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Pollos polinésicos en Chile

Publicado por el 29 jun, 2012 en Tercera Cultura | 1 comentario

En la América precolombina había pollos polinésicos que indican contacto de ambas civilizaciones

Pollos polinésicos en ChileLos viajes de los polinesios siempre me han maravillado. Sus conocimientos de astronomía, oleaje, comportamiento de peces y pájaros y de cómo se forman las nubes para logar navegar de una isla a otra es uno de los grandes ejemplos del ingenio humano. La Isla de Pascua se considera la más al este de la polinesia. Si miramos en un mapa la encontraremos enfrente de Valparaíso (Chile), pero a 3 700 km.

Por qué no nos gustan los mercados

Publicado por el 26 jun, 2012 en Divulgación Científica, Tercera Cultura | 6 comentarios

Publicado por Pascal Boyer en International Cognition and Culture Institute

El dependiente honesto

A la gente no le gustan los mercados, y hay muchas evidencias de que así es. ¿Es algo relevante, para decirlo sin rodeos, que la gente no parezca entender mucho sobre la economía de mercado? Este es un mensaje bastante común de parte de los economistas profesionales. Bryan Caplan en su libro The myth of the rational voter lo sitúá bajo un foco más amplio. Caplan (entre otras cosas interesantes) aporta información sobre estudios sistemáticos acerca del conocimiento de los votantes sobre las políticas y los efectos de los procesos económicos. El mensaje que podemos llevarnos a casa es que la gente, simplemente, no lo entiende, y que sus preferencias de voto son en buena medida irracionales.

Ahora bien, la ignorancia o irracionalidad del votante no sería algo muy malo, si fuera completamente azarosa. Si la mayoría de los votantes escogieran las políticas al azar, el resultado total no supondría una preferencia fuerte agregada por ninguna política. Pero Caplan muestra que la irracionalidad de la gente sobre temas económicos no es en absoluto azarosa. Existe un método dentro de su locura. Y consiste en una serie de “sesgos”, tales como el sesgo anti-extranjeros o anti-comercio (por ejemplo, “cuando los países extranjeros prosperan, nosotros sufrimos”). Si esto es cierto, muchos modelos de “votante racional” en ciencia política tienen un problema serio.

Como es habitual cuando la gente describe las descripciones populares como “irracionales” o “sesgadas”, los tipos de cognición y cultura, y evolución, nos ponemos algo nerviosos. Demasiado a menudo, tales descripciones se reducen a la observación de que las mentes humanas no siguen algún modelo normativo arbitrariamente elegido (verpassimand de Tversky y Kahneman y Gerg Gigerenzer sobre la perspectiva alternativa). Desde luego no debemos detenernos diciendo que la gente “no presta atención a las tasas de base” o “tiene un sesgo contra el comercio exterior”.

La cuestión real es ¿Por qué? ¿Cuáles son los procesos psicológicos que llevan a tales sesgos?La verdad es que nadie lo sabe porque nadie se molesta en estudiarlo. A mí realmente me sorprende que no haya ningún estudio sobre economía popular en la literatura de las ciencias sociales. Ninguno (excepto Caplan y algún otro) parece interesados en estudiar qué hace funcionar el módulo económico de la gente. En psicología tenemos décadas de estudios sobre física popular, biología popular, psicología intuitiva, y cosas así. ¿Y la economía intuitiva?

Robert Nozick se dió cuenta de que a los intelectuales no les gustan los mercados, probablemente porque los intelectuales están acostumbrados a meritocracias que recompensan el conocimiento, mientras que los mercados realmente no se preocupan por tus esfuerzos o tu inteligencia, mientras seas capaz de proporcionar lo que quieren otros. Puede que esto sea cierto. Pero no explica por qué la mayoría de la gente, no sólo los intelectuales, son recelosos de los mercados. Los procesos de mercado son poco queridos por muchas razones.

Una de ellas, obviamente, es que los procesos de mercado no son visibles. Al hacer las tareas de cada día, no somos capaces de darnos cuenta de cómo tienen lugar millones de transacciones voluntarias precisamente en estos bienes y servicios que están disponibles para nosotros dónde y cómo los queremos, a un precio asequible. Por supuesto, este es un argumento que Adam Smith y otros defendieron hace tiempo, pero podría defenderse con más fuerza si entendiéramos los límites y susceptibilidades de la imaginación humana. En un potente ensayo, el defensor del libre comercio Frédéric Bastiat se dió cuenta de que los procesos económicos involucran “lo que se ve” y “lo que no se ve”. Por ejemplo, cuando un gobierno pone impuestos a sus ciudadanos y ofrece una subvención a algunos productores, lo que se ve es el dinero conseguido y el dinero recibido. Lo que no se ve es la cantidad de producción que podríá haber tenido lugar en ausencia de tales transferencias.

Otro factor plausible es que los mercados son intrínsecamente probabilísticos y en consecuencia marcados por la incertidumbre. Aunque es posible que cualquier que haga algo que los otros quieran consiga un beneficio, no está claro quiéne serán esos otros, cuánto necesitarán de lo que haces o cuándo lo necesitarán. Como otros organismos vivos, sentimos aversión hacia las pérdidas y tratamos de minimizar la incertidumbre. (Nótese, sin embargo, que la incertidumbre del mercado crea un nicho para asegurar esa incertidumbre, que en sí misma es mucho más eficiente si está dirigida por la demanda).

