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Antonio Lafuente escribe sobre poesía y ciencia…

Publicado por el 20 sep, 2011 en Tercera Cultura | 1 comentario

autor: Fernando Peregrín

poesía y cienciaAntonio Lafuente escribe sobre poesía y ciencia en un reciente número de Blanco y Negro Cultural (la columna de J.J. Armas Marcelo, tan bien surtida de errores como de obviedades insustanciales, es mejor taparla con el piadoso velo del silencio).

Es una pena, lamento decirlo, que el autor no haya estado a la altura del interesante tema sobre el que escribe. Entre los muchos desaciertos, permítaseme que indique unos cuantos que, en mi opinión, empobrecen en gran medida el texto.

Es poco claro, por no decir erróneo, afirmar que “pensar no es computar, sino encontrar diferencias donde sólo hay relaciones”. Pues por lo que sabemos con bastante seguridad sobre lo que las ciencias cognitivas van sacando a la luz sobre la epistemología natural, la forma elemental de pensamiento con que la evolución equipó a la mente humana es la de identificación de pautas y regularidades, la asociación de causas y efectos y la expectación de ocurrencia de sucesos por inducción. Como se puede observar, esto tiene poco que ver con lo de “encontrar diferencias donde sólo hay relaciones”, cuyo sentido, por otro lado, se me escapa.

No puedo estar de acuerdo tampoco con el autor de este breve artículo cuando dice, respecto de la ciencia (y de la poesía) que “eso que llamamos verdad, belleza o ritmo son asuntos públicos, son temas de los que siempre hemos discutido, problemas que por fortuna siempre tendremos que renegociar”. La poesía es, qué duda cabe, una categoría artística muy dependiente de la cultura en la que se escribe y se lee. Cabe pues, y de hecho es así, la negociación y renegociación intra e intercultural de ideas y conceptos como verdad poética, belleza y ritmo. Mas ese no es el caso de la ciencia, que si bien como empresa, como actividad humana tiene dependencias culturales, el conocimiento científico que proporciona, cuanto más se aproxime a la verdad, es necesariamente transcultural. La verdad científica no se negocia, se somete al tribunal de la naturaleza. A propósito de esto, recuerdo un célebre aserto de R. P. Feynman, que dice más o menos que por muy bella que sea una teoría, por muy renombrado que sea el que la propone, si sus resultados (predicciones, explicaciones, soluciones a problemas planteados, etcétera), no coinciden con los datos experimentales, entonces es falsa.

Richard Dawkins, contrariamente a lo que dice el señor Lafuente, pese a ser a veces un tanto radical, no propugna ni quiere encontrar en los genes todas las claves para explicar la conducta humana. Precisamente, y por la importancia que concede a la cultura, acuño el concepto de “meme”, una especie de unidad de replicación cultural.

Es un error confundir la intensidad con la frecuencia cuando el autor escribe sobre el color amarillo de los plátanos. Estos no son amarillos, diga lo que diga el señor Lafuente, “cualquiera que sea la luz que sobre ellos proyectemos”, pues si hacemos incidir sobre ellos luces carentes de las frecuencias que corresponden, más o menos, a lo que percibimos como amarillo, desde luego que no van a reflejar dichas frecuencias y no van a tener la apariencia que da ese color. La luz tanto del verano como del invierno, de la mañana o de la tarde, es luz blanca, variable en intensidad y casi nada en frecuencias. Esta es la razón de que veamos siempre, más o menos brillante o atenuadamente, amarillos a los plátanos.

Con todo, tengo para mí que lo más importante es que el autor no acierta a explorar y exponer los vínculos y relaciones entre ciencia y poesía. Nada se dice, por ejemplo, de las diferencias ontológicas entre los objetos y las categorías creados por una y otra, ni de las diferencias entre la verdad científica y la verdad poética. Tampoco se analizan con un mínimo de rigor y profundidad las cuestiones estéticas, esto es, las diferencias y similitudes entre lo bello en la poesía y lo bello en la ciencia (pese a que no siempre conduce a resultados válidos, no cabe duda de que la búsqueda de la belleza, de la elegancia de lo simple, es un principio epistemológico—subjetivo—que inspira a los científicos en la formulación de sus hipótesis). Lo que se expone sobre metáforas poéticas con conceptos científicos es insuficiente y confuso, siendo uno de los territorios más interesantes de explotar (las metáforas en ciencia sirven para aclarar; en poesía, muchas veces, para introducir misterios y ambigüedades).

No es mi propósito replicar al señor Lafuente ni polemizar con él, aunque me veo en la incómoda tesitura de señalar sus yerros.  Se trata simplemente de expresar mi desilusión por la ocasión perdida de haber tratado con seriedad y bondad un asunto que tanto me apasiona.

Sementales

Publicado por el 17 sep, 2011 en Tercera Cultura | 3 comentarios

autor: Arcadi Espada en Diarios de Arcadi Espada
SementalesCynthia Daily, una americana cuarentona, se quedó embarazada tras su paso por un banco de semen. Mujer inquieta, inició una prolija, pero no muy complicada investigación sobre su donante. Así logró averiguar que al menos otros 149 niños habían nacido del mismo esperma. Cuenta el Times que de vez en cuando partes de la familia extendida se reúnen con los retoños: «Wow! es fantástico. Son todos iguales», explicó al periódico. Con la excepción de un amigo de Madrid («Uf, sí, a mí también me preocupa haber creado un problema parecido, y además de forma natural») cualquiera comprende que estamos ante una novedad compleja. La muestra de un donante puede utilizarse varias veces y aunque hay países que regulan, más o menos arbitrariamente, el número de veces (Inglaterra, 10; España, 6; Italia, 0: prohibida la donación) en otros (USA) ni siquiera existe la regulación. Por otra parte, cualquiera puede acudir a bancos distintos, del mismo o de diferente país: no existe, por así decirlo, una base de datos mundial de donantes. Desde luego no conviene exagerar los problemas resultantes. Aunque los controles actuales deben mejorarse, a fin de prevenir enfermedades genéticas y novelas románticas entre hermanastros, basta un somero cálculo para dejar las probabilidades en anecdóticas. En este sentido, cabe alabar las inciaitivas de hermandad promovidas por la señora Daily, porque parece que la repugnancia ante el incesto (completo o demi) se da entre los que se han criado juntos. Ya se sabe: esta cosa triste de jóvenes que parecen hechos el uno para el otro y que, entrañables amigos desde la infancia, se rechazan diciendo que son como hermanos.

Lo interesante de esa historia no son los imaginarios apocalipsis, sino la sorprendente laxitud con que la sociedad contemporáneo ha encarado esta variante reproductora. La fertilización de una mujer con el semen de un desconocido no ha desencadenado debates proporcionalmente comparables a los que desencadenaron el divorcio o el aborto. La explicación probable es que la fertilización aleatoria no exige la destrucción de ningún mito poderoso como el del amor eterno o la inmaculada concepción. Todo lo contrario. La ausencia de debate y control sobre el semental aleatorio descansa sobre un mito muy generalizado. La convicción de que la crianza es lo que hace al hombre, que nada diferencia el semen de la sangre, que en esos bancos blancos se almacena líquido y no carácter.

The Willpower Circuit

Publicado por el 15 sep, 2011 en Tercera Cultura | 0 comentarios

por Jonah Lehrer en http://www.wired.com/
via blog de Manuel Alvarez Lopez

Extractos:

The Willpower Circuit“Mischel también ha ayudado a redefinir la voluntad. La idea típica es que la voluntad es apretar los dientes y resistir la tentación – apartando la vista del dulce – Mischel se dio cuenta de que era al revés. Más bien, la capacidad de posponer la satisfacción dependió ” de la asignación estratégica de atención, ” un modo rebuscado de decir que algunos niños saben distraerse deliberadamente. En vez de obsesionarse con el dulce, – ” el estímulo caliente ” – estos niños pacientes cubrieron sus ojos o miraron a otro lado. Su deseo no fue suprimido – simplemente fue olvidado. ” Los niños que pueden retrasar la satisfacción tienen una comprensión mucho más realista de voluntad “, me dijo Mischel. ” Ellos saben que la voluntad muy es limitada. Si piensas en el dulce y en lo delicioso que es, te lo comes. “La clave es evitar pensar en ello en primer lugar.” Hay, desde luego, algo inquietante sobre este nuevo modelo de voluntad, ya que asume la total debilidad de la fuerza de voluntad. La resistencia es sólo posible cuando no tratamos activamente de oponernos.

De más está decir que estas preguntas tienen profundas implicaciones políticas. Como he escrito antes, hay buenas pruebas de que el autocontrol puede ser mejorado  considerablemente cuando la educación comienza en una temprana edad. Lo que tenemos que hacer ahora es desarrollar nuevas lecciones: cada niño tiene que saber que no tienen que comer el dulce irremediablemente. Su circunvolución frontal inferior puede decir que no.”

El ordenador personal cumple 30 años. En agosto el PC cumplía 30 años y Linux 20

Publicado por el 13 sep, 2011 en Tercera Cultura | 2 comentarios

Autores: Equipo de divulgación científica de Eureka!

El ordenador personal cumple 30 añosPC es la sigla de Personal Computer (Ordenador Personal). Pocas máquinas son más ubicuas e influyen más en nuestra vida que el PC. Está en todas partes: en nuestras casas, en las cajas de los supermercados, en los cajeros automáticos, en los servidores de Internet, en los equipos de análisis clínicos, en los de imagen médica,… Es una máquina omnipresente.

