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Aventuras en la neurobiología conductual o Qué puede decirnos la neurobiología sobre la naturaleza humana

Publicado por el 28 feb, 2012 en Tercera Cultura | 0 comentarios

V. S. Ramachandran, Edge.org, 21-02-2012

Traducción express: Verónica Puertollano

V.S. RAMACHANDRAN

V.S. RAMACHANDRAN

Me interesan todos los aspectos de la mente humana, incluidos aquellos que se han considerado inefables o misteriosos. Mi forma de enfocar estos problemas es observar a los pacientes que han sufrido lesiones en una pequeña región del cerebro, una disciplina llamada neurología conductual, o últimamente, neurociencia cognitiva.

Permítanme hablarles del problema al que nos enfrentamos. El cerebro es una masa de gelatina de un kilogramo y medio, con la consistencia del tofu, lo puedes sostener en la palma de la mano y, sin embargo, puede contemplar la inmensidad del espacio y del tiempo y el significado del infinito y de la existencia. Puede formular preguntas como quién soy y de dónde vengo, preguntas sobre el amor, la estética y el arte, y todas ellas provienen de este trozo de gelatina. La pregunta es: ¿cómo sucede?

Cuando observamos la estructura del cerebro vemos que está formada por neuronas. Todo el mundo lo sabe hoy en día. Hay cien mil millones de estas células nerviosas. Cada una de estas células establecen entre 1.000 y 10.000 contactos con otras neuronas. Con esta información, se ha calculado que el número de estados cerebrales posibles, de permutaciones y combinaciones de la actividad del cerebro, supera el número de partículas elementales en el universo.

¿Cómo se puede estudiar este órgano? De varias maneras. Hoy son muy populares las imágenes cerebrales. Pones a alguien a realizar una tarea, a conversar o a pensar sobre el amor, o a imaginar el color rojo. ¿Qué partes del cerebro se encienden? Eso te da alguna seguridad para decir que esa región del cerebro está involucrada en la mediación de esa función. Estoy más o menos simplificando, pero va por ahí. Entonces se registran las células individuales donde se ha puesto un electrodo a través del cerebro, se observa la actividad de las neuronas individuales, y se averigua a qué es la sensible neurona en el mundo exterior. Hay decenas de enfoques así, y el nuestro es el de la neurobiología conductual combinada con las imágenes cerebrales.

La neurología conductual tiene una historia de 150 años, una venerable tradición que se remonta a Charcot. Incluso Freud fue un neurólogo conductual. Solemos pensar en él como psicólogo, pero fue también neurólogo. De hecho, empezó su carrera como neurólogo, comparable en altura a Charcot, Hughling Jackson y Kurt Goldstein. Lo que ellos hicieron fue observar a los pacientes que habían sufrido lesiones en una región muy pequeña del cerebro, y esto es lo que nosotros hacemos también en nuestro laboratorio. Lo que tienes no es una atrofia de todas tus capacidades mentales, o una reducción general de tu capacidad mental. Lo que sueles tener es una pérdida muy selectiva de una función específica, mientras que otras funciones se mantienen relativamente intactas. Esto te da cierta seguridad para decir que esa región del cerebro está especializada en esa función determinada.

No tiene por qué ser una lesión; puede ser un cambio genético. Uno de los fenómenos que hemos estudiado, por ejemplo, es la sinestesia, la fusión de los sentidos (hablaré de ello enseguida) donde ha habido un fallo genético. Se da en familias con algún gen, o algunos genes, que hacen que las personas oigan colores o que les sepan los sonidos. Sus sentidos están confundidos. Hemos estado estudiando este fenómeno.

En general, observamos fenómenos curiosos, trastornos que se conocen desde hace décadas, quizá 100 o 50 años, que han sido barridos bajo la alfombra porque se consideraban anomalías, por usar la expresión de Thomas Kuhn. ¿Qué piensas cuando alguien dice «Veo el 5 como rojo, el seis como azul, el siete como verde, fa sostenido como añil». No tiene ningún sentido, y cuando lo ves en ciencia, la tendencia entre la mayoría de los científicos, o en todo caso la mayoría de mis colegas, es barrer debajo de la alfombra y fingir que no existe, negarlo. Lo que hacemos es ir y rescatar estos fenómenos del olvido, estudiarlos intensivamente en el laboratorio. Nueve de cada diez veces es una búsqueda inútil, pero de vez en cuando cantas bingo y descubres algo realmente interesante e importante. Esto es lo que ocurrió con la sinestesia. Otro ejemplo, del que la mayoría de la gente ha oído hablar, es nuestro trabajo sobre los miembros fantasma y los espejos, que trataré enseguida.

Uno de estos síndromes peculiares, que hemos estudiado recientemente, es la apotemnofilia. Es de hecho tan poco común que muchos neurólogos y muchos psiquiatras no han oído hablar de él. Es en cierto modo lo contrario a los miembros fantasma. El paciente con el síndrome del miembro fantasma tiene amputado un brazo pero sigue sintiendo vívidamente la presencia del brazo. Lo llamamos miembro fantasma. En la apotemnofilia lo que tienes es un individuo perfectamente sano, normal, sin desórdenes mentales de ningún tipo, no psicótico, sin trastornos emocionales, que a menudo tiene un trabajo y una familia.

Vimos a un paciente recientemente que era un importante decano de una facultad de ingeniería y que poco antes de retirarse dijo que quería que le amputaran el brazo por encima del codo. Es un tipo perfectamente normal que ha tenido una vida normal en la sociedad interactuando con la gente. Nunca le había dicho a nadie que guardaba este secreto deseo —intenso deseo— de amputarse el brazo desde su primera infancia, y nunca lo dijo por miedo a que pensaran que estaba loco. Vino a vernos hace poco e intentamos averiguar qué ocurría en su cerebro. Y por cierto, este trastorno no es raro. Hay páginas web dedicadas a él. Más o menos un tercio de ellos se lo acaban amputando. No en este país, porque no es legal, sino que van a Méjico o a cualquier otro sitio a que se lo amputen.

Así que tienes esto ante tus ojos, un síndrome extraordinario, absolutamente misterioso, en el que una persona quiere que le eliminen un miembro. ¿Por qué sucede esto? Hay toda clase de disparatadas teorías al respecto, también freudianas. Una teoría afirma, por ejemplo, que es una conducta que busca llamar la atención. Este tío quiere atención, así que te pide que le cortes un brazo. No tiene ningún sentido. ¿Por qué no quiere que le elimines la nariz, o una oreja, o algo menos drástico? ¿Por qué un brazo? Para llamar la atención, parece demasiado drástico.

La segunda cosa que nos llamó la atención es el que cogería un rotulador y se dibujaría una línea irregular muy precisa en torno al brazo o a la pierna y diría: «Quiero que me lo corten exactamente así. No quiero que corte ni un poco de más ni un poco de menos. Me sentiría mal. Quiero que lo ampute exactamente por esa línea.» Podrías ponerle a prueba al cabo de un año y sería la misma línea ondulada que no podría haber memorizado, y esto ya sugiere que se trata de algo fisiológico, y no psicológico que se está inventando.

Otra teoría aún más absurda (encontrada en algunos documentos, y de nuevo, es una teoría freudiana) es que el tipo quiere tener un enorme muñón porque se asemeja a un pene gigante. Una especie de deseo satisfecho. Esto es, otra vez, ridículo, un completo sinsentido, por supuesto. La pregunta es: ¿por qué sucede esto realmente? Lo que nos sorprendió es que se dan ciertos síndromes cuando el paciente tiene un derrame en el hemisferio derecho, en la corteza parietal derecha. El paciente comienza entonces a negar que su brazo izquierdo le pertenezca. Se lo señalará con el brazo derecho y dirá: «Doctor, este brazo es de mi madre.» He aquí una persona perfectamente coherente, inteligente, que puede discutir de política contigo, de matemáticas, que puede jugar al ajedrez contigo, afirmando que su brazo izquierdo no le pertenece.

Esto es diferente de la apotemnofilia. En la apotemnofilia, el paciente dice: «Este brazo es mío, pero no lo quiero. Quiero que me lo corten.» Hay similitudes, y algunas coincidencias, por lo que sugerimos que hay algo que va mal con la imagen de su cuerpo en el hemisferio derecho, que aliena su brazo derecho, o su brazo izquierdo, del resto del cuerpo de la persona y esa sensación de alienación le lleva a decir: «No lo quiero. Que me lo quiten».

Más específicamente, los mensajes desde el brazo y la piel por todo el cuerpo, en realidad, van al lóbulo parietal y de ahí a una estructura, la circunvolución postcentral. Hay un gran surco o hendidura justo en medio del cerebro llamado surco central. Justo detrás de ese surco hay una estrecha franja vertical de corteza en la que hay un mapa completo de la superficie de tu cuerpo. Cada punto de la superficie de tu cuerpo está representado en un punto específico de la corteza, y hay un mapa completo llamado el Mapa de Penfield. Es ahí donde está el sentido táctil, y tras ella, el sentido de las articulaciones y los músculos, todos ellos representados en este mapa somatosensorial.

Lo primero que hicimos —Paul McGeoch, Dave Brang y yo— fue un registro por magnetoencefalografía (MEG). Se trata de una técnica para obtener imágenes cerebrales funcionales, para trazar el cuerpo de estas personas. La gente normal tiene un mapa completo, punto por punto, en la superficie de esta franja de corteza. Nosotros dijimos: bien, a lo mejor esta persona tiene un agujero en esa región que se corresponde con el brazo que quiere que le quiten porque lo siente extraño. Pero lo que descubrimos aquí es que no había agujeros. Es un mapa completamente normal así que nos llevamos una decepción. Entonces descubrimos que había otra región detrás, llamada lóbulo parietal superior. Esta región es la que construye tu imagen del cuerpo. Cuando yo cierro los ojos tengo siento muy gráficamente las diferentes partes de mi cuerpo. Algunas partes resultan más vívidas que otras, y provienen principalmente del sentido articular y muscular, y en parte de mi sentido vestibular —saber que estoy de pie, que mi cabeza no está inclinada— y en parte al abrir los ojos y lo confirmo con la vista. Así que hay una convergencia de señales de la visión, el tacto, la propiocepción, el sentido vestibular y la visión, y todas ellas te ayudan a construir una vívida imagen interna de tu propio cuerpo, llamada imagen corporal. Esto tiene un input parcial del mapa del que hablaba, el mapa del sentido articular y muscular. También tiene un input del oído. Tiene un input del sentido vestibular. Tiene un input de la visión. Todo ello converge para crear una imagen corporal. El mapa, descubrimos, no tiene representación del brazo del que el paciente se quiere deshacer (no ves esto en todos los pacientes, en algunos la disfunción puede estar en las zonas que el mapa de la imagen corporal proyecta posteriormente).

Así que nuestra hipótesis era que las señales llegaban a S1 (tacto) y S2 (sentido articular y muscular). Todas las señales sensoriales llegan aquí, y son todas normales y son recibidas en el cerebro, pero cuando la señal se envía al centro de imagen corporal en el lóbulo parietal superior en el hemisferio derecho, no hay sitio para que el cerebro reciba esa señal y, por lo tanto, provoca una gran disparidad y discrepancia,  y el cerebro aborrece las discrepancias. La señal de discrepancia es después enviada a la amígdala, la estructura límbica produce una aversión al brazo, y el paciente dice: «Quiero que me corten el brazo. Me parece un intruso.» Palabras así: «intruso», «demasiado presente», «así que quiero que me lo quiten».

Es un síndrome psicológico extraño: la persona quiere que le corten el brazo. Si descartas la idea freudiana de que lo que quiere es un enorme, gigantesco muñón, o el deseo de llamar la atención y cosas por el estilo, das con un esquema de conexiones preciso de lo que está pasando.

Lo sometimos a la prueba porque no es suficiente para elaborar una teoría. ¿Cómo lo probamos? Resulta que si yo pincho a alguien con una aguja, esa sensación de dolor va a la región sensorial del dolor en el cerebro, probablemente en el tálamo y la corteza, y después va a la amígdala. La amígdala te alerta del dolor y te dice: «Ay». ¿Correcto? Y después se va al cíngulo anterior que siente la agonía del dolor, y después los mensajes bajan al sistema autónomo nervioso y te hace empezar a sudar, a prepararte para la acción, a huir, pelear o cualquier acción necesaria. Así que si pinchas a alguien con una aguja, toda esta cascada de acontecimientos se pone en movimiento. Puedes medir la resistencia cutánea, lo que mide la sudoración; empiezas a sudar cuando te pinchan.
Entonces, cuando yo le pinchaba con un pequeño lápiz por encima de la línea por donde quería que le cortaran el brazo, no pasaba nada. Solo un pequeño y suave pinchazo con el lápiz. No pasaba gran cosa. No es un estímulo doloroso. No hay respuesta cutánea galvánica, no hay alerta. Pero si le tocabas por debajo de la línea por donde quería la amputación, había una enorme respuesta cutánea galvánica. Puedes medir la aversión fisiológicamente, y no basarte simplemente en el sujeto del que informar. No hay forma de fingir la respuesta cutánea galvánica. Es la base de todos los detectores de mentiras.

Luego, por supuesto, nos fuimos directamente al cerebro y dijimos: vamos a trazar. Y como decía, vimos que S1 era normal, y si ibas a S2 también. Si ibas al lóbulo parietal derecho donde se construye la imagen corporal, hasta cierto punto el lóbulo parietal inferior, el parietal derecho, digamos, donde está la imagen corporal, no hay representación del brazo en ese centro. Eso es lo que averiguamos. Si tocas el brazo no hay actividad allí. Si tocas por encima de la línea de amputación o tocas el brazo normal, la actividad es completamente normal. Así que esa región del cerebro es anómala, pero también conjeturamos que en las regiones del cerebro en los lóbulos frontales y la ínsula/amígdala en las cuales proyecta el LPS/LPI, podría haber una interrupción de las señales. En cualquier caso, hay una razón fisiológica para que esto suceda. Esto te da una idea de cómo construye un cerebro normal una imagen corporal.

En este punto debo añadir una nota de cautela que a diferencia de nuestro trabajo sobre los miembros fantasma o la sinestesia, que ha sido confirmado con decenas de sujetos —por nosotros y por otros—, este trabajo sobre la apotemnofilia es muy preliminar; necesitamos más sujetos. Y esto no es un descargo de responsabilidad: es la verdad. Vamos esperar a ver. Entonces la pregunta es: ¿puedes darle un tratamiento a esa persona? Y en eso estamos trabajando. No sabemos cómo. En el caso de los miembros fantasma siempre hay formas de tratar ese dolor fantasma.

