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La pacificación de los teólogos

Publicado por el 5 ago, 2011 en Tercera Cultura | 3 comentarios

autor: Eduardo Robredo Zugasti en revolucionnaturalista.com
La pacificación de los teólogosLa violencia humana está en declive durante los últimos siglos, según Steven Pinker, autor del libro más esperado de este otoño.

La crueldad como entretenimiento, el sacrificio humano para satisfacer a la superstición, el esclavismo como medio de ahorrar trabajo, la conquista como misión de un gobierno, el genocidio como modo de adquirir estados, la tortura y la mutilación como castigo rutinario, la pena capital para delitos menores y diferencias de opinión, el asesinato como mecanismo de sucesión política, la violación durante las guerras, los progromos a consecuencia de la frustración, el homicidio como mayor modo de resolución de conflictos, todos ellos son rasgos de la vida poco excepcionales en la mayor parte de la historia humana. Pero hoy resultan raros o inexistentes en occidente, mucho menos comunes en otras partes, y son lamentados cuando tienen lugar y condenados cuando salen a la luz.

Lo que quiero sugerir ahora es que este declive de la violencia física se aprecia también en los discursos, y particularmente en los discursos de los teólogos concernientes a la tolerancia religiosa. Hace unos meses comentábamos un artículo de María Tausiet sobre el “duelo de insultos” entre Calvino y Servet, recordando que la denigración de los adversarios (especialmente religiosos) era un procedimiento normal, nada excepcional en nuestra tradición o en otras, donde la impiedad ha sido vista como un problema político además de puramente filosófico.

Todavía en el siglo XVIII el autor de una concienzuda contestación a los filósofos impíos de su tiempo  (a quienes considera, no obstante “pseudofilósofos”) se pronunciaba en estos términos sobre los peligros sociales y políticos inherentes al ateísmo y el materialismo:

Nótese desde aqui la profunda malicia en que se zanjan los principios del Deismo, Materialismo y demás falsos Filósofos. Sus hypótesis, que entre ellos tienen lugar de dogmas o de princicipios, no se contentan con referirse a ciertos puntos indiferentes, que nada influyen en los negocios del Estado y de la Religión o de la Moral, ya sea que se concedan o que se nieguen: no son como estas disputas de los Escolásticos que aun quando sean inútiles, no tocan con todo eso al estado comun de los hombres, ni al de los particulares; como si el todo sea alguna cosa mas que sus partes unidas; si los elementos entran formal o virtualmente en los mixtos; y asi otras en que se exercitan los jóvenes; sino principalmente miran a las costumbres, a la independencia de las Leyes, y de los Gefes de los pueblos; a los artículos de la fe, como si el mundo puede existir, y regirse por sí sin necesidad de algún Dios, y otros iremos viendo: advirtiendo, que estas hypótesis no ser reservan para las discusiones del Aula, sino que se tratan con el pueblo, y llaman fanatismo a la moderación que les opone.

El título completo del tratado escrito por Fernando de Ceballos es La falsa filosofía o El ateísmo, deismo, materialismo y demás nuevas sectas convencidas de crimen de estado contra los soberanos y sus regalías, contra los magistrados y potestades legítimas. Se combaten sus máximas sediciosas y subversivas de toda sociedad y aun de la humanidad.

Claramente se aprecia que la tolerancia religiosa es una conquista muy reciente, al lado de los estados laicos o los derechos humanos que han logrado mitigar, sino suprimir del todo, el terrorismo tradicional contra los no creyentes. Claramente se aprecia también la diferencia entre el libelo de Ceballos y la descripción del ateísmo como un respetable “modo de vida espiritual alternativo”, según los términos del filósofo católico Charles Taylor, que llegó a recibir el premio Templeton.

Por supuesto, las persecuciones contra impíos, herejes o apóstatas siguen produciéndose en el mundo, pero a menudo son denunciadas como vestigios teocráticos incompatibles con una democracia actualizada.

Paralelamente, también el discurso de los llamados “nuevos ateos” está lejos de las invectivas anticlericales de otros tiempos, y sólo algunos ignorantes y afectados histriones, deseosos de llamar la atención, se empeñan en asociar el “nuevo ateísmo” con violencias pasadas.

Dar a algo un nombre o saber cómo funciona

Publicado por el 3 ago, 2011 en Tercera Cultura | 1 comentario

La «imagen dramática» de Richard Feynman

Freeman Dyson, The New York Review of Books

(Traducción exprés Verónica Puertollano para elmundo.es)

Dar a algo un nombre o saber cómo funcionaEn los últimos cien años, desde que la radio y la televisión crearan la industria del entretenimiento moderna, global y de masas, ha habido dos científicos superestrellas: Albert Einstein y Stephen Hawking. Luces menores como Carl Sagan, Neil Tyson y Richard Dawkins tienen un gran público seguidor, pero no están en la misma categoría que Einstein y Hawking. Sagan, Tyson y Dawkins tienen fans que no entienden casi nada de ciencia, y que se entusiasman con sus personalidades.

En general, el público muestra buen gusto en la elección de sus ídolos. Einstein y Hawking ganaron su estatus de superestrellas no solo por sus descubrimientos científicos, también por sus extraordinarias cualidades humanas. Los dos encajan fácilmente en el rol del ícono, respondiendo a la adoración del público con modestia y buen humor y con declaraciones provocativas calculadas para dirigir la atención. Los dos dedicaron sus vidas al esfuerzo sin concesiones de penetrar en los misterios más profundos de la naturaleza, y a los dos aún les quedó tiempo para atender las preocupaciones prácticas de la gente corriente. El público les juzgó correctamente como verdaderos héroes, amigos de la humanidad y también como genios científicos.

Dos nuevos libros plantean ahora la cuestión de si Richard Feynman está alcanzando el estatus de superestrella. Los dos libros son muy diferentes en estilo y en esencia. El libro de Lawrence Krauss, Quantum Man, narra la vida de Feynman como científico, eludiendo ligeramente las aventuras personales que han sido enfatizadas en anteriores biografías. Krauss logra explicar en un lenguaje no técnico el núcleo esencial del pensamiento de Feynman. A diferencia de otros biógrafos previos, lleva al lector al interior de la cabeza de Feynman y reconstruye la imagen de la naturaleza como Feynman la veía. Este es un nuevo tipo de historia científica, y Krauss está bien preparado para ello, al ser un físico experto y un talentoso escritor de libros científicos para el público general. Quantum Man nos muestra la cara de la personalidad de Feynman menos visible para la mayoría de sus admiradores, el silencioso y persistente calculador trabajando intensivamente los días y las noches para descifrar el funcionamiento de la naturaleza.

El otro libro, del escritor Jim Ottaviani y el artista Leland Myrick, es muy distinto. Es una biografía en cómic de Feynman, que contiene 266 páginas de dibujos de Feynman y sus legendarias aventuras. En cada dibujo, los bocadillos recogen los comentarios de Feynman, en su mayoría sacados de las historias que él y otros han contado y publicado en libros anteriores. Al principio vemos a Feynman como un inquisitivo niño de 5 años, aprendiendo de su padre a cuestionar la autoridad y admitir la ignorancia. Le pregunta a su padre en el parque: «¿Por qué [la pelota] sigue moviéndose?». Su padre responde: «La razón por la que la pelota sigue rodando es porque tiene “inercia”. Eso es lo que los científicos dicen que es la razón… pero es solo un nombre. Nadie sabe realmente qué significa». Su padre era un vendedor viajante sin formación científica, pero entendía la diferencia entre dar a algo un nombre y saber cómo funciona. Encendió en su hijo una pasión de por vida por saber cómo funcionan las cosas.

Tras las escenas con su padre, los dibujos muestran a Feynman pasando gradualmente por los papeles del joven y vivaz profesor y baterista en los carnavales, el padre cariñoso y el amante esposo, el venerado profesor y el reformista educativo, hasta que acaba su vida como un sabio arrugado en la batalla perdida contra el cáncer.

Resulta muy impactante verme a mí mismo retratado en estas páginas, como un afortunado y joven estudiante que se va cuatro días con Feynman en su coche desde Cleveland hasta Alburquerque, compartiendo con él alojamientos insólitos y divirtiéndome con el flujo inacabable de su memorable conversación.

Uno de los incidentes de la vida de Feynman que muestra sus cualidades humanas fue claramente su reacción a la noticia en 1965 de que había ganado un premio Nobel. Cuando se produjo la llamada telefónica desde Estocolmo, hizo comentarios que parecían arrogantes e ingratos. Dijo que probablemente rechazaría el premio, ya que odiaba las ceremonias formales y odiaba en particular los rituales pomposos relacionados con reyes y reinas. Su padre le había dicho, cuando era un crío, «¿Qué son los reyes, al cabo? Solo tipos con trajes de fantasía». Prefería rechazar el premio que verse obligado a trajearse y a estrechar la mano del Rey de Suecia.

Pero a los pocos días, cambió de parecer y aceptó el premio. Tan pronto como llegó a Suecia, se hizo amigo de los estudiantes suecos que fueron a recibirle. En el banquete de su aceptación oficial del premio, hizo un discurso espontáneo, disculpándose por su anterior rudeza y dando las gracias a la gente sueca con un emotivo relato personal de las bendiciones que el premio le había traído.

Feynman había esperado reunirse con Sin-Itiro Tomonaga, el físico japonés que compartía el premio Nobel con él. Tomonaga había hecho de forma independiente algunos de los mismos descubrimientos que Feynman, cinco años antes, en el absoluto aislamiento del Japón en guerra. Compartía con Feynman no solo las ideas sobre física, también las experiencias de una tragedia personal. En la primavera de 1945, Feynman estuvo cuidando de su amada primera esposa, Arline, durante las últimas semanas de su vida hasta que la vio morir de tuberculosis. En la misma primavera, Tomonaga estuvo ayudando a un grupo de estudiantes a sobrevivir en las cenizas de Tokio, después de que un incendio devastara la ciudad y matara a más personas de las que mató la bomba nuclear en Hiroshima cuatro meses antes. Feynman y Tomonaga compartían tres cualidades extraordinarias: dureza emocional, integridad intelectual y un saludable sentido del humor.

Para consternación de Feynman, Tomonaga no llegó a aparecer en Estocolmo. El libro de Ottaviani y Myrick saca a Tomonaga explicando lo que pasó:

«Aunque envié una carta diciendo que estaría “encantado de asistir”, detestaba la idea de ir, pensar que el frío podía ser duro, ya que la ceremonia se iba a celebrar en diciembre, y que las inevitables formalidades serían agotadoras. Después de que se se me nombrara ganador del Premio Nobel, vino mucha gente a visitarme, con licor. Tenía barriles de licor. Un día, el hermano menor de mi padre, al que le encantaba el whiskey, pasó por aquí y empezamos a beber alegremente. Bebimos un poco más de la cuenta, y después, aprovechando la ocasión de que mi mujer había salido de compras, entré en el baño y me bañé. Ahí me resbalo y me caigo, rompiéndome seis costillas… Hubo algo de buena suerte en ese infeliz incidente.»

Después de que Tomonaga se recuperara de sus lesiones, fue invitado a Inglaterra a recibir otro alto honor que requería un encuentro formal con la realeza. Esta vez no se resbaló en la bañera. Apareció debidamente en el Palacio de Buckingham y estrechó la mano a la Reina inglesa. La Reina no sabía que él no había podido viajar a Estocolmo. Y le preguntó ingenuamente si había disfrutado de su encuentro con el Rey de Suecia. Tomonaga estaba totalmente desconcertado. No podía confesarle a la reina que se había emborrachado y que se había roto las costillas. Dijo que había disfrutado mucho de su conversación con el Rey. Comentó después que durante el resto de su vida cargaría con una doble culpa, primero por emborracharse, y segundo por mentir a la Reina de Inglaterra.

