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Sobre el combate de las creencias falsas en el aula

Publicado por el 12 may, 2012 en Tercera Cultura | 4 comentarios

Este escrito recoge parte de una charla impartida en Santander el 18 de abril de 2012, pero sobre todo se hace eco de infinidad de discusiones con mi padre.

No se puede confundir tolerancia  con ausencia de crítica.

Sobre el combate de las creencias falsas en el aulaEn las aulas circulan innumerables ideas, e inevitablemente habrá ideas falsas junto a otras verdaderas. Sobre las creencias verdaderas no hay discusión: son buenas, beneficiosas, y constituyen el sendero para el progreso humano.  ¿Pero qué hay que hacer con las creencias falsas? ¿Cómo hay que gestionarlas?

Si se define la escuela como un templo de la verdad –de la misma manera que se construyen templos dedicados a “quimeras perjudiciales”- , en ese caso los profesores deberían actuar como filtros que acorralaran y dejaran a la intemperie las creencias falsas. Esta solución no es, sin embargo, tan sencilla de aplicar.

Uno de los pilares de la democracia es la libertad de expresión. John Stuart Mill defendió este derecho en su libro Sobre la libertad, donde se puede encontrar este fragmento clásico:

“Si toda la humanidad, menos una persona, fuera de una misma opinión y esta persona fuera de opinión contraria, la humanidad sería tan injusta impidiendo que hablase como ella misma  lo sería si teniendo poder bastante impidiera que hablara la humanidad…”

El único límite al ejercicio de la libertad de expresión se encuentra según Mill en la difamación, en la agresión gratuita del otro. Aunque este límite entraña problemas, la idea fundamental es clara: se puede afirmar lo que se quiera, pero sin perjudicar gratuitamente a los demás.

La libertad de expresar cualquier idea, ya sea esta verdadera o falsa, es uno de los pilares de la democracia, y uno de los principios que debe regir en cualquier institución democrática.

Mill añade una interesante continuación a su reflexión, explicando lo que ocurre cuando se prohíbe o censura una idea. Según afirma, las consecuencias son siempre negativas:

“Si la opinión es verdadera se les priva de la oportunidad de cambiar el error por la verdad; y si es errónea, pierden lo que es un beneficio no menos importante: la más clara percepción y la impresión más viva de la verdad, producida por su colisión con el error”.

Mill piensa que las creencias falsas son útiles en tanto que “la colisión con el error” produce una “más clara percepción y la impresión más viva de la verdad”.  Por tanto, prohibir creencias supone siempre una pérdida: si es verdadera por razones obvias, y si es falsa, porque su manifestación ayuda a que las creencias verdaderas brillen con más intensidad. Mill no identifica libertad de expresión con tolerancia con las ideas falsas, sino conflicto, o como digo yo, crítica.

¿De qué creencias estamos hablando?  Sirva este ejemplo entre la infinidad de creencias falsas: es frecuente que se critique a las empresas farmacéuticas a la vez que se alaban los productos naturales u homeopáticos. Como ramificaciones que se extienden hasta el infinito, encontramos seguidamente a los que rechazan los pesticidas, las vacunas o los transgénicos, y por no faltar, hay incluso los que sienten pánico por el wifi. Se trata de una oposición global y visceral hacia la ciencia y sus productos, basada en la opinión de que las industrias (sobre todo farmacéuticas) acumulan un gran poder y tienen unos intereses mercantiles incompatibles con el respeto a la vida en general y a la vida humana en particular.

Sería absurdo negar que las empresas tienen intereses y que esperan obtener beneficios de sus inversiones. ¿Y quién no?  El cinismo se encuentra en creer que los intereses son lo único que hay y que todo se mueve por el interés (tesis que además se puede adornar recurriendo a autoridades académicas como Michel Foucault). Según esta forma de relativismo, los intereses y las luchas de poder agotan la explicación de la realidad.

Sin embargo, los intereses acaban allí donde empiezan los hechos, y la ciencia tiene el método para ampliar el número de hechos y ponerlos a disposición del progreso humano. Se dirá que hay fraudes y errores también en la ciencia, pero las aduanas y controles que constituyen el método científico convierten esta actividad en la fiscalización más precisa de las creencias de que disponemos hasta la fecha, ya sea al contrastar las hipótesis con la realidad, o bien la transparencia que permite que los experimentos sean reproducibles. La industria farmacéutica y de los transgénicos se asienta sobre esta maquinaria de la verdad construida por el ser humano y concebida para mitigar el dolor y el sufrimiento, y que tiene la pretensión de robarle tanto terreno a la muerte como sea posible.

Las creencias falsas constituyen un océano en el que nadan algunos peces que constituyen los hechos. Y la ciencia proporciona los mejores instrumentos para su pesca. Richard Dawinks resume muy bien este espíritu cuando aconseja a su hija: «Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle: “¿Qué pruebas existen de ello?” Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan».

¿Supone ser intolerante defender las creencias verdaderas y atacar las creencias falsas y perjudiciales? ¿La renuncia a la reflexión es el sacrificio que hay que hacer en beneficio de la tolerancia y en definitiva de la democracia?  Es más, ¿en el aula se puede exponer cualquier idea? ¿Toda idea es defendible? ¿Tienen que recibir las creencias verdaderas y las falsas el mismo tratamiento desde la imparcialidad?

No todas las creencias merecen el mismo trato. Hay que jerarquizarlas, sopesarlas y clasificarlas, y señalar las falsas y dar las razones. Cuando la tolerancia se identifica con abrazar el relativismo, estamos debilitando nuestra democracia, erosionamos la convivencia y dinamitamos el progreso. Someter a  escrutinio las ideas, creencias e hipótesis que manejamos en nuestra vida cotidiana es una obligación moral, un imperativo como ciudadanos. Y por la posición que ocupan maestros y profesores, esta actitud tendría que constituir la esencia de su ejercicio laboral. “¿y en qué me baso para creer esto?” tendría que ser una máxima aplicada a todas las creencias (desde el pacifismo hasta el cambio climático). Agarrarse a una ideología constituye en realidad el naufragio del pensamiento.

Hay que exigir la tolerancia respecto a la expresión de las ideas sin renunciar al combate de las ideas erróneas (renuncia que se expresa por ejemplo cuando un profesor respeta la opción de los padres que deciden no vacunar a sus hijos, sin tener en cuenta que se expone a estos niños y a sus compañeros a enfermedades que pueden ser mortales).

Tengo la convicción de que las creencias falsas son un lastre para el progreso humano. Mientras que las creencias falsas jamás han permitido que vuelen aviones, las creencias verdaderas nos han llevado a la Luna. En las creencias verdaderas se encuentra el triunfo sobre la enfermedad y sobre los desmanes y limitaciones de la naturaleza; en las erróneas, solo encontramos pobreza y muerte. La historia humana ha sido un progresivo y constante arrinconamiento de las ideas erróneas.

En la plaza pública conviven tanto ideas verdaderas como falsas, y pienso que la tarea del profesor ha de consistir en proveer a los alumnos del instrumental conceptual y argumentativo para saber defenderse por sí mismos del desorden y caos de ideas a las que están expuestos desde su nacimiento. Digo la tarea del profesor, pero pienso más concretamente en la tarea del profesor de filosofía, en donde con mayor claridad recae la responsabilidad de enseñar a pensar a los alumnos, y de proporcionarles las herramientas para que piensen de forma crítica y responsable (lo que implica, entre otras cosas, que no se les aplauda cuando deciden incendiar las calles por reclamar calefacción). En la tarea de dar las herramientas para combatir las creencias falsas se justifica la existencia de una asignatura como esta en el bachillerato.

¿La filosofía es la homeopatía del pensamiento? Así lo afirma el siempre estimulante periodista Cristian campos en su blog El Pandemonium.  Campos denuncia la irrelevancia, incluso el efecto placebo, de creer que se está pensando, cuando en realidad se están haciendo malabarismos en el aire. Al renunciar al pensamiento crítico, y si rechazamos proporcionar a los alumnos las herramientas para combatir creencias falsas en aras de una tolerancia mal entendida, los estamos abandonándolos en su infantilismo (que se expresa a menudo con el impulso de destruir y llevarse por delante todo lo que se encuentre a su paso). Si queremos una sociedad formada por ciudadanos adultos que contribuyan a incrementar el bienestar de todos, el instrumento de la crítica es indispensable.