No perseguimos deliberadamente estos fenómenos extraños. Alguien me llama y me dice: «Dr. Ramachandran, ¿puede resolver el problema?». El 90% de las veces no podemos, pero de vez en cuando descubrimos cosas asombrosas, como decía.

Así que lo que hacemos es observar al paciente y preguntar en primer lugar: ¿Por qué tiene este síndrome? ¿A qué se debe esta particular conducta? ¿Qué sucede en el cerebro? ¿Puedes explicarlo? En primer lugar demostrar que no está loco. Demostrar que es un síndrome real, auténtico. Hay falsos síndromes, hablaré de ellos si quieren. No son reales. Pero cuando es un síndrome genuino y pruebas que es auténtico, lo que a menudo es muy difícil, lo siguiente es decir: «¿Cuáles son los mecanismos precisos que provocan estos extraños síndromes?» Así que las dos primeras cuestiones son: si es real y cuál es su causa. La tercera pregunta es: ¿A quién le importa? ¿Tiene importancia? Las tres preguntas deben ser respondidas si quieres hacer progresos, si quieres atraer la atención sobre el fenómeno de la gente que estás estudiando.

Vamos con la sinestesia. Lo primero que hicimos fue demostrar que estas personas no estaban locas. Realmente perciben colores cuando ven números. No se lo inventan. Lo segundo que hicimos fue preguntar cuáles eran los mecanismos cerebrales y qué ocurría en el cerebro. Ed Hubbard, Boynton y yo hemos demostrado que cuando ven números no coloreados el área del color en el cerebro se enciende. Y qué. ¿Debería importarme? Hemos demostrado que este extravagante fenómeno tiene amplias implicaciones para comprender la creatividad y la metáfora. Bueno, en realidad no lo hemos demostrado, pero especulamos con la posibilidad. Así que en cada caso lo que hacemos es rescatar este fenómeno, esta anomalía, de debajo de la alfombra, descubrir cuáles son los mecanismos en el cerebro y hablar de sus implicaciones profundas para todos nosotros, para la conducta normal.

Entonces, buscamos síndromes extraños para tratar de explicar los síntomas en términos neurales con la esperanza de arrojar luz sobre algunos aspectos de la naturaleza humana que han sido considerados inefables la mayor parte del tiempo. Pero a veces te encuentras con un síndrome en el que no puedes saber con seguridad si es un síndrome fiable o no, aunque puedas encontrarlo en la biblia de los psicólogos clínicos llamada Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, que es el libro oficial de los médicos. Si pueden etiquetarte, y dar a tu síndrome un nombre, pueden cobrarte, y cobrar a una compañía de seguros, así que ha habido una tendencia a multiplicar los síndromes.

Hay uno, por cierto, llamado «síndrome de bajo rendimiento crónico», que en mis tiempos solía llamarse estupidez. En realidad tiene un nombre y ha sido oficialmente reconocido. También hay otro síndrome llamado el síndrome de Clerambault. El síndrome se refiere, lo crean o no, a una mujer joven que desarrolla una obsesión hacia alguien mucho más viejo, famoso, importante y rico y la ilusión de que ese alguien se enamore de ella, pero lo niega. Esto se puede encontrar en un libro de texto de psiquiatría. Irónicamente, no hay ningún nombre para el síndrome contrario, el de que un hombre mayor desarrolle la ilusión de que un bomboncito se enamore locamente de él, pero lo niegue. Seguramente, es mucho más común y ni siquiera tiene un nombre, ¿verdad?

Tienes que tener olfato para estas anomalías, olfato para los tipos de síndromes correctos a seguir. Daré algunos ejemplos, creo que con dos bastará. Volvamos a la sinestesia, que he estudiado con entusiasmo durante los últimos tres o cuatro años. No es realmente un síndrome neurológico, pero es algún tipo de anomalía. Francis Galton lo describió en el siglo XIX, el gran polímata victoriano que fue primo de Charles Darwin. Galtón observó que algunas personas, que eran perfectamente normales, tenían en cambio una pequeña peculiaridad: cada vez que veían un color, evocaban un color específico. Así que el cinco se teñía de rojo, el seis de verde, el siete de añil, el nueve de naranja, y así. A veces, también, los mismos sujetos u otras personas, evocaban un color para cada nota. Así, Fa sostenido sería azul, Do sostenido sería verde, etc.

Galton también observó que esto se daba en familias y que podía haber una base genética, y lo publicó, creo que fue en Nature, en el siglo XIX. Desde entonces ha habido muchas decenas de casos conocidos de personas que experimentaban lo mismo, pero fue considerado principalmente una curiosidad y también se creía que era muy poco común, con estimaciones que van de uno a mil por cada diez mil.

(…)

Hay varias teorías para la sinestesia. Una es que están locos. Puede ser, pero apartemos eso por un momento. Una de las cosas que aprendemos en medicina es que cuando un paciente intenta decirte algo cuando tú crees que está loco, a veces es que está loco, pero muchas veces significa que no eres lo suficientemente listo para determinarlo, así que tienes que observar con cuidado y hablar con el paciente.

En el caso de la sinestesia, otro aspecto curioso es que es mucho más común entre artistas, poetas, novelistas y otras personas creativas. De hecho, es seis o siete veces más común. Esto es controvertido, pero la evidencia más fuerte dice que es así. Entonces, ¿por qué sería ese el caso? Uno de mis estudiantes, Ed Hubbard, ha demostrado que es ciertamente así. ¿Por qué pasa esto? Hay varios minimisterios sobre la sinestesia. ¿Por qué se da en familias? ¿Por qué dicen que los números y las notas son colores? ¿Por qué sería más común en artistas, poetas y novelistas? Y así. Así que es un misterio médico digno de Sherlock Holmes, esperando ser resuelto.

Lo primero que queremos demostrar es que estas personas no están locas. Por cierto, otra teoría común es que consumen drogas como el LSD, que están enganchados a los ácidos o la marihuana. Seguramente es mucho más común entre las personas que se colocan con ácidos, pero eso lo hace aún más intrigante. ¿Por qué algunas drogas producirían esta fusión de los sentidos, este peculiar fenómeno de números que evocan colores?

Otra teoría es que están siendo metafóricos como cuando se dice: «Es una corbata chillona». La corbata no es chillona. No hace ningún sonido. ¿Por qué dices que es una corbata chillona? (…)

Explicar la sinestesia como una simple metáfora no explica nada porque lo que intenta es explicar un misterio con otro misterio, y eso no sirve en ciencia. Otro ejemplo de metáfora sería: «Es el Oriente y Julieta es el sol». ¿Significa eso que refulge como una bola de fuego? No, no dices eso. Lo que dices es que es cálida como el sol. Radiante como el sol. Es el centro de mi sistema solar, etc. El cerebro forma los enlaces correctos. La sinestesia, por cierto, es un enlace completamente arbitrario entre cinco y rojo. No es una metáfora en ese sentido, así que no me convencía la idea, pero pensaba que algo debía tener que ver. Hace diez años planteé que todos podríamos tener ciertas propensiones sinestésicas inconscientes, lo que ahora ha sido ampliamente confirmado en muchos estudios, incluido uno reciente de Oxford.

Otra teoría es que están recordando su infancia. Quizá jugaban con imanes de nevera y el cinco era rojo, el seis era azul y el siete era verde y por alguna razón se quedaron con estos recuerdos. Bueno, esto requiere de nuevo un porqué algunos hemos jugado con imanes pero no tenemos en principio sinestesia. La mayoría de nosotros no la tiene, presumiblemente. Lo que descubrimos es que el fenómeno de la sinestesia es bastante común. Encuentras una por cada cincuenta personas. No es una entre mil o una entre diez mil. La gente no suele decirlo por temor a que se piense que están locos.

Así que lo de los recuerdos de la infancia no sirve porque, como decía, ¿por qué se da en familias? Otra razón para no creerlo, es que tendrías que suponer que los mismos imanes pasaron de generación en generación, y eso no tiene sentido. ¿Una metáfora? Tal vez estén siendo metafóricos en cierto sentido. Quizá está relacionado con las metáforas. ¿Están locos? Eso no es un argumento. ¿Toman drogas? No, eso tampoco sirve.

Lo primero que queríamos era demostrar que no están locos. Que no se lo estaban inventando. Generamos una muestra computerizada a base de cincos, montones de cincos dispersos en la pantalla, y entre esos cincos había dispersos algunos doses. Cuando mirabas un dos y un cinco, el cinco es espejo del dos, en la forma. Así que tienes un montón de cincos dibujados. Entre ellos había doses haciendo formas. Los dos se agrupaban para formar un triángulo o un cuadrado o un círculo como la prueba de Ishihara para conducir, cuando pasas una prueba de daltonismo para la autoescuela . Es parecido a eso.

Una mirada no sinestésica diría: «Ah, ¿cincos? ¿Quieres decir que hay doses integrados? Déjeme ver. Ah, ahí hay un dos. Hay otro dos ahí.» Lleva unos 20 o 30 segundos descubrir la forma oculta. Alguien con sinestesia que ve los cincos como verde y los doses como rojo ve inmediatamente un círculo verde o un cuadrado verde o una forma oculta verde que sobresale del fondo. Es mucho más rápido detectando el círculo que nosotros. Si está loco, ¿por qué se le da mejor? En segundo lugar, si le preguntas qué es lo que está viendo, dice: «Veo un triángulo verde. Veo un cuadrado verde.» Desde el punto de vista del fenómeno y la percepción, ve literalmente el cuadrado verde. Lo que esto indica es que hay una experiencia sensorial, y no solo la asociación de un recuerdo, al menos en algunos casos de sinestesia. Jaime Ward ha replicado recientemente nuestros hallazgos.

Resulta que hay una heterogeneidad de sinestesias, hay algunas que llamaremos sinestesias de baja intensidad, en las que el color se evoca de modo perceptivo y los colores parecen teñidos con el color —rojo, verde, azul, amarillo—. Pero también hay sinestesias más conceptuales en las que parece haber más una asociación de la memoria. Nosotros nos hemos centrado en la sinestesia perceptiva, en la sinestesia sensorial, porque es más fácil de estudiar científicamente.

(…)

¿Qué lo provoca? Ed Hubbard y yo hemos estado buscando en los atlas del cerebro y nos llamó la atención una estructura llamada circunvolución fusiforme oculta entre los pliegues de los lóbulos temporales. En esta estructura es donde se encuentra el área de color del cerebro, V4, que fue descubierta por Semir Zeki. Justo a su lado, casi tocándola, está el área cerebral de los números. (…) Parece improbable que esto sea una coincidencia. Así que quizá haya una cruzada accidental en el cableado entre estas dos regiones del cerebro.

¿Cómo lo pruebas? Obtuvimos imágenes cerebrales. Coges a una persona normal, le haces una resonancia magnética funcional, iRMF, y le enseñas números. Solo se encenderá el área de los números en la circunvolución fusiforme. Si se le muestran números coloreados a una persona normal, V4, el área del color, y la de los números, se encenderán. Si le muestras a un sinestésico un número en blanco y negro, se encenderán tanto el área de los números como el área de los colores, demostrando por tanto que hay una activación cruzada en marcha.

Este ha sido el caso de tres de los cuatro grupos. Hay un grupo que afirma que no ve la activación. Siempre hay un grado de incertidumbre en las imágenes cerebrales —hay siempre algo de ruido intrínseco— así que no se ha podido establecer completamente, pero creo que es muy probable que estemos yendo por el buen camino. Romke Rowlte en Ámsterdam ha estudiado esto y ha demostrado que existe un incremento en la materia blanca, fibras que conectan V4 (color) con el área de los números en el interior de la circunvolución fusiforme.

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué tendrían estas personas estos cables cruzados? Esa es la siguiente cuestión. La primera pista vino de las observaciones de Francis Galton y ha sido confirmada desde entonces: se da en familias, podría tener una base genética. Si coges el cerebro infantil, el cerebro de un feto, hay una tremenda redundancia en las conexiones. Todo está conectado con todo. Es una aproximación muy básica, pero casi es así. Entonces, lo que pasa es que hay genes que recortan el exceso de conexiones entre las regiones cerebrales adyacentes (o incluso regiones separadas que estaban densamente conectadas). Esto crea una modularidad característica del cerebro adulto. Ahora, si algo va mal con el gen podador, si falla en las regiones adyacentes, y el gen se expresa selectivamente en la circunvolución fusiforme a través de los factores de transcripción, por ejemplo, si está expresado en la circunvolución fusiforme, entonces da lugar a una sinestesia de números y colores. Cada vez que tu sujeto ve un número, a causa del cruce en el cableado, las neuronas del color se activarán. Cada vez que ve un número ve un color.

En nuestros primeros artículos señalamos que dicho cruce podía también basarse en los transmisores que causan la desinhibición; probablemente son las dos cosas. Y voilà, ahí está la explicación de la sinestesia con colores y números. Empiezas con un gen. El gen no ha sido clonado todavía, pero se está intentando. (…)

La última pregunta es: ¿por qué debería preocuparme? La respuesta proviene de la observación, la afirmación de que la sinestesia es siete u ocho veces más común entre artistas, poetas y novelistas. Artistas como Kandinsky, por ejemplo. ¿Por qué? ¿Qué tienen en común los artistas, poetas y novelistas? Son muy buenos para las metáforas y las analogías. Ven enlaces ocultos que a la mayoría de los mortales nos resulta difícil ver. Así que Shakespeare dijo: «Es el Oriente y Julieta es el sol», haces las asociaciones correctas, dices que es celestial como el sol. Haces una serie de enlaces. Ella es el centro de mi sistema solar como el sol, es radiante, cálida… Shakespeare era muy bueno eligiendo estas metáforas, porque tienen múltiples capas de metáfora y de resonancia.

¿Qué tiene esto que ver con la sinestesia? ¿Qué pasa con las metáforas? Enlazas conceptos e ideas sin aparente relación. Si el mismo gen de la sinestesia, en vez de expresarse selectivamente en la circunvolución fusiforme, produciendo este curioso fenómeno de sinestesia, se expresara mediante el córtex, a través del cerebro, creará una mayor propensión, más posibilidades de enlazar ideas y conceptos aparentemente no relacionados en regiones cerebrales distantes. Si consideramos que las ideas y los conceptos también se localizan en áreas cerebrales específicas, ocupando regiones específicas, y tienes estas conexiones de largo alcance entonces permite mayores oportunidades de enlazar conceptos sin aparente relación. De ahí la base para la creatividad y las metáforas. De ahí, la incidencia ocho veces superior de la sinestesia entre artistas, poetas y novelistas.
En otras palabras, a lo que voy es, ¿podría preguntarse un biólogo evolutivo para qué sirve este gen? Se encuentra en una de cada 50 personas. Es bastante común, no es extraño. ¿Por qué se ha conservado en la evolución? Si hay un gen en la evolución que no sirve para nada —ver el cinco como rojo carece de toda utilidad— habría sido eliminado del acervo genético hace miles de años, 10.000, 20.000 años. Sin duda, este gen ha estado ahí y se ha conservado. Pero ¿por qué? ¿Por qué sigue ahí si es completamente inútil?