Veinte años más tarde, cuando Feynman estaba mortalmente enfermo de cáncer, sirvió en la comisión de investigación de la NASA del desastre del Challenger de 1986. Asumió su trabajo a regañadientes, sabiendo que tendría que emplear la mayor parte del tiempo y las fuerzas que le quedaban. Lo asumió porque sentía como una obligación hallar las causas que provocaron el desastre y hablar al público de manera llana sobre sus descubrimientos. Fue a Washington y descubrió lo que se esperaba en el corazón de la tragedia: una jerarquía burocrática con dos grupos de personas, los ingenieros y los gestores, que vivían en mundos separados y que no se comunicaban entre sí. Los ingenieros vivían en el mundo de los datos técnicos; los políticos vivían en el mundo de los dogmas políticos.

Le pidió a los miembros de ambos grupos que le explicaran sus estimaciones de riesgo de catástrofe en cada misión del Transbordador Espacial. Los ingenieros estimaban que el riesgo era del orden de un desastre por cada cien misiones. Los gestores estimaban que el riesgo era del orden de un desastre por cada cien mil misiones. La diferencia, un factor de mil entre las dos estimaciones, nunca fue reconciliada y nunca se discutió abiertamente. Los gestores estaban al cargo de las operaciones y tomaban las decisiones de volar o no volar, basándose en sus propias estimaciones de riesgo. Pero los datos técnicos que Feynman descubrió probaban que los gestores se habían equivocado y que los ingenieros llevaban razón.

Feynman tuvo dos ocasiones para educar al público sobre las causas del desastre. La primera concernía a los datos técnicos. Se celebró una reunión abierta de la comisión con periodistas de prensa y televisión presentes. Feynman había preparado un vaso de agua helada y una muestra de la junta tórica de caucho de un cohete propulsor de combustible sólido. Mojó la arandela de caucho en el agua helada, la sacó, y demostró el hecho de que la goma fría estaba rígida. La goma fría no podría funcionar como un sello hermético para mantener los gases calientes lejos de la estructura. Como el lanzamiento del Challenger se había producido el 28 de enero con un tiempo inusualmente frío, la pequeña demostración de Feynman apuntaba a la rigidez de las juntas tóricas como probable causa técnica del desastre.

La segunda oportunidad de educar al público concernía a la cultura de la NASA. Feynman escribó un relato de la situación cultural como él la vio, con la división fatal de la administración de la NASA en dos culturas estancas: ingenieros y gestores. El dogma político de los gestores, declarando que los riesgos son mil veces menores de lo que los datos técnicos indican, fue la causa cultural del desastre. El dogma político surgía de una larga historia de declaraciones públicas por parte de líderes políticos de que la Lanzadera era segura y fiable. Feynman acababa con la famosa sentencia: «Para una tecnología exitosa, la realidad debe tener preferencia sobre las relaciones públicas, pues no se puede engañar a la naturaleza».

Feynman intentó como pudo que se incluyera esta declaración de conclusiones en el informe oficial de la comisión. El presidente de la comisión, William Rogers, era un político profesional con larga experiencia en el gobierno. Rogers quería que el público creyera que el desastre del Challenger era un accidente sumamente improbable del que la NASA no tenía la culpa. Intentó como pudo excluir la declaración de Feynman del informe. Al final se llegó a un acuerdo. La declaración de Feynman no se incluyó en el informe pero se añadió como apéndice al final, con una nota que decía que era la declaración personal de Feynman y no la acordada por la comisión. Este acuerdo sirvió en favor de Feynman. Como él señaló por entonces, el apéndice que estaba al final obtuvo mucha más atención pública de la que habría tenido de haber formado parte del informe oficial.

La dramática exposición de Feynman de la incompetencia de la NASA y sus demostraciones con la arandela le hicieron un héroe para el público general. El suceso fue el comienzo de su ascenso al estatus de superestrella. Antes de su servicio en la comisión del Challenger, era ampliamente admirado por los entendidos como científico y como carácter original. Después, fue admirado por un público mucho más amplio, como un defensor de la honestidad y la franqueza en el gobierno. Cualquiera que luchara contra el secretismo y la corrupción en cualquier parte del gobierno podía mirar a Feynman como líder.

En la escena final del cómic, Feynman camina por el sendero de una montaña con su amigo Danny Hillis. Dice Hillis: «Estoy triste porque te vas a morir». Feynman responde: «Sí, eso también me fastidia a mí a veces. Pero no tanto como crees. Mira, cuando te haces tan viejo como yo soy, empiezas a darte cuenta de que de todas formas ya le has dicho la mayoría de todas las cosas buenas que sabes a los demás. ¡Oye! ¡Seguro que puedo mostrarte un camino de vuelta a casa mejor!». Y Hillis se queda solo en la montaña. Estas imágenes captan con notable sensibilidad la esencia del carácter de Feynman. Las imagen del cómic, de algún modo, cobra vida y habla con la voz del Feynman real.

Hace veinte años, mientras viajaba en un tren de cercanías en los suburbios de Tokio, me asombró ver que una gran parte de los pasajeros japoneses iban leyendo libros, y que una gran parte de ellos eran cómics. El género de la literatura seria en cómic se desarrolló enormemente en Japón mucho antes de que apareciera en Occidente. El libro de Ottaviani-Myrick es el mejor ejemplo de este género que yo haya visto con texto inglés. Algunos lectores usan comúnmente la palabra japonesa manga para referirse a la literatura seria en cómic. Según uno de mis amigos japoneses, este uso es incorrecto. La palabra manga significa «garabato» y se usa en Japón para referirse a las colecciones de cómic triviales. La palabra correcta para la literatura seria en comic es gekiga, que significa «imagen dramática». El libro ilustrado de Feynman es un buen ejemplo de gekiga para los lectores occidentales.

El título del libro de Krauss, El hombre cuántico, está bien elegido. El tema central del trabajo de Feynman como científico fue explorar una nueva forma de pensamiento y trabajar con la mecánica cuántica. El libro logra explicar sin ninguna jerga matemática cómo pensaba Feynman y cómo trabajaba. Esto es posible porque Feynman visualizaba el mundo en imágenes en vez de ecuaciones. Otros físicos del pasado y del presente describen las leyes de la naturaleza con ecuaciones, y después resuelven las ecuaciones para averiguar qué sucede. Feynman se saltaba las ecuaciones y anotaba las soluciones directamente, empleando sus imágenes como guía. Saltarse las ecuaciones fue su mayor contribución a la ciencia. Saltándose las ecuaciones, creó el lenguaje que habla la mayoría de los físicos modernos. Indirectamente, creó un lenguaje que la mayoría de la gente sin formación matemática podía entender. Usar el lenguaje para realizar cálculos cuantitativos requiere formación, pero la gente no formada puede usarlo para describir cualitativamente cómo se comporta la naturaleza.

La imagen del mundo de Feynman surge a partir de la idea de que el mundo tiene dos capas, una capa clásica y una capa cuántica. Clásico se refiere a las cosas que son normales. Cuántico se refiere a las cosas que son raras. Nosotros vivimos en la capa clásica. Todas las cosas que podemos ver y tocar y medir, como los ladrillos, las personas y la energía, son clásicas. Las vemos con dispositivos clásicos como los ojos y las cámaras, y las medimos con instrumentos clásicos como los termómetros y los relojes. Las imágenes que Feynman inventó para describir el mundo son imágenes clásicas de objetos moviéndose en la capa clásica. Cada imagen representa una posible historia de la capa clásica. Pero el mundo real de los átomos y las partículas no es clásico. Los átomos y las partículas aparecen en las imágenes de Feynman como objetos clásicos, pero en realidad obedecen a leyes muy diferentes. Obedecen a las leyes cuánticas que Feynman nos enseñó a describir mediante el uso de sus imágenes. El mundo de los átomos pertence a la capa cuántica, que no podemos tocar directamente.
La principal diferencia entre la capa clásica y la capa cuántica es que la capa clásica maneja factores y la capa clásica maneja probabilidades. En las situaciones en que las leyes clásicas son válidas, podemos predecir el futuro observando el pasado. En situaciones en que las leyes cuánticas son válidas, podemos observar el pasado pero no podemos predecir el futuro. En la capa cuántica, los sucesos son impredecibles. Las imágenes de Feynman solo nos permiten calcular las probabilidades de que distintos futuros alternativos puedan suceder.

La capa cuántica está relacionada con la capa clásica de dos maneras. La primera, el estado de la capa cuántica es lo que se llama «suma de historias», es decir, una combinación de todas las historias posibles de la capa clásica que anticipan ese estado. Cada historia clásica posible tiene una amplitud cuántica. La amplitud cuántica, también conocida como función de onda, es un número que define la contribución de la historia clásica a ese estado cuántico. La segunda, la amplitud cuántica se obtiene a partir de la imagen de la historia clásica siguiendo un sencillo conjunto de normas. Las normas son pictóricas, traduciendo la imagen directamente a un número. La parte difícil del cálculo es agregar a la suma de historias correctamente. El gran logro de Feynman fue demostrar que esta visión de la suma de historias del mundo cuántico reproduce los resultados conocidos de la teoría cuántica, y permite una descripción exacta de los procesos cuánticos en situaciones en las que versiones previas de la teoría cuántica se habían venido abajo.

Feynman era radical en su falta de respeto por la autoridad, pero conservador en su ciencia. Cuando era joven había esperado empezar una revolución en la ciencia, pero la naturaleza dijo no. La naturaleza le dijo que la jungla existente de ideas científicas, con el mundo clásico y el mundo cuántico descritos por leyes muy diferentes, era básicamente correcta. Intentó encontrar nuevas leyes de la naturaleza, pero el resultado de sus esfuerzos resultaron finalmente consolidar las leyes existentes en una nueva estructura. Esperaba encontrar discrepancias que demostraran que las viejas teorías eran incorrectas, pero la naturaleza persistía obstinadamente en probarlas correctas. Por muy irrespetuoso que pudiera ser hacia los viejos científicos famosos, nunca fue irrespetuoso hacia la naturaleza.

Hacia el final de la vida de Feynman, su visión conservadora de la ciencia se quedó pasada de moda. Los teóricos de moda rechazaban su imagen dualista de la naturaleza, con el mundo clásico y el mundo cuántico existiendo lado a lado. Pensaban que solo el mundo cuántico era real, y que el mundo clásico debería ser explicado como una especie de ilusión que surge de los procesos cuánticos. Discrepaban de la manera en que las leyes cuánticas debían ser interpretadas. Su problema fundamental era explicar cómo un mundo de probabilidades cuánticas puede generar las ilusiones de certidumbre clásica que experimentamos en nuestras vidas diarias. Sus distintas interpretaciones de la teoría cuántica dio lugar a especulaciones filosóficas en competencia sobre el papel del observador en la descripción de la naturaleza.

Feynman no tenía paciencia para esas especulaciones. Él decía que la naturaleza nos dice que tanto el mundo cuántico como el mundo clásico existen y que son reales. No entendemos con precisión cómo encajan entre sí. Según Feynman, el camino a la comprensión no es discutir sobre filosofía sino seguir explorando los datos de la naturaleza. En los años recientes, una nueva generación de experimentadores ha ido avanzando por el camino de Feynman con gran éxito, moviéndose hacia los nuevos mundos de la computación cuántica y la criptografía cuántica.

Krauss nos muestra un retrato de un científico que era excepcionalmente altruista. Su desdén por los honores y los premios era auténtico. Después de ser elegido como miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, dimitió porque los miembros de la Academia se pasaban mucho de su tiempo discutiendo quién se merecía la admisión en las próximas elecciones de la Academia. Consideraba que la academia estaba más preocupada por el autobombo que por el servicio público. Odiaba todas las jerarquías, y no quería que ningún distintivo de estatus académico superior se interpusiera entre él y sus amigos más jóvenes. Consideraba que la ciencia era una empresa colectiva en la que educar a los jóvenes era tan importante como hacer descubrimientos personales. Dedicó los mismos esfuerzos a la enseñanza como a su pensamiento.

