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Daniel Kahneman: Pensamiento rápido y lento

Publicado por el 5 dic, 2011 en Libros / Reseñas, Tercera Cultura | 15 comentarios


Daniel Kahneman

Daniel Kahneman (1934-) es un psicólogo norteamericano-israelí, actualmente profesor emérito en Princeton e incluido hace poco en la lista de 100 pensadores globales más influyentes por la revista Foreign Policy. Aunque Kahneman ha recibido su Nobel en 2002 junto con Amos Tversky por su contribución a la teoría económica, las repercusiones de su trabajo son muy amplias, y prácticamente no hay un área de las ciencias humanas que pueda permitirse ignorarlas.

Su última publicación, Thinking. Fast and slow, orientada a no especialistas, abarca varias décadas de trabajo como psicólogo experimental y es uno de los libros científicos más comentados (y vendidos) de este año.

Dos sistemas, un sólo cerebro

No intentes resolver este acertijo y procura emplear la intuición:

Un bate y una pelota cuestan $1.10
El bate cuesta un dólar más que la pelota.
¿Cuánto cuesta la pelota?

La respuesta de 10¢ se presenta como una intuición rápida, potente y atractiva, pero es incorrecta. Para llegar a la solución correcta, 5¢, muchos tendremos que recurrir al lápiz y al papel, transformando el acertijo en una ecuación matemática. Tendremos que recurrir a la forma más lenta y fatigosa de pensar que permite nuestro cerebro. Algunos psicólogos consideran que este tipo de test es un predictor más válido sobre la inteligencia que los test sobre cociente intelectual corrientes. En este caso, nos sirve para ilustrar que las intuiciones pueden ser erróneas, no importa lo poderosas que parezcan.

Aunque tenemos una sola mente, no tenemos una sola forma de decidir. Daniel Kahneman propone entender la toma humana de decisiones partiéndola en dos “sistemas” principales. El Sistema 1 es un esclavo de las emociones y actúa  “rápida y automáticamente, con pequeño o ningún esfuerzo y sin el sentimiento de un control voluntario.” El Sistema 2, por contra, funciona como un agente racional que “concentra con esfuerzo la atención hacia las actividades mentales que así lo demandan, incluyendo las computaciones complejas. Las operaciones del Sistema 2 están asociadas a menudo con la experiencia subjetiva de la agencia, la elección y la concentracion.”

La mayoría de nuestros juicios diarios son obra del Sistema 1, ocurren de forma automática, intuitiva y emocionalmente, y nos permiten desenvolvernos de forma razonable en nuestra vida práctica. Pero el Sistema 1 también genera todo tipo de intuiciones erróneas con consecuencias triviales o catastróficas. Solamente cuando entra en juego el Sistema 2, postergando las gratificantes sugerencias del sistema emocional, y sólo tras invertir un gran esfuerzo cognitivo, podemos intentar resolver los problemas difíciles o contraintuitivos.

Hacia un nuevo concepto de racionalidad

Kahneman sugiere que examinemos la naturaleza de la racionalidad a través de sus errores más que a través de sus triunfos. Estos errores o sesgos cognitivos tienen la virtud de aparecer de forma inadvertida para nuestra mente consciente. Tienen además un carácter irresistible en los seres humanos psicológicamente sanos y se dan sistemáticamente si concurren las circunstancias adecuadas. Para poner algunos ejemplos (la lista de errores cognitivos sistemáticos es bastante grande), la ilusión de causalidad se da de forma natural cada vez que inferimos erróneamente que dos eventos naturales están intencionalmente relacionados entre sí (el experimento de Heider y Simmel es una temprana ilustración experimental de este principio), un descubrimiento que arroja mucha luz sobre el origen del pensamiento religioso. El efecto Halo ocurre cuando tendemos a atribuir características excesivamente positivas o negativas en una persona basándonos en pistas parciales pero emocionalmente atractivas, lo cual ayuda a explicar por qué el público ama irracionalmente a las estrellas de cine, o por qué hemos convertido a Steve Jobs en una especie de santo laico. La ilusión de validez afecta particularmente a los expertos en entornos difícilmente predecibles, como la política y las finanzas, provocando un exceso de confianza en predicciones infundadas y poniendo serias dudas sobre la eficacia de reputados especialistas y “pundits” mediáticos.

El Sistema 1 está preparado para creer, no para dudar y tiene tanto miedo de la incertidumbre y del azar que a menudo salta rápidamente a conclusiones precipitadas pero capaces de convertirse en buenas historias. Este hecho psicológico ayuda a entender por qué el fanatismo y la seguridad dogmática a menudo se sustentan en la ignorancia, o en evidencias claramente insuficientes, y por qué el escepticismo (una ardua operación del Sistema 2) sigue siendo tan costoso e impopular.

No es sólo la inteligencia, sino la racionalidad, es decir, la capacidad para amonestar a la parte más vaga de nuestro pensamiento, la propiedad que es realmente capaz de desvelar, y en algunos casos domar, los sesgos cognitivos naturales. Desde esta perspectiva, una persona “racional” no es ya aquella que tiene una visión del mundo más consistente, ni mucho menos la que es capaz de contar mejores historias. Tampoco es más racional quien rechaza las emociones en nombre de una inexistente razón desencarnada, sino aquella persona que es capaz de examinar sus propios prejuicios y de asumir que errar es natural. Una difícil empresa que, al fín y al cabo, hubiera firmado el mismo Sócrates: “Una vida sin examinar no merece ser vivida.”

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Clase magistral de Daniel Kahneman en EDGE: The marvels and flaws of intuitive thinking

Carnes curadas. Salazones y ahumados para conservar la carne

Publicado por el 2 dic, 2011 en Tercera Cultura | 3 comentarios

Autores: Equipo de divulgación científica de Eureka!

Jamones serranos en el techo de un bar

Jamones serranos en el techo de un bar. Autor Henri lapeyre. En Picasa. Licencia CC

Antes de la existencia de los frigoríficos se conservaban las carnes y los pescados sin que se estropeasen haciendo ahumados y salazones. Entre las carnes saladas más prestigiosas está el jamón serrano, cuyos elementos de conservación son la sal, el aire y el tiempo, a veces con la ayuda del humo, del aceite de oliva y de vinagre.