Finalmente, los humanos podrían estar motivados para conceder su confianza en procesos que son (o al menos parecen ser) dirigidos por agentes más que por factores impersonales. Esto tal vez explique por qué hay una fuerte correlación entre estar asustado por los mercados y estar a favor de las intervenciones del estado en la economía. Uno de los supuestos políticos más extendidos en las sociedades industriales modernas es que “el gobierno debería haber hecho x”, donde x puede ser cualquier problema social o económico. ¿Por qué confía la gente en el estado? El estado (en la intuición de la gente, no en la realidad) tiene todos los rasgos de un agente. Se supone que posee conocimiento, recuerdos, intenciones, estrategias, etcétera. Pudiera ser que la gente estuviera mucho más cómoda confiando en un agente que proporciona ayuda e impone sanciones, que en un proceso impersonal, distribuído y en buena medida invisible. Esta sería una cuestión básicamente para la psicología intuitiva (muy importante en nuestros razonamientos sobre procesos sociales) más que para el pensamiento de poblaciones (muy poco intuitivo, difícil de adquirir y de sostener sin gran esfuerzo).

Pero, como he dicho antes, no lo sabemos, porque no hay estudios sobre eso.

PS. A algunas personas quizás les tentaría señalarme que la razón porque la gente teme a los mercados es simplemente que los mercados son destructivos, malos, crean infelicidad y desigualda. Obviamente esta no es la respuesta, del mismo modo que “la gente cree en espíritus porque existen espíritus” no es la explicación cognitiva de los conceptos sobrenaturales.

Carta a Ana Mato

Publicado por el 26 jun, 2012 en Tercera Cultura | 1 comentario

Publicado por J.M. Mulet en Los productos naturales

Estimada Sra. Ana Mato, Ministra de sanidad:

Leo con estupor que hoy ha recomendado utilizar la medicina natural para ahorrar, concretamente sacar medicamentos para afecciones leves y sustituirlos por alguna cosa natural. Qué esto lo diga una señora ministra me preocupa, y mucho. Solo quiero incidir en la obvio y es que la medicina solo es una, aquella que tiene detrás una evidencia científica que la respalda, lo demás es pseudociencia. Sus palabras pueden utilizarse para legitimar algo tan ilegitimo como que “alguna cosa natural” puede sustituir a la medicina. Si quiere que el sistema público español, uno de los mejores del mundo, se base en pseudociencia, yo creo que lo mejor es simplificar, despedir a médicos y personal sanitario, ahorrarnos una pasta en medicamentos y equipamiento y reconvertir los hospitales en centros de culto para diferentes religiones, puesto que la medicina naturista tiene en común con las religiones que su funcionamiento no va más allá de la fe que ponga el paciente en ella. De hecho cuando aprueba el MIR la gente se hace oncólogo o hematólogo pero ¿naturista? Es cierto que muchos medicamentos tienen su origen en la naturaleza, es decir, proceden de plantas o de animales, pero eso no quiere decir que la naturaleza es tan buena y tan sabía que nos quiere curar. Que una molécula natural sirva como tratamiento es una casualidad, porque esa molécula desempeña una función en su organismo de origen. Moléculas procedentes de plantas como la quinina o el taxol una vez han superado rigurosos ensayos clínicos se incorporan a la Medicina, a la de verdad, la que no lleva apellidos y se prescriben con receta, con una dosis determinada y conveniente purificadas para que otros componentes que pudieran haber en la planta no interfieran. Pensar en tratamientos a base de hierbas e infusiones es un poco ilusorio, ya que en una hierba, aunque realmente tenga algún efecto beneficioso, nunca estamos seguros de la cantidad de principio activo que contiene y un tratamiento para una enfermedad seria no puede prescribirse a ciegas.

La mejor prueba de que la medicina natural no es una medicina de verdad es que en estados Unidos existen dos centros dedicados a las terapias alternativas, complementarias y naturales y en 30 años de existencia han sido incapaces de desarrollar una tratamiento efectivo para ninguna enfermedad, incluso algunas suposiciones empíricas, como que los antioxidantes del té previenen el cáncer , cuando se someten a estudios rigurosos, dan resultados muy flojos, o inexistentes.

Rezar: ¿Una alternativa a los hospitales?

Rezar: ¿Una alternativa a los hospitales?

Por lo demás recordarle que el mundo de las medicinas “naturales” es muy confuso y técnicas tan poco naturales como la homeopatía o la magnetoterapia tratan de colarse en esta definición. Abrir es sistema público de salud a “alguna cosa natural” puede ser un resquicio por el que se cuele toda la pseudociencia y no solo pagaríamos las consecuencias para la salud de utilizar tratamientos que no son efectivos, sino que además ni siquiera sería una ahorro, porque estos tratamientos baratos no son, solo tiene que ver la tarifas de cualquier terapetuta alternativo.

