25 Junio, 2017

Religión, valores sagrados y conflictos

Publicado por Al McKay en e-International Relations

Cohetes “Kasam”

En un artículo reciente reciente artículo, Scott Atran, antropólogo radicado en la universidad de Michigan, y Jeremy Ginges, un psicólogo de la universidad de Tel Aviv examinan encuestas a través de distintas culturas y experimentos en docenas de sociedades con el objetivo de extraer conclusiones sobre el papel que juega la religión y los valores sagrados en los conflictos. Comienzan su trabajo lanzando la idea de que “la religión, al promover la creencia en otros mundos y rituales costosos, incrementa la confianza dentro del grupo pero también puede servir para incrementar la desconfianza y el conflicto con otros grupos”. Sin embargo, muestran que aunque “los valores sagrados sostienen conflictos intratables que desafían la negociación de tipo económica”, también pueden “proporcionar oportunidades sorprendentes para la resolución”. [1]

Según su punto de vista, la religión juega a menudo un papel importante en las guerras, pero rara vez es la causa raíz del conflicto mismo. Aunque sugieren que no hay un enlace causal directo entre las creencias religiosas, los valores sagrados y la guerra, durante el conflicto dentro del grupo los protagonistas pueden transformar los intereses materiales en valores sagrados y llegar a consolidarlos como creencias religiosas.

Los valores sagrados no son exclusivos de la religión. Los valores mundanos pueden ser sacralizados a través de rituales que los conectan con valores sagrados no religiosos, tales como la nación. Sin embargo, es interesante que lo contratos de la sociedad secular que “regulan los intereses individuales para compartir costos y beneficios de cooperación, sean más propensos a colapsar” y “la conciencia de que una distribución de riesgos más ventajosa de costes y beneficios en la cooperacion puede hacer que la deserción resulte más probable en el futuro”.

Señalando que “las sociedades de cazadores-recolectores de pequeña escalas que más se aproximan a las condiciones ancestrales, carecen de seres sobrenaturales omniscientes y sobrenaturales”, Atran y Ginger sostienen que es útil ver las religiones como subproductos culturales evolucionados a partir de la formación de grandes grupos. Son las amenzas a las “lealtades del grupo primario” provocadas por el “moderno multicultularismo y la exposición global a valores multifacéticos” lo que lleva a los movimientos fundamentalistas a “regresar” en defensa de la lealtad del grupo primario.

Se ha identificado un fenómeno descrito como “efecto de contrafuego” (Backfire effect) que circunscribe muchos esfuerzos para lograr la paz. En muchos estudios que Atran y Ginges han llevado a cabo con colegas en Palestina, Israel, Irán, India, Indonesa y Afganistán, hallaron que las ofertas de dinero y/o otros incentivos materiales que comprometían a  valores sagrados, incrementaban el enfado “incrementándose la violencia hacia el compromiso”. Los estudios referidos sobre Irán y Palestina iluminan algunas observaciones fascinantes:

“En un estudio de 2010, los iraníes que se refirieron al derecho de Irán a un programa nuclear como un valor sagrado se opusieron más violentamente a que se safricase el programa nuclear por tratos de resolución de conflicto que implicasen ayuda económica substancial, o relajación de sanciones, que  a los mismos tratos sin ayuda o sanciones… En un estudio de 2005 en la franja oriental y Gaza, los refugiados palestinos que sostenían que su “derecho a retorno” a sus anteriores hogares en Israel era un valor sagrado se opusieron más violentamente a abandonar su derecho a un estado palestino más ayuda económica sustancial, que los mismos tratos de paz sin ayuda.”

A partir de estas observaciones, Atran y Ginges también ofrecen algunas recomendaciones que podrían ayudar a resolver conflictos alimentados por convicciones religiosas. Aunque, tal como se menciona previamente, se ha observado que el carácter sagrado de los conflictos inicialmente obstruye las tácticas de negociación de estilo económico, hacer fuertes gestos simbólicos como disculparse con sinceridad o demostrar  respeto hacia los valores de otro genera una sorprendente flexibilidad, incluso entre los militantes y líderes políticos, y puede facilitar subsiguientes negociaciones materiales.

Concluye que “En una época donde las causas religiosas y sagradas están resurgiendo, existe una necesidad urgente de aunar el esfuerzo científico para comprenderlas” y propone que “una etnografía exhaustiva, combinada con experimentos cognitivos y conductuales entre sociedades diversas (incluyendo aquellas que carecen de una religión mundial), puede ayudar a identificar y aislar los imperativos morales para las decisiones de guerra o paz.”

