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Una educación científica, ¿nos defiende contra creencias erróneas?

Publicado por el 17 jul, 2012 en Tercera Cultura | 4 comentarios

Scientific knowledge En el último número de Cognition   un artículo titulado “Scientific knowledge suppresses but does not supplant earlier intuitions ”  (linkar al pdf) nos advierte  de esa dificultad.

Un estudio realizado por Andrew Shtulman  y Joshua Valcarcel del Departmento de Psicología del Occidental College de  Los Angeles se pregunta si los estudiantes modifican sus anteriores teorías ingenuas o intuitivas cuando aprenden teorías científicas que están en desacuerdo con ellas. ¿Se superponen a ellas o son simplemente suprimidas?

Los autores investigaron esta cuestión diseñando y poniendo en práctica una tarea de razonamiento rápido.

Propusieron a adultos con muchos años de educación científica que razonasen  sobre dos tipos de aserciones tan rápidamente como pudieran. En unas, el valor de la verdad de un fenómeno particular era el mismo tanto en sus antiguas teorías ingenuas como en las actuales ya científicas (por ejemplo, que la Luna gira alrededor de la Tierra). En otras,  donde estaban implícitas las mismas relaciones conceptuales pero cuyo valor de verdad difería entre teorías (por ejemplo, que la Tierra gira alrededor del sol ). Los participantes razonaron las últimas considerablemente más despacio y con menos exactitud que en las antiguas en 10 dominios del  conocimiento ( la astronomía, la evolución, fracciones, genética, gérmenes, materia, mecánica, fisiología, termodinámica y ondas), sugiriendo que las teorías ingenuas sobreviven a la adquisición de una teoría científica  incompatible y que coexisten con las misma durante muchos años.
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Estos resultados podrían arrojar luz a la relación entre teorías ingenuas y teorías científicas pero también sobre la naturaleza de la representación conceptual y sobre el cambio conceptual en un sentido más general.

Flimmies contra paparazis

Publicado por el 13 jul, 2012 en Tercera Cultura | 0 comentarios

Autor. Félix Ares

Camuflaje que produce parpadeo luminoso evitan que se tomen fotos nítidas de los prototipos automovilísticos

Flimmies contra paparazisEstaba viendo un documental sobre Laponia, sus habitantes y sus renos, cuando se pusieron a hablar de que hay muchas marcas automovilísticas que utilizan sus lagos helados como pistas de prueba de sus prototipos, para ver cómo se comportan en carreteras heladas, frío, etc. Sobre el lago helado había nieve que tenían que quitar y luego pasaba una máquina que lanzaba agua para que se congelara y quedase una superficie totalmente cubierta de hielo. Después aparecieron unos coches feísimos, todos negros, que iban en grupo y se dirigían a las pistas. La fealdad de los coches me sorprendió, pero también lo hizo el que al ser totalmente negros, las sombras en la carrocería no se veían con lo que su forma exacta quedaba bastante difusa.

Se trataba de los prototipos que alguna marca automovilista quería probar. El negro y sus formas eran un camuflaje para evitar que los paparazis sacaran fotos nítidas de cómo era de verdad el nuevo modelo. Aquella masa negra incluía añadidos de gomaespuma o de plásticos para cambiar la forma. Para evitar que se supiera su forma exacta. Las leyes de tráfico permiten circular a los prototipos, pero los faros y las luces de freno deben funcionar. Si tenemos en cuenta que esos dos elementos son dos de los que más definen el aspecto de un nuevo coche, no es de extrañar que estuvieran modificados.

Al llegar a las pistas todos los añadidos tienen que quitarse pues hay que probar cómo se comporta el coche auténtico. Así que los técnicos quitan todos los añadidos y el coche queda al descubierto, momento que suelen aprovechar los paparazis para sacar sus fotos. Un momento, he dicho que quitan todos los añadidos, pero la pintura que se queda es de camuflaje. Durante bastante tiempo algunas empresas, entre ellas Vauxhall, usaban rombos blancos y negros que cubrían toda la carrocería con extrañas inclinaciones. Parece muy tonto, pero verdaderamente hace tremendamente difícil saber donde están las puertas o donde empieza o acaba una ventana. Aunque las modernas técnicas por computador hacen que sea posible identificar la auténtica forma de la carrocería. Así que tenemos una lucha entre los paparazis y los expertos en camuflaje. En una versión posterior los rombos tenían formas más alargadas, curvadas y redondeadas, por lo que disimulaban mejor. Su aspecto era el de una colección de peces nadando, por eso a esos dibujos les llamaban «fishies» (pescaditos). Y lo último son unas extrañas formas que producen una especie de parpadeo de la luz que impiden sacar unas fotos decentes. Les llaman «flimmies», que no me atrevo a traducir.

Drogas para el amor. Un argumento materialista

Publicado por el 10 jul, 2012 en Divulgación Científica, Psicología evolucionista, Tercera Cultura | 3 comentarios

Pareja de buhos

Los valores familiares no han bajado del cielo: son un invento de los mamíferos. Ni siquiera la monogamia es una característica humana sin antecedentes, como explica Patricia Churchland en su último libro. Un 3% de los mamíferos (castores, marmotas, monos titis, gibones, ratones de pradera y montaña) forman parejas de larga duración.

El caso de los ratones silvestres es particularmente ilustrativo. Mientras que los ratones de pradera se emparejan para siempre, los de montaña no lo hacen. Y parece que la diferencia sólo se puede apreciar a un nivel microestructural y neurobiológico muy concreto: los receptores de la hormona vasopresina. Para saber qué es un “sentimiento moral” a la Hume, resulta que hoy es preciso saber mucho de neuroendocrinología.

Naturalmente, la monogamia humana abarca un conjunto de valores e instituciones culturales mucho más complejas y difíciles de explicar. La ciencia natural del amor no reduce el matrimonio a neuroendocrinología, sólo muestra que la distancia entre la biología y los valores, no es insalvable.

Este viene a ser el supuesto básico con el que trabajan Earp, Sanders y Savulescu [PDF], del Oxford Uehiro Centre for Practical Ethics, que han propuesto abiertamente nada menos que mejorar las relaciones sentimentales utilizando “drogas para el amor”.

Teniendo en cuenta nuestra catastrófica situación nacional también en materia de relaciones personales (en España se divorcian cada año unas 100.000 parejas, uno de los países europeos con mayor tasa de rupturas), quizás nos convendría prestar atención a este tipo de sugerencias.