Los productos naturales, ¡vaya timo!Como escribí hace un tiempo en Los Productos Naturales ¡vaya timo!, Realmente la medicina natural o Naturopatía, término acuñado por John Scheel en 1895 a imitación de la homeopatía de Hannemann se basa en que para estar sano hay que comer bien, tomar el sol, respirar aire sano y tener una dieta muy sana. Mal empezamos. Una dieta equilibrada protege de las enfermedades carenciales (falta de vitaminas o de algún otro nutriente), pero nadie se cura de una infección, un cáncer o una enfermedad genética con una buena dieta. Sus ideas fueron recogidas por Benedict Lust que en 1896 fundó la American School of Naturopathy, y popularizadas por John Kellogg, creador de los cereales que llevan su nombre, y persona de espíritu megalómano y muy dado a creer en tonterías (ver la película “El balneario de Battle Creek”). Como muchas terapias alternativas, utiliza alegremente el término de “energía vital” y el término holístico para referirse a que ellos enfocan la enfermedad como un todo. Echándole mucha cara consideran a Hipócrates como el primer naturópata puesto que ya hablaba de hidroterapia, de ejercicios y de masajes. La afirmación me parece contraproducente. Anunciarse como que siguen utilizando las técnicas de Hipócrates implica que en 2.500 años no han aprendido nada nuevo. Y cuidado, un naturópata también puede ser peligroso. Según la naturopatía las paperas, la varicela, la rubeola y otras enfermedades infantiles son necesarias para el desarrollo del sistema inmunológico, por lo que no hay que vacunarse contra ellas sino (como todos sus remedios) cuidar la dieta. Los movimientos antivacunas, amparados en la medicina natural, se están cobrando muchas victimas infantiles al año por padres crédulos que no vacunan a su hijos, lo malo es que cuando su hijo no puede superar la infección y se muere, de poco sirve quejarse al naturópata para recuperar al niño.

Muy natural, pero poco recomendable

Muy natural, pero poco recomendable

Espero que su estrategia de hablar de “alguna cosa natural” no vaya encaminada a ahorrarse una pasta en vacunas ¿no? En fin, que confío que solo hayan sido unas declaraciones desafortunadas a pesar de su cargo y que, como en la mayoría de los casos, salvo alguna deshonrosa excepción, en el sistema público de salud sigan reconocidos tratamientos y fármacos efectivos y avalados por los correspondientes ensayos clínicos.
John Harvey Kellog, defensor de la Naturopatía e inventor de cereales.

John Harvey Kellog, defensor de la Naturopatía e inventor de cereales.


Culpabilimetros

Publicado por el 23 jun, 2012 en Tercera Cultura | 2 comentarios

autor: Adolf  Tobeña

Es perfectamente comprensible que nos afanemos en buscar culpables cuando ocurren catástrofes o desgracias. Estamos tan acostumbrados a establecer nexos de causalidad verificable entre los hechos y sus inductores principales, que nos cuesta resistirnos a esa pulsión. Lo hacemos ante los traspiés o incidentes banales, nos lo preguntamos siempre ante las dolencias pasajeras o duraderas, y lo exigimos, imperativamente, ante los infortunios  y las tragedias que nos abruman.

Todo el “peso” de la humanidad en el planeta

Publicado por el 20 jun, 2012 en Divulgación Científica, Tercera Cultura | 1 comentario

Publicado en Le Scienze.

¿Es la obesidad humana un problema ecológico?

¿Cuánto pesa la humanidad en términos de biomasa? Se lo han preguntado investigadores de la London School of Hygiene and Tropical Medicine, llegando a una estimación publicada ahora en la revista de acceso libre “BMC Pubic Health

La cuestión de hecho es relevante desde el punto de vista ecológico: la población humana ha alcanzado hace poco los siete mil millones de individuos, pero la necesidad energética y de alimentación dependen también de la masa corpórea total de la humanidad, de su distribución geográfica y también de la prevalencia de sobrepeso y obesidad. Los investigadores han partido de las revelaciones de las Naciones Unidas y de las Organizaciones mundiales de la sanidad, para llegar a una estimación de la población humana adulta de 287 millones de toneladas, 15 millones de las cuales se deben al sobrepeso y 3.5 millones a la obesidad.

Se trata de valores de absoluta relevancia aunque se ha de considerar que subestiman la realidad, dado que los datos de la OMS empleados son relativos al informe SURF del 2005.

Son sorprendentes las diferencias regionales, que parece que reproducen en fotocopia las desigualdades económicas y sociales: al frente de un meso medio individual de 62 kilogramos, Norte América conserva el primer puesto de la clasificación por naciones con una media de 80.7 kilogramos. Comparado con la población, significa que Norte América representa el 35 por ciento de la masa humana mundial con sólo el 6 por ciento de la población, mientras que Asia constituye sólo el 13 por ciento de la biomasa mundial y el 61 por ciento de la población.

“Nuestros resultados subrayan la importancia de tener en cuenta también la biomasa en lugar de sólo la población cuando se considera el impacto biológico de una especie, especialmente en el caso de los seres humanos”, ha explicado Sarah Walpole, que ha participado en el estudio.