Nunca mostró el más ligero resentimiento cuando publiqué algunas de sus ideas antes de que lo hiciera él. Me dijo que él había evitado las discusiones sobre la prioridad en la ciencia siguiendo una simple regla: «Da siempre a los bastardos más crédito del que se merecen». He seguido esta regla por mí mismo. Y la encuentro considerablemente efectiva para evitar las riñas y hacer amigos. Compartir con generosidad el crédito es la forma más rápida de construir una comunidad científica saludable. Al final, la mayor contribución de Feynman ala ciencia no fue ningún descubrimiento en particular. Su contribución fue la creación de una nueva forma de pensar que permitió que una gran multitud de estudiantes y colegas, incluyéndome a mí, hicieran sus propios descubrimientos.

El amor es producido en el cerebro

Publicado por el 1 ago, 2011 en Tercera Cultura | 1 comentario

El amor es producido en el cerebro Video corto sobre descubrimientos en el amor por Helen Fisher en la Universidad de New Jersey.  En su libro Por qué amamos, la antropóloga norteamericana Helen Fisher ofrece una nueva visión de este fenómeno universal basada en un novedoso estudio científico. Consiguió demostrar que, cuando uno se enamora, se «encienden» unas zonas concretas del cerebro por un aumento del flujo sanguíneo.
A partir de estos datos ha llegado a la conclusión de que la pasión romántica está, en realidad, estrechamente ligada al cerebro. No es una emoción. Es un instinto tan fuerte como el hambre. En esta fascinante obra, Fisher revela exactamente qué experimentamos cuando nos enamoramos, por qué elegimos a una persona y no a otra, y cómo el amor romántico afecta biológicamente al impulso sexual y a los sentimientos de atracción por el otro. También expone las diferencias entre el cerebro femenino y el masculino, y lo que esto implica para nuestra forma de amar.

EL CEREBRO Y LAS DOS CULTURAS

Publicado por el 30 jul, 2011 en Tercera Cultura | 1 comentario

Publicado por Miquel en http://memoriasdesoledad.blogspot.com

EL CEREBRO Y LAS DOS CULTURASEl cerebro de los animales, como cualquier otro órgano, ha estado sometido al mecanismo de la selección natural y ha ido ganando complejidad porque favorecía la supervivencia de los organismos que disponían de él. El cerebro ayuda a gestionar mejor la vida porque extrae regularidades del entorno que permite aprovechar los recursos para mantener un estado óptimo del medio interno de los animales. Es,por tanto, un mecanismo eficaz de supervivencia para extraer el orden del mundo real por medio de ensayo y error, y con ello, optimizar las respuestas a una mayor diversidad de circunstancias medioambientales.
En el caso de los humanos, durante miles de generaciones, no solo fueron captando leyes naturales sino que además, con la aparición del lenguaje fueron capaces de transmitir esos conocimientos a los organismos de su especie, logrando así adaptaciones muy eficaces en la lucha por la vida. Estas leyes, con el tiempo se transformarían en leyes científicas.
Como muestra la poco conocida epistemología evolucionista la razón la extrae el cerebro del medio. El origen de la ciencia puede así considerarse como esos primeros experimentos intuitivos que conseguían predecir el comportamiento de los fenómenos naturales y así tener ventajas a la hora de sobrevivir y perpetuar los genes.

Pero junto a esta función del cerebro, el desarrollo del lenguaje condujo a otra capacidad. Los humanos podían utilizar la complejidad neuronal para convencer a los congéneres en beneficio del interés particular y establecerse como líderes de su grupo, obteniendo mayor poder en las relaciones sociales. De esta manera, la razón se utilizó, no para obtener la verdad sino para buscar argumentos que justifiquen sus acciones y poder atraer a los miembros del clan formando grupos sólidos; sin importar la racionalidad de las propuestas y utilizando la confusión como un elemento más. El lenguaje se convierte en un instrumento para confirmar nuestras creencias y nuestro interés. Esta teoría argumentativa de la razón ha sido propuesta recientemente por Sperber y Mercier, y podría estar en la base del arte y de las disciplinas humanísticas. Esta teoría viene excelentemente detallada en este enlace de Tercera Cultura.
La razón no sirve, en este sentido, para buscar la verdad sino para buscar partidarios que confirmen nuestras ideas y mejoren nuestra posición social. Tener una buena inteligencia social también es adaptativa y ayudó a los homínidos a transmitir sus genes en su aventura evolutiva.
Esta función argumentativa de la razón se puede observar en cualquier varón cortejando a una hembra sacando todo un arsenal de argumentos para intentar convencer a su compañera de que se encuentra ante el macho ideal para compartir sus favores sexuales. Pero se puede encontrar en muchas otras situaciones. Escuchen tertulias políticas; discusiones futbolísticas.
Todos intentan argumentar sus posiciones, confirmar sus creencias, aumentar su prestigio en el grupo, independientemente de la conquista de la verdad.

Extraer orden de la naturaleza. Argumentar y defender nuestras ideas. En estas funciones del cerebro estarían las raíces de las dos culturas. De su comprensión y su fusión emerge la Tercera.

La ideología antisecular de Anders Behring Breivik

Publicado por el 26 jul, 2011 en Tercera Cultura | 2 comentarios

autor: Eduardo Robredo Zugasti en revolucion naturalista
atentados en NoruegaLos recientes atentados en Noruega, perpetrados aparentemente por un “lobo solitario”, Anders Behring Breivik, están provocando un intenso debate acerca de la agenda ideológica detrás de los crímenes. La publicación en internet de un “Manifiesto sobre la independencia europea“, un concienzudo tratado político de 1.500 páginas escrito por el propio Breivik (con su nombre anglicanizado como “Andrew Berwick”) arroja mucha luz sobre el caso. Breivik ha resultado ser un terrorista “ilustrado” cuyo caso recuerda a otro asesino filosóficamente brillante, el estadounidense Theodore John Kaczynski, “Unabomber“.

Tal como explican en GNXP, los últimos años testimonian el auge en la percepción social de los motivos religiosos del terrorismo. Esta tendencia podría haber provocado una sobreexposición de los motivos religiosos, desorientando a los analistas y a la opinión pública sobre la verdadera agenda política detrás del terror. El mismo Breivik, más bien un nacionalista europeísta y un conservador intelectualmente lúcido, no encajaría con el estereotipo del fanático religioso. Su manifiesto es de hecho una crítica bastante exhaustiva de la ideología de la “corrección política” europea, supuestamente heredada de la escuela de Frankfurt y convertida por las élites europeas en un “marxismo cultural” dominante. El problema religioso, fundamentalmente provocado por las políticas “multiculturalistas” europeas que facilitan la expansión islámica, desempeña un papel central dentro del drama moral del manifiesto, cuya ideología destila un fuerte carácter antisecular (en esto coincide con el nazismo, tal como ha explicado Richard Steigmann-Gall). Breivik critica explícitamente lo que llama “ateísmo chic” (de Dawkins y cia) y divisa un futuro “cristianismo europeo” que tolerará a los ateos, a diferencia del Islam, pero promulgará políticas conservadoras respetuosas con la “naturaleza humana”. Significativamente, el nacionalismo europeo de Breivik carga tanto contra el sencularismo europeo como contra las tendencias apaciguadoras del Vaticano:

No podemos tener un Vaticano que tiembla a los pies de la Ummah islámica, o un Vaticano que facilita su propia destrucción sin luchar. Debemos librar al Vaticano de sus miembros corruptos e incluso suicidas y asegurar que poseemos unos líderes de la iglesia que crean en una cristiandad europea sostenible y confiada. Necesitamos un cristianismo que crea en el concepto fundamental de la autodefensa y que tenga la ambición de sobrevivir. Necesitamos líderes cristianos que estén dispuestos a llamar a las cruzadas de defensa si nuestros hermanos cristianos son amenazados por la Yihad en el futuro.

Será verdad por tanto que Breivik no encaja con la imagen pública del “fanático religioso”, o del “creyente fanático” (él mismo afirma que mentiría si dijera “que es una persona muy religiosa”), pero lo cierto es que el problema religioso, y de forma aún más significativa el choque de la cultura religiosa y secular, es el elemento crucial de su agenda política.

ACTUALIZACIÓN. ¿Es Breivik el primer terrorista de masas inspirado por los blogs? LGF: “A diferencia de Jared Loughner (el francotirador que disparó contra la congresista Gabrielle Giffords), en el caso de Anders Behring Breivik no hay duda de dónde encontró la inspiración y la ideología que llevó inexorablemente al horror de Oslo.”

ACTUALIZACIÓN II. Hoy, de actualidad: “Por qué dejé la derecha” (2009)

ACTUALIZACIÓN III. Breivik no es “sólo un loco“. Es un asesino político, movido por una ideología patológica, mezcla de fantasía y realidad, que es totalmente necesario analizar.

ACTUALIZACIÓN IV. Bruce Bawer: “Muchos de los que hemos hablado sobre el ascenso del Islam en Europa habíamos advertido de que el fracaso de los líderes políticos mayoritarios para señalar responsablemente los desafíos actuales daría como resultado el surgimiento de extremistas como Breivik.”

TREINTA AÑOS DEL SIDA

Publicado por el 25 jul, 2011 en Tercera Cultura | 0 comentarios

autora:  Teresa Giménez Barbat

TREINTA AÑOS DEL SIDASe cumplen treinta años del descubrimiento del sida. Para muchos fue un verdadero “fin de la infancia”, jugando con el título de la novela de Arthur C. Clarke. De repente, el sexo ya no era ese festival de paz, amor e intercambio de fluidos sin consecuencias que habían regalado los métodos fiables de contracepción a la generación beat. El sida significó volver a hablar de cosas aburridas como “sexo responsable”. Incluso de resucitar maldiciones bíblicas de antiguos confesionarios. El 5 de junio de 1981 fue el anuncio oficial de que una nueva enfermedad estaba causando una avalancha de trágicas y penosas muertes. Su naturaleza desconocida provocó una oleada de pánico mundial.

Michael Gottlieb, un joven médico clínico, advirtió que, en tres hospitales de Los Ángeles, un total de cinco varones jóvenes, blancos y homosexuales habían presentado una rarísima infección solo característica de inmunodeprimidos terminales. A la vez, tanto en California como en Nueva York se detectó el crecimiento anormal de un sarcoma, el de Kaposi, que pasó a convertirse en símbolo de la enfermedad. El sida dejaba al organismo inerme ante enfermedades como la neumonía, su contagio resultaba fatal y no había vacuna ni remedio a la vista. En este estado de confusión dos investigadores en el Instituto Pasteur, Françoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier, el 3 de enero de 1983, a partir de la biopsia de un ganglio de un paciente, se dieron cuenta de que se trataba de un virus nuevo que se transmitía por vía sexual y sanguínea, y que era urgente detenerlo. Pero no fueron comprendidos por el resto de la comunidad científica, al menos durante un año, hasta que Robert Gallo confirmó los resultados en los Estados Unidos.

Una de las sorpresas fue saber que su origen podría estar en África y no ser únicamente humano. Utilizando relojes moleculares han acabado estableciéndose los distintos linajes de la infección desde los simios al hombre. Parece que el virus se transmitió a los humanos múltiples veces desde al menos dos tipos de primates distintos. ¿Cómo fue esto posible? Los cambios sociales, económicos y políticos de los últimos cien años han resultado en un movimiento global y un contacto sin precedentes entre las poblaciones humanas. Bajo estas condiciones, la transmisión de un virus animal a un anfitrión humano y de ahí a grandes poblaciones es relativamente sencilla.

