29 Mayo, 2017

Entrevista con Debra W. Soh, investigadora de sexo y neurocientífica

Debra W. Soh es una investigadora de la sexualidad y una neurocientífica de Toronto, Canada.

Supe de Debra tras leer su columna en LA TIMES sobre la futilidad de la crianza neutral de género. Me puse en contacto con ella porque quería saber más sobre su campo de neurociencia del sexo, su propia investigación y sus opiniones tras estudiar las diferencias de sexo en el cerebro.

Debido a que el estudio del sexo y de las diferencias de sexo a menudo está trabado con obstáculos políticos, también quería tener una imagen general sobre cómo se acerca una neurocientífica de la sexualidad a algunos de estos temas controvertidos.

Hola Debra, gracias por charlar con Quillette. ¿Podríamos decirnos brevemente quién eres, donde estudiaste, quién te supervisió y qué hizo que te interesaras en la neurociencia, y particularmente en la neurociencia del sexo?

Soy una investigadora del sexo en la universidad de York en Toronto y escribo sobre la ciencia del sexo para diferentes medios, incluyendo Playboy. En mi tesis doctoral, que acabo de defender, trabajé con el Dr. Keith Schneider, que ha sido pionero en nuevos métodos de alta resolución fMRI y es el director del Centro Delaware para la Neuroimagen Biomédica y el Cerebro de la universidad de Delaware, y con el Dr. James Cantor de la universidad de Toronto, que es un experto mundial en neuroimagen de la pedofilia.

Recuerdo abrir un manual durante mi primer curso de neurociencia como estudiante de pregrado, ver imagenes de un estudio de fMRI y pensar que era increíble. Decidí estudiar neurociencia en la escuela primaria y tuve la oportunidad de ubicarme en la sexología dentro del grado de mi Master. Así es cómo me enganchó esto, y no he parado!

Cuéntanos algo más sobre tu área específica de investigación – ¿qué miran los neurocientíficos cuando miran las parafilias?

Intentamos entender, desde una perspectiva biológica, por qué las personas están donde están en la sexualidad. Los neurocientíficos observarán la estructura y función del cerebro para ver si hay diferencias entre las personas con parafilias y aquellas sin ellas.

Antes se pensaba que las parafilias eran conductas aprendidas, pero investigación más reciente sugiere que podría haber un componente neurológico en ellas y que, en alguna medida, están cableadas en el cerebro y son inmutables. Esto cambia por completo nuestra forma de entender cómo y por qué llegan a ser.

¿Qué parafilias o conductas sexuales interesan más a los neurocientíficos?

Todas son realmente interesantes –y he visto de todo. La imagen cerebral ha hecho mucho para ayudarnos a entender la sexualidad básica humana, la orientación sexual, y la excitación sexual.

En mi línea de trabajo empleo cuatro tipos de escáneres cerebrales, incluyendo MRI estructural y funcional e imágenes con tensor de difusión, para observar la hipersexualidad parafílica. Hay individuos que tienen muchos intereses parafílicos además de problemas de conducta sexual, como masturbación excesiva, problemas con el uso del porno e infidelidad serial.

¿Cómo defines lo que es excesivo? ¿Es cuándo interfiere con el trabajo o las relaciones o cuándo causa stress personal? ¿O hay otra definición?

Sí, es exactamente así. Las conductas sexuales “excesivas” se definen como conductas que causan stress individual, disfunciones en su día a día, o daños a sí mismos o a sus parejas. La hipersexualidad no es reconocida como diagnóstico en el DSM-5 (la “Biblia” de la psiquiatría), así que estos son los criterios que empleamos a la hora definirla.

¿Podrías mencionar alguna percepción falsa que tiene el público sobre tu investigación?

Creo que algunas personas tal vez no entiendan el valor de la investigación de la sexualidad humana, o les hace sentir incómodos. En este caso, normalmente pregunto a la persona por qué no deberíamos estudiar algo que es fundamental para nuestro ser, y por qué debería ser tabú, o algo considerado fuera de lugar.

Al comprender la sexualidad “típica”, estamos mejor situados para comprender los intereses y las conductas atípicas, y viceversa.

Si hubiera estudiado pájaros, nadie hubiera tenido reservas para preguntarme sobre mi trabajo o hablar sobre ello en público. No creo que deba haber ninguna diferencia cuando se trata de discutir sobre el sexo, especialmente en el contexto de la investigación científica.

Recientemente escribiste un artículo para LA Times llamado La futilidad de la crianza neutral de género, donde hablabas sobre la ciencia de las diferencias de sexo, y que tuvo mucho éxito entre los lectores. También me di cuenta que el Journal of Neuroscience Research acababa de publicar una edición especial dedicada por entero al tema de las diferencias de sexo en el cerebro. ¿Crees que es importante esta investigación? ¿Y qué opinas de términos como “neurosexista” o “neurobasura” que a veces se emplean para describir esta investigación?