Ötzi no bebía leche

Publicado por el 10 may, 2012 en Tercera Cultura | 0 comentarios

El análisis del DNA de Ötzi nos ha permitido saber muchas cosas de su vida

ÖtziSe acaba de publicar el genoma completo del núcleo del famoso «hombre de hielo», también llamado Ötzi, que fue encontrado en los Alpes italianos en 1991 y cuya muerte se produjo hace unos 5 300 años. Previamente se había analizado el genoma perteneciente a sus mitocondrias; ahora le ha tocado el turno al del núcleo. En una célula hay decenas de mitocondrias que tienen su propio genoma, que es mucho más pequeño que el nuclear. Las células poseen un solo núcleo. Tanto el tamaño como el número hacen que sea más fácil descifrar el genoma mitocondrial que el nuclear.

Cada día me maravillan más los datos que los científicos son capaces de obtener del genoma. En el caso de Ötzi han logrado saber que tenía ojos marrones, sangre del tipo O, predisposición a enfermedades del corazón, sus parientes más próximos pueden vivir en Córcega y Cerdeña y era intolerante a la lactosa.

Que sea intolerante a la lactosa confirma lo que era más probable. Todos los mamíferos durante el periodo de lactancia producen la enzima lactasa, que permite asimilar los azúcares de la leche materna; pero nada más acabar ese periodo dejan de producirla y, por lo tanto, dejan de tener la capacidad de alimentarse de leche. He dicho todos los mamíferos, pero no es estrictamente cierto, una parte de la población humana es capaz de tomar leche de adulto, aunque hay muchos más humanos que no toleran la leche que los que lo hacen. Los más tolerantes son los suecos (99% de la población), los menos los tailandeses (solo un 2%). En Euskadi el 85% de las personas pueden tomar leche.

Las mutaciones que nos hicieron tolerantes a la lactosa son muy recientes. Surgen una vez que domesticamos animales que producen leche (cabras, ovejas y vacas). Siempre se había pensado que esa mutación surgió en Escandinavia hace unos 5 000 años; pero recientes simulaciones por ordenador ponen en entredicho esa idea y sitúan su origen en un punto entre los Balcanes o Centroeuropa hace unos 7 500 años. Pero para llegar al sur de los Alpes seguro que tuvieron que transcurrir muchos años. De hecho, se estima que en la zona donde se encontró Ötzi y cuando estaba vivo se estaba realizando la transición a la agricultura y a la ganadería; es decir, todavía la mutación de tolerancia a la leche no ofrecía muchas ventajas y por lo tanto no era muy probable que la tuviera.

En África se han dado al menos tres veces mutaciones similares para tolerar la lactosa y eso ha ocurrido hace tan poco tiempo como 3 000 años.

¿Existe algo así como un “espejismo racionalista”?

Publicado por el 7 may, 2012 en Divulgación Científica, Tercera Cultura | 0 comentarios

Jonathan Haidt es un profesor de psicología en la universidad de Virginia que ha publicado recientemente un interesante libro sobre razonamiento moral y político, The righteous mind. Why good people are divided by politics. En Tercera Cultura hemos traducido un artículo sobre su trabajo.

Uno de los capítulos de este libro trata sobre lo que su autor llama “el espejismo racionalista” (the rationalist delusion), que parece casi una “ecolalia en espejo” del título de uno de los libros más conocidos de Richard Dawkins: El espejismo de Dios. Haidt define este presunto espejismo como “la idea de que el razonamiento es nuestro más noble atributo, capaz de hacernos como dioses (para Platón) o de llevarnos más allá del “espejismo” de creer en dioses (para los nuevos ateos)”. Por añadidura, este “espejismo” no es sólo una afirmación sobre la naturaleza humana, también es algo más serio: es la afirmación de que “la casta racional (filósofos o científicos) deberían tener más poder, lo que normalmente está unido con un programa utópico para educar a niños más racionales”.

Basándose en su modelo “intuicionista”, de acuerdo con el cual la razón humana es un recurso estratégico subordinado la mayor parte del tiempo a las intuiciones y los sentimientos morales, Haidt juzga que el racionalismo viene a ser un “espejismo cognitivo”. “Cualquiera que valore la verdad debería dejar de adorar a la razón”, sentencia el psicólogo de Virginia.

Haidt cita en su apoyo el trabajo del filósofo moral Eric Schwitzgebel, que aparentemente apoya una visión escéptica sobre el comportamiento de los especialistas morales, y también el trabajo de dos científicos cognitivos franceses, Hugo Mercier y Dan Sperber, cuya nueva teoría de la argumentación, aparentemente, también arroja dudas sobre el papel público del razonamiento: “los argumentos sofisticados no persiguen la verdad sino otros argumentos que apoyen sus propios puntos de vista”. Por desgracia Haidt no pasa de presentar estos grandes titulares y declaraciones para la prensa y finalmente viene a proponernos que desconfiemos del razonamiento individual y pasemos a razonar en el contexto de grupos ideológicamente más extensos.

En realidad, este fragmento tan decepcionante del libro, que confunde sistemáticamente conceptos técnicos (“racionalismo” como distinto de “empirismo”) y conceptos culturales (el “racionalismo” de los “nuevos ateos”) sólo se entiende como parte de una “guerra cultural” en la que Haidt toma partido por un bando histórico: la ilustración moderada.

"Une soiree chez Madame Geoffrin" ("Una velada en casa de Madame Geoffrin"), por Anicet Gabriel Lemonniet, 1812

Como muestra Philipp Blom en su espléndido libro sobre la “gente peligrosa” de la Ilustración europea, siempre ha habido una intensa discusión entre moderados y radicales, “acomodacionistas” y partidarios del conflicto. Voltaire (“El ateo es un monstruo toda la vida”) y Rousseau (el ateísmo es “demasiado violento para el espíritu humano”) representaban en su tiempo posiciones deistas moderadas que reprochaban en términos muy fuertes el radicalismo peligroso reunido en el “salón de Holbach”, en el que se citaban algunos de los pensadores y científicos más audaces: Diderot, Helvetius o el propio Holbach. Los ilustrados radicales eran, por otra parte, perfectamente conscientes del importante papel de las emociones, tanto en tiempos de Hume (que estaba más cerca de los radicales, de hecho) como hoy mismo, por lo que la etiqueta “espejismo racionalista” no pasa de ser una descripción propagandística. En cualquier caso -y en esto lleva razón Haidt- no se trata sólo de una discusión entre modelos teóricos, puramente científicos, sino entre diferentes intereses y visiones del mundo sostenidas por viejos rivales, desde el corazón mismo de la Ilustración occidental.

Pregunta Edge 2012 – explicación favorita por su profundidad, elegancia o belleza de Dan Sperber

Publicado por el 4 may, 2012 en Tercera Cultura | 0 comentarios

Traducción de Iñigo Valverde

Dan Sperber, científico social y cognitivo, es autor de Rethinking Symbolism (El simbolismo en general), On Anthropological Knowledge, (Explicar la cultura: Un enfoque naturalista). En estos tres libros, desarrolla un enfoque naturalista de la cultura amparado en el término «epidemiología de las representaciones”. También es coautor, con Deirdre Wilson (Departamento de Lingüística del University College de Londres) de  Dan Sperber y Deirdre Wilson han desarrollado un enfoque cognitivo de la comunicación que se conoce como «teoría de la relevancia». Ambos conceptos son considerados «influyentes y controvertidos».

Sperber es titular de una plaza de profesor en el Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), en Paris, y frecuenta como profesor visitante la Universidad de Cambridge, la Academia Británica, la London School of Economics, el Instituto Van Leer de Jerusalén, el Instituto de Estudios Avanzados y la Universidad de Princeton y las Universidades de Michigan, Bolonia y Hong-Kong.

http://edge.org/memberbio/dan_sperber

http://edge.org/response-detail/2927/what-is-your-favorite-deep-elegant-or-beautiful-explanation

Cómo midió Eratóstenes la circunferencia de la Tierra

Eratóstenes (276-195 AC), director de la famosa Biblioteca de Alejandría en el Egipto ptolemaico, aportó contribuciones pioneras a las matemáticas, la astronomía, la geografía y la historia. También elaboró una serie de argumentos contra la división de la humanidad entre griegos y «bárbaros». Sin embargo, por lo que se le recuerda es por haber hecho la primera medición correcta de la circunferencia de la Tierra (una historia bien contada en el reciente libro de Nicholas Nicastro, Circumference). ¿Cómo lo hizo?