El autor romano Catón el viejo (234 aC-179 aC) en su obra «De Re Rustica», también conocida como «De Agricultura», en el capítulo CLXII nos dice que para preparar jamón debemos proceder  del siguiente modo. Primero compramos las piernas de cerdo y le quitamos los pies. Necesitaremos sal picada romana. Debemos esparcir una capa de sal en el fondo de un tonel o de un recipiente para la salazón. Debemos poner la pierna con la piel hacía la sal. Se pone una segunda capa de sal por encima y se pone otra pierna. Nueva capa de sal, nueva pierna… Así hasta tener todas las piernas. A la última hay que cubrirla totalmente con sal. Deben permanecer así cinco días. Después hay que reorganizar los jamones, los que estaban arriba se ponen abajo y viceversa. Después de un total de doce días se sacan los jamones, se limpia la sal y se cuelgan al aire libre durante dos días. Al tercer día se frota todo el cuerpo con aceite, se cuelgan y se ahúman durante dos días, se desmontan y se frota todo el cuerpo con una mezcla de aceite y vinagre. Después se pasan a la despensa. De ese modo «ni las polillas ni los gusanos los atacarán».

En esta fórmula están todos los ingredientes básicos que se han usado durante milenios para conservar las carnes sin que se pudriesen en épocas en las que no había frigoríficos. Los ingredientes son bien sencillos: sal, aire y tiempo con unos extras: humo, aceite y vinagre.

Si dejamos la carne al aire libre, en muy poco tiempo se pudre, sin embargo con esa fórmula dura bastantes meses, incluso años. El factor fundamental es la sal. Lo que pudre son las bacterias y mohos. Lo que hace la sal es desecarlos: matarlos. El modo de hacerlo es lo que se llama ósmosis. La llamada presión osmótica lo que hace es que el agua trata de ir desde la zona con menos concentración de sales hacia la zona de más concentración. En nuestro caso, si cubrimos la superficie del jamón con sal, la zona con mayor concentración es el exterior, por lo tanto, el agua de las células de la pierna y –ojo, esto es importante– de las bacterias y mohos, se va hacia la sal. Las células –incluyendo los microorganismos de la podredumbre– se resecan y mueren. De ese modo, mediante la presión osmótica, la sal ayuda a conservar los jamones; pero no es el único ingrediente que nos da Catón, también nos dice que frotemos con aceite la superficie, lo que hace que se forme una película que impide que entren las bacterias y los mohos; nos dice que hagamos lo mismo con vinagre, que por ser ácido mata los microorganismos. Por último, nos dice que hay que ahumarlo. Los humos contienen cientos de componentes, incluyendo muchos que son antibacterianos, otros que retrasan la oxidación de las grasas y muchos que dan sabor y olor.

Aunque la de Catón sea una de las primeras obras que nos han llegado sobre la fabricación del jamón nos consta que no es una invención romana sino que fue una tecnología importada de los celtas y de los galos. Y, si nos vamos un poco más lejos, veremos que la momificación en Egipto era esencialmente un sistema de conservar la carne mediante sales –recordemos que los egipcios usaban para las momias una sal que llamaban natrón: carbonato de sodio.

¿Quién nos iba a decir que básicamente el jamón serrano era cerdo momificado?

Salinas de Janubio

Salinas de Janubio. Autor Víctor Aranda. Picasa. CC

Sal

Tenemos la sal tan a mano y es tan barata que apenas reparamos en su importancia. Necesitamos sal para poder sobrevivir, aunque muchas veces basta con la sal que contienen los animales que comemos para tener cubiertas nuestras necesidades. Cuando nuestra dieta se hizo menos carnívora y se basó más en plantas cultivadas, tuvimos necesidad de conseguir sal de algún modo. La conservación de carnes y pescados mediante salazones todavía presionó más la necesidad de sal. Para poder obtener sal hay varios métodos, el más obvio es el de poner agua de mar en estanques poco profundos y dejar que el sol evapore el agua. Lo que queda es la sal. El problema es que para que eso funcione se necesitan dos cosas: estar al lado del mar y que haya sol suficiente para que se produzca la evaporación. Por ejemplo, en los países nórdicos, el sol no es suficiente. Allí desarrollaron la tecnología de quemar las turberas; entre las cenizas había sal. Un tercer método de obtener sal es la minería. Por suerte, hay minas de sal. Hay ciudades que existen gracias a que en ellas había minas de sal, el ejemplo paradigmático es Salzburgo, cuyo nombre literalmente significa ciudad de la sal.

La patata que encoge

La patata que encoge

Vamos a experimentar con la presión osmótica de un modo muy sencillo, con una patata, dos vasos y varias cucharadas de sal.

Cortamos una patata y preparamos varias patatas «chips», es decir, una tira con la base cuadrada y muy larga. Cortamos cuatro de la misma medida.

Llenamos un vaso con agua del grifo. Dentro de ese vaso ponemos dos patatas.

En otro vaso además del agua ponemos dos cucharadas de sal. Metemos en él las otras dos patatas. Esperamos al día siguiente. Ahora sacamos una patata del vaso que tiene solamente agua y otra del que tenía sal, veremos que la segunda –la del vaso con sal–  ahora es más corta. Esperamos otro día. Comparamos las dos patatas y volvemos a ver lo mismo: la que estaba en el agua con sal ha encogido.

La razón es muy sencilla: la sal en el vaso hace que la presión osmótica haga que el agua de la patata salga hacia el vaso. La patata pierde agua y por lo tanto disminuye de tamaño.

Elaine Pagels: ¿Por qué persiste la religión?

Publicado por el 30 nov, 2011 en General, Tercera Cultura | 10 comentarios

San Miguel en el combate con el dragón

Elaine Pagels es profesora de religión en la universidad de Princeton y autora de varios libros sobre los orígenes del cristianismo. En una de las últimas clases magistrales organizadas en EDGE este año, Pagels trata sobre uno de los fragmentos más raros y controvertidos de la Biblia: el Apocalipsis, mejor conocido como libro de las revelaciones en la cultura protestante.

Lo más desconcertante de este libro es que resulta difícil explicar su existencia e influencia desde las teorías dominantes en la sociología de la religión, de Durkheim a Weber. La naturaleza extravagante del libro, cuya auténtica autoría fue puesta en duda o atribuída a un discípulo de Jesús por los primeros comentaristas cristianos, desafía aparentemente cualquier comprensión de la religión en términos de utilidad social. En las revelaciones no encontramos ideas y ningún elemento que pueda introducirse cuerdamente en un código social sensato, únicamente “fantásticas visiones de monstruos, putas y ángeles batallando contra demonios”.

Pagels se pregunta por qué estas exóticas historias siguen interesando a la gente en general, y no a un reducido grupo de especialistas y arqueólogos de las curiosidades.

