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Publicado por el 30 sep, 2009 en Humanismo Secular, Moral minds, Tercera Cultura | 6 comentarios

La autonomía como valor universal

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La autonomía individual, definida provisionalmente como la capacidad de resistir ante las autoridades locales y las convenciones de la cultura, es un axioma de la Ilustración y casi un valor sagrado de la cultura individualista. Sin autonomía, el ser humano viviría una perpetua “minoría de edad” bajo las autoridades despóticas de la tradición, la costumbre o la familia. Pero según los críticos, desde Durkheim a Marx o Dumont, la autonomía no es tanto un valor universal cuanto que una disposición fuertemente cultural y quizás eurocéntrica. Hoy la discusión continúa, pero es preciso tener en cuenta nuevas evidencias científicas.

El psicólogo Charles Helwig (1) y su equipo han trabajado con niños en China y Canadá y considera que existen disposiciones universales, como la necesidad de autocontrol personal y el disgusto por el daño a los demás, que moldean el desarrollo moral muy por encima de los valores culturales locales. Incluso si los niños viven en sociedades autoritarias -como la China comunista-, las disputas en torno a las decisiones personales (como qué ropa llevar o con qué amigos tratar) son totalmente corrientes así como las preferencias por el gobierno democrático (2). Según otro trabajo de Mi Chen, de la Universidad de California, “los adolescentes chinos muestran deseos de libertad, independencia e individualidad muy similares a los adolescentes de diversas procedencias étnicas de los Estados Unidos”.

7 de cada 10 participantes en el trabajo de Helwig consideran que el razonamiento es una “muy buena” técnica disciplinaria. Otro dato interesante es que los niños occidentales y orientales aceptan la disciplina basada en provocar sentimientos de verguenza, pero la critican crecientemente durante la adolescencia y a medida que maduran. En el desarrollo moral, la autonomía cuenta.

En apariencia, estas conclusiones no relativistas contrastan con las ideas de otros científicos sociales, como Markus y Kitayama (3), que -en la tradición de Louis Dumont y su crítica de la “ideología económica”- critican lo que consideran prejuicios individualistas occidentales que impiden un correcto entendimiento de las sociedades orientales. Según Kitayama “La autonomía es un objetivo principal del desarrollo en algunas sociedades pero no en otras” y “no debería ser entendida como un valor inherentemente superior”.

Por supuesto, las condiciones de opresión no dejan de existir pese a que la justicia y la búsqueda de autonomía se consideren prefrencias prácticamente universales. Allí donde las situaciones culturales o políticas generan conflictos de interés entre grupos, donde existe un acceso desequilibrado a los recursos (entre padres e hijos, maridos y esposas, etc) la oposición puede presentarse bruscamente o bien bajo una forma más subliminal e indirecta. De acuerdo con un estudio de Elliot Turiel (4) con matrimonios de una comunidad árabe en Israel, la mayoría de las mujeres que consideraban injusta su situación de desigualdad la toleraban únicamente para evitar el emprobrecimiento derivado del abandono o el divorcio.

El mismo Turiel ha hecho una importante aportación a los estudios morales al destacar que las normas morales poseen un estatuto psicológico especial que las distingue de otro tipo de normas y convenciones relacionadas con las autoridades locales (como la familia, los jefes o los sacerdotes). Actuar moralmente no significa seguir las normas familiares:  “Los individuos a menudo toman iniciativas para ir en contra, o para intentar cambiar, condiciones sociales existentes sobre la base de lo que es moralmente correcto o incorrecto”.

En contra de los supuestos holistas, estos estudios empíricos sugieren que los individuos de todas las culturas poseen opiniones críticas y que los niños de todas partes valoran la autonomía y disputan con las autoridades locales cuando estiman que estas toman decisiones injustas, incluso con independencia del régimen político en que viven.

Referencias

(1) Charles C. Helwig. 2009. The development of reasoning about different types of parental discipline practices in Mainland China and Canada: Developmental and cultural processes. Jean Piaget Society meeting. June 6. Park City, UT

(2) Charles C. Helwig, Mary Louise Arnold, Dingliang Tan y Dwight Boyd. 2007. Mainland Chinese and Canadian adolescents’ judgments and reasoning about the fairness of democratic and other forms of government. Cognitive Development, v22 n1 p96-109

(3) Hazel Rose Markus y Shinobu Kitayama. 1994. A Collective Fear of the Collective: Implications for Selves and Theories of Selves. Personality and Social Psychology Bulletin, Vol. 20, No. 5, 568-579

(4) Elliot Turiel y Serena Perkins. 2004. Flexibilities of mind: Conflict and culture. Human Development 47(May-June):158-178.

eduardo.robredo@terceracultura.net

6 Comentarios

  1. La autonomía (libertad personal) y la justicia (igual consideración) son los dos principios básicos de la bioética. Ninguno de ellos tiene prioridad sobre el otro. Es necesario atender a ambos para tomar decisiones correctas.

  2. Muy interesante y si, como todo indica, estar teorías se siguen confirmando cientificamente, afianzarán lo que hasta entonces sólo se intuía: El derecho natural de todo ser humano a ser autónomo. El paso siguiente es evaluar a una sociedad por el grado de autonomía de sus individuos.
    Aristóteles decía, entre otras cosas claro está, que la naturaleza del esclavo era, basicamente, ser esclavo. Pero no lo demostró, estas teorías afirman lo contrario y lo demuestran. Miles de años entre unas teorías y otras. A ver si somos capaces también de ir creando polis platónicas basadas en estas premisas.

  3. Raúl, ¿Platón no era tan esclavista como Aristóteles?

  4. Sí, por supuesto. Me refería a crear “polis” siguiendo un modelo basado en unas ideas, en nuestro caso estas ideas serían muy diferentes a las de Platón. El resultado sería muy diferente.

  5. Aunque es muy difícil saber qué querían decir en realidad los griegos y cuando estaban de broma, supongo que no se puede considerar a Platón un abolicionista, o un partidario de la autonomía tal como la entendemos. A veces se le señala como un anticipador de la igualdad entre hombres y mujeres, por los roles que les asigna en La República.

  6. Hasta Poulain De La Barre ( un seguidor de Descartes del XVII) no habrá desde Platón ningun otro intelectual que reivindique la necesidad de la educación y participación de la mujer.El caso de Platón es realmente extraordinario.

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