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Publicado por el 23 feb, 2013 en Historia de las ideas, Tercera Cultura | 9 comentarios

Las “dos culturas” en el siglo XVIII

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En 2009 se conmemoró el 50 aniversario de la famosa conferencia en Cambridge de Charles Percy Snow sobre las “dos culturas” posteriormente editada como libro. Snow era un físico y novelista inglés, preocupado por la incomunicación entre los académicos que trabajaban en las humanidades y los que lo hacían en las ciencias. Se dió cuenta de que estos dos tipos diferentes de “espíritus” apenas se entendían unos a otros: los “científicos” no apreciaban suficientemente las grandes obras de la tradición artística, mientras que los “humanistas” ignoraban crecientemente la leyes científico-naturales más fundamentales. Snow llegó a insinuar una “tercera cultura” capaz de acortar distancias.

Helvétius

Helvétius

Esta división entre las ciencias y las humanidades es un fenómeno relativamente nuevo, producto de la especialización progresiva del conocimiento humano, pero se podría decir que comenzó a larvarse precisamente en el momento en que las ciencias naturales empezaban a independizarse, no sólo de la teología natural, tal como había expresado la síntesis medieval, sino también de saberes hoy considerados pseudocientíficos, como la astrología y la alquimia.

Todavía en el siglo XVIII los hombres de “espíritu” que se reunían en los salones parisinos podían aspirar a conocer las “dos culturas”. Por los salones de Holbach, o Helvetius, se paseaban geómetras, naturalistas, literatos, filósofos y escritores progresistas de toda condición. Pero en el discurso II de Del espíritu (editado ahora por Laetoli), el mismo Claude-Adrien Helvétius (1715-1771) se planteaba una pregunta similar a la de Snow: ¿Cómo admirar un tipo de espíritu demasiado diferente del nuestro?

Si el estudio de una ciencia o un arte nos hace percibir una multitud de bellezas y dificultades que ignoraríamos sin ese estudio, tenemos forzosamente más estima de la que llamo sentida sólo por la ciencia y el arte que cultivamos.

Nuestra estima por las demás artes y ciencias está siempre en proporción a la relación más o menos estrecha que hay entre éstas y la ciencia o el arte al que nos dedicamos.

Y añade, en el “espíritu” de Snow:

Con la mejor fe del mundo se ve a hombres ilustres en géneros diferentes hacerse muy poco caso unos a otros.

A diferencia de Rousseau, que culpaba a la civilización por la corrupción moral de la humanidad, Helvétius pertenecía a la estirpe de intelectuales de la Ilustración radical que apostaban por una educación racional capaz de reformar las costumbres, conciliar los diferentes tipos de espíritu y crear una sociedad nueva.

9 Comentarios

  1. En la bioética y en la ética de la responsabilidad es interesante subrayar que el puente creado entre la cultura científica y la humanista es con la finalidad de que haya una base filosófica para la discusión en los avances científicos que afectan a la vida de los seres humanos, y su interrelación, así como las posibles consecuencias que puedan adoptarse en las futuras generaciones. El objetivo es crear un ambiente óptimo para la supervivencia de la especie humana. Si los humanistas no entendemos algo mejor el lenguaje científico no podremos participar en los temas controvertidos que esta sociedad nos esta plantado, no cabe duda de que los humanistas necesitamos cultura científica y que los científicos necesitan formación humanista. El científico sensible , humanista y comprometido ya está indagando en lo que podría ser una tercera cultura.
    Un debate público que se tendría que hacer centrado en las cuestiones de cómo hacer seguras las investigaciones científicas en el ámbito de la salud. La mercantilización acelerada de la ciencia, que impulsa unas determinadas líneas de investigación y no otros en función de los intereses, tal vez, del mercado farmacológico, esto nos llevaría bruscamente a cuestionarnos si las investigaciones científicas en el área de la salud van hacia los interés de curar o de cronificar las enfermedades.