Como hemos explicado aquí, la monogamia tiene riesgos y ventajas. Y las “drogas para el amor” quizás podrían servir para reforzar sus efectos positivos: “Hay razones culturales y religiosas: las drogas para el amor podrían promover la fidelidad en lugares donde la monogamia se considera una virtud, por ejemplo. Hay razones de salud: los matrimonios felices reducen el stress, promueven la longevidad, etcétera, y las drogas para el amor podrían favorecer matrimonios de este (saludable) tipo. Hay razones hedonistas: las drogas para el amor podrían contribuir a tener una vida sexual más placentera.“

Para los partidarios de “neuromejorar” las relaciones sentimentales , las drogas para el amor sólo pueden ser administradas de forma que se respete la “autonomía marital” y la libertad individual. Pero hay una situación especialmente comprometida, concretamente el efecto devastador que las rupturas matrimoniales están teniendo sobre los hijos:

El divorcio puede ser devastador para los niños, de un modo que los estudiosos sólo están empezando a entender recientemente. Esto es cierto incluso cuando ambas partes de la pareja anticipan un tiempo feliz para ellos mismos fuera del vínculo matrimonial, e incluso cuando creen, con buena fe, que sus hijos también mejorarán. Esta última noción, aunque consistente con la sabiduría convencional, podría ser un mito. De hecho, “en comparación con los niños nacidos en matrimonios intactos, los niños de divorcios sufren en prácticamente todo lo que tiene que ver la salud del niño, ya sea educacional, económica, física, psicológica o emocionalmente.”

Una de las enseñanzas más importantes de las ciencias sociales a este respecto es justamente el reconocimiento de la estabilidad sentimental de la pareja, no precisamente el hecho de ser heterosexual, como factor clave para una crianza saludable.

Hasta el momento, para evitar que males sociales como el divorcio y el adulterio prevalezcan, teníamos que conformarnos con estrategias culturales más eficaces que el razonamiento científico: sermones, películas románticas o novelas. Las hipotéticas “drogas para el amor”, una propuesta inicial que probablemente se enfrentará a conocidos sesgos antimaterialistas, acaso puedan servir para ajustar nuestra naturaleza y nuestras expectativas culturales, y quién sabe si en un futuro no demasiado lejano sean más eficaces que la programación cultural de la monogamia.

Lo que decimos y lo que hacemos. Ciencia de la hipocresía moral

Publicado por el 9 jul, 2012 en Tercera Cultura | 0 comentarios

Tenemos dos tipos de moralidad la una junto a la otra. Una que predicamos pero no practicamos, y otra que practicamos pero rara vez predicamos.

– Bertrand Russell

Buena parte de la ciencia moderna del razonamiento moral se basa en estudios con escenarios morales altamente estilizados, tales como los célebres “problemas de tranvía” en los que se invita a los sujetos a escoger entre distintos dilemas hipotéticos. Mientras que una mayoría de personas consideran moralmente aceptable salvar la vida de cinco personas a cambio de matar a una si lo que se requiere es apretar un botón que desvía la trayectoria de un tranvía sin control, una mayoría rechaza que sea moralmente aceptable empujar a una persona por un puente para detener la trayectoria del tranvía que mataría a otros cinco, aún cuando el resultado del cálculo utilitario sea idéntico en ambas situaciones. Esta divergencia se ha explicado en ocasiones apelando a una supuesta “aversión a dañar a los demás” profundamente implicada en nuestra naturaleza, hasta el punto de que trascendería culturas e incluso especies.

Un estudio de varios investigadores de la universidad de Cambridge, que acaba de aparecer en Cognition [PDF], arroja sombras sobre estos supuestos. Si no dañar a otros es una norma universal, y profundamente biológica, ¿Cómo explicar la aparente incongruencia de que la historia humana esté tan corrientemente salpicada con ejemplos de personas que dañan a otras para conseguir beneficios? ¿Hasta qué punto los escenarios morales estilizados reflejan el comportamiento moral real de la gente? Es tentador preguntarse si son “psicópatas” los responsables de terribles desastres que dañan a millones de personas, como la actual crisis política y financiera, o sólo personas corrientes que actúan en un entorno de incentivos egoístas.

Para indagar en estas incongruencias, en uno de sus estudios los investigadores preguntaron a 88 personas si pensaban que los participantes futuros en un experimento (otros 46 sujetos) estarían más o menos dispuestos a causar daño a otros, a cambio de una ganancia personal significativa. A continuación, los investigadores sometieron a los sujetos a un experimento basado en el paradigma llamado de “Dolor Versus Beneficio” PvG (Pain Versus Gain), en el que debían tomar una decisión moral: ganar dinero o evitar que se causara daño a otras personas. Para asegurar el realismo de la situación, los investigadores presentaron un video a los participantes con las consecuencias de los shocks eléctricos con los que se castigaría a los sujetos.

Escenario de “Dolor Versus Beneficio”. Cognition

En los resultados llegaron las sorpresas desagradables. Mientras que los sujetos del primer experimento afirmaron, según lo previsto, que los sujetos experimentales estarían menos dispuestos a causar daño en una situación real, en el segundo, que implicaba una tarea real PvG, los datos mostraron que los sujetos de hecho estaban significativamente másdispuestos a causar daño a otros sujetos a cambio de un beneficio personal. Los sujetos del segundo estudio fueron hasta 7 veces más “inmorales” de lo previsto por los sujetos del primero, y -lo que quizás es más temible- ni siquiera la perspectiva de ser observado disminuyó significativamente estos impulsos egoístas y desconsiderados con el daño ajeno.

Lo que hacemos no es lo que decimos, especialmente si hay ganancias factibles de por medio. Según los autores, los datos sugieren que “nuestras creencias morales podrían poseer un impacto mucho más débil en nuestra toma de decisiones si el contexto se enriquece con fuerzas especialmente motivadoras, tales como la presencia de una ganancia significativa. Esto plantea cuestiones sobre si las decisiones morales hipotéticas generadas en respuesta a escenarios fuera de contexto son una buena muestra de las elecciones morales reales”.

ACT. Estaría bien, por cierto, poder ver alguno de estos videos de “Dolor Vs Beneficio” para calibrar cómo son realmente los shocks eléctricos que aplican. Si alguien tiene acceso a este dato, se ruega compartir.