La batalla por un menor impacto humano en el ambiente terrestre pasa también por medidas de cura y prevención del sobrepeso y la obesidad, que generalmente son diseñadas para proteger la salud de los ciudadanos.

“Cualquiera está dispuesto a aceptar la idea de que el crecimiento de la población mundial puede amenazar la sostenibilidad ambiental”, ha concluído Ian Roberts, que ha dirigido el estudio. “Nuestros resultados llaman la atención sobre el hecho de que también el peso excesivo de los individuos representan una amenaza para la sostenibilidad”.

La aparente contradicción entre madres y cazadores (o guerreros)

Publicado por el 19 jun, 2012 en Divulgación Científica, Tercera Cultura | 1 comentario

Metode

Dentro de un monográfico publicado por la revista Mètode sobre la “naturaleza humana”, Paula Casal (vicepresidenta del proyecto Gran Simio) critica lo que llama “reduccionismo tradicional masculino y centrado en la guerra”. Este relato tradicional, que ejemplificaría el cinematográfico “femurazo” con el que se abre paso la banda de homínidos victoriosa en las primeras escenas de 2001. Una odisea en el espacio, debe compensarse en opinión de Casal con el reconocimiento del papel de las madres en el proceso de la “humanización”. Cualquiera de los procesos en los que nos fijemos, conducta protomoral, protolingüística, prototecnológica, desde la educación de los sentimientos morales hasta la reforma de la dieta, todos reivindican un papel central para las madres. Según este “punto de vista materno” de la evolución, la conducta protomoral de los homínidos no depende esencialmente de la guerra, sino del cuidado infantil y de la transmisión materna de la cultura y la empatía: “El garrotazo es la barbarie, la empatía es la civilización” (Rifkin arriesga aún más al afirmar que la empatía es también “el alma de la democracia”). El amor al bebé, no la guerra, hizo a la civilización:

Al parecer -por los datos genómicos y fósiles-, en los orígenes de nuestra especie éramos poquísimos. No teníamos gran necesidad de enfracasrnos en una guerra fratricida que, siendo tan pocos, podría haber sido nuestro fin. Sin embargo, se piensa que, al menos entre los machos, había altos niveles de agresividad. Luego nos fuimos tranquilizando, nos hicimos menos brutos, menos polígamos, disminuyó nuestro dimorfismo sexual, aumentó el cerebro y el papel del padre y nos hicimos más “humanos”. Es probable que, en lugar de un sólo factor, varios factores coevolucionasen, quizás estando todos ellos relacionados con un mismo reto: cómo sacar adelante a los bebes.

Necesitamos generar, según Casal, una nueva imagen del proceso humanizador que no sea “beliocéntrica”.

La que tenemos ahora es una extensión tradicional de la historia como sucesión de glorias bélicas y masculinas. La que deberíamos tener presta más atención a modestas tareas cotidianas como cuidar a quien lo necesite, preparar comidas seguras y nutritivas y enseñar motherese.

Es posible, como argumenta Casal, que la ciencia haya prestado una atención insuficiente al papel de las madres en la evolución humana, aunque no necesariamente hay una contradicción “hegeliana” entre madres y cazadores (recordemos que de acuerdo con Hegel las madres son “enemigas del estado”, ya que no desean que sus hijos mueran en la guerra).

En sentido contrario, según un trabajo de Ella Psouni, de la universidad de Lund, en Suecia, existiría una fuerte conexión entre la dieta de los cazadores y el amamantamiento. Como explicamos también en Tercera Cultura: “Nuestro precoz destete se deba a que los sapiens son carnívoros cazadores capaces de aportar una dieta más energética, a diferencia de gorilas, chimpancés u orangutanes, que son omnívoros o herbívoros.”

La guerra fratricida, de hecho, podría haber influido realmente en la evolución humana, como muestra Sam Bowles. Y ya entrando en los tiempos históricos, de acuerdo con el razonamiento de Ian Morris, la llamada “guerra productiva” de los milenios recientes nos habría vuelto paradójicamente más pacíficos “permitiendo la creación de estados más centralizados, mejor organizados, más pacíficos y más prósperos.

Incluso la biología de la agresividad y la guerra está fuertemente entrelazada con el lado más cooperativo del ser humano: los mismos mecanismos físicos que aparentemente apoyan la imagen más dulce de nuestra evolución, como el papel que desempeña la oxitocina en la empatía social, ahora sabemos que también podrían estar involucrados en la cohesión de las coaliciones agresivas. Dicho de otro modo, la misma hormona que sirve para estrechar los lazos entre la madre y sus hijos, sirve para formar coaliciones agresivas entre machos que acaban dando “femurazos” a los extraños.

Es posible que recordar el papel de la guerra sea desagradable, e incluso “políticamente incorrecto”, como recuerda Victor Davis Hanson, pero a fin de cuentas los aspectos más amorosos del ser humano no necesariamente están en contradicción con otros más oscuros y difíciles de encajar con la mentalidad moderna.

Esta es una versión aumentada y revisada del post El papel de las madres en la evolución humana.