Sea o no el profeta Juan de Patmos el verdadero autor de las revelaciones, lo cierto es que no es el único libro profético escrito en la época por judíos, egipcios o cristianos. ¿Por qué concretamente estas presuntas revelaciones lograron superar la censura eclesiástica? Aunque en la ronda de preguntas y respuestas finales Pagels atribuye la persistencia de la religión a la sed de emociones del ser humano, y también al gusto inveterado por los relatos catastróficos del mundo, para entender la persistencia de un libro como el Apocalipsis tal vez sea más adecuado recurrir a explicaciones políticas que tienen que ver directamente con la historia de la Iglesia. Al fín y al cabo los negros designios revelados que aparentemente caerían sobre Roma no se cumplieron de forma literal. El mundo no terminó. Lo que terminó realmente fue la persecución contra los cristianos, dando paso a la entronización del mismo cristianismo como religión del imperio, a través de Constantino:

Me pregunté qué hace que sea diferente la visión de Atanasio sobre la revelación. La respuesta es que podía reinterpretar realmente todas las profecías. En lugar de entender que las profecías de Juan se referían a la victoria de Dios sobre los poderes del mal encarnados en Roma, sugirió que no podíamos interpretarlo literalmente. Que debíamos aplicar la visión de Juan sobre la guerra cósmica a la batalla de su vida, la larga batalla para establecer una iglesia católica apoyada por el imperio romano. Esta se convertiría en la que más tarde será la iglesia del Sacro Imperio Romano.

Desde estas nuevas coordenadas sería quizás necesario volver a escribir el título de este post: ¿Por qué persiste la iglesia católica? Desde luego, esa es otra interesante historia.

La neurociencia desafía las viejas ideas sobre el libre albedrío

Publicado por el 28 nov, 2011 en Tercera Cultura | 4 comentarios

Gareth Cook, Scientific American, 15-11-11

(Traducción: Verónica Puertollano)

La neurociencia desafía las viejas ideas sobre el libre albedrío¿Tenemos libre albedrío? Es una vieja pregunta que ha atraído la atención de filósofos, teólogos, abogados y politólogos. Ahora está atrayendo la atención de la neurociencia, explica Michael S. Gazzaniga, director del Centro SAGE para el Estudio de la Mente en la Universidad de California en Santa Bárbara, y autor del nuevo libro Who’s In Charge: Free Will and the Science of the Brain. Habló con la directora de Mind Matters, Gareth Cook.

¿Por qué decidió abordar la cuestión del libre albedrío?
Creo que el asunto está en la mente de toda persona pensante. Recuerdo hacerme preguntas al respecto hace unos cincuenta años cuando estudiaba en Dartmouth. En esa época, el asunto estaba verde y en términos muy simples. La física y la química eran los reyes y aunque todos éramos demasiado jóvenes para afeitarnos, veíamos las implicaciones. Para mí, eran aquellos tiempos en que iba a la iglesia cada domingo, ¡y a veces el lunes si tenía algún examen!

Ahora, después de cincuenta años de estudiar el cerebro, de escuchar a los filósofos y, más recientemente, de haberme formado lentamente en leyes, el asunto vuelve a tener prioridad para mí. La cuestión de si somos responsables de nuestras acciones —o robots que responden automáticamente— ha estado presente durante largo tiempo pero hasta hace poco los grandes académicos que hablaban sobre el tema no conocían la ciencia moderna con sus profundos conocimientos e implicaciones.

¿Qué le hace pensar que la neurociencia puede arrojar alguna luz sobre lo que ha sido durante mucho tiempo una pregunta filosófica?
Los filósofos son los mejores para articular la naturaleza de un problema antes de que alguien tenga cualquier conocimiento empírico. Los filósofos modernos de la mente se aferran a la neurociencia y la ciencia cognitiva para ayudar a iluminar viejas cuestiones y en este momento van por delante del resto. Entre otras habilidades ¡tienen tiempo para pensar! El laboratorio científico está consumido por la información experimental, analizando los datos, y con frecuencia no tiene tiempo de situar un hallazgo científico en un paisaje más amplio. Es una tensión constante.
Dicho esto, los filósofos no pueden ser los únicos que se diviertan. Enfrentados a la naturaleza de los mecanismos biológicos mañanas, tardes y noches, los científicos no pueden evitar pensar sobre cuestiones tales como la naturaleza de la «libertad de acción en un universo mecanicista» como dijo un gran neurocientífico hace unos años. Como mínimo, la neurociencia dirige tu atención a la pregunta de cómo sucede la acción.

¿Cree que la neurociencia, como campo, necesita abordar estas cuestiones? Es decir, ¿considera que el libre albedrío es una importante cuestión científica?
Todos necesitamos entender más sobre el libre albedrío, o dicho más acertadamente, la naturaleza de la acción. La neurociencia es una disciplina de suma relevancia para esta cuestión. Sean cuales sean tus creencias sobre el libre albedrío, todos sienten que lo tienen, incluso aquellos que discuten su existencia. Lo que la neurociencia nos ha estado enseñando, en cambio, es que todo funciona de manera distinta a como nos parecía que debía funcionar. Por ejemplo, los experimentos neurocientíficos indican que las decisiones humanas sobre los actos se toman antes de que el individuo sea consciente de ellas. En vez de que este descubrimiento responda la vieja pregunta de si el cerebro decide antes que la mente, nos hace preguntarnos si es incluso la manera de pensar sobre cómo funciona el cerebro. La investigación se ha centrado en muchos aspectos de la toma de decisiones, como en qué lugar del cerebro se forman y ejecutan las decisiones para actuar, cómo un grupo de neuronas que interactúan se convierte en un agente moral, e incluso de qué modo las creencias sobre si tienen libre albedrío afectarán a sus acciones. La lista de cuestiones donde la neurociencia tendrá peso es interminable.
Por favor, explíqueme, ¿qué quiere decir con la idea de una «mente emergente» y la distinción que establece entre ésta y el cerebro?
Leibnitz planteó la cuestión hace casi 300 años con su analogía del molino. Imagine que puede ampliar el molino de modo que todas sus partes aumentan y puede caminar entre ellas. Todo lo que verá son piezas individuales, una rueda aquí, un eje allá. Mirando las partes del molino no puedes deducir su función. El cerebro físico también puede ser desmontado en partes, y sus interacciones examinadas. Ahora entendemos las neuronas y cómo se disparan y un poco sobre los neurotransmisores, etcétera. Pero de algún modo las propiedades mentales son indivisibles y no pueden ser descritas en términos de disparos neuronales. Necesitan ser comprendidas con otro vocabulario. A esto se le llama a veces la mente emergente. Emergencia como concepto en general está ampliamente aceptado en la física, la química, la biología, la sociología, lo que quiera. Los neurocientíficos, sin embargo, tienen problemas con él porque tienen la sospecha de que este concepto cuela un fantasma en la máquina. No lo es en absoluto. Lo que motiva esta idea es conceptualizar la arquitectura real de la interacción estratificada mente/cerebro y así poder estudiarla correctamente. Es de perezosos quedarse fijos en una capa del análisis y descartar las demás.