Eratóstenes había oído que, al mediodía de un único día de cada año, el Sol brillaba directamente en el fondo de un pozo abierto en la ciudad de Syena (ahora Asuán). Esto significaba que el Sol estaba en ese momento en el cénit. En consecuencia, Asuán tenía que estar en el Trópico de Cáncer y ese día tenía que ser el del solsticio de verano (nuestro 21 de junio). Sabía cuanto tardaban las caravanas en hacer el viaje desde Alejandría a Asuán y, basándose en ese tiempo, calculó que la distancia entre las dos ciudades era de 5.014 estadios. Dio por supuesto que Asuán estaba, en dirección sur, en el mismo meridiano que Alejandría. En realidad se equivocaba levemente en dos cosas: el meridiano de Asuán está un poco al este del de Alejandría y Asuán no está justo en el Trópico; pero, por afortunada serendipia, estos dos errores se anulaban mutuamente. Entendió que el Sol estaba lo suficientemente lejos como para considerar paralelos los rayos que llegan a la Tierra. Cuando el Sol estaba en el cénit en Asuán, tenía que encontrarse al sur del cenit en la Alejandría más septentrional. ¿En qué medida?

Midió la longitud de la sombra proyectada por un obelisco que se alzaba frente a la Biblioteca (dice la leyenda —pero pudo ser algún otro objeto vertical más fácil de medir), y, aún sin trigonometría, a la que todavía le faltaba mucho desarrollo, pudo determinar que el Sol estaba en un ángulo de 7,2 grados al sur del cenit. Entendió que ese ángulo era la medida de la curvatura de la Tierra entre Alejandría y Asuán (véase la figura). Puesto que 7,2 grados es la quincuagésima parte de 360 grados, Eratóstenes, multiplicando por 50 la distancia entre Alejandría y Asuán, pudo calcular la circunferencia de la Tierra. El resultado, 252.000 estadios, dio un escaso 1% menos que la medición moderna de 40.008 km.

Cómo midió Eratóstenes la circunferencia de la Tierra

Eratóstenes articuló unos elementos que no tenían entre ellos una relación aparente: datos comprobados, como el paso de las caravanas, el Sol que se reflejaba en el fondo de un pozo, la longitud de la sombra de un obelisco; hipótesis, como la forma esférica de la Tierra, su distancia del sol, y herramientas matemáticas para medir una circunferencia que sólo podía imaginar, pero no ver ni comprobar. Su resultado es simple y convincente: la manera de llegar a él es un perfecto ejemplo de la inteligencia humana más elevada.

¿Pensaba Eratóstenes concretamente (de la forma en que podría haber pensando concretamente en la distancia entre la Biblioteca y el Palacio de Alejandría) en la circunferencia de la Tierra? Supongo que no. Creo más bien en un reto planteado por estimaciones bastante diferentes de la circunferencia de la Tierra que hubieran ofrecido otros estudiosos de la época. Estaría pensando en diversas herramientas y principios matemáticos que pudieran aplicarse a la cuestión. Estaría pensando en el uso demostrativo que puede hacerse de diversas observaciones e informes. Trataría de encontrar una solución clara y convincente, un argumento incontestable. En otros términos, estaría reflexionando acerca de las representaciones: teorías, conjeturas, informes, y buscando una manera novedosa y perspicaz de combinarlos. Al hacerlo, se sentiría inspirado por otros y tendría a otros como interlocutores destinatarios. Su hazaña intelectual sólo tiene sentido como un eslabón particularmente notable en una cadena social y cultural de actos mentales y públicos. Para mí, es una ilustración impresionante no sólo de la inteligencia humana individual sino también, y sobre todo, de los poderes de unas mentes social y culturalmente ampliadas.

Greenpeace y la mentira como estrategia de marketing (II): Luis Ferreirim

Publicado por el 2 may, 2012 en Tercera Cultura | 2 comentarios

Fuente: http://www.losproductosnaturales.com

Continuamos con la historia de Greenpeace y la campaña antitransgénicos en España donde la dejamos la semana pasada. A principios de este año, a raíz del fracaso electoral de Equo y la política de puertas giratorias con Greenpeace Miren Gutiérrez y Juan Felipe Carrasco abandonaron la multinacional verde por la puerta de atrás siendo sustituidos por Mario Rodríguez y Luis Ferreirim respectivamente. Sobre Luis Ferreirim se puede decir que no tiene una carrera laboral conocida fuera del activismo. Ha pasado de poner pancartas sobre el prestige y ser multado en Gibraltar por abordaje ilegal a experto en transgénicos. Sorprendente, puesto que no tiene formación científica sino que es filósofo, eso si, especializado en filosofía del medio ambiente según se puede leer en alguna entrevista, lo cual deja a las claras que Greenpeace nunca ha tenido el más mínimo interés en justificar con argumentos científicos sus campañas. Luis además parece haber interiorizado a la perfección la política Goebbelsiana de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad y no se ha molestado en fingir que entiende la base científica de un transgénico, ni en informarse lo más mínimo. Simplemente miente o mete la pata. Y como muestra la entrevista que concedió a la revista OCU-compra maestra en marzo y abajo las 10 mentiras y/o errores que he encontrado en solo media página:

1) - Desconocemos totalmente sus efectos reales. Hermoso ejemplo de lo que es una falacia y frase contundente que no dice nada, puesto que se puede aplicar a todo. ¿Qué quiere decir totalmente? Yendo a los transgénicos el maíz Bt es tóxico para el taladro, el RR tolera el glifosato y por supuesto la evaluación es caso por caso y muchísimo más estricta que en cualquier otro alimento o variedad agrícola. Por lo tanto: sí sabemos que efecto tiene un transgénico. Me gustaría saber qué variedad no transgénica conocemos totalmente sus efectos. De hecho tenemos mucha más información de los transgénicos que de los que no, por eso alguna vez ha pasado que han tenido que eliminar variedades no transgénicas del mercado por ser toxicas y nunca ha pasado con un transgénico.
.2) - Ninguna ventaja para el consumidor. Otra vez mete la pata al hablar de “ninguna” pues está probado y publicado que su precio más asequible (nadie los usaría si no fuera así) y el menor riesgo de contaminación por micotoxinas en los maíces-Bt. La posibilidad de eliminar ácidos grasos “trans” o de añadir ácidos grasos omega-3 para que los consumidores dispongan de alimentos más saludables ya están publicadas igual que el trigo sin gluten, solo falta la lenta autorización. Que dicho sea de paso, es tan lenta entre otras cosas, debido a su presión. O sea, que se puede decir que si no hay más transgénicos en el mercado, con más ventajas, es por culpa suya. Me gustaría también que le dijera a un diabético que la insulina transgénica no tiene ninguna ventaja o al padre de un niño celíaco que piensa que el trigo sin gluten no supone ninguna ventaja.
3) - Evaluación de riesgos “basada en exámenes solo de tres meses”. Mentira cochina. No es cierto, pues los estudios necesarios para respaldar una solicitud suelen durar entre 5 y 10 años. Algunos estudios de seguridad alimentaria evalúan los efectos de ingestiones repetidas durante 90 días, lo que representa 90 días más que la mayoría de las evaluaciones con mejoras convencionales, pero otras evaluaciones de efectos sobre el medio ambiente pueden durar varios años (con un coste total de 100 millones de euros). Por otra parte, la duración de la exposición alimentaria a proteínas cuya vida media en jugos gástricos simulados no llega a medio minuto podría ser estudiada perfectamente con estudios durante 1-2 semanas (pues los metabolitos son naturales y hasta la fecha coinciden los resultados de ambos tipos de estudios).
4) - “El incremento que han experimentado algunas enfermedades como el cáncer está muy desarrollado con la presencia de agentes químicos”. Si se refiere a los agentes químicos usados en agricultura es rotundamente falso, pues los productos con estas características se prohibieron hace décadas o nunca han estado autorizados. Además esto no tiene ninguna relación con los OGM, simplemente es echar porquería gratuitamente. Total, la gente que paga la cuota de Greenpeace se cree todo lo que les decimos.