 

Referencia: Casal, Paula (2010). «La humanización no es solo cosa de hombres. El papel de las madres en la evolución humana». En: Sevilla,Sergio (coord.) Naturaleza humana. En la senda filosòfica del hombreMètode, 67: 84-90. Disponible en: http://www.metode.cat/es/revistas/monografics/naturaleza-humana/la-humanitzacio-no-es-sols-cosa-dhomes

¿Está nuestro cerebro diseñado para la felicidad?

Publicado por el 17 jun, 2012 en Tercera Cultura | 7 comentarios

Francisco Mora es catedrático de Fisiología Humana, Universidad Complutense de Madrid y catedrático adscrito de Fisiología Molecular y Biofísica, Universidad de Iowa). Publicado en http://www.huffingtonpost.es

¿Está nuestro cerebro diseñado para la felicidad?Acabo de publicar un libro sobre la felicidad que es la contestación a esa pregunta. Y la respuesta, desafiante y apretada, es que no. Nuestro cerebro, producto de muchos cientos de millones de años de evolución biológica y construido a golpes de azar y determinantes ambientales, solo contiene un diseño máximo y es aquel de la supervivencia. Puede doler admitirlo pero es lo que hay. La ley suprema del funcionamiento del cerebro es el de mantenernos vivos. Y eso, en su esencia, implica lucha, dolor, desazón y sufrimiento. Y esa realidad golpea inmisericorde, y de modo constante, la vida humana.

El diseño del funcionamiento del cerebro lo deja bastante claro. Toda interacción con el mundo, toda lucha por la consecución de algo conlleva placer o dolor y eso nos aleja de la felicidad. Y eso se debe a que todo cuanto vemos, tocamos, oímos u olemos o gustamos es filtrado, antes de alcanzar la conciencia y la construcción del pensamiento, por nuestro cerebro emocional, en donde a esa información sensorial se le da la impronta de bueno o malo, de placentero o doloroso. Y ese marchamo es el centro y el origen de la infelicidad y el sufrimiento.

La felicidad no es más que una idea sin más existencia que la que puede tener un sueño. Una idea, sin embargo, que impregna toda la conducta humana desde los tiempos del pensamiento mágico y lo sobrenatural, hasta ahora mismo que estamos entrando más de lleno en el pensamiento llamado crítico. Una idea si se quiere, eso es cierto, universal, como bien pudiera pensarse que es la idea de Dios pues ambas vienen impregnadas de profundas emociones y sentimientos. Pero frente a la idea de Dios, que no es verdaderamente universal, sí lo es en cambio la idea de felicidad. A la felicidad aspira todo el mundo, independientemente de raza, cultura, pensamiento, sociedad o lugar escondido del planeta. Todo el mundo, sin excepción alguna aspira, de un modo u otro, a huir del sufrimiento y abrazar la felicidad y construir su vida alrededor de esa idea. No es así para la idea de Dios en donde dos tercios de la humanidad, buscando y aspirando a ser verdadera y humanamente feliz, no aspira, ni tiene ninguna necesidad de un Dios que casi siempre instrumenta alguien o muchos para su propio beneficio. La felicidad es posiblemente la única idea, la única palabra, verdaderamente universal.

Cualquiera entendería que la felicidad, entendida como esa aspiración de los budistas, en donde al final se extingue todo sufrimiento y dolor ante el mundo no es humano, pues ni aun el mismo Buda debió alcanzarla completamente dado que algo de frustración debió quedar enterrada en los entresijos profundos de su cerebro cuando para lograr su propia felicidad abandonó a su propio hijo. Es así que la felicidad se convierte en una búsqueda y un peregrinaje constante sin que nadie haya alcanzado a encontrar lo que buscaba. La felicidad de este modo, la felicidad humana, queda reducida a “momentos”, a “parpadeos” de felicidad. A un vuelo fugaz como aquellos que a veces se experimentan si te encuentras con casi todas las necesidades satisfechas, lejos del dolor, el miedo, las angustias y ambiciones y aún lejos de tu propio yo (centro de toda infelicidad) que por segundos puede quedar diluido en el entorno. Esos segundos sí serían segundos de felicidad. Segundos como aquellos que señaló Miguel Delibes cuando dijo que “la felicidad no existe y a lo mucho que se llega, a lo largo de la vida, es a briznas de dicha que se deshacen como las pompas de jabón”.

La vida humana es pues, y de modo nuclear, lucha, actividad, curiosidad, un hacer constante el mundo, lo que implica infelicidad. La infelicidad, así entendida, es intrínseca a la vida humana. La felicidad, por el contrario no lo es. Y es curioso el que la verdadera idea de felicidad, su consecución, reside precisamente en el sufrimiento. El sufrimiento se convierte así en un motor, una catapulta, una energía que nos mueve para intentar alcanzar algún parpadeo de felicidad. Una aspiración humana a la que solo aquellos que se bastan a sí mismo son capaces de aproximarse más largamente. Una aspiración a la que debe aplicarse una regla de oro que es aquella de no pretender conseguir nunca felicidad, si esta es a costa de la felicidad de los demás. Y una paradoja añadida. Esos parpadeos de felicidad que llega a disfrutar el hombre de hoy, y no un galeote en otros tiempos, se deben precisamente al esfuerzo de hombres infelices, inquietos, con desazón y lucha constante por cambiar el mundo.