  2. En líneas generales creo que se puede decir que hay conciencia de la necesidad de un acercamiento o reconciliación entre ciencias y humanidades. El debate provocado por Charles Percy Snow a propósito de lo que él llamó las dos culturas ha sido un elemento central en la difusión de esta conciencia. Lo que importa aquí es reconocer que Snow estaba apuntando a una realidad, a un problema de esos de los que se dice que está el aire, es decir, en la actualidad.
    ¿Qué se ha hecho en las últimas décadas para superar el hiato entre las dos culturas?
    ¿Qué ideas convendría tomar en consideración cuando se postula ahora de una tercera cultura?

  3. Seguro que hay reflexiones más amplias y más profundas sobre ello que quedarnos en la conferencia de marras.

    Seguro que no estoy inventando la rueda si supongo que, haciendo historia de la ciencia y de las ideas, mucha gente se ha fijado en la asociación de la educación literaria clásica con la estratificación social (la educación de un caballero), en la etiqueta de inferioridad que ha tendido a arrastrar lo que se asociara con el trabajo manual y la tecnología útil (en unos países más que en otros, en los anglosajones menos, para su fortuna)…
    Y, por otro lado, también está a la vista el desdichado hecho de que aprender matemáticas es bastante dificil para casi todo el mundo, mientras que adquirir un barniz superficial de cultura humanista es fácil (con los medios y la familia adecuados).

    Si la “segunda cultura” se ha desarrollado por separado en lugar de ir metamorfoseando y empapando poco a poco a la primera, es probable que sea debido a motivos del tipo de los mencionados.
    Si la “primera cultura” no ha conseguido tampoco a largo plazo mantener la patente de exclusividad, como sin duda ha intentado (e intenta), es porque la segunda ha resultado demasiado fructífera y útil para despacharla como secundaria o inferior indefinidamente.

    La conferencia de Snow me parece más bien la proclama de la victoria, es como decir: “no hay alta cultura por un lado, que es lo que vosotros teneis, y ciencia, una cosa técnica que no tiene que ver y que hacemos nosotros: no, lo nuestro tambien es una parte de la cultura, y a partir de ahora los anuméricos iréis pareciéndoos a los iletrados”

  4. En su libro “La razón estrangulada”, el químico y periodista científico Carlos Elías insinúa que en realidad las “dos culturas” son dos tipos de cerebro.

  5. Mi vecina Carmen, ex-baloncestista y traumatóloga, me ha dicho en comunicación personal que cree que es cosa de la distinta microbiota intestinal. Lo ha deducido pensando intensamente.

    Pero la opinión que más me ha convencido es la que he oido expresar a Manolo Díaz, camarero y conferenciante: la diferencia está en las habilidades deportivas, la mejor musculatura corresponde a Humanidades y la peor a Ingeniería. Todavía no se lo han publicado en una revista bajo peer review, pero no sé por qué.

  6. Creo recordar que Elías apunta a que las ciencias exigen más inteligencia, lo que tiene toda la pinta de ser cierto. Aunque si se tienen en cuenta las habilidades analíticas, cuantitativas y verbales de los estudiantes, los de ciencias políticas o filosofía, que suelen asociarse con las humanidades salen muy bien parados:

    http://ttuphilosophers.blogspot.com.es/2012/09/the-power-of-philosophy.html

  7. Si los de ciencias tienen más inteligencia en general, eso más bien me da la razón en mis comentarios de más arriba y no casa mucho con que haya “dos” cerebros (=dos tipos de inteligencia).
    Resumiendo por qué lo que dice me da la razón (aproximada y toscamente) en lo que decia:
    - La educación literaria era la de la clase alta, para la cual era casi un monopolio, un signo de status y un requisito para ocupar altos cargos. No hay ahí ningún incentivo para ponerse las cosas más difíciles a uno mismo, metiendo mucha ciencia y matemáticas a los buenos chicos de Eton, para los cuales lo importante eran “los campos de juego” en los que “se ganó el imperio” y un barniz de cultura clásica para que no se diga que son unos burros.
    - Y en los países católicos no digamos, mucho peor, porque tenemos que añadir el control de la educación superior por parte de la iglesia, y el mayor desprecio social y elitista por la técnica y la tecnología.