5) - “El cultivo de OGM requiere grandes cantidades de agrotóxicos”. Para empezar los agrotóxicos no existen (nadie ha pretendido autorizar un producto que mate el campo…) pero si se refiere a los insumos o fitosanitarios, también es mentira, partiendo de la base que no puede generalizar ¿Qué transgénico? Muchos de los aprobados realmente necesitan menos fitosanitarios o bien reducen el uso de insecticidas (caso de las variedades-Bt de maíz, algodón o soja) o bien aumentan la tolerancia a ciertos herbicidas con menor peligrosidad que los usados en cultivos convencionales.
6) - “Los OGM dañan los ecosistemas”. Falso; ver las Opiniones científicas de EFSA caso por caso, no hay ninguno registrado. ¿Puede citar algún ecosistema dañado? ¿Algún problema medioambiental? Mentira y punto.
7) - “potencian la deforestación”. Falso, pues aumentan la eficiencia productiva (ver informe ISAAA) y por tanto la presión sobre los espacios naturales es menor. Curiosamente un cultivo con menor eficiencia sí que potencia la deforestación, como por ejemplo, los cultivos ecológicos.
8) - “limitan la soberanía alimentaria”. Tampoco es cierto, pues la soja fue domesticada por agricultores chinos hace miles de años y hoy China es el primer país importador de soja MG o convencional, sin que a nadie se le ocurra decir que ha perdido su soberanía. Al contrario, Argentina ha conseguido mejorar su economía y no depender del FMI ni del banco mundial gracias al cultivo de la soja OGM, así que vamos, ni de coña, siempre y cuando suponiendo que este señor sepa qué es lo de lasoberanía alimentaria.
9) - “una amenaza para nuestro futuro”- No, hombre, no, pues a nadie se le obliga a sembrar o comer soja MG. Los transgénicos son simplemente herramientas adicionales para los que quieran usarlas. Al contrario, si los agricultores las usan es porque son un beneficio y más cuando empiecen a llegar los alimentos funcionales.
10) - “Tolerancia cero” para el etiquetado de alimentos. Vale, muy bien, pero de momento los huevos ecológicos están cargaditos de dioxinas y ellos callados. ¿Qué efecto tiene sobre nuestra salud el maíz Bt respecto del convencional? pues que seguro que no tiene micotoxinas y el convencional puede (el ecológico seguro). ¿Por qué no pedimos tolerancia cero con las micotoxinas?  sí, esas que hubo que aumentar el umbral  porque se retiraban todas las partidas de maíz ecológico.



En la revista placet también realizó una entrevista en que repite los mismos argumentos, o mejor dicho, las mismas mentiras y dice alguna más. Solo voy a comentar una:

“Hay ciertas promesas que hicieron las empresas de transgénicos, que se hicieron desde que empezaron… que iban a sacar variedades resistentes a sequía o a los suelos altos en salinidad etc, sin embargo hace más de 15 años y no han sacado ningún transgénico con esas características. No hay transgénicos resistentes a sequías o a terrenos desfavorables ni existen estudios que comprueben la mayor productividad de los transgénicos respecto a los convencionales”

Aquí demuestra que ni siquiera se esfuerza en ganarse el secreto (e imagino que generoso) sueldo que Greenpeace le paga informándose un mínimo. Si hubiera leído este blog sabría que más gorda no la puede haber dicho. Resumiendo diré que los transgénicos tolerantes a estrés abiótico (sí, mi campo de estudio y lo que parece querer decir cuando habla de salinidad o sequía) son técnicamente mucho más complicados que los que están en el mercado desde hace 15 años. La dificultad es que a priori no sabemos qué gen utilizar. No obstante hace mucho tiempo que tenemos resultados en laboratorio e invernadero y bastantes ensayos de campo. Solamente poniendo “drought transgenic crops” pubmed da 64 resultados (con que no había ninguno ¿eh?). Pero es que ni siquiera puede decir que son resultados que no están disponibles. Desde el año pasado se comercializa una variedad de maíz tolerante a sequía. Y quizás convendría recordar que en los invernaderos experimentales que destrozó Greenpeace Australia se investigaba trigo tolerante a sequía… o sea que igual estas variedades están tardando en estar disponibles porque Greenpeace se dedica a destrozar los experimentos. Veremos en cuantas entrevistas repite el argumento de que no hay transgénicos tolerantes a sequía.
Por lo tanto sobre Luis Ferreirim queda claro que, una de dos: o no tiene ni idea (no descartable dada su escasa formación en el tema) o lo peor, sí que sabe de lo que está hablando y miente a sabiendas. No sé cuál de las dos opciones me indigna más teniendo en cuenta que Greenpeace España es una organización que controla 7 millones de euros de presupuesto anual. Además hay que tener en cuenta que este señor es al que llaman los medios de comunicación cada vez que hay una noticia sobre transgénicos o el que se sienta a negociar con el ministerio la política de transgénicos. A la vista de sus declaraciones ¿Está capacitado para ello? ¿Greenpeace no tiene a nadie mejor? ¿No haría falta una formación o una trayectoria profesional constrastable? ¿Poner pancartas y gritar fuerte es suficiente curriculum para influir en decisiones que van a afectar a la agricultura, la ciencia, la economía y al final, a todos? Detalles como este explican que Europa esté perdiendo peso político en el mundo.
PD: Miren Gutiérrez y Juan Felipe Carrasco parecen desaparecidos en combate. Si les apetece comentar su salida de Greenpeace les ofrezco este modesto blog… ¿o habrán firmado cláusula de silencio?
Sobre por qué está tardando tanto el trigo transgénico, este vídeo es bastante explicativo:

Nuestros carnívoros antepasados

Publicado por el 27 abr, 2012 en Divulgación Científica, Ética animal, Tercera Cultura | 33 comentarios

Homo ergaster

Es posible que se haya prestado una atención insuficiente al papel de las madres en la evolución humana, pero cuando estudiamos la importancia de la dieta en el proceso de humanización, no hay contradicción entre madres y cazadores. Según Ella Psouni, del departamento de psicología de la universidad de Lund, en Suecia, existe de hecho una “fuerte conexión entre la dieta y el amamantamiento”. Las diferencias en el tiempo de destete entre los humanos y los simios no es cultural sino biológica. Nuestro precoz destete se debe a que los sapiens son carnívoros cazadores capaces de aportar una dieta más energética, a diferencia de gorilas, chimpancés u orangutanes, que son omnívoros o herbívoros. Un estudio con 67 especies de mamíferos, publicado en PLoS, documenta que las diferencias en el destete temprano se deben principalmente a esta dieta carnívora.

Es más. La caza y la dieta carnívora no sólo desempeñaron un papel crucial en la evolución humana, probablemente también pudieron tener un impacto devastador en los ecosistemas. Según Lars Werdelin, del museo de historia natural sueco, la decadencia de los grandes carnívoros africanos probablemente se debe al impacto de los primeros homínidos más que al cambio climático. Aunque la hipótesis no es segura, ya que los primeros Homo llevaban ya medio millón de años antes de la decadencia de los grandes carnívoros (se estima que los primeros Homo capaces de emplear herramientas datan de hace 2.6 millones de años, aunque otros estudios retrasan mucho más la invención de las primeras herramientas y el carnivorismo homínido) el hecho es que, de los 18 grandes carnívoros que ocupaban el paisaje africano hace 2 millones de años, hoy sólo quedan 6 especies de más de 21.5 kg. (leones, leopardos, dos especies de hienas, guepardos y perros salvajes).

Teniendo en cuenta la importancia del consumo de carne en la evolución humana, cabe preguntarse si puede extraerse alguna conclusión moral o dietética de la historia de nuestra humanización. ¿Es moral comer carne? ¿Sigue siendo positiva para nuestra salud una dieta basada en la carne? Muchos no dan la respuesta positiva por descontada. La misma Ella Psouni advierte que las conclusiones de su investigación no dicen nada sobre si debemos o no comer carne para tener una dieta adecuada. Y según el animalista Oscar Horta “no hay razón alguna para creer que lo que hiciesen nuestros antepasados homínidos hace cientos de miles de años pueda ser relevante para nuestra consideración actual sobre cómo hemos de actuar”. Sea cual sea nuestra preferencia moral, parece imprescindible situar la discusión en un marco más amplio. Aunque de todos modos es instructivo saber de dónde venimos.