Dijo Umberto Eco una vez que “aquellos que aspiran a ser felices de modo constante (aquí o en otro mundo) son unos cretinos”. Y esto nos lleva a que si queremos ser “humanamente felices” hay que desengancharse de ese imposible que es la felicidad permanente. Y aun todavía más alejarse de ese otro imposible religioso de encontrar la felicidad más allá de nuestro mundo vivo, telúrico. La verdadera felicidad humana, esos parpadeos de felicidad “humanos”, solo son posibles aquí y ahora en este mundo y aun en briega constante con el mismo sufrimiento pues “la vida vale la pena vivirla incluso cuando todo lo malo nos llega a manos llenas y lo bueno es tan poco y escaso que no compensa” (Thomas Nagel). De esto último fue ejemplo vivo otro filósofo Ludwig Wittgenstein quien siendo un ser irascible y melancólico casi toda su vida y en su lecho de muerte, solo y ante su casera, dijo algo así como “Dígales que ha sido maravilloso”.

Los déficits en la cognición social reducen la creencia en un Dios personal

Publicado por el 13 jun, 2012 en Ciencia cognitiva, Divulgación Científica, Tercera Cultura | 11 comentarios

Según la ciencia cognitiva de la religión, si queremos entender por qué las personas son religiosas (o son ateas) debemos hacer algo más que estudiar teología o historia de las religiones, debemos entender los estilos cognitivos naturales. La creencia en agentes sobrenaturales, tan ampliamente distribuida en las culturas humanas, estaría enraizada en la cognición social de la especie, en particular en las facultades “mentalizadoras” que nos permiten interpretar las intenciones de los otros.

Si la “teoria de la mente” es tan importante para entender las creencias religiosas, entonces, segun la hipótesis que plantean Norenzayan, Gervais y Trzesniewski, “los déficits de mentalización asociados con el espectro del autismo y encontrado más comúnmente en hombres que en mujeres, podrían subyacer al apoyo intuitivo de los agentes sobrenaturales y reducir la creencia en Dios”. De hecho, un trabajo no publicado ya había avalado que los autistas tienden a ser más ateos (Figura 1) y que las personas neurotípicas con un cociente de autismo más alto también tienden a ser más ateos que los demás.

Figura 1. Creencias religiosas por grupos y cociente de autismo ((Caldwell-Harris et al. 2011))

 

Norenzayan y sus colegas han ratificado estas conclusiones, a través de cuatro estudios experimentales que muestran una robusta asociación entre los déficits de mentalización y la increencia religiosa (Figura 2). Este asociación también explicaría en parte la consistente brecha de género entre hombres y mujeres (las mujeres tienden a ser más religiosas, y también más sociables, que los hombres, descontando otros factores como status socioeconómico, raza o cultura).

Figura 2. Asociación entre mentalización e increencia religiosa (Norenzayan et al., 2012)

 

Ahora bien, la asociación entre los déficits de mentalización y la irreligiosidad de ninguna manera es una explicación completa de la increencia, como se apresuran a subrayar los autores del mismo trabajo:

La increencia religiosa no surge solamente de los déficit de mentalización. Es probable que múltiples sendas psicológicas y socio-culturales conduzcan a un fenómeno tan complejo como la increencia en Dios o los dioses. Los déficit de mentalizacion son sólo una senda entre otras muchas hacia la increencia. Los procesos analíticos que suprimen o invalidan las intuiciones que hacen cognitivamente atractivo el teísmo y la exposición a contextos culturales seculares (…) también promueven la increencia religiosa. En otras palabras, los presentes resultados sugieren que la increencia puede resultar de déficits de mentalización, pero también puede surgir de otras múltiples fuentes, manteniéndose constantes las tendencias de mentalización.

Este “contexto secular”, en especial, desempeña un papel claramente decisivo en la increencia religiosa tan extendida en determinados segmentos de población, como los filósofos o científicos. Los profesores de matemáticas o los profesores de hermenéutica no son más ateos porque sean mas autistas. Y también son factores socio-económicos y socio-culturales, no factores cognitivos, los que explican que haya más ateos en Oslo que en Texas.

Como admiten Norenzayan y sus compañeros, existen numerosas variaciones de increencia que no se explican únicamente desde la aproximación cognitiva y los problemas de cognición social. Por ejemplo, si el déficit autista favorece el interés por las matemáticas y las ciencias “duras”,  y simultáneamente reduce las creencias religiosas ¿cómo explicar entonces que los ateos abunden más, de hecho, entre los académicos de las humanidades?