Creo que el subtítulo de esta edición especial lo dice todo: Reconocer las diferencias de sexo en la neurociencia es “un tema cuya hora ha llegado”. El tema de las diferencias de sexo en el cerebro es extremadamente importante, al igual que la correspondiente investigación, porque posee importantes implicaciones para nuestra salud y bienestar. La negación de estas diferencias, y en consecuencia de la ciencia, es dañina y perjudicial.

Parte del problema es que aquellos que pregonan el punto de vista de que “no hay diferencias de sexo” están gritando más alto. Tal como escribí en mi artículo, quienes niegan las diferencias de sexo recibieron apoyo de un reciente estudio que descubrió que no puedes distinguir el cerebro masculino del femenino. Este estudio tuvo mucha resonancia en la prensa. Pero un equipo de investigadores volvió a analizar los mismos datos exactos sobre el cerebro del estudio, y fueron capaces de distinguir los cerebros el 69-77% de las veces. Otro estudio empleando datos de neuroimagen de alta resolución fue capaz de hacerlo con un 93% de exactitud. Pero estos estudios no recibieron la misma publicidad del primero.

Hay ya un cuerpo de investigación muy grande –miles de estudios– mostrando los efectos de la testosterona prenatal en la masculinización del cerebro, por no mencionar todos los demás modos en que la investigación ha mostrado que los hombres y las mujeres difieren: estructura del cerebro, funciones cognitivas, activación funcional, personalidad, etc.

Las diferencias de sexo no tienen nada que ver con la igualdad de género. Entiendo a donde van a parar las personas que temen que estas diferencias sean empleadas para justificar la opresión femenina. Pero en lugar de distorsionar la ciencia, antes que nada deberíamos cuestionar que los rasgos típicamente femeninos sean vistos como inferiores o indeseables.

Antes mencionaste que hablar sobre diferencias de sexo no le hace a uno sexista. Estoy de acuerdo. ¿Crees que el miedo al “neurosexismo” está pasándose lentamente de moda, o todavía preocupa a la neurociencia?

Aún preocupa. Y lo hace porque este es un caso de agenda política intentando silenciar ciencia legítima. Creo que es importante que hablemos claro en contra de esto.

Se está volviendo controvertido hablar de biología. La gente cree que eres sexista si estás de acuerdo con que hay diferencias biológicas de sexo. No deberíamos preocuparnos nunca por decir la verdad sobre hechos científicos, pero estas es la dirección hacia la que vamos.

¿Hay otros obstáculos políticos en tu investigación? Por ejemplo, ¿Es duro encontrar financiación? ¿Los conservadores religiosos obstruyen la investigación de las parafilias de algún modo?

Puede ser difícil encontrar financiación para la investigación de sexo debido a los obstáculos políticos que mencionas, pero yo he tenido mucha suerte viviendo en Canadá. El clima político aquí es mucho más comprensivo con el tipo de trabajo que estoy haciendo.

FInalmente, ¿Qué consejo darías a la gente joven que está pensando en hacer carrera en neurociencia, y en particular en neurociencia del sexo?

Estudia en profundidad los métodos de investigación y la sexología. No hace falta que diga que la neurociencia es un campo en crecimiento. En los diez años que llevo haciendo este trabajo, he contemplado grandes avances, que resultan tan inspiradores como estimulantes.

Por lo que hace a la investigación de sexo, animaría definitivamente a hacerla. No hacer caso a quienes intentan disuadiros. Nuestro trabajo, por naturaleza, es controvertido y político, y todo el mundo tiene una opinión, ya se base en hechos o en opiniones subjetivas. Rodéate de personas que te apoyen en lo que haces.

La investigación de sexo está injustamente estigmatizada. Muchas personas me han dicho, una vez que han averiguado lo que hago, que les hubiera encantado estudiar sexo en la universidad, pero que el tema era tabú. Esto es poco afortunado, la sexología merece respeto como ciencia y mis colegas están haciendo un gran trabajo.

Gracias por estar con nosotros, Debra. ¿Dónde podemos encontrar lo que publicas?

Escribo una columna semanal para Playboy llamada Hard Science (Ciencia dura). Esta lista cada miércoles. Una de mis columnas recientes trató sobre las razones científicas por las que la adicción al sexo no se reconoce como un desorden mental.

También escribo para distintos medios, incluyendo Scientific American y el Globe and Mail, y twiteo los enlaces a mis escritos cuando salen. Si los lectores están interesados en seguir mi trabajo pueden hacerlo en @debra_soh.

Claire Lehmann es editora de Quillette. Pueden enviarle un correo electrónico a claire@quillette.com o seguirla en Twitter @clairlemon

Publicado originalmente en Quillette.

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