Greenpeace y la mentira como estrategia de marketing (I)

Publicado por el 25 abr, 2012 en Tercera Cultura | 0 comentarios

Fuente:  http://www.losproductosnaturales.com

En 1999 Greenpeace lanzó la guerra contra los transgénicos en Europa con el manifiesto “The end of the World as we know it”, con claras reminiscencias a un disco de REM. El ideólogo de esta campaña fue Bendikt Härlin, activista político proveniente de la extrema izquierda y con nula formación científica. Si la campaña triunfó no fue un mérito exclusivo de Greenpeace, sino más bien de una conjunción de diversos factores. Para este éxito fue determinante que los políticos y las grandes empresas europeas vieran con buenos ojos un rechazo a una tecnología estadounidense contra la que no estaban preparados para competir. ¿Y qué hemos ganado a cambio? Básicamente nada. Importar lo que podríamos producir y aumentar la dependencia tecnólogica de Estados Unidos. 13 años después el rechazo a los transgénicos está ocasionando una brutal pérdida de potencial económico y científico, así como una pérdida de soberanía alimentaria en Europa que está lastrando nuestro presente y cada vez más nuestro futuro en términos de pérdida de puestos de trabajo, de desarrollo científico, de independencia económica y soberanía alimentaria.

Greenepeace, fomentando el odio visceral a la ciencia

Actualmente la política antitransgénicos de Greenpeace en Europa es más de imagen que activa. Viene a ser como cuando el Carrefour pone la garrafa de aceite a 9 euros. Es un precio gancho para que la gente venga y aprovechar para venderle más cosas a precio similar o superior que en otros supermercados. De la misma manera Greenpeace utiliza esta campaña para captar más socios que paguen la cuota. Greenpeace España se suma a manifestaciones o comunicados, hace presión política y cuelga pancartas, pero poco más. Solo hay que ver los números del informe de auditoría. El gordo va a sueldos y el canon a Greenpeace internacional, la campaña antitransgénicos se lleva un mísero 1,7% del presupuesto anual de 7 millones de euros. De hecho el trabajo sucio de destrozar campos experimentales de transgénicos se lo dejan a los grupos minoritarios e integristas como ecologistas en acción o a pequeños grupos incontrolados (igual que los ultras en la transición). Diferente es el caso de Australia donde sí que han pasado a la acción directa y violenta. El caso opuesto es el de Estados Unidos, donde la campaña antitransgénicos es mínima. Ante esta disparidad de criterios no es de extrañar que en cable de Wikileaks ID #207708 se preguntaran si la disparidad de objetivos de Greenpeace de un país a otro no sería debida acuerdos con gobiernos o grandes empresas.

¡¡¡¡Greenpeace pidiendo que cerremos todas las farmacias!!!!

Pero vayamos al meollo. ¿Qué argumentos ha utilizado Greenpeace para justificar su campaña antitransgénicos? ¿Son ciertos? ¿Están justificados científicamente? Pues podemos decir sin riesgo a equivocarnos que ante la falta de argumentos que justificaran su campaña, se los han inventado. Y no estamos hablando de errores puntuales, sino de una estrategia global, premeditada y sostenida durante años. Por ejemplo, en otoño del año 2000 en las estaciones de tren de Holanda apareció un anuncio en el que al lado de una apetitosa hoja de lechuga había una leyenda que decía “está lechuga se mantiene más tiempo porque incorpora genes de rata, buen provecho” y atribuía el invento al centro de investigación de la Universidad ATM de Texas. Huelga decir que no hay lechugas transgénicas en el mercado ni tiene ningún interés que incorporen genes de rata. En Australia, para justificar daños por más de 300.000 euros en invernaderos donde se trataban de desarrollar variedades de trigo transgénicas, hicieron una campaña de presión para que el mayor fabricante de productos de panadería declarara públicamente que no utilizaba transgénicos, obviando el hecho que no hay ninguna variedad de trigo transgénica comercializada, así que aunque hubiera querido no hubiera podido.

Campaña de Greenpeace Holanda en el año 2000.

¿Qué pasa en España? En España Greenpeace edita la guía roja y verde de los transgénicos, que no es que sea un manifiesto político como parecen indicar los colores sino el resultado de una política de demonizar arbitrariamente a quien no haga lo que yo quiero. Ellos solicitan a las empresas las pruebas de que no utilizan transgénicos, si las pruebas les satisfacen van a la lista verde. Si no las aportan o no les satisfacen van a la lista roja. De la misma manera que si yo publico una lista de pederastas y meto a todo quien me apetece y si me trae las pruebas de que no lo es, lo quito. En algunos casos realizan ellos mismos lo análisis, obviando mencionar que utilizan enzimas transgénicos para estos análisis. La decoración de esta lista se hace a base de imágenes trucadas con el Photoshop, en plan dar mucho miedo. Mi favorita es la del tomate con un embrión humano, más que nada porque me recuerda a las campañas contra el aborto de los grupos ultraconservadores (de quien parecen haber copiado parte de la estrategia y con los que coinciden en la campaña en contra de las células madre).

¿Hazte oír? ¿Opus Dei? no, Guia Roja y Verde de Greenpeace

El director histórico de la campaña de Greenpeace en contra de los transgénicos era Juan Felipe Carrasco. Ingeniero agrónomo que empezó trabajando en Sesostris, multinacional del grupo Louis Dreyfuss dedicada a la importación de cereales y semillas. Empresa que también importaba transgénicos en la época en la que Juan Felipe trabajaba allí, así que podemos decir que primero vivió de importar transgénicos y luego de criticarlos, solo se cambió de multinacional. Ente sus logros, al margen de disfrazarse de árbol y salir de la tierra (ver imagen), un patético manifiesto titulado “quitad las manos de nuestro arroz” en abril del 2009, que en medio de la tecnofobia y tontería que destilaba se podía leer “muchos países han prohibido la investigación con arroz”. En su momento escribí a Greenpeace pidiendo la lista de países que han prohibido la experimentación, esta es la hora que contesten. El manifiesto ha desaparecido de la web de Greenpeace (¿por vergüenza?) pero se puede encontrar las numerosas webs que lo rebotaron. En el 2010 en el congreso interuniversitario de estudiantes de biotecnología celebrado en Tarragona tuvo la osadía de decir que los transgénicos estaban provocando el declive de la mariposa monarca, leyenda urbana asociada al maíz Bt, refutada desde hace más de 10 años. Se ve que se pensaba que estaba ante un público entregado y no ante uno con una formación digna, por lo que hizo un ridículo espantoso. Curiosamente a pesar de que España es el principal productor europeo de maíz Bt se acaban de detectar colonias de mariposa monarca procedentes de Estados Unidos, así que el maíz Bt más que matarla parece que las atrae. Esta mariposa es la única cosa que le va bien a la monarquía, a pesar de que lo mejor para los intereses de Greenpeace sería que desapareciera y así justificaría su política y sus denuncias falsas.

Juan Felipe Carrasco saliendo de la tierra.

Seguiremos en breve hablando del actual encargado de la campaña antitransgénicos de Greenpeace españa Luis Ferreirim, ya os adelanto que hasta donde he podido investigar no le han plantado y todavía no le riegan.

Materializables

Publicado por el 23 abr, 2012 en Tercera Cultura | 4 comentarios

Autor: Félix Ares

Objetos físicos que se materializan a partir de software trasmitido por internet.
El sitio de internet «The Pirate Bay» acaba de introducir una nueva categoría en sus archivos: «physibles». La terminación ble/bles en inglés la mayor parte de las veces tiene el mismo significado que en castellano, por ejemplo, computable significa que se puede computar, objetable que se puede objetar. Physi es el principio de la palabra physical que significa físico, material. Así que la traducción de physible podría ser la de materializable.

 

La nueva categoría tiene archivos de software que cuando se ejecutan en una impresora 3-D se crean los objetos físicos.

Las impresoras 3-D son impresoras similares a las de chorro de tinta que a base de múltiples pasadas son capaces de crear una escultura tridimensional, bien en ceras blandas, en nailon relativamente duro, o en metales duros si después de depositar los polvos metálicos se endurecen con un láser.