Convencionalmente se suele considerar que la «era del PC» nació el 12 de agosto de 1981 cuando se anunció el IBM PC-5150. Sin duda es una fecha importante, pero pensar en ella como el origen de los ordenadores personales nos puede llevar a confusión. Realmente antes de ese anuncio había ordenadores personales; es decir, ordenadores de pequeño tamaño y de un costo que lo hacía accesible a una economía doméstica. Entre los ordenadores con los que hemos trasteado estaban los venerables Amstrad, Altair, Comodore, Osborne, Wang, Apple I y Apple II… Así que competidores no faltaban. Y cuando salió el PC de IBM no destacaba ni por su rapidez, ni por su capacidad de almacenamiento, ni por su sistema operativo… ¿Por qué se considera, entonces, que el PC nació el 12 de agosto de 1981? Casi con seguridad por lo que pasó después. Ocurrió algo que sospechamos que su fabricante no se esperaba. IBM era la mayor empresa de electrónica del mundo y en los grandes ordenadores era el líder indiscutible. Con un liderazgo tan grande que otros fabricantes empezaron a competir en su mismo campo con productos –por ejemplo memorias o discos– que «eran compatibles». Aunque no lo decían se sobrentendía que eran compatibles con los productos de IBM. Eran distintos, basados en ideas distintas y con patentes distintas pero que podían hablar con las máquinas de IBM. IBM, sin duda, era el líder a imitar. Eso era en el mundo de los grandes ordenadores, pero al sacar al mercado su pequeño PC hubo un efecto de contagio. Si en los grandes había que hacer productos compatibles con los de IBM, en los pequeños también. Y muy rápidamente surgieron fabricantes de productos compatibles con el PC de IBM. De hecho se llegaron a llamar simplemente «compatibles». IBM trató de evitar que proliferasen los «clónicos» pero por suerte no lo lograron. Muy pronto la mayor parte de los PCs que se vendían en todo el mundo, los fabricase quien los fabricase, eran «compatibles». De ese modo, porque había una norma «de facto», el mercado creció enormemente y ello trajo nuevas ideas, un avance vertiginoso y una bajada drástica de precios. Como sistema operativo llevaba uno que se llamaba DOS y que había sido fabricado por una pequeña compañía de Redmond, que seguro que les suena: «Microsoft». Lo importante no era que este sistema operativo fuera bueno o malo, de hecho había otros que eran muy similares, por ejemplo el CPM, la clave estaba en que se hizo un estándar y los fabricantes de software empezaron a sacar productos para ese sistema. Uno de los programas que fueron decisivos para su implantación en las empresas fue una hoja de cálculo, Visical, que permitía hacer muy fácilmente tablas de contabilidad. De hecho permitía programar a los no programadores. Después surgieron muchos juegos y eso llevó el PC al hogar.

Otro de los programas que fueron el catalizador de su utilización en oficinas y después en el hogar fueron los procesadores de texto, que esencialmente eran una máquina de escribir; eso sí, una máquina de escribir en la que podías borrar un párrafo, insertar una palabra, cambiar de lugar un capítulo, etc. Es decir, era una máquina de escribir sofisticada que permitía modificar todo lo escrito sin problemas.

Pocos años después, en el mercado realmente solo quedaban dos tipos de máquinas: los «compatibles» y los Apple.

Android

Vigésimo aniversario de Linux

En 1991 el sistema operativo con el que funcionaba la mayor parte de los PC «compatibles» era con Windows. El segundo sistema era UNIX. Un alumno finés estaba harto de que los sistemas operativos no eran modificables. Lo que te daban te gustase o no tenías que aceptarlo. No podías modificarlo. Harto, el 25 de agosto mandó un sencillo mensaje por Internet diciendo que iba a empezar a hacer un pequeño sistema operativo, cuya característica principal es que todo el mundo podría disponer del código fuente del programa y podría modificarlo cuanto quisiese. Y pedía colaboradores. De ese modo tan inocente nació el sistema operativo Linux, que no ha triunfado en los ordenadores de sobremesa, donde el líder es Windows, pero sí lo ha hecho en el mundo de los servidores y en un sitio inicialmente inesperado: en los teléfonos móviles inteligentes.

En estos momentos, la mayoría de los teléfonos móviles que se vende en el mundo funciona con Android que es un derivado de Linux.

El primer videojuego

El primer videojuegoEl primer videojuego fue el llamado «Pong» que produjo la empresa Atari. Inicialmente lo hicieron con circuitos electrónicos clásicos, por lo que no consideraron necesario reservar los derechos de autor del juego. Cambiar el juego era cambiar el hardware. Pero muy pronto Intel sacó al mercado un microprocesador –el 4004– que permitía emular el juego del «Pong» y otros muchos cambiando la programación, no los circuitos, y así surgieron muchas máquinas que normalmente eran tragaperras en los bares o en los primitivos «arcades»: futbolines y billares.

«Pong» no era nada más que una versión del juego de ping pong. En la pantalla había una bola y dos raquetas. Si había un solo jugador éste manejaba una raqueta y el ordenador la otra. Si había dos jugadores, cada uno controlaba su raqueta.

A pesar de lo sencillo era adictivo. Puedes jugar una versión actual que funciona en el navegador en: http://www.granvino.com/jam/stuff/juegos/punkpong/spanish/

Los ateos creen, las vírgenes se embarazan y los vegetarianos comen pollo

Publicado por el 10 sep, 2011 en Tercera Cultura | 1 comentario

por Glenys Álvarez en http://www.sindioses.org/
Los ateos creen, las vírgenes se embarazan y los vegetarianos comen polloCerrada y fría. Impía y hereje. Agresiva y ofensiva. Hija de Satanás.

No he recibido esos titulares sobre mi persona vía telepatía o a través de un profeta, no; los he leído en cartas en Internet, me los han dicho en la cara, acusándome de defender “demasiado” a las minorías (haitianos, homosexuales, ateos) o de no creer en nada (ni sobrenatural ni paranormal). El insulto suele provenir de personas que han perdido parte parcial o completa de la capacidad hacia la tolerancia y no soportan a los que apoyan ideas muy distintas.

Es imposible asegurar que seremos una especie que manifiesta la misma opinión. De hecho, leer el libro The Moral Landscape se convierte en un tipo de recordatorio sobre lo difícil que es esta empresa. Sam Harris intenta convencer a sus lectores sobre lo que es el bienestar; el bienestar de todos, y a pesar de que estoy de acuerdo con sus definiciones del mismo, existen miles de millones de personas que no lo están, y no sólo afuera de sus dominios. De hecho, muchos ateos dicen haberse alejado de Harris porque no están de acuerdo con sus definiciones, piensan en la relatividad cultural y creen que la gente se acostumbra a todo; hasta a ser niñas asesinadas por no estar de acuerdo con sus adultos esposos.

Yo sería una de las muertas.

Lo más fácil es acostumbrarse a lo que acomoda. Las ideas novedosas y que resultan ‘poco naturales’ no suelen ser placenteras, más bien, son una dosis de alta inteligencia en la evolución de la especie y existen sólo para una minoría; además, son asociadas con el ateísmo, la libertad y hasta con la exclusividad sexual en los hombres. Ciertamente, es complicado adoptar un pensamiento o un estilo de vida diferente al de la mayoría, especialmente cuando sabes que estar de acuerdo trae mucha más armonía en el grupo; sin embargo, el pensamiento distinto es necesario para el cambio y la transformación; por eso se origina.

“La gente más inteligente suele adoptar preferencias y valores novedosamente evolutivos. Sin embargo, la inteligencia no está correlacionada con preferencias y valores tan viejos que fueron formados por la evolución durante millones de años. La inteligencia general, es decir, la habilidad para pensar y razonar, dotó a nuestros ancestros con ventajas para resolver problemas novedosos para los que no tenían soluciones innatas”, explica Satoshi Kanazawa, psicólogo evolucionista en la Escuela de Londres sobre Economía y Ciencias Políticas. “Como resultado, más gente inteligente suele reconocer y entender las entidades y situaciones novedosas, y muchas de ellas tratan sobre preferencias, valores y estilos de vida”.

Otros estudios de Kanazawa y especialistas en el tema, han encontrado grandes titulares para los inteligentes: suelen ser nocturnos, es decir, se despiertan y se van a dormir más tarde; también desprendidos, les importa el bienestar de otras especies y de personas que no están relacionadas con ellos. De hecho, un estudio realizado en Estados Unidos descubrió que los adolescentes que se consideran socialistas suelen tener un cociente de inteligencia mayor (106) que aquellos que se identificaban como conservadores (95). Y hasta suelen rechazar tipos de música.

Con las creencias ocurre igual. “La religión es un subproducto de la tendencia humana de percibir un agente y su intención como causas de eventos. Los creyentes ven ‘la mano de Dios’ intervenir en fenómenos naturales. Es imposible olvidar que los seres humanos han evolucionado para ser paranoicos y creen en Dios porque son paranoicos”, explica Kanazawa. “Esa parcialidad innata hacia la paranoia sirvió bien a los humanos cuando la auto-preservación y la protección de las familias dependían de vigilancia extrema. Hoy ya no; de hecho, los niños más inteligentes crecen en contra de la tendencia evolutiva de creer en Dios y por eso son ateos”.