¿Cómo limita la mente el cerebro?
Nadie dijo que fuera a ser fácil y es aquí donde la cosa se pone difícil. Desarrollando la última idea: tenemos un sistema en capas, y cada capa tiene sus propios protocolos, igual que las leyes de Newton afectan a una capa de la física y la mecánica cuántica a otra. Piense en las capas de hardware/software. El hardware es inútil sin software y el software es inútil sin hardware.

¿Cómo vamos a captar una comprensión de cómo interactúan las dos capas? Por ahora, nadie ha captado realmente esa realidad y nadie ha captado todavía cómo los estados mentales interactúan con las neuronas que los producen. Pero sabemos que las capas superiores mentales y las capas de debajo, que los producen, interactúan. Los pacientes con depresión pueden ser ayudados con psicoterapia (descendente). También pueden ser ayudados con fármacos (ascendente). Cuando estas dos terapias se combinan la terapia es aún mejor. Esto es un ejemplo de la mente limitando el cerebro.

¿Y cómo esta idea de la interacción de la mente y el cerebro le lleva a su postura sobre el libre albedrío?
Para mí, refleja el hecho de que estamos tratando de entender un sistema por capas. Te vuelves consciente de que hay un sistema encima de las capas mente/cerebro que es otra capa más: el mundo social. Interactúa masivamente con nuestros procesos mentales y viceversa. De muchas maneras, nosotros los humanos, en el logro de nuestra resistencia, hemos subido muchas de nuestras necesidades críticas al sistema social que nos rodea así que las cosas que inventamos pueden sobrevivir a nuestras frágiles y vulnerables vidas.

Usted habla de «abandonar» la idea del libre albedrío. ¿Podría explicar qué quiere decir con esto, y cómo ha llegado a esa conclusión?
A mi juicio, esta es el modo en que hay que pensar sobre ello: si fueses un marciano aterrizando hoy en la Tierra, y estuvieras recogiendo información sobre cómo funcionan los humanos, la idea del libre albedrío, tal como se entiende comúnmente en la psicología popular, no surgiría. El marciano observaría que los humanos han aprendido sobre física y química y causalidad en el sentido estándar. Les impresionaría ver la cantidad de información que ha acumulado sobre cómo funcionan las células, y de cómo funciona el cerebro, y concluiría: «Ok, lo están consiguiendo. Igual que las células son maravillosas máquinas complejas, también los son cerebros. Trabajan de maneras sorprendentes a pesar de esa fuerte sensación de que hay un hombrecillo en su cabeza que toma las decisiones. No lo hay.»

El mundo no es plano. Antes de que se conociera esta verdad, la gente solía preguntarse qué pasaría si llegabas al fin de la tierra —¿te caías?—. Una vez que supimos que la tierra era redonda, la nueva perspectiva nos hizo ver que las viejas preguntas eran estúpidas. Las nuevas preguntas también parecen tontas muchas veces hasta que se acepta una nueva perspectiva. Creo que superaremos la idea del libre albedrío y aceptaremos que somos un tipo especial de máquina, una máquina con un agente moral que es el resultado de vivir en grupos sociales. Esta perspectiva nos hará plantearnos nuevos tipos de preguntas.

¿Hay algún experimento en concreto que crea que ha arrojado una luz importante sobre la cuestión del libre albedrío?
Todo en la neurociencia arroja luz de un modo u otro respecto a cómo funciona el cerebro. Está la realidad y es ese conocimiento, acumulándose poco a poco, que nos llevará a pensar de forma más profunda. Una manera de avanzar es intentarlo y responder la simple pregunta. ¿Libre albedrío de qué? ¿De qué quiere estar libre alguien? Yo sin duda no quiero estar libre de las leyes de la naturaleza.

¿Cree que la ciencia va a obligar a los filósofos a cambiar lo que piensan sobre el libre albedrío? ¿Y el resto de nosotros?
El saber humano no puede valerse a sí mismo a la larga. Las cosas se vuelven lenta y gradualmente más claras. A medida que los humanos prosigan su recorrido llegarán a convencerse de ciertas cosas sobre la naturaleza de las cosas y esas abstracciones se reflejarán entonces en las reglas que se establecen para facilitar la convivencia en común. Las convicciones tienen consecuencias y las veremos reflejadas en todo tipo de formas. Sin duda cómo acabemos pensando y entendiendo la responsabilidad humana en el contexto del conocimiento moderno de los mecanismos biológicos dictará cómo elegimos nuestras leyes y nuestras penas. ¿Qué podría ser más importante?

Adiós a las armas

Publicado por el 25 nov, 2011 en Tercera Cultura | 1 comentario

Traducción: Teresa Giménez Barbat
Steven Pinker

A Farewell to Arms. Publicado en Nature, 27-10-11

Las guerras y los genocidios, el asesinato y el caos homicida – la victimización violenta-  parece crecer inexorablemente. Pero la cobertura masiva de estos fenómenos horrorosos enmascara una verdad importante. Por regla general, nuestras posibilidades de ser asaltados o asesinados han ido disminuyendo durante siglos. En Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza, el psicólogo Steven Pinker revisa la evidencia para esta sorprendente tendencia histórica, y trata de explicarla.

En lo que es posiblemente su trabajo más ambicioso hasta ahora, Pinker  aporta números que muestran los porcentajes de homicidios, guerras, actos de terrorismo, abuso infantil y otras formas de violencia en varios períodos de tiempo. Pero hay más que estadística. La narrativa de Pinker va desde la prehistoria, a las revoluciones sociales e intelectuales de los siglos dieciocho y diecinueve, y a los conocimientos modernos sobre la mente, el cerebro y el comportamiento. Citando las ideas y la autoridad de no sólo el conjunto habitual de psicólogos, neuroscientistas y biólogos evolutivos, sino también de historiadores, filósofos y toda clase de científicos sociales, concluye que la evolución social ha reducido los incentivos para cometer violencia y que ha cambiado las sensibilidades modernas.

El héroe intelectual de la historia de Pinker – un hombre al que él llama ” el pensador más importante del usted nunca ha sabido nada” – es el sociólogo alemán Norbert Elias. A finales de los años 1930, él propuso que los últimos siglos recientes habían experimentado  “un proceso de civilización” en la forma de un respeto creciente por los intereses de los demás y una mejora del auto-control.

Según Elias, el proceso de civilización tuvo dos causas. Una fue la consolidación de los gobiernos (como describió Thomas Hobbes en 1651 en su libro Leviatán) como monopolizadores de la violencia legítima y del arbitraje de las disputas reduciendo la necesidad de la venganza privada. La otra fue el auge del “comercio apacible ‘, por el cual los beneficios mutuos del intercambio crearon un objetivo común.

