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Publicado por el 18 abr, 2012 en Tercera Cultura | 7 comentarios

Determinismo, libre albedrío y responsabilidad

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autor: Miquel, en http://memoriasdesoledad.blogspot.com.es

  • “Dios no juega a los dados con el Universo”
    A. Einstein
  • “Las decisiones de la mente no son nada salvo deseos, que varían según varias disposiciones puntuales”.
  • “No hay en la mente un absoluto libre albedrío, pero la mente es determinada por el desear esto o aquello, por una causa determinada a su vez por otra causa, y ésta a su vez por otra causa, y así hasta el infinito.”
  • “Los Hombres se creen libres porque ellos son conscientes de sus voluntades y deseos, pero son ignorantes de las causas por las cuales ellos son llevados al deseo y a la esperanza
    Spinoza

A. EinsteinLos seres humanos tenemos una sensación clara del “yo” que nos distingue del resto de seres que nos rodean. Esta  experiencia se acompaña de la sensación de agencia, esto es, nos hacer sentir causantes de gran parte de los  movimientos de nuestros músculos esqueléticos. Por esta razón, los libros de texto presentan con el nombre de sistema nervioso voluntario a los nervios relacionados con estos músculos.

Junto a esta experiencia del “yo” el ser humano ha desarrollado lo que los científicos llaman Teoria de la Mente, que consiste en que somos capaces de atribuir las mismas sensaciones  que nosotros experimentamos a  nuestros semejantes. Estas experiencias, relacionadas con las “neuronas espejo”, hacen comprensibles los sentimientos de empatía que tenemos con nuestros congéneres. Nuestro cerebro desarrolló a lo largo de la evolución la vivencia de que existen fenómenos naturales que ocurren en nuestro alrededor y procesos mentales que ocurren en nuestro interior , es decir, procesos físicos y procesos psíquicos  o dicho de otra forma, mundo y mente . Resulta muy complicado la admisión por parte de los humanos de que la mente es el resultado de procesos cerebrales que están formados por materia similar a la del resto del Universo. De ahí que se pueda considerar al ser humano dualista por naturaleza, y por esto el dualismo mente-cuerpo que popularizó Descartes hace unos cuantos siglos continúa instalado en la actualidad en la mayoría de los humanos.

Por tanto, nuestro cerebro experimenta de manera muy clara la vivencia subjetiva de un “yo” que habita en nuestro cuerpo y que elige la conducta que ha de ejecutar en cada momento. Percibimos que cada una de estas decisiones del “yo” no está causada por ningún acontecimiento físico previo, es decir, carece de causa alguna. De esta manera, queda intacta la idea de que el ser humano posee un alma libre y responsable que puede construir su futuro. Esta idea constituye la base más sólida sobre la que se construyen las más diversas ideologías o religiones , y que por tanto,  es muy difícil de erosionar.  Pero el intento de entender la naturaleza humana por parte de las neurociencias cuestiona muchas de nuestras creencias, por mas contrarias que nos parezcan a nuestras intuiciones más básicas.

La comprensión de la naturaleza humana en términos biológicos siempre ha provocado fuertes rechazos porque puede eliminar el concepto de responsabilidad personal en que se basa nuestro sistema judicial. Parece como si atribuir las causas de nuestras conductas  al cerebro, los genes, o  nuestro pasado evolutivo, aparte de  ofrecer una visión monstruosa de nuestra condición deja al individuo sin responsabilidad en sus acciones. ¿Cómo podemos culpar a alguien si esta obedeciendo ciegamente a un gen determinado o a una amígdala reducida?. ¿Cómo castigar a alguien cuya conducta está dirigida por la actividad de sus lóbulos frontales, los cuales tienen una pequeña deficiencia que le impiden actuar de otra forma? Incluso la tradición psiquiátrica tiende a distinguir entre enfermedades neurológicas o del cerebro, consideradas como trágicas patologías que corroen la responsabilidad de sus portadores, y enfermedades psicológicas, o mentales, donde las alteraciones emocionales o mentales son errores de los individuos y  culpables de una supuesta falta de fuerza de voluntad. El caso más famoso en este sentido es el de Phineas Gage, pero también están bien documentadas conductas muy violentas relacionadas con pequeños tumores en determinados lugares del cerebro (Antonio Damasio o Eagleman ilustran este y otros casos de manera muy detallada).