Una posibilidad es que confiere algunos casos aislados en la población con la capacidad de vincular ideas sin relación obvia haciéndoles más artísticos y creativos. Pero cuando le digo esto a la gente, me suele preguntar por qué, si es tan bueno que los genes te hagan ser artístico, creativo y metafórico, no lo tenemos todos. Bueno, es una pregunta estúpida porque la evolución se toma su tiempo y transcurridos otros veinte mil o cien mil años todos tendremos este gen y seremos todos creativos. Pero esa no es la respuesta correcta. Sería una respuesta parcial, pero la verdadera respuesta, creo, es que no quieres que todo el mundo sea creativo. ¡Necesitamos ingenieros!

(…) Demostramos que la sinestesia era un fenómeno real usando una serie de pruebas psicológicas de percepción que no pueden ser falsificadas. De ahí, fuimos a la anatomía del cerebro obteniendo imágenes cerebrales y mostramos qué partes del cerebro están involucradas. A partir de ahí pudimos decir que hay una base genética. Del gen a la neuroanatomía a la fenomenología perceptiva. Recorrer, por último, todo el camino hasta la metáfora, Shakespeare y la poesía. Todo a partir de esta peculiaridad llamada sinestesia. Esto es lo que hacemos con cada uno de nuestros síndromes. A veces tenemos parte de éxito. A veces el éxito es completo haciendo esto.
Dado que nuestro laboratorio es muy conocido por estudiar de estas rarezas de la conducta humana y explicar qué sucede en el cerebro, y demostrar las implicaciones en un sentido más amplio para comprender la naturaleza humana, y la conciencia humana —esas cosas que despiertan la curiosidad de todos— cuando la gente tiene algo raro, viene y me llama. O si un médico tropieza con un nuevo caso que le parece que no puede explicar, me suele llamar. Nueve de cada diez veces no puedo hacer nada al respecto, pero de vez en cuando averiguo qué sucede en el cerebro y descubro algo muy interesante y posiblemente importante.

En el caso de la sinestesia, se consideraba principalmente algo curioso y anómalo. (…) Hubo todo tipo de teorías ridículas en el aire. De hecho, algunos sinestésicos fueron diagnosticados como psicóticos, con esquizofrenia. Les decían que tenían alucinaciones con los colores. Les prescribían medicamentos psicotrópicos para la esquizofrenia. Después se dieron cuenta de que se trataba de este fenómeno no normal, pero tampoco patológico, llamado sinestesia.

Creo que es justo decir que nosotros, y Jaime Ward y Julia Simner y otro par de grupos, hemos reavivado el interés en este campo. Así que ahora hay unos 20 o 30 libros sobre la sinestesia. Cuando empecé esto hace casi diez años, a nadie le interesaba el tema. Había un libro de un neurólogo llamado Cytowick, pero era un profeta predicando en el desierto. Nadie prestaba atención. No hizo ningún experimento de percepción definitivo sobre ello. Simplemente dijo: «Aquí hay un fenómeno que valdría la pena estudiar». Fuimos los primeros en empezar a hacer experimentos sobre el fenómeno, a demostrar que era auténtico, a demostrar que era perceptivo, y a identificarlo con la antomía del cerebro.

La razón por la que me atraía el tema es que siento curiosidad por los síndromes neurológicos dada mi trayectoria en la neurología clínica, entre otras cosas. Empecé interesándome en los miembros fantasma. (…) [Durante mucho tiempo no hubo una corriente principal de interés sobre el tema].

Lo que averiguamos era bastante interesante: dos o tres cosas. Un descubrimiento de hace unos 15 años. Pongamos que padezco el miembro fantasma, que he perdido mi brazo y tú eres el médico. Y me tocas el lado izquierdo de la cara. ¡Empiezo a sentirlo en mi miembro fantasma! (…) Hay un mapa completo de la mano perdida en la cara. ¿Por qué? De nuevo un misterio médico.

Empecé a pensar sobre ello y me inspiré en los estudios con animales que han demostrado que si cortas los nervios que van de los brazos a la médula espinal lo que se produce es una completa reorganización del mapa sensorial en el cerebro. ¿Qué le pasa a este paciente si le cortas el brazo?

Antes hablaba, en el contexto de la apotemnofilia, del mapa completo de la superficie corporal en la superficie del cerebro, la circunvolución postcentral. Hay un surco vertical en un lado del cerebro. Detrás está el mapa. Este mapa es sistemático y va punto por punto en su mayor parte, pero resulta que el área de la cara en el cerebro está justo al lado del área de la mano. Es raro y nadie sabe por qué. El mapa es continuo y sistemático, pero aunque parezca extraño, la mano está justo al lado del área de la cara.

Si le cortas un brazo a un adulto, el área de la mano en el cerebro carece ahora de información sensorial. Está ansiosa por un nuevo input sensorial y no obtiene ninguno. El input sensorial de la piel de la cara que normalmente se corresponde únicamente con el área adyacente de la cara en el cerebro invade ahora el territorio vacante que corresponde a la mano que falta y activa las células de la mano en el cerebro. Esto, naturalmente, confunde a los centros superiores del cerebro con que la mano está recibiendo un estímulo. El paciente experimenta entonces que la sensación procede del miembro que falta. Cuando tocas la cara el mensaje no solo va al área de la cara, sino que también activa el área de la mano en el cerebro. Así que tienes un cruce en el cableado entre el área de la cara y el área de la mano en el cerebro.

Hicimos un experimento de diez minutos para demostrar esto, y desafiar la doctrina en la neurología de que las conexiones neurales en el cerebro se establecen en el feto y en la primera infancia y que una vez han sido fijadas por el genoma ya no hay nada que puedas hacer para cambiar estas conexiones en el cerebro adulto. Por eso, si tienes una lesión en el cerebro adulto, por ejemplo tras un apoplejía, hay muy poca recuperación de las funciones, y por eso los síndromes neurológicos son tan notoriamente difíciles de tratar.

Se creía que no había plasticidad en las conexiones cerebrales. Demostramos en nuestro experimento que, de hecho, hay un tremendo margen para el recableado. Tanto es así que por una distancia de dos centímetros en el tejido cerebral en la corteza el input de la cara ha invadido el territorio de la mano en el cerebro. Entonces obtuvimos las imágenes cerebrales y demostramos que se había producido efectivamente esta invasión, pero ya sabíamos esto por los experimentos psicológicos. Así que me inclino a pensar en las conexiones cruzadas en el cerebro.

(…) En la sinestesia, pensé que podía haber de nuevo este cruce de cables. Pero en este caso, el cruce no se debía a la desaferentación al suprimir el input sensorial, sino debido a los genes, dado que se da en las familias.
(…) A veces podemos elaborar un tratamiento para los pacientes. Por ejemplo, en el caso de los miembros fantasma, dos tercios de los pacientes sienten un dolor insoportable. No hay un tratamiento conocido. Miento: hay veinte tratamientos conocidos, pero ninguno funciona. Así que empezamos a investigar para desarrollar un tratamiento. Pero a veces, simplemente explicar al paciente que no está loco es un tremendo alivio para él. Alguien con apotemnofilia quiere que le amputen el brazo. (…) Sabes que es algo que pasa en el cerebro, pero ¿puedes ayudar realmente al paciente?

En el caso de los miembros fantasma hemos hecho experimentos que demuestran que sí podemos, pero voy a poner otro ejemplo. Hay un curioso trastorno del que no he hablado. Candy McCabe lo está estudiando en Inglaterra, y nosotros también lo estamos estudiando, y se llama Distrofia Simpático Refleja (DSR). Uno de esos trastornos que no es infrecuente. Diría que uno de cada veinte pacientes lo tiene. Lo ves también en pacientes que tienen lesiones leves en el dedo, como una fractura del hueso metacarpiano que provoca un intenso, insportable dolor.

Resulta que hay dos tipos de dolor. Consideramos el dolor como una cosa subjetiva, pero hay dos tipos, desde el punto de vista evolutivo: está el dolor agudo y el dolor crónico. El dolor agudo es cuando tocas una llama o una caldera hirviendo y dices: ¡Ay!, y retiras la mano. El dolor crónico es cuando hay una gangrena o una fractural, normalmente una fractura, y hay un dolor insportable provocado por la fractura y tu mano queda inmovilizada —no la retiras—. ¿Cuál es la evolución? Aunque parezcan lo mismo desde el punto de vista de la percepción, evolutivamente son muy diferentes.

La función del dolor agudo es movilizar la mano y retirarla de la fuente de la lesión en el tejido para proteger la mano. El dolor crónico es exactamente lo contrario. Cuando hay una lesión en el hueso metacarpiano, tu mano se congela y se «paraliza» temporalmente. Es un dolor insufrible. Cualquier intento de moverla es tan doloroso que ni siquiera mueves el brazo. En el caso del dolor agudo mueves el brazo rápidamente. En el caso del dolor crónico lo inmovilizas. ¿Por qué? Porque moverlo causaría más lesiones en el tejido. Así que la inmovilización es un reflejo protector. Y después, por supuesto, a medida que se cura la lesión empiezas a mover tu mano otra vez y el dolor desaparece. Es una causa normal de los acontecimientos.

No obstante, en una parte de los pacientes, pacientes con accidentes cerebrovasculares y en algunos pacientes con una pequeña, mínima fractura, o una fractura de ligamento, el dolor persiste con gran intensidad. Incluso después de que se haya curado la lesión, o la fractura, el dolor persiste durante semanas, meses, años y a veces de por vida. No solo persiste el dolor, sino que la mano se hincha y se paraliza, y el dolor se extiende por toda la mano. A partir de una pequeña lesión en un pequeño hueso, toda la mano, o el antebrazo, quedan afectados. Hay hinchazón en la mano, el brazo, hay ardor, inflamación… todo tiene lugar en el brazo. De nuevo, te llama la atención y nadie sabe realmente qué tratamiento funciona.

Empezamos a pensar sobre ello y sobre su causa. Bueno, como decía, hay un reflejo en la movilización y es doloroso. Cualquier intento que hagas de mover la mano te dolerá muchísimo y dirás que no vas a mover la mano. A veces sucede que te quedas atascado ahí, y a esto lo llamamos «dolor aprendido». Ante cualquier intento de moverla, tu cerebro lo asocia con el dolor, así que diciéndolo de forma muy básica, te entra una forma de dolor aprendido, una asociación aprendida entre una orden motriz y la sensación de dolor. El cerebro se rinde y la mano se paraliza. Cualquier intento de moverla provocará un dolor insoportable.

¿Cómo rompes ese ciclo? Dijimos: «vamos a usar un espejo». Así que pusimos un espejo en el centro de la mesa. Esto se parece al tratamiento del espejo para el dolor fantasma y para el infarto cerebral que descubrimos hace más de diez años. Pones un espejo en el centro de la mesa y el paciente pone su brazo dolorido, distrófico, hinchado, inmovilizado, paralizado en el lado izquierdo del espejo. El lado brillante del espejo está en el lado derecho y el paciente pone su mano derecha en el lado derecho del espejo, la pone de forma que imite la postura y el lugar de la dolorida mano izquierda. Mira en el espejo y ve el reflejo de la mano normal. De repente su mano parece normal, ya no se ve hinchada. Esto es obvio porque está mirando el reflejo de la mano normal, y es como si hubiera resucitado su mano normal en el espejo; está superpuesta ópticamente en la posición de la hinchada mano distrófica.

Entonces le pides que envíe señales a las dos manos como si fuera a moverlas, apretando, relajando o rotando mientras se mira en el espajo. Ahora va a tener la impresión —al principio no le pides que mueva de verdad la mano porque si la moviera sería doloroso, solo mueve su mano derecha— de que su mano izquierda se está moviendo. Lo que sucede es que el paciente tiene la imagen visual de que su mano izquierda, inmovilizada y paralizada, obedece de nuevo las órdenes del cerebro, parece que se mueve y no duele. De esta forma desaprendes el dolor aprendido y la parálisis aprendida. Lo impresionante es que la mano empieza a moverse de verdad por primera vez en años. Funciona mejor si lo haces al poco tiempo de producirse la distrofia, a las pocas semanas o meses. La mano empieza a moverse otra vez y el dolor remite, y en un extraordinario ejemplo de interacción mente/cuerpo, la hinchazón también baja, a menudo en cuestión de horas.
Este trastorno de dolor crónico se considera intratable, incurable. Se ha sabido durante décadas. Creo que fue descubierto hace unos cien años, por el cual la gente ha pasado por la rizotomía dorsal —cortar los nervios que van a la médula espinal—. Hacen una gangliectomía simpática que funciona hasta cierto punto. Puedes tratarlo de manera bastante eficaz, si no más eficaz, con un espejo de dos dólares. El paciente se mira en él y mueve su mano normal. Sugerimos esta terapia hace unos años, pero fue Candy McCabe quien la describió adecuadamente por primera vez. Nosotros sugerimos la idea, pero ella lo descubrió de manera independiente.

Ha habido ensayos clínicos sobre esto por parte de un grupo en Alemania, creo, de 50 pacientes. El descubrimiento se hizo originalmente en un puñado de pacientes. Desde entonces sus ensayos han sido a doble ciego, controlados con placebo y cruzados, que es el mejor tipo de ensayo que puedes hacer, y han descubierto una drástica recuperación de este dolor con pocas semanas de tratamiento con espejo. Después el dolor se va durante un periodo de al menos seis meses y después haga falta quizá un refuerzo. Imaginen la cantidad de dolor y agonía y de cirugía invasiva que ha evitado esto. A veces das con de rebote con una hipótesis medio plausible y luego puede tener una uso clínico. Un ejemplo es la Distropia Simpático Refleja.

(…) Hemos estudiado otros síndromes como estos. Otro síndrome, llamado de Capgras. El paciente ha estado en coma durante una semana o dos; sale del coma, un poco torpe. Tiene una leve disartria, problemas para hablar, por lo demás, en perfecto estado mental, lúcido y normal y puede mantener una conversación fluida, puede jugar al ajedrez y hacer cálculos. Todo parece correcto excepto una pequeña dificultad en el habla. Esta persona mira a la gente y la reconoce, sin problemas. No está psicótico, no tiene trastornos mentales. (…)

Mira a su madre y dice: «Doctor, esta mujer, ya sabe, se parece a mi madre, pero no es ella. Es una extraña, otra mujer que se parece a mi madre, pero no es ella. Es una impostora.» A veces se desarrolla un toque paranoide. Dice: «¿Por qué me sigue esta mujer todo el tiempo? No es mi madre. Se está haciendo pasar por ella.»