Hasta que en los setenta se convirtiera en prevalente en individuos infectados en Estados Unidos y Europa, el virus ya había estado en grupos humanos por lo menos desde 1930. La velocidad de su propagación fue muy lenta al principio, pero debió de estallar alrededor de los años cincuenta y sesenta, coincidiendo con el fin de la colonización en África, varias guerras civiles, la introducción de los programas de vacunación (con la desgraciada circunstancia de la reutilización de agujas), la revolución sexual y el incremento de los viajes tanto a África como desde África. “El sida cambió el mundo; un nuevo vínculo social se creó entre países del norte y del sur, lo que ninguna enfermedad había provocado”, destacó Michel Sidibé, director de Onusida.
Su modo de transmisión, en particular la vía sexual, rodeó la enfermedad de prejuicio. El hecho de que se cebara en la comunidad homosexual hizo que los grupos religiosos más reaccionarios lo atribuyesen a 
una especie de maldición por la abominación del pecado. Por otro lado, el sida es una enfermedad que hizo su aparición y se extendió en los momentos de auge de las filosofías relativistas y anticientíficas herederas de la posmodernidad. Y para empeorarlo más, coincidió también con los años cumbre del tercermundismo e indigenismos antioccidentales.

Uno de los primeros en hablar del tema fue Jean-François Revel en su libro El conocimiento inútil. En él cuenta que en octubre de 1985, un diario de Nueva Delhi, The Patriot (órgano pro soviético conocido como tal en la India pero no fuera), publicaba un artículo para “revelar” que el virus del sida era producto de experimentos en ingeniería genética hechos por el ejército estadounidense con vistas a la guerra biológica. Este bulo fue creciendo hasta el punto de que en septiembre de 1986, durante la cumbre de los países no alineados celebrada en Zimbabue, se distribuyó a los delegados un grueso informe con todas las apariencias de seriedad científica asegurando que el virus del sida procedía del laboratorio de Fort Detrick, en Maryland. Aunque más adelante se dieron las oportunas rectificaciones, el daño ya estaba hecho: en el Tercer Mundo (y en otros muchos lugares) es hoy muy difícil encontrar a alguien que no esté persuadido de que el Pentágono y la cia desencadenaron la epidemia.

La premio Nobel de la Paz del 2004, por ejemplo, la inefable Wangari Maathai, acusó a Occidente de crearlo para exterminar la raza negra, provocando la estupefacción y la polémica en Suecia. En una en-
trevista aseguró que el sida “es una herramienta de control creada por investigadores para erradicar algunas razas”. La paradoja es que Maathai es doctora en biología y la primera mujer africana que obtuvo un doctorado. También el presidente sudafricano Thabo Mbeki llegó a opinar que los negros que aceptan la ciencia ortodoxa del sida son “reprimidos” y víctimas de una mentalidad esclava.

Esta nueva enfermedad se detectó gracias a la eficacia de los sistemas sanitarios modernos y al uso de métodos científicos como la estadística. Su aplicación rutinaria permitió que, en junio de 1981, el sistema de control de enfermedades de Estados Unidos –el Center of Disease Control de Atlanta– detectase una inusual incidencia de neumonía por Pneumocystis carinii. A partir de aquí se puso en marcha un proceso que, a pesar de treinta años de enfermedad y millones de muertos, ha sido un gran triunfo de la ciencia. En 1996, con las triterapias, la enfermedad mortal pasó a ser una enfermedad crónica. Y el 12 de mayo de este año, el hiv Prevention Trials Network (hptn) anunció que un estudio realizado sobre 1,763 parejas (la mayoría heterosexuales, algunas gays), tanto de África, Asia y el norte y el sur de América, en las que un miembro estaba infectado, demostró que las drogas modernas no solo prolongaban la vida de los enfermos, sino que podían detener la transmisión del virus.

Aunque muchos científicos descartan esta posibilidad por demasiado optimista, existen determinados grupos que piensan que el sida se podría curar. Una de las razones es que una de cada mil personas afectadas controla la infección de manera natural sin desarrollar nunca los síntomas. Como existen estudios que han identificado los anticuerpos que neutralizan el sida, también podría crearse una vacuna en un futuro cercano. Tiempo al tiempo.

La pregunta Edge (II)

Publicado por el 18 jul, 2011 en Tercera Cultura | 1 comentario

autor: Fernando Peregrín

¿Qué concepto científico mejorará la caja de herramientas cognitivas de cada uno?

J. Craig Venter

¿Qué concepto científico mejorará la caja de herramientas cognitivas de cada uno?Para Craig Venter se trata de un conocimiento más que de una idea o concepto científico. Por eso dice que no puede imaginar un solo descubrimiento que tenga mayor impacto que el descubrimiento de vida fuera de nuestro sistema solar. “La mayoría del pensamiento cultural y social está impregnado por una visión homocéntrica y “tierracentrica”. Encontrando que hay múltiples, quizá millones de orígenes de vida y que la vida está en todas partes del universo afectará profundamente a cada humano.”

La respuesta como vemos no se ajusta a la pregunta ya que más que un concepto científico, Venter nos da un hecho que se podrá comprobar si es cierto o falso posiblemente con las herramientas cognitivas de las que tenemos a nuestra disposición para tratar de contestar a esta “otra” pregunta.

“Vivimos – continua Venter – en un planeta microbiano. Hay un millón de células microbianas por centímetro cúbico en las aguas de nuestros océanos, lagos y ríos; en la profundidad de la corteza y en nuestra atmósfera. Tenemos más de 100.000.000.000.000 en nosotros y dentro de nosotros. La diversidad de la Tierra habría sido de ciencia ficción para nuestros ancestros. Tenemos microbios que pueden aguantar millones de Rad de radiación ionizante; esos ácidos y bases tan fuertes que disolverían la piel; microbios que crecen en el hielo y microbios que crecen y se desarrollan a temperaturas superiores a los 100º. Tenemos vida que vive en dióxido de carbono, en metano, en sulfuro o en azúcar. Hemos enviado miles de billones al espacio a lo largo de los últimos  miles de millones de años y hemos intercambiado material con Marte de forma constante, así que sería muy sorprendente si no encontramos evidencia de vida microbiana en nuestro sistema solar, particularmente en Marte”

A continuación C. Venter expone que “los recientes descubrimientos por Dimitar Sasselov y colegas de planetas parecidos a la Tierra y a una super-Tierra fuera del sistema solar, incluyendo mundos con agua, aumentan la probabilidad de descubrir vida. Sasselov estima aproximadamente en 100.000 Tierras y super-Tierras en nuestra propia galaxia. El universo es joven y dondequiera que hallemos vida microbiana habrá vida inteligente”

“Expandiendo nuestra investigación científica más allá en los cielos nos cambiará para siempre”, sentencia C. Venter

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Joshua D. Greene

Científico cognitivo neurocientífico  y filósofo. Universidad de Harvard

Superveniencia

Hay un montón de cosas en el mundo: árboles, coches, galaxias, benceno, los baños de Caracalla, su páncreas, Ottawa, hastío, Walter-Mondale. ¿Cómo cabe junto todo esto? En una palabra: superveniencia.

Superveniencia es una abstracción nativa de la filosofía anglo-americana, que proporciona un marco general para pensar cómo todo se relaciona con todo. “La definición técnica es un tanto complicada”, dice Green.

No obstante existe una definición de superveniencia – palabra que figura en el diccionario de la Real Academia – que dice así:

En filosofía, la superveniencia es una relación de dependencia entre propiedades de ‘alto nivel’ y de ‘bajo nivel’. Un grupo de propiedades X superviene de un grupo de propiedades Y cuando las propiedades del grupo X están determinadas por las del grupo Y.

Formalmente, un grupo de propiedades X superviene de un grupo de propiedades Y si y sólo si, para todos los objetos a y b se cumple cualquiera de las siguientes condiciones (lógicamente equivalentes):

  1. a y b no pueden diferir en las propiedades de su grupo X sin diferir también de las propiedades del grupo Y.
  2. Si a y b tienen propiedades idénticas a las del grupo Y, entonces también tienen propiedades idénticas a las del grupo X.
  3. Si a y b no tienen propiedades idénticas al grupo X, entonces tampoco tienen propiedades idénticas a las del grupo Y.

Si las propiedades de A supervienen las propiedades de B. Las propiedades de B son las propiedades base y las de A son llamadas propiedades supervenientes. Si dos cosas difieren en sus propiedades supervenientes, esto quiere decir que deben diferir de sus propiedades de base. Como ejemplo, si las propiedades psicológicas supervienen a lo físico, dos personas que son físicamente indistinguibles, deberían ser psicológicamente iguales. Lo mismo si son psicológicamente diferentes deberían ser físicamente diferentes. Lo interesante es que lo superviniente no es simétrico. Dos personas pueden ser psicológicamente iguales y no ser físicamente iguales. Lo último da por el concepto de múltiples posibilidades. Las propiedades psicológicas tienen muchos modos de ser posibles en lo físico. La superveniencia ha sido usada tradicionalmente para describir relaciones entre conjuntos de propiedades de modo que no implique una fuerte relación hablando de la reducción y el reduccionismo. Muchos sostienen que las propiedades económicas supervienen a las propiedades físicas. Si por ejemplo dos mundos son iguales físicamente deberían ser iguales económicamente, sin embargo eso no significa que la economía puede ser reducida de un modo directo a lo físico. La superveniencia permite asumir que los niveles altos (como la economía y la psicología) dependen al final de lo físico, pero queda claro que no se puede estudiar a los fenómenos de alto nivel usando medios que si bien son apropiados para estudiar lo físico, no lo son para estudiar los niveles altos. Superveniencia quiere decir “la ocurrencia de algo nuevo, adicional o inesperado”.

Esta definición – continúa Green – admirablemente precisa, hace difícil ver que superveniencia es realmente acerca de qué relaciones hay entre los diferentes niveles de la realidad.

“El concepto de superveniencia merece una atención más amplia ya que nos permite pensar claramente acerca de muchas cosas. La superveniencia explica, por ejemplo, cómo la física es la ciencia más fundamental y cómo las cosas que estudia la física son las cosas más fundamentales. Para mucha gente esto sonará a juicio de valor, pero no lo es o no tiene por qué serlo. La física es fundamental porque todas las cosas en el universo, desde su páncreas a Ottawa, superviene en materia física.(o así les gusta decirlo a los ‘fisicalistas’). Si hubiese un universo físicamente idéntico al nuestro, entonces también incluiría un páncreas como el suyo y una Ottawa como la de Canadá.”

La superveniencia es especialmente de ayuda cuando tenemos que lidiar con tres discutibles y estrechamente relacionados hechos: 1) la relación entre ciencia y las humanidades, 2) la relación entre mente y cerebro y 3) la relación entre hechos y valores.

Los humanistas a veces perciben la ciencia como imperialista, que aspira a absorber las humanices, a “reducir” todo a electrones, genes, números y neuronas, explicando así toda las cosas que hacen la vida digna de vivirse. Estos pensamientos van acompañados de disgusto y temor, dependiendo de cómo se vea que puedan ocurrir estas cosas. Los científicos, por su parte, a veces son imperialistas, disminuyendo las humanidades como infantiles y desmerecedoras de respeto. La superveniencia puede ayudarnos a pensar acerca de cómo la ciencia y las humanidades encajan, por qué la ciencia se ve a veces como invasora del territorio de las humanidades y hasta que extremo estas cuestiones son o no válidas.

Puede parecer que las humanistas y los científicos estudian cosas diferentes. Los humanistas están interesados con cosas como el amor, la venganza, la belleza, la crueldad y la evolución de nuestra concepción de esas cosas. Los científicos estudian cosas como electrones y nucleótidos. Pero a veces parece que los científicos se vuelven glotones del saber. Los físicos aspiran a construir una teoría física, algunas veces llamada ‘teoría del todo’ (TOE, por sus siglas en inglés). Si los humanistas y los científicos estudian cosas diferentes, y si la física cubre todo, entonces, ¿Qué se deja para los humanistas? (O por ese razonamiento, para los no físicos).