Hay que hacer notar que, si estas conductas muy lejanas de la normalidad están determinadas por nuestra química cerebral, no hay razón para suponer que las conductas consideradas más comunes no estén asimismo causadas por nuestro cerebro.

Este determinismo biológico tiene su contrapartida en el determinismo medioambiental. También podemos encontrar un amplio abanico de causas  que pueden llevar a disminuir  la responsabilidad de nuestras conductas.  Si la causa recae en los medios de comunicación, los malos tratos en la infancia, la educación por parte de los padres parece que se exculpe al individuo de sus actos.  Siempre puede uno excusarse en las sustancias que tomó la madre durante el embarazo, las malas compañías, los malos vicios, o en general a la sociedad como máximo responsable de nuestro comportamiento . La lista de atenuantes que los abogados defensores intentan buscar  puede llevar a situaciones graciosas como la que apareció en una viñeta en el New Yorker hace unos años refiriéndose a las declaraciones de una mujer defendiéndose  ante un tribunal : “Es verdad, mi marido me pegaba por la infancia que tuvo; pero yo le maté por la que tuve yo”.

En realidad, podemos decir que nuestros actos tienen una causa, mal si no la tuvieran, que a su vez depende de una gran complejidad de factores biológicos o ambientales en compleja interacción. Lo que no podemos aceptar es que nuestra conducta no tiene ninguna causa, o que la causa es un extraño ente inmaterial que influye sobre los procesos cerebrales y que ningún neurocientífico ha encontrado la mas mínima señal.

En mi opinión, esta contraposición entre determinismos, encuadrada en el  anticuado debate entre naturaleza y educación, o entre biología y cultura quedaría anulado por una postura determinista cosmológica. Es decir, la conducta de los animales es el resultado de una programa genético que se construye a sí mismo en continua interacción con su entorno, y de acuerdo con las mismas leyes que rigen la materia. Las causas de nuestros actos dependen de un programa genético que contenían el ovulo y el espermatozoide en el momento de la fecundación. Este programa genético puede modificarse a lo largo de la trayectoria vital del organismo por los estímulos procedentes del entorno. De acuerdo con la psicología evolucionista, la conducta humana es el resultado del complejo engranaje molecular de nuestro cerebro, diseñado por la evolución para solucionar los problemas de nuestros ancestros. Para los humanos tener un cerebro muy grande que le permita una flexibilidad y una gran variabilidad en sus respuestas supone una buena ventaja a la hora de aprovecharse de una desigual distribución de los recursos.

Pero la diferencia respecto de un gusano o una rana es de grado, no de sustancia, y por esto, actuamos movidos por deseos que regulan nuestro cuerpo y que están sometidos a las mismas leyes deterministas que gobiernan el cosmos.

Por tanto el concepto de libre albedrío es una pura ficción cerebral. Tenemos grados de libertad para hacer lo que queramos (más que una ameba, un ratón o un gorila), pero ninguna libertad para querer lo que queramos. Esto no es contradictorio con que nuestra experiencia de decidir es un proceso real con la función de seleccionar diferentes opciones de acuerdo con las previsibles consecuencias que tienen para el organismo; y por tanto nos debemos comportar “como si” tuviéramos libre albedrio, aunque éste sea una ilusión del cerebro. Nos sentimos agentes de la conducta aunque tan solo se trata de conocimiento o conciencia de haber realizado dicha conducta. Es decir, el cerebro actúa y luego cree que ha sido su voluntad la impulsora de dicha acción, o lo que es lo mismo, actúa y luego cree que hubiera podido elegir otra opción;  aunque ya no es posible retroceder.  Los defensores de una supuesta libertad humana incondicional rechazan el hecho de que nuestras acciones estén causadas  pero no se me ocurre como puede mejorar la cosa si la causa es el puro azar o no existe ninguna causa.

Esta visión acarrea para algunos el problema de la negación de la responsabilidad personal, pero en mi opinión no quedará reducida sino definitivamente clarificada. La explicación de una conducta no significa la exculpación de la misma.  En la actualidad se intenta evitar la responsabilidad de las conductas muy desviadas bajo una gran diversidad de explicaciones  biológicas o ambientalistas que inundan de confusión el debate.