Después de presentar y defender las ideas de Elias, Pinker las aplica a la historia. Revisando ‘la revolución humanitaria ‘, describe cómo, en Europa y en todas partes, la xenofobia que fue una vez ubicua se hizo insostenible a través de los siglos. La tortura, la ejecución caprichosa y la esclavitud también se pasaron de habituales a marginales.

Pinker sostiene así que la guerra ha estado en declive durante  tiempo y que puede estar a punto de extinción. Los análisis de los estudiosos de los conflictos armados y sus cifras de muertes demuestran que un sesgo hacia lo inmediato nos ha cegado al parecer ante esta verdad alarmante: que tanto la incidencia de la  guerra como el índice de mortalidad que ésta impone ha ido disminuyendo. Incluso en el siglo XX, con sus dos guerras mundiales, las cifras han sido inferiores que en siglos anteriores. Y han continuado bajando.

Pinker relata que  ‘las revoluciones de los derechos” del siglo XX: luchas por los derechos civiles, derechos de la mujer, derechos de los niños, los derechos  de los gay y los derechos de los animales, han provocado un cambio en las sensibilidades. Su habilidad en mezclar el análisis cuantitativo con ejemplos ilustrativos, sus apropiadas citas y su humor ocasional convierte estos capítulos en amenos.

Pinker gira luego su atención a los vínculos entre la historia de la violencia y su punto de vista – que nos es familiar por sus libros anteriores – de que la psique humana evolucionada es un conjunto  ’de facultades intencionadas ‘, incluyendo ciertos  “demonios interiores ” y “ángeles buenos “. Revisa lo que la neurociencia tiene que decir sobre la agresión y la empatía, y lo que los psicólogos sociales han descubierto sobre lo que propicia la compasión, el castigo y otros estados mentales. Concluye con un sorprendente y contundente argumento para una subida histórica de la capacidad del razonamiento humano, que cree que ofrece contrapeso para el favoritismo con los propios y la hostilidad intergrupal.

Cualquier lector reflexivo de este tratado de amplio espectro encontrará algunas pegas. No soy convencido de que porque la contracultura de los años 60 glorificase la impulsividad egoísta (‘ just do it ‘), fuese responsable de un pequeño aumento en la tasa homicida de los EU. La contracultura insistió mayormente en abandonar la violencia (‘ haced el amor, no la guerra ‘). Tampoco estoy convencido de las explicaciones de Pinker sobre la disminución del homicidio en EEUU en los años 90; en mi punto de vista, desprecia demasiado de prisa el posible efecto de los cambios demográficos, y acepta demasiado crédulamente la importancia del aumento de la presencia de la policía y del encarcelamiento.

El resbalón más grande de Pinker, en mi punto de vista, es la relevancia que les da a las desigualdades económicas, que han sido el predictor más acertado en la  variabilidad en las tasas de homicidio en todas partes. Pinker les dedica un breve párrafo, alegando que el índice estándar de desigualdad de ingresos subía durante los años 1990 en los Estados Unidos mientras las tasas de crimen experimentaban una caída, y que estaban en su mejor momento en 1968 cuando el crimen “se disparaba hacia arriba”. El problema con este argumento es que no hay ninguna razón para esperar que las vicisitudes a corto plazo de la desigualdad de renta y homicidio se den juntas ; cualquier efecto de lo primero sobre lo segundo estará seguramente mediado  por las experiencias acumulativas de la gente durante su vida. Y es irónico que a pesar del desinterés de Pinker, el gran relato de la historia que él mismo cuenta – el progreso en la disminución del despotismo y del abuso, y el auge de los gobiernos democráticos – es realmente un relato sobre una desigualdad que disminuye.

Pinker cierra su libro con una defensa encendida de la modernidad. En última instancia, su explicación para el declive de la violencia es la de Elias – que los impactos sinérgicos del Leviatán y los beneficios del comercio crearon un proceso de civilización que ha ido en detrimento de la utilidad de violencia y, de ahí, su atractivo.

Pero él elabora sobre esto una excitante vuelta de tuerca en teoría de juegos (el Dilema ” del Pacifista “), y disfruta de un conjunto de conocimientos puestos al día más allá de lo que Elías tenía disponible. Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza resulta en una vivaz y fascinante lectura y un logro académico remarcable que merece ser estudiado y debatido por todos los científicos sociales, los ciudadanos atentos y quienes se encargan de hacer política.

Martin Daly is professor of psychology in the Department of Psychology, Neuroscience and Behaviour, McMaster University, Ontario L8S 4K1, Canada.

Artículo original en PDF

Fallecimiento de Lynn Margulis

Publicado por el 25 nov, 2011 en Tercera Cultura | 3 comentarios

Lynn MargulisEl día 22 de noviembre falleció Lynn Margulis, la bióloga que encarnó con más ahínco, entusiasmo y eficacia la vieja conjetura de un origen simbiótico de las células eucariotas, uno de los grandes hitos de la evolución de los organismos. Un proceso que consiste en la conjunción simbiótica entre células procariotas al quedar englobadas en una membrana compartida sin ser digeridas y transformarse en organelos de la célula de acogida o absorción.  De esa transición vital proceden todas las células con núcleo que hoy hay en la tierra. O sea, todas las nuestras con sus distintos y decisivos componentes además de la estructura nuclear.  No tuvo una vida académica plácida Margulis, era una mujer combativa y un punto mesiánica y sus contribuciones y posturas a menudo chocaran con distintas líneas de ortodoxia en el pensamiento biológico más prudente y comedido. Era, además, una ensayista brillante y una estimulante polemizadora. Tuvo una relación regular con biólogos españoles y acudió a trabajar, a menudo, con ellos, sobre las singulares propiedades de antiguos y desafiantes organismos extraídos de los limos del delta del Ebro.

Superconductividad: 100 aniversario

Publicado por el 21 nov, 2011 en Tercera Cultura | 2 comentarios

Autores: Equipo de divulgación científica de Eureka!

La superconductividad se usa en muchas aplicaciones médicas

La resistencia eléctrica, como su nombre sugiere, es la propiedad de un material que nos indica hasta qué punto se «resiste» a que por él pase la electricidad. Si conduce muy bien la electricidad –por ejemplo el cobre– tiene muy poca resistencia. Si conduce muy mal la electricidad –por ejemplo el vidrio– estamos ante un material que tiene una gran resistencia eléctrica.