Hay un sentido en que una TOE realmente es una TOE y hay un sentido en el cual no lo es. Una TOE es una teoría completa de todas las cosas sobre las cuales todo superviene. Si dos palabras son físicamente idénticas, entonces también lo son humanísticamente, conteniendo el mismo amor, venganza, belleza, crueldad. Pero esto no quiere decir que una TOE deje sin trabajo a toda otra clase de teorizadores. Una TOE no te va a decir nada interesante acerca de Macbeth o la rebelión de los Boxers.

Tal vez el reto de la física nunca fue tan serio. Hoy, la amenaza real, si hay alguna, viene de las ciencias del comportamiento, especialmente de ciencias que conectan el tipo de ciencia “dura” que todos hemos estudiado en los institutos de enseñanza media con las preocupaciones de los humanistas. “En mi opinión – dice Green – tres ciencias destacan a este respecto: genética del comportamiento, psicología evolutiva, y neurociencias cognitivas. Yo estudio juicios morales, una materia clásicamente humanística. Lo hago en parte escaneando los cerebros de la gente mientras hacen juicios morales. Más recientemente, he empezado a mirar a los genes y mi trabajo está guiado por el pensamiento evolucionista. Mi trabajo asume que la mente superviene al cerebro, y trato de explicar valores humanos – por ejemplo, la tensión entre los derechos del individuo y el bien superior – en términos de sistemas neuronales en competición.”

“La materia sujeto de las humanidades siempre a supervenido la materia sujeto a las ciencias físicas, pero en el pasado un humanista podía confortablemente ignorar los detalles físicos subvenientes, como un admirador de una pintura puede ignorar los detalles a nivel del píxel. ¿Sigue esto siendo verdad? Quizá lo es. Quizá depende  del interés de cada uno. En cualquier caso, nada de lo que preocupe hasta la enfermedad.”

LA VIOLENCIA EN LOS MEDIOS

Publicado por el 16 jul, 2011 en Tercera Cultura | 2 comentarios

por Arcadi Espada en Letras Libres

LA VIOLENCIA EN LOS MEDIOSArcadi Espada, invitado por la Universidad Iberoamericana, Forotv y esta revista, impartió un seminario sobre los retos del periodismo, con especial hincapié en cómo los medios deben cubrir la violencia a la luz de la experiencia española con el terrorismo etarra. El siguiente texto es un extracto de esas sesiones magistrales. Incluimos en un recuadro su puntual crítica al “Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia”.

En México han muerto según cifras del gobierno entre treinta y cinco mil y cuarenta mil personas en los últimos cinco o seis años. Poco puedo ir más allá en la descripción de esas víctimas. Que no pueda yo no tiene demasiada importancia: es realmente llamativo que no pueda el gobierno ni la prensa. ¿Lo que está pasando en México es el fruto de una acción terrorista? El desconocimiento de los nombres, es decir, la falta de información absoluta que revela la inexistencia de los nombres, impide en estos momentos dar una respuesta clara y contundente a la posibilidad de llamar a esto una ofensiva terrorista.Ahora bien, que en México hayan muerto cuarenta mil personas y no sepamos qué nombre ponerle a todo eso es una situación completamente insólita. En Ruanda, en tres meses, unos cuantos miles de hutus asesinaron a casi ochocientos mil tutsis a machetazos y le pusimos un nombre: genocidio. En Italia, entre los ochenta y los noventa, murieron asesinadas alrededor de diez mil personas al año y rápidamente se le puso nombre: era obra de la mafia. En esa circunstancia había un objetivo político que era el control del Estado por parte de una organización determinada. Nada de eso está en el caso mexicano. Podemos sospechar que hay una organización que pretende poner al Estado en jaque para pactar con él exactamente igual que en el caso mafioso, pero no llega nítidamente este mensaje a los ciudadanos. Y no puede llegar porque desconocemos los nombres de los cuarenta mil muertos, para empezar.

Tuve la fortuna de hablar la noche de mi llegada con altos funcionarios de la seguridad del Estado, a los cuales les hice una pregunta muy concreta: ¿dónde está, y a disposición de quién, la lista completa de las personas asesinadas en estos años? La cuestión tiene un indudable carácter moral: en una democracia como la mexicana se puede morir sin estar en una lista de muertos. Y ese es el asunto fundamental a la hora de definir lo que está pasando en el país: la inexistencia de una palabra para señalar, para aislar, para entender y, finalmente, para combatir. Porque el crimen no solo se combate con ametralladoras, sino, principalmente y antes de cualquier cosa, identificando a las víctimas y a los asesinos. Se dice en México “violencia”: ¡a qué último eslabón semántico tan frágil nos hemos tenido que acoger! Violencia sin más, como nacida espontáneamente. ¿Hay algún otro lugar en el mundo donde el sustantivo “violencia” quede colgado de la brocha sin un adjetivo como en México?

La BBC igual que la agencia Reuters, tiene prohibido el uso de la palabra terrorismo en sus cables, y sobre ello dice en su manual de estilo:

Deberemos informar sobre los actos terroristas con rapidez, exactitud, precisión, de forma completa y 
con responsabilidad. Nuestra credibilidad se ve socavada por el uso descuidado de palabras que conlleven juicios emocionales o de valor. La palabra terrorista en sí misma puede ser un obstáculo más que servir de ayuda para entender lo que pasa.

La BBC considera que la palabra terrorista incluye un juicio moral y, por lo tanto, sujeto a especulación. Pero podemos pensar en el sustantivo terrorista como podríamos pensar en el sustantivo carpintero. No parece que haya ninguna diferencia: el carpintero utiliza la madera para su trabajo y el terrorista utiliza el terror. La situación adjetival del término terrorista o terrorismo tiene poco sentido. Lo que sí tiene sentido es acotar las características de la acción terrorista para que podamos identificarla como distinta de la guerra, del crimen familiar o incluso del crimen político.

Rafael Sánchez Ferlosio, hablando de la guerra y el terror, planteaba una consideración de gran interés semántico que puede ayudarnos a desglosar el camino conceptual. Decía que el muerto por la acción del terrorismo no podía ser en modo alguno un muerto fortuito, dándole a fortuito la siguiente explicación: imagínense dos ejércitos que luchan y de repente hay una tempestad y un rayo cae sobre uno de los ejércitos y aniquila a cien o ciento cincuenta soldados. Esto sería vivido con placer por el ejército contrario, que de repente se ha deshecho de ciento cincuenta enemigos. Esa es la muerte habitual de la guerra. Dos ejércitos luchan y cualquier circunstancia que perjudica al ejército contrario beneficia al propio. Si en cambio cae el rayo sobre un enemigo de la patria vasca, difícilmente veríamos al día siguiente un comunicado de la organización terrorista ETA celebrando esa muerte. No imaginamos tampoco al IRA celebrando la caída del rayo sobre la cabeza de Ian Paisley, por ejemplo. Por lo tanto, hay una nítida línea de diferencia entre lo que es la guerra convencional, donde se celebra la muerte del enemigo por cualquier medio –porque uno menos es una forma de avance–, y la muerte por un acto terrorista.

¿Qué es lo que está obligatoriamente presente en el acto terrorista, y lo que en cambio no forma parte del azar proyectado sobre la guerra? ¿Por qué el rayo parte la cabeza de un enemigo y la guerra lo celebra y el terrorismo reacciona con indiferencia? La palabra clave es propaganda. Todo acto terrorista lleva un rayo, pero también un relámpago y un trueno. No se puede concebir la muerte terrorista sin el eco que la multiplica. No se trata solamente de la liquidación física del enemigo, sino de la expansión de esta liquidación en términos de amenaza a los vivos. El eco es inseparable de la muerte terrorista. Una muerte terrorista en secreto no sirve, como no hubiera servido que Al Qaeda matase a todas las personas que mató en las Torres Gemelas sin que ese suceso fuera retransmitido a todo el mundo.

Hay otra condición algo más complicada: el daño colateral, algo que está al margen del objetivo militar, casi siempre una matanza de civiles. Practiquemos un salto de pértiga intelectual y pongamos el concepto daño colateral en el centro mismo de la conducta terrorista. En 1987 el grupo terrorista eta puso una bomba en el estacionamiento del supermercado Hipercor en la ciudad de Barcelona y mató a decenas de personas. Una de las características sutiles y complejas de la diferencia entre un acto de guerra y un acto terrorista es que el acto terrorista implica per se la inexistencia de un daño colateral, porque, en realidad, todo él es un daño colateral.

Otro rasgo del terrorismo es lo que podríamos llamar la “despersonalización necesaria del acto terrorista”. Hace muchos años, en un artículo memorable en el diario El País, Ferlosio recogía las declaraciones de un miembro de la banda terrorista ETA que, en un intento de justificar su crimen, decía: “Yo no tenía nada personal en contra de la víctima.” El terrorista lo decía como atenuante. Ferlosio le contestaba: “Precisamente lo grave es que usted no tenga nada personal contra la víctima.” Con independencia del ajuste de cuentas moral, el criminal no dejaba de tener razón. Muchos años después, en otro juicio, a la pregunta del fiscal, “¿No es verdad que usted disparó?”, el terrorista contestó: “No: disparó ETA.” Nada personal. Tercer ejemplo: el que era un alto funcionario español del Ministerio de Ciencia y Tecnología hace diez años fue objeto de un atentado del que salió milagrosamente vivo. Al pasar su coche oficial por una esquina de Madrid un coche bomba explotó. Al cabo de pocas horas y gracias a un ciudadano anónimo que siguió a los terroristas, pudieron detenerlos y llevarlos ante el juez. En sus primeras declaraciones les preguntaron: “¿Por qué atentaron contra Juan Junquera?”, y la terrorista –era mujer– contestó: “Yo no sé quién era; ni lo sé, ni me importa.”

En el acto terrorista hay una despersonalización, pero no solo de la víctima, a la que se refería Ferlosio, sino también del criminal. Muchas veces nos preguntamos cómo es posible que un ser humano dispare contra la nuca de una persona indefensa que va caminando por la calle. Aunque es una pregunta imposible de responder, sí hay una aproximación, y la aproximación la da el “disparó ETA”. De alguna manera, el que dispara también se siente despersonalizado. En el fenómeno del terrorismo tiene que coincidir ese doble núcleo de deshumanización. Todo es el reino simbólico. Ficción, al fin.

LETRAS LIBRES / LETRAS LIBRES/Luis Pombo (De click para agrandar)

Simbólica es la víctima, simbólico es el asesino. Nada humano parece estar ahí en juego. Quizá eso es lo que explica que una madre de familia se coloque un sujetador bomba y entre en un autobús de judíos, o que mande a su hijo a hacerlo, deficiente mental o no, y tantas enormidades que solo se justifican por esa deshumanización.

Teniendo deslindada la naturaleza del acto terrorista, examinemos cómo funciona la instalación de la palabra terrorismo dentro del discurso mediático. Una de las grandes incógnitas no resueltas todavía sobre el acto terrorista es por qué alguien se convierte en terrorista. Ideas infecciosas hay muchas, como la religión o el comunismo, pero naturalmente no todas esas ideas llevan a las personas a matar. El ansia de dinero es quizá compartida por todos, pero no por todos es compartido matar por dinero. Sin duda, la pobreza es un mal asunto, pero la inmensa mayoría de los pobres son pacíficos. Cuando tengamos este tipo de pruebas conceptuales yo recomiendo ser anglosajón e intentar ver la luz de la teoría en los hechos. En el acto terrorista hay algunos hechos que se repiten. Por ejemplo: los terroristas son jóvenes (de pronto hay alguno que envejece por ahí en las selvas, pero la mayoría son jóvenes). Son jóvenes y son machos (sí, hay mujeres terroristas, cada vez más, pero por lo general son hombres jóvenes). Son hombres jóvenes que, además, actúan en grupo (no existe el terrorista aislado, a excepción de los viejos anarquistas, cavaliers seuls, que actuaban en el albor del fenómeno). Siempre habrá un relato –la justicia universal, la superioridad de la raza, una religión mejor que otra–, pero la cuestión es por qué en determinadas personas prenden esos relatos, esas ideas malignas. Es una pregunta que no tiene respuesta. Podemos hacer aproximaciones según los sujetos protagonistas: varones, jóvenes y en grupo.