ResearchBlogging.orgFeldmanHall, O., Mobbs, D., Evans, D., Hiscox, L., Navrady, L., &; Dalgleish, T. (2012). What we say and what we do: The relationship between real and hypothetical moral choices Cognition, 123 (3), 434-441 DOI: 10.1016/j.cognition.2012.02.001

Hic sunt dracones

Publicado por el 7 jul, 2012 en Tercera Cultura | 0 comentarios

La biogeografía explica la distribución geográfica de los seres vivos

La biogeografía explica la distribución geográfica de los seres vivosEn la biblioteca de Nueva York se conserva un globo hueco de cobre de un diámetro de 34,5 cm en el que se muestra un mapa de la Tierra. Es uno de los más antiguos que se dibujaron después de que Cristóbal Colón descubriera América. Se supone que fue fabricado hacia 1510. En él figura América del sur, bastante bien dibujada, y América del Norte, aunque en este caso aparece únicamente como unas cuantas islas dispersas. Recibe el nombre de globo de Hunt-Lenox o simplemente de Lenox.

En el sureste asiático, que en el globo se llama India del sur este, inmediatamente debajo de la línea de su ecuador, aparece la leyenda «HC SVNT DRACONES» que es la frase latina «Hic sunt dracones», es decir, «aquí hay dragones». Muchos han visto en esta frase la costumbre medieval de poner en sus mapas criaturas para ellos extrañas, tales como leones, elefantes, osos polares o serpientes de mar. Otros, entre los que se encuentra Dennis McCarthy, autor de la obra «Here be dragons» (Aquí hay dragones), nos dicen que es muy probable que se trate de un intento de señalar que en distintas zonas geográficas hay distintos animales. Y dada la relativa proximidad de las islas de Komodo y de Flores donde habita el famoso, y para los habitantes del Medievo terrorífico, «dragón de Komodo», no es descabellado que pudiera ser una referencia al mismo.

Al margen de que la advertencia se refiera al dragón de Komodo o no, lo que es cierto es que estos mapas demuestran que se habían dado cuenta de que en distintas zonas geográficas había distintos animales y distintas plantas. Hoy hay una ciencia poco conocida que se llama biogeografía que estudia exactamente eso: la distribución de la vida en los distintos lugares de la Tierra. Es una ciencia cuyos padres son realmente ilustres y conocidos: Carolus Linnaeus, el padre de la taxonomía; Charles Darwin y Alfred Russel Wallace, codescubridores de la selección natural como mecanismo de la evolución; Alfred Wegener, el padre de la deriva continental; E. O. Wilson, que muchos consideran la figura más representativa de la sociobiología y Jared Diamons, autor de «Armas, gérmenes y acero» que revolucionó la relación entre geografía y humanos.

La biogeografía explica por qué en zonas con temperaturas similares en el Ártico y en la Antártida, en una hay osos polares pero no hay pingüinos y en la otra hay pingüinos pero no osos polares. O por qué en la mayor parte de las islas no hay ranas o que el único mamífero nativo de las Hawái sea el murciélago.

Félix Ares

La ciencia lúgubre de la infidelidad

Publicado por el 4 jul, 2012 en Divulgación Científica, Psicología evolucionista, Tercera Cultura | 3 comentarios

Además de una obvia preocupación moral desde hace milenios, las ventajas e inconvenientes del matrimonio y la aparejada fidelidad marital también son temas que preocupan a los científicos. El asunto no pasó inadvertido para el que se considera comúnmente el padre lejano de la psicología evolucionista moderna. En el capítulo V de El origen del hombre, Charles Darwin escribía sobre la mala fortuna de los solteros:

De un enorme conjunto de estadísticas recogidas en Francia el año 1853, resulta con toda claridad que en ese pueblo mueren los solteros de veinte a ochenta años en proporción mucho mayor que los casados, por ejemplo, por cada 1.000 hombres de de veinte a treinta años, mueren anualmente 11,3 solteros y 6,5 casados. Oigamos sobre este punto al doctor Stark (…) la disminución de la mortalidad es el resultado directo del “matrimonio y de la regularidad que este estado imprime a los hábitos domésticos”.

Digan lo que digan los revolucionarios sexuales, hoy sabemos que esta observación de Darwin sigue siendo básicamente correcta. La monogamia cultural no sólo hace a las sociedades más pacíficas en su conjunto, al reducir la competencia cruenta de los machos dominantes por acaparar amantes, sino que también aporta ciertas ventajas individuales. Según los datos barajados por Waite y Gallagher los hombres casados de hecho tienen una mejor situación financiera, poseen una salud mental más fuerte, viven más, y son más felices que los solteros. Vivir en un entorno social que dificulta la conducta infiel presumiblemente también tiene efectos saludables en los mismos hombres, ya que se sabe que la percepción de la infidelidad incrementa mucho más el stress de los hombres que el de las mujeres.

Ni siquiera hay muchos sentidos por los que podamos considerar irresistiblemente “natural” la infidelidad. Ser infiel no es inevitable ni tan corriente como se cree. La mayoría de las personas en casi todas las culturas encuentran que la infidelidad es punible en distinto grado, y la mayoría de las personas (entre el 75% y el 98%, según encuestas en EE.UU) también son fieles en su vida real. Por otra parte, la “naturalidad” de la infidelidad en un ambiente evolutivo más ancestral, en ausencia de fuertes normas culturales para castigar a los infieles, todavía está sujeta a discusión.

Por contra, la infidelidad practicada por, o al alcance de, una minoría (por lo visto sólo entre el 1.5 y el 4% de los hombres casados tienen relaciones extramaritales en un año, y alrededor del 23% son infieles a sus parejas alguna vez durante toda su relación) sí que puede conllevar riesgos tangibles para la salud.

Y no se trata de un castigo divino, tal como explican Alessandra Fisher y sus colegas en el número de abril de Journal of sexual medicine. Aunque la muerte durante la cópula sexual es rara, cuando sucede, afecta más a los hombres adúlteros.

En 1963, un patólogo japonés informó que 34 hombres habrían muerto mientras practicaban sexo, y casi el 80 por ciento durante sexo extramarital, la mayoría por causas cardiacas. En 2006 patólogos surcoreanos documentaron 14 casos de muerte coital súbita y hallaron que sólo uno implicaba a un hombre que había practicado sexo con su mujer, todos los demás habían muerto por causas cardiovasculares. En 2006 investigadores de la Universidad Goethe de Frankfurt en Alemania publicaron un análisis de autopsias relacionadas con el sexo sobre 68 hombres. Diez habían muerto con una amante y 39 con una prostituta.

Hay riesgos evidentes que contribuyen a estos episodios cardiacos mortales, como que muchos de estos aventureros sexuales masculinos resulten demasiado mayores para sus jóvenes y atléticas amantes, pero según Alessandra Fisher el sentimiento de culpa también podría desempeñar un papel importante. En más de una ocasión una oportunista combinación de conciencia y naturaleza hace que las ligerezas sexuales se paguen caro.