¿Por qué pasa esto? La explicación freudiana, de nuevo —(por cierto, no quiero meterme mucho con Freud. Sé que está de moda en Nueva York, pero creo que tenía un conocimiento profundo de la naturaleza humana, en especial en el rol del inconsciente, del cual nos hemos dado cuenta cada vez más de que es así, y Eric Kandel ha escrito sobre esto. Pero bueno, es divertido hacerlo). Algunos freudianos tenían una teoría sobre el síndrome de Capgras que es que cuando el paciente era un bebé, sentía una fuerte atracción sexual hacia su madre. Freud lo llamó complejo de Edipo. (…)

Esta es, por supuesto, una idea muy ingeniosa, como lo son muchas ideas de Freud. No sirve porque he visto pacientes, al menos a un paciente, que tenía la misma ilusión respecto a su perro: «Doctor: este no es Fi-Fi. Es otro perro haciéndose pasar por Fi-Fi.» Si ahora intentas aplicar los análisis freudianos a esto empezarías a hablar del bestialismo latente en todos los seres humanos y toda esa basura. No funciona. Esto me hizo pensar que había algo neurológico en el cerebro.

Soy principalmente un científico experimental y vamos con la corriente. Esto es como trazar el origen del Nilo. No sabes cuándo habrá un giro sorprendente. Es una gran aventura. (…) Así es como hacemos experimentos, pero orientados al objetivo de comprender la naturaleza humana. Por ejemplo, puedes preguntar: ¿Qué es la conciencia? Algunos lo hacen, pero es una idea demasiado vaga. De hecho, los filósofos han criticado este enfoque. Pero creo que está bien hacerse la pregunta, como hizo Francis Crick.

¿Qué es la conciencia? Colin McGinn y otros han dicho que es completamente un misterio. El cerebro humano no puede nunca comprenderse a sí mismo y no puede comprender ciertos fenómenos misteriosos como la conciencia. Algunos como Crick discrepan rotundamente. Yo estoy de acuerdo con Crick.

Crick y Koch, por ejemplo, han sostenido que hay una estructura llamada claustro que es una fina capa de tejido que subyace a la corteza insular del cerebro. Lo que es interesante de esta capa de tejido, lo que llamó la atención de Crick y Koch, es que no tenía ninguna función, a diferencia de otras regiones del cerebro. Hay muchas regiones que no sabemos qué función tienen, pero el claustro es especialmente misterioso. No es una estructura pequeña, diminuta. Es una estructura mediana, y es homogénea en sus componentes celulares. No tiene la estructura en capas como el resto de la corteza.

Lo sorprendente que observó Crick fue que estaba conectada con casi todas las partes del cerebro, incluyendo todas las partes del córtex. Parece recíproco. Envía conexiones a la corteza sensorial somática. Envía señales a la amígdala, de vuelta de la amígdala, al cíngulo anterior, y de vuelta del cíngulo. Lo cierto es que es muy difícil encontrar una región del cerebro que no esté conectada con el claustro. John Smythies, en nuestro laboratorio, y yo, hemos recogido el guante donde lo dejó él.

Crick, por ejemplo, ha sido premiado en el pasado por las analogías, por los grandes saltos metafóricos. No creo que él diga esto realmente, pero si miras la doble hélice y la complementariedad de la hélice, los dos lados de la hélice, nos llama la atención la analogía entre esto y la complementariedad entre padres e hijos. Él dice que por qué los perros paren perros y no cerdos. Cualquier niño se preguntará lo mismo, pero nosotros no. Pero Crick se hace la pregunta. Existe una complementariedad entre los progenitores y sus hijos. ¿Podría ser que la complementariedad de las dos hebras de la hélice dictara realmente la complementariedad de padres e hijos? Este fue el gran salto. Luego, por supuesto, descubrió el código genético y nació la biología moderna. Está preparado para pensar en términos de vincular un fenómeno aparentemente sin relación, de vincular la estructura y la función.

Entonces se aproxima al claustro y dice: ¿Qué es lo más fundamental de la conciencia? ¿Qué das por sentado de manera axiomática? El hecho de que eres una persona; la unidad de muchos atributos de la conciencia humana. La continuidad. El viaje en el tiempo —la capacidad de mirar hacia el futuro, de visitar los recuerdos nostálgicos del pasado, de alinearlos aproximadamente en la secuencia correcta—. La risa es genuinamente humana y no podemos imaginar reírnos sin ser conscientes. La conciencia de uno mismo es otro atributo. Dicho de manera muy básica, la consciencia es consciente de sí misma.

Entonces, el atributo central de la experiencia consciente humana,  tan fundamental, de hecho, que damos por seguro, no dejemos de pensar en ello, es el sentido de la unidad. Tienes una variedad de experiencias sensoriales. Ves cosas, escuchas cosas. Esto se retrotrae a lo que comentaba sobre la sinestesia. Saboreas las cosas. Tienes cientos de recuerdos de toda una vida. Sin embargo piensas en ti mismo como una persona unificada. Pero todo esto te pasa a ti. A ti, a John, o a mí, Rama. Todo eso me pasa y soy una persona. A pesar de esta variedad de experiencias sensoriales, este desconcertante bombardeo cognitivo de recuerdos e impresiones sensoriales yo lo experimento como una unidad. ¿Cómo puede ser?
Otra manera de formular la cuestión es que hay diferentes regiones cerebrales que procesan activamente aspectos de la información que incluyen recuerdos y sin embargo tu experiencia de ti mismo es la de unidad. Muchos filósofos dirán que este es un pseudoproblema. De hecho, Crick asume la postura contraria; él y Koch desacreditaron la idea de que fuese un pseudoproblema. Dice que lo más axiomático de la conciencia es su unidad. ¿Y saben qué hace el claustro? Recibe inputs sensoriales, incluso inputs de la corteza motora. Recibe inputs de todas las regiones del cerebro en un pequeño centro de recogida y envía mensajes de vuelta. Se ajusta de manera idónea para realizar este papel unificador.

Hay una analogía aquí entre la estructura del claustro y lo que es la fenomenología de la conciencia. Quizá no es una simple analogía superficial. Tal vez es profunda. Tal vez la clave de la conciencia está en observar la estructura del claustro, en un estudio detallado de su microanatomía y sus conexiones con el resto del cerebro.

Cuestiones de esa naturaleza, la de intentar explicar la conciencia, como la autoconciencia, como los qualia, en términos de estructuras cerebrales, es algo que perseguía Crick, y creo que es algo que yo también persigo, y que hemos estado intentando. Compartimos su agenda, aunque obviamente no su estatura.

Defenderé la cueva de mi padre

Publicado por el 25 feb, 2012 en Biopolítica, Tercera Cultura | 16 comentarios

Vascoíberos autóctonos

Tenemos algunos ejemplos recientes sobre malentendidos interesados basados en la genética, pero el titular de esta entrevista al novelista Álvaro Bermejo, publicada por el Diario Vasco, traspasa el nivel: “Es posible que el origen de los vascos esté en Atapuerca”.

El problema con el origen de los vascos es que simultáneamente se trata de un asunto científico, interesante para los estudios genéticos e históricos, y de un pegajoso mito nacionalista sobre la autoctonía vascoíbera. La novedad radica ahora en el emplazamiento del relato: si el mito religioso suponía que los vascos descendían de un nieto de Noé (o de los atlantes, según la imaginativa hipótesis de Federico Krutwig), ahora se los hace descender de Atapuerca. Este cambio de perspectiva revela que el lenguaje de la ciencia probablemente disfruta hoy de un prestigio superior al lenguaje del mito y la religión.

Cabe preguntarse en qué se basa Álvaro Bermejo, que acaba de publicar una novela sobre cazadores prehistóricos de bisontes con nombres vascos (“Suúa”, “Belar”, “Laun”…), para proponer una “hipótesis” tan osada. Pues en realidad, no se basa en nada. A lo sumo en una sandez autoctonista del escultor Jorge Oteiza: “Los vascos siempre han estado aquí”.

Si las evidencias sobre una hipotética continuidad entre las poblaciones de vascos actuales y los pobladores del neolítico (hace 8.000 años) son más que discutibles, una continuidad esencial entre los pobladores de Atapuerca (¡hace 800.000 años!) y los vascos actuales es pura fantasía autoctonista. El punto crucial es que, si las hipótesis sobre una mezcla genética entre neandertales y sapiens, o entre sapiens y antecessors, son ciertas, no sólo los vascos, sino todos los íberos y europeos conservarían hoy un rastro genético común con los pobladores de la sima de los huesos.

ACTUALIZACIÓN. En los comentarios de este post, Álvaro Bermejo nos ha aclarado por qué, en buena medida, toda esta discusión se basa en un malentendido periodístico.

Centenario deriva continentes

Publicado por el 24 feb, 2012 en Tercera Cultura | 4 comentarios

Autor. Félix Ares/Asesor científico de eureka!

El 6 de enero de 1912 Alfred Wegener defendió públicamente que los continentes se movían

deriva continentesAl ver los mapas de América del Sur y de África es fácil pensar que son como dos piezas de un puzle que se pueden unir. Si ahora están separadas y se pueden unir puede pensarse que en algún momento estuvieron juntas. La idea de que América del Sur y África en algún momento formaron un continente que por alguna razón se desgajó en dos no es nueva, de hecho, desde 1600, cuando los mapas empezaron a ser suficientemente precisos, ha habido estudiosos que lo han propuesto; aunque tenemos que esperar hasta 1858 para que el francés A. Snider-Pellegrini hiciera una proposición más concreta y detallada. Hubo muchas más, pero fue el 6 de enero de hace cien años que Alfred Wegener pronunció en Fráncfort la que se considera la conferencia fundacional de la ciencia del movimiento de los continentes. También dijo que unos cientos de millones de años antes todos los continentes formaban uno solo al que llamó Pangea.

Wegener presentó muchas pruebas de lo que decía, sobre todo basándose en la similitud de la vida en ambos lados del Atlántico Sur, la continuidad de algunas cadenas montañosas, etc. Fue muy criticado porque no mencionó las pruebas en contra. La teoría no fue unánimemente admitida por la comunidad científica porque no explicaba el mecanismo que pudiera mover los continentes. Tuvimos que esperar hasta los años 60 del siglo XX para que las pruebas se acumulasen y los mecanismos se explicasen. El motor es el calor del interior de la Tierra, la convección del magma, que en ciertas zonas está muy cerca de la corteza. Sube y al chocar con la placa oceánica parte se va para un lado y otra parte para otro creando fuerzas que separan los dos lados. Por ejemplo, en mitad del Atlántico tenemos una enorme cordillera, que va desde Islandia hasta más al sur de América del Sur. Hay volcanes que han dado origen a muchas islas: Islandia, Azores, Ascensión, Santa Elena, Tristán da Cunha y Bouvet. En esas zonas el magma produce fuerzas que empujan a América hacia el oeste y a África hacia el este. Allí se está creando nuevo fondo oceánico. Si por un lado se crea nuevo fondo, por otro se tiene que destruir y eso es lo que pasa por ejemplo en todo el oeste de las Américas. Los Andes se deben a esa destrucción.

Hoy sabemos que el movimiento de los continentes ha sido decisivo en cómo ha evolucionado la vida en la Tierra y en la creación de continentes, y últimamente cada vez hay más pruebas de que también ha servido de termostato para nuestro planeta. Si ha habido agua líquida durante varios miles de millones de años ha sido debido a la deriva de los continentes.

Periodismo 3C

Publicado por el 20 feb, 2012 en Tercera Cultura | 1 comentario

La Universidad Internacional Valenciana (VIU) convocó en el Centro Cultural de la Fundación Bancaja, una conferencia del periodista Arcadi Espada, que con el título ‘Periodismo 3C‘, trató sobre la denominada Tercera Cultura, una corriente que busca tender puentes entre la ciencia y las humanidades.

Jonathan Haidt descodifica la psicología tribal de la política

Publicado por el 20 feb, 2012 en Tercera Cultura | 6 comentarios

«Los conservadores creen en la igualdad ante la Ley,» les dice a los jóvenes activistas, que están ahí, en el «emporio de la riqueza» para hablar del poder del pueblo alrededor de un guisote vegano («vegan stew»). «No les preocupa en absoluto la igualdad de los resultados».

Por su interés, traducimos un artículo de Marc Parry para The Chronicle Review sobre Jonathan Haidt, autor que tiene traducido al español su libro “La hipótesis de la felicidad”. En marzo, Haidt va a publicar The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion (Pantheon).

Traducció: Iñigo Valverde

Jonathan Haidt descodifica la psicología tribal de la política

Jonathan Haidt es un psicólogo que estudia las opciones morales. Ha hecho algunas visitas al movimiento Occupy Wall Street, de Nueva York. «Los progresistas (“liberals”) necesitan que los sacudan un poco», dice. «Entienden peor a los conservadores que estos a los de izquierdas»

por Marc Parry

Nueva York

Jonathan Haidt está ocupando Wall Street. En cierto modo. Es una noche de enero húmeda que te cala hasta los huesos en el parque Zuccotti del Lower Manhattan. Este psicólogo de 48 años, alto y con aspecto juvenil a pesar de su cabellera plateada está dando una conferencia a los ocupas sobre la visión que tienen los conservadores de sus ideas.

«Los conservadores creen en la igualdad ante la Ley,» les dice a los jóvenes activistas, que están ahí, en el «emporio de la riqueza» para hablar del poder del pueblo alrededor de un guisote vegano («vegan stew»). «No les preocupa en absoluto la igualdad de los resultados».

¿Explicar el conservadurismo en una manifestación callejera de izquierdas? El momento dice mucho de la evolución de Jonathan Haidt, psicólogo moral, guru de la felicidad e izquierdoso rezongón.

Haidt (pronúnciese «heit», con hache aspirada) se hizo un nombre argumentando que la intuición, y no la razón, es el hilo conductor de los juicios morales. La gente se parece más a unos abogados que montan un caso con sentimientos viscerales que a unos jueces que razonan en busca de la verdad. Más tarde, se puso a teorizar una serie de fundamentos morales innatos grabados por la evolución en nuestros cerebros igual que las papilas en nuestras lenguas—bases psicológicas subyacentes tanto en las cualidades protectoras de la individualidad que tanto valora la izquierda el tipo de la atención de salud y la lealtad, como en las virtudes grupales integradoras que prefieren los conservadores, como la lealtad y la autoridad.