Hace años estas impresoras eran muy caras pero hoy en día están al alcance de cualquier aficionado. Las más baratas cuestan unos mil euros.

Hasta ahora fabricar una pieza un poco complicada era muy costoso y no merecía la pena, pero ahora se abre todo un abanico de posibilidades. Alguien hace la pieza compleja y quien la necesite se la descarga de internet y la materializa en su impresora.

Pocas dudas hay de que las posibilidades que da para los negocios legales son inmensas. Por poner solo un ejemplo, para los aficionados al aeromodelismo, se descargan el modelo de avión y se lo imprimen todo menos el motor y la electrónica. Los vendedores de motores y de radiocontroles pueden dar como valor añadido un montón de archivos para que el cliente imprima el avión que más le guste o para que estudie distintos tipos de alas o de alerones, o una geometría distinta del morro, o…

Claro que automáticamente surgen los problemas de derechos de autor. ¿Qué ocurre si alguien con un escáner de tres dimensiones obtiene el archivo que permite materializar una pieza patentada? ¿Qué hay que hacer si alguien escanea una escultura famosa y permite hacer copias?

Hay casos en los que la respuesta es bastante obvia. A mí me gustan algunos «moais» de la Isla de Pascua. Me encantaría tener copias. No hay problema pues no hay derechos de autor. Pero, ¿qué ocurre si lo que quiero es una copia de «la persistencia de la memoria» de Dalí?

Linux es un sistema operativo abierto, que todo el mundo puede usar y modificar. Espero que haya «materializables» abiertos que todos puedan usar y modificar libremente.

Daniel Everett: El lenguaje es una herramienta, no un instinto

Publicado por el 20 abr, 2012 en Divulgación Científica, General, Libros / Reseñas, Tercera Cultura | 7 comentarios

Foto: "Dan Everett Books"

Daniel Everett es un lingüista conocido en particular por sus estudios con tribus amazónicas, a las que llegó como misionero evangélico y de las que salió convertido en ateo en los años ochenta del siglo pasado. Su ateísmo le salió caro: un divorcio y la pérdida de contacto con su familia, que sólo recientemente parece haber aceptado “su punto de vista sobre el teísmo”.

Las posiciones teóricas de Everett también son molestas para la parte dominante de la lingüistica contemporánea, deudora de los trabajos de Noam Chomsky. Su trabajo sobre las “limitaciones culturales de la gramática y la cognición de los Pirahâ” ha causado tanta controversia y malestar como para que el mismo Chomsky le calificase como un “charlatán”. Juan Uriagereka también se ha mostrado crítico con su trabajo en las páginas de este mismo digital: “Everett es un genio de las relaciones públicas”.

Probablemente Everett sabe cómo vender libros, pero sus ideas no carecen totalmente de respaldo. En EDGE ha publicado un ensayo sobre la recursión en los Pirahâ y Patricia S. Churchland ha calificado su último libro como “algo más que una obra maestra”. La posición que defiende, en síntesis “el lenguaje como instrumento”, es una tendencia viva. En Philosophical transactions de la Royal Society le dedican últimamente todo un número a este asunto.

Everett es ante todo un escéptico con la idea del lenguaje como “instinto” y con algunas de las conclusiones más audaces de la llamada “biolinguïstica”. Según él, no debemos entender el lenguaje como un instinto, sino como un artefacto cultural, una herramienta similar al arco y las flechas que encontramos en los más dispares enclaves culturales.

No existe un “gen del lenguaje”

Un gen del lenguaje es tan improbable como un gen para construir arcos y flechas, o para creer en Dios, o para practicar brujería. De hecho, los seres humanos son célebres por el numero relativamente pequeño de genes (tenemos menos que el maíz): “No es la posesión de genes altamente específicos lo que nos hace más inteligentes que una mazorca. Más bien, es la sinfonía de estos genes trabajando juntos lo que hace que los bebes humanos sean más brillantes que una bonita mazorca en la cosecha de la mañana”.

Todo lo más, alguno de nuestros genes (el caso más conocido es el FOXP2) resulta estar particularmente implicado en el lenguaje. El gen FOXP2 parece ser muy importante para que el lenguaje funcione correctamente, pero no es un gen “del lenguaje”. Del mismo modo, tampoco podemos considerar que las áreas de Brocca o de Wernicke, que tradicionalmente se ha pensado que desempeñan funciones relacionadas con el lenguaje, sean específicas suyas.

El lenguaje es en definitivas cuentas un comportamiento complejo (como la religión, o la política), y no hay evidencias que enlacen genes individuales, ni áreas concretas del cerebro, con comportamientos tan complejos de la naturaleza humana. De hecho, sabemos también que la selección cultural ha desempeñado un papel fundamental en nuestra especie: la cultura también “selecciona” genes.

El lenguaje como artefacto

Pero si no hay unos principios universales e innatos ¿Por qué entonces los niños adquieren tan rápidamente un lenguaje? ¿Por qué parece que es más difícil aprender un lenguaje después de la pubertad? ¿Y por qué hay similitudes tan sorprendentes entre los distintos lenguajes? Aparentemente todas estas preguntas invitan a proporcionar una respuesta nativista, a acariciar el “logos” de Platón y quizás a proponer una “lengua de la humanidad” bajo los dispares parámetros culturales. Y sin embargo existen alternativas.

Uno de los problemas con las hipótesis nativistas del lenguaje es que no tienen en cuenta que el “significado” precede al lenguaje, tal como han defendido James R. Hurford o Susan Carey. Es decir, el pensamiento es anterior al lenguaje (Paul Churchland hace una defensa muy elocuente de este punto en su último libro). Todos los componentes que participan en el lenguaje sirven de hecho a otras funciones no lingüisticas: la boca sirve para morder o comer además de para hablar, la lengua sirve para lamer, y las áreas del cerebro relacionadas con el lenguaje, por ejemplo, con la sintaxis, también participan en otras actividades motoras o cognitivas.

Según Everett, la clave podriá radicar en una tendencia natural previa, una especie de “instinto de interactuar” anterior al uso del lenguaje y que empezaría por el útero materno y la relación entre madres e hijos. Este “instinto” social aparece también en los demás primates que poseen formas de comunicación social, pero ninguna de las habilidades del lenguaje humano más complejas. Ninguna otra especie de primates siente la intensa necesidad de comunicarse característica del homo sapiens.

Si leísteis hace años, como yo, El instinto del lenguaje de Steven Pinker, este nuevo libro de Everett, Language. The cultural tool (que yo sepa aún no traducido al español), probablemente servirá para tener una visión más equilibrada del debate. Especialmente habida cuenta de que las aproximaciones nativistas se han extendido mucho últimamente en la cultura científica: el “instinto moral” de Marc Hauser o el “instinto de la fe” de Nicholas Wade son dos ejemplos significativos.

Según Everett los instintos no funcionan como creen Pinker y cia. Los instintos poseen una curva cero de aprendizaje, y no difieren en los individuos sanos. En contraste, cosas como el arte, la religión o el lenguaje, todos los comportamientos complejos de la naturaleza humana, poseen claramente curvas de aprendizaje y diferentes niveles de pericia. Nunca dejamos de aprender un lenguaje, un arte, una religión o una filosofía. Los lenguajes podrían ser artefactos culturales, no instintos.

Foto: Dan Everett Books

Determinismo, libre albedrío y responsabilidad

Publicado por el 18 abr, 2012 en Tercera Cultura | 7 comentarios

autor: Miquel, en http://memoriasdesoledad.blogspot.com.es

  • “Dios no juega a los dados con el Universo”
    A. Einstein
  • “Las decisiones de la mente no son nada salvo deseos, que varían según varias disposiciones puntuales”.
  • “No hay en la mente un absoluto libre albedrío, pero la mente es determinada por el desear esto o aquello, por una causa determinada a su vez por otra causa, y ésta a su vez por otra causa, y así hasta el infinito.”
  • “Los Hombres se creen libres porque ellos son conscientes de sus voluntades y deseos, pero son ignorantes de las causas por las cuales ellos son llevados al deseo y a la esperanza
    Spinoza

A. EinsteinLos seres humanos tenemos una sensación clara del “yo” que nos distingue del resto de seres que nos rodean. Esta  experiencia se acompaña de la sensación de agencia, esto es, nos hacer sentir causantes de gran parte de los  movimientos de nuestros músculos esqueléticos. Por esta razón, los libros de texto presentan con el nombre de sistema nervioso voluntario a los nervios relacionados con estos músculos.