    Así que históricamente, lo que hay es un bloqueo del aspecto científico de la cultura por parte de la cultura establecida, “de letras”, controlada por una minoría cuando casi solo esa minoría (social y económica, no una élite intelectual) tenía acceso a ella. ¿Para qué se lo iban a poner dificil a si mismos? “No hay caminos fáciles para la geometría”, pero una culturilla literaria y un poco de latín no son tan difíciles.
    (De paso, esa es una de las mejores explicaciones entre las que andan por ahí de por qué nuestra educacion secundaria y universitaria siempre ha sido mala y cuesta tanto que mejore: su utilidad y sus incentivos han sido los que han sido durante varios siglos)

    Eso no quiere decir que en los saberes típicos de las letras o humanidades no haya dificultad o no se necesite inteligencia, pero solo para ejercerlos a un gran nivel, auténticamente experto.
    Saber seis lenguas, dominar la filosofia, desarrollar la lingüística o la arqueología, ser un naturalista rompedor… son cosas que eran difíciles y meritorias aun sin matemáticas.
    Pero solo eran y son para unos pocos, y esos pocos hubieran podido exactamente igual dedicarse a las ciencias naturales si hubieran querido hacerlo (o a las matemáticas, como Russell o Wittgenstein).
    De hecho, la lingüística, la arqueología, la biologia… han pasado del campo de las Humanidades al de las ciencias y ahora ni siquiera ya se ejercen a buen nivel sin cierto aparato matemático y/o tecnológico, y han hecho ese cambio sin alharacas ni especial esfuerzo ni proclamas guerreras (o no tan fuertes que nos hayamos enterado). Los que destacaron en esas cosas siempre fueron gente con talento y tesón.

    Este “cambio de bando” también está en marcha para las ciencias sociales en general, o más bien (creo yo) la neutralización de los bandos y la unificación de las dos culturas en la cultura científica, punto.
    Del lado de allá va quedando solo el amateurismo anumérico y la escritura en los suplementos de “cultura” de los periodicos… (esto último es un poco caricaturesco, desde luego, pero para ilustrar el punto)

    Subsisten muchos desencuentros ¿por qué no? entre los procedentes de las ciencias sociales y los procedentes de las ciencias naturales. Las ciencias sociales admiten mucha charlatanería y mucha más ideología que la física, claro, y por otro lado las naturales no se resienten mucho cuando sus practicantes viven en la miopía y la ignorancia casi enciclopédica fuera de la especialidad (el efecto Linus Pauling, digamos, que no es nada raro).

    Pero no creo que tengamos que seguir adjudicando esas diferencias sistemáticamente a la vieja lucha de Capuletos y Montescos (cultura de Allá y cultura de Acá): También se han visto y se ven conflictos de fronteras más pequeños (astronomía vs. física, antropología vs. sociología, psicología vs. psiquiatría y muchos otros) que de una u otra manera se acaban (o acabarán) disolviendo o superando (cosmofísica, por ejemplo). Cuanto maś distantes son dos tradiciones y sus respectivos lenguajes, juegos de conceptos, etc., más lento y difícil será el proceso, pero sucederá.

    Al final ¿qué es importante? No las etiquetas, ni exagerar los bandos, ni encasillarse para siempre, ni engrandecer el ego a cualquier costa. Creo yo.

  8. Las “dos culturas” es un rótulo periodístico simplificado, para “inspirar” la discusión. Lo que se aproxima más a la realidad son luchas entre departamentos académicos con intereses tangibles establecidos y que compiten por explicar las mismas cosas. Pero habría que analizarlo caso por caso. Desde la crítica de Adela Cortina a la neuroética, a los tremendos líos en la antropología americana sobre si es una disciplina “científica” o más bien una forma de hermenéutica. Aunque a veces lo que tapona la “cultura científica” no son realmente desacuerdos “epistémicos” sino intereses ideológicos o de escuela más groseros.

  9. … O de presupuesto, supongo. Sí.

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