La resistencia eléctrica de un material depende de muchos factores, por ejemplo su pureza, presión o temperatura. En 1908 Heike Hamerling Onnes hizo algo sumamente difícil: conseguir que el gas helio se convirtiera en líquido. Para ello tuvo que llegar a la increíble temperatura de 4 grados por encima del cero absoluto (4 K). El cero absoluto es la menor temperatura que se puede alcanzar y el helio, a presión atmosférica, se licua a tan solo cuatro grados por encima del mismo.

Los años siguientes los dedicó a ver cómo variaba la resistencia con la temperatura. Para hacerlo eligió un metal conductor que es líquido a temperatura ambiente: el mercurio. Lo que fue observando es que la resistencia –a partir de ahora siempre que digamos resistencia, entiéndase resistencia eléctrica– disminuía con la temperatura. Hasta ahí nada nuevo, todo estaba de acuerdo con lo esperado. La sorpresa surgió el 8 de abril de 1911, cuando midieron la resistencia a 4 K. En ese momento, de repente, la resistencia cayó a 0. Es decir, no había resistencia. El mercurio a esa temperatura era un conductor perfecto.

La electricidad no es nada más que el movimiento de los electrones. En un conductor normal, por ejemplo cobre, si hago que los electrones circulen mediante una pila, al desenchufar la misma, la corriente cae inmediatamente. En un superconductor no pasa eso: al desenchufar, los electrones siguen dando vueltas, y vueltas, y vueltas,… en teoría eternamente.

No cabe duda de que es un fenómeno raro que nadie en aquella época fue capaz de explicar. Hicieron falta cincuenta años para que John Bardeen, Leon Copper y Robert Schrieffer –en 1957– elaborasen una teoría que explicaba el funcionamiento. A dicha teoría se le conoce como BCS –las iniciales de los apellidos– y a sus promotores les valió el premio Nobel. Dicho sea de paso para Bardeen era su segundo premio Nobel, pues el primero se lo concedieron por formar parte del equipo que inventó el transistor.

La teoría explicaba muy bien el funcionamiento de superconductores como el mercurio, el plomo o el aluminio, pero no era capaz de explicar otro tipo de superconductores. Concretamente no era capaz de hacerlo para un gran hito de 1986: se consiguió la superconductividad a 30 K que es una temperatura muy alta y muy interesante, pues es mucho más fácil de conseguir que el helio líquido. Y la cosa no acabó ahí sino que al año siguiente se consiguió un superconductor –conocido como YBCO– que funcionaba a la «altísima» temperatura de 93 K. En 1993 se logró que funcionase a 135 K y a mucha presión se logra que funcione a 150 K.

Hoy por hoy nos encontramos con que no tenemos una teoría que explique este comportamiento.

Aunque no sepamos por qué funcionan, lo que sí sabemos es que lo hacen y no solo lo sabemos sino que lo utilizamos. Por ejemplo, todos hemos oído hablar de la imagen por Resonancia Magnética, y muchos de los lectores seguro que se han hecho alguna. Pues bien, para detectar los débiles campos magnéticos del núcleo de hidrógeno y crear las imágenes, se utilizan superconductores.

Probablemente la mayoría de los lectores hayan visto alguna vez una fotografía de lo que se activa en el cerebro cuando se hace una cierta tarea. Esa técnica se llama fMRI (Imagen por Resonancia Magnética funcional) y utiliza superconductores.

El famoso LHC –Gran Colisionador de Hadrones– del CERN, el reactor de fusión nuclear ITER que se construye en Caradache –Francia–, o los trenes de levitación magnética que se construyen en Japón utilizan superconductividad.

Equipo de fMRI. Foto Steven Laureys. Picasa. CC

Equipo de fMRI. Foto Steven Laureys. Picasa. CC


La avería del LHC

El LHC (Gran Colisionador de Hadrones) que está funcionando en el CERN en Ginebra tuvo un arranque malo. Es un anillo de 27 km de circunferencia en los que se aceleran partículas cargadas –por ejemplo protones– y después de los hace chocar.

Para acelerar las partículas se utilizan potentísimos campos magnéticos que se consiguen con unos enormes electroimanes. Para conseguir las intensidades necesarias la única solución es utilizar superconductores, de otra forma, al pasar tal cantidad de electricidad se quemarían. El material empleado exige que la temperatura de funcionamiento esté en torno a la del helio líquido (4 K). Para lograrlo hay enormes congeladores. De hecho, 27 km de congeladores para enfriar los 1 232 electroimanes.

Cuando arrancó, en septiembre de 2008, hubo una avería. Un electroimán falló y el problema se propagó a otros cien. Hubo que desconectar y esperar a que se calentara pues nadie podía entrar a reparar nada a esas temperaturas. Por eso la reparación costó un año.

LHC en 2010. Foto Carlos Portela. Picasa. CC

Cambio de conductividad del agua

La electricidad y el agua se llevan muy mal debido a que el agua común, la que sale del grifo, conduce la electricidad. Sin embargo el agua destilada es totalmente aislante; es decir tiene una resistencia muy alta.

Hoy te proponemos un experimento para que veas cómo cambia la resistencia del agua simplemente añadiéndole sal.

Para hacerlo necesitas un polímetro (multímetro) que mida resistencias (ohmios Ω). Prácticamente todos los hacen, hasta el más sencillo y es muy probable que en tu casa tengas uno.

Llena un vaso redondo con agua del grifo. Pon las puntas del polímetro en bordes opuestos del vaso. Mide la resistencia y apúntala. A continuación echas sal común y vuelves a hacer la medida, verás que la resistencia ha disminuido mucho; o dicho de otro modo: la sal hace que el agua sea conductora.

La razón de que el agua del grifo sea conductora y que se lleve mal con la electricidad es que tiene disueltas sales. Si fuera agua destilada podríamos poner en ella un objeto eléctrico enchufado y no pasaría nada.

Polímetro midiendo la resistencia del agua. Cuando se disuelve sal en el agua, la resistencia disminuye drásticamente. Foto de eureka! Puede utilizarse libremente mencionando al autor.

Polímetro midiendo la resistencia del agua. Cuando se disuelve sal en el agua, la resistencia disminuye drásticamente. Foto de eureka! Puede utilizarse libremente mencionando al autor.

Reiniciando la psicología evolucionista

Publicado por el 18 nov, 2011 en Psicología evolucionista, Tercera Cultura | 3 comentarios

John Tooby

Aunque se señala a Charles Darwin como padre fundador de la psicología evolucionista, al haber sugerido por primera vez que las “facultades mentales” del ser humano debían entenderse a la luz de la selección natural, la interpretación evolucionista propiamente moderna de la psicología no cristaliza hasta los años ochenta del siglo pasado, alrededor de un conjunto de investigadores en la universidad de California en Santa Barbara. El punto que mejor sintetiza este programa de investigación es este de John Tooby y Leda Cosmides: “Nuestros cráneos modernos contienen una mente de la edad de piedra“.