Es posible que la soltería y la infidelidad sexual sistemática sean apropiadas para una minoría de esforzados dandys, pero para la inmensa mayoría de los hombres en nuestra cultura, la fidelidad monógama parece una no tan mala idea.

Embarazos por encargo. La polémica de los vientres de alquiler

Publicado por el 2 jul, 2012 en Tercera Cultura | 1 comentario

autora:  Paula Casal

El problema

Embarazos por encargo. La polémica de los vientres de alquilerDistintas condiciones médicas hacen que haya mujeres que puedan producir óvulos e incluso quedarse embarazadas sin dificultad, pero que luego pierden una y otra vez al hijo que llevan dentro. Es por ello que en algunos países se les permite salvar a uno de esos embriones traspasándolo al útero de una mujer sin ese problema que se ofrezca a hacerlo gratuitamente o a cambio de una compensación económica. En España no es posible, pero hay personas y colectivos que piensan que debería serlo. Ser madre o padre es demasiado importante como para impedir que una voluntaria ayude a las parejas con este problema, sin ofrecerles una sólida justificación. Por eso es importante que tengamos este debate.

Para muchas personas, lograr ser padres o madres es lo más importante del mundo. Actrices como Angelina Jolie, Kate Winslet y Julia Roberts, a las que se supone que lo tienen todo, declaran que lo más importante del mundo para ellas fue lograr ser madres. En este sentido, la maternidad nos iguala: lo que estas y tantas otras personas valoran más en el mundo está casi al alcance de cualquiera. Pero por otro lado, la maternidad nos desiguala al máximo: hay una minoría que no puede acceder a lo que otros consideran lo primero. Y cuando «lo mejor» y «lo normal» coinciden, quedar excluido es especialmente doloroso. Nadie clama al cielo por no ser como Angelina: ya nos lo esperamos. Ser infértil, en cambio, no solo nos priva de los hijos, sino de cierta normalidad. Y aunque haya personas normalísimas que no quieren tener hijos, otras lo desean con tal fuerza que arriesgan sus carreras, su economía, su salud e incluso su vida para conseguirlo.

Se rumorea mucho sobre si tanto Angelina Jolie como Julia Roberts se hicieron solo un tratamiento hormonal antes de tener gemelos. Otras se someten a todo tipo de medicación, operaciones y a embarazos de alto riesgo; fracasan, repiten, se desesperan, buscan soluciones en el extranjero, se arruinan, se sienten culpables, se separan o prolongan relaciones que deberían dejar, y sufren. Sufren, física y psicológicamente, con una intensidad que nos obliga a reconsiderar qué soluciones se les puede dar.

Las soluciones

Las clínicas de fertilidad ayudan mediante la reproducción asistida y la donación de óvulos y esperma a un buen número de personas que no pueden lograr el embarazo. Quedan los que, aunque puedan lograrlo, no pueden luego completar con éxito la gestación.

Tomemos el caso de María y Manuel, que pueden conseguir fácilmente el embarazo, pero no que llegue a buen término. Pasados los primeros meses, la pareja termina ensangrentada en urgencias. Entonces su amiga Ana, que ya tiene dos hijos, propone que si vuelven a lograr el embarazo traspasen el embrión a su útero durante los meses de mayor peligro. La pareja piensa que si eso fuese posible, quedarían tan agradecidos que matricularían a la hija de Ana en el centro de educación especial que necesita, por muy caro que éste sea. Hasta aquí, ninguna persona, acto o pensamiento ha sido inmoral. Y no tiene ningún sentido hablar de venta de niños. Ana solo se ofrece a hacer de canguro los meses en que María no puede hacerlo.

Supongamos ahora que, por razones médicas, cuanto antes se haga el traspaso de embrión, más probable su éxito. Lo inmoral sería entonces insistir en que lo tenga María los primeros meses. Supongamos también que la pareja ha conocido a Ana en una clínica donde otras parejas piden esta ayuda, y que Ana, que solo va a hacerlo una vez, elige a María y a Manuel porque le inspiran confianza, porque quiere ayudarles y porque se han comprometido al máximo a financiar la educación que necesita su niña. La motivación humana suele tener muchas fuentes y el hecho de que el médico nos cobre no significa que no quiera curarnos. Uno puede actuar por varias razones, sin que una de ellas cancele las demás. Ana puede querer ayudarles y también querer que ellos la ayuden dándole el dinero que necesita para su hija. Y lo natural es que ellos se sientan muy agradecidos y quieran expresarlo con más que palabras.

Así que, hasta aquí sigue sin haber inmoralidad, siempre que un acuerdo de esta magnitud no se cierre solo con un apretón de manos. Todos deben estar asesorados, médica, psicológica y jurídicamente, y todo el proceso debe estar cuidadosamente planificado y supervisado de principio a fin. Por ejemplo, María y Manuel querrán asegurarse de que es cierto que Ana ya ha llevado a cabo sin problemas dos embarazos y seguirá las recomendaciones médicas, acudirá a los controles pautados y mantendrá el acuerdo hasta que el bebé pueda pasar sin peligro a la incubadora. Querrán, por tanto, establecer las penalizaciones correspondientes a cualquier incumplimiento, dejar constancia de su paternidad genética y legal, y protegerse del riesgo de que las hormonas hagan vacilar a Ana en algún momento. Y Ana también querrá asegurarse de que la pareja no vaya a echarse atrás en lo acordado, y le asegure su anonimato, o al contrario, la posibilidad de seguir el desarrollo del niño y verlo de vez en cuando. Es cuestión de que todos tengan deseos compatibles y nadie claudique en algo fundamental. Hay que ser máximamente previsor y establecer, por ejemplo, cómo compensar a Ana si el embarazo es ectópico, si tiene que estar en reposo o ingresada, si son gemelos, o si los médicos recomiendan una reducción embrionaria. Todo el mundo debería pensar en estos riesgos antes de lanzarse a procrear y es bueno que al menos en estos casos podamos asegurarnos de que todos entren en acción debidamente preparados.

Hay países donde se admite que la madre subrogada sea también la biológica. Eso complica mucho las cosas si surgen desacuerdos e incluso si no surgen, porque una cosa es pedir sal a la vecina y otra pedirle todos los ingredientes, y ya puestos, que haga ella misma la paella. Pero dado que es posible exigir que la subrogada no sea la madre biológica, ni la que cuida o cría al niño, no es necesario discutir todos los casos a la vez. Podemos centrarnos en casos como el de María y Manuel, que juntos han generado el embrión de una niña a la que quieren llamar Mía, y sólo necesitan que les permitamos que Ana sea su gestante.