«A lo largo de la última década más o menos, ha influido sustancialmente para cambiar lo que piensa la gente de la psicología moral», dice Paul Bloom, profesor de psicología de la Universidad de Yale.

Ahora  Haidt quiere cambiar lo que piensa la gente sobre las guerras culturales. Primero se lanzó a la investigación política desde la frustración que le produjo el fracaso de John Kerry en conectar con los votantes en 2004. Militante izquierdista, este profesor de la Universidad de Virginia tenía la esperanza de que una mejor comprensión de la psicología moral podría ayudar a los demócratas a afilar sus cuchillos. Pero ocurrió algo curioso. Haidt, ahora profesor invitado en la Universidad de Nueva York, ha aparecido como un centrista que piensa que «los conservadores tienen una comprensión más ajustada de la naturaleza humana que los progresistas (“liberals”)».

En marzo, Haidt va a publicar The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion (Pantheon). Al exponer la ciencia moral—cómo se vinculan las personas en un sentimiento de «corrección grupal» y se ciegan en sus propias tendencias mentales—espera extraer algo de vitriolo del  debate público y facilitar el diálogo entre gentes de ideologías opuestas.

En la práctica, lo que hace es incordiar a los progresistas mientras explica los conservadores y la gente religiosa, trazando una delgada línea entre la provocación y la traición. Haidt trabaja en un entorno tan izquierdista que, una vez que reunió a un buen millar de colegas en una conferencia sobre psicología social, entre el 80 y el 90 %  de ellos se clasificaron como «liberales» (a la americana). Sólo tres se identificaron como conservadores.  De modo que si te dejas caer por su despacho, te puedes llevar un choque de buenas a primeras. Oirás a su equipo hablar de sus asuntos entre  hamburguesas de jabalí y de ketchup bio de Greenwich Village, y pensarás—pero bueno, este Haidt ¿no acaba de elogiar a Sarah Palin?

Desde luego. «Ella tiene razón,» dice, con eso de que «no es tanto cuestión de si derecha o izquierda como de intereses de los poderosos frente a la gente corriente». ¿Y la National Review? «Es lo más importante que leo» para captar nuevas ideas.¿ Y Glenn Beck? «Le encanta diabolizar a la gente», dice Haidt, pero es un tipo «con un gran sentido del humor, así que me encanta escucharlo».

Mientras tanto, aunque Haidt aún sigue apoyando al Presidente Obama, crítica a los demócratas por mostrar una visión moral que se enajena a una buena parte de la clase obrera, a los campesinos y a los votantes religiosos. Aunque es ateo, es ferozmente crítico con los científicos progresistas del Nuevo Ateísmo por poner el acento en lo que cree la gente religiosa más que en cómo la religión los reúne en el seno de comunidades. Y arroja a propios colegas de la psicología social a las brasas por qué constituyen «una comunidad moral de tipo tribal que desalienta activamente a los conservadores cuando intentan participar» y por hacer que los demás colegas no específicamente progresistas se sientan como homosexuales que no han salido del armario.

«Hay que sacudir a los progresistas», me dice Haidt. «Entienden mucho peor a los conservadores de lo que los conservadores les entienden a ellos».

Pero, incluso cuando Haidt sacude a los progresistas, algunos pensadores argumentan que muchas de sus propias creencias no aguantan un análisis. El intuicionismo de Haidt ignora el papel esencial que desempeña el razonamiento en nuestra vida cotidiana, dice Bloom. El esquema que se hace de los valores morales innatos equivale a poner «un emoticono sonriente al autoritarismo», dice John T. Jost, un psicólogo político de la Universidad de Nueva York. La concepción inflexiblemente tergiversada de la fe que tiene Haidt hace que parezca como si Dios y la revelación fueran temas más o menos marginales de la religión, protesta Sam Harris, uno de los «cuatro jinetes» del Nuevo Ateísmo y autor del libro «El fin de la fe» (Paradigma, 2007).

«Es casi como decir que el crecimiento incontrolado de las células es un asunto marginal en la biología del cáncer», me pone Harris en un correo electrónico. «El análisis que podría hacer Haidt del cáncer podría equivaler a esto: ‘Desde luego, el crecimiento incontrolado de las células es bastante preocupante, ¡pero el cáncer es mucho más! está la quimioterapia y el diagnóstico por imagen y la atención hospitalaria y el diseño de medicamentos. Están todos los cambios para bien y para mal que ocurren en las familias cuando a alguien le diagnostican una enfermedad terminal.  ‘Vale, pasan todas esas cosas, pero, ¿qué es lo que hace que el cáncer sea cáncer?»

Otras cuestiones: ¿Qué ha pasado para que Haidt pase de ser un progresista anticlerical a convertirse en un centrista respetuoso de la fe? Y, ahora que se acerca la elección de 2012, ¿va a escucharle alguien?

Los investigadores han descubierto que los conservadores tienden a ser más perceptivos a las amenazas y los progresistas más abiertos a las nuevas experiencias. Por la biología y por la biografía, Haidt parecía destinado a ser de la tribu «liberal». Creció en los alrededores de Nueva York como un judío laico cuya madre adoraba a Roosevelt. Fue a Yale en la época en que el  Presidente Ronald Reagan era objeto de burlas permanentes en el campus. Disfrutó de nuevas aventuras como la de entrevistar a sacerdotes y fieles hindúes en la India, un proyecto que le arrancó toda su hostilidad contra la fe y lo dio un gusto más variado por las preocupaciones morales, como las relacionadas con la comunidad o la divinidad.

Su libro anterior, La Hipótesis de la Felicidad, exploraba siglos de filosofía y ciencia en busca del secreto del bienestar (Conclusión: buscar las relaciones. Útil también para Haidt: siesta. Todas las tardes se echa una cabezadita en el  futón que tiene en su despacho).

Haidt se especializó  en filosofía en Yale, esperando que le ayudaría a «hacerse una idea del sentido de la vida». No fue así. El tema resultó «seco y aburrido» y divorciado de las preocupaciones reales de los seres humanos de carne y hueso. Pero le gustó ir a las clases de psicología, de modo que optó por seguir esa vía en una escuela superior de la Universidad de Pennsylvania. Tenía un difuso proyecto de estudiar el humor.

Pero una semana después de llegar a Philadelphia, Haidt se enzarzó en una conversación sobre el pensamiento moral con el que pronto iba a ser su tutor, Jonathan Baron, y se encontró con el tema que ha estado estudiando desde entonces. Haidt se haría ampliamente conocido por su enérgica defensa de una nueva forma de considerar algunas cuestiones muy antiguas: ¿cómo formula la gente los juicios morales? ¿Domina la razón o la intuición?

En 1739, el filósofo David Hume escribió que «la razón es y solo debe ser la esclava de las pasiones, y nunca debe pretender otra función que la de servirlas y obedecerlas». Hume estaba en desacuerdo con los filósofos que aspiraban a razonar su vía hacia la verdad moral sin examinar la naturaleza humana. Una investigación honrada, argumentaba, revela que la razón es tendenciosa y débil, mientras que la intuición propulsa nuestra vida moral.

Haidt y sus colegas metieron a Hume en el laboratorio al investigar cómo reacciona la gente frente a historias inocuas pero desagradables que ponen a la razón en conflicto con la intuición.

Una de las historias presenta a un tipo, Mark, y a su hermana, Julie, que deciden hacer el amor durante unas vacaciones en Francia. Ella toma la píldora y él se pone un condón. La experiencia hace que se sientan más próximos. Pero deciden no volver a hacerlo. ¿Es correcta la decisión?

La mayor parte de la gente condena inmediatamente a los hermanos y luego buscan una explicación. Los peligros de la consanguinidad; daños emocionales. Pero cuando el investigador señala que ni Mark ni Julie sufren el  menor daño, los interrogados suelen aferrarse a una respuesta del tipo: «No sé, no puedo explicarlo. Simplemente es que me parece mal…»

Haidt llamó este fenómeno «moral  desconcertada». La consideraba como un reto al «enfoque racionalista» prevalente en psicología moral, un campo enormemente influido por las ideas de Lawrence Kohlberg.

Los psicólogos kohlbergianos miden el desarrollo moral como una serie de vías cada vez más complejas de razonamiento sobre la justicia. Una tarea notoriamente kohlbergiana, por ejemplo, es el «dilema de Heinz»: ¿Debe Heinz robar un medicamento para salvar a su mujer que se está muriendo?

En 2001, Haidt se alzó en armas contra el racionalismo en un documento clásico que vinculaba la «moral  desconcertada», la filosofía y unos descubrimientos recientes sobre la capacidad de juicio humana, involucrando al mismo tiempo la antropología y la primatología. Su conclusión fue que «la mayor parte de la acción en psicología moral» está en nuestras intuiciones automáticas. «La gente razona, desde luego, pero ese razonamiento sirve en primer lugar para preparar la interacción social, no para buscar la verdad».

No es ninguna tontería: nos engañamos con la forma en que distinguimos lo bueno de lo malo. En buena medida gracias a Haidt, un ámbito descuidado hasta ahora «estalló de pronto», dice David A. Pizarro, profesor asociado de psicología de Cornell. Escribió una crítica con Bloom, que es un admirador de Haidt pero que ha seguido estando en desacuerdo con él en este aspecto durante los últimos diez años. El problema, me dice Bloom, es que los psicólogos sociales pasan por alto las toneladas de razonamientos morales que se hace la gente en la vida cotidiana. La moral fascina y no lo hace de forma inconsciente. La gente lee los consultorios, va a ver a los curas, discute.

«Esas cosas no se ven forzosamente en los laboratorios», dice Bloom. Sacas los temas, presentas algún dilema extraño. Ves como responden. Y dices, «¡Aja! Aquí no hay ningún razonamiento». Pero luego analizas cómo se las arregla la gente para ver a quién votar, o para decidir si abortar o no, o la limosna que van a dar. Y ves que la gente razona.

¿La prueba? El progreso moral. El sexismo, la esclavitud, el racismo — ahora sabemos que es algo malo. Es «el aspecto más interesante e importante  de la humanidad», dice Bloom. «Y puede explicarse si piensas que la moral es un acto reflejo».

Otros profesores, como el psicólogo Drew Westen y el lingüista George Lakoff, han descrito cómo es necesario «sentir» los argumentos políticos antes de que los votantes se los apropien. Haidt detalla sus ideas con una nueva teoría sobre la satisfacción moral. Su trabajo explora cómo las diferentes cocinas políticas atraen las «papilas» innatas de nuestras mentes morales —y, por extensión, la razón por la que los progresistas son incapaces de entender la «atracción intuitiva» que ejercen muchas de las ideas de los republicanos.

Haidt basa sus conclusiones en datos extraídos de un sitio Web, YourMorals.org, que es la versión en psicología de un video viral de YouTube. Cerca de 250.000 personas han contestado las preguntas de ese sitio, valorando declaraciones como: «Pienso que es inmoral que los hijos de los ricos hereden fortunas mientras que los de los pobres no heredan nada».

Con estas investigaciones en la mente, Haidt se ha presentado dos veces en «Occupy Wall Street». ¿Cómo se enfrenta un movimiento de izquierdas, y su contrapartida del Tea Party, con sus ideas sobre el intuicionismo moral en política? Esta noche de enero, ha vuelto al parque Zuccotti, a la cabeza de una bandada de estudiantes de filosofía, para saber más, y observar con fascinación cómo se desarrolla en directo el conflicto moral.

El trabajo crucial de la asamblea general nocturna compone una declaración de principios para el grupo. Algunos miembros «facilitan», pero nadie dirige. La forma de hacerse oír por encima del rumor general es el «micrófono popular», un sistema por el que uno habla y la multitud amplifica las palabras repitiéndolas.

Una discusión sobre acusaciones internas de racismo y sexismo perturba la reunión desde el principio.

Un facilitador explica los esfuerzos para mejorar el proceso contencioso. Mientras intenta avanzar, un hombre de aspecto inexpresivo con gorra de piel negra da un paso adelante y se erige en «transmisor del pueblo».

«Mic check!» grita.

Micrófono humano…

«Quisiera decir…»

¡Quisiera decir!

«Que esto no parece…»

¡Que esto no parece!

«Un espacio seguro.»

¡Un espacio seguro!

Toda la noche, Haidt circula por el parque, escuchando respetuosamente lo que contestan a sus preguntas sobre las motivaciones de los ocupantes. Inicia una conversación con Hillary Moore, artista, y Danny Valdés, profesor. ¿Qué les parece el capitalismo?

«Cuando está fuera de control, es una pesadilla—y creo que es ahí donde estamos», dice Moore. Y añade «La falta de regulación es cosa de gangsters. Es una economía mafiosa».

Moore habla de la empatía en las políticas públicas cuando estalla otra confrontación en un corro cercano.

«¡Porque quieres seguir siendo un crío!» grita una señora. «Park Slope no es un grupo de trabajo».

«La democracia es fea, tío,» dice Valdés. «Es un follón».

Lo que le llama la atención a Haidt es hasta qué punto es un follón. Cuando la gente se pone a debatir el manifiesto, el documento no plantea ningún objetivo específico. Una oradora informa de que su grupo no ha podido ni siquiera ponerse de acuerdo en una sección sobre la no violencia, porque «hay una diversidad de tácticas dentro del movimiento».

«Sorprendente», dice Haidt. «El consenso vence a la no violencia.»

Para Haidt, la evolución de la moral puede servir para dar sentido a las tribus políticas modernas, como ésta. Y en esta evolución, la gran pregunta es: ¿Cómo se junta la gente para edificar sociedades cooperativas más allá de la relación de parentesco?

El elemento  cohesionante es la moral, responde. Los humanos tienen un 90% de chimpancés, pero también un 10%  de abejas, evolucionadas para mantenerse asociadas por el bien de la colmena. Una buena parte de la narración moral de Haidt se basa en la fe. Argumenta que la religión es una adaptación evolucionista destinada a unir individuos en grupos, a los que permite competir mejor con otros grupos. Sirviéndose de la fe, los humanos desarrollaron la «psicología de lo sagrado», la noción de que «algunas personas, algunas cosas, días, palabras, valores e ideas son especiales, separadas, intocables y puras». Si la gente venera los mismos objetos sagrados, escribe, pueden fiarse unos de otros y cooperar para alcanzar objetivos más amplios. Pero la moral también los ciega frente a los argumentos que vienen de fuera del grupo.