A lo largo de los últimos años la psicología evolucionista se ha convertido en un género científico que goza de relativa popularidad, con algunos divulgadores distinguidos, como Steven Pinker, que descubrió para el gran público la disciplina en su libro La tabla rasa, e incluso algún que otro escándalo debido a las implicaciones supuestamente ideológicas de la disciplina (el caso más sonado es el de Satoshi Kanazawa, apartado de la London School of Economics por publicar un controvertido post sobre raza y atractivo físico).

Sin embargo, de acuerdo con un artículo que Johan J. Bolhuis y sus colegas han publicado recientemente en Public Library of Science, la psicología evolucionista necesita una actualización drástica. Sus cuatro presupuestos teóricos básicos, al menos de acuerdo con la versión de la “escuela de Santa Barbara”, necesitan ser  redefinidos . Estos cuatro supuestos son 1) El ambiente de la adaptación evolutiva 2) Gradualismo, 2) Universalismo y 4) Modularidad.

Ambiente ancestral evolutivo y gradualismo

Según la psicología evolucionista, en la versión de Santa Barbara, nuestras principales facultades mentales evolucionaron lenta y gradualmente en un ambiente adaptativo ancestral muy diferente al mundo moderno, lo cual originaría una especie de doloroso “lag adaptativo” en las mentes modernas. Esta hipótesis implica que la biología humana no habría dispuesto del tiempo suficiente para adaptarse a las nuevas circunstancias ambientales desde el surgimiento de los primeros humanos “modernos” hace unos 50.000 años.

Frente a este supuesto, un conjunto de estudios sugieren que los cambios genéticos humanos durante los últimos 50.000 años podrían haber sido substanciales, afectando hasta al 10% de los genes humanos. Esta aceleración evolutiva habría estado facilitada en particular por el aumento que la población humana ha experimentado durante los últimos 10.000 años, tras la revolución de la agricultura y de la movilidad, dado que las poblaciones más grandes aumentan la posibilidad de encontrar mutaciones beneficiosas susceptibles de ser seleccionadas.

Universalismo

La psicología evolucionista ha favorecido también una visión fuertemente universalista de la “naturaleza humana”, postulando una serie de mecanismos psicológicos evolutivos, tales como la habilidad de inferir las emociones de los demás, detectar el parentesco para evitar el incesto, identificar parejas sexualmente saludables o cooperar con los demás.

Aunque los “universales humanos” son reales, es preciso especificar que ninguno de estos rasgos está determinados genéticamente, son sumamente variables a lo largo de las culturas y admiten cuantiosas excepciones.

Bolhius y sus colegas reprochan también a los psicólogos evolucionistas un abuso metodológico, al estar demasiado dispuestos a extrapolar conclusiones universales a partir de muestras culturalmente modestas (como han explicado en detalle Henrich, Heine y Norenzayan, los estudiantes universitarios norteamericanos no son una buena muestra de la “naturaleza humana”).

Un segundo reproche afecta a la comprensión de la neurociencia y las ciencias del desarrollo, que en los últimos tiempos habrían subrayado en especial la maleabilidad del cerebro humano, la epigenética y el papel regulador que juegan las experiencias en la conectividad sináptica, dando un margen aparentemente más amplio de lo que se suponía a la creatividad cultural.

Modularidad

Según el trabajo publicado en PLoS, una de las hipótesis centrales de la psicología evolucionista, la “Modularidad masiva“,  de acuerdo con la cual la mente humana universal estaría compuesta por una serie de “módulos” cognitivos evolucionados que responden a presiones selectivas específicas, tampoco estaría apoyado en las evidencias neurocientíficas recientes. No existen evidencias de modularidad para los sistemas involucrados en el aprendizaje y la memoria de los animales y, contrariamente al supuesto inicial, la interpretación más ajustada a las evidencias implica mecanismos de propósito general, en lugar de módulos adaptativos especializados.

Bolhius y sus compañeros no consideran que la psicología evolucionista sea insostenible o que sea preciso retornar a modelos obsoletos que reivindican la independencia de la cultura de la biología; únicamente sugieren algunos ajustes conceptuales y metodológicos necesarios para que “su espíritu viva” a la luz de nuevos conceptos y evidencias. Así es, en definitivas cuentas, como funciona normalmente la ciencia.

Ver también las visiones críticas de este artículo por parte de John HawksRobert Kurzban.


Bolhuis JJ, Brown GR, Richardson RC, &; Laland KN. (2011) Darwin in mind: new opportunities for evolutionary psychology. PLoS biology, 9(7). PMID: 21811401

Un dinosaurio llamado gorrión

Publicado por el 17 nov, 2011 en Tercera Cultura | 6 comentarios

autor: Félix Ares/Asesor científico de eureka!

Los sistemas de clasificación actuales incluyen a las aves entre los dinosaurios

Un dinosaurio llamado gorriónEn mis conferencias he defendido que hace 65 millones de años un meteorito chocó con la Tierra, en Yucatán, México, y que produjo la desaparición de una parte muy considerable de la vida en nuestro planeta. Entre otras cosas acabó con los dinosaurios. En esta explicación está implícita la idea de que los dinosaurios son una cosa y las aves otra. Si considerásemos a las aves dinosaurios no podríamos decir que habían desaparecido. Sin embargo, entre los paleontólogos actuales la idea más extendida es que las aves forman parte de los dinosaurios. Mejor dicho, de los «Dinosauria», pues el nombre del conjunto se da en latín.

La clasificación de los seres vivos ha sufrido cambios importantes en los últimos años. A todos nos suena la clasificación de Carlos Linneo que fue un intento de ordenar a los seres vivos de acuerdo con sus características físicas compartidas. En el fondo, que hubiera unas características morfológicas compartidas significaba, aunque Linneo no lo sabía, que compartían genes; es decir, que hizo una nomenclatura que tenía parcialmente en cuenta la evolución.

En el último cuarto del siglo XX fue introduciéndose la idea de que la nomenclatura tenía que basarse en «clados»; es decir, en las ramas de la evolución. Cada clado es un conjunto de especies que tienen un antecesor común. En la «cladística» las relaciones evolutivas son las más importantes. Ya en el siglo XXI la importancia de los análisis genéticos para establecer árboles evolutivos han hecho que la «cladística» sea el sistema de clasificación más utilizados por los científicos.