El artículo 10 de la Ley 14/2006 de 26 de mayo sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida declara nulo «el contrato por el que se convenga la gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncie a la filiación materna, a favor del contratante o de un tercero». Establece además que la filiación viene «determinada por el parto», y solo deja «a salvo la posible acción de reclamación de la paternidad respecto del padre biológico». Esto no tiene sentido si el embrión es de María y Manuel, pues si Manuel conserva sus derechos porque se trata de sus genes, María debería también poder conservarlos, aun si el segundo tramo del embarazo corre a cargo de Ana.

Otorgar derechos por paternidad, pero no por maternidad biológica, es negar a una mujer, que por necesidad ha firmado un meditado contrato, los derechos que adquiere cualquier alocado en una noche de borrachera, solo porque es varón. Mientras el bebé está dentro de Ana, Ana no lo verá; y una vez que esté fuera, ese bebé será como cualquier otro, y ni Ana ni la ciencia podrán reconocerlo. Se parecerá a María, que fue quien quiso tener y criar a Mía, y puso su óvulo y todo lo que tuvo a su alcance para conseguirlo. María y Manuel serán quienes la cuiden y quienes se conviertan luego en los abuelos de los hijos de Mía. María es la madre biológica y la madre social, así que, o bien Mía tiene dos madres, o bien, si madre no hay más que una, debería serlo María, aunque la ley diga que es Ana. En todo caso, esto puede resolverse añadiendo al contrato el acuerdo de adopción de Mía al nacer o incluso antes.

Habrá personas que no lleguen a un acuerdo, por ejemplo, sobre qué compensación sería adecuada por cierto incumplimiento. Si es así, tendrán que buscar a otra persona más compatible. No es necesario, por tanto, que una ley general establezca de antemano todos los detalles y las compensaciones exactas debidas en cada caso. Se pueden establecer solamente unos mínimos y unos máximos y permitir que las compensaciones debidas por incumplimiento sean, dentro de esos márgenes, las acordadas.

Esto da una respuesta, al menos en principio, al problema más grave, que es la posibilidad de que alguien cambie de idea. Estando tan desesperados por ser padres, el riesgo de que Manuel y María quieran interrumpir el embarazo o dar a Mía en adopción es probablemente mucho menor que el que existe con cualquier embarazo improvisado. También sería muy raro que, en el corto lapso que pasaría entre la implantación y el término del plazo en que se permite interrumpir un embarazo, Ana cambiase de parecer. Además podría acordarse también una adopción irreversible anticipada y está claro que los más involucrados prefieren correr estos riesgos a tirar la toalla. En todo caso, si la subrogación no se permite para proteger a las personas implicadas, quizá negarles una regulación legal les deje todavía más desprotegidos. Deberíamos centrar la discusión en cómo reaccionar a cada peligro de incumplimiento. Sin embargo, las objeciones más frecuentes son otras que me parecen menos relevantes por las razones que explico a continuación.

El uso innecesario

Una de las objeciones más frecuentes a permitir que María llegue a este acuerdo con Ana –muy repetida en un debate sobre el tema en el programa televisivo La Noria– es que entonces las Angelinas también la querrán contratar para mantener la figura. Este es un argumento muy malo: basta con admitir solo los casos de necesidad médica. Prohibir ser madre a María para que alguien no la imite por gusto es como prohibir la cirugía para que nadie la use innecesariamente. A parte de todo, las estrellas se recuperan de los embarazos maravillosamente, y probablemente mejor que de la pérdida de popularidad que tendrían si se supiese que alquilaron un útero innecesariamente. Y las personas conocidas saben que los periodistas no les dejarán tranquilos, ni a ellos ni a las madres subrogadas. A la mujer que gestó las gemelas de Sarah Jessica Parker llegaron a intervenirle el teléfono, y Nicole Kidman sigue siendo acusada de no haberlo intentando suficientemente con su propio útero, cuando acudió a la subrogación a los 43.

La posible explotación

No es sensato preocuparse por las estrellas. Tiene más sentido pensar en las mujeres pobres, vulnerables a la explotación. Este sí es un problema real, muy general y mucho más grave en otros casos, como el de la prostitución. Puede que disponer de esta opción haga a algunas mujeres menos vulnerables a la explotación en otros sectores; y aunque quizá solo alguien muy pobre o muy altruista esté dispuesto a hacer algo así, no está claro que restar esta opción a los pobres vaya a beneficiarles. Las gestantes por acuerdo tendrían, además de la satisfacción moral de estar ayudando a alguien, la protección de un servicio continuo de apoyo médico, psicológico y legal, y una compensación económica considerable –se está hablando de quince a veinte mil euros en España, y unos cien mil dólares en el extranjero–. Hay que tener en cuenta que reformar el citado artículo 10 no tiene por qué dar lugar a un mercado libre, sino a la posibilidad de que se permitan ciertos contratos muy determinados con una compensación mínima exigida por la ley. Cuanto mayor la compensación, menor la explotación, mayor la cobertura de riesgos y menos probable será que alguien subrogue en lugar de adoptar, principalmente para ahorrar.

El impacto sobre la adopción 

La tercera y última objeción más frecuente incide en que hay millones de niños que necesitan ser adoptados. Si esto significa que María tiene una alternativa aceptable, esto también es cierto para los fértiles, y no por ello les prohibimos tener hijos. Reformulemos la objeción: permitir la subrogación aumentará el sufrimiento porque reducirá la adopción, y los huérfanos del mundo sufren más que los españoles infértiles. Es posible. Pero la obligación moral con los niños del mundo la tenemos todos y no solo los infértiles, ni los que quieren ser padres. Que a alguien le cueste más gestar no significa que le cueste menos adoptar: quizá una persona como María, desesperada por reproducirse biológicamente, tenga que renunciar a más para adoptar que otras que ni sienten esa urgencia, ni se plantean ser madres o padres, aunque podrían hacerlo, y con una renuncia menor.

No podemos pedir a María que haga por los niños del mundo algo que los que estamos estupendamente no hacemos, aduciendo que en su caso la diferencia entre reproducción y adopción es menor. Teniendo a Ana, lo único que separa a María de otras madres es nuestro permiso. Sería distinto si la pareja necesitase también óvulos y esperma. En esos casos tiene más sentido adoptar a un niño que ya existe, ya nos necesita, ya tiene una vida que podemos mejorar enormemente, y ya podemos saber cómo es, si encajamos con él, y si nos vemos capaces y deseosos de adoptarle. Pero el caso de María es distinto. Ella puede generar embriones y si no la dejamos subrogar, seguirá intentando gestarlos.