Lo mismo ocurre con la exclusividad sexual en los hombres. Este fenómeno no es igual en mujeres ya que tanto en la poligamia como en la monogamia en general la mujer debe ser exclusiva para el hombre, no así el macho. Por lo tanto, la exclusividad hacia una sola mujer es un paso positivo en la evolución del hombre, es un camino que puede alejarlo aún más de los aspectos conjugados en su biología para las funciones principales de la vida que eran la reproducción y la supervivencia. Actualmente, otras cosas son necesarias y más importantes.

Efectivamente, hemos visto que el cerebro ha ido evolucionando por partes y el desarrollo de una corteza prefrontal trajo aún más ventajas: nos permitió pensar de forma crítica y racional. Procesos vitales ocurrieron que nos dieron el beneficio de poseer una red neuronal como la que tenemos, y uno de ellos ha sido la inteligencia. Un equipo de colaboración entre Estados Unidos y España observó el año pasado las estructuras cerebrales de la inteligencia. Los científicos pensaban en aquellas preguntas que aún plagan las ramas sobre la cognición como ¿qué es la inteligencia? y ¿cómo la medimos?; para avanzar un poco más con el trabajo de resolverlas decidieron estudiar pacientes con lesiones cerebrales que hayan tomado pruebas de cociente de inteligencia. Los investigadores encontraron que la inteligencia se encuentra distribuida, que no hay zonas que la clamen de forma absoluta sino que, precisamente, tener inteligencia general depende de factores neuronales de aleación.

“Puede resultar que la inteligencia general no depende para nada de áreas específicas en el cerebro sino que tiene que ver con cómo funciona el cerebro completo. De hecho, regiones particulares y conexiones que encontramos van bien en línea con una teoría existente donde la inteligencia es llamada ‘integración frontal-parietal’ que dice que la inteligencia depende de la habilidad del cerebro para integrar varios procesos distintos”, explica Ralph Adolphs, profesor de neurociencias en el Instituto de Tecnología de California (Caltech).

Pero la educación y la información no producen a una persona racional, desafortunadamente. A pesar de un aumento significativo en el conocimiento general, 51.8% de personas con un título académico cree en la telepatía en comparación con el 29.6% de gente sin educación. Aparentemente, la inteligencia general y la curiosidad hacia lo nuevo son más importantes que la información o la educación.

Especialmente porque el pensamiento novedoso no gusta; la gente se siente despeinada frente a él. Las personas prefieren pensar que el amor es mágico, que existe un más allá y no hay muerte ni final, que los humanos tenemos espíritu y alma, que el cerebro sólo explota un porcentaje, que la magia existe y que esa magia muchas veces viene vestida de poderes paranormales que nosotros, los cerrados ateos, somos incapaces de entender ni por telepatía.

Esa es la visión sumada del mundo; la mayoría de la gente cree en tonterías: en todas, en combinaciones de ellas o en una en especial. No creer en alguna es aceptado pero no dejar un espacio abierto para la existencia de cualquier cosa no está considerado bien. La gente te apunta y dice que estás equivocado; ni ellos notan que son los mismos dioses con diferentes disfraces. Ni siquiera cuando adoptan el ateísmo como visión, sin realmente serlo.

Eso de que los ateos deberíamos de creer en algo es un oxímoron, una contradicción en sí misma: “soy ateo y no creo en dioses, sin embargo, creo”. Definiciones particulares admiten el agnosticismo o el magufismo dentro del ateísmo; las cubren con pañales filosóficos, anti-teístas o débiles, indicando que son distintos tipos de ateísmo. Para mí, el ateo creyente es quimérico, es como considerar que el vegetariano come pollo o que las vírgenes se embarazan.

Ni sobrenatural ni paranormal

Sin ventanas abiertas

El progreso está basado en la ciencia. La gente conoce y se mueve por el mundo utilizando objetos cada vez más distintos. Desarrollamos la electricidad y hoy tenemos un sinnúmero de aparatos basados en ella, desplegamos el teléfono y hoy es parte de nuestro mundo androide, inventamos el cine y actualmente navegamos por diferentes formas de producción y maneras de ver la finalizada película; podemos poner el mismo ejemplo en un sinnúmero de ramas, como la imperfecta medicina que no deja de entregarnos, enredada en el mismo mundo en el que todos vivimos, nuevos tratamientos para nuestras dolencias. El desarrollo científico mueve civilizaciones y las hace cambiar; no es una herramienta perfecta, al final, está controlada por humanos, pero es lo mejor que tenemos para conocernos e intentar vivir mejor; y la usamos, la usamos todo el tiempo.

Sin embargo, muchos abandonamos las religiones sin saber sobre ciencia. La experiencia de que los dioses no existen llegaba a través del ‘sentido común’, de examinar y analizar las religiones que han existido en el mundo y de observar el estado de las especies y del planeta mismo, esas situaciones pueden confirmar la inexistencia de los dioses y la capacidad humana para inventar y engañar. Pero muchos sólo erradican unos dioses para formar otros, para ello, la adquisición de información a medias o errada es muy importante.

Precisamente, el conocimiento mal adquirido en las academias puede llevar a las pseudociencias. James Randi aseguró una vez que la nueva era es la vieja era sólo que modernizada, anclada en mitos científicos o en lo que la ciencia desconoce; nada como un buen misterio para atrapar a un ser humano. Algunos gurúes, por ejemplo, hoy hablan de la cuántica como si esta novedosa ciencia ofreciera una unión neuronal con todos los humanos y el Universo; estos personajes se refieren al desconocimiento cosmológico, en pleno siglo xxi, como si fuera evidencia de la existencia de poderes paranormales donde los seres humanos tenemos un papel protagónico. Pero no es así…sin embargo, la persona lo lee, asegura entender la física cuántica y produce así un nuevo ‘dios’.

El ateo puede ser amante de cualquier cosa, hasta de los escritorios si así le place, pero no de situaciones donde se requiera la fe. Lo sobrenatural y lo paranormal sólo se alcanzan a través de la creencia irracional: si el individuo tiene menos información es más probable que crea en los dioses que le enseñaron y que mantienen sus iglesias; si tiene más educación vestirá a esos dioses con disfraces más modernos y los ubicará en esos espacios que la ciencia no ha llenado y que él dotará de magia. No importa si todo el historial científico esté desprovisto de evidencias para sus dioses o que ese mismo historial haya descubierto evidencias que no tienen nada que ver con el sortilegio y la fe, lo importante es que la ciencia no lo sabe todo.

Como bien lo explica el director del Consejo de Humanismo Secular, Austin Cline.

“Si la parapsicología fuera una ciencia genuina, ¿por qué ninguno de sus trabajos son incorporados a las ciencias? Aunque cada rama de la ciencia es distinta, también están conectadas basadas en el hecho de que los fenómenos que estudian descansan en las mismas leyes físicas, químicas y biológicas. Por lo tanto, cuando algún fenómeno inesperado es descubierto en química, posibles explicaciones biológicas son ofrecidas. De la misma forma, cuando fenómenos inesperados ocurren en la biología, posibles soluciones químicas son ofrecidas. Sin embargo, ninguno de estos científicos sugerirá la telequinesis o la telepatía como una explicación posible a los fenómenos inusuales. Para los científicos, esas serían explicaciones completamente inútiles, no harían al fenómeno más entendible, no proveerían con predicciones comprobables y no moverían la investigación hacia delante ni por una iota”.

Lo mismo ha ocurrido con las religiones. No sólo no son citadas sus soluciones como válidas ante problemas científicos, más bien pueden demostrar lo contrario. Ciertamente, la visión de los dioses cambió significativamente después de Charles Darwin. Dan Dennett apuntaba que Dios pasó de ser el diseñador de todas las especies grandes y pequeñas, a ser el diseñador de las leyes de la naturaleza y más tarde hasta el inventor de la selección natural.

Las ideas acomodando vamos, diría Yoda.

Precisamente, los hechos que Darwin descubrió no son cómodos ni tampoco caben en las paranormales gavetas de las pseudociencias. Es incómodo no creer, es una forma de pensar conocida como ateísmo; no se trata de mantener una ventana abierta a la magia inventada por el humano, es, sencillamente, concebir que nunca ha existido esa ventana tampoco…

to control or not to control?

Publicado por el 9 sep, 2011 en Tercera Cultura | 9 comentarios

autora: Teresa Giménez Barbat en http://mujer-pez.blogspot.com
Teresa Giménez BarbatYo estaba tan a gusto rendida al determinismo, y ahora resulta que podría volver a ser cierto aquello tan fatigoso del auto-control. Y lo aprueba, con sensatas objeciones, Steven Pinker, que es como decir el Papa de Roma. Lo comenta aquí, en una reseña que hace del libro “Willpower,” que el psicólogo Roy F. Baumeister ha escrito juntamente con el columnista científico del New York Times John Tierney. El trabajo se basa en una serie de investigaciones desde la neurociencia que demuestran que la voluntad es una especie de “músculo” que se ve reforzado con el ejercicio y la práctica. Y que hacerlo así puede mejorar nuestras vidas y hacerlas más equilibradas y felices.

Un experimento clásico es el que llevó a cabo el psicólogo Walter Mischell a finales del los 60 cuando concibió una serie de mortificantes tratos con niños de preescolar a quienes ponía a prueba con unos dulces. Les decía que si eran capaces de vencer la tentación inmediata de comérselos, les daría varios más. Si no lo hacían así, no ganaban nada. Y les dejaba solitos con el objeto del deseo en una habitación. Un concienzudo seguimiento en el tiempo que demostró que los que habían vencido la tentación conseguían mejores resultados en sus estudios, salud, relaciones personales etc.

