22 noviembre, 2017

¿Nos hace “idiotas” la monogamia a los machos?

Charles Darwin, como es sabido, fue pionero en proponer una teoría consistente sobre el papel de la selección sexual partiendo de la evolución de “caracteres sexuales secundarios” que la mera lucha por la supervivencia, en apariencia, no era capaz de explicar. Instituciones sociales clave de la sociedad humana están directamente afectadas por las dinámicas de la selección sexual. Como explica Peter Frost, además, la selección sexual es sensible a la biodiversidad humana y probablemente no actúa uniformemente a lo largo de las poblaciones humanas y de los tiempos históricos.

Drosophila
Drosophila

Para resumir el estado de la cuestión, los científicos evolucionistas consideran que existen dos mecanismos ambientales capaces de hacer monógamos a los seres humanos: 1) la monogamia “ecológicamente impuesta”, cuando la escasez de recursos impide de raíz que los machos dominantes acumulen recursos y esposas y 2) la monogamia “socialmente impuesta” mediante normas culturales que prohiben las uniones polígamas. Esta monogamia cultural evolucionó probablemente por una variedad de razones: 1) evitar el infanticidio 2) reducir los conflictos domésticos 3) reducir la competencia intrasexual entre machos y 4) avanzar hacia sociedades más igualitarias y democráticas. Este tipo de monogamia cultural podría haber conferido ciertas ventajas comparativas a los grupos, aunque en la naturaleza nada es gratis. Siempre hay costos. Además, la monogamia es una institución rara en el mundo animal. Sólo un 3% de las especies de mamíferos la practican y un 27% de los primates. Incluso es relativamente rara en humanos, según atestigua el resgistro antropológico.

La revista de la Royal Society ha publicado un artículo en el que conjetura que la capacidad cognitiva de los machos desciende en ausencia de selección sexual. Para estudiar el impacto de la selección sexual en el desempeño cognitivo, los investigadores eliminaron la capacidad para elegir parejas y la competencia sexual en poblaciones experimentales de Drosophila melanogaster, obligando a que las moscas fueran monógamas durante 100 generaciones. Los resultados son interesantes: “Los machos que evolucionaron durante la monogamia redujeron su eficiencia en tareas cognitivas relativamente complejas que los machos polígamos del grupo de control”. La monogamia afectó en particular a la capacidad de los machos para dirigir sus esfuerzos a las parejas fértiles: “Cuando se encontraban con una o más hembras receptivas, los machos polígamos se centraban rápidamente en las hembras receptivas, mientras que los machos monógamos continuaban dirigiéndose su cortejo substancialmente a las hembras no receptivas”. Para los autores, sus conclusiones “proporcionan evidencias experimentales directas de que la intensidad de la selección sexual es un factor importante en la evolución de las capacidades cognitivas de los machos”.

¡Delicioso!
¡Delicioso!

Naturalmente, aunque interesantes y curiosos, se trata de resultados experimentales tempranos y difícilmente extrapolables a los seres humanos. Pero son pistas que se pueden seguir. Al fin y al cabo, no faltan opiniones científicas que desmienten el optimismo racional sobre el incremento continuo de las capacidades cognitivas en los tiempos históricos.

 

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