Habrá que reformular de nuevo la objeción: puede que de todas formas María no fuese a adoptar, pero otros sí, y su ejemplo desanimará a la adopción, entre otras cosas, porque expresa el deseo de tener hijos biológicos como sea. Puede ser. Pero hay que tener en cuenta que, si los españoles no adoptamos más, no siempre es por falta de una buena disposición a ello. Hay costes (de once a cincuenta mil euros), esperas (de dos a ocho años) y otras barreras (como la actitud de algunos países hacia las familias atípicas, homosexuales o monoparentales), que la gente no siempre consigue superar. Elton John, por ejemplo, recurrió a la subrogación cuando, por su edad y falta de esposa, Ucrania rechazó su solicitud de adoptar a un niño seropositivo y a su hermano. La combinación de estas barreras y los límites en el número de adopciones que imponen ciertos países pueden hacer que María no consiga arrancar a ninguna niña de la pobreza, sino de los brazos de la siguiente aspirante a madre en las listas de adopción, que quizá no tenga ninguna otra esperanza de formar una familia, por carecer de la pareja o los embriones viables de María. Y puede que María, con tal de que le dejemos salvar a uno de sus embriones, esté dispuesta a contribuir económicamente a que otra mujer logre adoptar, compensando así el posible efecto negativo que su ejemplo pudiese tener sobre la adopción. Así todo el mundo saldría ganando y se podría reducir un poco la diferencia de costes entre subrogación y adopción.

Más soluciones

Prohibir la subrogación no es, por tanto, ni el mejor ni el único modo de aumentar la adopción. Se podrían aumentar las ayudas económicas a los adoptantes, ofrecerles servicios de traducción y gestoría, e informatizar los trámites, facilitando el seguimiento. Se podría eliminar la espera por la carta de idoneidad, dotando al servicio de más personal, porque ni el estudio de la idoneidad de los padres, ni el seguimiento postadopción deben hacerse a la ligera, especialmente si la adopción se acelera, se abarata y se relajan ciertos requisitos. Con todo, el que alguien resista un peregrinaje de ventanillas largo y costoso no deja de ser una buena señal.

Hay mejoras posibles que no dependen de España, que lo hace mejor que otros países en varios aspectos, como el trato parejo que da a la adopción nacional e internacional, los países con quien tiene acuerdo, el nivel de preparación de los funcionarios implicados y su actitud de ayuda. Pero hace falta más coordinación a nivel nacional, porque no tiene sentido que los procedimientos, los criterios o los países de procedencia dependan de la parte de España en la que uno esté en ese momento, o que alguien sea enviado de nuevo al final de la cola porque ha tenido que irse un tiempo a otra zona del país. Y las embajadas podrían dar más apoyo legal y médico a los adoptantes; por ejemplo, financiando, en casos de duda, pruebas de filiación que impidan dar en adopción niños que no son propios.

No poder adoptar o tener hijos es especialmente triste en nuestra sociedad, porque los españoles, cualesquiera que sean nuestros otros defectos, somos una gente que celebra, valora, acoge y disfruta muchísimo de los niños. Así que esta es una cuestión en la que deberíamos mejorar cuanto antes. Tengamos un debate serio sobre los pactos de gestación, mejoremos con urgencia el servicio de adopción, y dejemos corretear a los niños por este país de sol y columpios, lleno de gente dispuesta a ayudar a subir carritos por las escaleras, a pellizcar mofletes y a presentar sus respetos con una piruleta. Que ya quisieran Angelina Jolie, Julia Roberts y Kate Winslet un país donde los niños son tan bien recibidos.

Paula Casal. Profesora investigadora del Instituto Catalán de Investigación y Estudios Avanzados, Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Catedrática de Filosofía Moral y Política, Universidad de Reading, Reino Unido.

© Mètode 71, Otoño 2011.

 

Casal, Paula, 2011. «Embarazos por encargo. La polémica de los vientres de alquiler». Mètode, 71: 30-35. Disponible en: http://www.metode.cat/es/revistas/articulo/embarassos-per-encarrec.

Pollos polinésicos en Chile

Publicado por el 29 jun, 2012 en Tercera Cultura | 1 comentario

En la América precolombina había pollos polinésicos que indican contacto de ambas civilizaciones

Pollos polinésicos en ChileLos viajes de los polinesios siempre me han maravillado. Sus conocimientos de astronomía, oleaje, comportamiento de peces y pájaros y de cómo se forman las nubes para logar navegar de una isla a otra es uno de los grandes ejemplos del ingenio humano. La Isla de Pascua se considera la más al este de la polinesia. Si miramos en un mapa la encontraremos enfrente de Valparaíso (Chile), pero a 3 700 km.

Por qué no nos gustan los mercados

Publicado por el 26 jun, 2012 en Divulgación Científica, Tercera Cultura | 6 comentarios

Publicado por Pascal Boyer en International Cognition and Culture Institute

El dependiente honesto

A la gente no le gustan los mercados, y hay muchas evidencias de que así es. ¿Es algo relevante, para decirlo sin rodeos, que la gente no parezca entender mucho sobre la economía de mercado? Este es un mensaje bastante común de parte de los economistas profesionales. Bryan Caplan en su libro The myth of the rational voter lo sitúá bajo un foco más amplio. Caplan (entre otras cosas interesantes) aporta información sobre estudios sistemáticos acerca del conocimiento de los votantes sobre las políticas y los efectos de los procesos económicos. El mensaje que podemos llevarnos a casa es que la gente, simplemente, no lo entiende, y que sus preferencias de voto son en buena medida irracionales.

Ahora bien, la ignorancia o irracionalidad del votante no sería algo muy malo, si fuera completamente azarosa. Si la mayoría de los votantes escogieran las políticas al azar, el resultado total no supondría una preferencia fuerte agregada por ninguna política. Pero Caplan muestra que la irracionalidad de la gente sobre temas económicos no es en absoluto azarosa. Existe un método dentro de su locura. Y consiste en una serie de “sesgos”, tales como el sesgo anti-extranjeros o anti-comercio (por ejemplo, “cuando los países extranjeros prosperan, nosotros sufrimos”). Si esto es cierto, muchos modelos de “votante racional” en ciencia política tienen un problema serio.

Como es habitual cuando la gente describe las descripciones populares como “irracionales” o “sesgadas”, los tipos de cognición y cultura, y evolución, nos ponemos algo nerviosos. Demasiado a menudo, tales descripciones se reducen a la observación de que las mentes humanas no siguen algún modelo normativo arbitrariamente elegido (verpassimand de Tversky y Kahneman y Gerg Gigerenzer sobre la perspectiva alternativa). Desde luego no debemos detenernos diciendo que la gente “no presta atención a las tasas de base” o “tiene un sesgo contra el comercio exterior”.

