

La técnica también está extendida en los sistemas de frenado de los coches, el foco automático de las cámaras fotográficas, control de los ascensores en edificios públicos, filtros de spam (correo basura) y videojuegos. Los fabricantes no han publicitado estos avances por una razón evidente. "Frenos controlados por lógica borrosa" no es la clase de mensaje que más coches puede vender.

Pero la mala fama de la lógica borrosa se debe a que tiene el nombre mal puesto. Lo que es borroso no es la lógica -que tiene una definición matemática precisa-, sino el mundo al que se aplica, incluida nuestra percepción de sus fronteras y sus categorías.

"Las máquinas codifican lo que nosotros les transmitimos y calculan muy deprisa, pero carecen del menor grado de generalización", explica Elorza. "Los últimos avances engloban métodos que, junto con la lógica borrosa, pivotan sobre redes neuronales y algoritmos genéticos, una enriquecedora combinación de técnicas denominada soft computing El concepto de soft computing, que podría traducirse por "computación blanda" (aunque nadie lo suele hacer), fue introducido en la década pasada por el matemático azerbaiyano-iraní Lofti Zadeh, de la Universidad de Berkeley. El propio Zadeh había inventado la lógica borrosa en los años sesenta y setenta. Los avances posteriores en redes neurales (programas que aprenden de la experiencia) y algoritmos genéticos (programas que evolucionan en el tiempo) le parecieron a Zadeh un complemento idóneo para su lógica borrosa.

La combinación de estas herramientas (el soft computing) permite a las máquinas aprender a manejar conceptos difusos, muy al estilo humano. El Congreso Español sobre Tecnologías y Lógica Fuzzy va por su decimocuarta edición, que se ha celebrado esta semana en las cuencas mineras asturianas (Langreo-Mieres).

Un ejemplo en que el soft computing ha logrado notables avances es el reconocimiento de la escritura manual. Se trata de un problema correoso para la computación convencional, porque es difícil imaginar una descripción matemática precisa de la letra a que abarque a todas las aes que escribimos (y reconocemos) las personas. El soft computing sí puede manejar categorías como "más o menos una a". Recuerden que, en la lógica difusa, una cosa puede ser una a con un grado de verdad del 0,7, por ejemplo. El sistema de reconocimiento de escritura falla mucho con cada nuevo usuario, pero luego se adapta a las peculiaridades de sus trazos. Para esto sirven las redes neurales.

Las redes neurales son programas inspirados en la biología. Se componen de neuronas que reciben varios inputs y los combinan para emitir un solo output, como las neuronas de verdad. Y, también como éstas, modifican la fuerza de sus conexiones en función de la experiencia. Su aprendizaje suele ser "guiado", es decir, se basa en la comparación del resultado propuesto por la máquina con la solución correcta de la vida real.

Estos programas no pretenden ser un modelo del funcionamiento real del cerebro -tanto las neuronas individuales como sus conexiones son una caricatura de su versión biológica-, pero son capaces de aprender de la experiencia.

El 75% de los coches que se fabrican van equipados con el sistema de frenado ABS. Intel Corporation, el gigante de los chips, es también uno de los proveedores de controles electrónicos para el ABS, y utiliza la lógica borrosa. La función del ABS es manipular los frenos para evitar que el coche patine. Un largo encadenamiento de silogismos aristotélicos no ayuda mucho en esas situaciones, como sabe cualquier conductor. Los sistemas de visión artificial dependen con fuerza de la lógica borrosa. A nosotros nos parece fácil descomponer una escena visual en objetos, pero situar sus fronteras es un asunto dificultoso que nuestro cerebro tiene que resolver cada segundo.

La frontera real llega a nuestros ojos desdibujada por la imprecisión del foco, las sombras y los claroscuros. Varias interpretaciones pueden ser verdad a la vez, y es ponderando el grado de verdad como la máquina decide. Nuestro córtex visual también funciona así. Lo mismo cabe decir de los sistemas de identificación facial, reconocimiento del habla e interpretación de los gestos, algunos aparatos de diagnóstico medio y un creciente número de aplicaciones financieras.

La lógica difusa puede presumir de unos orígenes venerables. Hace ya 2.400 años que Parménides de Elea sugirió que una proposición podía ser verdadera y falsa al mismo tiempo. Su gran admirador Platón le hizo caso y llegó a admitir una tercera región entre los polos de la verdad y la falsedad. Pero estas ideas tuvieron que esperar a Zadeh para cristalizar en una forma matemática precisa, y por tanto útil para los ingenieros.

La idea de que el cerebro humano utiliza un mecanismo análogo a la lógica borrosa debe mucho al lingüista William Labov, fundador de la moderna sociolingüística. Labov demostró en 1973 que las categorías "taza" y "cuenco" son difusas en nuestro cerebro: solapan una con otra, y su uso depende más del contexto y la experiencia del hablante que del tamaño real del recipiente. Por ejemplo, muchos sujetos del experimento consideraron el mismo recipiente como una taza (si se les decía que contenía café) y como un cuenco (cuando un rato después se les sugirió que servía para comer). La decisión entre los dos nombres depende a la vez de otros factores: tener un asa, ser de cristal, llevar un plato debajo y exhibir un diámetro creciente de base a boca restan puntos a "cuenco" y empujan al hablante hacia "taza". El resultado de Labov es muy similar a la lógica borrosa: en nuestro cerebro, un objeto puede ser un cuenco con un grado de verdad del 0,7 y una taza con un grado de verdad del 0,3. Y esos grados se ajustan continuamente en función del contexto y la experiencia del hablante.

La neurobiología más reciente ha confirmado las ideas de Labov de una forma inesperada, en una serie de experimentos que han iluminado el problema central de la semántica -¿cómo atribuimos un significado a las palabras?- e incluso un tema clave de la filosofía de la mente: qué son los conceptos, los símbolos mentales con los que se teje el pensamiento humano.

La idea convencional es que los conceptos son entidades estables, que se forman y manipulan en las altas instancias del córtex cerebral (los lóbulos frontales, agigantados durante la evolución humana). El concepto "flor" sería un auténtico "símbolo" por lo mismo que lo es la palabra flor: porque se ha independizado de su significado y se puede manejar sin tener delante una flor.

Pero los datos están revelando que el símbolo y su significado son en gran medida lo mismo para nuestro cerebro. Pensar en algo rojo, o incluso pensar en abstracto sobre el color rojo, activa los mismos circuitos cerebrales que verlo físicamente.

Una pregunta común en los tests psicológicos es si dos dibujos distintos representan dos orientaciones del mismo objeto. Lo resolvemos "rotando mentalmente" el objeto, como pone de manifiesto un hecho elocuente: nuestro tiempo de respuesta es directamente proporcional al ángulo que distingue a un dibujo de otro.

El laboratorio de Herbert Bauer, en Viena, demostró el año pasado que la "rotación mental" es indisociable de la actividad de una parte del córtex motor, la misma que usamos cuando queremos mover un objeto de verdad. Se trata, según Bauer, de "una simulación interna de la rotación real de un objeto".

Cuando una persona lee el verbo "saltar" no sólo se activan sus lóbulos frontales, sino también las áreas que reciben la información de los sentidos y las motoras que rigen sus acciones. Los conceptos que manejamos se parecen menos a las definiciones de la lógica formal que a las verdades de la lógica borrosa: relativas, provisionales y tejidas con las hebras del mundo real.

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