23 Julio, 2017

Que no cunda el pánico: La ciencia no es tan sexista

El pasado octubre un artículo de opinión publicado en el New York Times por Wendy Williams y Stephen Ceci afirmaba que “La ciencia académica no es sexista”. El trabajo resumía una reseña de 67 páginas publicada en Psychological Science in the Pubic interest llamada “Las mujeres en la ciencia académica: Un paisaje cambiante” [1]. Trabajando junto con dos economistas, recopilaba datos de varios cientos de análisis sobre la participación de las mujeres en las ciencias, desde las ciencias de la vida, tales como psicología, hasta disciplinas más matemáticas como ingeniería y física.

claireDescubrieron que la mayor barrera para las mujeres consistía en la percepción de que los trabajos académicos estaban en conflicto con la formación de una familia. Pese a esto, la imagen que surgía sugería mayor justicia, más que mayores prejuicios. A lo largo de las ciencias las mujeres tienden a recibir más ofertas de trabajo que los hombres, reciben financiación para investigar y sus artículos son aceptados en la misma medida, son citadas en la misma medida, y son aceptadas como profesoras y promocionadas en la misma medida [2].

Sólo dos semanas antes de que se publicara el artículo de Williams y Ceci tuvo lugar la polémica en torno a la camiseta (“Shirtstorm”). Uno de los científicos principales de la misión Rosetta, el Dr. Matt Taylor, fue ridiculizado en internet por ponerse una camiseta de tono festivo en el que aparecían dibujos de mujeres ligeras de ropa. Tras varios miles de “tweets” generados por el asunto, el Dr. Taylor se vino abajo y pidió perdón en televisión. Tras su emotiva aparición pública muchas figuras conocidas salieron en su defensa, incluyendo a Richard Dawkins y el alcalde de Londres, Boris Johnson. Incluso la conocida feminista británica Julie Bindel escribió un artículo de opinión en The Guardian advirtiendo de que “el feminismo corre el peligro de hacerse tóxico”.

Sin embargo, los “tweets” que difundieron la denigración del Dr. Taylor no se originaron en agitadores profesionales. Se originaron en un segmento de la comunidad científica de internet. La misma comunidad que ahora se burla públicamente del trabajo de Williams y Ceci. La blogger científica Emily Willingham reaccionó a su artículo con incredulidad: “¿Cómo podría tener cara alguien con experiencia real en la ciencia académica para decir todo esto?”. PZ Myers comparó en su blog a los académicos masculinos con el ISIS, y a las académicas femeninas con las refugiadas que huyen de Iraq. Varios comentaristas describieron su trabajo como una forma de culpar a la víctima, tratando de imponer valores morales a sus datos empíricos. Y Rebecca Schuman, editora de educación en Slate declaró que “un trabajo así (el de Williams y Ceci) no servirá más que para asegurarse de que los sesgos institucionales de las universidades persista muchos años más”.

¿Qué está pasando aquí? Para el público en general, los datos de Williams y Ceci simplemente confirman lo obvio. En distintas profesiones, tales como derecho y medicina, no se requiere que las mujeres aspiren a un puesto permanente para mantener sus trabajos. Las mujeres jóvenes licenciadas pueden encontrar trabajos permanentes, y si deciden tener familias, tienden a coger bajas de maternidad y llegan a acuerdos para trabajar a tiempo parcial. No hay qu ser ningún genio para saberlo. Combinar el reloj biológico con el reloj universitario simplemente no es una opción atractiva para muchas mujeres inteligentes.

Aunque muchas estudiantes de doctorado abandonan pronto sus carreras (especialmente en las ciencias de la vida) hay evidencias que sugieren que una vez dentro, tienden a perseverar [3]. Y en un trabajo de Williams y Ceci publicado este mismo mes, en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se muestra que dentro de experimentos controlados los profesores titulares tenían un sesgo chocante de 2:1 favorable a las mujeres hipotéticamente aspirantes [4].