 

H/T: Eugenia Codina. Via

Referencia: Norenzayan A, Gervais WM, Trzesniewski KH (2012) Mentalizing Deficits Constrain Belief in a Personal God. PLoS ONE  7(5): e36880.doi:10.1371/journal.pone.0036880

El nuevo poder de los clientes

Publicado por el 12 jun, 2012 en Tercera Cultura | 0 comentarios

Una canción criticando la actuación de una línea aérea sobrepasa los once millones de descargas

United Breaks GuitarsEn 2008 los componentes del grupo musical «Sons of Maxwell» volaban desde Halifax (Canadá) hasta Nebraska, con transbordo en el aeropuerto de O´Hare en Chicago. Parados en este último aeropuerto, Dave Carroll, el cantante del grupo, oyó a un pasajero detrás de él que decía que estaban «lloviendo guitarras». Miró por la ventana horrorizado y vio que sus guitarras –las guitarras del grupo– estaban siendo tratadas terriblemente mal. Las lanzaban, caían al suelo,… temieron que se rompieran y al llegar a Nebraska verificaron que así había sido. Su guitarra Taylor se había roto. Dave intentó hablar con la compañía aérea para que, en vista de lo mal que habían tratado el equipaje en Chicago, se hicieran cargo de los gastos de arreglar la guitarra. En la canción nos cuenta que fue de ventanilla en ventanilla y nadie le hacía caso y que al final llegó a la «jefa» que siempre decía que no. Pasó un año y lo único que sacaron fue un «no». Así que el grupo compuso una canción y un videoclip cuyo título es absolutamente explicativo «United Breaks Guitars» (United rompe las guitarras). La canción es muy pegadiza y tiene su gracia oírla y ver el video clip. A mí personalmente sus bigotitos a lo «mexicano» me hacen gracia. Pueden escucharla –no se trata de pirateo– buscando en Youtube «United Breaks Guitars Spanish».  Dave y su grupo grabaron la canción, y en 2009 la pusieron en su página web para descarga gratuita y también la subieron a Youtube y a otros sitios. De momento tan solo en Youtube ha tenido más de once millones de descargas. Tengo la leve sospecha de que ahora United está arrepentida de haber tratado prepotentemente a Dave.

Este no es nada más que un ejemplo del nuevo poder que intenet nos da a los clientes. Ahora, un trato inapropiado puede llegar a millones de personas. Lo contrario también es cierto, un trato exquisito pronto se expande por la red.

Dave Carroll, ahora, en 2012, es uno de los promotores de la página Gripevine.com. El título de la página es un híbrido de la palabra «gripe», cuyo significado es «queja» y «grapevine» que, además de significar lo obvio: viñas, también significa «rumor». Así que gripevine mezcla las quejas con el rumor. En esa página cualquier ciudadano que crea que sus derechos han sido violados puede hacer su queja, amplificarla y lograr que llegue a los responsables de las compañías.

Desde que oí está canción siempre que viajo en avión dentro de España envío mis maletas por mensajero. ¿Saben lo bien que se viaja sin maletas?

El estudio económico de la evolución humana

Publicado por el 8 jun, 2012 en Historia de las ideas, Tercera Cultura | 0 comentarios

Presentamos este artículo de Arcadi Navarro, profesor de la Universitat Pompeu Fabra — (ICREA) y del Institut de Biologia Evolutiva (UPF-CSIC: Un siglo y medio después. El estudio económico de la evolución humana.

"The origin of species"

Desde la publicación en 1859 de The Origin of Species y en 1871 de The descent of man, dos de las obras capitales de Darwin, el estudio científico de la evolución de las características específicas de los humanos ha sido el objeto de grandes esfuerzos provenientes de diversas áreas de la ciencia. Hoy en día, después de un siglo y medio de investigaciones se han acumulado resultados impresionantes sobre qué es aquello que, separándonos del resto de primates, «nos hace humanos» y sobre cómo puede haber evolucionado. En los últimos años una nueva área de investigación, liderada, sorprendentemente, por economistas,está empezando a hacer contribuciones importantes en el estudio de la hominización.

Continuar leyendo.

Corea del Sur sucumbe a la presión de los creacionistas y suprime la evolución de las escuelas

Publicado por el 6 jun, 2012 en Divulgación Científica, Tercera Cultura | 5 comentarios

Korea Creation Magazine

Las autoridades educativas de Corea del Sur finalmente han cedido a las presiones del lobby creacionista, concretamente la Korea Association for Creation Research, con extensiones en otros países asiáticos, como Japón e Indonesia, y los EE.UU. En una editorial de Nature, se explica que los creacionistas han intentado apoyar su presión en ciertos descubrimientos recientes, como un estudio según el cual el dinosaurio Archaeropteryx no es necesariamente un antecesor de los pájaros. De acuerdo con el psicólogo evolucionista coreano Joonghawn Jeon explotar estos debates sobre los linajes de las especies es  ”una típica estrategia de los creacionistas para atacar la enseñanza de la evolución”.

El grado de negacionismo científico con respecto a la evolución en Corea del Sur se acerca al de EE.UU. con aproximadamente 1/3 de personas que afirman no creer en la evolución. Si bien el elevado porcentaje de no creyentes (¿influencia del budismo?), con hasta un 40% de coreanos que afirman no creer en Dios, y con sólo 1/4 de la población identificada como fuertemente religiosa (la mayoría evangélicos cristianos) plantea dudas sobre las fuentes de este negacionismo, habida cuenta de que las razones para negar la evolución suelen ser preferentemente religiosas. ¿Cómo puede ser que en un país con casi la mitad de no creyentes prospere una medida tan radical? Tal vez existan consideraciones extracientíficas y no religiosas, como la adhesión al nacionalismo étnico y un orgullo nacional que considera incómoda la descendencia común con los primates, pero esto no son más que conjeturas.