En el experimento de Bausmeister, también se demuestra que el autocontrol, aunque desde luego con una gran influencia de la herencia, puede ser tonificado ejercitándolo. Así una serie de estudiantes fueron animados a controlar su alimentación, hacer ejercicio regular, “usar un ratón con su mano más débil” y –no se lo pierdan, muy agudo- hablar con “frases completas” y sin decir tacos. Después de varias semanas, los estudiantes eran más resistentes a las bajadas de su ego en el laboratorio y mostraban más autocontrol en sus vidas, fumaban menos, bebían menos y picoteaban menos. También veían menos al televisión, estudiaban más y lavaban más veces los platos.

La “fuerza de voluntad” en “Willpower” no es un misterioso “libre albedrío”, sino una circuitería cerebral que funciona con glucosa, tiene una capacidad determinada y opera según reglas que los científicos pueden dilucidar. No es una especie de fantasma en la máquina, sino parte de la misma máquina.

En fin, aquí hay algo sólido que puedo unir también a otras reflexiones y que puede ayudar a fortalecer al pez sabio que sin duda (bueno, alguna) tengo dentro.

Entrevista con Catherine Hakim

Publicado por el 7 sep, 2011 en Tercera Cultura | 2 comentarios

por EDUARDO SUÁREZ en OTRAS VOCES

Catherine Hakim

Catherine Hakim

Un intercambio brusco precede a la entrevista. Catherine Hakim exige que se la llame doctora y que no se le pregunte por su vida íntima. Dos detalles que dan idea del caparazón que se ha creado una mujer tan respetada en el mundo académico como denostada por las intelectuales feministas. Hakim ha trabajado durante dos décadas como socióloga en la London School of Economics. Unos años en los que ha indagado en las aspiraciones de las mujeres y sus patrones de conducta. Sus estudios arrojan conclusiones en las antípodas del pensamiento dominante. Sus puntos de vista los sustenta con datos. Aquí los expone.

Pregunta.- Usted ha publicado un ensayo sobre los mitos del feminismo. ¿Cuál es el más influyente?

Respuesta.- La idea de que hombres y mujeres tienen la misma idea de la vida y que ambos tienen el mismo interés por trabajar a tiempo completo. Para una minoría de mujeres (alrededor de un 20%) su carrera es la prioridad absoluta. Pero la mayoría de las mujeres quieren mantener un equilibrio entre su trabajo y su vida familiar. La mayoría no quiere ni un puesto directivo ni un empleo a tiempo completo y una minoría ni siquiera quiere trabajar.

P.- Usted insinúa también que las políticas de igualdad tienen un sesgo antimasculino.

R.- En mi opinión, las políticas de igualdad no deberían beneficiar a ninguno de los dos géneros. Los hombres tienen derecho a competir con las mujeres en igualdad de condiciones. Sin discriminación positiva.

P.- Pero los gobiernos piensan que la discriminación positiva es necesaria para lograr la igualdad entre ambos sexos.

R.- La discriminación positiva logró mejorar las condiciones de vida de las mujeres al principio. Hoy en día cada vez menos.

P.- Algunos países sopesan instaurar una cuota femenina en los consejos de las grandes empresas.

R.- En política estoy a favor. En las empresas, no. Nadie ha presentado una sola prueba de que eso sea mejor para las empresas. Dicen que sería bueno para fomentar la diversidad. Pero entonces, ¿por qué cuotas para mujeres y no cuotas para ancianos o para inmigrantes? Hay muchas mujeres que están en los consejos de las empresas por sus propios méritos. Cambiar la ley para instaurar una cuota sería una traición a la meritocracia.

P.- Usted cuenta que la brecha salarial entre hombres y mujeres es mayor en Suecia que en Sri Lanka. ¿De verdad?

R.- Así es. La gente piensa que Suecia es la tierra prometida de la igualdad. Pero eso es porque no conocen el mercado laboral sueco. La diferencia de sueldos entre hombres y mujeres en Suecia es igual que la media europea y en muchos casos superior a la de algunos países mediterráneos. No lo digo yo. Lo dicen sus estadísticas. Las políticas de los gobiernos suecos han mejorado la conciliación familiar de las mujeres suecas, pero no han ayudado a lograr la igualdad entre ambos sexos. Y ese fue siempre su objetivo.

P.- Deme algún ejemplo.

R.- Las cifras dicen que es 10 veces menos probable que una mujer alcance un puesto directivo en una empresa en Suecia que en EEUU. Por eso insisto en que las políticas de igualdad que se promueven hoy en Europa no logran lo que se proponen y en ocasiones son contraproducentes. Los empresarios son más reacios a contratar a mujeres. Sobre todo en sus años fértiles porque saben que tienen derecho a una baja de maternidad muy larga.

P.- Usted cita el ejemplo de Alemania Oriental después de la reunificación.

R.- Así es. Allí el régimen obligó durante décadas a las mujeres a trabajar. Pero en cuanto el régimen cayó y les dieron la posibilidad de elegir, un cierto porcentaje de mujeres dejó de trabajar del todo y otro porcentaje mas alto decidió compaginar su vida personal con la laboral. Los políticos deberían tener estas cifras en cuenta y diseñar sus políticas sobre bases científicas y no sobre pura ideología.

P.- Sus cifras muestran que la brecha salarial entre ambos sexos es menor en España que en Finlandia.

R.- Sí. Y es muy fácil de explicar. Los países mediterráneos tienen un porcentaje mucho más alto de autónomos que los países nórdicos. Y al contrario que en los países nórdicos, hombres y mujeres desempeñan los mismos empleos porque trabajan en empresas familiares y no en grandes corporaciones. Y también esta el hecho de que en países como España hay más mujeres que no trabajan y eso supone que muchas de las que sí lo hacen tienen mejores sueldos porque se dedican por entero a su trabajo.

P.- ¿Algún otro motivo?

R.- Otro factor es que en países como España o Italia hay muy pocos empleos a tiempo parcial. En países como Holanda un alto porcentaje de mujeres tienen un trabajo de media jornada. En España no hay tanta flexibilidad y los empresarios buscan a personas que quieran trabajar a tiempo completo. Por eso los sueldos de varones y mujeres son más similares en España que en Finlandia.

P.- Las cifras dicen que hay empleos femeninos y empleos masculinos. ¿Cómo sabemos que eso no es fruto de la discriminación?

R.- El estudio más interesante sobre este asunto lo hizo la OIT y su conclusión es que China es el país con menor grado de segregación laboral entre ambos sexos. Es decir, aquél donde apenas hay empleos sólo de hombres o sólo de mujeres. Hay dos motivos que explican este liderazgo chino. El primero es que el régimen comunista obliga a todas las mujeres a trabajar. El segundo, que la exigencia de tener un solo hijo libera a las chinas de las obligaciones derivadas de una familia numerosa. Ahora que el régimen ha relajado sus normas, muchas mujeres están dejando de trabajar o trabajando a tiempo parcial y las zonas urbanas empiezan a parecerse a Occidente.

P.- ¿Y qué ocurre en Occidente?

R.- Uno de mis estudios más interesantes se hacía la siguiente pregunta: ¿es cierto que la principal causa de la diferencia de sueldos entre hombres y mujeres es que trabajan en sectores distintos? La Unión Europea cree que es así y se gasta millones de euros cada año para eliminar esa segregación de género. Pero mi estudio demuestra que ese dinero lo está malgastando porque no hay ninguna conexión entre la diferencia de sueldo y la segregación laboral. En mi estudio me fijé en aquellas profesiones que ejercen el mismo número de hombres y mujeres. La farmacia es el mejor ejemplo, porque las cifras de ambos sexos son muy similares en países muy distintos. Pues bien, según mi estudio, la diferencia de salarios entre farmacéuticos y farmacéuticas es del 27%. Un porcentaje más alto que la media nacional. ¿Por qué? Porque ellas trabajan a tiempo parcial y ellos no. Porque ellas como empleadas y ellos como gestores o propietarios. Porque ellas con contratos temporales y ellos con contratos fijos o son autónomos. Ellas en la farmacia del barrio y ellos en empresas transnacionales.

P.- Usted dice también que los hombres suelen pedir a sus jefes más dinero y las mujeres, más tiempo libre.

R.- Así es. Esa es la conclusión que arroja un estudio maravilloso que se llevó a cabo en EEUU y que dice que las mujeres no suelen pedir ni promociones ni aumentos de sueldo. Otra académica se dio cuenta de que al terminar la carrera sus alumnos siempre ganaban más que sus alumnas y quiso averiguar por qué. Todos eran graduados de una universidad de prestigio. Pero la brecha entre sus ganancias era muy importante y a esa edad no se podía achacar a condicionantes familiares. La conclusión es que la mayoría de las graduadas aceptaban la primera oferta de trabajo y los graduados, en cambio, ponderaban distintas ofertas hasta aceptar una mejor. La autora explica en el informe que este patrón de conducta explica las diferencias de salarios entre ambos sexos. Las mujeres piden otras cosas a sus jefes. Más tiempo libre o un contrato a tiempo parcial.

P.- Usted dice que es pequeño el porcentaje de mujeres que quieren dedicarse por entero a su carrera. ¿Pero depende ese porcentaje de la renta o de la formación?