Williams y Ceci no son ni mucho menos los primeros académicos que desconfían de las narrativas de opresión cuando se trata de mujeres en la ciencia. Hace quince años Science publicó un trabajo en el que Linda Gottfredson y Judith Kleinfeld cuestionaron la ética de perseguir la paridad en las ciencias a través de ingeniería social [5]. Y en 2002 fue publicado La tabla rasa, de Steven Pinker:

Ciertamente existen barreras institucionales que frenan el avance de las mujeres. Las personas son mamíferos, y deberíamos considerar las implicaciones éticas del hecho de que son las mujeres las que tienen hijos y los cuidan mayormente. No se debe suponer que el ser humano por defecto es un hombre y que los niños son una indulgencia o accidente inesperado. Las diferencias de sexo en consecuencia pueden emplearse para justificar, más que poner en peligro, políticas favorables a las mujeres tales como permisos laborales, subsidios al cuidado de los niños, horarios flexibles y paradas en el reloj de la carreras, o supresión de las carreras.

Unos once años tras la publicación del texto seminal de Pinker, los académicos Mary Ann Mason, Nicholas Wolfinger y Marc Goulden se preguntaron si la formación de familias importaba en la Torre de Marfil. Su libro se tituló ¿Importan los niños? Y respondieron con un rotundo “si”. En su investigación descubrieron que las mujeres que esperaban formar familias en algún momento demoraron la paternidad [9]. Entre los estudiantes licenciados que encuestó Mary Ann Mason, más de la mitad de los hombres y más de dos tercios de las mujeres veían las carreras académicas en conflicto con su vida familiar [10]. Y cuando les preguntaron a las mujeres licenciadas por qué no continuaban con sus carreras tras completar el doctorado, las razones aducidas más comúnmente fueron poseer “otros intereses vitales” y “querer centrarse en los niños” [11].

El análisis de Williams y Ceci establece que la socialización temprana, combinada con las realidades biológicas de la maternidad, probablemente desempeñan un papel más importante que el sexismo a la hora de limitar las carreras de las mujeres. Pero su hipótesis es sólo eso, hipótesis. Es plausible que la ingeniería social no producirá más físicas o informáticas de las que ya tenemos. ¿Por qué? Se han hallado evidencias de grandes diferencias de sexo en las preferencias ocupacionales. Mientas que las mujeres en general tienden a preferir el trabajo social y creativo, los hombres tienden a preferir el trabajo teórico y mecánico [12]. (Esto no significa que hombres y mujeres sean menos capaces en estas áreas, sino simplemente que están menos interesados en ellas). Estas diferencias de sexo son más fuertes a medida que se encuesta a más gente. En un meta-análisis de alrededor de medio millón de personas, se descubrió que era muy grande el efecto de tamaño en lo que se describe como dimensión de “Personas-Cosas” (donde las mujeres prefieren trabajar con personas y los hombres con cosas) (d=0.93) [13]. La brecha de género en “Personas-Cosas” se encuentra incluso dentro de campos profesionales. En medicina, más mujeres se dedican a prácticas generales y pediatria, y escuchan con más interés a los pacientes [14], mientras que los hombres predominan en la cirugía. Estas diferencias de sexo tampoco se desvanecen con la implementación de políticas de equidad de género. De hecho, el psicólogo evolucionista David Schmitt ha recolectado datos a lo largo de distintas culturas en 21 fuentes mostrando que las diferencias de sexo en un rango de variables son mayores dentro de las naciones que tienen mayor igualdad política y social de género [15]. Por ejemplo, hay más mujeres que se licencian en informática en Irán que en Noruega o Suecia [16]. Y esto pese al mayor igualitarismo de género y las políticas de los países nórdicos.

Hace quince años Gottfredson dijo que “si insistimos en emplear la paridad de género como medida de justicia social, esto significa que tendremos que mantener a muchos hombres y mujeres fuera de los trabajos que más les gusta y forzarlos a trabajar en cosas que no les gusta.” [17]. Y Kleinfeld declaró que:

A las mujeres más preparadas no deberíamos mandarles el mensaje de que son seres humanos menos valiosos para nuestra civilización, más vagas y de status más bajo si escogen ser profesores en lugar de matemáticas, periodistas en lugar de físicas, o abogadas en lugar de ingenieras.

Quince años después, quizás deberíamos prestar atención de una vez.

Referencias:

[1] Ceci, S. J., Ginther, D. K., Kahn, S., & Williams, W. M. (2014). Women in Academic Science A Changing Landscape.Psychological Science in the Public Interest, 15(3), 75-141.

[2] Ibid.