Hay una vieja discusión en la cultura universal entre la naturaleza y la cultura. Es decir, en qué medida nuestros actos son fruto de nuestro hardware genético-biológico o de nuestro software cultural. Estamos programados perfectamente desde el punto de vista cultural para aceptar que un hombre puede matar a otro por la libertad del pueblo vasco. Nos parece mal, pero lo aceptamos. En cambio, si se atribuyera a especiales patrones biológicos el hecho de que un hombre decida matar a otro a causa de un relato, nos mostraríamos escépticos. Evidentemente no hay, que se sepa, un gen terrorista. No hay un patrón específico de personas que se dediquen al terrorismo y que biológicamente presenten unas características similares desde el punto de vista neurocientífico. Pero esto que encontrarían tan ridículo empieza a serlo menos cuando los crecientes estudios sobre la neurociencia sí que parecen cercanos a encontrar determinados patrones genéticos en personas violentas en términos generales; es decir, en personas que pueden rozar la psicopatía, o en personas cuyo nivel de testosterona es muy superior al de la mayoría. Por lo tanto, no es descabellado suponer que en la naturaleza del terrorista hay, aparte de las cuestiones de edad y sexo, una cierta programación biológica.

Judith Rich Harris, una psicóloga estadounidense, autora del libro El mito de la educación, dice con una claridad consoladora que la educación no sirve de nada, y que los padres pueden respirar tranquilos porque si les sale un hijo futbolista ellos no han tenido la culpa. Rich Harris atribuye la conducta futura de los hijos, lo que sean en la vida, a dos factores: los genes y el grupo. Del choque de esas dos magnitudes surge el individuo adulto. Es una teoría muy plausible, sostenida por Rich Harris con firmes argumentos estadísticos, estudios de gemelos, etcétera. La menciono aquí porque ella fue la primera en destacar la importancia del grupo en la conducta. Que no les quepa duda de que la importancia del grupo en la conducta terrorista es fundamental. La teoría del grupo mezclada con alguna adherencia biológica es la tesis central del quizá mejor libro que se haya publicado hasta ahora sobre la naturaleza del terrorista, no traducido al español, obra de Scott Atran [Talking to the enemy: Faith, brotherhood, and the (un)making of terrorists, 2010].

Susan Sontag, en Sobre la fotografía, advertía contra el efecto anestesiador de la proliferación de imágenes violentas. Antes de morir, en una última lección, Sontag abjuró de esa teoría. Ella ponía de ejemplo la iconografía de Jesús, con imágenes muy violentas que sostenidamente han seguido impresionando a los fieles. Es una discusión aún abierta. El hecho de que el periodismo acuda a las fotografías de cadáveres en principio podría responder a la representación de la realidad en el sentido más estricto. ¿Qué representación más exacta, más nítida, hay de la muerte que el cuerpo? Pocas objeciones pueden ponerse a la exhibición del cuerpo –en la medida en que esto suponga un añadido a la información y no su suplantación–, y no deberíamos tratar el tema con tantos aspavientos de damisela del XVIII, con el frasco de sales a cada momento: es un cuerpo muerto, que muerto sigue conservando su nobleza, y que la pierde no por el hecho de haber sido triturado por el Mal.

Una de las hipocresías moralistas a las que nos tiene acostumbrados una determinada prensa de referencia en cualquier lugar del mundo consiste en el siguiente panorama: no hemos visto una fotografía de cadáveres del II-s. Lo máximo, casi una representación pictórica de alguien que va a ser un cadáver, o quizá ya lo es, que va cayendo por la ventana con el telón de fondo del rascacielos. Y quizá alguna otra imagen mucho menos nítida entre las cenizas. Pero en cambio hemos visto muchas fotografías –publicadas en The New York Times, en The Washington Post, en Los Angeles Times o en cualquier gran periódico estadounidense– de alguna calle africana, desconchados, charcos y un negro con la cabeza abierta en primer plano. Naturalmente, eso no es nada más que un áspero doble lenguaje. Nuestros muertos no pueden exhibirse, pero los muertos de la tribu pueden salir en primera plana.

Como norma general, y para evitar esta sucia ilustración de la muerte, no su representación, yo creo que nunca puede aparecer la foto de un cadáver en un periódico sin su nombre. Es decir, opongámonos a la exhibición meramente zoológica, al cadáver como ilustración, pero no nos opongamos a enterrar y dar cobijo metafórico a un muerto en las páginas de un periódico.

En el caso de México, si yo fuera director de un periódico, publicaría las imágenes de las víctimas una a una. Sería algo extraordinario desde el punto de vista moral, pero también desde el punto de vista periodístico. Una de las portadas más maravillosas que yo he visto en mi vida es de The Independent: una portada completamente en blanco con un pequeñísimo retrato de cada una de las víctimas de los atentados de Londres de 2005.

En España hemos tenido cincuenta años de terrorismo y ha habido muchos debates sobre cadáveres y asesinos. Uno de estos implicaba específicamente a las fotografías de las víctimas en los periódicos. Hace algunos años me tocó hablar en una mesa redonda que reunía especialistas en el terror y también algunos familiares de víctimas, concretamente el hermano del presidente socialista del Parlamento Vasco, que había sido asesinado pocas semanas antes. Se enfocó la discusión hacia un debate más bien apasionado, a veces beligerante, sobre la manera como las víctimas de los atentados tenían que aparecer en los periódicos. Había personas que lamentaban que los diarios publicaran en portada fotografías de sus deudos asesinados, despedazados, hechos a veces un amasijo informe. Yo sostuve la teoría de que una víctima del terrorismo es de algún modo un cadáver público. ¿Por qué? Si esa víctima hubiera muerto de un infarto en la calle, esa muerte no traspasaría el ámbito de la privacidad y de la intimidad y, por lo tanto, nada habría que hacer en los periódicos más que asentir ante el deseo de las familias y de las víctimas colaterales.

LETRAS LIBRES / LETRAS LIBRES/Luis Pombo (De click para agrandar)

Pero el disparo contra un hombre en una calle es también un disparo contra todos. De ahí que siendo hasta entonces una persona anónima, salga en los periódicos. No hay ninguna duda de que la muerte violenta de un hombre es noticia periodística siempre: el pacto fundamental de convivencia se quiebra en su nivel más grave. Y por supuesto el periodismo tiene toda la jurisdicción para “apoderarse” de ese cadáver, porque forma ya parte del discurso público. Es una necesidad social que ese cadáver ejemplifique la barbarie: la barbarie hasta la que pueden llegar los asesinos. Bien, dije más o menos esto. Inmediatamente intervenía esta otra víctima, el hermano del presidente del Parlamento Vasco, y, la verdad, me alegró que reconociese públicamente esta condición del cadáver terrorista –finalmente el cadáver de su hermano– como público.

A partir de aquel momento se zanjó para mí esa discusión que hoy veo, por ejemplo en México, en torno a la conveniencia de no presentar a las víctimas del terrorismo en la primera página de los periódicos. Cierto es que, como en todo, hay grados, y que naturalmente no podemos convertir los periódicos en una suerte de tiendas de despojos, y que el respeto, el equilibrio, la ecuanimidad, la sensibilidad, son perfectamente compatibles con la exigencia de que el público sepa hasta dónde son capaces de llegar los criminales.

En cambio, me parece totalmente desproporcionado el papel que tienen los discursos de los criminales en determinada prensa mexicana. El criminal tiene que estar en los periódicos. Es, se podría decir sin forzar demasiado el cinismo, una figura de la actualidad. Pero atención: debe estar en los periódicos por aquello que lo trae a los periódicos, no por sus aficiones literarias, sus pujos teoréticos respecto a la organización del mundo, sus delirios conspirativos; es decir, por sus declaraciones. Las únicas declaraciones de los asesinos que nos interesan a los demócratas son dos: uno, sus crímenes; dos, sus palabras cuando digan “nos rendimos”. Los pensamientos de los terroristas tienen escaso interés o ningún interés. Tienen, y mucho, sus acciones. Por lo tanto hay que mostrar necesariamente las grietas, los corazones caídos, los estómagos abiertos, sí, ¿por qué no? Con toda dureza si es necesario. Pero en modo alguno hay que entrevistar a sujetos completamente alienados que viven en una realidad infantiloide y cruel y que nada tienen que aportar al mundo más que sus balas.

Ahora bien, dar la palabra a los asesinos ni siquiera es un problema moral, sino técnico: las declaraciones de las personas tienen que tener un valor para ser publicadas, un valor objetivo, fijado naturalmente por los periodistas. Esa es una de sus responsabilidades. Si efectivamente el terrorista, gracias a sus disparos, goza del derecho a la palabra, es que el mundo está al revés. No le neguemos la entrada al discurso mediático, siempre y cuando no venga armado. Entre que el periodista examine la declaración de un narcotraficante y la coteje con la realidad, es decir, la ponga en asociación con otros datos del entorno que tenga, y ponerle el micrófono al narcotraficante en la boca para que se explaye, existe la misma diferencia que entre Twitter y el periodismo. El periodismo es una aduana moral insoslayable en una sociedad democrática. Y por el momento el periódico, contra lo que pudiera parecer, no es una galería donde desfilan los modelos: aquí el narco, aquí Messi, aquí la reina de Inglaterra, todos diciendo sus pendejadas. Lo primero que no debería ser un periódico es una galería donde todos los alucinados de este mundo van dejando caer sus deposiciones colombófilas.

Hay en esto algo más: una relación terrible entre el crimen organizado y el mito. Estoy seguro de que del sostenido y brutal, perseverante y cruel papel de la mafia italiana tienen buena parte de culpa los productores de Hollywood, que han convertido, desde principios del siglo XX, a unos asesinos en sujetos de culto estético. De Hollywood pasamos sin solución de continuidad a los periódicos. Yo he visto en magazines de periódicos reputados reportajes en los cuales las dinastías mafiosas son tratadas exactamente con el mismo respeto y la misma lujuria de detalles que las dinastías borbónicas, por ejemplo. ¿Cómo juzgar el papel que desempeña la ficción en todo esto? ¿Hasta qué punto los adolescentes que retrata Roberto Saviano en Gomorra han recibido la imagen del espejo hollywoodense y eso ha contribuido a provocar sus conductas? ¿Hasta qué punto, la estética del narcocorrido en los narcos mexicanos? ¿Hasta qué punto no es profundamente inmoral que alguien, los días siguientes al II-S, dijera que la fotografía del avión estrellándose contra el World Trade Center estaba llena de belleza? El prestigio de los asesinos no es nada más que el tributo que paga nuestra normalidad. En realidad, la única gente interesante son 
los normales. Quizá tengamos que asumir como vía escapatoria de nuestra normalidad disfrutar de las atrocidades que un puñado de raros cometen, ¿pero por qué tendría un niño que admirar a un delincuente? Ese es un tópico muy extendido. ¿Solamente porque ganó dinero fácilmente, en poco tiempo? Ocurre, sin duda, pero ese no es el único valor que guía a las personas; hay mucha gente que, una vez conseguido el nivel de supervivencia normal y natural, se mueve por muchos otros valores que nada tienen que ver con el dinero, como el placer de descubrir, de saber, de entenderse con los otros, de ayudarles. El prestigio estético del crimen es el primer gran aliado de los criminales. Y esa historia de que, efectivamente, cómo no van a admirarles si ganan dinero tan rápido, no es nada más que su correlato.