La responsabilidad moral se convertiría así en una convención, es decir, en una serie de normas que garanticen y optimicen el bien común. El castigo cumple la función de apartar a los transgresores del resto de la sociedad y de servir de ejemplo para disuadir de conductas similares al resto de ciudadanos. Las conductas que se consideren merecedoras de un castigo, por desviarse de las normas establecidas por la sociedad para mejorar la convivencia,  responsabilizaran, por definición,  a los individuos que realicen dichas conductas.

Así pues, el determinismo cosmológico y la inexistencia del libre albedrío no están reñidos con el concepto de responsabilidad, y el concepto de defensa social es el punto central de esa moralidad basada en convenciones. Es la única salida que se me ocurre a la famosa guillotina de Hume:  “ o bien nuestros actos están determinados, en cuyo caso no somos responsables de ellos, o bien, son el resultado de sucesos aleatorios, en cuyo caso no somos responsables de ellos”.

7 Comentarios

  1. Por tanto el concepto de libre albedrío es una pura ficción cerebral.

    A mí me parece que esto prácticamente equivale a afirmar que el concepto de color es una “ficción cerebral” porque hemos descubierto cómo funcionan las neuronas retinianas y cómo tiene lugar la percepción visual en el cerebro.

    El concepto de “libre albedrío” no está comprometido con la libertad acausal. Muchos filósofos y científicos son compatibilistas hoy, es decir, mantienen que somos libres y a la vez que el libre albedrío es compatible con el determinismo natural. Es más, esta visión no es ninguna novedad, los estoicos, o los epicúreos, o Spinoza, también eran compatibilistas. No existe un único concepto tradicional de “libre albedrío”.

    Por otra parte, los conceptos de “responsabilidad” o “bien común” tienen poquísimo que ver con la genética y con la psicología evolucionista. Para resolver estas cuestiones es inevitable discutir en un contexto mucho más amplio. Es necesario deliberar, como la misma Patricia Churchland reconoció aqui, es necesario “arremangarse” y hablar de ciencia política, de elecciones morales, de valores, quizás hasta de volver a leer el libro I de la República de Platón, etc…

    En resumidas cuentas, no hay respuestas científico-positivas para estos temas:

    http://www.terceracultura.net/tc/?p=3958

  2. Puede que no se entienda bien lo que quería decir sobre la responsabilidad.
    Arcadi Espada lo explica perfectamente en su columna del día 19 de abril. Creo que esto es lo que se deduce del determinismo:
    “El concepto de responsabilidad va difuminándose. De un modo distinto a lo que era usual en el raso pasado marxista y jeanette: si antes se trataba de que yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, ahora son los genes, o cualquier otra forma de la biología, los que deben asumir la responsabilidad. Y mucho más que eso: en realidad, lo que vacila, y de un modo perturbador, es el propio yo. Como me escribió enseguida con su finura mi correspondiente Chema Pascual nuestro Rey ha dicho «no volverá a ocurrir» en vez de no lo volveré a hacer. Ha hecho bien. Ni siquiera un yo real puede asumir ya una responsabilidad semejante. La última autoridad en pronunciarse ha sido Obama. Su programa contra las drogas partirá de la base de que el cerebro del drogadicto no presenta «fallas morales sino mentales». Una frase mucho más polémica de lo que parece, donde pueden discutirse profundamente cada una de sus cuatro palabras, y que el presidente jamás se habría atrevido a extender, por ejemplo, a la homosexualidad.

    Todo el programa moral de la Humanidad está basado en que el hombre puede elegir sus actos. Y que cuando no puede es un enfermo. Pero la ciencia está impugnándolo: el tipo de biografía que dibuja el futuro es la de un hombre cuyos actos no pudieron ser distintos de lo que fueron. Pero eso no supone, desde luego, la eliminación del castigo: únicamente lo desplaza desde la esfera moral a la práctica. Breivik tiene que vivir como un cero solo. Y para empezar con su nuevo plan sería estupendo que la retórica mediática dejara de presentarlo como un señor con problemas.”
    Gracias, Arcadi.

  3. Me he quedado igual. Yo quiero pruebas. ¿Dónde están las pruebas tajantes e irrefutables de que el hombre no puede elegir sus actos?