¿Qué proporción del pensamiento moral es innato? Haidt ve la moral como una «construcción social» que varía con los tiempos y los lugares. Todos vivimos en una «red de significados y valores compartidos» que se constituye como nuestra matriz moral, escribe, y esas matrices forman lo que Haidt equipara, citando al escritor de ciencia ficción William Gibson, a una «alucinación consensual». Pero todos los humanos injertan sus principios morales en sistemas psicológicos que evolucionan para servir a diversas necesidades, como la atención a las familias y los castigos a los tramposos. Basándose en ideas del antropólogo Richard Shweder, Haidt y sus colegas sintetizan la antropología, la teoría de la evolución y la psicología para proponer seis fundamentos morales innatos: atención/daño, honradez /fraude, libertad/opresión, lealtad/traición, autoridad/subversión y santidad/degradación.

La teoría es frustrante para algunos. Patricia S. Churchland, filosofa y neurocientífica, la ha calificado de «bonita relación sin base biológica». Jost, psicólogo de la Universidad de Nueva York, piensa que Haidt emplea una argumentación débil para definir la moral con tanta amplitud. Los filósofos llevan mucho tiempo considerando si es «moralmente correcto favorecer a miembros de tu propio grupo, obedecer a la autoridad o bien imponer pautas de pureza», dice Jost. «Y, en amplio consenso, han llegado a la conclusión de que estas cosas no tienen la misma categoría moral que la honradez en las relaciones personales o el deseo de minimizar los daños». Seguir a los líderes puede acarrear  terribles consecuencias, observa.

Haidt reconoce que las mismas cualidades «abejiles» que fomentan el altruismo pueden también llevar al genocidio. Pero como psicólogo, no filósofo, piensa que su trabajo consiste, en general, en describir los juicios morales, no en aconsejar sobre lo que pueda ser bueno o malo para los individuos.

Y los seis fundamentos morales son el núcleo central de la explicación que Haidt ofrece de la política. La mente moral se parece a un ecualizador de audio con una serie de botones deslizantes que representan diferentes partes del espectro moral. Todos los movimientos políticos basan sus principios en diferentes ajustes de sus fundamentos y las guerras culturales nacen de las diferencias entre los elementos a los que deciden dar más importancia. Los progresistas ponen al máximo el volumen de la atención sanitaria, seguida de la honradez y la libertad. Rara vez valoran la lealtad y la autoridad. Los conservadores elevan los seis.

Para Occupy Wall Street, la honradez parece ser la preocupación principal, igual que para el Tea Party. La versión de Occupy presenta a los ricos sacando dinero de la trampa y la explotación. El Tea Party restaura el karma castigando la pereza y el fraude, ha escrito Haidt, «y ven el progresismo y el gobierno «de izquierdas» (liberal) como una agresión contra su proyecto». Pero, tal como muestra el mítin de esta noche, la derecha tiene una ventaja para crear grupos efectivos: los activistas de extrema izquierda ajustan el dial de la «autoridad» a cero.

Es una crítica suave, pero Haidt se va poniendo más duro en los memorandos que envía a los políticos progresistas y a los «think tanks». Escribe que la política, como la religión, une a la gente en el objetivo de «perseguir ideales de moral y defender valores sagrados.» El valor que veneran los progresistas es defender al oprimido. Pero su devoción a las víctimas los ciega frente a otras preocupaciones. Se distancian con «una moral laxa y tolerante que da vértigo a la mayoría de los estadounidenses». Y a menudo cometen «sacrilegio» facilitando a sus contrarios «movilizar el sentimiento de ofensa moral». Por ejemplo, socavan la autoridad al respaldar el aborto sin consentimiento parental.

Otro ejemplo que usa Haidt para subrayar la característica psicológica tribal de la sacralidad política es la investigación que hizo en los años sesenta el sociólogo progresista Daniel Patrick Moynihan, profesor de Harvard y experto en políticas públicas. En un célebre informe al Presidente Johnson, Moynihan usó el término «tangle of pathology» (embrollo patológico) para describir el tipo de familia de los negros, argumentando que algunos de sus problemas se derivaban de los elevados índices de nacimientos no matrimoniales, no sólo del racismo. Esa expresión lo convirtió en un apestado; muchos profesores de Harvard prohibieron a sus hijos jugar con los de Moynihan. Tal como Haidt cuenta la historia, Moynihan cometió «el pecado capital»: «culpar a la víctima, perteneciendo la víctima a uno de los grupos de víctimas sacralizadas». Haidt señala que los sociólogos están reconociendo hoy amargamente que tenía razón…

Hasta ahora, Haidt no ha tenido mucha suerte para interesar a los políticos en sus ideas. Estuvo saludando a políticos del Partido Demócrata en su estado de origen, Virginia, como Mark Warner y Tom Perriello, así como en el Center for American Progress, un centro de investigación progresista estrechamente ligado a la Casa Blanca. Pero la gente de Washington etiquetaba a Haidt como demasiado ocupado en esquivar los palos que le caen cada día como para pensar sobre el futuro a largo plazo del progresismo. Los pocos políticos que le dedicaron algo de su tiempo parecían mas interesados en ver si se podían sacar datos de la ciencia del comportamiento para recolectar fondos o sencillamente, demasiado ocupados para comprometerse con sus ideas.

Me llega un barrunto de lo que quiere decir Haidt cuando intento extraer de Anna Greenberg, hija del asesor de Bill Clinton Stanley B. Greenberg y vicepresidenta ejecutiva de Greenberg Quinlan Rosner, la empresa de sondeos demócrata que fundó éste, una respuesta a sus memorandos. Lo primero que me dijo es que lamentaba haber aceptado la entrevista porque «hay mucha tela que cortar» y «no había podido echar una ojeada a la mayor parte».

Pero luego se arranca con un discurso sobre el reto de aplicar la investigación académica a la política. Las ideas pueden ser interesantes, y algunas de las de Haidt parecen tener mucho sentido, dice. Pero, ¿cómo utilizarlas? ¿Diciendo a los demócratas que adopten puntos de vista más conservadores?

«Esos que él llama marcos morales suponen auténticas posiciones políticas que la gente tiene que adoptar y que pueden ser contradictorias con valores básicos de los demócratas, dice Greenberg.

En The Righteous Mind, Haidt atribuye su viraje ideológico a un despertar intelectual. Llegó a apreciar los puntos de vista de la derecha sobre la cohesión social tras leer Conservatism, an anthology editado por el historiador Jerry Z. Muller. Pero también lo achaca a otro factor: el final de la presidencia de George W. Bush. Haidt odiaba a Bush. No pudo cambiar de forma de pensar hasta que no desapareció esa animosidad, hasta que dejó de ser un partidario feroz en lucha contra otro equipo «por la supervivencia del mundo».

Dicho de otro modo, mandaba su intuición.

Richard Dawkins: Pecados de nuestros padres

Publicado por el 19 feb, 2012 en Humanismo Secular, Tercera Cultura, Traducciones | 12 comentarios

Publicado por Richard Dawkins en Richard Dawkins Foundation

Ayer por la tarde me telefoneó un reportero que se presentó como Adam Lusher del Sunday Telegraph. Después de una semana de ajetreo, estaba preparado para nuevas tácticas de distracción, pero ni en mis sueños más extraños podía imaginarme lo surrealista que iba a ser esta vez. Obviamente no puedo repetir lo que dije palabra por palabra (mi pobre recuerdo de largas listas de palabras ha sido advertido esta misma semana), y es posible que el orden no sea correcto, pero aproximadamente así fué la conversación.

“Hemos estado investigando en la historia de la familia Dawkins, y hemos descubierto que sus ancestros poseían esclavos en Jamaica en el siglo XVII y XVIII. ¿Qué tiene que decir a esto?”

Respondí: “Sus ancestros probablemente también los tuvieron. Lo único que ocurre es que conocemos quiénes eran mis ancestros y quizás no conocemos los suyos.”

Persistió desgranando varios de mis antecesores, incluyendo, creo, a Henry Dawkins (nacido en 1698) y su padre el coronel Richard Dawkins (fecha de nacimiento desconocida para mí), ofreciendo cifras terribles (y de hecho deplorables) sobre el número de esclavos que poseían, preguntándome si me sentía culpable sobre ello.

Respondí citando Números 14:18 (de memoria, Oh calamidad) ese pequeño y encantador verso sobre el Señor que “castigará (visitará) los pecados de los padres sobre los hijios hasta la tercera o cuarta generación”: de paso, un buen ejemplo de moralidad bíblica.

Al persistir en sus insinuaciones me excusé perentoriamente y me marché (tenía prisa porque iba a dar una conferencia en Londres y quería prepararla).

Apenas tuve tiempo para reabrir las notas de mi conferencia cuando volvió a llamarme: “La selección natural darwiniana tiene mucho que ver con los genes, ¿no está de acuerdo?” Por supuesto que estaba de acuerdo. “Bueno, algunas personas podrian sugerir que usted ha heredado un gen para apoyar la esclavitud de Henry Dawkins.” “Usted obviamente necesita lecciones de genética”, contesté. Henry Dawkins fue mi tatara tatara tatara tatara tataraabuelo, por lo que aproximadamente he heredado 1 de 128 genes de él (esta es la cifra correcta, en el calor del momento la di mal por teléfono por un par de potencias de dos).

Dejando aparte su analfabetismo científico y su insinuación francamente difamatoria de que podría disculpar la esclavitud, el asunto sobre las potencias de dos es lo bastante interesante para hacer una digresión. Siguiendo una línea de razonamiento explicada en The ancestor’s tale, podemos calcular que Adam Lusher y yo (y yo y tú, y el tío Tom Cobleigh y todos) compartimos la mayor parte de nuestros ancestros y literalmente todos nuestros más lejanos ancestros. Lo que resulta algo menos obvio es que el ancestro que compartimos más recientemente probablemente vivió sólo hace unos siglos. Casi seguramente todos descendenos de propietarios de esclavos (y de hecho de esclavos), si vas lo bastante atrás, y probablemente no tengas que ir muy lejos. Lo que ocurre únicamente es que sólo unos pocos de nosotros cargan, para citar a J B S Haldane, con un cromosoma Y etiquetado históricamente. Como suele pasar, mis ancestros también cuentan con una línea continua de seis generaciones de clérigos anglicanos, desde el reverendo William Smythes (nacido en 1635) a su tatara tatara tataranieto Edward Smythes (nacido en 1818). Me pregunto si Adams piensa que también he heredado un gen para la piedad.

Nuestro inquisitivo periodista de investigación entonces me desafió a negar que William Wilberforce, el gran activista contra la esclavitud, era cristiano. (Es presumible que también lo fueran los propietarios de esclavos. Como cualquier otro en una Inglaterra que era cristiana en aquellos tiempos). Esto me provocó para que le diera otra lección, esta vez exponiendo el brillante libro de Steven Pinker, The better angels of our nature, sobre cómo nos estamos haciendo cada vez más apacibles y civilizados a medida que pasan las generaciones, seamos o no religiosos. Nuestros cambiantes valores morales traen consigo una clara señal estadística sobre el siglo e incluso la década en que vivimos, pero virtualmente ninguna señal sobre si somos religiosos.

A continuación sugirió que debería pagar una reparación financiera por los pecados de mis antecesores.

¿Reparación para quién? ¿Debería peregrinar a Jamaica para buscar a los descendientes de los esclavos a quienes agraviaron mis antecesores? ¿Pero por qué los descendientes de personas que fueron oprimidas por mis ancestros hace 300 años y no las personas que son oprimidas hoy? Se trata de nuevo de la falacia de “los pecados de nuestros padres”, llevada dos generaciones más lejos de lo que Yavé tenía en mente.

En sus palabras de despedida (en realidad era yo el que me despedí) llegó a sugerir que las sucias ganancias de Henry podrían haber servido para adquirir la hacienda inglesa, de la cual mi familia aún posee una pequeña parte. Le contesté que lejos de ser una hacienda, se trata de una pequeña granja que intenta sobrevivir en malos tiempos para la agricultura. Añadí que la riqueza y las tierras poseídas una vez por la familia Dawkins fue malgastada en el siglo XIX por el coronel William Gregory Dakwkins (me alegro de que no fuera mi antecesor directo) en pleitos inútiles. Lo que poseo difícilmente procede de la herencia de pasados siglos, sino que ha sido ganado por mí en mi propia vida. Me alegra poder dar dinero para la caridad, y lo hago en grandes cantidades, pero mi elección a favor de la caridad no está influida por cualesquiera que fuera los pecados que cometieron mis antecesores del siglo XVII y XVIII. En ese momento me preguntó cuántos acres poseía mi moderna y pequeña granja, pero le respondí que se metiera en sus asuntos y le colgué el teléfono por segunda vez.

No puedo evitar preguntarme sobre la calidad del periodismo que aprovecha la ocasión para atacar a un hombre por lo que hizo su tatarabuelo de quinta generación. ¿Es que no hay nada más actual? Por supuesto, está nuestra encuesta Ipsos MORI, publicada esta semana. Pero parece que es mejor distraer a los lectores con una historia de 300 años que liarse con eso.

No compren el Telegraph hoy, pero echen un vistazo a la web y maravíllense por el abismo en que se ha precipitado el antiguo orgullo de un periódico. Esto a menos que (y me gustaría pensar que es bastante probable) el editor considere que la historia se ha pasado de caducidad nada menos que trescientos años.

Por qué nos interesa el libre albedrío, y por qué no nos ponemos de acuerdo

Publicado por el 17 feb, 2012 en Historia de las ideas, Tercera Cultura | 4 comentarios

El libre albedrío. Con lo bonito que es ese tema. Viene aquí pintiparado. Después de siglos de interminables disputas, el asunto sigue entusiasmando a teólogos, neurocientíficos y filósofos experimentales. Y la razón por la que nos sigue interesando probablemente radica en la tradición, en especial, en las fuertes resonancias teológicas (y últimamente, ideológicas) que conserva la discusión.

No deja de ser llamativo que ni la tradición religiosa ni la tradición filosófica, ni ateos ni creyentes, ni místicos ni teólogos hayan logrado ponerse de acuerdo en un tema tan delicado, dando lugar a una combinatoria de lo más pintoresca. La ubicuidad de prejuicios y sesgos, tanto favorables como desfavorables al libre albedrío, hace que sea muy difícil llegar a un acuerdo. Mucho está en juego.

Empezando por el Génesis, donde Dios aparece como creador del mundo pero no como responsable del estado lamentable en que se encuentra. El mal es, más bien, un resultado de los pecados líbremente escogidos por los antepasados de la especie humana, una concepción en cierto modo equiparable -según Mircea Eliade- a la idea posupanishádica de la humanidad como resultado de sus propios actos.