Naturalmente, nadie se hace criminal por leer a Mario Puzo, pero el tratamiento moral que merece la mafia está mucho más cerca de Sciascia que de Puzo.

En México está empezando a emerger en algunas manifestaciones, fundamentalmente en la manifestación después del asesinato del hijo del poeta Javier Sicilia, el vocablo paz. La paz tiene su momento en este asunto: el gran momento en que el crimen empieza a relativizarse por obra y gracia de los hechos consumados y entonces aparece un ferviente, un anhelante, un desesperado deseo. Este deseo de paz tiene, desde el punto de vista de la moral, el inquietante propósito de equiparar contendientes. Es una urgencia muy histérica: resuelvan esto de una vez por todas, no podemos permitir esta orgía de sangre, resuélvanlo.

En ese momento de la paz se producen muchos malentendidos. Uno de ellos es la dialéctica entre guerra y paz, y terrorismo y ley. Lo que el terrorismo pervierte es la ley, y lo que el poder democrático y la ciudadanía debe de preservar es la ley. No va la paz a cambio de la ley.

Un momento así se produjo en México el año pasado con el editorial de El Diario de Ciudad Juárez, después del asesinato de dos de sus periodistas. En el editorial se lee esta frase: “esta guerra en la que ustedes –refiriéndose a los criminales– y el gobierno federal se hallan…” Este es exactamente el peor papel que puede adoptar un periódico. En principio desdeñemos la utilización de guerra –ya quedó claro que esto no es una guerra–, pero sobre todo desdeñemos esa equidistancia del periódico. Como si el fenómeno de treinta y cinco mil o cuarenta mil personas asesinadas en el país no fuera un fenómeno que implicara a los periodistas y al conjunto de la sociedad, y, sobre todo, en el cual ese periódico no tuviera que optar. El periodismo no puede perder su objetividad hablando del terrorismo. El narcotráfico, el crimen, el terrorismo de eta, el terrorismo islámico son dictaduras. Esas dictaduras son incompatibles con el periodismo. Naturalmente, el periodismo debe combatirlo. La manera de combatirlo es doble: respetando el patrón de la objetividad, también ahí, y exponiendo la imposibilidad de que un demócrata ceda ante cualquier exposición dictatorial.A veces ser periodista tiene un riesgo mortal, cuando toca serlo en la Ciudad Juárez de principios del siglo XXI, en el País Vasco de finales del XX, en la Alemania nazi de los años treinta, en la Colombia de Pablo Escobar. No es extraño tener miedo. El miedo efectivamente es completamente legítimo y no se puede evitar, pero no se pueden escribir editoriales de renuncia. Lo que sí se debe es reclamar al poder político, y con dureza, que ponga tanques en la puerta de los periódicos.

El «sexo» de las bacterias. Las bacterias intercambian genes y de ese modo evolucionan

Publicado por el 13 jul, 2011 en Tercera Cultura | 0 comentarios

La tristemente famosa Escherichia coli que ha causado decenas de muertes en Alemania se ha puesto de manifiesto una vez más el tremendo poder del intercambio de genes entre las bacterias. En muy poco tiempo laboratorios alemanes y chinos han secuenciado el genoma de la nueva bacteria y con ello han demostrado que la nueva cepa mortífera procede del intercambio de genes entre dos bacterias de la misma especie. Lo que da cierto miedo es saber que al unir los genes de dos cepas que no son mortales resulta una que sí lo es.

Cuando estudiábamos en el colegio aprendimos que las bacterias y las arqueas se reproducen simplemente partiéndose en dos trozos, por lo que los genes de la «madre» son idénticos a los de las «hijas». Es decir, son clónicos.

Este modelo elemental de cómo se reproducen las bacterias sufrió un duro golpe cuando se demostró que muchas bacterias se habían hecho resistentes a los antibióticos en un corto espacio de tiempo. ¿Si son clones idénticos de dónde surge dicha resistencia?

Se supone que el sexo en los seres superiores proporciona una mezcla de genes, de forma que los hijos son distintos a los padres y es en esa variabilidad de los hijos en la que se basa la selección natural para quedarse con los mejor adaptados a un cierto entorno. Pero en las bacterias teóricamente no había esa mezcla de genes. Estudios posteriores demostraron que sí, que en las bacterias sí que había mezcla de genes. Dos bacterias distintas se aproximaban y eran capaces de intercambiar genes. En principio con bacterias de la misma especie, pero se descubrió que incluso eran capaces de realizar el intercambio entre especies distintas. A eso se le llama transferencia horizontal de genes. Eso explicaba la rápida difusión de la resistencia a los antibióticos. Los genes que la proporcionaban, rápidamente se transmitían a una población muy amplia mediante intercambio de genes. No obstante, se pensaba que esa transferencia horizontal ocurría solamente en situaciones de alto estrés. Por ejemplo, un entorno con antibióticos es una situación de alto estrés para las bacterias.

Pero en un reciente artículo publicado en la revista Plos Genetics el 27 de enero de este año, los investigadores del Instituto Pasteur de París, J. Treangen y Eduardo P.C. Rocha, demostraron que entre los 110 genomas estudiados entre el 88 y el 98 % de sus genes se habían adquirido por transferencia horizontal.

Una novedad que permita una mejor adaptación de las bacterias al medio puede surgir por mutación de los genes dentro de la bacteria, pero ese camino es muy lento y, además, afectaría tan solo a los descendientes de esa bacteria. El estudio demuestra que la gran mayoría de los nuevos genes de las bacterias no surgen por mutación dentro de la misma sino que se adquieren por intercambio de genes con otras. De ese modo, una bacteria puede adquirir rápidamente características positivas –para ella– que hayan desarrollado otros organismos. Eso explica, por ejemplo, la rápida difusión de los genes que producen la resistencia a los antibióticos.

El artículo demuestra que el intercambio de genes, el «sexo» de las bacterias, no es lo extraordinario ni raro sino que es lo estándar. Sorprende que esa «promiscuidad» les lleve a capturar genes no solo de otros individuos de la misma especie sino de otras relativamente lejanas. Se trata de una buena noticia para las bacterias, tienen un modo de adquirir las ventajas desarrolladas por otros individuos de un modo mucho más eficaz que el nuestro. La mala noticia para nosotros es que de ese modo se hacen rápidamente resistentes a los antibióticos o desarrollan nuevas especies con una gran virulencia.

E. Coli. Foto de C de Paz con licencia Creative Commons

E. Coli. Foto de C de Paz con licencia Creative Commons

Extremófilos

Los extremófilos son seres, entre ellos algunas bacterias y arqueobacterias, que son capaces de vivir en entornos con características extremas, incluso en ambientes que la biología tradicional consideraba que en ellos era imposible la vida. Por ejemplo, en sitios con enorme salinidad, halófilos; en aguas tremendamente ácidas, acidófilos; a temperaturas muy bajas, psicrófilos; a temperaturas muy altas, termófilos; en entornos muy secos, prácticamente sin agua, xerófilos; que viven en mitad de las rocas, endolitos; e incluso los que se llevan muy bien con altas dosis de radiactividad, radiófilos

Gracias a los termófilos, hoy tenemos las pruebas genéticas que sirven para demostrar la culpabilidad o la inocencia de una persona, detectar enfermedades genéticas, test de paternidad, medicinas adaptadas a las características genéticas de una persona, etc.

Gracias a los radiófilos estamos siendo capaces de descontaminar lugares con altas dosis de radiactividad.

Bacteria termófilo Chloroflexus aurantiaus. Gentileza Wikimedia

Bacteria termófilo Chloroflexus aurantiaus. Gentileza Wikimedia


Crecimiento exponencial

Las bacterias en un entorno adecuado, con alimento suficiente, se dividen muy rápidamente. Pensemos por un momento que en nuestro organismo se introduce una bacteria perjudicial, por ejemplo, la que produce una diarrea. Pensemos que se duplique cada 20 minutos.

El ejercicio que te pedimos es que calcules cuántos individuos podría haber dentro de tu cuerpo 48 horas después. Para hacerlo ten en cuenta que a los 20 minutos habrá 2 bacterias, a los 40 minutos 4, a los 60, 8… El número de bacterias que potencialmente podría haber si todas las condiciones se mantuvieran sería 2 elevado a número de horas * 3. La solución la tienes abajo.

Verás que te salen dos números tan enormes que son imposibles. Para que te hagas una idea, el número de átomos del universo accesible tiene 80 cifras. Las bacterias deben dejar de reproducirse antes porque se quedan sin alimentos. Estos números te harán entender cómo es posible que una bacteria tarde tan poco tiempo en invadir todo tu organismo.

Lo que significa el crecimiento exponencial. Dibujo de los autores. Licencia CC

Lo que significa el crecimiento exponencial. Dibujo de los autores. Licencia CC

En 48 horas un número con 44 cifras. En 72 un número con 66 cifras. En cuatro días el número de bacterias superaría el número de átomos del universo.

El secreto de la longevidad

Publicado por el 8 jul, 2011 en Tercera Cultura | 5 comentarios

autor: Fernando Peregrín

El secreto de la longevidadChristophe Labbé y Olivia Recasens publican una entrevista con Miroslav Radman, el genetista molecular nacido en Split, Croacia, en 1944 y naturalizado francés  en 1966, en el semanario francés Le Point, con la ocasión de la publicación de un libro se Radman sobre la longevidad inducida mediante manipulación genética. En dicho libro se puede leer que en la actualidad la esperanza de vida se alarga seis horas por día, dos días por semana tres meses por año[1]. “A este respecto, y sin que se sepa por qué ni cómo, la especie humana se retrasa en su envejecimiento seis horas por día. Radman es uno de los más renombrados genetistas moleculares y trabaja en la universidad de Medicina René-Descartes de París. De siempre se ha interesado por seguir investigando en terrenos nuevos, donde poca gente se preocupa por aventurarse. Este investigador de primera línea de la genética molecular ha revelado que las células no mutan de manera aleatoria e inevitable, haciendo volar por los aires uno de las dogmas de la genética. También es descubrimiento suyo un mecanismo inédito para la reparación del ADN. Y ha sido el primero en comprender los procesos moleculares que permiten la aparición de nuevas especies.

Miroslav Radman está convencido de que ha descubierto el camino hacia el elixir de la juventud.

–Es desmenuzando una bacteria extraña que yo he llegado a la convicción de que debe ser posible prolongar la vida humana en buena salud, bastante más allá de lo que es imaginable hoy día.

Esta bacteria esconde, como un puñado de otros bichos microscópicos, el arma contra el envejecimiento, es la “bacteria del corned-beef”, descubierta en 1956 en unas conservas de carne esterilizada a golpes de rayos gamma. Una correosa capaz de resistir a las radiaciones 10.000 veces superiores a la dosis mortal para el hombre. Hasta el punto que algunos se ha preguntado si Deinococcus radiodurans, éste es su nombre científico, ¡no ha venido del espacio!  Habiendo viajado sobre un meteorito, habrá sido irradiada y totalmente desecada, lo que explica su fenomenal resistencia a la deshidratación

– En pleno desierto, abrasado por los rayos de sol, Deinococus puede, gracias a una solo gota de lluvia, resucitar decenas, puede que hasta centenas de años más tarde – se entusiasma el investigador.

¿Cuál es el secreto de la bacteria del “corned-beef?

–A partir de un estado de muerte clínica, resucita autoreparándose gracias a un juego de dos copias de su genoma. Si usted tuviera sobre su mesa varios puzzles idénticos incompletos uno a uno, podrí intentar solucionar dicho puzzle recurriendo a la totalidad de los datos que nos proporcionan todos los puzzles. La dificultad estriba en volver aponer en orden las centenas de fragmentos del genoma pulverizados por la radiación, cosa que el Deinococcus radiodurans logra hacer en tres o cuatro horas.