R.- En España y en el Reino Unido se ha estudiado si estos porcentajes varían según la clase social, la formación o la renta económica y las cifras dicen que no. Esta actitud se repite en todos los grupos sociales y generacionales. Por supuesto, si una mujer es rica, ser ama de casa a tiempo completo es un lujo que se puede permitir. Pero también existen en clases menos pudientes. Y desde luego en todas las profesiones y en todos los estratos de la sociedad.

P.- ¿Eso es válido para España?

R.- Las aspiraciones de las mujeres españolas son muy similares a las de otras mujeres del mundo. Lo que es distinto es la rigidez del mercado laboral, que no les permite hacerlas realidad. Hay muy pocos empleos a tiempo parcial y los que hay son temporales o dependen de contratos basura. Las mujeres que se desenganchan del mercado laboral para tener un hijo lo tienen muy difícil para reengancharse a él.

P.- Usted dice que las mujeres todavía aspiran a casarse con alguien más rico que ellas. Y añade que es un rasgo que no depende de la renta, la cultura o la posición social.

R.- Esta tesis la expuse hace unos meses en un estudio. The Sunday Times pensó que yo no tenía razón y encargó una encuesta para desautorizarme. Para su sorpresa, las cifras me dieron la razón. Dos tercios de las británicas prefieren casarse con un hombre que gane más dinero que ellas. Y dos tercios también prefieren casarse con un hombre que tenga su mismo nivel educativo.

P.- ¿Y cómo lo interpreta?

R.- Las mujeres quieren vivir en un cierto entorno de igualdad y por eso buscan una pareja con una formación similar. Pero también quieren tener un marido con un sueldo mejor que ellas porque piensan en el futuro. En algún momento querrán tener un hijo y pasar más tiempo con él y en ese escenario es mejor que los ingresos de su esposo sean más altos para que la renta de la familia ni se resienta.

P.- ¿Cómo sabe que esa aspiración no es el fruto de una educación machista?

R.- El Reino Unido no es un país especialmente machista y este estudio se hizo en enero de este año. Este patrón de conducta lo encontramos en las mujeres jóvenes y en las no tan jóvenes. En todas las clases sociales y en todas las regiones. Lo que nos sorprendió fue que apenas había variaciones entre sectores de la población. Y cuando les preguntamos a los esposos de las encuestadas si sabían que sus esposas querían casarse con alguien con más sueldo que ellos, todos dijeron que ya lo sabían.

P.- Otro dato impactante. Sólo una de cada 10 mujeres con un empleo a tiempo completo lo retoma con las mismas condiciones cuando su hijo ha cumplido tres años.

R.- Yo diría que esa cifra no es el reflejo de un entorno machista sino el reflejo de las elecciones vitales de cada persona. Nosotros hablamos con muchas mujeres en ese estudio y todas nos dijeron que al final hacían más o menos lo que querían hacer. Por supuesto, habían tenido algunos problemas. Pero fue algo temporal. La mayoría de las mujeres prefiere quedarse en casa hasta que su hijo cumple tres años. Muchas hasta que va a la escuela y algunas incluso más tiempo. Los gobiernos no dejan de decir que las mujeres quieren más guarderías. Pero lo que deberían hacer es promover los empleos a tiempo parcial.

Lo mejor de nosotros

Publicado por el 6 sep, 2011 en Tercera Cultura | 0 comentarios

por Arcadi Espada en Diarios de Arcadi Espada
The Better Angels of our NatureEl Guardian actualizaba ayer los últimos detalles de una de las noticias más importantes de nuestro tiempo: el declive de la violencia. Que es, precisamente, el asunto del próximo libro de Steven Pinker, The Better Angels of our Nature, que quizá pudiera traducirse por Lo mejor de nosotros. El periódico inglés se limitaba a las noticias de Estados Unidos. El dato más espectacular es que los delitos graves (asesinatos, violaciones, robos con violencia, etc.) han caído a los niveles de hace casi medio siglo. Nueva York o Washington, capitales del crimen no hace mucho, ofrecen unos datos globales realmente inesperados. Y creíbles: se trata de series estadísticas que gozan del beneficio científico del tiempo. Los datos contradicen también la principal visión sociológica del crimen, que lo presenta como un acto racional motivado por dificiles situaciones particulares. Durante los tres años de crisis económica los índices de criminalidad no sólo han caído sino que la caída se ha acelerado en las ciudades, es decir, en el violento corazón de la pobreza contemporánea.

¿Por qué?

Con luces largas hay que volver a Pinker. Una razón es la extensión del Estado y el castigo. Otra es la extensión de la conciencia. El propio Pinker lo ejemplificaba en una reciente conversación con Punset: «Nos miramos a nosotros mismos y nos decimos: “Deseo defender el honor de mi país, pero ¿es moralmente defendible o es que simplemente la testosterona se me ha subido a la cabeza y quiere que me convierta en macho alfa?» Una tercera es el periodismo. Sin duda. Y reclamo, orgullosamente, mi copyright: el periodismo, tan necio y sucio a veces, es la mayor fábrica de empatía de nuestro tiempo.

Las luces cortas proyectadas sobre América iluminan otras hipótesis, inevitablemente más polémicas. Las tasas del encarcelamiento americano (cuatro veces más altas que hace 20 años), en primer lugar: simplemente muchos delincuentes han desaparecido de las calles, y por más tiempo que en otros países. Y luego, la caída del tráfico de drogas, especialmente del crack. Sin que falte ésta, que popularizó Freakonomics, en la que tanto creo y cuyo enunciado provoca tantos y tan estupendos conflictos morales: el aborto: esa guerra preventiva.

Todos los porqués, en cualquier caso, empalidecen ante el que plantea Pinker: «Deberíamos preguntarnos no sólo ¿por qué hay guerra? Sino también, ¿por qué hay paz?. No sólo ¿qué estamos haciendo mal? Sino, ¿qué hemos estado haciendo bien?” Porque algo hemos estado haciendo bien y sería bueno averiguar qué es.»

Algo hemos hecho bien. Una gran noticia.

Richard Dawkins: La teoría de la evolución debería enseñarse a niños mayores de 5 años

Publicado por el 3 sep, 2011 en Tercera Cultura | 3 comentarios

por Eduardo Robredo Zugasti en http://www.revolucionnaturalista.com
Richard Dawkins: La teoría de la evolución debería enseñarse a niños mayores de 5 años

Richard Dawkins es un peligroso radical que desearía que a los niños se les enseñara la verdad. A mediados de este mes se publica su último libro, en principio dirigido a un público joven, The magic of reality. Esta obra hace una temeraria propuesta: cuando un niño pregunta de dónde venimos, lo más razonable es contarle la verdad. La respuesta está en la ciencia natural, no en los mitos, o en la magia:

Me gustaría argumentar que la verdad de la evolución es más interesante y más poética, incluso más divertida, que el mito, o cualquiera de los cientos de mitos sobre la creación que hay alrededor del mundo. Y, quizás sorprendentemente, la evolución puede enseñarse de tal modo que sea más fácil de entender que un mito. Esto se debe a que los mitos dejan las cuestiones de los niños sin respuesta, o bien plantean más cuestiones de las que aparentan resolver. La evolución es una explicación auténticamente satisfactoria y completa de la existencia, y sospecho que es algo que los niños son capaces de apreciar desde una edad temprana.

El problema es que los niños no pueden “apreciar” la verdad de la evolución si lo único que hacen los educadores es reforzar los prejuicios cognitivos favorables al pensamiento mágico y religioso (Kelemen, 2007) [PDF], que Dawkins parece no tener demasiado en cuenta. Así que la iniciativa de hacer obligatoria la enseñanza de la evolución para los niños, probablemente se encontrará con dificultades institucionales, procedentes de los escépticos religiosos que detectan un turbador “darwinismo ideológico” en la pretensión de explicar el mundo natural sin referencia última a un diseño divino, pero también con resistencias naturales no culturales, que paradójicamente no dejan de ser una consecuencia más de la evolución.

Rayos cósmicos

Publicado por el 2 sep, 2011 en Tercera Cultura | 2 comentarios

por en http://antonuriarte.blogspot.com

Rayos cósmicosPublicó Nature el 29 de agosto un artículo en el que 63 firmantes (!) se apuntan el tanto de reconocer, de forma indirecta y disimulada en un título casi esotérico, que es probable que la variación de los rayos cósmicos que entran en la atmósfera tengan su importancia en la formación de las nubes y por lo tanto en la variación de la nubosidad total y en la evolución del clima. O sea que no es sólo el CO2 lo que ha podido ocasionar la ligera variación climática del siglo XX.

Con este artículo, la teoría de Svensmark, tan denostada durante años por la chulería de la ciencia oficial, ha marcado un punto en campo contrario.