Pero la postura de la tradición posterior dista mucho de ser unánime, y esto incluso dentro de los márgenes del pensamiento ortodoxo (como atestigua la interesantísima polémica española de auxiliis librada entre dominicos y jesuitas en el siglo XVI).

Lutero en particular, en su Disputa contra la teología escolástica, defiende que el hombre no tiene libre albedrío después de la “caída”. Pero la teoría de la predestinación y la gracia, “tan cara al agustinismo, el jansenismo, el luteranismo y el calvinismo” es notablemente antigua, remontándose al menos hasta Simón el Mago (siglo I d.C.), como explica Michel Onfray en el segundo volumen de su contrahistoria: “Simón inaugura un pensamiento que muchas veces la filosofía alternativa hace propio: la negación del libre albedrío, el relativismo y la arbitrariedad de la moral, el uso del cuerpo como amigo, la adecuación de la existencia personal a la pulsión de vida más radical y en sus formas más primitivas: el deseo resulta en placer.”

Defendiéndose de la bula Exurge domine, Lutero llega a afirmar que “la libre voluntad es realmente una ficción o un nombre sin realidad”. Pero -y éste es el punto verdaderamente crucial- es necesario tener muy presente que la negación de Lutero del libre albedrío, no se refiere a las decisiones triviales, o incluso a las decisiones morales importantes de la vida, sino a la única decisión verdaderamente importante, a la salvación: “Por libre elección entendemos una potencia de la voluntad humana en virtud de la cual puede un hombre aplicarse a las cosas que conducen a la salvación eterna o (puede) apartarse de ella” (citado por Eliade).

Ahora aparquemos la religión. ¿Están de acuerdo los demás filósofos y científicos en la verdad del determinismo, es decir, en la negación del libre albedrío? En absoluto, ni aún los más naturalistas.

Al fin y al cabo, hay antecedentes ilustres. Lucrecio ya defendió en De rerum natura la validez del libre albedrio, justificándose en la física de los átomos. El fascinante clinamen permitía salvar la libertad humana a la vez que la causalidad puramente material en un universo hecho exclusivamente de átomos y vacío.

Más recientemente, a pesar de las evidencias que muestran que muchas de nuestras decisiones descansan en procesos inconscientes y aparentemente no racionales, muchos filósofos y científicos siguen defendiendo que el libre albedrío es una propiedad “emergente” compatible con el hecho de que seamos “criaturas biológicas que deben obedecer las leyes de la física”. Sean Carroll: “El libre albedrío es tan real como el beisbol”. Michael Gazzaniga: “Los cerebros son automáticos, los seres humanos son libres”.

Según Patricia Churchland, la noción tradicional contracausal, que exige de las decisiones libres que sean completamente acausales, -con el permiso de la física cuántica, no es plausible. Hume ya desmostró que nuestras elecciones llamadas libres en realidad estaban causadas por otros eventos de la mente: deseos, creencias, sentimientos, etc. Para Hume la elección libre y responsable en realidad es incompatible con la visión tradicional acausal, “libertaria”. De acuerdo con Churchland, aunque la distinción entre eventos causales del cerebro compatibles e incompatibles con el libre albedrío está lejos de ser nítida, el conjunto de las evidencias científicas no permiten negar que esa distinción exista. En resumidas cuentas, el hecho de que las emociones o los procesos inconscientes influyan causalmente en las decisiones que consideramos “libres” no elimina el libre albedrío. De hecho, una visión actualizada y naturalista del libre albedrío, libre de las exigencias platónicas tradicionales, implicaría justamente la integración de esta parte emocional suprimida por las concepciones tradicionales.

Geometría en retablo barroco

Publicado por el 15 feb, 2012 en Tercera Cultura | 0 comentarios

Autor. Félix Ares/Asesor científico de eureka!

La ciencia se encuentra en todas partes, incluso en los sitios más inesperados.

Catedral de BaezaNunca me han gustado demasiado los retablos barrocos; siempre me han parecido sobrecargados y con un exceso de dorados; y, desde luego, nunca los había considerado depositarios de una alta dosis de ciencia.

Era consciente de que la madera dorada exige una gran tecnología tanto para hacer el pan de oro como para estofarlo. También lo era de que las columnas salomónicas exigían saber bastante de geometría; pero lo que no me esperaba era lo que me encontré en el retablo mayor de la catedral de Baeza, gracias a una excelente guía de nombre Lourdes.

El retablo fue concebido en 1674 por Manuel del Álamo. Es de madera dorada, de tres calles. En el centro hay una virgen y en las calles laterales, a media altura, a izquierda y derecha respectivamente, están las estatuas de dos mártires. Vistos desde la primera fila de bancos/reclinatorios parecen unas figuras un poco más pequeñas que un ser humano de verdad. Lo parecen, pero nos equivocamos. La guía nos dijo que si las bajásemos y las pusiéramos a nuestro lado serían de nuestro tamaño. Son imágenes a tamaño natural.

Arriba del todo, en la calle central, hay otra imagen; desde nuestro punto de vista su tamaño es normal, aproximadamente igual –quizá un poco mayor– a las otras dos que estaban más abajo en las calles laterales. La sorpresa vino cuando la guía nos dijo que medía 2,5 m de altura. ¡Dos metros y medio! Era una imagen gigantesca pero la perspectiva le hacía parecer igual a las otras. Además, una talla tan grande, vista desde abajo tendríamos que verla deforme, con los pies muy grandes y la cabeza muy pequeña; pero ese no era el caso. Se veía normal y proporcionada. Para conseguir esa apariencia «natural», el imaginero había tenido que hacer los pies pequeños, el cuerpo troncocónico con una anchura más que la natural en los hombros y una enorme cabeza. Si la pusiéramos a nuestro lado, no solo sería una imagen gigantesca, sería deforme, con unos pies ridículos para el cuerpo y la cabeza que soportaban. El cuerpo sería muy ancho en los hombros y demasiado delgada en la cintura y la cabeza sería enorme. Sin embargo, vista desde abajo, donde están los fieles, parece una figura perfectamente proporcionada. Se trata de todo un triunfo de las proyecciones geométricas adaptadas a los retablos barrocos. Este tipo de proyecciones las había visto en los cuadros, incluso sabía que las columnas de los templos griegos estaban inclinadas, separándose, para dar, vista desde abajo, una sensación de paralelismo. Pero nunca había pensado que también se utilizarán en los retablos barrocos. Me equivocaba. Matemáticas a la vista de todos.

Gracias Lourdes

“Efecto gurú”. El prestigio de la oscuridad

Publicado por el 13 feb, 2012 en Divulgación Científica, Tercera Cultura | 8 comentarios

La oscuridad y confusión en la expresión normalmente se consideran un defecto, salvo en el caso de algunos adivinos, teólogos y gurúes intelectuales.

Dan Sperber distingue dos tipos de creencias que esencialmene coinciden con los dos “sistemas” de Kahneman. Algunas creencias son intuitivas y se producen de forma automática sin examen ni esfuerzo intelectual. Otras, en contraste, son reflexivas, requieren razones para ser creídas. Asimismo, las razones para aceptar una creencia pueden ser internas, es decir, pueden estar contenidas en las mismas creencias, o bien externas, cuando una creencia se acepta en virtud de una fuente considerada fiable.

El llamado “sesgo de confirmación”, por el cual prestamos mucha más atención a aquellas evidencias que aparentemente confirman puntos de vista previos, desempeña un papel fundamental reforzando la confianza en la autoridad. Además, cuanto más abierta está una afirmación a una variedad de interpretaciones, mayor es el riesgo de sesgo de confirmación. Según Sperber, las prácticas arcaicas de adivinación son una excelente ilustración de este mecanismo.

"Quienes consultan a la Pitia interpretan sus afirmaciones de un modo que resulte relevante para ellos y que confirme los poderes atribuídos al adivino."

La relevancia atribuída a la información es crucial. Cuánto mayores son los efectos cognitivos derivados de interpretar alguna afirmación, mayor resulta su relevancia. Pero interpretar la información difícil es costoso, y por lo corriente sólo es percibida como relevante cuando está investida por autoridad social. Un claro ejemplo es el prestigio de la teología y los misterios religiosos. Para un creyente, la relevancia de los dogmas está fuera de toda duda, aún cuando sea incapaz de comprender el dogma de una forma sofisticada, un modo de comprensión accesible únicamente al teólogo. Esta dinámica de la relevancia religiosa probablemente causa la transferencia de autoridad del magisterio teológico a magisterios, en principio, seculares. Tal como explicaba Daniel Dennett, la gente no es escéptica con la evolución porque haya analizado los argumentos internos de la teoría, sino porque confía en la autoridad de los representantes religiosos que ya han analizado la cuestión por ellos.

Dan Sperber, que ha pasado su vida intelectual en el París de Sartre, Lacan y Derrida, analiza otro pintoresco campo intelectual donde funciona el “efecto Gurú”: la filosofía contintenal. Martin Heidegger:

No queremos debatir doctrinas sino interiorizar lo conforme a la esencia, aquello en donde o bien estamos afincados, o bien somos arrastrados de acá para allá al carecer todavia de arraigo y juicios.

(…) El ser es lo más dicho en todo decir porque lo decible hay que decirlo únicamente en el ser (y sólo es decible la verdad y de lo que de serio ella tiene).

(…) En tanto que acallamiento, el ser sería también el origen del lenguaje.

El sentido de este tipo de sentencias probablemente no es del todo opaco para un puñado de especialistas e iniciados, pero la cuestión es que, para una mayoría de lectores, resultarán altamente problemáticas.

Se ha de subrayar que, sunque se ha relacionado la argumentación con el proceso de la modernidad (¡Sapere aude!), autoridad y argumentación no son dos procesos totalmente diferenciados:

La autoridad y la argumentación parecen ser dos caminos bastante distintos hacia la persuasión y, en buena medida, lo son. Desde un punto de vista evolutivo, la capacidad para producir y evaluar argumentos podría haber surgido como un modo de superar parcialmente el riesgo de engaño y manipulación involucrado en la aceptación de la autoridad de la comunicación. Históricamente, la transición de la modernidad puede describirse como la sustitución de la autoridad por los argumentos como modo básico de justificar creencias. En el estilo intelectual, a menudo existe una oposición clara entre aquellos que confían más en la autoridad que en los argumentos, y aquellos que confían más en los argumentos que en la autoridad. Sin embargo, en las prácticas comunicativas, lo que encontramos no es una dicotomía entre la apelación a la autoridad y la apelación a la razón, sino una variedad de interacciones y un solapamiento entre las dos formas.

Para los iniciados el prestigio de la fuente (en el caso anterior, el prestigio de Martin Heidegger) y justamente su oscuridad, aumenta la relevancia de la comunicación, estimula y socializa el esfuerzo cognitivo, ya que el mero hecho de participar en una conversación difícil es una prueba de competencia intelectual. No es del todo cierto que la claridad sea “la cortesía del filósofo”.

En los últimos tiempos es verdad que ha florecido un nuevo tipo de gurú digital relacionado con Internet y las llamadas “redes sociales”, con una oscuridad y confusión propias. Pero el lenguaje y el mensaje de los gurúes digitales es demasiado estúpido como para equipararlo con la Pitia o los filósofos posmodernos. Por lo menos yo me niego a ponerlos en el mismo nivel. Además, en el artículo de Sperber sólo interesan los gurúes honestos, que no desean engañar a sus lectores.

Referencia: Sperber, D. (2010) The Guru EffectReview of Philosophy and Psychology, 12(1), 129-592. DOI: 10.1007/s13164-010-0025-0

El origen arcaico de las “redes sociales”

Publicado por el 10 feb, 2012 en Divulgación Científica, Tercera Cultura | 0 comentarios

Los seres humanos somos una especie social única en la medida en que establecemos corrientemente relaciones duraderas con otras personas con las que no estamos relacionados genéticamente. Pero las “redes sociales”, que nos conectan más allá del pequeño círculo de familiares, no han sido inventadas por Facebook. De hecho, las redes sociales podrían tener un origen arcaico y servir como explicación a la evolución de la cooperación.

"Lo más increíble es que las redes sociales antiguas se parezcan tanto a lo que vemos hoy." - Nicholas Christakis


Para investigar la genealogía de las redes, Coren Apicella, investigadora en el Instituto para la Ciencia Social Cuantitativa de Harvard y sus compañeros han examinado cómo cooperan los Hadza, un pueblo de cazadores y recolectores que vive en Tanzania, alrededor del lago Eyasi, en el valle del Rift. Las poblaciones contemporáneas de cazadores y recolectores aparentemente constituyen una muestra similar a nuestros orígenes evolutivos, debido a las semejanzas con modos de organización social arcaicos. Además, este supuesto estaría apoyado por evidencias genéticas que apuntan a que los hadza descienden de poblaciones que ya habitaban sus territorios antes de la llegada de los primeros granjeros y de los primeros domesticadores de animales.

Apicella y sus compañeros han hallado que las redes hadza comparten rasgos importantes con las redes sociales en apariencia más modernas, a pesar de vivir en unas condiciones ecológicas y sociales en extremo diferentes a las actuales. Estos rasgos comunes abarcan desde la homofilia (la cooperación entre individuos que se asemejan entre sí) a la influencia negativa de las distancias geográficas o la asortatividad (los individuos con más amigos son más populares incluso entre aquellos con los que no establecen relaciones de coooperación). Los hadza también prefieren establecer vínculos con “socios” físicamente más capaces (por ejemplo, con individuos más altos) y, significativamente, aunque prefieren cooperar con familiares, tal y como predicen las teorías biológicas sobre la cooperación (es decir: selección de parentesco + altruísmo recíproco), mantienen también fuertes relaciones con no familiares.

Estudios recientes ya mostraron que el porcentaje de familiares de primer orden habitando en campos residenciales apenas asciende al 10% en sociedades de cazadores y recolectores, y este nuevo análisis sobre la cooperación entre los hadza quizás sirva para apoyar las teorías de la cooperación basadas en la selección a nivel de grupos culturales. De cualquier forma, parece que determinados rasgos cruciales de la cooperación humana, hallados en un estadio tan arcaico de la evolución, resultan difíciles de explicar plenamente desde las teorías biológicas clásicas.