Ciertamente es preciso más investigación de esta clase. Desde el 11S, ha surgido un montón de literatura discutiendo la religión y las posibles conexiones que tiene con la violencia. Mientras tanto, ha habido un exceso de polémica apasionada que parece haber menospreciado las conclusiones de estudios focalizados empíricamente y basados en la ciencia, sobre la religión y su papel en los conflictos violentos [2]. Por fortuna, los estudios de esta naturaleza exhibidos por Atran y Ginges empezarán a aportar más equilibrio a equivocados paradigmas tales como la tesis del Choque de Civilizaciones de Huntington.

Quizás más significativamente, este foco en los valores sagrados de los conflictos podría proporcionar ventajas académicas desde el que ver el concepto de guerra. Razonablemente, el marco más común para entender la guerra es la teoría del actor racional. Aún cuando el paradigma es útil,l el contexto de entender la guerra tanto hoy con el pasado, podría ser más limitante de lo que arguyen los académicos. Podría contestarse convincentemente que, en el curso de la historia humana, la guerra ha sido vista como ennoblecedora, excitante y unificadora. A través del combate mortal, los humanos poseen la capacidad de formar lazos con extraños genéticos, y estos lazos identifican profundamente a los individuos dentro del grupo. Se ha luchado en muchas guerras por la cuestión de qué somos, llevando a grupos de extraños genéticos luchando con otros grupos de extraños genéticos. Al menos desde una perspectiva evolucionista y biológica, esto no tiene mucho sentido y no es particularmente racional. Los valores sagrados son importantes porque difieren de los valores materiales e instrumentales en que incorporan creencias morales que dirigen la acción de modos que parecen disociados de las perspectivas de éxito. De forma que examinando el rol de los valores sagrados en la guerra y en los conflictos podriamos ofrecer mayores oportunidades para hacer progresos en la paz en conflictos que hasta ahora habían resultado intratables.

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[1] Esta conclusión es apoyada por los actos del International Center for Religion and Diplomacy; así como por mucha de la literatura de “diplomacia basada en la fe” (por.ej. Douglas Johnston, Faith-Based Diplomacy: Trumping Realpolitik Oxford, Oxford University Press, 2003).  También hay otro artículo sobre el tema, que incluye bibliografía sobre la literatura [ver aquí]).

[2] Para algunos ejemplos de estudios pobres sobre el caso, ver: Charles Kimball, When Religion Becomes Evil (San Francisco: Harper San Francisco, 2002), Sam Harris, The End of Faith: Religion, Terror, and the Future of Reason (New York: W.W. Norton & Company, 2004) Richard Dawkins, The God Delusion. (Boston, MA: Houghton Mifflin, 2006); Christopher Hitchens, God Is Not Great: How Religion Poisons Everything (New York: Twelve Books 2007).

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2 Comments

  1. Héctor W. Navarro

    Me sigue asombrando, aunque era previsible frente a los antecedentes, la reacción de algunos musulmanes por un film donde injurian a Mahoma. Han atacado las embajadas yanquis simplemente porque en USA se hizo el film, pese a que el autor es un egipcio de religión copta y que fue condenado por la justicia yanqui por estafas usando internet. En occidente se han rodado films donde se deja malparado a Jesucristo y no ha habido mayor problema. En un museo del estado aquí, en Argentina, un escultor representó a la virgen María con un vestido hecho con condones. En mi ciudad, Rosario, un pintor representó también a la virgen con vestidos que eran vulvas desplegadas. Todo eso solamente generó protestas de algunos pocos católicos. Hay que tener en cuenta que Jesucristo es “dios” para los cristianos, en cambio Mahoma es solamente un profeta. ¿Qué habría pasado en el mundo islámico si injuriaban al dios Alá?

  2. Rawandi

    “Hay que tener en cuenta que Jesucristo es “dios” para los cristianos, en cambio Mahoma es solamente un profeta”

    Bueno, los mahometanos consideran a Mahoma como un modelo cuyo ejemplo (recogido en los ‘hadices’, considerados infalibles junto al Corán) se debe imitar en todos los ámbitos de la vida, por lo que en realidad el islam prácticamente ha deificado a Mahoma. En la práctica, la figura de Mahoma es más importante para el musulmán de lo que Jesucristo lo es para un cristiano.

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