En cualquier caso, la frustrada enseñanza de la evolución en Corea del Sur es una ilustración más de que un pequeño grupo ruidoso y radical, pero bien financiado, puede llevar adelante sus objetivos en medio de un público indiferente hacia los valores de la ciencia.

¿Realmente ha disminuido la violencia humana?

Publicado por el 5 jun, 2012 en Divulgación Científica, Tercera Cultura | 0 comentarios

Science :: Human conflict

Durante la primera mitad del siglo XX, una visión preferentemente “rousseauniana” de la naturaleza humana estuvo de moda entre los académicos. Todavía no se habían encontrado evidencias arqueológicas de violencia organizada arcaica. Los estudios sobre cazadores y recolectores no mostraban una tasa de violencia alta. Según Margaret Mead, entre los Arapesh de Nueva Guinea “tanto hombres como mujeres son naturalmente maternales, amables, obsequiosos y nada agresivos”. Y las noticias sobre los primates tampoco traían noticias demasiado desagradables.

La tendencia empezó a ser socavada sobre todo a partir de la década de los ochenta, tal como explica Andrew Lawler en el monográfico de Science sobre conflicto humano. Se encontraron evidencias de guerra y asesinato entre los chimpancés. Lawrence Keeley, autor del influyente War before civilization. The myth of the peaceful savage calculó que hasta el 90% de los grupos humanos tradicionales se enzarzaron en la guerra, y todavía más sorprendente, que la tasa de muertes violentas era superior en los pequeños grupos (324 muertes por cada 100.000) que entre los más sangrientos y totalitarios estados del siglo XX (140 muertes por cada 100.000). Por si esto fuera poco, modelos matemáticos evolucionistas como el de Sam Bowles han propuesto que la guerra ancestral podría haber desempeñado un papel decisivo en la evolución de nuestra especie, y Ian Morris ha argumentado convincentemente que lo que llama “guerra productiva”, al menos en los márgenes de ciertas “latitudes afortunadas”, nos ha hecho más pacíficos en el largo plazo.

Steven Pinker se ha convertido en el defensor más conocido de la visión alternativa al cuadro “rousseauniano” sobre la violencia humana, sobre todo después de publicar The better angels of our nature en 2011. Pinker considera que los llamados “antropólogos de la paz” han impuesto un sesgo favorable sobre las sociedades tradicionales y argumenta que las sociedades se hacen significativamente más pacíficas a medida que se hacen socialmente más complejas. Aunque el mismo Pinker admite que hay importantes excepciones a las reglas, una de los principales objeciones concierne a la fiabilidad de los datos que soportan sus tesis. Quizás la distribución de la violencia humana en los pequeños grupos es demasiado variable como para extraer conclusiones generales: “Diferentes investigadores, por ejemplo asignan tasas diferentes de violencia a los !Kung. Y números diminutos en pequeños grupos hace que las estadísticas no sean fiables. Keeley cita a los esquimales polares, por ejemplo, pero dada su pequeña población, un sólo asesinato esquimal cada 50 años igualaría la tasa actual para los Estados Unidos”.

En un comentario en Science, Scott Atran resume el conjunto de las objeciones a las tesis de Pinker:

Gran parte de las tesis de Pinker sobre el declive de la violencia se concentra en datos fragmentarios. Incluso si las evidencias apoyan el declive de la violencia interpersonal, esto no tiene en cuenta la importante ley de distribución para las grandes guerras: desde hace unos 1500 años, son crecientemente infrecuentes pero muchas veces son más asesinas y de consecuencias más amplias que las precedentes. Cada evento más grande genera consecuencias más terribles para el mundo que el último, política, económica y socialmente. La tendencia interpersonal ha descendido durante siglos, incluso milenios, mientras que la violencia intergrupal de gran escala se ha reforzado recientemente. Pinker reconoce que esta fuerte tendencia, pero argumenta que no ha ocurrido ninguna “gran guerra” desde 1945. Confundir una reducción de 70 años en la guerra internacional con un declive de 7000 años en la violencia interpersonal implica una convergencia bastante súbita de factores que supuestamente llevan a la reducción general de la violencia: de forma creciente, la interdependencia, la conciencia y la empatía con los valores del otro, y la razón. Pocos diseñadores de políticas que conozco creen que hemos evitado la guerra nuclear porque nos hayamos vuelto súbitamente mas empáticos, más conscientes a escala global, y más razonables.

Al subrayar la gran diferencia que media entre la violencia interpersonal y la violencia intergrupal, Atran alerta sobre una visión demasiado complaciente o confiada que puede emerger de las conclusiones típicas de Pinker y Keeley. Mientras que es posible que la violencia entre personas haya disminuído en los últimos milenios, y que de hecho nos hayamos vuelto más empáticos, ni la “naturaleza humana” ni una organización social más compleja nos libran de catástrofes de gran escala.

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