[3] Miller, D. I., & Wai, J. (2015). The Bachelor’s to PhD STEM Pipeline No Longer Leaks More Women Than Men: A 30-Year Analysis. Name: Frontiers in Psychology, 6, 37.

[4] Williams, W. M., & Ceci, S. J. (2015). National hiring experiments reveal 2: 1 faculty preference for women on STEM tenure track. Proceedings of the National Academy of Sciences, 201418878.

[5] Holden, C. (2000). Parity as a goal sparks bitter battle. Science, 289(5478), 380-380.

[6] Pinker, S. (2003). The blank slate: The modern denial of human nature. Penguin.

[7] Mason, M. A., Wolfinger, N., & Goulden, M. (2013). Do Babies Matter?

[8]Ibid.

[9]Mason, M. A., Wolfinger, N., & Goulden, M. (2013). Do Babies Matter?

[10] Mason, M. A., Goulden, M., & Frasch, K. (2009). Why graduate students reject the fast track. Academe, 95(1), 11-16.

[11] Ibid.

[12] Su, R., Rounds, J., & Armstrong, P. I. (2009). Men and things, women and people: a meta-analysis of sex differences in interests. Psychological bulletin, 135(6), 859.

[13] Ibid.

[14] Hojat, M., Gonnella, J. S., Nasca, T. J., Mangione, S., Vergare, M., & Magee, M. (2014). Physician empathy: definition, components, measurement, and relationship to gender and specialty.

[15] Schmitt, D. P. (2015). The Evolution of Culturally-Variable Sex Differences: Men and Women Are Not Always Different, but When They Are… It Appears Not to Result from Patriarchy or Sex Role Socialization. In The Evolution of Sexuality (pp. 221-256). Springer International Publishing.

[16] Galpin, V. (2002). Women in computing around the world. ACM SIGCSE Bulletin, 34(2), 94-100.

[17] Holden, C. (2000). Parity as a goal sparks bitter battle. Science, 289(5478), 380-380.

[18] Ibid.

Publicado en el blog de Claire Lehmann

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4 Comments

  1. Arturo

    Según el contenido de esta entrada ( …A lo largo de las ciencias las mujeres tienden a recibir más ofertas de trabajo que los hombres, reciben financiación para investigar ….se muestra que dentro de experimentos controlados los profesores titulares tenían un sesgo chocante de 2:1 favorable a las mujeres hipotéticamente aspirantes …) la ciencia SI es sexista, pero del sexismo normal y aceptado, el que favorece a las mujeres. Lo que ocurre es que hay pocas mujeres en ciencia y no se nota mucho.

  2. Emilio

    Es reconfortante leer una entrada así, porque choca fuertemente con todo lo que tenemos ocasión de leer en nuestros medios, donde en lo referido a este tema el lenguaje se corresponde más con el propio de una guerra, aunque en este caso sea de sexos, y donde la gran mayoría de ellos se han posicionado de un lado de la trinchera y solo publican lo que a un bando interesa.

    Me parece muy acertado lo que comenta Arturo en el sentido de que sexismo sí hay, aunque por ser del bueno, el titulo a lo que haga referencia es que la ciencia resulta un territorio exento del malo. Afrontamos estas realidades con tanto lavado de cerebro que resulta muy difícil guardar esa distancia que hace posible una mirada limpia de presiones y prejuicios.

    Mientras tanto la implacable maquinaria feminista prosigue su labor cada día con mayor descaro y desparpajo. Si hace unos días en San Sebastián se negaban a que hubiera hombres en el Consejo de Igualdad, ahora 15 asociaciones de mujeres la están montando para que se derogue la Ley de custodia compartida en el País Valenciano. En la sanidad, donde las mujeres ya son ampliamente mayoritarias, la Junta de Andalucía con el acuerdo de CC.OO y UGT, ha aprobado una norma que favorece a las mujeres en caso de empate a efectos de entrada y promoción en el Servicio Andaluz de Salud… El presupuesto público para promover discriminación.

  3. Eduardo Zugasti

    Hombre, Arturo, parece mentira que no se entere de qué va esto. Cuando un “brecha de género” favorece a los hombres, esto es debido a los privilegios y la cultura, pero si los perjudica, entonces es natural y no hay que hacer nada.

  4. Pingback: La fraudulenta ciencia sobre el “sexismo” en la ciencia [Eduardo Zugasti] | BLOGS L2N

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