La cuestión real es ¿Por qué? ¿Cuáles son los procesos psicológicos que llevan a tales sesgos?La verdad es que nadie lo sabe porque nadie se molesta en estudiarlo. A mí realmente me sorprende que no haya ningún estudio sobre economía popular en la literatura de las ciencias sociales. Ninguno (excepto Caplan y algún otro) parece interesados en estudiar qué hace funcionar el módulo económico de la gente. En psicología tenemos décadas de estudios sobre física popular, biología popular, psicología intuitiva, y cosas así. ¿Y la economía intuitiva?

Robert Nozick se dió cuenta de que a los intelectuales no les gustan los mercados, probablemente porque los intelectuales están acostumbrados a meritocracias que recompensan el conocimiento, mientras que los mercados realmente no se preocupan por tus esfuerzos o tu inteligencia, mientras seas capaz de proporcionar lo que quieren otros. Puede que esto sea cierto. Pero no explica por qué la mayoría de la gente, no sólo los intelectuales, son recelosos de los mercados. Los procesos de mercado son poco queridos por muchas razones.

Una de ellas, obviamente, es que los procesos de mercado no son visibles. Al hacer las tareas de cada día, no somos capaces de darnos cuenta de cómo tienen lugar millones de transacciones voluntarias precisamente en estos bienes y servicios que están disponibles para nosotros dónde y cómo los queremos, a un precio asequible. Por supuesto, este es un argumento que Adam Smith y otros defendieron hace tiempo, pero podría defenderse con más fuerza si entendiéramos los límites y susceptibilidades de la imaginación humana. En un potente ensayo, el defensor del libre comercio Frédéric Bastiat se dió cuenta de que los procesos económicos involucran “lo que se ve” y “lo que no se ve”. Por ejemplo, cuando un gobierno pone impuestos a sus ciudadanos y ofrece una subvención a algunos productores, lo que se ve es el dinero conseguido y el dinero recibido. Lo que no se ve es la cantidad de producción que podríá haber tenido lugar en ausencia de tales transferencias.

Otro factor plausible es que los mercados son intrínsecamente probabilísticos y en consecuencia marcados por la incertidumbre. Aunque es posible que cualquier que haga algo que los otros quieran consiga un beneficio, no está claro quiéne serán esos otros, cuánto necesitarán de lo que haces o cuándo lo necesitarán. Como otros organismos vivos, sentimos aversión hacia las pérdidas y tratamos de minimizar la incertidumbre. (Nótese, sin embargo, que la incertidumbre del mercado crea un nicho para asegurar esa incertidumbre, que en sí misma es mucho más eficiente si está dirigida por la demanda).

Finalmente, los humanos podrían estar motivados para conceder su confianza en procesos que son (o al menos parecen ser) dirigidos por agentes más que por factores impersonales. Esto tal vez explique por qué hay una fuerte correlación entre estar asustado por los mercados y estar a favor de las intervenciones del estado en la economía. Uno de los supuestos políticos más extendidos en las sociedades industriales modernas es que “el gobierno debería haber hecho x”, donde x puede ser cualquier problema social o económico. ¿Por qué confía la gente en el estado? El estado (en la intuición de la gente, no en la realidad) tiene todos los rasgos de un agente. Se supone que posee conocimiento, recuerdos, intenciones, estrategias, etcétera. Pudiera ser que la gente estuviera mucho más cómoda confiando en un agente que proporciona ayuda e impone sanciones, que en un proceso impersonal, distribuído y en buena medida invisible. Esta sería una cuestión básicamente para la psicología intuitiva (muy importante en nuestros razonamientos sobre procesos sociales) más que para el pensamiento de poblaciones (muy poco intuitivo, difícil de adquirir y de sostener sin gran esfuerzo).

Pero, como he dicho antes, no lo sabemos, porque no hay estudios sobre eso.

PS. A algunas personas quizás les tentaría señalarme que la razón porque la gente teme a los mercados es simplemente que los mercados son destructivos, malos, crean infelicidad y desigualda. Obviamente esta no es la respuesta, del mismo modo que “la gente cree en espíritus porque existen espíritus” no es la explicación cognitiva de los conceptos sobrenaturales.

Carta a Ana Mato

Publicado por el 26 jun, 2012 en Tercera Cultura | 1 comentario

Publicado por J.M. Mulet en Los productos naturales

Estimada Sra. Ana Mato, Ministra de sanidad:

Leo con estupor que hoy ha recomendado utilizar la medicina natural para ahorrar, concretamente sacar medicamentos para afecciones leves y sustituirlos por alguna cosa natural. Qué esto lo diga una señora ministra me preocupa, y mucho. Solo quiero incidir en la obvio y es que la medicina solo es una, aquella que tiene detrás una evidencia científica que la respalda, lo demás es pseudociencia. Sus palabras pueden utilizarse para legitimar algo tan ilegitimo como que “alguna cosa natural” puede sustituir a la medicina. Si quiere que el sistema público español, uno de los mejores del mundo, se base en pseudociencia, yo creo que lo mejor es simplificar, despedir a médicos y personal sanitario, ahorrarnos una pasta en medicamentos y equipamiento y reconvertir los hospitales en centros de culto para diferentes religiones, puesto que la medicina naturista tiene en común con las religiones que su funcionamiento no va más allá de la fe que ponga el paciente en ella. De hecho cuando aprueba el MIR la gente se hace oncólogo o hematólogo pero ¿naturista? Es cierto que muchos medicamentos tienen su origen en la naturaleza, es decir, proceden de plantas o de animales, pero eso no quiere decir que la naturaleza es tan buena y tan sabía que nos quiere curar. Que una molécula natural sirva como tratamiento es una casualidad, porque esa molécula desempeña una función en su organismo de origen. Moléculas procedentes de plantas como la quinina o el taxol una vez han superado rigurosos ensayos clínicos se incorporan a la Medicina, a la de verdad, la que no lleva apellidos y se prescriben con receta, con una dosis determinada y conveniente purificadas para que otros componentes que pudieran haber en la planta no interfieran. Pensar en tratamientos a base de hierbas e infusiones es un poco ilusorio, ya que en una hierba, aunque realmente tenga algún efecto beneficioso, nunca estamos seguros de la cantidad de principio activo que contiene y un tratamiento para una enfermedad seria no puede prescribirse a ciegas.