  4. Voy a intentar explicar el contexto de mi pregunta. Cuando se afirma que “la ciencia” ha probado que el libre albedrío es una ilusión, en realidad se refieren a la neurociencia. Y dentro de la neurociencia, se refieren a un pequeño subconjunto de trabajos experimentales. Por mencionar dos de los más citados: Chung Siong y Soon (2008) y Fried et al (2011). Estos trabajos son estudios de neuroimagen que miden las respuestas cerebrales de los sujetos ante elecciones; elecciones por cierto completamente triviales como “apriete un botón cuando aparezca un estímulo X en la pantalla”. Sospecho que Marco Aurelio, Epicuro, Calvino o Spinoza se habrían muerto de risa ante la sugerencia de que este tipo de experimentos son argumentos decisivos a favor o en contra del libre albedrio.

    Hoy mismo, ni los científicos ni los filósofos se han puesto de acuerdo en esto (véase Dennett, o Churchland). “La ciencia” no tiene una respuesta tajante y la filosofía tampoco. En todo caso, si quienes aluden al libre albedrío como “ilusión” están refiriéndose a otro tipo de trabajos experimentales, estaría bien que nos explicaran a qué se refieren exactamente.

    http://www.cell.com/neuron/retrieve/pii/S0896627310010822
    http://www.nature.com/neuro/journal/v11/n5/abs/nn.2112.html

  5. Está claro que en muchas ocasiones somos capaces de anticipar las consecuencias que tendrán nuestras posibles acciones, valorarlas, y efectuar la respuesta que nos parece más ventajosa. Pero no es eso lo que normalmente se entiende por libre albedrío, sino la capacidad de una supuesta entidad inmaterial, un yo independiente y consciente, que actúa como primera causa de nuestros actos. Ya supongo que con esta definición no estarás de acuerdo.

    No digo que existan experimentos concluyentes que demuestren que el libre albedrío sea una ilusión, pero a mí me resultan interesantes los de Álvaro Pascual Leone, donde mediante estimulación magnética en un hemisferio cerebral se consigue que los sujetos muevan una mano, aunque ellos continúan teniendo la “ilusión” de que “libremente” han decidido efectuar el movimiento. Por si te parece trivial este tipo de conductas, el mismo autor consigue en otros experimentos manipular juicios morales sobre las intenciones de ciertas conductas. ¿No te parece sorprendente?

    ¿Conoces algun experimento de la física contemporánea que nos diga algo sobre una conciencia autónoma que gobierne “libremente” nuestro cuerpo?

    De cualquier manera, lo que las neurociencias sí que han demostrado es que la mente y el cerebro son la misma cosa y que responden a causas físicas. Descartado el dualismo, y desde un punto de vista materialista, el concepto del libre albedrío me parece que confunde las cosas. Todo son dudas: ¿en qué momento de la evolución de los homínidos apareció esta “facultad”? ¿Cuando aparece en el desarrollo del individuo? ¿Es una característica que no tienen algunos, en algunas circunstancias, o en algunas enfermedades? ¿Se puede anular mediante condicionamiento clásico, o mediante sustancias químicas? Estas dudas se me aclaran – ¿que le voy a hacer?- desde un punto de vista determinista, donde no tiene cabida este tipo de libertad.

    En muchas ocasiones, se intenta justificar el dichoso concepto como necesario por estar en la base de nuestra responsabilidad moral, y en esta cuestión me vuelvo a remitir a las palabras de Espada de mi comentario anterior, que por otra parte, no creo que sean contrarias a las de la señora Churchland.
    Un saludo.

  6. Sí, yo también creo que la neurociencia prácticamente ha descartado el dualismo de cuerpo y mente. Lo que no está nada claro es que el concepto de “libre albedrío” esté comprometido con el dualismo. Y todavía menos que lo esté con el indeterminismo. Tradicionalmente hay muchas más posibilidades de las que se insinúan en los artículos de ciencia popular de Jerry Coyne y otros neurocientíficos al uso sobre el libre albedrío: hay deterministas (estoicos, Spinoza) e indeterministas (Epicuro, Lucrecio) que sostienen versiones del libre albedrío, y hay dualistas (cualquier teista cristiano) y monistas (Churchland, Dennett) que resulta que también sostienen versiones del libre albedrío.

    Sí, todos esos trabajos experimentales son interesantes, pero están lejos de ser concluyentes. Por eso me saltan las alarmas cuando se escribe que “la ciencia” ha demostrado que no hay libre albedrío. La verdad es que tal demostración, de momento, no se ha producido. Y es difícil que se produzca algún día, debido a lo enormemente complicado que es imaginar un diseño experimental no trivial capaz de llegar a una conclusión tan importante.

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