Junto a esta experiencia del “yo” el ser humano ha desarrollado lo que los científicos llaman Teoria de la Mente, que consiste en que somos capaces de atribuir las mismas sensaciones  que nosotros experimentamos a  nuestros semejantes. Estas experiencias, relacionadas con las “neuronas espejo”, hacen comprensibles los sentimientos de empatía que tenemos con nuestros congéneres. Nuestro cerebro desarrolló a lo largo de la evolución la vivencia de que existen fenómenos naturales que ocurren en nuestro alrededor y procesos mentales que ocurren en nuestro interior , es decir, procesos físicos y procesos psíquicos  o dicho de otra forma, mundo y mente . Resulta muy complicado la admisión por parte de los humanos de que la mente es el resultado de procesos cerebrales que están formados por materia similar a la del resto del Universo. De ahí que se pueda considerar al ser humano dualista por naturaleza, y por esto el dualismo mente-cuerpo que popularizó Descartes hace unos cuantos siglos continúa instalado en la actualidad en la mayoría de los humanos.

Por tanto, nuestro cerebro experimenta de manera muy clara la vivencia subjetiva de un “yo” que habita en nuestro cuerpo y que elige la conducta que ha de ejecutar en cada momento. Percibimos que cada una de estas decisiones del “yo” no está causada por ningún acontecimiento físico previo, es decir, carece de causa alguna. De esta manera, queda intacta la idea de que el ser humano posee un alma libre y responsable que puede construir su futuro. Esta idea constituye la base más sólida sobre la que se construyen las más diversas ideologías o religiones , y que por tanto,  es muy difícil de erosionar.  Pero el intento de entender la naturaleza humana por parte de las neurociencias cuestiona muchas de nuestras creencias, por mas contrarias que nos parezcan a nuestras intuiciones más básicas.

La comprensión de la naturaleza humana en términos biológicos siempre ha provocado fuertes rechazos porque puede eliminar el concepto de responsabilidad personal en que se basa nuestro sistema judicial. Parece como si atribuir las causas de nuestras conductas  al cerebro, los genes, o  nuestro pasado evolutivo, aparte de  ofrecer una visión monstruosa de nuestra condición deja al individuo sin responsabilidad en sus acciones. ¿Cómo podemos culpar a alguien si esta obedeciendo ciegamente a un gen determinado o a una amígdala reducida?. ¿Cómo castigar a alguien cuya conducta está dirigida por la actividad de sus lóbulos frontales, los cuales tienen una pequeña deficiencia que le impiden actuar de otra forma? Incluso la tradición psiquiátrica tiende a distinguir entre enfermedades neurológicas o del cerebro, consideradas como trágicas patologías que corroen la responsabilidad de sus portadores, y enfermedades psicológicas, o mentales, donde las alteraciones emocionales o mentales son errores de los individuos y  culpables de una supuesta falta de fuerza de voluntad. El caso más famoso en este sentido es el de Phineas Gage, pero también están bien documentadas conductas muy violentas relacionadas con pequeños tumores en determinados lugares del cerebro (Antonio Damasio o Eagleman ilustran este y otros casos de manera muy detallada).

Hay que hacer notar que, si estas conductas muy lejanas de la normalidad están determinadas por nuestra química cerebral, no hay razón para suponer que las conductas consideradas más comunes no estén asimismo causadas por nuestro cerebro.

Este determinismo biológico tiene su contrapartida en el determinismo medioambiental. También podemos encontrar un amplio abanico de causas  que pueden llevar a disminuir  la responsabilidad de nuestras conductas.  Si la causa recae en los medios de comunicación, los malos tratos en la infancia, la educación por parte de los padres parece que se exculpe al individuo de sus actos.  Siempre puede uno excusarse en las sustancias que tomó la madre durante el embarazo, las malas compañías, los malos vicios, o en general a la sociedad como máximo responsable de nuestro comportamiento . La lista de atenuantes que los abogados defensores intentan buscar  puede llevar a situaciones graciosas como la que apareció en una viñeta en el New Yorker hace unos años refiriéndose a las declaraciones de una mujer defendiéndose  ante un tribunal : “Es verdad, mi marido me pegaba por la infancia que tuvo; pero yo le maté por la que tuve yo”.

En realidad, podemos decir que nuestros actos tienen una causa, mal si no la tuvieran, que a su vez depende de una gran complejidad de factores biológicos o ambientales en compleja interacción. Lo que no podemos aceptar es que nuestra conducta no tiene ninguna causa, o que la causa es un extraño ente inmaterial que influye sobre los procesos cerebrales y que ningún neurocientífico ha encontrado la mas mínima señal.

En mi opinión, esta contraposición entre determinismos, encuadrada en el  anticuado debate entre naturaleza y educación, o entre biología y cultura quedaría anulado por una postura determinista cosmológica. Es decir, la conducta de los animales es el resultado de una programa genético que se construye a sí mismo en continua interacción con su entorno, y de acuerdo con las mismas leyes que rigen la materia. Las causas de nuestros actos dependen de un programa genético que contenían el ovulo y el espermatozoide en el momento de la fecundación. Este programa genético puede modificarse a lo largo de la trayectoria vital del organismo por los estímulos procedentes del entorno. De acuerdo con la psicología evolucionista, la conducta humana es el resultado del complejo engranaje molecular de nuestro cerebro, diseñado por la evolución para solucionar los problemas de nuestros ancestros. Para los humanos tener un cerebro muy grande que le permita una flexibilidad y una gran variabilidad en sus respuestas supone una buena ventaja a la hora de aprovecharse de una desigual distribución de los recursos.

Pero la diferencia respecto de un gusano o una rana es de grado, no de sustancia, y por esto, actuamos movidos por deseos que regulan nuestro cuerpo y que están sometidos a las mismas leyes deterministas que gobiernan el cosmos.

Por tanto el concepto de libre albedrío es una pura ficción cerebral. Tenemos grados de libertad para hacer lo que queramos (más que una ameba, un ratón o un gorila), pero ninguna libertad para querer lo que queramos. Esto no es contradictorio con que nuestra experiencia de decidir es un proceso real con la función de seleccionar diferentes opciones de acuerdo con las previsibles consecuencias que tienen para el organismo; y por tanto nos debemos comportar “como si” tuviéramos libre albedrio, aunque éste sea una ilusión del cerebro. Nos sentimos agentes de la conducta aunque tan solo se trata de conocimiento o conciencia de haber realizado dicha conducta. Es decir, el cerebro actúa y luego cree que ha sido su voluntad la impulsora de dicha acción, o lo que es lo mismo, actúa y luego cree que hubiera podido elegir otra opción;  aunque ya no es posible retroceder.  Los defensores de una supuesta libertad humana incondicional rechazan el hecho de que nuestras acciones estén causadas  pero no se me ocurre como puede mejorar la cosa si la causa es el puro azar o no existe ninguna causa.

Esta visión acarrea para algunos el problema de la negación de la responsabilidad personal, pero en mi opinión no quedará reducida sino definitivamente clarificada. La explicación de una conducta no significa la exculpación de la misma.  En la actualidad se intenta evitar la responsabilidad de las conductas muy desviadas bajo una gran diversidad de explicaciones  biológicas o ambientalistas que inundan de confusión el debate.

La responsabilidad moral se convertiría así en una convención, es decir, en una serie de normas que garanticen y optimicen el bien común. El castigo cumple la función de apartar a los transgresores del resto de la sociedad y de servir de ejemplo para disuadir de conductas similares al resto de ciudadanos. Las conductas que se consideren merecedoras de un castigo, por desviarse de las normas establecidas por la sociedad para mejorar la convivencia,  responsabilizaran, por definición,  a los individuos que realicen dichas conductas.

Así pues, el determinismo cosmológico y la inexistencia del libre albedrío no están reñidos con el concepto de responsabilidad, y el concepto de defensa social es el punto central de esa moralidad basada en convenciones. Es la única salida que se me ocurre a la famosa guillotina de Hume:  “ o bien nuestros actos están determinados, en cuyo caso no somos responsables de ellos, o bien, son el resultado de sucesos aleatorios, en cuyo caso no somos responsables de ellos”.