Además, la paleontología cada vez tiene más fósiles y con ellos es posible hacer árboles de descendencias cada vez más exactos. Todo ello ha llevado a que hoy en día en el clado «Dinosauria» se incluyan a las aves y a los otros dinosaurios se les llame no-avíanos. Eso significa que dinosaurios-no-avíanos y aves tienen un mismo antecesor común. Las investigaciones actuales han puesto de manifiesto que había infinidad de especies de dinosaurios con plumas, aunque eran más primitivas que las actuales, más parecidas al actual plumón, y que las aves, sin duda, descienden de alguno de aquellos dinosaurios.

Tendré que cambiar mi discurso, la próxima vez que hable de meteoritos que han acabado con gran parte de la vida en la Tierra no podré decir que acabó con los dinosaurios. Acabó con los dinosaurios-no-avíanos pero muchas aves sobrevivieron. Aunque nos parezca extraño, un colibrí y un gorrión son dinosaurios.

Contra el rebaño, incluso digital

Publicado por el 14 nov, 2011 en Tercera Cultura | 0 comentarios

autor: Arcadi Espada en El Mundo por dentro y por fuera
Debate publica Contra el rebaño digital, de Jaron Lanier. Quise traer el autor a La creación del mundo,pero no encontramos forma de pagar el dinero que pedía. En verano leí su libro desigual, deslavazado, pero repleto de excitantes carambolas. Traigo ahora las notas de entonces, que hay que insistir:

Contra el rebaño, incluso digital«Jaron Lanier, ya de vuelta de sus dilatados años de tumulto: “Si quieres compartir cualquier cosa con alguien antes debes ser alguien”.»

«Cualquier cosa parece nueva al convertirse en digital. Así la actividad conmemorativa se ha desplazado ahora a los temibles especiales digitales, una suerte de filminas low cost, que repiten con el énfasis característico de cualquier juventud los tópicos más gastados del asunto. Y cuyos relatos caen de bruces en el mayor peligro que acecha a las historias terribles: una inesperada banalidad.»

«El rugido analfabeto y deforme de la masa ha ahogado el silabeo del invididuo. Ésta es, también, la tesis principal de Jaron Lanier (…). Nada que ver con las jeremiadas Carr y su «internet nos ha vuelto estúpidos». Lanier sabe de lo que habla, no en vano fue uno de los 12 Apóstoles digitales, por así decirlo. No comparto el tono siempre ligeramente apocalíptico que profesa el arrepentido. Creo que acabaremos encontrando una estrategia para derrotar el totalitarismo de los bárbaros.»

«Esa apreciación sumamente perspicaz de que para ensalzar la inteligencia del ordenador el hombre rebaja la suya propia, y sus exigencias y sus expectativas. Absolutamente de acuerdo. Pero no solo con el software elemental de la máquina. El uso de las redes sociales es un ejemplo conspicuo de esta inteligencia demediada. La red es lista en la medida en que tú te haces un poco más imbécil.»

«Lanier. Está convencido de que, tras el fascismo y el comunismo, la nueva amenaza es el totalitarismo digital. Es probable. Lo que yo me pregunto sobre el rebaño digital es qué sucederá realmente cuando sea un rebaño. Hoy, al menos en España, solo se trata de unos cuantos grupos unísonos. Pero la cuestión realmente inquietante es lo que sucederá con las grandes masas hoy todavía aparcadas en la televisión, y al margen de cualquier interactividad digital. La cuestión es que ya no parece haber grandes reservas de inteligencia que aportar a la conversación internáutica; pero fuerza bruta la hay a toneladas, acechando. Imaginémosla, además, cuando esta sea una sociedad realmente en red y no este simulacro con tantos pozos negros de cobertura. Pensémoslos cuando la señal sea realmente móvil y constante.

“Si te interesa saber lo que sucede realmente en una sociedad o ideología, sólo tienes que seguir la ruta del dinero. Si va a parar a la publicidad y no a los músicos, los periodistas y los artistas, entonces esa sociedad está más interesada en la manipulación que en la verdad o la belleza. Si el contenido carece de valor, entonces la gente comenzará a volverse estúpida o insustancial”.»

Un remarcable mosaico de átomos

Publicado por el 11 nov, 2011 en Tercera Cultura | 1 comentario

autor: Fernando Peregrín

Un remarcable mosaico de átomosEn cuasi-cristales, encontramos el fascinante mosaico de palabras árabes reproducido a nivel de átomo: esquemas permanentes que nunca se repiten a sí mismos. Sin embargo la configuración encontrada en los cuasi-cristales se consideraba imposible, y Dan Shechtman tuvo que luchar fieramente contra la llamada ciencia establecida. El premio Nobel en química ha cambiado fundamentalmente cómo conciben los químicos la materia sólida.
La mañana del 8 de abril de 1982,  una imagen contraria a las leyes de física apareció en el microscopio electrónico de Dan Shechtman. En un conjunto de materia sólida, se creía que los átomos estaban empacados dentro de cristales sólidos que se repetía una y otra vez. Para los científicos, dicha repetición era requisito imprescindible para obtener cristales.

La imagen de Shechtman, sin embargo, mostraba que sus átomos en sus cristales no podían repetirse. Esos esquemas de átomos se consideraban justamente tan imposibles como crear una pelota de fútbol (americano) usando polígonos con sólo esquinas, cuando la pelota necesita de ambos, polígonos de cinco y de seis esquinas. Su descubrimiento fue muy controvertido. En el curso de la defensa de su hallazgo, se le pidió que abandonara el grupo de investigación. Sin embargo, su batalla finalmente forzó a los científicos a reconsiderar su concepción de la física del estado sólido.

Mosaicos a-periódicos, tales como los que se encuentran en mosaicos islámicos medievales de la Alambra en España y en Darb-i Iman Srine, en Irán, han ayudado a los científicos a entender como aparecen los microcristales a tamaño atómico. En esos mosaicos, así como en los cuasi-cristales, los esquemas son regulares – siguen leyes matemáticas – pero nunca se repiten a sí mismos.

Cuando los científicos describen cuasi-cristales, son un concepto que viene de las matemáticas y el arte: la razón de oro.

La razón de oro tiene muchas aplicaciones matemáticas, ente los que se incluyen la resolución de problemas que incluyan el número áureo, número que se obtiene mediante la secuencia dígitos:

La razón de oro

Por otro lado

Por otro lado

Por otro lado

Cuando los científicos describen los cuasi-cristales de Shechtmans usan la razón aúlica y el número de oro que ya había llamado la atención a matemáticos de la antigüedad.

Un ejemplo moderno de esta relación aúlica lo tenemos en el siguiente problema:

“Nieva con regularidad. A las 12 horas sale una máquina quitanieves, ¿A qué hora empezó a nevar”

Espero sus respuestas en la sección de cometarios de este artículo.

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