Las proteínas llamadas “mecanos” que resuelven estos puzzles están en funcionamiento en todos los organismos vivos. Deben normalmente protegernos contra la herrumbre molecular producida por los radicales libres. Entonces, ¿por qué no están en marcha en el ser humano?

– El problema es que estas proteínas son asimismo víctimas de la corrosión y se hacen menos eficaces.

El arma secreta de ese cóctel de moléculas que le permiten blindar las enzimas reparadoras contra la oxidación molecular.

Disponemos asimismo de una protección antioxidante  — sin  ella estaríamos quemados antes de poder reproducirnos –, pero en cantidades insuficientes para vivir tanto tiempo como deseáramos.

Una vez identificadas las piezas antirradicales, el profesor Radman trata de ensayar cómo se comporta este “elixir” en ratones

– Este será el grano de arena que vendría a ralentizar, incluso a parar, el tic tac de nuestro reloj biológico. De aquí a una decena de años, podríamos dispones de una vacuna que nos inmunice contra el envejecimiento y las enfermedades que acompañan.


[1] Como media para una mujer de un país desarrollado

Midiendo bits. Lanzamiento de monedas e información

Publicado por el 6 jul, 2011 en Tercera Cultura | 0 comentarios

Autores: Equipo de divulgación científica de Eureka!

Estatua de Cluade Shannon en la Unjiversidad de Michigan. Autor Hyperboreal en Flickr licencia CC.

Estatua de Cluade Shannon en la Unjiversidad de Michigan. Autor Hyperboreal en Flickr licencia CC.

A principios del siglo pasado en los sistemas de comunicación el rey era el telégrafo. Si una persona quería mandar un telegrama tenía que ir a una oficina de telégrafos, escribir el mensaje que quería enviar, y allí los telegrafistas se encargaban de despachar el mensaje a  una oficina remota. Para transmitir utilizaban el código Morse. Es decir, cada letra del mensaje la convertían en una secuencia de puntos, rayas y espacios en blanco. El proceso era muy lento por lo que los telegramas eran muy caros. Cobraban por palabras enviadas por lo que pronto surgieron trucos para hacer que el número de palabras fuera menor. Por ejemplo, juntando dos palabras o enviando tan solo cifras que hacían referencia a un diccionario conocido del emisor y del receptor donde no solo había palabras sino también frases completas. Por ejemplo, 123 podía significar «el envío está en camino, embarcado en el tren hoy mismo». Así con una sola palabra se tenía enviado el mensaje completo.

Hoy en día se está haciendo lo mismo con los mensajes SMS donde se eliminan muchas vocales y se dejan tan solo las consonantes absolutamente necesarias. Por ejemplo, «m da =» significa «me da igual», «pq?» significa «por qué», «ns vms dsps» significa «nos vemos después», etc.

El que podamos enviar menos letras de las habituales prueba que el lenguaje es redundante. Se escriben muchos más signos de los estrictamente necesarios. Por ejemplo, si yo escribo los perros, es bastante evidente que la primera s o la segunda sobran. Podemos decir que esa s no nos da ninguna información. Y hemos llegado a la palabra clave, la importante: información. No estamos hablando de las noticias de prensa ni nada por el estilo, pero es muy difícil definir de qué estamos hablando.

La respuesta nos la dio en 1947 un matemático que trabajaba para la compañía telefónica  Bell. Se trata de la obra de Claude Shannon titulada «Una teoría matemática de la información». Bajo ese título tan inocente se esconde probablemente la obra más influyente en nuestras vidas a partir de su publicación. En ella define exactamente lo que debe entenderse por información y nos da una forma de medirla.

Lanzamos una moneda al aire. Sale cara o cruz. A la cantidad de información que nos da ese suceso elemental de salir cara o cruz Shannon le dio el nombre de 1 bit. La idea es simple pero revolucionaria. Nos permite medir la información. Un ejemplo, para que todo esto no quede en un juego de ideas abstractas. Piense usted una letra del alfabeto, la que le dé la gana. Garantizamos que somos capaces de descubrir cuál es con un máximo de 5 bits. Puede usted probarlo cuantas veces quiera. Veamos un ejemplo. Supongamos que usted ha pensado la letra k, que es la 11 del alfabeto. En la cara de mi moneda «mental» pongo: abcbdbefghijklm y en la cruz nñopqrstuvwxyz. Usted nos dice que la letra elegida (que nosotros ignoramos) está en la cara. Hemos hecho una elección entre cara y cruz; es decir hemos recibido 1 bit de información. Ahora fabricamos una nueva moneda que tenga en su cara abcdefg y en su cruz hijklm. Y le pedimos que nos diga si está en la cara o en la cruz. Usted nos dice cruz, nos da 1 bit de información. Ahora hacemos una nueva moneda que en su cara tenga hij y en su cruz klm y le pedimos que nos diga si está en la cara o en la cruz (1 bit). Usted nos dice que en la cruz. Hacemos una nueva moneda que tenga en su cara kl y en la cruz m. Usted nos dice que está en la cara (1 bit). Hacemos otra moneda que tenga k en la cara y l en la cruz. Usted nos dice que está en la cara (1 bit). Nosotros decimos que es la k. Hemos necesitado 5 bits para saber cuál es la moneda. Promesa cumplida.

Ejemplos de escritura rongo-rongo de la Isla de Pascua. Gentileza de Wikimedia. CC

Ejemplos de escritura rongo-rongo de la Isla de Pascua. Gentileza de Wikimedia. CC


Descifrar idiomas muertos

A veces los arqueólogos se encuentran con textos con caracteres extraños que no saben si representan letras, sílabas o palabras enteras. Si se tiene suficiente cantidad de texto una forma de enfrentarse al problema es calcular la cantidad de información que nos da cada símbolo. Si está en el orden de los 5 bits estamos ante un lenguaje alfabético, si nos da en torno a los 13 bits se trata de sílabas y si es superior a ese número probablemente se trate de ideogramas que representan palabras.

Ni que decir tiene que eso solo es el principio, después hay mucho trabajo. Uno de los problemas es que normalmente no hay texto escrito suficiente para poder sacar la cantidad de información de cada símbolo de un modo aceptable. Por ejemplo, eso es lo que pasa con la escritura de la Isla de Pascua, no se conservan caracteres suficientes, pero todo apunta a que se trata de un híbrido, con signos que son palabras completas y otros que son sonidos.

10 bolas del mismo peso. AutorPalm z. En Flickr. Licencia CC.

10 bolas del mismo peso. AutorPalm z. En Flickr. Licencia CC.

Averigua qué bola pesa distinto

Tenemos diez bolas cuyo peso aparentemente es el mismo pero sabemos que una tiene un peso distinto. No sabemos si pesa más o pesa menos.

Tenemos una balanza que tiene tres posiciones: 1) se inclina a la izquierda, 2) se queda equilibrada, 3) se inclina hacia la derecha.

Sabemos que es posible por lo siguiente: para identificar una bola entre diez necesitamos 3,32 bits de información y cada pesada nos da 1,58 bits. Así que es posible hacerlo.

Te vamos a dar algunas pistas. Tienes que procurar que cada pesada te de la máxima información posible, lo que se consigue haciendo que pueda quedarse en cualquiera de las tres posiciones. Por ejemplo, si cogemos 5 bolas en un platillo y 5 en el otro, la balanza solo podrá ir a la derecha o a la izquierda, no podrá quedarse en el centro, por lo tanto solo te da 1 bit de información y necesitas más. Te sugerimos que empieces con 4 bolas en un platillo y 4 en el otro. Si se igualan ya sabes que la que pesa distinto es una de las otras dos…

Butterflies and Wheels (Entrevista a Ophelia Benson)

Publicado por el 4 jul, 2011 en Tercera Cultura | 0 comentarios

autor: Fernando Peregrín

Ophelia Benson es la editora de una web que tiene mucho éxito en círculos ilustrados. La entrevistamos para Tercera Cultura.

Ophelia Benson¿Se considera a usted misma una filósofa analítica? ¿Puede explicar las diferencias entre la filosofía analítica y la continental?

– No soy una filósofa en absoluto. Espero ser alguien filosóficamente informada y trato de argumentar al menos no “in-filosóficamente”, pero no soy un filósofo en el sentido de tenga una licenciatura u otros estudios superiores relacionados con la filosofía.

No estoy segura de lo que debo llamarme a mí misma. Tengo un interés desde hace mucho tiempo en lo que me parecen vías equivocadas de pensar – quiméricamente, sentimentalmente, crédulamente, dirigido por la moda, conformista, ese tipo de cosas.

Ciencia y filosofía. ¿Está la ciencia en vías de absorber la filosofía? ¿Puede imaginarse un día en que todas las cuestiones importantes sea competencia de las ciencias?

– No; creo que lo mejor es la combinación de filosofía y ciencia que puede dar resultados muy apreciables. Patricia Churchland, por ejemplo, encuentra la filosofía frustrantemente desinteresada en la ciencia de la mente así que se fue a una facultad de medicina a aprender acerca de ello. Daniel Denté es otro filósofo que mira a la ciencia.

Cuéntenos acerca de sus libros

– El Dictionary of Fashionable Nonsense es un “diccionario” jocoso de palabras y frases que están de moda en algunas disciplinas académicas, digamos más flexibles.

Why Truth Matters es acerca de modas académicas que devalúan la investigación racional y la evidencia.

Does God Hate Women? Es un examen de las vías en que las religiones monoteístas oprimen a las mujeres.

Postmodernismo y ciencia después de Sokal

–El postmodernismo no esta tan de moda como lo estuvo una vez; es probablemente una moda moribunda. La ciencia está siendo ahora más atacada por la religión que por el postmodernismo.

Feminismo y ciencia. ¿Hay acaso una ‘manera femenina de saber’ diferente de la tradicional epistemología científica?

– No, y la idea que hay ahí es simplemente la vieja y reaccionaria aseveración que las mujeres son tan débiles mentalmente para pensar claramente, todo ello disfrazado de ropajes pseudos-feministas.

¿Piensa que la epistemología puede ser naturalizada, esto es, reducida a las ciencias cognitivas y a la psicología experimental?

– No, porque siempre habrá la necesidad de analizar conceptos y conexiones lógicas.

¿Qué piensa acerca de los científicos que buscan la ciencia de la moralidad? ¿Puede usted ver la explicación científica completa de la moralidad, esto es, la naturalización de la ética?

– Puedo imaginarme un completo entendimiento científico de la moralidad, pero no creo que la ciencia pueda establecer o determinar la moralidad. Creo que puede informar la ética, pero que tenga la última palabra.

En una mano creo que la moralidad debe estar informada por la ciencia. Creo que la gente que quiere entender la moralidad (¿y quién no lo desea?) también tiene que entender lo que son los seres humanos y cómo llegamos a ser en la manera que somos, y cuales son nuestras necesidades y otras cuestiones semejantes. En la otra mano también pienso que no es suficiente para el pensamiento moral.

¿Qué es Butterflies and Wheels y por qué piensa que ha sido aceptada con tanto éxito en círculos ilustrados?

– Butterflies and Wheels es una web que publica artículos, un blog (escrito por mi), enlaces a noticias o otras cuestiones variadas, tratando ateísmo y secularismo, derechos humanos, ciencia y razón. Creo que ha tenido éxito porque hay un montón de gente que esta interesada en la misma combinación de temas… y, supongo, para ser justa, porque hay gente a la que gusta cómo escribo, o al menos eso es lo que se me dice.

Es una larga historia lo que realmente es. Lleva en existencia casi nueve años ahora. Estoy siempre volviendo a los archivos y encontrando cosas que había olvidado completamente. He seguido multitud de controversias, disputas, argumentaciones, abusos de los derechos humanos…

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