Stradivarius y doble ciego

Publicado por el 15 abr, 2012 en Tercera Cultura | 2 comentarios

Autor: Félix Ares

En una prueba doble ciego los violines Stradivarius suenan peor que los modernos

Stradivarius y doble ciegoEs un hecho constatado multitud de veces que nuestras perspectivas influyen en el modo en el que percibimos el mundo exterior. Por ejemplo, si creemos firmemente que una medicina nos va a curar, muchas veces sentiremos mejora aunque esta no haga nada. Para evitar esos sesgos el método científico desarrolló lo que se llama método del doble ciego. En el caso de nuevas medicinas, el doble ciego consiste en hacer dos grupos de personas, a uno se le da la nueva medicina, a otro algo inocuo y se analiza la evolución de los dos grupos. Ni los médicos ni los enfermos saben a qué grupo están estudiando. De ahí lo de doble.

Todos sabemos que los violines Stradivarius y los Guarneri suenan mejor que un violín de alta calidad moderno. Al menos eso creíamos los legos en música y los propios violinistas. Pero nunca se había hecho una prueba doblemente ciego para verificarlo. Esto ha cambiado, en un artículo publicado en la revista «PNAS» el 3 de enero de 2012, un equipo de investigadores liderado por Claudia Fritz, ha hecho un experimento doblemente ciego con veintiún violinistas con experiencia, que hacían de interpretes y de jueces. Los violines se asignaban al azar. La madera vieja huele distinta de la nueva, para evitar que  su detección por la nariz a todos se les roció con un perfume, la prueba se hizo en penumbra y los músicos tenían gafas oscuras. Ni los violinistas ni los jueces sabían qué violín tocaba qué persona. Y empezó la prueba. Los resultados fueron: 1) los violines que más gustaban eran los nuevos, 2) los considerados peores fueron los Stradivarius, 3) la calidad percibida no correspondía a su precio y 4) la mayoría de los expertos no fueron capaces de decir si el instrumento era nuevo o viejo.

Así que estamos ante un ejemplo de que saber que el violín es un Stradivarius hace que nos suene mucho mejor.

Alguna vez he escrito que los Stradivarius sonaban mejor porque estaban construidos con madera de una época muy fría, la llamada «pequeña edad de hielo», y que eso hizo que los anillos de los árboles fueran más pequeños pues al hacer frío cada año crecían poco. Anillos pequeños implican madera más dura y eso pudo cambiar el sonido y hacer que los Stradivarius fueran extraordinarios.

Me equivocaba. No cabe duda que tanto los Stradivarius, hechos por la familia Stradivari, como los fabricados por la familia Guarneri, son extraordinarios; muy buenos; pero nada que no puedan reproducir los actuales fabricantes de violines de calidad.

El placer de explicar. Por qué las explicaciones tienen valor en sí mismas

Publicado por el 13 abr, 2012 en Divulgación Científica, Tercera Cultura | 3 comentarios

Todos buscamos explicaciones. Desde los niños a los científicos, todas las personas sienten la necesidad de dar sentido a lo que sucede, y habitualmente les gusta entender lo que pasa. La explicación ha sido un tema central de la psicología social y de la filosofía de la ciencia, y últimamente también lo es de la psicología cognitiva.

Tania Lombrozo es una psicóloga cognitiva de la universidad de California, en Berkeley, cuyo trabajo se centra en el estudio de la explicación, la causación, la representación conceptual y el razonamiento moral. Sus trabajos intentan “naturalizar” una teoría de la explicación, poniendo en continuidad las ideas filosóficas con los hallazgos empíricos, y tendiendo puentes entre las explicaciones corrientes y las cientificas.

Tradicionalmente, los filósofos han distinguido entre el valor intrínseco de las explicaciones, quizás arraigado en la “insaciable curiosidad intelectual del hombre”, para decirlo con Hempel, o en el sentido de admiración descubierto ya por Aristóteles, y su valor instrumental, orientado a hacer buenas predicciones y producir beneficios ”prácticos y tangibles” en el mundo. Entender el valor instrumental de explicar, sin embargo, parece más sencillo que entender por qué explicar tendría que tener un valor intrínseco.

Los científicos son como niños

Las teorías científicas y las explicaciones comunes de la vida diaria son corrientes paralelas, según una aproximación reciente al tema conocida como “de personas a científicos”. Entre la cognición corriente y las más sofisticadas teorías científicas existiría una continuidad, dado que “los niños y los adultos, como los científicos, construyen cuerpos de conocimiento más o menos coherentes con respecto a ciertos fenómenos, donde estos cuerpos de creencias son sensibles a las evidencias empíricas y sirven a la función crítica de proporcionar predicciones, explicaciones y control”.

Existe, de hecho, una íntima relación entre la explicación y el aprendizaje. Explicar favorece el aprendizaje, al ayudar a destacar unos rasgos del mundo con preferencia a otros y permitir establecer categorías con más precisión. Incluso explicarse algo a uno mismo, el llamado “efecto de auto-explicación” favorece el entendimiento de los niños y adultos, tal y como han documentado estudios en laboratorio y en el ámbito de la propia escuela.

“Orgasmos” cognitivos

Para entender el valor intrínseco de explicar, la “satisfacción fenomenológica que acompaña a la explicación”, Alison Gopnik ha llegado a sugerir que la explicación es como un orgasmo: “tal como un orgasmo proporciona un incentivo para tomar parte en una actividad con un claro valor (evolucionista) instrumental para el individuo (esto es, la reproducción), del mismo modo la satisfacción de la explicación proporciona un incentivo para tomar parte en el tipo de formación teórica que permite a los individuos orientarse en un mundo causalmente complejo”.

Una explicación alternativa, o quizás complementaria, es que las personas quizás poseemos una especial aversión a la incertidumbre y en definitivas cuentas a dejar las cosas sin explicar.  El valor de la coherencia es un fenómeno constatado desde el nivel del mismo lenguaje, tal como defiende Daniel Everett en su último libro sobre el lenguaje. Las explicaciones, no importa si son infantiles o científicas, deben responder al requisito de la coherencia: “Los humanos necesitan coherencia. No hablo meramente de encontrar un sentido a nuestras vidas, asegurándonos de que nuestro pasado, presente y futuro son coherentes. Sino también en las historias que contamos.” No importa lo falsos que sean los mitos, historias o teorías, lo más importante para nuestras expectativas cognitivas naturales es que sean coherentes. Dar un momentáneo esquinazo al caos es algo que probablemente nos satisface, y ayuda a entender la recurrencia de mitos, religiones, teorías conspirativas, suposiciones científicas erróneas…

El lado oscuro de las explicaciones

La contrapartida de explicar, como ha mostrado elocuentemente Daniel Kahneman, es que ni la coherencia de las historias que contamos ni la satisfacción subjetiva que proporcionan, por “orgiástica” que sea, garantiza que sean válidas. Dado que explicar se asienta siempre en un sistema de creencias previas (o incluso de leyes previas, en el caso de teorías científicas), la necesidad de explicar puede llevar a conclusiones apresuradas, excesivamente conservadoras o drásticamente erróneas. Cualquier explicación favorece unas causas a expensas de otras.

Por otra parte, un campo creciente de estudios muestra que los individuos tienen una “meta-cognicion” muy pobre sobre sus propias explicaciones. Las personas corrientes, habitualmente, no somos conscientes de las limitaciones inherentes a nuestras propias explicaciones. Y ser un especialista , o un técnico, no siempre es una garantía de éxito. Rozenblit y Keil (2002) [PDF] hablan incluso de una “ilusión de profundidad explicativa”: las personas sobreestimamos sistemáticamente lo profundas que son nuestras explicaciones. Y, lo que es peor, el sentimiento de entendimiento que se sigue de una explicación tampoco parece ser una guía fiable de estar en lo cierto (Trout, 2008) [PDF].


Referencias: Lombrozo, T. (2011) The Instrumental Value of Explanations. Philosophy Compass, 34(3), 2906-551. DOI: 10.1111/j.1747-9991.2011.00413.x

Lombrozo, T. (2006) The structure and function of explanations. Trends in Cognitive Sciences, 99(10), 73-470. DOI: 10.1016/j.tics.2006.08.004

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