La mejor prueba de que la medicina natural no es una medicina de verdad es que en estados Unidos existen dos centros dedicados a las terapias alternativas, complementarias y naturales y en 30 años de existencia han sido incapaces de desarrollar una tratamiento efectivo para ninguna enfermedad, incluso algunas suposiciones empíricas, como que los antioxidantes del té previenen el cáncer , cuando se someten a estudios rigurosos, dan resultados muy flojos, o inexistentes.

Rezar: ¿Una alternativa a los hospitales?

Rezar: ¿Una alternativa a los hospitales?

Por lo demás recordarle que el mundo de las medicinas “naturales” es muy confuso y técnicas tan poco naturales como la homeopatía o la magnetoterapia tratan de colarse en esta definición. Abrir es sistema público de salud a “alguna cosa natural” puede ser un resquicio por el que se cuele toda la pseudociencia y no solo pagaríamos las consecuencias para la salud de utilizar tratamientos que no son efectivos, sino que además ni siquiera sería una ahorro, porque estos tratamientos baratos no son, solo tiene que ver la tarifas de cualquier terapetuta alternativo.

Los productos naturales, ¡vaya timo!Como escribí hace un tiempo en Los Productos Naturales ¡vaya timo!, Realmente la medicina natural o Naturopatía, término acuñado por John Scheel en 1895 a imitación de la homeopatía de Hannemann se basa en que para estar sano hay que comer bien, tomar el sol, respirar aire sano y tener una dieta muy sana. Mal empezamos. Una dieta equilibrada protege de las enfermedades carenciales (falta de vitaminas o de algún otro nutriente), pero nadie se cura de una infección, un cáncer o una enfermedad genética con una buena dieta. Sus ideas fueron recogidas por Benedict Lust que en 1896 fundó la American School of Naturopathy, y popularizadas por John Kellogg, creador de los cereales que llevan su nombre, y persona de espíritu megalómano y muy dado a creer en tonterías (ver la película “El balneario de Battle Creek”). Como muchas terapias alternativas, utiliza alegremente el término de “energía vital” y el término holístico para referirse a que ellos enfocan la enfermedad como un todo. Echándole mucha cara consideran a Hipócrates como el primer naturópata puesto que ya hablaba de hidroterapia, de ejercicios y de masajes. La afirmación me parece contraproducente. Anunciarse como que siguen utilizando las técnicas de Hipócrates implica que en 2.500 años no han aprendido nada nuevo. Y cuidado, un naturópata también puede ser peligroso. Según la naturopatía las paperas, la varicela, la rubeola y otras enfermedades infantiles son necesarias para el desarrollo del sistema inmunológico, por lo que no hay que vacunarse contra ellas sino (como todos sus remedios) cuidar la dieta. Los movimientos antivacunas, amparados en la medicina natural, se están cobrando muchas victimas infantiles al año por padres crédulos que no vacunan a su hijos, lo malo es que cuando su hijo no puede superar la infección y se muere, de poco sirve quejarse al naturópata para recuperar al niño.

Muy natural, pero poco recomendable

Muy natural, pero poco recomendable

Espero que su estrategia de hablar de “alguna cosa natural” no vaya encaminada a ahorrarse una pasta en vacunas ¿no? En fin, que confío que solo hayan sido unas declaraciones desafortunadas a pesar de su cargo y que, como en la mayoría de los casos, salvo alguna deshonrosa excepción, en el sistema público de salud sigan reconocidos tratamientos y fármacos efectivos y avalados por los correspondientes ensayos clínicos.
John Harvey Kellog, defensor de la Naturopatía e inventor de cereales.

John Harvey Kellog, defensor de la Naturopatía e inventor de cereales.


Culpabilimetros

Publicado por el 23 jun, 2012 en Tercera Cultura | 2 comentarios

autor: Adolf  Tobeña

Es perfectamente comprensible que nos afanemos en buscar culpables cuando ocurren catástrofes o desgracias. Estamos tan acostumbrados a establecer nexos de causalidad verificable entre los hechos y sus inductores principales, que nos cuesta resistirnos a esa pulsión. Lo hacemos ante los traspiés o incidentes banales, nos lo preguntamos siempre ante las dolencias pasajeras o duraderas, y lo exigimos, imperativamente, ante los infortunios  y las tragedias que nos abruman.

Todo el “peso” de la humanidad en el planeta

Publicado por el 20 jun, 2012 en Divulgación Científica, Tercera Cultura | 1 comentario

Publicado en Le Scienze.

¿Es la obesidad humana un problema ecológico?

¿Cuánto pesa la humanidad en términos de biomasa? Se lo han preguntado investigadores de la London School of Hygiene and Tropical Medicine, llegando a una estimación publicada ahora en la revista de acceso libre “BMC Pubic Health

La cuestión de hecho es relevante desde el punto de vista ecológico: la población humana ha alcanzado hace poco los siete mil millones de individuos, pero la necesidad energética y de alimentación dependen también de la masa corpórea total de la humanidad, de su distribución geográfica y también de la prevalencia de sobrepeso y obesidad. Los investigadores han partido de las revelaciones de las Naciones Unidas y de las Organizaciones mundiales de la sanidad, para llegar a una estimación de la población humana adulta de 287 millones de toneladas, 15 millones de las cuales se deben al sobrepeso y 3.5 millones a la obesidad.

Se trata de valores de absoluta relevancia aunque se ha de considerar que subestiman la realidad, dado que los datos de la OMS empleados son relativos al informe SURF del 2005.

Son sorprendentes las diferencias regionales, que parece que reproducen en fotocopia las desigualdades económicas y sociales: al frente de un meso medio individual de 62 kilogramos, Norte América conserva el primer puesto de la clasificación por naciones con una media de 80.7 kilogramos. Comparado con la población, significa que Norte América representa el 35 por ciento de la masa humana mundial con sólo el 6 por ciento de la población, mientras que Asia constituye sólo el 13 por ciento de la biomasa mundial y el 61 por ciento de la población.

“Nuestros resultados subrayan la importancia de tener en cuenta también la biomasa en lugar de sólo la población cuando se considera el impacto biológico de una especie, especialmente en el caso de los seres humanos”, ha explicado Sarah Walpole, que ha participado en el estudio.

La batalla por un menor impacto humano en el ambiente terrestre pasa también por medidas de cura y prevención del sobrepeso y la obesidad, que generalmente son diseñadas para proteger la salud de los ciudadanos.

“Cualquiera está dispuesto a aceptar la idea de que el crecimiento de la población mundial puede amenazar la sostenibilidad ambiental”, ha concluído Ian Roberts, que ha dirigido el estudio. “Nuestros resultados llaman la atención sobre el hecho de que también el peso excesivo de los individuos representan una amenaza para la sostenibilidad”.

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