Ya escribí sobre esto  hace más de tres años : co2: Nubes y radiación cósmica

Pensamiento ecológico (III). Ciencia, ética, estética y mitología

Publicado por el 31 ago, 2011 en Tercera Cultura | 1 comentario

autor: Fernando Peregrín Gutiérrez

Pensamiento ecológico (III). Ciencia, ética, estética y mitologíaTengo para mí que todo esto se reduce a un apriorismo del autodenominado pensamiento social alternativo, progresista y ecológico: que los valores instrumentales son intrínsecamente perversos, por egoístas, conservadores, capitalistas e insolidarios. No creo que merezca la pena rebatir esta simplicidad, baste tal vez con decir que, desde un punto de vista naturalista, todos los valores de los entes ecológicos son instrumentales (o utilitarios) y dependientes del contexto (individual, social, histórico, cognitivo, etcétera). Lo cual no implica, necesariamente, caer en el vacío del relativismo ético total. La experiencia nos enseña que los problemas éticos o de valores se presentan más acuciantemente cuando es necesario elegir entre una pluralidad de opciones asociadas a valoraciones distintas, muchas veces conflictivas e, incluso, contradictorias y excluyentes entre si, pero que desde un punto de vista racional, son igualmente válidas. En resumen, cuando nos encontramos ante situaciones en las que podemos elegir entre A y B, pero no podemos tener A y B a la vez. No puedo explayarme aquí sobre mi convencimiento de que es posible establecer, en esos casos, una jerarquía de valores mediante el pragmatismo, la tolerancia, y la predisposición a llegar a acuerdos lo más convenientes posibles, obviando aquellas opciones en las que la evidencia empírica y científica, la experiencia o el consenso nos indican que son las peores y menos deseables. En suma, debemos buscar y tratar de asentar una ética basada en la claridad de ideas, compatible con nuestro mejor conocimiento científico, libre de prejuicios infundados y fundamentalistas, que sea capaz de establecer con suficiente precisión y extensión una escala de valores para cada caso particular, y siempre sujeta a la discusión y modificación para respetar un modus vivendi basado en acatar nuestra pluralidad cultural e individual a la vez que nuestra unidad como una especie totalmente dependiente de la biosfera, nuestro único hábitat disponible de momento.

Economicismo y análisis coste/beneficio

Ocurre, empero, que se suele asociar el valor instrumental con la simple valoración económica de las cosas o las acciones. Desembocamos así en otra disputa entre expertos en cuestiones medioambientales. Por un lado está la visión predominantemente economicista y, por otro, la fundamentalmente ecológica. Se suele también decir que los primeros son optimistas respecto del ingenio y la tecnología humana para resolver las crisis medioambientales y de recursos básicos y no renovables, y que los segundos adoptan posturas pesimistas cuando no, netamente catastrofistas. Los ecologistas acusan a los economistas de recurrir constantemente a los análisis de coste/beneficio y a incurrir con frecuencia en la falacia de la relación directa entre precios y escasez (o abundancia) de los recursos no renovables. En parte, es cierta esta segunda observación, ya que es típico de muchos economistas argumentar que la escasez indica necesariamente una subida de precios; y que cuando esto no ocurre, es que no hay tal escasez de dichos recursos, olvidando incluir en el argumento la premisa de que el precio no sólo es función de la abundancia o escasez, sino del hallazgo de nuevas reservas, del abaratamiento de la puesta en el mercado de dichos recursos, así como del menor consumo debido a su sustitución por productos sintéticos o de distinta naturaleza, pero que realizan la misma función. Para algunos, como por ejemplo el economista americano Julian Simon, mentor del citado y polémico Bjørn Lomborg, este ciclo no tiene un final previsible, pues la confianza en el intelecto humano para crear continuamente tecnologías que resuelvan los problemas de escasez de recursos naturales, es absoluta.[1] Es claro que los ecologistas no comparten para nada el optimismo desbordado de Simon y sus seguidores. Lo curioso es que, en general, esta visión de los economistas, ligada al progreso y al crecimiento económico, parece ser, para muchos políticos y activistas “verdes”, un mal exclusivo del capitalismo liberal, olvidando que el del Estado del marxismo clásico y ortodoxo puede ser—y de hecho lo fue—tan o más agresivo con la naturaleza y esquilmar en igual o mayor medida los recursos no renovables. En realidad, la tradición marxista estaba más incapacitada que la liberal para afrontar la crisis de conciencia ecológica que creó en los países de economía de mercado los movimientos sociales de finales de la década de los 60 del siglo pasado. Sólo cuando los marxistas, y en general los partidos socialistas y socialdemócratas, vieron el gran éxito social y político de los movimientos cívicos “verdes”, empezaron a interesarse por cuestiones medioambientales. Entonces observaron un importante movimiento capaz de producir cantidades notorias de votos e intentaron influir en él, pero fue y es simplemente una cuestión de interés en el poder político más que un intento sincero de incorporar en sus programas y planteamientos económicos las tesis y propuestas de los ecologistas, lo que significaría cambiar de raíz la ideología básica de progreso y desarrollo social de la izquierda.[2] Es verdad que algunos partidos políticos “verdes”, cuando se han visto involucrados en el gobierno (como ha sucedido, principalmente en Alemania), han empezado a adoptar posturas más pragmáticas y han visto como inevitable la necesidad del análisis de coste/beneficio. Por supuesto que tal análisis es irrealizable desde posturas fundamentalistas basadas en valores intrínsecos arbitrarios y en éticas extremadamente ecocéntricas. Mas aunque se adopte un utilitarismo, moderado por el respeto a los derechos humanos y a ciertas reglas morales básicas sobre el medio ambiente, no es fácil muchas veces llevar a cabo el análisis en términos puramente económicos. Pues, ¿cómo cuantificar la biodiversidad y sus beneficios? ¿Qué importancia le dan los seres humanos de diferentes culturas a un aire puro y a un entorno estéticamente placentero? ¿O a la conservación de especies en peligro de extinción? Estas y otras tantas preguntas similares tienen difícil respuesta, incluso en términos cualitativos. Se podrá argumentar que algunos problemas medioambientales que afectan a la salud, se pueden cuantificar evaluando el ahorro sanitario que se consigue previendo las posibles patologías que puedan provocar y su consiguiente alivio o curación. Pero ésta, generalmente, es sólo una pequeña parte del análisis, que resulta así muy incompleto. Sin embargo, en general, podemos calcular—aunque frecuentemente con grandes desviaciones finales según la magnitud y complejidad del problema—el coste de las acciones orientadas a restaurar y conservar tanto ecosistemas como toda la biosfera. Pero aquí también hay que introducir costes intangibles, como los sacrificios en consumo y confort que, para ciertas sociedades, conllevan muchas de esas medidas. Tal vez por estas dificultades, y por motivos de estrategias políticas, rara vez las ONG ecologistas y los partidos “verdes” informan de los costes que suponen sus propuestas y programas. Indudablemente, en algunos casos, como el del cambio climático, el problema sea tan grave y acuciante que no quede más remedio que empezar a tomar medidas cuanto antes, sea cual sea su coste. Mas ello no es óbice para que los ciudadanos estén bien informados de lo que les va a costar, en dinero y en comodidades.

Desarrollo sostenible y OGM

Ante esta realidad, se recurre a grandes generalidades que acaban convirtiéndose en manidos tópicos, como el llamado desarrollo sostenible. Todos los ecologistas y políticos “verdes” hablan de esta estrategia (que ha acabado contagiado a la izquierda tradicional), aunque no hay acuerdo ni en lo que realmente significa ni en cómo ponerla en práctica, aunque, normalmente, se propugnan drásticas medidas de control y gran intervención estatal en los procesos económicos e industriales (algunas propuestas rozan el “estalinismo ecológico”). Es inevitable, en todos los casos, que se produzca la contradicción de que si el crecimiento es sostenible, requiere que sea acumulativo, y por muy reducidos que sean los incrementos anuales, como acaece con el interés compuesto, el acrecimiento es exponencial, y transcurrida una fracción insignificante del tiempo que la humanidad lleva habitando nuestro planeta, se llega a la saturación, y es imposible seguir sosteniendo ningún tipo de desarrollo[3]. Para escapar de este callejón sin aparente salida cabe la solución del crecimiento cero o negativo, lo cual es, dada la situación de una gran parte de la humanidad, éticamente inaceptable y políticamente inviable. La alternativa es apostar por que el avance del conocimiento científico y la tecnología que se pueda desarrollar a partir de él, nos permitan ampliar sustancial, aunque siempre limitadamente, los confines del desarrollo. Mas de nuevo nos topamos con posturas frecuentemente anticientíficas y seudocientíficas de los teóricos y líderes de los movimientos ecologistas.[4] Como acaece en el caso de los organismos genéticamente modificados (OGM, esto es, por ejemplo, plantas y animales transgénicos), donde el exceso de celo puesto en aplicar a rajatabla el llamado principio de precaución va bastante más allá de lo científicamente razonable para la evaluación de los posibles riesgos. La pretensión de exigir la demostración del riesgo nulo, la seguridad total, es un disparate científico que se usa en demasiadas ocasiones falazmente para impedir, incluso, la investigación sobre la naturaleza y alcance de los propios riesgos medioambientales y de salud de los consumidores que se pueden derivar de productos obtenidos mediante las nuevas biotecnologías. [5] Al rechazo de muchos ecologistas a los OGM, basado en la exageración de los peligros de contaminación genética de cultivos más o menos próximos a aquellos, que supondría comprometer en mayor o menor medida la biodiversidad del entorno, y en la desmesurada estimación de los hipotéticos daños para la salud de los consumidores, se junta, en este caso, el de los profetas y propagandistas de los movimientos antiglobalización y “altermundistas”, derivado del recelo de la imposición del llamado “monopolio de las semillas” y otros productos asociados—como los pesticidas específicos—por parte de una pocas y demoníacas multinacionales de biotecnología de la agricultura y los alimentos (de las cuales, Monsanto es el Lucifer), lo que condenarían a la pobreza y a la hambruna por los siglos de los siglos a los países pobres y subdesarrollados. Estas creencias y planteamientos políticos han calado hondo en la opinión pública de muchos países europeos, lo que ha ocasionado moratorias en la UE, a veces, injustificadas, y largos, difíciles y muy costosos procesos para la aprobación de cultivos transgénicos. Es muy probable que esta estrategia, que se basa en intentar poner puertas al campo, acabe produciendo el efecto contrario al que se pretende, pues cuando los OGM se acaben implantado y generalizando, cosa poco menos que inevitable, el monopolio será mucho mayor del actual, ya que sólo unas pocas y muy poderosas empresas de biotecnología habrán sido capaces de superar los obstáculos europeos y de otros países, basados, repito, en una interpretación extrema del principio de precaución, a la investigación, desarrollo y comercialización de sus productos. Cuando esto ocurra, acabarán teniendo un dominio abrumador del mercado. Esta situación europea, forzada por una opinión pública, cuyo desconocimiento y credulidad han sido convenientemente manejados para lograr una fe ciega en creencias irracionales y supercherías, es muy posible que nos deje en desventaja científica y tecnológica respecto de otros países, principalmente Estados Unidos. Pero cuando numerosas ONG se oponen a las donaciones estadounidenses de grano a países africanos que sufren una tremenda hambruna, por la falaz y absurda razón de que, por ser transgénico, es perjudicial para la salud, ya no es un problema de posible retraso tecnológico, sino un grave error, casi un delito de lesa humanidad.[6] Un ejemplo paradigmático a la vez que patético de esta “guerra de las semillas y de los OGM” lo encontramos en la célebre ecofeminista, prolífica escritora de panfletos y líder del International Forum on Globalization, la hindú Vandana Shiva. Pese a que, al parecer—y no tengo razones para dudarlo—es doctora en Física Teórica, es una relativista cognitiva extrema, una especie de “ludita posmoderna”, y sus dogmatismos e ignorancia de los más sencillos principios agrícolas son un peligro público, no solo para su país, sino para muchos otros del Sur de Asia, donde se la escucha con devoción y respeto.[7]