Referencia: Apicella, Coren L. (2012-1-25) Social networks and cooperation in hunter-gatherers. Nature, 6(7382), 633-501. DOI: 10.1038/nature10736

Envejecer no es inevitable. Y como es un programa genético, puede manipularse

Publicado por el 8 feb, 2012 en Tercera Cultura | 5 comentarios

Ginés Morata  foto: Luis Marino Cigüenza

Ginés Morata. Foto: Luis Marino Cigüenza

Ginés Morata es un biólogo almeriense, profesor de investigación del Centro de Biología Molecular del CSIC-UAM, especializado en biología del desarrollo, y concretamente en el estudio de la arquitectura biológica de la mosca Drosophila melanogaster. Mediante el estudio genético de esta especie intenta comprender la regeneración de órganos en humanos para el tratamiento de cánceres y el envejecimiento humano. Junto con el biólogo inglés Peter Lawrence ha ayudado a establecer la teoría del compartimiento que fue propuesta por Antonio García-Bellido. Fue galardonado con el premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica conjuntamente con Peter Lawrence.

Le entrevistamos para Tercera Cultura en el marco de las jornadas “La creación del mundo” organizadas por el Instituto Ibercrea los días 16, 17 y 18 de noviembre del 2011. Mª Teresa Giménez Barbat para Tercera Cultura.

TC- Nací con un solo riñón, ¿qué me pasó?

G.M.- No lo sé, no se lo puedo explicar. Todos somos organismos con bilateralia, simétricos; de casi todo tenemos un par. Es un mecanismo de seguridad, también. Puede tener muchas causas. Si usted fuera una mosca le podría dar más explicaciones…

TC. Si lo fuera…(risas)

G.M.-….Si a una mosca le falta un ala o un ojo, eso se lo podría explicar. Sucede con frecuencia que un grupo de células precursoras por diversas razones puede no desarrollarse. El grupo inicial estaba allí, pero hay algún trauma. Duplicarse es más común, parecido a los gemelos univitelinos, que son idénticos. Se debe a que normalmente se forma un zigoto, prolifera, da lugar a todos los órganos. Puede suceder que, cuando se divide la primera vez, en vez de quedarse ambas células juntas, se separan por alguna razón. Son capaces de construir el mismo organismo. Son idénticos porque tienen el mismo genotipo. Pero hoy en día no es preocupante tener un solo riñón.

TC. ¿Se puede considerar su trabajo dentro del calificativo anglosajón de “evo-devo”, y, en caso afirmativo qué es la “evo-devo”?

G.M.- No, no lo está. Pero la “evo-devo”  es algo muy interesante. Estudia los mecanismos de desarrollo desde el punto de vista evolutivo. Cómo aparecieron en el pasado y cómo se han ido modificando con el tiempo. Estos mecanismos están presentes desde hace muchos años. El análisis comparativo de los mecanismos de desarrollo ha echado mucha luz en procesos evolutivos y ayuda a entender cuál es el origen de nosotros mismos y de las otras especies.

TC. ¿Por qué envejecemos?: ¿hay prescripción génica de entrada o se trata más bien de acumulación de deterioro replicativo?

G.M.- Una pregunta interesante que plantearé en mi conferencia de ahora. Los organismos tenemos un programa de envejecimiento igual que tenemos un programa de desarrollo. Usted nació igual pero más pequeñita y no añadió nada hasta que a los 18 dejó de crecer. Hay unos genes que se encargan de controlar la evolución temporal del organismo en cuestión y son extraordinariamente conservadores. Modificando estos genes podríamos modificar el programa de envejecimiento.

Envejecer no es inevitable. Hay organismos que no envejecen. Parte de mí es inmortal. A través de mis hijos y mis nietos, mi línea germinal es inmortal. No es inevitable. Y como es un programa, puede manipularse .

TC. ¿Está muy en mantillas?

G.M.- No se puede hacer experimentos en humanos. Pero en moscas, por ejemplo, no está nada en mantillas.

TC-Si conocemos a fondo la receta “moldeadora” y si, como usted dice, podremos manipularnos genéticamente a nosotros mismos, ¿seremos inmortales?

G.M.- El sueño de la humanidad siempre ha sido la inmortalidad. El cineasta Woody Allen dijo una vez que “Yo no quiero adquirir la inmortalidad a través de mi obra, quiero adquirirla no muriéndome”.

TC. Sí, es una frase famosa. Tenía toda la razón.

G.M.- Yo no sé si algún día se podrá adquirir la inmortalidad. Pero sí que se podrá alargar de forma considerable la duración de la vida. Suponiendo que la gente quiera hacerlo. Yo no sé si será deseable, pero sí será posible. Es una cuestión genética. Cuando los genes están identificados se pueden alterar. Conseguimos gusanos que viven 8 veces más. En humanos tiene consecuencias desmesuradas. Si lo trasladásemos a la población española, por ejemplo, la Seguridad Social se colapsaba…

TC. Mal momento ahora para plantearlo (risas)

G.M.- Sí, pero es el sueño de la humanidad. Las religiones ofrecen la inmortalidad. Es un mecanismo ficticio, aunque hay gente que cree y es muy respetable. Todas las religiones ofrecen una vida después de la muerte. Hasta el infierno seria aceptable frente a la aniquilación. Somos la única especie que reflexiona y nos es altamente repugnante la idea de la desaparición definitiva. Así que inventamos subterfugios como la religión. La inmortalidad es un sueño pero, si no se realiza por completo, sí se podrá mitigar esa cortedad de la vida.

TC. ¿Cómo trasladan los resultados obtenidos con las moscas a los seres humanos?…, ¿valen también esos traslados para genes reguladores del comportamiento mosquil: agresividad, cortejo y preferencias sexuales…?

G.M.- Los humanos y las moscas compartimos el 60 de los genes. Compartimos muchísimo. O por lo menos más de lo esperado. Si entendemos estos fenómenos a la luz del  “evo-devo”, nos extraña menos.  Las moscas son vehículos my interesantes para estudiar la biología humana, el envejecimiento, las enfermedades humanas, estudiar en ellas fármacos, drogas…. Se puede investigar el Alzheimer en moscas, inducirlo…

TC. ¿Esto es algo que se está haciendo?

G.M.- Se está haciendo. Es muy fácil con el Alzheimer. Se sabe cuál es la proteína patológica. Hay remedios que curan el Alzheimer en las moscas, pero son tóxicos para los humanos. Este es un ejemplo. Pero el comportamiento es más difícil. El comportamiento tiene un evidente contenido genético. Pero no está tan bien caracterizado como otros aspectos… Es más difícil tener certeza en ello. Hoy hablaré de cómo compartimos muchos comportamientos con las moscas. Las moscas machos seducen a las hembras cantando canciones de amor. Es una receta eterna. ¡La  inventaron ya las moscas hace 100 millones de años!

TC.¿Qué es la teoría del compartimento?

G.M.- No es una teoría, es un hecho. Y muy concreto del tema de las moscas. Es algo que descubrimos y la primera publicación fue en 1973, en nuestra presentación internacional al más alto nivel, de la escuela de biología con Antonio García Bellido. Una teoría muy novedosa que sorprendió mucho. Los compartimientos no son otra cosa que las subdivisiones reales del cuerpo que hacen los genes. Usted tiene cabeza, tronco, extremidades…. Las distinguimos y las nombramos en castellano muy claramente. Pero, ¿los genes distinguen como usted? Si no ¿cuáles son la unidades génicas que dividen el cuerpo?  En este caso de la de la mosca no coincide con las evidencias morfológicas que uno ve. Las moscas no distinguen y los genes tampoco. Los compartimientos son la base de este tipo de concepto. En el ala de la mosca una línea la divide por la mitad. Es una línea invisible (se ve por una técnica concreta) que da dos trozos, anterior y posterior. Nadie podría decir que existe esta división. Para los ojos no existe pero para los genes, sí. Usted ve en su mano la palma, dedos, falanges…Pero no hay ninguna evidencia de subdivisión genética para hacer las uñas, palmas, dedos. No coincide con nuestras pautas. Este descubrimiento es muy poderoso en la biología del desarrollo. Hoy en día está perfectamente establecido.

TC. Entonces,  asigne, si puede, un valor aproximado para el peso del programa génico en los siguientes órganos:

  • ala de mosca
  • pico de pájaro
  • nariz de Cleopatra
  • cerebro de Einstein

G.M.- Yo daría 100 % a todo.

TC. ¿Ah, sí?

G.M.- Pongamos el cerebro de Einstein. La capacidad intelectual condicionada por la genética y la condicionada por el aprendizaje son difíciles de distinguir. Pero claramente el genético es el componente mayor. Si hubiera tenido hermanos gemelos univitelinos, en vez de gigantes de la física hubieran sido otra cosa. Alguno Rey del Hampa, por ejemplo. Pero todos muy dotados. Claro que no es lo mismo criarse en…

TC. ¿El Kalahari?

G.M-….en el Kalahari, por ejemplo, que estudiar en Harvard. Y si a Cleopatra no le da de comer podría ser menos bonita. Si la mosca come mejor, su ala es más grande. Pero no hay diferencias.

TC. ¿Cuál es el peso de los factores génicos y epigenéticos para morfologías distintivas o relacionadas con el atractivo físico y el sex-appeal que llevan a producir Marilyn Monroes o Brad Pitts o Rossys de Palma?

G.M.- Son preguntas muy difíciles (risas). Hace poco, el Hospital Clínico de Barcelona publicó un articulo muy interesante, en el British Medical Journal, que decía que los médicos cirujanos son más guapos que los médicos clínicos. Le recomiendo que lea el artículo.

TC. Yo estuve casada con un cirujano muy guapo (risas)

GM. ¡Ve! ¿Por qué los cirujanos del Hospital Clínico son más guapos que los otros médicos? Es un misterio para el que la ciencia no tiene respuesta. Poniéndonos serios.  La evolución ha fijado en los hombres, que es lo que yo conozco, una opinión sobre el sex appeal de las mujeres, lo que atrae de una hembra. Unas formas, unos contornos femeninos: un tipo de cadera, una cintura fina… Seguramente porque convendría esa anchura de cadera para el parto. Los hombres respondemos a esto. No digo, claro, que sea todo el tema

TC. Si compilando adecuadamente instrucciones génico-madurativas podríamos llegar a moldear un bosquimano, un inuit o un maorí, por qué se insiste, a menudo, desde la biología en que las razas no existen?

G.M.- Las razas como definición categórica, como subdivisión de la especie humana posiblemente no existen. Hay diferencias muy claras en entre un inuit y un bosquimano. Han estado viviendo aparte muchos años para que no se fijen grandes diferencias. El tipo español y el finés es distinto. Hoy en día, en una aldea más global, las diferencias tienden a desaparecer. Pero las poblaciones separadas durante cientos de miles de años son distintas. Una no es superior a la otra, pero son distintas. Todo es un continuo, y no valen las connotaciones xenófobas. Es como decir que las mujeres son diferentes de los hombres. Es evidente. Físicamente son menos fuertes. ¿Eso es machismo? Pues no. Hay demasiado morbo en este tipo de cuestiones. Hay diferencias entre grupos humanos como las hay entre hombres y mujeres.

TC. ¿Qué hace que un humano, fabricado según una complejísima receta génico-madurativa, genere horizontes ilusorios de esperanza? ¿Y que, como el tema de las jornadas de Ibercrea, cree?

G.M.- Esto es muy difícil y yo soy un científico práctico…

TC. Sí, pero yo le he acorralado aquí a las 4 de la tarde… (risas)

G.M.- Sí, es verdad. No sé responder a esto pero la cultura más propiamente humana apareció hace 20 o 30 mil años y llegó a dominar el medio ambiente de tal forma que pudo hacer algo más que sobrevivir y reproducirse como las demás especies. Tuvo tiempo libre. Podía dedicarse a reflexionar. Este es el origen de la cultura, en mi opinión. James Watson, uno de los descubridores de la estructura del ADN, dice que hay que estar “slightly underemployed if you are to do something significant”. Una serie de individuos empezaron a reflexionar sobre por qué las gallinas ponen huevos y sale un pollo. O  por qué las mujeres son distintas a los hombres y tienen niños… Luego qué es el universo, cuál es la estructura de la materia. Qué podemos hacer para vivir más. La cultura y la creatividad. De todas las especies del planeta sólo una tiene tiempo libre, y es el origen de la cultura humana. Aunque un filósofo le diría algo distinto, seguramente. No me lo tome muy en serio.

FET Flagship

Publicado por el 6 feb, 2012 en Tercera Cultura | 0 comentarios

Autor. Félix Ares/Asesor científico de eureka!

Dos mil millones de euros para dos proyectos de investigación rupturistas

Lo primero que debo hacer es dar la respuesta a la columna que escribí el día de los inocentes. Se titulaba ¿inocentada o no? La respuesta es muy corta: no, no era una inocentada. Todo lo que allí se decía era verdad.

FET FlagshipA continuación quiero hablar de un tema que siempre me ha preocupado mucho. En casi todos los sistemas de subvenciones para incentivar la investigación científica veía un terrible problema eran poco rupturistas. Me explico, se trataba de profundizar en lo ya existente. Cosa sin duda muy interesante; pero lo que de verdad ha producido las grandes revoluciones de la ciencia y de la técnica no ha sido una mejora de lo ya existente sino un cambio radical. Por ejemplo, los transistores no fueron una evolución de la válvula electrónica, fueron algo radicalmente diferente que ha dado lugar a toda nuestra electrónica actual, desde los ordenadores hasta el programador de la lavadora.

En todos los programas marco de la Unión Europea echaba en falta ambición: estar dispuesto a apostar por un puñado de ideas arriesgadas sabiendo que la mayor parte de las veces se perdería pero que si se ganaba los beneficios serían inmensos. En ese sentido me ha resultado muy grato conocer a los seis finalistas de un concurso de ideas de tecnologías de futuro. Se llamaba Future Emerging Technologies Flagship, que podríamos traducir algo así como «El buque insignia de las futuras tecnologías emergentes». Lo que la UE quería era financiar unos cuantos proyectos que fueran una revolución; algo similar a lo que fue en Estados Unidos el proyecto Manhattan para crear la bomba atómica, o el proyecto Apollo para llegar a la Luna.

Hicieron una primera petición a científicos europeos en el año 2010, y de allí salieron 21 proyectos, de los cuáles han quedado finalistas seis, que reciben dinero para hacer proyectos piloto. De esos proyectos el año que viene –2013– se elegirán dos que trabajarán durante diez años y cada año cada proyecto estará financiado por una cantidad en torno a los 100 Millones de Euros.

De los seis proyectos finalistas el que más puntos ha obtenido ha sido FuturICT que trata de construir un modelo planetario de las influencias del ser humano en el ambiente. El segundo ha sido Graphene-CA, que como su nombre sugiere trata de desarrollar el potencial de ese nuevo material que se llama grafeno. En este proyecto, entre otras empresas colaboran los centros donostiarras: DIPC, Nanogune y la Universidad del País Vasco. Me gustaría enormemente que fuera uno de los dos triunfadores.

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