Párrafo aparte merece el movimiento ecológico contracultural más ligado a los foros antiglobalización y “altermundistas” y a la new age: la ecología profunda y sus derivados, como el ya citado ecofeminismo. La ecología profunda (deep ecology o también ecosophy) es tan fundamentalista y dogmática, tan mística y esotérica que, más que una corriente ecologista de talante básicamente anticientífico, es una religión neopanteísta y pampsiquista, sin iglesias y con grandes dosis de sincretismo y relativismo cultural posmoderno extremo. Como ya se ha dicho anteriormente en una nota a pie de página, surge de los escritos de Arne Naess, y se basa en un desprecio visceral por el conocimiento racional y empírico de la ciencia, y su sustitución por una arcana sabiduría de nuestro “yo interior y espiritual” y la sapiencia trascendente de la Madre Tierra. Por su parte, el ecofeminismo culpa al patriarcado y al antropocentrismo de todos los males de la biosfera, y propone una ética feminista para la ecología, basada en la idea de la naturaleza como diosa femenina que nos nutre, cuida y protege.[8]

Deberes y derechos: la posteridad y los animales

Para terminar este sucinto repaso a las propuestas de éticas medioambientales, nos ocuparemos brevemente de las posturas que se quieren fundamentar en la moral y la justicia ecológica basada en los derechos, más que en los valores en si. Llama la atención, a este respecto, la facilidad con que se invocan las generaciones futuras como razón para adoptar posturas ecologistas más o menos extremas. Sobre todo en los países desarrollados, cuyas pautas reproductoras de su sociedad difícilmente harán posible que tengan posteridad. Curiosamente, hay muy poca literatura que aborde, desde un punto de vista racional y analítico, el problema de los derechos de las futuras generaciones (y la que hay, es a partir de mediados de los años 70 del siglo pasado). Principalmente, porque es muy difícil hablar de un sujeto de derecho cuya existencia es puramente hipotética y que carece de la posibilidad de tener deberes para con nosotros. Adicionalmente, la creciente inclinación teórica de los guías intelectuales ecologistas y de los movimientos y las ONG, en general, hacia una ética ecocéntrica y de valores intrínsecos, hace que se pueda uno incluso preguntar si es un valor positivo la continuidad de la especie humana. Si a esto añadimos la dificultad, por no decir imposibilidad de los seres humanos de sentir preocupación real, la que justifica privaciones y sacrificios, por generaciones posteriores a la de sus nietos, como mucho—piénsese en la gran crisis actual de las tradicionales relaciones familiares en muchas sociedades desarrolladas—, no debe sorprendernos esta falta de discusión sobre nuestra posteridad. Cierto que se han hecho propuestas desde el utilitarismo, tanto intentado justificar el valor de la continuación de la especie humana como apoyándose en posturas estéticas, comparando nuestra preocupación por legar en buen estado nuestro patrimonio artístico y cultural con la preservación de la belleza de la naturaleza.[9] Se pueden poner muchas objeciones a estas propuestas, tanto desde el punto de vista pragmático (hay diferencias sustanciales de todo tipo entre la conservación de obras de arte y la de las bellezas naturales), como estético (no sabemos los gustos de las futuras generaciones, y aunque podemos suponer que no serán muy distintas de las nuestras, no dejan de ser especulaciones). Tampoco sabemos con qué conocimientos científicos y medios tecnológicos se contará en un futuro para abordar los problemas ecológico.

Una propuesta interesante es la debida a John Rawls, y su “contrato hipotético” basado en “la justicia entre generaciones”. Mas, de nuevo, se presentan los problemas de que, al no existir alguna de las partes contratantes, se reduce casi todo a una negociación más bien virtual.[10] Pero sí se puede buscar el establecimiento una cadena de contratos generacionales entre padres, hijos y nietos, que se base en motivos naturales de preocupación por la progenie. Pues más que la extinción de la especie humana, que para muchos es una pura entelequia, lo que puede mover a serios sacrificios a cada generación es el temor a los sufrimientos que producen los primeros zarpazos del proceso que lleve a que nuestro planeta sea inhabitable. Si pensamos en ello, y tenemos la información fiable y precisa que nos proporcione el convencimiento de que existe un riesgo próximo de determinados y concretos peligros, es posible convenir entre padres e hijos una conducta ecológica sensata por el bien de los nietos de unos, e hijos de los otros. Así se puede intentar establecer unos primeros eslabones de tres generaciones que, convenientemente ensamblados y extendidos, puedan crear una cadena intergeneracional. Quizá la primera cláusula del contrato sea: cuando nos vayamos de aquí, dejaremos las cosas, al menos, como estaban.

Si difícil resulta teorizar sobre los derechos de las generaciones futuras, más complicado parece el consenso para establecer los derechos de los animales. El llamado movimiento de liberación animal (que tiene origen en las clásicas sociedades protectoras de animales) es muy reciente, pues apenas cuenta con algo más de treinta años.[11] Los dos tratadistas más conocidos e influyentes son Peter Singer y Tom Reagan.[12] Mientras el primero se centra en derechos legales, el segundo lo hace en principios morales y en la igualdad del valor inherente de los humanos y los animales. Su postura se puede concretar en tres puntos: a) abolición total del uso de animales en la investigación científica; b) desaparición total del comercio de animales de granja y c) eliminación total de la caza de animales (con armas de fuego o trampas), sea por motivos comerciales o deportivos. La posición que defiende Singer es la del utilitarismo clásico: solo que en la fórmula de actuar imparcialmente para maximizar el bienestar general de la mayoría, reduciendo el sufrimiento y promoviendo el placer y la felicidad de la mayor cantidad de seres posibles, entre esos seres, y en pie de igualdad con los humanos, hay que contar con los animales. Así, no hay prohibiciones ni principios generales, por lo que habrá que considerar caso por caso. Verbigracia, se pueden usar animales para la experimentación siempre que se les haga el menor daño posible y que el beneficio obtenido para los humanos u otros animales, sea mayor que la pena o la muerte infringida a los que se usen como cobayas.

Renuncio en este punto a martirizar al lector con más información o análisis de la generalmente farragosa, fundamentalista, llena de retórica sentimental, contradictoria e incoherente literatura sobre el debate de los derechos de los animales.[13] Dejemos la moralina de baratija, y procedamos según el sentido común: disfrutemos de los animales, mejoremos sus condiciones de crianza y sacrificio cuando hayan de servirnos de alimento (también se puede reducir a lo básicamente necesario el consumo de proteínas animales, aunque los gourmets de las carnes rojas no estarán muy de acuerdo) y experimentemos con ellos—produciéndoles el mínimo de sufrimiento posible—para mejorar nuestros fármacos mientras ello sea absolutamente necesario. Pues por mucho que amemos a los animales, si son imprescindibles para investigar sobre medicamentos que puedan evitar dolor e incluso, salvar la vida a nuestros nietos, pongo por caso, es lógico que, en la escala de valores de nosotros, los humanos, los que portan nuestros genes estén por encima de los miembros de cualquier otra especie.

Un ensayo sobre el pensamiento ecológico no debe terminar sin haber incluido una mención de agradecimiento a los movimientos cívicos medioambientales y a ciertas ONG de ecologistas (pese a que algunas han practicado en más de una ocasión, una especie de “ecoterrorismo”) por haber hecho de la preocupación por el medio ambiente una componente fundamental de la cultura actual de muchas sociedades. Mérito importante en la aparición de dichos movimientos lo tiene Rachel Carson, quien con su libro Silent Spring (1962) abrió los ojos de muchos ciudadanos y del gobierno de Estados Unidos para que vieran que gran parte de las prácticas que se consideraban entonces normales, verbigracia, el uso del DDT y de otros pesticidas cuyos efectos sobre los humanos y el medio ambiente se desconocían, eran erróneas y, a menudo, gravemente peligrosas.[14] Para muchos, hubo un antes y un después de esta publicación. La celebración del primer Día de la Tierra, el 22 de abril de 1970, demostró a continuación que ese después era tan importante que iba a cambiar radicalmente la historia del pensamiento ecológico.

FERNANDO PEREGRÍN GUTIERREZ, ensayista científico y miembro del panel de expertos (TEAP) de la UNEP (ONU) para el Protocolo de Montreal sobre la protección de la capa de ozono atmosférica.


[1] Julian Simon, Can the Supply of Natural Resources Really Be Infinite? Yes! Peproducido por Donald VanDeVeer y Christine Pierce, op. cit.

[2] John Bellamy Foster, Marx’s Ecology: Materialism and Nature, Monthly Review Press, Nueva York, 2000. Asimismo, véase Manuel Arias Maldonado, Retórica y verdad de la crisis ecológica. Revista de Libros, núm. 65, mayo de 2002.

[3] El hito más importante sobre previsiones del futuro del desarrollo de la humanidad es el primer informe del Club De Roma, Los límites del crecimiento (1972), que tuvo un enorme impacto en la economía mundial.

[4] Es frecuente que las organizaciones ecologistas cuenten con científicos y expertos técnicos en nómina o como colaboradores voluntarios. Salvo pocas y honrosas excepciones, estos suelen limitarse a intentar dar una vitola de seriedad y prestigio académico a las doctrinas políticas de estas organizaciones “verdes”.

[5] Se puede conocer una exposición clara y competente de esta cuestión en: Francisco García Olmedo, Plantas con luz propia: la tercera revolución verde. Editorial Debate, 1997.

[6] Francisco García Olmedo y Pablo Rodríguez Palenzuela, Hambre y pobreza: mitos y cifras. Revista de Libros, número 83, noviembre de 2003.

[7] Francisco García Olmedo, El mito de Vandana Shiva. Revista de Libros, número 88, abril de 2004. También: Vandana Shiva, Development, Ecology, and Women. Reproducido por Donald VanDe Veer y Christine Pierce, op. cit.

[8] Arne Naess, Self-Realization: An ecological Approach to Being in the World. Reproducido por Donald VanDe Verr y Christine Pierce, op. cit. Véanse también otros artículos recogidos en este libro así como Christopher Belshaw, op. cit.

La falta de espacio me impide denunciar otra falacia de los movimientos ecologistas, la de las llamadas energías renovables alternativas (eólica, solar, biomasa…), cuando lo que son en realidad, y posiblemente por muchos años más, meramente complementarias, en porcentajes que rondan el 10-15% de la producción total. Es mi deseo equivocarme, mas me temo que la moratoria nuclear la vamos a pagar muy cara.

[9] Peter Singer, Ética Práctica, Cambridge University Press, 1995. Existe una edición anterior, de 1984, en Editorial Ariel.

[10] Ernest Partridge: Future Generations. Reproducido por Donald VanDeVeer y Christine Pierce, op. cit. Véase también: John Rawls, Teoría de la justicia, FCE, Madrid, 1978.

[11] Peter Singer, Animal Liberation at 30. New York Review of Books, vol. 50, núm. 8, 15 de mayo de 2003. Véase también, del mismo autor, Animal Liberation. Reproducido por Donald VanDeVeer y Christine Pierce, op. cit. Véase también, de Jesús Mosterín, Los derechos de los animales (1995) y ¡Vivan los animales! (1998), ambas obras editadas por Editorial Debate.

[12] Christopher Belshaw, op. cit. Véase también: Tom Reagan, The Case for Animal Rights. Reproducido por Donald VanDeVeer y Christine Pierce, op. cit.

[13] Hay varios ejemplos de lo dicho en Donald VanDe Veer y Christine Pierce, op. cit., y en Christopher Belshaw, op. cit.

[14] Rachel Carson, Primavera silenciosa. Editorial Crítica, colección Dakontos, 2001.

Entrevista al neurocientífico Oscar Vilarroya Oliver

Publicado por el 30 ago, 2011 en Tercera Cultura | 1 comentario

CasparoCon motivo del 22º Congreso Internacional sobre Inteligencia Artificial 2011 se celebró el 18-7-2011 en el Palau de la Música en Barcelona una ópera, Casparo donde el tema principal es la evolución de la inteligencia artificial de un robot y su sensibilización al mundo. La pieza trata sobre un robot  de nombre Casparo que es adquirido por un humano llamado Graziano, con la finalidad de que aprenda a cocinar para ganar concursos y dinero. Pero la esposa de Graziano por casualidad le enseña a cantar y Casparo decide dedicarse a la música. Casparo ha recibido una fuerte impronta de Rosalinda y se enamora de ella. Graziano pretende destruir al robot pero la amada acude en su rescate.

La música es de LUC STEELS, uno de los pioneros de la AI en Europa.

El libreto es del neurocientífico OSCAR VILARROYA OLIVER,

Oscar Vilarroya

Oscar Vilarroya

Médico, director de la unidad de Neurociencia cognitiva de Universitat Autonoma de Barcelona (UAB) y profesor de psiquiatría de la UAB. Ha escrito vario libros de ciencia ficción, incluyendo “Palabra de robot”. Autor de poesía y novela, ha colaborado en el ballet “Orion” representado por el coreógrafo Cesc Gelabert en el  Mercat de les Flors en Barcelona in 2009.

Tercera Cultura ha tenido la oportunidad de entrevistarle a propósito de Casparo.

1- Dice que le gusta inventar maneras divertidas para reflexionar sobre cómo funciona la mente. ¿Cómo cuáles?
Entre otras, hasta ahora me he servido de la novela, el teatro, el cuento, el documental de ficción, los juegos, la magia y, como más reciente, la ópera. Cualquier expresión artística o lúdica del ser humano es una posible vía para explicar el funcionamiento del cerebro.
2- ¿Qué le llevo a esta idea de una ópera sobre inteligencia artificial? La idea original fue de Luc Steels. Él estudió composición en su juventud y le había quedado el deseo de escribir ópera. Durante los muchos ratos que pasamos juntos en el último proyecto de investigación en que colaboramos, nos animamos mutuamente a llevar a cabo el proyecto de Casparo.
3- ¿Tuvo que convencer a muchos?
Tuvimos la fortuna de encontrar a casi todo el mundo con muy buena predisposición. En especial, hay que mencionar a Carles Sierra y Ramón López de Mántaras, organizadores locales del último IJCAI, que mostraron en todo momento un gran entusiasmo en el proyecto.
4- Hay ya precedentes de óperas “científicas”. Pienso en Einstein on the Beach, de Phillip Glass. ¿Qué diferencias ve entre ésta y la suya?
Einstein on the Beach es una ópera inspirada en la figura de Einstein. En nuestro caso, Casparo utiliza personajes de ficción para introducir temas clásicos en inteligencia artificial.
5- ¿Es un aficionado a la ópera?
Soy un aficionado a la música operística. La dramaturgia que se ha usado clásicamente en la ópera me ha tirado siempre para atrás, aunque últimamente estoy disfrutando mucho más.
6- ¿Por qué situarla en el barroco?
La música que tenía Luc Steels en mente para esta ópera era de estilo barroco. De ahí que me inspirara en personajes de la Commedia dell’arte para crear un libretto de inspiración barroca.
7- Habla usted de una obra lírica sin pretensiones, un drama lírico. ¿A qué se refiere?
La Commedia dell’arte es un mundo en donde los personajes tienen pasiones muy intensas y fáciles de entender, y el drama permite modular estas pasiones para crear una historia atractiva.
7- ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Los androides pastores seguro que soñarán con ovejas, y sus ovejas con androides.
9- ¿Por qué una historia de amor?
Porque es el cliché más versátil.
10- ¿Es el amor el aspecto más complejo de la inteligencia artificial?
De momento el aspecto más complejo de la inteligencia artificial es la inteligencia.
11- Una parte de los investigadores piensa que la inteligencia es una propiedad abstracta de ciertos sistemas. Los biologistas, en cambio, creen que se ha de estudiar el cerebro para comprenderla. ¿Es precisa la carne para el amor?
¡Por supuesto!
12- ¿Sabremos alguna vez si un robot es “consciente”?
Tendremos tanta certeza de ello, como de si nuestro vecino es consciente.
13- La música y la informática llevan recorrido ya un largo camino juntos, empezando con los sintetizadores electrónicos y otros programas para producir música. De hecho, hay ya piezas musicales compuestas por ordenador. ¿Está lejos el día en que se le den ciertas instrucciones a un ordenador o conjunto de ellos y produzcan estos una ópera verista, pongo por caso?
Un ámbito en el que los humanos hemos fracasado continuamente es en el de las profecías. Y yo, en particular, no he salido muy airoso de mis predicciones. Por lo que lo máximo que me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, es que, si seguimos progresando tecnológicamente, no veo ningún motivo para que no aparezca una inteligencia artificial creativa.


Casparo
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Atención: El autor nos ha pedido expresamente que no lo subamos a ningún YouTube, Vimeo o parecido por lo que  deberéis tener un poco de paciencia si no se visualiza de inmediato.

Podéis descargaros el vídeo en mp4  pulsando aquí (ZIP)

Reproductor MP3: [mp3j track="http://www.terceracultura.net/tc/media/casparo/casparo.mp3"]

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